Fray Luis de León

Literatura española Renacimiento siglo XVI. Poesía y lírica religiosa renacentista. Escuela salmantina. Obras. Estilo literario

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Fray Luis de León
INDICE:

subtemas y estilo ................................................................................... página 21

Fray Luis de León

Vida

Nació en 1527, en Belmonte (Cuenca), donde fue bautizado. Belmonte era entonces un pueblo de unos mil habitantes con arcos, soportales, casas encaladas, unos cuantos escudos de piedra en las fachadas. De familia rica e influyente, su padre, abogado, pasaría a Granada como juez en 1547; un tío suyo era catedrático de derecho económico en Salamanca; otro tío abogado famoso en la Corte Real.

El joven Luis crece en Belmonte, aprende a leer y cantar con un ayo o autor, acompaña a su padre en viajes a Valladolid y a Madrid.

En 1541 Luis inicia sus estudios formales en un colegio de Salamanca, pero unos meses más tarde está de novicio en el Convento de San Pedro, de la orden de los agustinos, también en Salamanca.

En 1544 profesa, sin dejar de estudiaren la Universidad. El doctorado en teología supone unos nueve años de estudios. Sus maestros fueron excelentes.

En mayo de 1560 recibía en grado de licenciado, y en junio el de Maestro de Teología.

En 1561 compite por una cátedra vacante, de teología tomista, y gana. E incluso sus enemigos reconocen su inmenso talento.

La función del intelectual dedicado sin reservas al oficio de pensar se convertía cada vez más en un oficio lleno de dificultades y sin sabores. Era objeto de envidias y rencillas entre colegas y las hondas rivalidades entre las ordenes religiosas en particular entre dominicos y agustinos, y resulta más fácil comprender que el éxito de Fray Luis como pensador, humanista y traductor de textos bíblicos tenia que crearle un hondo conflicto frente a la Inquisición.

En marzo de 1572 Luis de León fue detenido por la inquisición y encarcelado en los calabozos de Santo Oficio en Valladolid. Había sido denunciado por varios de sus amigos, en especial por Belmonte de Medina, por criticar el texto latino de la Biblia, la Vulgata y preferir en texto hebreo; por introducir “novedades” peligrosas en asuntos teológicos; y se critica también el haber traducido el Cantar de los Cantares.

Casi cinco años pasó Luis en una celda oscura, angustiado por no saber, durante mucho tiempo, de qué se le acusaba y quiénes eran sus acusadores. Muchas veces el muchacho encargado de entregarle su comida se olvidaba de hacerlo. Enfermo- porque sufría del corazón- no tenía acceso a su médico. Pero, finalmente fue absuelto, reivindicando, y todo volvió a la normalidad. Tuvo ocasión de leer, meditar, escribir: algunos de sus mejores poemas nacieron en aquellos días de amargura.

En cuanto a la anécdota más difundida relativa a aquellos difíciles años y al momento de reivindicación de su inocencia, la famosa frase que Fray Luis de León hubiera al reanudar su curso en Salamanca “ Como íbamos diciendo ayer........”

Es decir, en lugar de herirlo o abatirlo, sus enemigos no habían hecho sino acrecentar la fuerza, la energía moral y física, y la creatividad de Fray Luis. Nunca se había sentido tan seguro de sí mismo como después de pasar aquellos años en la cárcel inquisitorial. Ninguna de sus opiniones cambió, antes bien siguió defendiendo sus ideas con tanta o más energía que antes.

El resto de su vida lo constituyen u a larga serie de triunfos intelectuales y sociales.

En diciembre de 1576 es declarado inocente y puesto en libertad. Salamanca lo recibe triunfalmente.

En 1578 obtiene la cátedra vitalicia de filosofía moral.

En 1579 oposita nuevamente y obtiene la cátedra de Sagrada Escritura.

En 1580 publica los comentarios In Cantica Canticorum e In Psalmum XXVI.

En 1583 aparece la primera edición de La perfecta casada y la primera parte de De los nombres de Cristo.

En 1588 publica en Salamanca Los libros de la Madre Teresa de Jesús.

En 1591 es elegido Provincial de su Orden en Castilla. Muere pocos días después en Madrigal de las Altas Torres(Ávila).

Fray Luis de León es junto con San Juan de la Cruz es, posiblemente, el mejor poeta del siglo XVI y uno de los más importantes de la literatura española.

LA EPOCA

Fray Luis vive en los reinados de Carlos I (hasta 1556) y de Felipe II. Es la época del Segundo Renacimiento, del Renacimiento cristiano, del que -precisamente- él es el principal representante, a la vez que está a la cabeza de la denominada Escuela Salmantina, caracterizada por el armónico equilibrio entre la expresión y el contenido literarios.
En este momento histórico, España se orienta casi por entero hacia la preocupación religiosa, impulsada por la Contrarreforma y en oposición al avance del protestantismo. Como consecuencia, España producirá una cultura esencialmente nacional y esencialmente católica. En este ámbito, se proyecta la figura de Fray Luis, profundamente cristiano, carácter que se ve latiendo en todo lo que hace. Un carácter profundamente cristiano, pero culto, formado; la Biblia, Platón, la Escolástica, Aristóteles, etc.; se fija y estudia todo aquello que le pueda aportar elementos de fe.

Escuela Salmantina

Fray Luis de León

En el mundo universitario salmantino del último tercio del siglo XVI, Fray Luis no es un caso aislado. A su alrededor hay un conjunto de amigos, profesores algunos, hermanos de religión otros, y un número considerable de discípulos con intereses y gustos afines, que constituyen el núcleo de lo que se ha dado en llamar, con muy escasa precisión, escuela poética salmantina. Figuran en este grupo, por su especial cercanía a Fray Luis, humanistas insignes, discípulos, agustinos... y un sinfín de individuos, hoy desconocidos que han dejado constancia, en multitud de cartapacios manuscritos y códices, de sus tentativas poéticas. Todos ellos, como Fray Luis, se ejercitaron en la traducción de los clásicos y de algunos poetas italianos; todos intercambiaron sus producciones, entablaron amistosas pugnas para componer poemas y glosas con un tema fijo o un pie forzado; todos se acercaron, en suma a la poesía con ánimo de desarrollar un ejercicio intelectual, y a veces lúdico. Varios códices han conservado una anécdota que, auténtica o no, es muy significativa, una traducción en verso de la oda horaciana “O navis referent”. Concluidas las tres versiones se las envían a Fray Luis pidiendo su parecer. El agustino contesta con una nota en la que afirma: “El caso es que yo quiero ser marinero con tan buenos patrones y no juez; Porque me da el ánimo que estoy muy obligado al servicio de cada uno; y así, yo también envío mi nave, y tan malparada como cosa hecha en esta noche”. Y en efecto, Fray Luis añade a las otras su propia versión de la oda. Sea o no cierto el hecho, lo importante es que ilumina una pequeña parcela de las actividades a que dedicaban su ocio aquellos humanistas. No eran tareas absolutamente ajenas a al enseñanza.

Ya en los Estatutos de la Universidad de 1561 se indica que los profesores explicarán al poeta “que el Rector les señalare”, de tal modo que los estudiantes “aprendan y ejerciten el modo de metrificar”, naturalmente en latín.

También cabe destacar los numerosísimos poemas conservados que proponen un acertijo, glosan una letrilla o se erigen sobre un pie forzado que roza el disparate.

De las composiciones de ésta naturaleza exhumadas en 1929 por el padre Alonso Getino, casi todas ellas coetáneas de Fray Luis, pueden recordarse alguna, a título de curiosidad. Así, la que propone escribir una estrofa sobre la Virgen cuyo verso final debe ser: “Que Madre de Dios no fue”.

Obras

Las obras se pueden clasificar en obras escritas en verso y en prosa.

Obras escritas en VERSO:

A NUESTRA SEÑORA

AGORA CON LA AURORA

ALARGO ENFERMO EL PASO

ALMA REGION LUCIENTE

AMOR CASI DE UN VUELO

AQUI LA ENVIDIA Y MENTIRA

AQUI YACEN DE CARLOS LOS DESPOJOS

AUNQUE EN RICOS MONTONES

CANCION A LA MUERTE DEL MISMO

CUANDO CONTEMPLO EL CIELO

¡CUANDO SERA QUE PUEDA?

DEL CONOCIMIENTO DE SÍ MISMO

DEL MUNDO Y SU VANIDAD

DESPUES QUE NOS DESCUBREN

EL AIRE SE SERENA

ELISA, YA EL PRECIADO

EN EL PROFUNDO DEL ABISMO ESTABAS

EN VANO EL MAR FATIGA

EPITAFIO AL TÚMULO DEL PRINCIPE DON CARLOS

FOLGABA EL REY ROBRIGO

HUID, CONTENTOS, DE MI TRISTE PECHO;

INSPIRA NUEVO CANTO

LA CANA Y ALTA CUMBRE

LAS SELVAS CONMOVIERA

LO QUE TENEIS EN TANTO

NO SIEMPRE ES PODEROSA

NO TE ENGAÑE EL DORADO

NO VIÉRAMOS EL ROSTRO AL PADRE ETERNO

ODA I: VIDA RETIRADA

ODA II: A DON PEDRO PORTOCARRERO

ODA III: A FRANCISCO SALINAS

ODA IV: CANCIÓN AL NACIMIENTO DE LA HIJA DEL MARQUES DE ALCAÑICES

ODA V: DE LA AVARICIA

ODA VI: DE LA MAGDALENA

ODA VII: A LA PROFECÍA DEL TAJO

ODA VIII: NOCHE SERENA

ODA IX: LAS SERENAS

ODA X: A FELIPE RUIZ

ODA XI: AL LICENCIADO JUAN DE GRIAL

ODA XII: A FELIPE RUIZ

ODA XIII: DE LA VIDA DEL CIELO

ODA XIV: AL APARTAMIENTO

ODA XV: A DON PEDRO DON PORTOCARRERO

ODA XVI: CONTRA UN JUEZ AVARO

ODA XVII: EN UNA ESPERANZA QUE SALIO VANA

ODA XVIII: EN LA ASCENSIÓN

ODA XIX: A TODOS LOS SANTOS

ODA XX: A SANTIAGO

ODA XXI: A NUESTRA SEÑORA

ODA XXII: A DON PEDRO PORTOCARRERO AUSENTE

ODA XXIII: A LA SALIDA DE LA CARCEL

¡OH CORTESÍA!

¡OH YA SEGURO PUERTO!

¡QUE DESCANSADA VIDA!

¿QUÉ SANTO O QUE GLORIOSA?

¿QUÉ VALE CUANTO VEE?

QUIEN VIERE EL SUMPTUOSO

RECOGE YA EN EL SENO

VIRGEN, QUE EL SOL MAS PURA

VIRTUD, HIJA DEL CIELO

¿Y DEJAS, PASTOR SANTO?

Obras escritas en PROSA:

LA PERFECTA CASADA

DE LOS NOMBRES DE CRISTO

LA EXPOSICIÓN DEL LIBRO DE JOB

SANTA TERESA

EL CARTAR DE LOS CANTARES

En el siguiente apartado expongo las obras del autor que considero más importantes:

Vida retirada

¡Qué descansada vida
la del que huye del mundanal ruïdo,
y sigue la escondida
senda, por donde han ido
los pocos sabios que en el mundo han sido;

Que no le enturbia el pecho
de los soberbios grandes el estado,
ni del dorado techo
se admira, fabricado
del sabio Moro, en jaspe sustentado!

No cura si la fama
canta con voz su nombre pregonera,
ni cura si encarama
la lengua lisonjera
lo que condena la verdad sincera.

¿Qué presta a mi contento
si soy del vano dedo señalado;
si, en busca deste viento,
ando desalentado
con ansias vivas, con mortal cuidado?

¡Oh monte, oh fuente, oh río,!
¡Oh secreto seguro, deleitoso!
Roto casi el navío,
a vuestro almo reposo
huyo de aqueste mar tempestuoso.

Un no rompido sueño,
un día puro, alegre, libre quiero;
no quiero ver el ceño
vanamente severo
de a quien la sangre ensalza o el dinero.

Despiértenme las aves
con su cantar sabroso no aprendido;
no los cuidados graves
de que es siempre seguido
el que al ajeno arbitrio está atenido.

Vivir quiero conmigo,
gozar quiero del bien que debo al cielo,
a solas, sin testigo,
libre de amor, de celo,
de odio, de esperanzas, de recelo.

Del monte en la ladera,
por mi mano plantado tengo un huerto,
que con la primavera
de bella flor cubierto
ya muestra en esperanza el fruto cierto.

Y como codiciosa
por ver y acrecentar su hermosura,
desde la cumbre airosa
una fontana pura
hasta llegar corriendo se apresura.

Y luego, sosegada,
el paso entre los árboles torciendo,
el suelo de pasada
de verdura vistiendo
y con diversas flores va esparciendo.

El aire del huerto orea
y ofrece mil olores al sentido;
los árboles menea
con un manso ruïdo
que del oro y del cetro pone olvido.

Téngase su tesoro
los que de un falso leño se confían;
no es mío ver el lloro
de los que desconfían
cuando el cierzo y el ábrego porfían.

La combatida antena
cruje, y en ciega noche el claro día
se torna, al cielo suena
confusa vocería,
y la mar enriquecen a porfía.

A mí una pobrecilla
mesa de amable paz bien abastada
me basta, y la vajilla,
de fino oro labrada
sea de quien la mar no teme airada.

Y mientras miserable-
mente se están los otros abrazando
con sed insacïable
del peligroso mando,
tendido yo a la sombra esté cantando.

A la sombra tendido,
de hiedra y lauro eterno coronado,
puesto el atento oído
al son dulce, acordado,
del plectro sabiamente meneado.

Noche serena

Cuando contemplo el cielo
de innumerables luces adornado,
y miro hacia el suelo
de noche rodeado,
en sueño y en olvido sepultado,

el amor y la pena
despiertan en mi pecho un ansia ardiente;
despiden larga vena
los ojos hechos fuente;
Loarte y digo al fin con voz doliente:

«Morada de grandeza,
templo de claridad y hermosura,
el alma, que a tu alteza
nació, ¿qué desventura
la tiene en esta cárcel baja, escura?

¿Qué mortal desatino
de la verdad aleja así el sentido,
que, de tu bien divino
olvidado, perdido
sigue la vana sombra, el bien fingido?

El hombre está entregado
al sueño, de su suerte no cuidando;
y, con paso callado,
el cielo, vueltas dando,
las horas del vivir le va hurtando.

¡Oh, despertad, mortales!
Mirad con atención en vuestro daño.
Las almas inmortales,
hechas a bien tamaño,
¿podrán vivir de sombra y de engaño?

¡Ay, levantad los ojos
aquesta celestial eterna esfera!
burlaréis los antojos
de aquesa lisonjera
vida, con cuanto teme y cuanto espera.

¿Es más que un breve punto
el bajo y torpe suelo, comparado
con ese gran trasunto,
do vive mejorado
lo que es, lo que será, lo que ha pasado?

Quien mira el gran concierto
de aquestos resplandores eternales,
su movimiento cierto
sus pasos desiguales
y en proporción concorde tan iguales;

la luna cómo mueve
la plateada rueda, y va en pos della
la luz do el saber llueve,
y la graciosa estrella
de amor la sigue reluciente y bella;

y cómo otro camino
prosigue el sanguinoso Marte airado,
y el Júpiter benino,
de bienes mil cercado,
serena el cielo con su rayo amado;

—rodéase en la cumbre
Saturno, padre de los siglos de oro;
tras él la muchedumbre
del reluciente coro 
su luz va repartiendo y su tesoro—:

¿quién es el que esto mira
y precia la bajeza de la tierra,
y no gime y suspira
y rompe lo que encierra
el alma y destos bienes la destierra?

Aquí vive el contento,
aquí reina la paz; aquí, asentado
en rico y alto asiento,
está el Amor sagrado,
de glorias y deleites rodeado.

Inmensa hermosura
aquí se muestra toda, y resplandece
clarísima luz pura,
que jamás anochece;
eterna primavera aquí florece.

¡Oh campos verdaderos!
¡Oh prados con verdad frescos y amenos!
¡Riquísimos mineros!
¡Oh deleitosos senos!
¡Repuestos valles, de mil bienes llenos!»

A Francisco Salinas

El aire se serena
y viste de hermosura y luz no usada,
Salinas, cuando suena
la música estremada,
por vuestra sabia mano gobernada.

A cuyo son divino
el alma, que en olvido está sumida,
torna a cobrar el tino
y memoria perdida
de su origen primera esclarecida.

Y como se conoce,
en suerte y pensamientos se mejora;
el oro desconoce,
que el vulgo vil adora,
la belleza caduca, engañadora.

Traspasa el aire todo
hasta llegar a la más alta esfera,
y oye allí otro modo
de no perecedera
música, que es la fuente y la primera.

Ve cómo el gran maestro,
aquesta inmensa cítara aplicado,
con movimiento diestro
produce el son sagrado,
con que este eterno templo es sustentado.

Y como está compuesta
de números concordes, luego envía
consonante respuesta;
y entrambas a porfía
se mezcla una dulcísima armonía.

Aquí la alma navega
por un mar de dulzura, y finalmente
en él ansí se anega
que ningún accidente
estraño y peregrino oye o siente.

¡Oh, desmayo dichoso!
¡Oh, muerte que das vida! ¡Oh, dulce olvido!
¡Durase en tu reposo,
sin ser restituido
jamás a aqueste bajo y vil sentido!

A este bien os llamo,
gloria del apolíneo sacro coro,
amigos a quien amo
sobre todo tesoro;
que todo lo visible es triste lloro.

¡Oh, suene de contino,
Salinas, vuestro son en mis oídos,
por quien al bien divino
despiertan los sentidos
quedando a lo demás amortecidos!

A Felipe Ruiz

¿Cuándo será que pueda,
libre desta prisión volar al cielo,
Felipe, y en la rueda,
que huye más del suelo,
contemplar la verdad pura sin duelo?

Allí a mi vida junto,
en luz resplandeciente convertido,
veré distinto y junto
lo que es y lo que ha sido,
y su principio propio y ascondido.

Entonces veré cómo
la soberana mano echó el cimiento
tan a nivel y plomo,
dó estable y firme asiento
posee el pesadísimo elemento.

Veré las inmortales
columnas do la tierra está fundada;
las lindes y señales
con que a la mar hinchada
la Providencia tiene aprisionada;

por qué tiembla la tierra;
por qué las hondas mares se embravecen,
dó sale a mover guerra
el cierzo, y por qué crecen
las aguas del Océano y descrecen;

de dó manan las fuentes;
quién ceba y quién bastece de los ríos
las perpetuas corrientes;
de los helados fríos
veré las causas, y de los estíos;

las soberanas aguas
del aire en la región quién las sostiene;
de los rayos las fraguas,
dó los tesoros tiene
de nieve Dios, y el trueno dónde viene.

¿No ves cuando acontece
turbarse el aire todo en el verano?
El día se ennegrece,
sopla el gallego insano,
y sube hasta el cielo el polvo vano;

y entre las nubes mueve
su carro Dios, ligero y reluciente;
horrible son conmueve,
relumbra fuego ardiente,
treme la tierra, humíllase la gente;

la lluvia baña el techo;
invían largos ríos los collados;
su trabajo deshecho,
los campos anegados,
miran los labradores espantados.

Y de allí levantado,
veré los movimientos celestiales,
ansí el arrebatado
como los naturales,
las causas de los hados, las señales.

Quién rige las estrellas
veré, y quién las enciende con hermosas
y eficaces centellas;
por qué están las dos Osas
de bañarse en el mar siempre medrosas.

Veré este fuego eterno,
fuente de vida y luz, dó se mantiene;
y por qué en el invierno
tan presuroso viene,
quien en las noches largas se detiene.

Veré sin movimiento
en la más alta esfera las moradas
del gozo y del contento,
de oro y luz labradas,
de espíritus dichosos habitadas.

A la salida de la cárcel

Aquí la envidia y mentira
me tuvieron encerrado.
Dichoso el humilde estado
del sabio que se retira
de aqueste mundo malvado,

y con pobre mesa y casa
en el campo deleitoso
con sólo Dios se compasa
y a solas su vida pasa
ni envidiado ni envidioso.

A nuestra señora

Virgen, que el sol más pura,
gloria de los mortales, luz del cielo,
en quien la piedad es cual la alteza:
   los ojos vuelve al suelo
y mira un miserable en cárcel dura,
cercado de tinieblas y tristeza.
   Y si mayor bajeza
no conoce, ni igual, juicio humano,
que el estado en que estoy por culpa ajena,
   con poderosa mano
quiebra, Reina del cielo, esta cadena.

Virgen, en cuyo seno
halló la deidad digno reposo,
do fue el rigor en dulce amor trocado:
   si blando al riguroso
volviste, bien podrás volver sereno
un corazón de nubes rodeado.
   Descubre el deseado
rostro, que admira el cielo, el suelo adora:
las nubes huirán, lucirá el día;
   tu luz, alta Señora,
venza esta ciega y triste noche mía.

Virgen y madre junto,
de tu Hacedor dichosa engendradora,
a cuyos pechos floreció la vida:
   mira cómo empeora
y crece mí dolor más cada punto;
el odio cunde, la amistad se olvida;
   si no es de ti valida
la justicia y verdad, que tú engendraste,
¿adónde hallará seguro amparo?
   Y pues madre eres, baste
para contigo el ver mi desamparo.

Virgen, del sol vestida,
de luces eternales coronada,
que huellas con divinos pies la Luna;
   envidia emponzoñada,
engaño agudo, lengua fementida,
odio crüel, poder sin ley ninguna,
   me hacen guerra a una;
pues, contra un tal ejército maldito,
¿cuál pobre y desarmado será parte,
   si tu nombre bendito,
María, no se muestra por mi parte?

Virgen, por quien vencida
llora su perdición la sierpe fiera,
su daño eterno, su burlado intento;
   miran de la ribera
seguras muchas gentes mi caída,
el agua violenta, el flaco aliento:
   los unos con contento,
los otros con espanto; el más piadoso
con lástima la inútil voz fatiga;
   yo, puesto en ti el lloroso
rostro, cortando voy onda enemiga.

Virgen, del Padre Esposa,
dulce Madre del Hijo, templo santo
del inmortal Amor, del hombre escudo:
   no veo sino espanto;
si miro la morada, es peligrosa;
si la salida, incierta; el favor mudo,
   el enemigo crudo,
desnuda, la verdad, muy proveída
de armas y valedores la mentira.
   La miserable vida,
sólo cuando me vuelvo a ti, respira.

Virgen, que al alto ruego
no más humilde sí diste que honesto,
en quien los cielos contemplar desean;
   como terrero puesto—
los brazos presos, de los ojos ciego—
a cien flechas estoy que me rodean,
   que en herirme se emplean;
siento el dolor, mas no veo la mano;
ni me es dado el huir ni el escudarme.
   Quiera tu soberano
Hijo, Madre de amor, por ti librarme.

Virgen, lucero amado,
en mar tempestuoso clara guía,
a cuvo santo rayo calla el viento;
   mil olas a porfía
hunden en el abismo un desarmado
leño de vela y remo, que sin tiento
   el húmedo elemento
corre; la noche carga, el aire truena;
ya por el cielo va, ya el suelo toca;
   gime la rota antena;
socorre, antes que emviste en dura roca.

Virgen, no enficionada
de la común mancilla y mal primero,
que al humano linaje contamina;
   bien sabes que en ti espero
dende mi tierna edad; y, si malvada
fuerza que me venció ha hecho indina
   de tu guarda divina
mi vida pecadora, tu clemencia
tanto mostrará más su bien crecido,
   cuanto es más la dolencia,
y yo merezco menos ser valido.

Virgen, el dolor fiero
añuda ya la lengua, y no consiente
que publique la voz cuanto desea;
   mas oye tú al doliente
ánimo, que contino a ti vocea.

CAPÍTULO XV DE "LA PERFECTA CASADA"

Fray Luis de León


Aunque esta buena casada ha de ser para mucho, que es lo que aquí Salomón llama fortaleza, no por eso tiene licencia para ser desabrida en la condición y en su manera y trato desgraciada; sino, como el vestido ciñe y rodea el cuerpo, así ella toda y por todas partes ha de andar cercada y como vestida de un valor agraciado y de una gracia valerosa. Quiero decir, que ni la diligencia, ni la vela, ni la asistencia a las cosas de su casa, la ha de hacer áspera y terrible, bien ni menos la buena gracia y la apacible habla y semblante, ha de ser muelle ni desatado, sino que, templando con lo uno lo otro, conserve el medio en ambas dos cosas, y haga de entrambos una agradable y excelente mezcla.
Y no ha de conservar por un día o por un breve espacio aqueste tenor, sino por toda la vida, hasta el día postrero della. Lo cual es propio de todas las cosas que, o son virtud, o tienen raíces en la virtud, ser perseverantes y casi perpetuas, y en esto se diferencian de las no tales; que éstas, como nacen de antojo, duran por antojo; pero aquéllas, como se fundan en firme razón, permanecen por luengos tiempos.
Y los que han visto alguna mujer de las que se allegan a esta que aquí se dice, podrán haber experimentado lo uno y lo otro. Lo uno, que a todo tiempo y a toda razón se halla en ella dulce y agradable acogida; lo otro, que esta gracia y dulzura suya no es gracia que desata el corazón del que la vee ni le enmollece, antes le pone concierto y le es como una ley de virtud, y así le deleita y aficiona, que juntamente le limpia y purifica; y borrando él las tristezas, lava las torpezas también; y es gracia que aun la engendra en los miradores. Y la fuerza della, y aquello en que propiamente consiste, lo declara mas enteramente lo que sigue: (...) (Pasa Fray Luis a otro capítulo).

DE LOS NOMBRES DE CRISTO

Fray Luis de León

Camino

Es Cristo llamado Camino, y por qué se le atribuye este nombre

Llámase también Camino Cristo en la Sagrada Escritura. Él mismo se llama así en San Juan, en el capítulo catorce: «Yo, dice, soy camino, verdad y vida.» Y puede pertenecer a esto mismo lo que dice Isaías en el capítulo treinta y cinco: «Habrá entonces senda y camino, y será llamado camino santo, y será para vosotros camino derecho.» Y no es ajeno de ello lo del Salmo quince: «Hiciste que me sean manifiestos los caminos de vida.» Y mucho menos lo del Salmo sesenta y seis: «Para que conozcan en la tierra tu camino»; y declara luego qué camino: «En todas las gentes tu salud», que es el nombre de Jesús.

-No será necesario -dijo Marcelo, luego que Sabino hubo leído esto- probar que Camino es nombre de Cristo, pues Él mismo se le pone. Mas es necesario ver y entender la razón por que se le pone, y lo que nos quiso enseñar a nosotros llamándose a sí camino nuestro. Y aunque esto en parte está ya dicho, por el parentesco que este nombre tiene con el que acabamos de decir ahora (porque ser faces y ser camino en una cierta razón es lo mismo); mas porque, además de aquello, encierra este nombre otras muchas consideraciones en sí, será conveniente que particularmente digamos de él.

Pues para esto, lo primero se debe advertir que camino en la Sagrada Escritura se toma en diversas maneras. Que algunas veces camino en ella significa la condición y el ingenio de cada uno, y su inclinación y manera de proceder, y lo que suelen llamar estilo en romance, o lo que llaman humor ahora. Conforme a esto es lo de David en el Salmo, cuando hablando de Dios dice: «Manifestó a Moisés sus caminos.» Porque los caminos de Dios que llama allí, son aquello que el mismo Salmo dice luego, que es lo que Dios manifestó de su condición en el Éxodo cuando se le demostró en el monte y en la peña, y poniéndole la mano en los ojos, pasó por delante de Él, y en pasando le dijo: «Yo soy amador entrañable, y compasivo mucho, y muy sufrido, largo en misericordia y verdadero, y que castigo hasta lo cuarto y uso de piedad hasta lo mil.». Así que estas buenas condiciones de Dios y estas entrañas suyas son allí sus caminos.

Camino se llama en otra manera la profesión de vivir que escoge cada uno para sí mismo, y su intento y aquello que pretende o en la vida o en algún negocio particular, y lo que se pone como por blanco.

Y en esta significación dice el Salmo: «Descubre tu camino al Señor, y Él lo hará.». Que es decirnos David que pongamos nuestros intentos y pretensiones en los ojos y en las manos de Dios, poniendo en su providencia confiadamente el cuidado de ellos, y que con esto quedemos seguros de Él que los tomará a su cargo y les dará buen suceso. Y si los ponemos en sus manos, cosa debida es que sean cuales ellas son; esto es, que sean de cualidad que se pueda encargar de ellos Dios, que es justicia y bondad. Así que, de una vez y por unas mismas palabras, nos avisa allí de dos cosas el Salmo: una, que no pretendamos negocios ni prosigamos intentos en que no se pueda pedir la ayuda de Dios; otra, que, después de así apurados y justificados, no los fiemos de nuestras fuerzas, sino que los echemos en las suyas, y nos remitamos a Él con esperanza segura.

La obra que cada uno hace, también es llamada camino suyo. En los Proverbios dice la Sabiduría de sí: «El Señor me crió en el principio de sus caminos»; esto es, soy la primera cosa que procedió de Dios. Y del elefante se dice en el libro de Job que es el principio de los caminos de Dios, porque, entre las obras que hizo Dios cuando crió a los animales, es obra muy aventajada. Y en el Deuteronomio dice Moisés que son juicio los caminos de Dios, queriendo decir que sus obras son santas y justas. Y el justo desea y pide en el Salmo que sus caminos, esto es, sus pasos y obras, se enderecen siempre a cumplir lo que Dios le manda que haga.

Dícese más camino el precepto y la ley. Así lo usa David: «Guardé los caminos del Señor y no hice cosa mala contra mi Dios.» Y más claro en otro lugar: «Corrí por el camino de tus mandamientos, cuando ensanchaste mi corazón. Por manera que este nombre camino, demás de lo que significa con propiedad, que es aquello por donde se va a algún lugar sin error, pasa su significación a otras cuatro cosas por semejanza: a la inclinación, a la profesión, a las obras de cada uno, a la ley y preceptos; porque cada una de estas cosas encamina al hombre a algún paradero, y el hombre por ellas, como por camino, se endereza a algún fin. Que cierto es que la ley guía, y las obras conducen, y la profesión ordena, y la inclinación lleva cada cual a su cosa.

Esto así presupuesto, veamos por qué razón de éstas Cristo es dicho camino; o veamos si por todas ellas lo es, como lo es, sin duda, por todas. Porque, cuanto a la propiedad del vocablo, así como aquel camino (y señaló Marcelo con el dedo, porque se parecía de allí), es el de la corte porque lleva a la corte, y a la morada del Rey a todos los que enderezan sus pasos por él, así Cristo es el camino del cielo, porque, si no es poniendo las pisadas en él y siguiendo su huella, ninguno va al cielo. Y no sólo digo que hemos de poner los pies donde Él puso los suyos, y que nuestras obras, que son nuestros pasos, han de seguir a las obras que Él hizo, sino que, lo que es propio al camino, nuestras obras han de ir andando sobre él, porque, si salen de él, van perdidas. Que cierto es que el paso y la obra que en Cristo no estriba y cuyo fundamento no es Él, no se adelanta ni se allega hacia el cielo.

Muchos de los que vivieron sin Cristo abrazaron la pobreza y amaron la castidad y siguieron la justicia, modestia y templanza; por manera que, quien no lo mirara de cerca, juzgara que iban por donde Cristo fue y que se parecían a Él en los pasos; mas, como no estribaban en Él, no siguieron camino ni llegaron al cielo. La oveja perdida, que fueron los hombres, el Pastor que la halló, como se dice en San Lucas, no la trajo al rebaño por sus pies de ella ni guiándola delante de sí, sino sobre sí y sobre sus hombros. Porque, si no es sobre Él, no podemos andar, digo, no será de provecho para ir al cielo lo que sobre otro suelo anduviéremos.

¿No habéis visto algunas madres, Sabino, que teniendo con sus dos manos las dos de sus niños, hacen que sobre sus pies de ellas pongan ellos sus pies, y así los van allegando a sí y los abrazan, y son juntamente su suelo y su guía? ¡Oh piedad la de Dios! Esta misma forma guardáis, Señor, con nuestra flaqueza y niñez. Vos nos dais la mano de vuestro favor. Vos hacéis que pongamos en vuestros bien guiados pasos los nuestros. Vos hacéis que subamos. Vos que nos adelantemos. Vos sustentáis nuestras pisadas siempre en Vos mismo, hasta que, avecinados a Vos en la manera de vecindad que os contenta, con nudo estrecho nos ayuntáis en el cielo.

Y porque, Juliano, los caminos son en diferentes maneras, que unos son llanos y abiertos, y otros estrechos y de cuesta, y unos más largos, y otros que son como sendas de atajo; Cristo, verdadero camino y universal, cuanto es de su parte, contiene todas estas diferencias en sí; que tiene llanezas abiertas y sin dificultad de tropiezos, por donde caminan descansadamente los flacos, y tiene sendas más estrechas y altas para los que son de más fuerza, y tiene rodeos para unos, porque así les conviene, y ni más ni menos por donde atajen y abrevien los que se quisieren apresurar. Mas veamos lo que escribe de este nuestro camino Isaías: «Y habrá allí senda y camino, y será llamado camino santo. No caminará por él persona no limpia, y será derecho este camino para vosotros; los ignorantes en él no se perderán. No habrá león en él, ni bestia fiera, ni subirá por él ninguna mala alimaña. Caminarle han los librados, y los redimidos por el Señor volverán, y vendrán a Sión con loores y gozo sobre sus cabezas sin fin. Ellos asirán del gozo y de la alegría, y el dolor y el gemido huirá de ellos.»

Lo que dice senda, la palabra original significa todo aquello que es paso, por donde se va de una cosa a otra; pero no como quiera paso, sino paso algo más levantado que los demás del suelo que le está vecino, y paso llano, o porque está enlosado o porque está limpio de piedras y libre de tropiezos. Y, conforme a esto, unas veces significa esta palabra las gradas de piedra por donde se sube, y otras la calzada empedrada y levantada del suelo, y otras la senda que se ve ir limpia en la cuesta, dando vueltas desde la raíz a la cumbre. Y todo ello dice con Cristo muy bien, porque es calzada y sendero, y escalón llano y firme. Que es decir que tiene dos cualidades este camino, la una de alteza y la otra de desembarazo, las cuales son propias así a lo que llamarnos gradas como a lo que decimos sendero o calzada. Porque es verdad que todos los que caminan por Cristo van altos y van sin tropiezos. Van altos, lo uno porque suben; suben, digo, porque su caminar es propiamente subir; porque la virtud cristiana siempre es mejoramiento y adelantamiento del alma. Y así, los que andan y se ejercitan en ella forzosamente crecen, y el andar mismo es hacerse de continuo mayores; al revés de los que siguen la vereda del vicio, que siempre descienden, porque el ser vicioso es deshacerse y venir a menos de lo que es; y cuanto va más, tanto más se menoscaba y disminuye, y viene por sus pasos contados, primero a ser bruto, y después a menos que bruto, y finalmente a ser casi nada.

Los hijos de Israel, cuyos pasos desde Egipto hasta Judea fueron imagen de esto, siempre fueron subiendo por razón del sitio y disposición de la tierra. Y en el templo antiguo, que también fue figura, por ninguna parte se podía entrar sin subir. Y así el Sabio, aunque por semejanza de resplandor y de luz, dice lo mismo así de los que caminan por Cristo como de los que no quieren seguirle. De los unos dice: «La senda de los justos, como luz que resplandece y crece y va a adelante hasta que sube a ser día perfecto.» De los otros, en un particular que los comprende: «Desciende, dice, a la muerte su casa, y a los abismos sus sendas.» Pues esto es lo uno. Lo otro, van altos porque van siempre lejos del suelo, que es lo más bajo. Y van lejos de él, porque lo que el suelo ama, ellos lo aborrecen; lo que sigue, huyen; y lo que estima, desprecian. Y lo último, van así porque huellan sobre lo que el juicio de los hombres tiene puesto en la cumbre, las riquezas, los deleites, las honras. Y esto cuanto a la primera cualidad de la alteza.

Y lo mismo se ve en la segunda, de llaneza y de carecer de tropiezos. Porque el que endereza sus pasos conforme a Cristo no se encuentra con nadie; a todos les da ventaja; no se opone a sus pretensiones; no les contramina sus designios; sufre sus iras, sus injurias, sus violencias; y si le maltratan y despojan los otros, no se tiene por despojado, sino por desembarazado y más suelto para seguir su viaje. Como, al revés, hallan los que otro camino llevan, a cada paso, innumerables estorbos porque pretenden otros lo que ellos pretenden, y caminan todos a un fin, y a fin en que los unos a los otros se estorban; y así se ofenden cada momento y tropiezan entre sí mismos, y caen, y paran, y vuelven atrás desesperados de llegar adonde iban. Mas en Cristo, como hemos dicho, no se halla tropiezo, porque es como camino real en que todos los que quieren caben sin embarazarse.

Y no solamente es Cristo grada y calzada y sendero por estas dos cualidades dichas, que son comunes a todas estas tres cosas, sino también por lo propio de cada una de ellas comunican su nombre con Él; porque es grada para la entrada del templo del cielo y sendero que guía sin error a lo alto del monte adonde la virtud hace vida, y calzada enjuta y firme, en quien nunca o el paso engaña o desliza o titubea el pie. Que los otros caminos más verdaderamente son deslizaderos o despeñaderos, que, cuando menos se piensa, o están cortados, o debajo de los pies se sumen ellos y echa en vacío el pie el miserable que caminaba seguro.

Y así, Salomón dice: «El camino de los malos, barranco y abertura honda.» ¿Cuántos en las riquezas y por las riquezas, que buscaron y hallaron, perdieron la vida? ¿Cuántos, caminando a la honra, hallaron su afrenta? Pues del deleite, ¿qué podemos decir, sino que su remate es dolor? Pues no desliza así ni hunde los pasos el que nuestro camino sigue, porque los pone en piedra firme de continuo. Y por eso dice David: «Está la ley de Dios en su corazón; no padecerán engaños sus pasos.» Y Salomón: «El camino de los malos, como valladar de zarzas; la senda del justo, sin cosa que le ofenda.»

Pero añade Isaías: «Senda y camino, y será llamado santo.» En el original la palabra camino se repite tres veces, en esta manera. «Y será camino, y camino, y camino llamado santo»; porque Cristo es camino para todo género de gente. Y todos ellos, los que caminan en él, se reducen a tres: a principiantes, que llaman, en la virtud; a aprovechados en ella; a los que nombran perfectos. De los cuales tres órdenes se compone todo lo escogido de la Iglesia; así como su imagen, el templo antiguo, se componía de tres partes, portal y palacio y sagrario; y como los aposentos que estaban apegados a él y le cercaban a la redonda por los dos lados y por las espaldas se repartían en tres diferencias, que unos eran piezas bajas, y otros entresuelos y otros sobrados. Es, pues, Cristo tres veces camino; porque es calzada allanada y abierta para los imperfectos, y camino para los que tienen más fuerza, y camino santo para los que son ya perfectos en Él.

Dice más: «No pasará por él persona no limpia»; porque, aunque en la Iglesia de Cristo y en su cuerpo místico hay muchas no limpias, mas los que pasan por él todos son limpios; quiero decir que el andar en él siempre es limpieza, porque los pasos que no son limpios no son pasos hechos sobre este camino. Y son limpios también todos los que pasan por él; no todos los que comienzan en él, sino todos los que comienzan, y demedian, y pasan hasta llegar al fin, porque el no ser limpio es parar o volver atrás o salir del camino. Y así, el que no parare, sino pasare, como dicho es, forzosamente ha de ser limpio».

Y parece aún más claro de lo que se sigue: «Y será camino cierto para vosotros.» Adonde el original dice puntualmente: «Y Él les andará el camino», o «Él a ellos les es el camino que andan». Por manera que Cristo es el camino nuestro, y el que anda también el camino; porque anda Él andando nosotros o, por mejor decir, andamos nosotros porque anda Él y porque su movimiento nos mueve. Y así Él mismo es el camino que andamos y el que anda con nosotros, y el que nos incita para que andemos. Pues cierto es que Cristo no hará compañía a lo que no fuere limpieza. Así que no camina aquí lo sucio ni se adelanta lo que es pecador, porque ninguno camina aquí si Cristo no camina con él. Y de esto mismo nace lo que viene luego. «Ni los ignorantes se perderán en él.» Porque ¿quién se perderá con tal guía? Mas ¡qué bien dice los ignorantes! Porque los sabios, confiados de sí y que presumen valerse y abrir camino por sí, fácilmente se pierden; antes, de necesidad se pierden si confían en sí. Mayormente que si Cristo es Él mismo guía y camino, bien se convence que es camino claro y sin vueltas, y que nadie lo pierde si no lo quiere perder de propósito. «Esta es la voluntad de mi Padre, dice Él mismo, que no pierda ninguno de los que me dio, sino que los traiga a vida en el día postrero.»

Y sin duda, Juliano, no hay cosa más clara a los ojos de la razón ni más libre de engaño que el camino de Dios. Bien lo dice David: «Los mandamientos del Señor que son sus caminos lucidos, y que dan luz a los ojos. Los juicios suyos, verdaderos y que se abonan a sí mismos.» Pero ya que el camino carece de error, ¿hácenlo por ventura peligroso las fieras, o saltean en él? Quien lo allana y endereza, ése también lo asegura; y así, añade el Profeta: «No habrá león en él, ni andará por él bestia fiera.» Y no dice andará, sino subirá; porque si, o la fiereza de la pasión, o el demonio, león enemigo, acomete a los que caminan aquí, si ellos perseveran en el camino, nunca los sobrepuja ni viene a ser superior suyo, antes queda siempre caído y bajo. Pues si éstos no, ¿quién andará? «Y andarán, dice, en él los redimidos.» Porque primero es ser redimidos que caminantes; primero es que Cristo, por su gracia y por la justicia que pone en ellos, los libre de la culpa, a quien servían cautivos, y les desate las prisiones con que estaban atados; y después es que comiencen a andar. Que no somos redimidos por haber caminado primero, ni por los buenos pasos que dimos, ni venimos a la justicia por nuestros pies: «No por las obras justas que hicimos, dice, sino según su misericordia nos hizo salvos.» Así que no nace nuestra redención de nuestro camino y merecimiento; sino, redimidos una vez, podemos caminar y merecer después, alentados con la virtud de aquel bien.

Y es en tanto verdad que solos los redimidos y libertados caminan aquí, y que primero que caminan son libres, que ni los que son libres y justos caminan ni se adelantan, sino con solos aquellos pasos quedan como justos y libres; porque la redención y la justicia y el espíritu que la hace, encerrado en el nuestro, y el movimiento suyo, y las obras que de este movimiento, y conforme a este movimiento hacemos, son para en este camino los pies. Pues han de ser redimidos; mas ¿por quién redimidos? La palabra original lo descubre, porque significa aquello a quien otro alguno por vía de parentesco y de deudo lo rescata, y, como solemos decir, lo saca por el tanto. De manera que, si no caminan aquí sino aquellos a quien redime su deudo, y por vía de deudo, clara cosa será que solamente caminan los redimidos por Cristo, el cual es deudo nuestro por parte de la naturaleza nuestra de que se vistió, y nos redime por serlo. Porque como hombre padeció por los hombres, y como hermano y cabeza de ellos pagó, según todo derecho, lo que ellos debían; y nos rescató para sí, como cosa que le pertenecíamos por sangre y linaje, como se dirá en su lugar.

Añade: «Y los redimidos por el Señor volverán a andar por él.» Esto toca propiamente a los del pueblo judaico, que en el fin de los tiempos se han de reducir a la Iglesia; y, reducidos, comenzarán a caminar por este nuestro camino con pasos largos, confesándole por Mesías. Porque, dice, tomarán a este camino, en el cual anduvieron verdaderamente primero, cuando sirvieron a Dios en la fe de su venida que esperaban, y le agradaron; y después se salieron de él, y no lo quisieron conocer cuando lo vieron, y así ahora no andan en él; mas está profetizado que han de tomar. Y por eso dice que volverán otra vez al camino los que el Señor redimió. Y tiene cada una de estas palabras su particular razón, que demuestra ser así lo que digo. Porque lo primero, en el original, en lugar de lo que decimos Señor, está el nombre de Dios propio, el cual tiene particular significación de una entrañable piedad y misericordia. Y lo segundo, lo que decimos redimidos, al pie de la letra suena redenciones o rescates; en manera que dice que los rescates o redenciones del Piadosísimo tornarán a volver. Y llama rescates o redenciones a los de este linaje, porque no los rescató una sola vez de sus enemigos, sino muchas veces y en muchas maneras, como las Sagradas Letras lo dicen.

Y llámase en este particular misericordiosísimo a sí mismo: lo uno, porque, aunque lo es siempre con todos, mas es cosa que admira el extremo de regalo y de amor con que trató Dios a aquel pueblo, desmereciéndolo él. Lo otro, porque teniéndole tan desechado ahora y tan apartado de sí, y desechado y apartado con tan justa razón, como a infiel y homicida; y pareciendo que no se acuerda ya de él, por haber pasado tantos siglos que le dura el enojo, después de tanto olvido y de tan luengo desecho, querer tornarle a su gracia, y, de hecho, tomarle, señal manifiesta es de que su amor para con él es entrañable y grandísimo, pues no lo acaban ni las vueltas del tiempo tan largas, ni los enojos tan encendidos, ni las causas de ellos tan repetidas y tan justas. Y señal cierta es que tiene en el pecho de Dios muy hondas raíces este querer, pues cortado y al parecer seco, torna a brotar con tanta fuerza. De arte que Isaías llama rescates a los judíos, y a Dios le llama piadoso; porque sola su no vencida piedad para con ellos, después de tantos rescates de Dios, y de tantas y tan malas pagas de ellos, los tomará últimamente a librar; y libres y ayuntados a los demás libertados que están ahora en la Iglesia, los pondrá en el camino de ella y los guiará derechamente por él.

Mas ¡qué dichosa suerte y qué gozoso y bienaventurado viaje, adonde el camino es Cristo, y la guía de él es Él mismo, y la guarda y la seguridad ni más ni menos es Él, y adonde los que van por él son sus hechuras y rescatados suyos! Y así, todos ellos son nobles y libres; libres, digo, de los demonios y rescatados de la culpa, y favorecidos contra sus reliquias, y defendidos de cualesquier acontecimientos malos, y alentados al bien con prendas y gustos de él; y llamados a premios tan ricos, que la esperanza sola de ellos los hace bienandantes en cierta manera. Y así concluye, diciendo: «Y vendrán a Sión con loores y alegría no perecedera en sus cabezas; asirán del gozo y asirán del placer, y huirá de ellos el gemido y dolor.»

Y por esta manera es llamado camino Cristo, según aquello que con propiedad significa; y no menos lo es según aquellas cosas que por semejanza son llamadas así. Porque si el camino de cada uno son, como decíamos, las inclinaciones que tiene, y aquello a que le lleva su juicio y su gusto, Cristo, con gran verdad, es camino de Dios; porque es, como poco antes dijimos, imagen viva suya y retrato verdadero de sus inclinaciones y condiciones todas; o, por decirlo mejor, es como una ejecución y un poner por obra todo aquello que a Dios le place y agrada más. Y si es camino el fin, y el propósito que se pone cada uno a sí mismo para enderezar sus obras, camino es sin duda Cristo de Dios; pues, como decíamos hoy al principio, después de sí mismo, Cristo es el fin principal a quien Dios mira en todo cuanto produce.

Y, finalmente, ¿cómo no será Cristo camino, si se llama camino todo lo que es ley, regla y mandamiento que ordena y endereza la vida, pues es Él sólo la ley? Porque no solamente dice lo que hemos de obrar, mas obra lo que nos dice que obremos, y nos da fuerzas para que obremos lo que nos dice. Y así, no manda solamente a la razón, sino hace en la voluntad ley de lo que manda, y se lanza en ella; y, lanzado allí, es su bien y su ley. Mas no digamos ahora de esto, porque tiene su propio lugar adonde después lo diremos.

Y dicho esto, calló Marcelo, y Sabino abrió su papel y dijo:

Pastor


Características de la poesía de Fray Luis de León : Temas y subtemas y estilo:

De joven acepta la gran moda del momento: el petrarquismo, recién aclimatado, que implica una temática amorosa. Escribe unos pocos sonetos de amor (sólo se conservan cinco), que no satisfacían su ánimo austero y profundo. Además el soneto con sus 14 versos rigurosos tampoco se adaptaba al torrente de su emoción.

Encuentra su camino definitivo cuando siente la vida como sufrimiento y contempla el cielo como liberación. Así, el ansia de huida de este mundo y la contemplación ideal de otros constituirán los temas de sus mejores odas, paralelamente, adopta las liras garcilasianas en muchas de ellas.

Sus versos no se publicaron en vida, fue Quevedo 40 años después de su muerte quien los publicó en 1631. Su producción poética original no es extensa, no llegan a 40 poemas, pero tradujo en verso castellano textos latinos, italianos y bíblicos.

TEMAS

Ansias de huida de este mundo y la contemplación ideal del otro. La paz individual y cósmica ,en su vida siempre estuvo en polémicas, la paz espiritual, sosiego en un marco geográfico: el campo. Subtemas: patriotismo, circunstanciales y religiosos.

METRICA

Emplea metros y estrofas italianas. La Lira es la estrofa utilizada: cinco versos, 3 heptasílabos y 2 endecasílabos (breve, sencilla, dinámica, introducida por Garcilaso aBabB)

FIGURAS LITERARIAS MÁS USADAS

  • Encabalgamientos y diéresis (alargan) hipérbaton, antítesis (continuo).

  • CLARIDAD, ARMONIA Y DULZURA destacan en su estilo.

ESTILO

En cuanto características estilísticas de su poesía hay señalar que es una síntesis de todos los componentes del Renacimiento español: clasicismo, italianismo y cristianismo. Los recursos métricos que emplea el autor se adecuan perfectamente al carácter ascético del contenido (tema) y, al tono recogido y grave de su poesía. La estrofa utilizada es la lira en la que los versos experimentan encabalgamientos suaves adecuándose al estilo reposado. En cada lira hay unidad temática. La lengua de Fray Luis atiende al criterio de naturalidad y selección renacentista, pues a la vez emplea coloquialismos y cultismos, por ultimo en cuanto a los recursos estilísticos sobresalen el hipérbaton, las aliteraciones, antítesis, personificaciones y las metáforas.

TEMAS Y SUBTEMAS DE LA POESÍA DE FRAY LUIS DE LEÓN

El tema principal de su poesía es la nostalgia y el anhelo de soledad, de paz. Él se siente como un desterrado en la tierra, su cuerpo es una cárcel para él porque lo que su alma desea es la unión con Dios.

Comentario de texto:

A Francisco Salinas

El aire se serena
y viste de hermosura y luz no usada,
Salinas, cuando suena
la música estremada,
por vuestra sabia mano gobernada.

A cuyo son divino
el alma, que en olvido está sumida,
torna a cobrar el tino
y memoria perdida
de su origen primera esclarecida.

Y como se conoce,
en suerte y pensamientos se mejora;
el oro desconoce,
que el vulgo vil adora,
la belleza caduca, engañadora.

Traspasa el aire todo
hasta llegar a la más alta esfera,
y oye allí otro modo
de no perecedera
música, que es la fuente y la primera.

Ve cómo el gran maestro,
aquesta inmensa cítara aplicado,
con movimiento diestro
produce el son sagrado,
con que este eterno templo es sustentado.

Y como está compuesta
de números concordes, luego envía
consonante respuesta;
y entrambas a porfía
se mezcla una dulcísima armonía.

Aquí la alma navega
por un mar de dulzura, y finalmente
en él ansí se anega
que ningún accidente
estraño y peregrino oye o siente.

¡Oh, desmayo dichoso!
¡Oh, muerte que das vida! ¡Oh, dulce olvido!
¡Durase en tu reposo,
sin ser restituido
jamás a aqueste bajo y vil sentido!

A este bien os llamo,
gloria del apolíneo sacro coro,
amigos a quien amo
sobre todo tesoro;
que todo lo visible es triste lloro.

¡Oh, suene de contino,
Salinas, vuestro son en mis oídos,
por quien al bien divino
despiertan los sentidos
quedando a lo demás amortecidos!

Comentario de texto:

  • Localización

  • Nos encontramos ante un texto completo, donde su forma de expresión es el verso, perteneciente al autor Fray Luis de León, el cual nació en 1527, en Belmonte (Cuenca). De familia rica e influyente, su padre abogado, pasaría a Granada como juez en 1547; un tío suyo era catedrático de derecho económico en Salamanca; otro tío abogado famoso en la Corte Real.

    Fray Luis vive en los reinados de Carlos I (hasta 1556) y de Felipe II. Es la época del Segundo Renacimiento, del Renacimiento cristiano, del que precisamente él es el principal representante, a la vez que esta a la cabeza de la denominada Escuela Salmantina, caracterizada por el equilibrio entre la expresión y el contenido literario.

    Todos los comentaristas del poema que a continuación vamos a comentar coinciden en afirmar que presenta una serie de conceptos platónicos y pitagóricos

    Este poema que vamos a comentar pertenece a una de sus odas más importantes

  • Resumen:

  • Este poema del autor, está dedicado a un amigo ciego de Fray Luis de León y catedrático, como él, en Salamanca

    Nos describe perfectamente y con un lenguaje armónico y maravilloso las cualidades de Salinas como músico, gran maestro para él

    Si queremos ser más concisos podemos decir que el resumen de toda esta oda se encuentra en la estrofa:

    ¡Oh, desmayo dichoso!
    ¡Oh, muerte que das vida! ¡Oh, dulce olvido!
    ¡Durase en tu reposo,
    sin ser restituido
    jamás a aqueste bajo y vil sentido!

  • Tema:

  • Elogia de Fray Luis de León a Francisco Salinas por sus cualidades de músico

  • Estudio de la forma:

  • Nivel fónico:

  • Nos encontramos ante un texto que consta de 50 versos de arte menor y arte mayor combinados entre sí, de 7 y 11 sílabas cada uno, la rima es consonante. Según dichas características podemos decir que estamos ante 10 liras, donde la estructura de una lira es ( 7a,11B, 7a,7b,11B)

    En cuanto a la modalidad oracional de dicho poema, son oraciones simples, donde abundan las oraciones yuxtapuestas, es decir, la separación de comas en los versos. Las figuras retóricas que aparecen son:

    • Aliteración: Repetición del sonido /s/ a lo largo del poema, ya que podemos afirmar que este sonido, le da un sonido silbante al poema

    b. Nivel morfosintáctico :

    Con respecto a este nivel decir que el autor hace una estupenda clasificación de los sustantivos y adjetivos que utiliza en el poema , teniendo en cuenta que son adjetivos que le dan colorido y armonía al poema. Por ejemplo cuando dice: “ El aire se serena y viste de hermosura .....”, se refiere con molde, por ello lo describe como un aire que toma el cuerpo y se ilumina.

    Cuando dice “ A cuyo son divino el alma ....” El “son” es lo que percibimos por el sentido del oído. Cuando habla del alma, la entenderemos como una chispa de oro celeste atrapada en este bajo mundo.

    Cuando dice “ andar sin tino” se refiere a decir de donde viene y de donde va, es como recobrar la memoria perdida.

    • Anáfora: Repetición de 1 o varias palabras al comienzo de los versos.

    Ej: ¡Oh, desmayo dichoso!
    ¡Oh, muerte que das vida! ....

    • Gradación:

    ¡Oh, desmayo dichoso!
    ¡Oh, muerte que das vida! ¡Oh, dulce olvido!

    Podemos decir que hay una gradación en aspectos como desayuno, muerte y olvido.

    • Asíndeton: Hay eliminación de conjunciones a lo largo del poema, para darle al texto más expresividad, ya que estas dan lentitud

    Ej: Ve cómo el gran maestro,
    aquesta inmensa cítara aplicado,
    con movimiento diestro
    produce el son sagrado,
    con que este eterno templo es sustentado.

    • Exclamación emotiva: Lo que hace al poema más emotiva su lectura.

    Oh, desmayo dichoso!
    ¡Oh, muerte que das vida! ¡Oh, dulce olvido!

    • Hipérbaton : Cambio del orden lógico de las palabras

    Ej: por vuestra sabia mano gobernada.

    .....................

    Vé como el gran maestro,

    Aquesta inmensa cítara aplicado.....

  • Nivel léxico- semántico:

  • Con respecto a este nivel, cabe señalar que utiliza un lenguaje adecuado a la fácil lectura del lector donde todo el poema en sí, está lleno de expresividad y con un lenguaje armonioso.

    Parece como si las notas musicales que saliesen por la cítara de Salinas estuviesen reflejadas en el poema cuando se lee.

    En cuanto a las figuras retóricas de este nivel son:

    • Metáfora:

    Traspasa el aire todo
    hasta llegar a la más alta esfera,

  • Conclusión:

  • El autor hace una descripción perfecta y exhaustiva de las cualidades humanas y musicales de Francisco Salinas, la cual admira notablemente. Así es la poesía de Fray Luis de León, llena de encanto y con un lenguaje tan expresivo que llena sus poemas de armonía para que el lector disfrute leyendo poemas.