Freud

El psicoanálisis. Biografía. Memoria consciente. Ideas y afectos. Hipnosis. Catarsis. Sueños. Actos fallidos. Ello, yo y superyo. Sexualidad

  • Enviado por: Anucha
  • Idioma: castellano
  • País: Argentina Argentina
  • 3 páginas

publicidad

Trabajo práctico de Psicología

Hace pocas noches luego de cenar, comencé una charla con mi padre, psicólogo, acerca de un tema que me interesa y que muchas veces me sorprende.

HIJO: Papá, ¿cómo fue eso del psicoanálisis?, ¿cómo empezó toda la historia?

PADRE: Es una larga historia, aunque en realidad tiene apenas cien años, que comparado con el desarrollo de otras ciencias, porque sin duda el psicoanálisis lo es, no son tantos. A fines del siglo pasado la medicina no podía encontrar la explicación a diversos fenómenos psiquiátricos, fundamentalmente a aquellas situaciones donde los enfermos parecían estar “poseídos” por una fuerza interior que iba más allá de su propia voluntad, modificando por completo su personalidad.

Fue en el año 1895 que un médico Vienés, Sigmund Freud empezó a interesarse en los padecimientos de algunos enfermos internados en una clínica psiquiátrica de Francia, “La Salpetriere”, y con un colega suyo, Charcot, trató de profundizar en el origen de sus dolencias.

Fue a partir de la observación que elaboró una teoría, el psicoanálisis, que intenta explicarlo. Según ella la psiquis humana está formada por un lado, por el inconsciente y por otro por la parte consciente y la pre-consciente.

H: ¿Y qué fuerzas actuaban en estos enfermos?

P: Según Freud algunas personas no podían “manejar” algunas situaciones de la vida altamente satisfactorias, y por eso, “las olvidaban”. Pero este “olvido” no era más casual ni las dejaba indemne a sus consecuencias. En ese momento entra en juego un mecanismo psíquico llamado la represión. Por este medio el consciente o la memoria consciente aísla estas situaciones conflictivas “guardándolas en un cajón” sin acceso aparente.

En realidad lo “guardado” no era el total de la situación, porque en ese acto se separan la idea del afecto.

H: ¿Cómo es esto de las ideas y los afectos?

P: Claro, si bien la represión destinaba al “olvido” la idea dolorosa, lo sentimientos que ella había provocado quedaban “libres”, juntándose a otras ideas o situaciones, provocando el síntoma que no podía ser entendido sin saber que dicha emoción no está relacionada con esa situación sino con aquella otra guardada.

H: ¿Y siempre lo guardado se encuentra “relacionando” esas dos cosas?

P: Hay varias formas de aproximarse a los contenidos inconscientes. Ya sea en sueños, actos fallidos, formaciones sustitutivas, el profesional puede “pescar” la punta del ovillo para ir desenredando la madeja.

H: ¡¡Pará, pará!! ¿ Qué es todo esto? Sueños, actos fallidos... ¿qué tiene que ver con el inconsciente?

P: Según con la teoría psicoanalítica en toda conducta humana se puede ver de distintas formas como esas ideas reprimidas, en su momento, al inconsciente, tratan de vencer la barrera que dicho mecanismo de represión les impone.

Algunas veces esta barrera es burlada parcialmente y se cuelan hacia la consciencia “representantes” de lo reprimido. Eso si, para atravesarla pagan un alto precio: se presentan transformadas en cosas aparentemente sin sentido, pero que en realidad que están simbolizando a aquellas. Con esta hipótesis fue que Freud primero por medio de la “Hipnosis” y luego de la “Catarsis”, es que trata de encontrar la explicación de lo que llamaríamos síntomas neuróticos, en que aquellos primeros casos, más precisamente síntomas histéricos, esos que en el cuerpo se expresa la existencia de alguna situación dolorosa reprimida que esta tratando de salir.

H: Entonces los actos fallidos y los sueños. ¿son síntomas?

P: No necesariamente. Podríamos decir que es la forma más benigna en que las ideas reprimidas acceden a la vida diaria. En un sueño podemos ver como alguna persona que nos resulta indiferente sufre mil peripecias. Además esa persona puede ser en realidad un conjunto de partes de otras personas o de alguien en particular.

Es probable que si analizamos este sueño, encontramos en realidad que el “bello durmiente” había vivido durante el día una fuerte pelea con un ser querido, de la que no había salido indemne. Esto es que por un problema de afecto y cultural no reaccionó durante la disputa como le hubiese gustado. Es así que en el sueño descarga esta agresión contenida durante el día. Pero hasta en el sueño la represión ha dejado sus huellas: el ser querido, por ejemplo su papá, ha sido reemplazado por alguien mucho menos significativo, lo que le hace la idea de las penurias que le está causando. También otros mecanismos juegan en el sueño y por eso el protagonista tiene características de varias personas a la vez, o todas las de una pero puesta en otra. Estos procesos, básicos del sueños son el Desplazamiento y la Condensación. Que conforman el Proceso Primario, que rige la actividad de los sueños.

Lo que el individuo vivió como real, en mayor o menor medida en el sueños es el contenido manifiesto del mismo. La explicación que el profesional puede elaborar con sus conocimientos no solo científicos, sino también de la historia propia de ese individuo, forman el contenido latente.

H: ¿Y qué quiere decir cuando alguien quiere decir una cosa y dice otra? Por ejemplo cuando un candidato quiere nombrar a su compañero de fórmula y en vez de hacerlo mezcla su nombre de pila con el apellido de su “enemigo”.

P: Una explicación para esto podría ser la preocupación que dicha figura le causa o tal vez el anhelo de que aquél estuviera en lugar del actual.

Los síntomas son la manifestación más definida, una parálisis en el histeria, de enfrentar, en realidad de no poder enfrentar con éxito una situación penosa.

H: ¿Y qué tiene que ver en todo esto eso de Ello, Yo y Superyo?

P: Con el correr de los años, Freud se da cuenta que este primer esquema de modelo psíquico, no le alcanzaba para describir muchos de los fenómenos mentales. Es así que divide a la psique en tres instancias: Ello, Yo y Superyo. Por un lado y como si fuera un ring de boxeo está el Ello: en él encontramos las pulsiones que lucha por salir a la luz y hacerse conscientes. Aquí reina el principio del placer, y se va formando desde que nacemos. En el otro rincón está el Superyo, que empieza a formarse aproximadamente a los dos años, y que no es más que los principios morales, culturales y sociales inculcados en el niño. Primeramente por la familia y luego por la educación formal. El rey aquí es el principio del deber, o sea la suma de las prohibiciones forman esta instancia. El gran ejemplo de la actuación del Superyo, es la formación del complejo de Edipo.

H: ¡¡Epa!!! ¿y eso qué es?

P: Desde bebé el niño ve a su madre al principio como una parte de si mismo, luego como su principal y único objeto de amor. Un poco más adelante reconocerá otros objetos de amor secundarios a aquel, pero su madre siendo el primer y más importante destinatario de sus deseos amorosos, continuará en su fantasía siendo su pareja amorosa. Hasta que como un espejo de la tragedia griega de Edipo, el padre irrumpe en escena con la fuerza de la prohibición.

H: ¿Y qué es lo que prohibe el padre?

P: Con su presencia y actitud el padre prohibe la consecución de esa fantasía amorosa con la madre, es decir la ley del incesto, dejando en claro que es y será siempre él, la pareja materna, a lo que contribuye la madre cuando dirige su mirada amorosa genital adulta hacia el padre. Este displacer para el niño es suplantado rápidamente por la tranquilidad que le da el haber sido corrido del camino de la relación incestuosa.

En tercer lugar, y el centro del ring está el Yo. Freud lo definía con algo tan sencillo como claro: es el encargado de conciliar lo inconciliable.

H: ¿Cómo es esto?, ¿cómo hace entonces para existir?

P: El Yo es la parte de la personalidad que vemos a diario. Trata de atenuar la satisfacción inmediata de los deseos del Ello y de adecuarlos a las prohibiciones del Superyo. Su trabajo es gigantesco, y casi siempre conflictivo. Cuando no logra cumplir con éxito su tarea pueden surgir los síntomas neuróticos.

H: ¿Y qué tiene que ver todo esto con la relación entre el individuo y la sociedad?

P: La sociedad condiciona el desarrollo de la vida de los individuos, porque para vivir en grupos el hombre debe aceptar normas que regulen dicha convivencia y que no son más que los “proveedores” del Superyo, en la negociación que el Yo desarrollará entre aquel y el Ello.

H: ¿Por qué la gente piensa que el psicoanálisis remite todo a la sexualidad? ¿es verdad que todo tiene que ver con lo sexual?

P: Si es verdad, o por lo menos en gran parte, pero el gran error es cuando se iguala sexualidad con genitalidad, y ahí está la “madre del borrego”. Freud no era un viejito libidinoso que le gustaba la pornografía y que solo pensaba en hacer el amor.

Cuando él habla de sexualidad infantil se refiere a otra cosa.

El parte de una formación biológica, no nos olvidemos que era médico, y por eso es que comienza su teoría estudiando cómo juegan los instintos en el desarrollo psicológico del bebé. Pronto llega a la conclusión de que cuando el bebé sigue chupando la teta, aún después de haber satisfecho su apetito (instinto primario de conservación: Eros), lo que está haciendo es algo que va más allá de aquel, que en definitiva le resulta placentero, y a lo que va a llamar la pulsión.

Tenemos entonces que partiendo del instinto biológico llegaremos a la pulsión que es la base de la sexualidad infantil de la que el psicoanálisis nos habla y que está dirigida a la obtención y satisfacción del placer, en un estadío muchísimo más temprano de aquel en el que el individuo logrará el acceso a la genitalidad adulta.

H: ¿Y para qué sirve todo esto?

P: Yo creo que esta fue una manera de Freud de zafar de una concepción previa a su época, en la que el hombre era visto, a lo sumo como teniendo en cuerpo por un lado y la mente por otro. Lo más grave era que esto no le alcanzaba para entender a estos enfermos, y mucho menos para curarlos. Cuando se rompe con la disociación mente-cuerpo se empieza a transitar el camino del verdadero ser humano, visto como un todo, con sus odios y sus amores, con sus virtudes y sus defectos, con sus placeres y sus obligaciones.

Nada de esto tendría sentido si no estuviera al servicio de la meta principal: ayudar al otro a vivir mejor.

¿Tenés alguna otra duda?

H: No, gracias pá. Pensándolo bien me parece que tengo ganas de seguir Psicología.

1