Freud

Psicología freudiana. Inconsciente. Subconsciente. Conciencia. Teorías froidianas. Lacan. Signo lingüístico y lenguaje

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EL RETORNO A FREUD

La referencia froidiana en la investigación del inconsciente lleva la marca de cierto sello psíquico; los procesos psíquicos inconscientes que Freud circunscribió se encuentran en el principio del propio descubrimiento que el mismo hizo, alienados en la dimensión psíquica del lenguaje y en los puntos de apoyo de esa dimensión se sostiene por intermedio de la transferencia.

Toda práctica del lenguaje no es necesariamente psicoanalítica; si es en la palabra donde el inconsciente encuentra su articulación esencial, a partir de eso es factible interrogarse sobre la dimensión de ignorancia de la que hacen alarde ciertas prácticas de inspiración analítica que rompieron toda relación con el lenguaje.

Esa dimensión de la transferencia exige que se le preste tanto más atención cuanto más suscribe al siguiente aforismo froidiano: “Donde hay transferencia hay psicoanálisis”; a partir que un sujeto se dirige a otro sujeto hay transferencia.

La práctica analítica solo puede constituirse en la neutralización de toda tentativa de manipulación de la transferencia, se manifestará en el registro del análisis de la transferencia ya que este es el espacio donde se pueden convocar al paciente para que realice la investigación de su propio inconsciente y donde puede encontrarse ante la cuestión de su deseo.

Lacan trabajó bajo el lema de una hipótesis: “el inconsciente está estructurado como un lenguaje”.

Lacan determinó que se les enseñara a los analistas en formación algunos rudimentos de lingüística, insistiendo en la distinción entre significante y significado. Insiste en la primacía del significante sobre el significado.

La hipótesis de Freud con respecto al sueño consistirá en aplicarle al mismo la técnica de investigación de la obsesión y la angustia; esto es el Método de oscilación libre que fue llevada a causa de las insuficiencias y de las dificultades que se encontraron en la aplicación de los métodos hipnótico y catártico, además de permitir diferenciar la significación de manifestaciones psíquicas de formación inconsciente.

El sueño es un discurso disfrazado , condensado, del cual el sujeto perdió el código pero que descubre, a raíz de su carácter extraño, su propio secreto en un discurso claro y significante gracias al laborioso trabajo asociativo.

Uno de los argumentos decisivos de Lacan en la perspectiva del retorno a Freud consiste en volver a situar en el primer plano del campo psicoanalítico la dimensión de esa palabra.

Más allá de la distinción contenido latente- contenido manifiesto en Freud se perfila la intuición de que un discurso siempre dice mucho más de lo que pretende decir.

CONDENSACIÓN Y DESPLAZAMIENTO

EN EL TRABAJO DEL SUEÑO.

Los primeros conceptos lacanianos que fundan la hipótesis de que el inconsciente está estructurado como un lenguaje circunscribe la teoría freudiana del sueño.

El trabajo del sueno se basa en dos tipos de mecanismos fundamentales: la condensación y el desplazamiento; Freud descubrió la presencia activa de ambos mecanismos a través de observaciones empíricas. Llegó a distinguir muchos casos de figuras de condensación.

Las ideas latentes pueden aparecer representadas en el campo del contenido manifiesto, después de haber sufrido una modificación que Freud llama inversión de valores e inversión del sentido.

Lacan utilizará esos elementos de la teoría freudiana del sueño para consolidar una analogía que se plantea entre el funcionamiento de los procesos inconscientes y e funcionamiento de ciertos aspectos del lenguaje.

LA NOCIÓN DE ESTRUCTURA

La actitud estructuralista es una estrategia de promoción de inteligibilidad nueva que termina con ciertas maneras de pensar los objetos.

Dicha actitud impone un alejamiento provisorio de cierto modo de enfoque del objeto; lo importante consiste en tratar de descubrir relaciones, aparentemente disimuladas, que existen entre ellas o entre sus elementos.

Esos objetos deben denominarse de la misma manera o pertenecer al mismo grupo. Solo es posible hacer surgir nuevos principios de relaciones entre ellos bajo esa condición imperativa. La naturaleza de esas relaciones puede ser diversa; por un lado eso permite renunciar al principio de análisis compartimentalista dentro de una disciplina dada, por el otro se pueden distinguir las separaciones que se instituyen arbitrariamente entre campos de estudio diferentes de una misma disciplina.

Cuando se dice que la actitud estructuralista procede de la misma manera en algunos aspectos, es porque induce a una generalización englobante entre las estructuras mismas. Existe una jerarquía de las estructuras, las más fuertes engloban a las más débiles.

Piaget define a la estructura como: “Un sistema de transformación que implica leyes como sistema y que se conserva y se enriquece a través del juego mismo de esas transformaciones, sin que salgan fuera de sus propias fronteras o tengan que recurrir a elementos exteriores. Una estructura tiene tres características: de totalidad, de transformación y de autocontrol”

Esta definición de estructura de adecua al estudio del lenguaje

ELEMENTOS DE LINGÜÍSTICA

ESTRUCTURAL

En lingüística el punto de vista estructuralista apareció con la introducción de la dimensión sincrónica en el estudio de la lengua: Esa introducción del registro sincrónico se la debemos a Saussure, estipula que ese estudio no puede reducirse a una perspectiva histórica; porque la historia de una palabra no permite dar cuenta de su significación presente. Existe una relación fundamental entre el sentido del signo que solo se puede apreciar a partir del punto de vista sincrónico.

Lacan aplicará esta estrategia estructuralista en el campo del psicoanálisis.

La analogía estructural entre algunos procesos del lenguaje y el dinamismo inconsciente obliga a realizar con anterioridad una incursión en el campo de la lingüística.

La noción de estructura es importante en la obra de Lacan porque se refiere constantemente a la estructura del lenguaje. Lacan plantea dicha estructura como aquella a la que se debe remitir el inconsciente y porque el acto mismo del lenguaje hace surgir el inconsciente y el lugar donde se expresa. Esa analogía puede aclararse respecto a dos de los principios fundamentales descritos por Saussure: la distinción radical entre significante y significado y la discriminación de los dos ejes del lenguaje.

EL SIGNO LINGÜÍSTICO

El algoritmo principal del lenguaje de Saussure se sustenta en la noción de signo lingüístico; con esa idea nos hace pensar que el signo lingüístico es producto de la asociación de un término con una cosa; signo lingüístico une un concepto con una imagen acústica.

Se debe considerar al lenguaje como el uso/ articulación de una lengua hablada por un sujeto.

Saussure conserva el término signo para definir la unidad lingüística, pero prefiere sustituir concepto por significado e imagen acústica por significante; por lo tanto el signo es la relación entre un significante y un significado

Esa relación que se presenta como una relación de oposición que separa los elementos entre ellos, anuncia una propiedad del signo que Lacan llamará la autonomía del significante con respecto al significado.

Si consideramos el signo lingüístico como el elemento fundamental del sistema de la lengua y si hacemos un examen somero de su funcionamiento en el sistema, aparecerán algunas propiedades: lo arbitrario del signo; la inmutabilidad del signo; la alteración del signo; el carácter lineal del significante.

LO ARBITRARIO DEL SIGNO

Lo arbitrario del signo se manifiesta en el campo mismo de la asociación del significante y del significado. Entre un concepto y la imagen acústica que lo representa no existe ningún lazo necesario que los una.

LA INMUTABILIDAD DEL SIGNO

Según Saussure el significante es inmutable; lo arbitrario del signo origina el sometimiento de una comunidad lingüística a la lengua.

Como el signo es arbitrario no conoce otra ley que la tradición y como se funda en la tradición es arbitrario.

LA ALTERACIÓN DEL SIGNO

La alteración del signo es el hecho de la práctica social de la lengua a lo largo del tiempo; por eso nos encontramos ante una relación de reciprocidad contradictoria entre la inmutabilidad y la mutabilidad.

Esa alteración del signo se realiza al mismo tiempo a nivel del significante como del significado. La alteración del signo depende siempre del orden de un desplazamiento de la relación entre el significado y el significante.

EL CARÁCTER LINEAL DEL SIGNIFICANTE

Si la alteración del signo está directamente vinculada a la práctica de la lengua en el tiempo, la influencia del factor tiempo es intrínsecamente dependiente de la naturaleza del significante. La palabra, es decir, la articulación, es el acto mismo que realiza ese desarrollo temporal del significante. Esa extensión temporal de significante es la que origina una propiedad fundamental de la lengua. La lengua se desarrolla en una dirección orientada que Lacan llama cadena significante.

La lengua está estructurada porque se funda en un conjunto de elementos dados: los signos y porque además de los elementos presupone leyes que gobiernan esos elementos entre ellos.

La cadena significante plantea dos problemas: el problema de las concatenaciones significativas y la cuestión de las sustituciones que pueden intervenir en esos elementos significativos.

La lengua se puede analizar según dos dimensiones a las que se vinculan propiedades específicas: la dimensión sitagmática y la dimensión paradigmática.

LOS DOS EJES DEL LENGUAJE

La segunda innovación fundamental realizada por Saussure es la distinción de una doble división del sistema del lenguaje.

Hablar significa efectuar dos series de operaciones simultáneas; seleccionar cierta cantidad de unidades lingüísticas en el léxico y combinar entre sí las unidades lingüísticas elegidas, por esto se realiza una división del lenguaje según dos direcciones: la de las selecciones y la de las combinaciones.

La selección presupone la elección de un término entre otros, la combinación implica cierto tipo de articulación de las unidades lingüísticas.

Se pueden definir dos ejes que dividen al el lenguaje en su totalidad: según el plano de la selección y según el plano de la combinación y así diferenciamos la distinción en la que insiste Saussure entre la lengua y el habla.

El discurso se desarrolla según dos tipos de operaciones: las operaciones metafóricas y las operaciones metonimias.

El signo lingüístico y la división del lenguaje según dos ejes nos llevan a examinar dos propiedades del lenguaje que nos introducirán en algunos puntos fundamentales de la teoría lacaniana. Esas propiedades son las siguientes: el valor de signo; las construcciones metafóricas y metonimias. El concepto del valor del signo que extrajo Saussure nos servirá para abordar la noción lacaniana de la puntada y la metáfora y la metonimia nos llevan a la idea fundamental de Lacan que consiste en la supremacía del significante y a sus consecuencias con respecto a las formaciones del inconsciente.

EL VALOR DEL SIGNO LINGÜÍSTICO

Y LA PUNTADA EN LACAN

Si la entidad lingüística solo existe a raíz de la asociación del significante y del significado, esa entidad se determina solo cuando se delimita. El problema de la delimitación plantea la delicada cuestión de la enunciación que con Lacan se convertirá en el eje del psicoanálisis hasta el punto que Lacan asimilará el sujeto del inconsciente al sujeto de la enunciación.

La significación se daría y garantizaría totalmente cuando un signo lingüístico esté aislado de la cadena, pero no es así puesto que una imagen acústica dada no permite tener la significación dad cuando el signo este aislado de los otros signos.

A la imagen acústica le pertenecen dos signos lingüísticos cuyas significaciones sólo pueden circunscribirse a partir del contexto de la cadena hablada, por lo tanto la delimitación del signo es coextensiva a al delimitación de la significación.

Decir que el contexto delimita el signo significa decir que el signo solo es signo en función del contexto. La realidad del signo lingüístico sólo existe en función de todos los otros signos; esa propiedad es lo que Saussure llama el valor del signo.

Los signos lingüísticos son significativos no solo por el contenido sino también por las relaciones de oposición que mantienen entre ellos en la cadena hablada. La lengua elabora las unidades al constituirse entre dos masas amorfas; el signo lingüístico corresponde a una articulación de ambas masas amorfas entre sí, una idea se fija en un sonido al mismo tiempo que una secuencia fónica se constituye como significante de una idea. No se puede aislar el sonido del pensamiento ni el pensamiento del sonido.

En conclusión podemos pensar entonces que la lengua es prioritariamente un sistema de diferencias de elementos y un sistema de oposiciones de elementos.

El surgimiento del significante es indisiociable de la gestación del signo lingüístico en su totalidad.

Lacan introducirá algunas modificaciones con respecto a las tesis de Saussure; por un lado el flujo de los pensamientos y el flujo de los sonidos se convocarán de entrada como flujo de significados y flujo de significantes y por el otro en la escritura lacaniana se invertirá el esquema del signo lingüístico.

Lacan reformula el problema como la relación que se establece entre un flujo de significantes y un flujo de significados, se trata de introducir esa delimitación con respecto a un concepto original que se llama puntada.

La puntada adquiere su acepción plena e íntegra sólo cuando se remite el registro del deseo; de hacho la puntada es el constituyente elemental del grafo del deseo.

La delimitación de la significación se circunscribe de entrada en el conjunto de la secuencia hablada y no en unidades elementales sucesivas.

El signo solo es significativo en la relación de oposición que mantiene con los otros signos de la secuencia hablada. La puntada detiene el deslizamiento de la significación en la dimensión del a posteriori.

METÁFORA-METONIMIA Y

SUPREMACÍA DEL SIGNIFICANTE

Desde la noción de puntada se puede dar un paso en la introducción de la referencia lingüística, esto finalmente se convertirá en la lógica del significante, se esboza con el análisis de los procesos metafóricos y metonímicos.

Lo que sucede en el delirio es una especie de invasión progresiva del significante en el sentido de que el significante se liberaría poco a poco del significado; el estudio de un mecanismo metafórico que pone en evidencia el carácter primordial del significante con respecto al significado, es decir, que encontraremos dos argumentos que le permiten a Lacan lanzar la tesis de la supremacía del significante. Lacan simbolizará de dos maneras la supremacía del significante sobre el significado.

En estos elementos de reflexión que Lacan lanzó se coligen los principales puntos de la argumentación teórica que justifica la tesis de la estructuración de inconsciente como un lenguaje.

EL PROCESO METAFÓRICO

Se clasifica a la metáfora como una figura de estilo que se funda en relaciones de similitud y de sustitución, es un mecanismo del lenguaje que tiene lugar sobre el eje sincrónico, es un proceso de enriquecimiento del léxico.

El principio de la metáfora consiste en designar algo a través del nombre de otra cosa. En la medida en que la metáfora muestra que los significados sacan su propia coherencia de la red de los significantes, el carácter de esa sustitución significante demuestra la autonomía del significante y por consiguiente la supremacía del significante.

Lacan utilizó el cuento de “La carta robada” de Poe para ejemplificar el principio de esa supremacía del significante. El devenir de esa carta/ significante nos remite al campo del lenguaje y al de los mecanismos de sustituciones significantes.

La supremacía del significante se traduce entonces de manera electiva en un dominio del sujeto a través del significante que lo predetermina.

EL PROCESO METONIMICO

Etimológicamente el término metonimia significa cambio de nombre, esta figura se elabora según un proceso de transferencia de denominación mediante el cual un objeto es designado por un termino diferente del que habitualmente le es propio. Pero esta transferencia solo es posible si existen ciertos vínculos entre los dos.

El proceso metonímico impone entonces un nuevo significado de contigüidad con un significante anterior al que suplanta.

La metonimia es una aprueba más de la supremacía del significante.

LA CONDENSACIÓN COMO

PROCESO METAFÓRICO

Freud distingue varios casos de figuras de condensación. Uno de ellos es la condensación por omisión.

Una metáfora no es más que una sustitución significante, esta sustitución se efectúa generalmente entre dos términos que tienen una similitud semántica o una similitud homofónica. Solo las cadenas asociativas pueden poner en evidencia esta similitud.

La condensación puede ser legítimamente considerada como estrictamente análoga a una sustitución significante.

En el trabajo del sueño los procesos de condensación se desarrollan de manera análoga a los procesos metafóricos del lenguaje. Se puede establecer una analogía del mismo orden entre el mecanismo de desplazamiento y el proceso metonímico.

EL DESPLAZAMIENTO Y EL

TRABAJO DEL SUEÑO COMO

PROCESOS METONÍMICOS

En el transcurso del sueño los materiales no siempre son condensados; en los sueños infantiles, esos materiales latentes no aparecen representados como tales. En esa representación manifiesta se introduce una alteración de los valores; se trata de un desplazamiento de los valores que producirá un desplazamiento del sentido.

En los sueños irracionales, el desplazamiento del valor es total y lo esencial del material latente se vuelve completamente accesorio a nivel manifiesto. Representar lo esencial a través de lo accesorio es representar el todo por la parte.

En el sueño lo accesorio manifiesto expresa lo primordial latente gracias a una construcción metonímica, la relación de contigüidad entre los significantes ni aparece con tanta claridad como en las elaboraciones metonímicas del lenguaje. Esa relación de contigüidad sólo puede ser puesta en evidencia por medio de asociaciones.

La condensación puede ser legítimamente considerada como estrictamente análoga a una sustitución significante.

El proceso global del trabajo del sueño responde al mecanismo de la metonimia se basa en una transferencia de denominación que Freud denomina ocultamiento o disfraz del sentido.

EL CHISTE COMO PROCESO

METAFÓRICO-METONÍMICO

El análisis estructural entre ciertos procesos del lenguaje y ciertos procesos inconscientes se identifica en otras formaciones del inconsciente. El chiste conjuga la condensación metafórica y el desplazamiento metonímico.

El chiste además de elaborar condensaciones también actúa por medio de sustituciones significantes, es decir de metáforas.

El chiste estructurado según el modo metonímico, aparece en el lugar de otra formación del inconsciente: el lapsus.

El acento está puesto sobre el efecto sorpresa. Este efecto va a tomar toda su importancia posteriormente como una autentica señal de angustia, se trata de un dispositivo de defensa movilizado ante la inminencia de un peligro psíquico cuyo flujo de excitaciones podrá desbordar la economía del sujeto.

Ese flujo de excitaciones debe poner en contra un umbral de alarma suficiente para alertar las defensas del sujeto. El síntoma va a encontrar su punto de inserción alrededor de esa señal de angustia.

Ese problema se sintetiza en la aparición de un síntoma incomprensible que se acompaña de un sentimiento de cólera contra ella misma, que le resulta inexplicable. Ese síntoma se construyo como una metáfora, es decir, como la sustitución significante de un significado reprimido por otro nuevo.

Las principales etapas del trabajo analítico estarán marcadas por la rememoración de ciertos recuerdos olvidados que jugarán papeles sucesivos en el proceso de metaforización.

Una tensión psicosexual frustrante que constituirá el terreno de semejanza favorable para la organización del síntoma.

El síntoma se estructurará a la manera de una metáfora.

Es propio de la actividad inconsciente utilizar esos diversos materiales de diferente origen en una combinación tal que la expresión del deseo reprimido se vuelve irreconocible. Este elaborará por estratificaciones sucesivas aproximadamente como en las condensaciones de un sueño

El síntoma constituye una justificación suplementaria a la tesis del inconsciente estructurado como un lenguaje. La prueba decisiva la constituye el mecanismo de la metáfora del Nombre del Padre.

LA SUPREMACÍA DEL FALO

Aún cuando el proceso de la metáfora paterna pueda tomarse como la justificación más acabada del inconsciente estructurado como un lenguaje, es necesario, pera abordarlo hacer algunas observaciones sobre el objeto alrededor del cual gravita esta metáfora del Nombre del Padre: el objeto fálico.

Esas observaciones se imponen porque el falo es uno de los conceptos que muy a menudo resultan maltratados en los comentarios analíticos y porque el objeto fálico constituye la piedra angular de la problemática edípica y de la castración.

Según Lacan ese papel central y preponderante del objeto fálico ha sido a menudo objeto de importantes confusiones en la teoría analítica y entre los comentadores de Freud.

Jones llega a la conclusión de que si la abolición de la sexualidad y la castración parecen confundirse es solo porque el temor de la castración siempre actualiza concretamente la afánisis.

Para Lacan un ejemplo manifiesto de una concepción equivocada del sentido y el alcance del objeto fálico es como aborda Jones el concepto de afánasis, confundiendo el pene y el falo. Jones elabora el concepto de afánasis a partir de las investigaciones que realiza en el campo de la sexualidad femenina.

Lacan dice que el sentido mismo de la referencia al objeto fálico es lo que Jones no parece llegar a comprender. La referencia al falo no es la castración a través del pene, sino la referencia al padre, a la función que mediatiza la relación del hijo con la madre y de la madre con el hijo. Jones no distinguirá de manera rigurosa lo que diferencia la privación de la castración, sino que hace referencia a una categoría de la falta de objeto que él cree que es la castración, cuando en realidad sólo se trata de la privación.

Se podría enunciar aquí una primera precisión: el objeto fálico es ante todo un objeto cuya naturaleza es ser un elemento significante.

Esa identidad significante no es fácil de abordar en la obra de Freud, ya que le término falo está ausente en sus escritos, el objeto es evocado por medio del atributo fálico.

La misma discriminación radical se encuentra en Freud con respecto a la castración, que se articula con el orden fálico y no con el registro del pene.

Freud constituye la diferencia entre los sexos alrededor de la noción de falta. Para el niño los sexos se vuelven diferentes sólo por creer insiste en querer que falte algo.

La naturaleza inmaginaria del falo determina un cierto perfil en la problemática de la castración.

La primacia del falo como objeto inmaginario representará un papel fundamental estructurante en la dialéctica edípica.

Lacan sistematiza la problemática en los fundamentos de la teoría analítica, para él, el falo va a ser instituido como el significante primordial del deseo en la triangulación edípica, esto se representará en el deseo de la madre, del hijo y del padre, en el transcurso de una dialéctica que se pondrá de manifiesto en la modalidad del ser y del tener.

El proceso de la metáfora paterna está estructuralmente ligado a la situación edípica y constituye el apogeo de su resolución.

Para Lacan el complejo de Edipo, que es donde la teoría analítica concretiza la relación intersubjetiva, tiene valor de mito; a partir del momento en que el Edipo se centra en el plano de la inteligibilidad de esta doble referencia la mayor parte de las objeciones desaparece.

EL ESTADIO DEL ESPEJO Y EL EDIPO

Para Lacan la función fundamental del Edipo recubre la función paterna; localiza el inicio del complejo de Edipo al nivel de un umbral específico del proceso de maduración del niño que muestra un momento particular de su vivencia psíquica, este momento es contemporáneo del estadio del espejo, en el que se esboza, para el niño, un cierto tipo de identificación basado en una relación específica con la madre, una relación de alienación.

EL ESTADIO DEL ESPEJO

El estadio del espejo se ordena sobre una experiencia de identificación fundamental en cuyo transcurso el niño realiza la conquista de la imagen de su propio cuerpo. La identificación primordial del niño con esta imagen va a promover la estructura del yo, poniendo termino a esa vivencia psíquica singular que Lacan denomina fantasía del cuerpo fragmentado. Antes del estadio del espejo, el niño no experimenta su cuerpo como una totalidad unificada, sino como algo disperso, la dialéctica del espejo es neutralizar la dispersión angustiante del cuerpo a favor de la unidad del cuerpo propio.

La experiencia del niño durante la fase del espejo se organiza en base a tres tiempos fundamentales que marcan la conquista progresiva de la imagen de su cuerpo.

Al comienzo el niño percibirá la imagen de su cuerpo como la de un ser real al que intenta acercarse o atrapar, esto genera una confusión entre uno mismo y el otro.

El segundo momento constituye una etapa decisiva en su proceso identificatorio, el niño llega a descubrir que el otro del espejo no es un ser real, sino una imagen, desde ahora sabe distinguir la imagen de la realidad del otro.

El tercer momento dialectiza las dos etapas anteriores, el niño se asegura de que el reflejo del espejo es una imagen y porque adquiere la convicción de que esa imagen es la suya.

Desde el momento en que el niño se identifica como algo virtual, que no es él como tal se trata de un reconocimiento inmaginario. El estadio del espejo es una experiencia que se organiza con anterioridad a la aparición del esquema corporal.

PRIMER MOMENTO DEL EDIPO

Al salir de la fase identificatoria del estado del espejo, el niño que se perfiló como sujeto sigue manteniendo una relación de indiferenciación cercana a la fusión con su madre. Esta relación de fusión es un producto de la posición particular que el niño alimenta con respecto a la madre al tratar de identificarse con que él supone que es el objeto de su deseo. Esta identificación a través de la cual el deseo del niño se hace deseo del deseo de la madre de ve facilitada por la relación de inmediatez entre la madre y el hijo. La proximidad de estos intercambios pone al niño en la situación de hacerse objeto de lo que supone le falta a la madre, ese objeto susceptible de satisfacer la falta del otro es el falo. En este primer momento del Edipo el deseo del niño permanece sujeto al deseo de la madre.

La relación del niño con el falo es esencial en tanto que el falo es el objeto de deseo de la madre, algo diferente es comprobar que a ese nivel el niño está directamente alienado por la problemática fálica de la dialéctica del ser o no ser el falo. La identificación con el objeto fálico que elude la mediación de la castración la convoca en la misma medida en el terreno de una oscilación dialéctica entre ser o no ser el falo.

El surgimiento de tal oscilación anuncia el segundo momento del complejo de Edipo en el que el niño es introducido en el registro de la castración por la intrusión de la dimensión paterna.

SEGUNDO MOMENTO DEL EDIPO

La mediación paterna va a representar un papel preponderante en la configuración de la relación madre-hijo al intervenir como privación.

El niño vive la intrusión de la presencia del padre como una prohibición y una frustración. La intrusión paterna se manifiesta en registros aparentemente diferentes: la prohibición, la frustración y la privación

LA FALTA DE OBJETO

La falta del objeto puede manifestarse de tres modos específicos: la frustración, la privación y la castración.

La frustración es el campo de la reivindicación, con la única diferencia de que no existe ninguna posibilidad de encontrar la satisfacción. El pene constituye el prototipo de un objeto de esa índole y la niña vive su ausencia como una frustración, el niño ve la ausencia del pene en la madre también como una frustración.

En la privación lo real es la falta; pero el objeto de la privación es algo simbólico.

La castración, la falta es simbólica puesto que se remite a la prohibición del incesto que es la diferencia simbólica. Este objeto inmaginario en la castración es el falo.

En la segunda etapa del complejo de Edipo que se inicia con la intrusión paterna es la relación intersubjetiva madre-hijo. Esta intrusión se manifiesta en dos aspectos diferentes. Desde el punto de vista del niño, el padre interviene como prohibición porque se le presenta como alguien que tiene derecho en lo que concierne a la madre, por eso esta intervención es vivida por el niño como una frustración por lo que el niño se ve obligado a cuestionar su identificación fálica y al mismo tiempo a renunciar a ser el objeto del deseo de la madre. Desde el punto de vista de la madre, el padre priva del falo que ella supuestamente posee en el hijo identificado con el objeto de su deseo.

El origen de esa oscilación inducida en el niño se encuentra fundamentalmente en el hecho de que el padre aparece como otro en lo que concierne a la relación madre-hijo, el padre es un rival frente a la madre. Esa rivalidad inmaginaria incluye un desplazamiento del objeto fálico que lleva al niño a encontrar la ley del padre.

El niño descubre que somete el deseo de cada uno a la ley del deseo del otro.

La dialéctica del tener de hace eco de la dialéctica del ser. El niño sólo llega a esa interrogación personal en la medida en que el padre que priva le hace presentir que la madre reconoce en esa ley aquello que mediatiza el deseo que ella tiene de un objeto que ya no es el hijo pero que supuestamente el padre tiene o no tiene.

El segundo momento de Edipo es la condición indispensable que debe cumplir el niño para acceder a la simbolización de la ley que marca la declinación del complejo de Edipo, en este encuentro con la ley del padre se ve enfrentado al problema de la castración.

Destruida su certeza de ser el objeto fálico deseado por la madre, el niño se ve ahora obligado por la función paterna, no solo a aceptar que no es el falo sino también a aceptar que no lo tiene, a semejanza de la madre que es allí donde se supone que debe estar y donde se vuelve posible tenerlo. Esta es precisamente la incidencia del complejo de castración

TERCER MOMENTO DE EDIPO

Este tercer momento pone término a la rivalidad fálica frente a la madre en la que se ha ubicado el niño y en la que imaginariamente también ha instalado al padre.

El momento esencial de esta etapa está marcado por la simbolización de la ley que demuestra que el niño ha comprendido su significado. El valor reside en la localización exacta del deseo de la madre. Dado que tiene el falo, el padre deja de ser el que priva a la madre de su objeto de deseo. El niño al igual que la madre, se encuentra inscrito en la dialéctica del tener.

La dialéctica del tener convoca inevitablemente al juego de las identificaciones. Según el sexo del niño la instancia fálica incidirá de diferente manera en la lógica identificatoria. El valor renuncia a ser el falo materno y se identifica con el padre que supuestamente tiene el falo. La niña puede abandonar la posición de objeto de deseo de la madre y encontrar la dialéctica del tener en la modalidad del no tener.

La ubicación del falo es estructurante para el niño ya que el padre se hace preferir por la madre. Esta preferencia es la prueba más clara de la instalación del proceso de la metáfora paterna y del mecanismo intrapsíquico correlativo: la represión originaria

LA METÁFORA PATERNA -

EL NOMBRE DEL PADRE

LA METONÍMIA DEL DESEO

La sustitución del significante se trata de un doble proceso metafórico.

El niño ha invertido la situación ya que ahora es él quien la echa, de ahí la intensa alegría del niño su dominio sobre la ausencia del objeto perdido. El niño puede entonces movilizar su deseo como deseo del sujeto hacia objetos que reemplacen al objeto perdido, pero el acceso al lenguaje constituye el signo indiscutible del dominio simbólico del objeto perdido por medio de la realización de la metáfora del Nombre del Padre que se afirma que se afirma en la represión originaria.

La represión originaria se presenta como un proceso fundamentalmente estructurante que consiste en una metaforización que es precisamente la simbolización primordial de la ley. Es necesario que el niño llegue a ponerse como sujeto y no sólo como objeto del deseo del otro. La aparición de ese sujeto se actualiza en una operación inaugural del lenguaje. Una designación de este tipo solo puede basarse en la represión del significante fálico, también llamado significante del deseo de la madre.

El niño llega a asociar la ausencia de la madre con la presencia del padre.

El niño ha elaborado una relación significante ya que puede designar la causa de las ausencias de su madre, el padre simbólico interviene especialmente el Nombre del Padre asociado a al Ley simbólica. El Nombre del Padre es el nuevo significante que reemplaza para el niño al deseo de la madre.

LA METONIMIA DEL DESEO

El que inaugura la alienación del deseo en el lenguaje es el significante Nombre del Padre. El deseo de ser reprimido a favor del deseo de tener obliga al niño a dirigir su deseo hacia el campo de objetos sustitutivos del objeto perdido. La única posibilidad del deseo es hacerse palabra y ponerse manifiesto en una demanda. El deseo pierde cada vez más en la cadena de los significantes.

El deseo queda para siempre insatisfecho porque tuvo la necesidad de hacerse lenguaje. El deseo ha tomado el camino de la metonimia, la metáfora del Nombre del Padre obliga al niño a tomar la parte por el todo.

La metáfora paterna constituye un momento profundamente estructurante en la evolución psíquica del niño.

Según Lacan la metáfora del Nombre del Padre resulta una encrucijada estructural de importantes consecuencias.

LA FORCLUSIÓN DEL NOMBRE DEL PADRE

ENFOQUE DE LOS PROCESOS PSICÓTICOS

La metáfora paterna tiene una función estructurante puesto que es la fundadora del sujeto psíquico como tal.

El término forclusión aparece como el mecanismo que puede hacer fracasar la represión originaria. Esta tesis constituye el aporte original que introduce Lacan en las reflexiones freudianas sobre la discriminación metapsicológica de las neurosis y las psicosis.

Uno de los principales ejes de esta reflexión se planteó la hipótesis de una etiología psicogenética de la psicosis.

La concepción psicoanalítica freudiana de la psicosis nunca será satisfactoria en la medida en que no logra promover una especificación pertinente de la etiología del proceso histórico.

Freud circunscribe la naturaleza del proceso psicótico al campo de la pérdida y su incidencia correlativa que provocaría en el sujeto la necesidad de reconstruir de manera delirante esa realidad que le resulta ajena. Deja ver la marca del estereotipo psiquiátrico de su época al asociar la pérdida de la realidad y la construcción delirante como una relación de causa a efecto.

Según su primer punto de vista el neurótico huiría de la realidad, en tanto que el psicótico la negaría. Ni la pérdida de la realidad ni la escisión del yo pueden constituir un criterio metapsicológico para diferenciar las neurosis de las psicosis.

Lacan elaboró a la noción de forclusión que le permite comprender por qué ciertos mecanismos característicos de las neurosis no permiten explicar el advenimiento del proceso psicótico y permite explicar cuál es la aptitud del mecanismo de forclusión para especificar el proceso psicótico cuando afecta el Nombre del Padre. Si el nombre del padre está forcluido en el lugar del Otro, la metáfora paterna h a fracasado de manera tal que, para Lacan, eso es lo que constituye la carencia que le da a la psicosis su condición esencial con la estructura que la separa de la neurosis.

LA DIVISIÓN DEL SUJETO

Y EL ADVENIMIENTO DEL INCONSCIENTE

POR EL ORDEN DEL SIGNIFICANTE

La metáfora del Nombre del Padre es permitirle al niño advenir al sujeto al acceder a lo simbólico establece en el sujeto una estructura de división psíquica irreversible.

Para Lacan la Spallung es individualmente la característica más inaugural que define la subjetividad porque es precisamente lo que permite advenir al sujeto y estructurarse de acuerdo con cierto modo psíquico; la Spallung convierte al aparato psíquico en un sistema plurisistémico.

Si el niño sigue nombrando al objeto de su deseo significando el Nombre del Padre, cabe una única conclusión: el niño ya no sabe lo que dice en lo que enuncia. Es otra manera de ver que el niño accede al lenguaje sin saber lo que dice cuando habla.

El lenguaje aparece como aquello que condiciona al inconsciente haciéndolo aparecer y manteniendolo en un lugar electivo.

Decir que el sujeto está dividido es para Lacan lo mismo que decir que no hay más sujeto que el ser hablante.

Las tesis del trabajo teórico de Lacan constituye un punto de ruptura decisivo con el pensamiento psicoanalítico contemporáneo.

A través de esta estructura de división del sujeto, la represión originaria participa del advenimiento del inconsciente. Estos son los significantes primordiales

Lacan declara que el inconsciente es el discurso del otro.

LA DIVISIÓN DEL SUJETO

LA ALIENACIÓN DEL LENGUAJE

La división del sujeto operada por el orden significante establece otra prioridad fundamental de la subjetividad: la alienación del sujeto por el lenguaje, de acuerdo con el tipo de relación que establezca con el orden simbólico.

Es propio del lenguaje evocar algo real por medio de un sustituto simbólico que produce una escisión entre la vivencia real y aquella que la representa.

Lacan dice que gracias a la palabra que es una presencia hecha de ausencia, es la ausencia misma lo que se nombra. A este proceso hace referencia Miller con el nombre de sutura.

La relación del sujeto con su propio discurso reside en que el sujeto está presenta en él a costa de mostrarse ausente en su ser. El sujeto se aliena dentro de su propio discurso y esto es la división del sujeto.

Un significante es aquello que representa un sujeto para otra significante. El sujeto debe ser considerado como un efecto del significante.

El sentido del significante podría definirse como aquello que representa la intervención de un sujeto.

La cadena hablada se organiza como una continuidad de signos siscretos, de significantes asociados a significados.

La diferencia entre los significantes reprimidos y esos mismos significantes en el discurso es un modo de inscripción en la cadena inconsciente y en la cadena hablada.

Se puede dar el caso de una condensación metafórica en un sueño; la ilustración más manifiesta es la fobia y la constitución de un significante fóbico.

Mecanismo de la fobia: un primer significante que se hace inconsciente como consecuencia de una represión metafórica; Una segunda operación significante se organiza posteriormente en virtud de un desplazamiento metonímico inconsciente; para que la fobia se organice basta con una intervención desafortunada.

El destino del significado es secundario con respecto al significante. Una prueba suplementaria de ello es la alienación profunda de la verdad del deseo del sujeto al orden de su discurso.

SUJETO DEL INCONSCIENTE

SUJETO DE LA ENUNCIANCIÓN

SUJETO DEL ENUNCIADO

La división del sujeto implica la necesidad de definir una parte de nuestra subjetividad como sujeto del deseo; esta conclusión surge de la articulación del sujeto con su discurso por el efecto de la Spaltung.

La articulación de un discurso supone la identificación de los dos aspectos que lo caracteriza, el aspecto del enunciado del discurso y el acto de enunciación que elabora ese enunciado. Esta discriminación es fundamental en Lacan para especificar la relación que el sujeto hablante mantiene con el inconsciente y el deseo.

Por enunciado se entiende la idea de una serie de palabras inacabadas emitida por un locutor; y la enunciación como un acto de creatividad del sujeto hablante. La enunciación tiene iniciativa intencional del que habla.

Un parámetro semejante remite a la naturaleza del representante que hace que el sujeto esté presente en su enunciado y al que denominaremos sujeto del enunciado.

La distinción sujeto del enunciado/ sujeto de la enunciación remite a la oposición que señala Lacan entro lo dicho y el decir.

La oposición subjetiva entre el sujeto del enunciado y el sujeto de la enunciación aporta un punto de vista esencialmente nuevo con respecto a la atención flotante.

Para Freud la atención flotante es la actitud correlativa a la de la asociación libre del paciente. Esto reposa en la idea de intentar establecer una comunicación de inconsciente entre el analista y su paciente.

La intervención analítica tiene la categoría de una operación del lenguaje que se produce bajo la forma de un corte significativo en el orden de lo dicho para liberar el lenguaje primero del deseo inconsciente que se articula en el decir.

LA ALIENACIÓN DEL SUJETO EN EL YO

EL ESQUEMA L

LA FORCLUSIÓN DEL SUJETO

El sujeto que sólo está presente en su discurso en la medida en que está representado, se compone a través de su discurso a un acto de apariencia, al no figurar más que como un representante sólo puede ser un discurso de apariencias con respecto a la verdad de su deseo.

El yo del enunciado que se fija en el orden del discurso tiende a ocultar cada vez más al sujeto de su deseo y esto va a constituir una objetivación inmaginaria del sujeto. Allí comienza un desconocimiento total de lo que él es desde el punto de vista de su deseo.

El estadio del espejo constituye la fase inicial de la evolución psíquica en la que el niño se sustrae al registro atrapante de la relación dual con la madre.

La relación del yo con el otro podría considerarse como análoga a la relación que existe entre el lenguaje y el habla cuyo principio es analizado por Lacan en el esquema L de la dialéctica intersubjetiva.

La relación que el sujeto mantiene consigo mismo está siempre mediatizada por una línea de ficción; se puede hablar de una dialéctica de la identificación de uno con el otro y del otro con el uno.

Junto al plano simétrico del yo y del otro existe un plano secante que Lacan llama el muro del lenguaje. Para Lacan el sujeto no sabe lo que dice puesto que no sabe lo que él es.

El yo debe dejar paso progresivamente al es; lo inmaginario del o debe dejar lugar al sujeto en la autenticidad de su propio deseo.

Llamaremos forclusión del sujeto a este tipo de alienación del sujeto auténtico a favor de un representante de privilegiado denominado sujeto de conocimiento. Al asunir la producción de esos enunciados verdaderos este sujeto de conocimiento es elevado a la dignidad de sujeto epistemológico.

El sujeto epistemológico reina en el lugar del Yo; este ideal se encarna en la categoría de sujeto transcendental.

DIALÉCTICA DE LA CONCIENCIA

Y DIALÉCTICA DEL DESEO

El esquema L demuestra que el sujeto sólo se ve a sí mismo en Yo, y el yo sólo llega al sujeto gracias a la identificación del uno con el otro que remite al orden de la dialéctica hegeliana.

Hegel sitúa al origen de este movimiento a nivel de la presencia inmediata de sí, a la que denomina identidad originaria, es el sí de la conciencia.

PRIMER MOMENTO

El primer momento de la dialéctica es un movimiento de separación de uno con relación a sí mismo; este movimiento de exteriorización es indispensable para que la conciencia se constituya con conciencia de sí. Aquí comienza la alienación del espíritu fuera de sí mismo.

SEGUNDO MONENTO

Será un movimiento de retorno, un movimiento reflexivo.

La conciencia se ha convertido en conciencia de sí puesto que ya se capta a sí misma como para sí en sí misma. Esta conciencia es una subjetividad.

TERCER MOMENTO

Para salir de la conciencia ilusoria, debe presentarse objetivamente frente a sí misma y relacionarse nuevamente consigo misma. Así es como ella se transforma objetivamente para sí misma en aquello que sólo era subjetivamente.

El tercer momento se despliega en un doble movimiento: presentar la objetividad como objetividad de la subjetividad y presentar la subjetividad como subjetividad de la objetividad.

Para Hegel el pensamiento es la actividad que consiste en ubicarse uno frente a otro para sí y ser sí mismo en ese otro sí.

La esencia del deseo surge por una contradicción con respecto al objeto, la esencia del deseo es contradictoria por naturaleza.

Cada uno existe como conciencia de sí en tanto que el otro exista como conciencia opuesta a él.

LA NECESIDAD- EL DESEO-

LA DEMANDA

Freud habla de los procesos psíquicos que tiene lugar durante las primeras experiencias satisfactorias; el objeto que se propone para la satisfacción surge sin buscarlo y sin tener representación psíquica de él. el proceso pulsional corresponde a una necesidad pura.

Para Lacan la dimensión del deseo aparece como intrínsecamente ligada a una falta que no se puede satisfacer por un objeto real, la pulsión debe ser diferenciada por la necesidad.

La demanda está dirigida al prójimo.

EL GRAFO DEL DESEO L

DE LA PUNTADA AL MOLINO DEL AS PALABRAS

El deseo se ve obligado a convertirse en palabra dentro de lo que le impone la demanda porque se ve prisionero del proceso del lenguaje.

La evidencia de la interrelación entre el deseo, el inconsciente y el lenguaje se manifiesta en el carácter contingente del sentido.

Lacan elabora el grafo del deseo, define el código como el conjunto de símbolos que permiten representar y transmitir información y esto es lo que autoriza la comunicación intersubjetiva.

Todo sujeto que compromete su discurso es el cortocircuito del molino de palabras necesariamente hace escuchar mucho más de lo que intenta decir.

LA FÓRMULA DE LA COMUNICACIÓN Y EL

INCONSCIENTE COMO DISCURSO DEL OTRO

Se entiende como palabra verdadera, cuando el otro es eso frente a lo cual nos hacemos reconocer en la medida en que implícitamente ya lo reconocíamos como tal.

El reconocimiento es aquello a través de lo cual nosotros lo tomamos como absoluto irreductible, de cuya existencia como objeto depende el valor mismo de la palabra donde hacemos reconocer.

Para Lacan esto es un a ilustración de la comunicación. Que ya no es la alocución lo que se articula como la respuesta a un mensaje que provendría del otro, por le contrario la respuesta presupone induce a la alocución.

EL GRAFO DEL DESEO 2:

LA CREACIÓN DE SENTIDO EN LA TÉCNICA

SIGNIFICANTE DEL CHISTE Y LA SUBVERSIÓN

DEL INCONSCIENTE EN EL LENGUAJE

El sujeto que habla convoca desde el lugar donde habla una serie de elementos significantes con los que debe componer su decir. , Esto viene de una determinación que escapa al sujeto y se origina en el grafo B que es el objeto metonimico.

Para que una concatenación significante pueda ser considerada como mensaje es necesario que la distinción con respecto a las prescripciones del código este confirmada como mensaje en lugar del otro.

La creación d sentido con el mecanismo que muestra el grafo evoca el problema del sujeto

EL GRAFO DEL DESEO 3:

LA CONJUGACIÓN DEL DESEO CON

EL SIGNIFICANTE

La dialéctica edípica y la metáfora del Nombre del Padre permiten situar con exactitud la relación que existe entre el deseo y la dimensión de la castración, por esto se deduce que el seduce mantiene una cierta relación con la marca.

En la medida en que el deseo del otro está borrado, el sujeto podría reconocer su deseo borrado como su propio deseo insatisfecho.

LA GENERACIÓN DEL GRAFO

Lacan invalida cualquier idea de génesis.

El principio de inmutabilidad es le principio de selección capaz de hacer advenir un significante y no otro a la articulación de la secuencia que lo demanda.

La tercera etapa de l generación del grafo completa las dos anteriores al situar la función del deseo en relación que con el sujeto hablante mantiene el significante.

Al término de esta generación del grafo terminó el despliegue de un proceso intrapsíquico que corresponde al sujeto hablante dentro del campo freudiano.

CAROLINA VELASCO FERRREIRO

2º DE EDUCACIÓN PRIMARIA