Friedrich Nietzsche

Filosofia contemporánea. Nihilismo e idea del superhombre. Vitalismo. Influencias

  • Enviado por: Ana
  • Idioma: castellano
  • País: México México
  • 9 páginas
publicidad

FILOSOFÍA EN EL PENSAMIENTO CONTEMPORÁNEO

TRABAJO FINAL

F.NIETZSCHE

Conozco mi suerte. Alguna vez irá unido mi nombre

al recuerdo de algo gigantesco, de una crisis como

jamás la había habido en la tierra, de la más profunda

colisión de conciencia, de una decisión tomada, contra

todo lo que hasta ese momento se había creído, exigido,

santificado.

F. Nietzsche

Ecce Homo

Alrededor de la figura de Nietzsche se tejieron los más poderosos malentendidos que jamás afectaron a filósofo alguno. Dice Nietzsche “¿Nos hemos quejado jamás de que se nos entienda mal, desconozca, confunda, vilipende y pase por alto? Ese es precisamente nuestro destino” (Lagayya ciencia, V,371). Conciencia de soledad que finalmente lo condujo irremediablemente a la locura, aún con todo ese esfuerzo demente por reafirmar esa soledad como querida, que cada instante se recrudecía.

Sin embargo este era el único camino para escapar de la infelicidad radical de la existencia humana que pasa por el ascetismo individual, por la más completa renuncia, por la extinción de la voluntad propia , podemos pensar, que este tipo de pensamiento a Nietzsche le atraía con fuerza porque compaginaba muy bien con su inevitable soledad y psicológicamente lo necesitaba.

Nietzsche habla de una negatividad que deja ver cierto estado de ánimo propio del marginado pero que al mismo tiempo tiene la conciencia de ser un elegido.

Sin embargo para Juliana Gonzáles ex-rectora L de la UNAM, este pesimismo es trascendido de manera que la voluntad activa y fuerte, acoge como suyo, el sufrimiento mismo, el mal, la muerte, lo negativo en general. Estos no serían lo originario , ni lo profundo; lo originario y lo profundo es el sí, la fuerza, la afirmación universal. Dicho de otro modo: el sí ético, universal, al todo de la vida, responde a una positividad ontológica

originaria que no presupone el vacío de ser. El sí a la vida es el sí a las fuerzas creadoras, imprevisibles, innovadoras de la existencia que se sabe capaz de soledad y de promesa, es un sí que intentara por cualquier medio conservar vivo al héroe que hay en el alma. Para Nietzsche, la vida es la gran tragedia que recobra su significación dionisiaca originaria, como el fundamental capaz de integrar el sufrimiento y el abismo con la síntesis apolníeo- dionisiaca.

¿No existe una valentía temeraria en esa mirada aguda que apetece lo terrible como un enemigo, un digno enemigo, con el que probar su fuerza?

Nietzsche de esta forma concluye que de esa posibilidad radical de la existencia, igualmente real en todos sus contrarios y en su diversidad, deriva la afirmación originaria de la afirmación de poder y la ética nietzscheana del sí a la vida.

Si el rechazo y el “no” originarios propiciaban la existencia y el crecimiento de lo negativo, la aceptación del mal y del dolor permitirá, paradójicamente, restarles importancia, para que prevalezca en el fondo la afirmación el sí originario, la victoria de la vida, de la fuerza, del poder para el sufrimiento mismo.

Incluso la muerte puede aceptarse en la afirmación misma de la vida. Pues la afirmación no es conservación de la vida y miedo de perderla. El sí a la vida implica la libertad de arriesgarla y perderla. El sí a la vida es la capacidad de asumir el ser como devenir, de existir en la relatividad, en la lucha y riesgo permanente; esto, contra toda existencia segura, cobijada, estable, cosificada o inerte, que se ha originado en la debilidad, en la actitud reactiva, poseída por el miedo de vivir - y de morir -, por la condena a las fuerzas dominantes y explosivas de la naturaleza.

Debemos buscar, por lo tanto aquel estado que nos permita ver al Dios victorioso al lado de todos los monstruos que ha combatido. Es decir, debemos adoptar el sentimiento de serenidad de quien ha alcanzado una victoria; así sucede en las obras de los verdaderos héroes, ya sean guerreros, pensadores o artistas.

No debemos olvidar jamás que los héroes hablan , se mueven , ríen, aman y viven verdaderamente, y no se esconden bajo mascaras y falsas maneras. Seamos leales, serenos , constantes y fuertes; pongamos todo nuestro empeño en crear un ser sin trabas, sin prejuicios, que se asombre y comprenda su mundo, un hombre que no sea indiferente a la felicidad.

Para Nietzsche, el filósofo es importante en tanto es capaz de ser el ejemplo de la libertad, del aprender y el enseñar etc., de todo cuanto nos puede hacer seres humanos virtuosos, el filosofo nos lo enseña en su actitud, en las expresiones de su rostro, en las consideraciones

para con los otros y lo otro, en la alimentación, en todo esto y mucho más, pero sobre todo mucho más en la vida que en las palabras o en los libros.

El genio (o superhombre) no debe tener miedo de ponerse en rigurosa oposición con las formas y las prescripciones establecidas cuando quiere sacar a la luz del día el orden y la verdad superiores que en él viven. Sin embargo, el perfil que siempre se ha tenido del hombre recto y bueno es el de un ser del que no hay que temer ni desorden ni infracción al orden establecido. Deberá ser entonces, interés del Hombre, emanciparse del estado y la sociedad.

La vida se tornara aún más difícil de lo que de ordinario es. Situación que provoca que para la mayor parte de las personas esto sea insoportable, porque, dice Nietzsche , la gente es perezosa y toda originalidad vive cargada de cadenas pesadas de llevar. Por supuesto no hay duda, de que para el ser extraordinario que se carga con estas cadenas, la vida estará privada de muchas cosas que en diferentes momentos de la vida se encuentran muy deseables. Su destino será el aislamiento, los desiertos o las cavernas. Cuide, entonces, de no dejarse subyugar, resista, nos dice Nietzsche . Para ello deberá uno rodearse de las imágenes de los mejores luchadores.

El trabajo de los grandes pensadores será siempre el de legislar la medida , peso y forma de las cosas. El genio por ello debe ser capaz de apreciar su tiempo y su época, pues resulta la única forma para poder superar este gran problema: ser extraordinario.

Para Nietzsche las grandes filosofías son los sitios en que es posible ejercer la crítica sabia, y en los que la reflexión, la duda y la contradicción son lícitas, sin olvidar que todas se pretenden hogar de la verdad, la honestidad, la sencillez, el amor, la comprensión, la lealtad entre otras.

Para Nietzsche en Shopenhauer encontramos la reconciliación del Ser y del conocer, situación en que una mitad de su ser se encuentra satisfecha y plena, proporcionando una seguridad que a su vez proporciona una gran calma de espíritu, lo extraordinario es, que en la otra mitad de su ser se agita un deseo impetuoso, unas grandes ganas de sentirse vivo.

Nietzsche, sabía perfectamente que se puede encontrar y alcanzar sobre esta tierra algo más elevado y puro que una existencia tan actual.

¡Sé tú mismo!

Para Nietzsche el hombre debe atreverse a mostrarse a sí mismo. Sin embargo, desde los tiempos más remotos el hombre piensa y obra según la moda del rebaño, situación que provoca vivamos un mundo con Hombres que no están contentos consigo mismos. Solo los artistas, dice Nietzsche detestan la actitud relajada, hecha de convenciones y opiniones creadas.

La vida es nuestra única oportunidad para ser, pues sabemos que todos moriremos de una vez y para siempre. El Hombre es un ejemplar único, y ningún azar, por singular que sea, reuniría por segunda vez, en una sola unidad, los elementos múltiples y curiosamente combinados de su personalidad.

La explicación de Nietzsche es: que los hombres somos perezosos y tememos a los compromisos que les crearían la sinceridad y la lealtad absolutas.

De manera que cuando el gran pensador desprecia a los hombres, desprecia su pereza, pues por ella, dice, se parecen a una fabricación en serie, sin interés, indignos de que se ocupen de ellos y de que se les eduque.

Por ello el hombre joven piensa en su liberación, pues no hay, en la naturaleza, criatura más triste y repugnante que el hombre que ha escapado a su genio.

Con Nietzsche apreciamos la denuncia de la inhumanidad de las sociedades humanas. Al leer a Nietzsche podemos darnos cuenta y ser conscientes de los horrores de nuestras ciudades y los aparentes hombres que las habitan, hombres que perdida toda la esperanza contribuyen a su destrucción.

Es por ello que debemos hacer todo lo posible por responder de nuestra existencia ante nosotros mismos, tomar en nuestras manos lo más que podamos de nuestro destino, en el curso de la cual debemos demostrar porqué y con qué designio hemos nacido.

Debemos tener muy claro que nadie puede construirnos el puente sobre el cual cruzaremos el río de la vida, nadie , absolutamente nadie a no ser nosotros mismos.

Descubre y sigue tu camino.

¿Como?

De ninguna manera podemos pensar que es cosa fácil. Para ello Nietzsche nos pregunta:

¿Que es lo que has amado hasta ahora verdaderamente? ¿ Que es lo que te ha atraído, lo que te ha dominado y hecho feliz al mismo tiempo?

El desfile ante nuestros ojos de las cosas que hemos venerado nos revelarán la ley fundamental de nuestro verdadero ser.

Ciertamente podrán existir otros medios de encontrarnos, de volver en nosotros mismos y salir del embotamiento en que se vive generalmente,; pero para Nietzsche , nada mejor que un Filosofo Educador, que no puede ser otra cosa que nuestro liberador.

No engañes a nadie, mucho menos,

te engañes a ti mismo

Una especie de ensombrecimiento, una cierta antipatía pesa sobre las mejores personalidades de nuestro tiempo, un eterno descontento provocado por la lucha entre la simulación y la lealtad es librada en el fondo de su ser, una inquietud que les quita toda la confianza en sí mismos y les hace incapaces de ser a la vez los conductores y censores de la libertad.

¿Para que nos engañamos? ¿ Para que si nadie quiere ser engañado? ¿ Por que querer brillar y seducir por medio de engaños?

¿Acaso no nos damos cuenta de lo miserables que somos los hombres modernos?

¿Dónde están, por ejemplo, aquellas reflexiones sobre las cuestiones morales que procuraron en todo tiempo las sociedades más elevadas? ¿ Acaso no existen ya los hombres ilustres que cultiven estas cuestiones? ¿Ya nadie medita sobre esto?

Acaso la palabra virtud no significa ya nada. La mediocridad nos detiene , nos abruma y nos ahoga.

Y de esto , no cabe duda, los responsables hemos sido todos, pues : ¿Que es lo que aceptamos como establecimientos superiores de instrucción pública, como Universidad? ¿Que instituciones nos bastan, cuando pensamos en educar a un ser humano para que se haga Hombre? ¿Quien se acuerda que la educación de los sabios, es uno de los problemas más difíciles? Sobre todo si se atiende a los numerosos ejemplares que han sido deformados por el abandono y las miserias de este mundo. Sin olvidar que la ciencia misma piensa más en si misma que en la humanidad. Pero sobre todo, ¿porque se atormentan nuestros sabios?

Lo que si es un hecho, es que el hombre moderno vive sin alegría. Por todo esto y mucho más, podemos pensar que nunca se necesito más de los educadores morales, sin embargo nunca fue, dice Nietzsche, más improbable encontrarlos.

Los hombres nos hemos hecho tan complicados y desleales que solo un verdadero Filósofo Educador podría sacarnos de la insuficiencia condicionada por la miseria de nuestra época, para enseñarnos a ser de nuevo “sencillos y honrados”, tanto en nuestro pensamiento como en nuestra vida.

Nietzsche se pregunta por los dos principios de virtud que presiden los modelos educativos de su época. . Uno de ellos es el que reconoce las dotes particulares y luego dirige todas las facultades y todas las fuerzas hacia la verdadera virtud, para conducirla a la verdadera madurez y a la fecundidad. El otro , por el contrario, requiere que el educador discierna y cultive todas las fuerzas, para establecer entre ellas una ponderación armoniosa. Quizá finalmente no exista contradicción entre los dos procedimientos. Quizá el uno afirme solamente que el hombre debe tener un centro y el otro que debe tener también una periferia. Por lo que la obra educativa del filosofo educador debe ser transformar al hombre entero en un sistema solar y planetario, vivo y móvil, y reconocer la ley de su mecánica superior.

Podremos así, dice Nietzshe, ofrecer un aire fortalecedor, que provoque un sentimiento de bienestar vigoroso. Con una calma y una naturalidad inimitables, como la que experimentan los hombres que se sienten dueños de si.

Debemos, también, olvidarnos del genio de pecho estrecho y debilucho, para ponernos a pensar en todo lo contrario, en un alma ruda y un poco salvaje que no por ello desprecie los buenos poemas y el buen gusto.

Algunos peligros que pesan sobre

el ser extraordinario.

Nietzsche señala tres peligros a los que esta expuesto nuestro genio u hombre extraordinario.

El primer peligro lo encontramos al estar nuestro hombre extraordinario en convivencia con imbéciles y mediocres, que en algunos casos no podemos dejar de pensar que quieren lo mejor para nosotros, el peligro lo encontramos cuando el genio comienza a ser humillado, lo inunda cierta desesperación con graves dudas, que lo harán caer enfermo y finalmente morir.

Debemos por tanto estar siempre atentos para defender a todo precio nuestra filosofía, es nuestra existencia misma, contra la indiferencia, envidia y estupidez de nuestros

contemporáneos. Es la única forma de no sucumbir. Así lo hicieron, Beethoven y Wagner, Shopenhauer y Nietzsche; sin embargo nuestro hombre extraordinario, ante el peligro que amenaza su actividad de reducirla a la nada, se ve acometido de una inquietud terrible y difícil de dominar. En otras palabras, se deprime y muere.

Un segundo peligro se encuentra, cuando nuestro hombre extraordinario esta frente algún tipo de tiranía, pues no es raro que los filósofos solitarios sean detestados; pues la filosofía abre a los hombres un asilo a donde no puede llegar ninguna tiranía. Sin embargo no pueden esconderse del todo, pues al nacer se contraen innumerables relaciones humanas. Estos solitarios saben que continuamente parecerán lo que no son, además de ser presa de una red de equívocos, todo provocado por su deseo ardiente de verdad y lealtad que no impide que sus acciones se cubran con una nube de opiniones falsas e interpretaciones erróneas. Surge entonces, la noción de la simulación, que a estos grandes hombres les parece más horrible que la muerte; si esto no es bien solucionado se corre el peligro de una explosión volcánica. La locura.

Estos hombres solitarios tienen grandes deseos de amar, tienen necesidad de compañeros ante los cuales les sea lícito comportarse espontáneamente como ante ellos mismos, en presencia de los cuales cese la contorsión de la reticencia y el disimulo. Es por ello que el dejarlos con ellos mismos es, en ocasiones, peligrosísimo y su peor veneno.

El hombre extraordinario es el guerrero que desde las simas del escepticismo y de la renunciación crítica nos conduce a la cima de la contemplación trágica, en tanto que la infinita bóveda estrellada se despliega sobre nosotros. Un guerrero que deberá considerar la imagen de la vida como un conjunto, como un todo, no como los científicos querrían comprender una pintura, a través solamente de la sustancia de los colores y las texturas, y no a través del conjunto de la imagen. De hecho solo aquel que ha fijado sus miradas en el conjunto del cuadro de la vida y del ser podrá servirse de las ciencias especiales sin sufrir perjuicio de ello.

El tercer peligro es la posibilidad de destrucción de nuestro anhelo de santidad y de genio con el que parece todos hemos nacido.

Es el endurecimiento, tanto desde el punto de vista moral como el intelectual, el hombre rompe el lazo que le unía a su ideal, cesa de ser fecundo en tal o cual campo, se hace nocivo o inútil. El individuo se convierte en una masa enfriada, aislada y casi invisible. El miedo crece y paraliza.

Estos tres peligros nos amenazan a todos. Pero como ya mencione para la mayor parte de las personas esto es insoportable, porque, dice Nietzsche , la gente es perezosa y toda originalidad vive cargada de cadenas pesadas de llevar.

El trabajo de los grandes pensadores será siempre el de legislar la medida , peso y forma de las cosas. El genio por ello debe ser capaz de apreciar su tiempo y su época, pues resulta la única forma para poder superar este gran problema: ser extraordinario.

Pues al ser un hijo auténtico de su tiempo, sufre de una manera más intensa, todas las enfermedades de su época, es más sensible que todos los hombres de menos talla que él. Por ello, la lucha de semejante hombre contra su tiempo, no es, en apariencia, más que una lucha insensata y destructiva contra sí mismo. Pero esto solo es en apariencia, pues combatiendo su tiempo, lucha contra lo que le impide ser grande, es decir, libre y completamente el mismo. Este combate, que en ocasiones se trastorna violento, es la expresión de la convivencia impura de las cosas que no pueden mezclarse y confundirse.

Finalmente, Schopenhauer - piensa Nietzsche - es de la idea de que ni el hecho de enriquecerse ni el de adquirir honores y conocimientos pueden sacar al individuo del disgusto que le causa la falta de valor de su propia vida.

El hombre verdaderamente grande y creador debe responder a preguntas como esta: ¿ Soy feliz con mi existencia? ¿Me basta?

Bibliografía

Schopenhauer como educador, F. Nietzsche

Así hablaba Zaratustra. F. Nietzsche.

El crepúsculo de los ídolos. F. Nietzsche

El “sí” a la vida y el “no” de la moral. Juliana González.

Nietzsche. Ivo Frenzel