Fray Luis de León

Siglo de Oro de la literatura española. Poesía y lírica del Renacimiento. Lírica ascética renacentista religiosa. Métrica. Odas. Vida y obra

  • Enviado por: Vicente Puxol
  • Idioma: castellano
  • País: España España
  • 13 páginas

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Índice

  • Introducción.............................................................. página 3

  • Planos........................................................................ página 4

  • Vida........................................................................... página 5

  • Escuela Salmantina................................................... página 7

  • Poesía de Fray Luis de León......................................página 8

  • Luis de León, humanista y traductor..........................página 9

  • Bibliografía.................................................................página 13

Introducción

Su vida, que se prolonga durante sesenta y cuatro años desde su nacimiento en Belmonte(Cuenca) en 1527, hasta su muerte en Madrigal de las Altas Torres (Ávila) en 1591, está llena de sucesos, viajes y desplazamientos. Hay etapas de calma junto a otras de actividad incesante. Orgulloso -y con razón- de sus obras teológicas, no dedica Fray Luis menos atención a otra vertiente creadora de carácter profano, reflejada en sus traducciones de Virgilio o en el manojo de poemas originales que contienen algunas de las cimas de la poesía renacentista. Amante del sosiego horaciano y, a la vez, adoroso polemista, Fray Luis de León es un espíritu contradictorio y complejo, y el conjunto de su obra constituye una buena prueba de ello.

Cursó sus estudios en Salamanca, un año más tarde ingresó como novicio de agustinos, donde profesará. Pronto se licenció en teología y enseñó durante un curso en el convento de Soria y fue catedrático de la Universidad de Salamanca. Al traducir la obra del “Cantar de los Cantares” lo denunciaron y pasó cinco años en prisión al cabo del cual fue absuelto.

Escribió en verso y en prosa, pero su fama la debe a su obra lírica. Concedía escasa importancia a sus obras, las llamaba “obrecillas” pero actualmente son muy valoradas.

Sus poesías hablan tratan el ansia de paz, de infinitud, o de unión con Dios.

Él mismo formulaba el ideal estético al que aspira: claridad, armonía y dulzura, cualidades que únicamente se consiguen mediante la selección.

Fue discípulo de grandes maestros, debido a los cuales tuvo una sólida formación humanística bastante elevada que incluye teología, retórica y conocimiento de las lenguas clásicas. Es de destacar su inspiración en los clásicos y los temas característicos del renacimiento.

Así, en la vida retirada se observa una variación del Beatus ille de Horacio, aunque en su poema adquiere una íntima y persuasiva emoción.

En Profecía del Tajo reelavora una oda de Horacio sobre un episodio de las leyendas españolas.

Planos.

Podemos ordenar la poesía de Fray Luis de León en varios planos coordinados; de acuerdo con los sentimientos y temas dominantes:

Plano horaciano, caracterizado por el ansia de retiro y el deseo del olvido de los combates del mundo partiendo del sentimiento directo de la naturaleza; también toma de Horacio la estructura de algunas odas.

El plano platónico - pitagórico se caracteriza por la vocación contemplativa, el sentimiento directo de la armonía del mundo y la visión del orden universal.

Plano místico - religioso, trata de inspiración moral, de tema patriótico, histórico y acento bíblico o de tema eternamente profano.

Vida

Nació en 1527, en Belmonte(Cuenca), donde fue bautizado, Belmonte era entonces un pueblo de unos mil habitantes con arcos, soportales, casas encaladas, unos cuantos escudos de piedra en las fachadas. De familia rica e influyente, su padre, abogado, pasaría a Granada como juez en 1541; un tío suyo era catedrático de derecho económico en Salamanca; otro tío abogado famoso en la Corte Real.

El joven Luis crece en Belmonte, aprende a leer y cantar con un ayo o tutor, acompaña a su padre en viajes a Valladolid y a Madrid.

En 1541 Luis inicia sus estudios formales en un colegio de Salamanca, pero unos meses más tarde está de novicio en el Convento de san Pedro, de la orden de los agustinos, también en Salamanca.

En 1544 profesa, sin dejar de estudiar en la Universidad. El doctorado en teología suponía unos nueve años de estudios. Sus maestros fueron excelentes.

En mayo de 1560 recibía el grado de licenciado, y en junio el de Maestro en Teología.

En 1561 compite por una cátedra vacante, de teología tomista, y gana. Su elocuencia, en castellano y en latín, corre parejas con una inteligencia profunda y creadora. Incluso sus enemigos, que aumentan cada día, reconocen su inmenso talento.

La función del intelectual dedicado sin reservas al oficio de pensar se convertía cada vez más en un oficio lleno de dificultades y sin sabores. Añado sea ello las envidias y rencillas entre colegas y las hondas rivalidades entre las órdenes religiosas en particular entre dominicos y agustinos, y resulta más fácil comprender que el éxito de Fray Luis como pensador, humanista y traductor de textos bíblicos tenía que crearle un hondo conflicto frente a la Inquisición.

En marzo de 1572, Luis de León fue detenido por la Inquisición y encarcelado en los calabozos del Santo Oficio en Valladolid. Había sido denunciado por varios de sus colegas, en especial por Bartolomé de Medina, por criticar el texto latino de la Biblia, la Vulgata, y preferir el texto hebreo; por introducir “novedades” peligrosas en asuntos teológicos; y se le criticaba también haber traducido al castellano el Cantar de los Cantares. Como señala Medina, no es únicamente Luis de León el culpable, lo cual, naturalmente, lo convierte en miembro de una conjuración, posiblemente el jefe de la misma. (Medina era dominico, y que dominicos y agustinos se atacaban duramente en aquellos años, por motivos teológicos a los que mezclaban sin duda otros motivos mundanos).

El proceso inquisitorial contra Fray Luis y sus amigos constituye lo que pudiéramos llamar un “caso Dreyfus en el Siglo de Oro”, y lo curioso es que la Inquisición sale mejor parada del asunto que los tribunales franceses de la “belle époque”. Casi cinco años pasó Luis en una celda oscura, angustiado por no saber, durante mucho tiempo, de qué se le acusaba y quiénes eran sus acusadores. Muchas veces el muchacho encargado de entregarle su comida se olvidaba de hacerlo. Enfermo- porque sufría del corazón- no tenía acceso a su médico. Pero, finalmente fue absuelto, reivindicando, y todo volvió a la normalidad. Tuvo ocasión de leer, meditar, escribir: algunos de sus mejores poemas nacieron en aquellos días de amargura. La cárcel inquisitorial de Valladolid y el huerto de La Flecha cerca de Salamanca son dos polos opuestos, pero igualmente importantes como lugares de inspiración poética y filosófica para Fray Luis.

En cuanto a la anécdota más difundida relativa a aquellos difíciles años y al momento de reivindicación de su inocencia, la famosa frase que Fray Luis de León hubiera al reanudar su curso en Salamanca “Decíamos ayer...”, Federico de Onís ha señalado, en forma que parece definitiva, que nos hallamos ante una tradición apócrifa y tardía, que no merece crédito; Luis de León no regresó a su antigua cátedra sino que recibió una cátedra nueva y diferente; los nombramientos a cátedras duraban cuatro años únicamente, y nuestro poeta había renunciado a la suya durante su encarcelamiento. Como símbolo de superación de sus sufrimientos y posible perdón de sus agresores puede tener cierta validez psicológica. Pero el propio Fray Luis prefirió otro símbolo para expresar su actitud: Hizo dibujar un roble podado o atacado por un hacha: es sabido que la poda mejora el crecimiento de muchos árboles; y en la segunda oda a Felipe Ruiz escribe:

Bien como la ñudosa

carrasca, en alto risco desmochada

con hacha poderosa

del ser despedazada

del hierro torna rica y esforzada...

Es decir: en lugar de herirlo o abatirlo, sus enemigos no habían hecho sino acrecentar la fuerza, la energía moral y física, y la creatividad de Fray Luis. Nunca se había sentido tan seguro de sí mismo como después de pasar aquellos años en la cárcel inquisitorial. Ninguna de sus opiniones cambió, antes bien siguió defendiendo sus ideas con tanta o más energía que antes.

El resto de su vida lo constituyen u a larga serie de triunfos intelectuales y sociales.

En diciembre de 1576 es declarado inocente y puesto en libertad. Salamanca lo recibe triunfalmente.

En 1578 obtiene la cátedra vitalicia de filosofía moral.

En 1579 oposita nuevamente y obtiene la cátedra de Sagrada Escritura.

En 1580 publica los comentarios In Cantica Canticorum e In Psalmum XXVI.

En 1583 aparece la primera edición de La perfecta casada y la primera parte de De los nombres de Cristo.

En 1588 publica en Salamanca Los libros de la Madre Teresa de Jesús.

En 1591 es elegido Provincial de su Orden en Castilla. Muere pocos días después en Madrigal de las Altas Torres(Ávila).

En cuanto al temperamento de Fray Luis, no cabe duda de que fue hombre apasionado y colérico. Manchego como Don Quijote, debió de sentir con frecuencia que se le acababa la paciencia ante la estulticia y la mezquindad que entonces, como hoy, abundaba tanto en los ambientes académicos como en los eclesiásticos.

Escuela Salmantina

En el mundo universitario salmantino del último tercio del siglo XVI, Fray Luis no es un caso aislado. A su alrededor hay un conjunto de amigos, profesores algunos, hermanos de religión otros, y un número considerable de discípulos con intereses y gustos afines, que constituyen el núcleo de lo que se ha dado en llamar, con muy escasa precisión, escuela poética salmantina. Figuran en este grupo, por su especial cercanía a Fray Luis, humanistas insignes, discípulos, agustinos... y un sinfín de individuos, hoy desconocidos que han dejado constancia, en multitud de cartapacios manuscritos y códices, de sus tentativas poéticas. Todos ellos, como Fray Luis, se ejercitaron en la traducción de los clásicos y de algunos poetas italianos; todos intercambiaron sus producciones, entablaron amistosas pugnas para componer poemas y glosas con un tema fijo o un pie forzado; todos se acercaron, en suma a la poesía con ánimo de desarrollar un ejercicio intelectual, y a veces lúdico. Varios códices han conservado una anécdota que, auténtica o no, es muy significativa, una traducción en verso de la oda horaciana “O navis referent”. Concluidas las tres versiones se las envían a Fray Luis pidiendo su parecer. El agustino contesta con una nota en la que afirma: “El caso es que yo quiero ser marinero con tan buenos patrones y no juez; Porque me da el ánimo que estoy muy obligado al servicio de cada uno; y así, yo también envío mi nave, y tan malparada como cosa hecha en esta noche”. Y en efecto, Fray Luis añade a las otras su propia versión de la oda. Sea o no cierto el hecho, lo importante es que ilumina una pequeña parcela de las actividades a que dedicaban su ocio aquellos humanistas. No eran tareas absolutamente ajenas a al enseñanza.

Ya en los Estatutos de la Universidad de 1561 se indica que los profesores explicarán al poeta “que el Rector les señalare”, de tal modo que los estudiantes “aprendan y ejerciten el modo de metrificar”, naturalmente en latín.

También cabe destacar los numerosísimos poemas conservados que proponen un acertijo, glosan una letrilla o se erigen sobre un pie forzado que roza el disparate.

De las composiciones de ésta naturaleza exhumadas en 1929 por el padre Alonso Getino, casi todas ellas coetáneas de Fray Luis, pueden recordarse alguna, a título de curiosidad. Así, la que propone escribir una estrofa sobre la Virgen cuyo verso final debe ser: “Que Madre de Dios no fue”.

Poesía de Fray Luis de León

Fray Luis de León murió sin haber publicado sus poesías, de modo que la obra lírica del agustino no fue coleccionada y editada hasta 1631, gracias a las diligencias de Quevedo. Los cuarenta años transcurridos entre la muerte de Fray Luis y la publicación de su obra poética han creado problemas textuales de difícil solución. Dad la peculiar forma de transmisión de los textos poéticos a finales del siglo XVI, muchos aficionados coleccionan copias de textos que se difunden entre círculos de amigos, a veces sin nombre de autor o con una atribución errónea, que alguien ha establecido de buena fe cuando ha querido advertir en el texto características propias e un determinado poeta. Y la transmisión anónima o las atribulaciones falsas llegan hasta nuestros días.

Fray Luis se dedicó en sus últimos años de su vida a reunir una selección de su obra poética, que nunca llegó a publicarse aunque no era este el propósito del autor.

La lírica de Fray Luis es un desgarrado anhelo de unión, pero no hay en ella nada que suponga experiencia mística

Luis de León, humanista y traductor

Las traducciones forman la selección más nutrida de la obra poética de Fray Luis, y dominan con su abundancia las poesías originales. Fray Luis, humanista, maestro y poeta, hallaba en la labor de traducir poemas un punto de contacto entre estas tres actividades. Al traducir a Horacio, por ejemplo, volvía a vivir, emocional e intelectualmente, en el mundo antiguo que como humanista trataba de comprender y como maestro quería compartir con sus discípulos y lectores; y al mismo tiempo se ejercitaba en el arte de escribir buenos versos.

Son, por ello, las traducciones poéticas de Fray Luis una parte esencial de su obra creativa. No son simplemente ejercicios, sino que en estas traducciones se afianza la comprensión del mundo antiguo y el constante contacto con las fuentes bíblicas del pensamiento religioso y filosófico de nuestro escritor. Los tres grandes sectores culturales que proporcionan materiales para estas traducciones- la antigüedad clásica greco- romana, el Viejo y el Nuevo Testamento- son precisamente los que definen e inspiran a los mayores humanistas de aquel siglo. Basta pensar en Erasmo para encontrar un paralelo a los intereses culturales de Fray Luis. Todo lo cual no significa que las traducciones de nuestro poeta sean técnica y filológicamente perfectas. Uno de sus partidarios no dejó de señalar las imperfecciones de Fray Luis como traductor, sus descuidos, sus errores, sus vicios y defectos. Y a pesar de todo no podía menos que expresar su profunda admiración por aquellos textos que con tanta adusta severidad acababa de criticar.

Es en verdad difícil precisar cuál de los tres grandes ámbitos culturales que hemos mencionado antes fue el favorito de Fray Luis. Cada uno cuenta con sus méritos. Sin embargo, psicológicamente, como hombre perseguido pudo identificarse con el personaje central del Libro de Job. En un libro publicado en 1924, El gran poeta del Siglo de Oro español, Fray Luis de León, el hombre, el poeta, se formula la observación, que parece cierta en la medida en que ha sido posible asignar fechas a los poemas de nuestro autor, que alrededor de1556 el interés que Fray Luis había manifestado previamente en la poesía clásica fue sustituido por un nuevo interés en la poesía clásica fue sustituido por un nuevo interés en la poesía bíblica. No cabe duda que los textos bíblicos le fascinaron durante toda su vida. Las traducciones que hizo de El Cantar de los Cantares, los Salmos y el Libro de Job son una clara y valiente tentativa de explorar el campo semántico de las palabras hebreas a fin de recrear en su texto castellano el “concierto y aire”, es decir, el espíritu original y auténtico, de los textos antiguos.

A diferencia de lo que nuestro autor llevó a cabo de los textos latinos, griegos e italianos, los textos hebreos sufren proceso lento y complicado para pasar a convertirse a poesía castellana. Primero Fray Luis lleva a cabo la traducción literal en que se conservan las repeticiones y las construcciones paralelísticas tan típicas de la poesía bíblica, y el traductor se esfuerza en mantenerse fiel al ambiente histórico del texto original mediante el empleo de palabras castellanas arcaicas. A este texto sigue otro, un comentario en que nuestro poeta interpreta el contenido de la obra trata de precisar con mayor exactitud las acepciones y los matices de las palabras hebreas y sus traducciones al castellano. Y, finalmente, elabora una traducción en verso, la recreación poética del texto original. La filología, los conocimientos humanísticos y bíblicos y la creación poética, quedan así integrados en una triple visión del pasado.

Vale la pena subrayar que en sus traducciones Fray Luis es mucho más libre e independiente de los textos en algunos casos que en otros. Hay momentos en que no traduce, sino simplemente se inspira en una serie de poemas no castellanos para producir el suyo: nos hayamos frente a un “pastiche”, no en el sentido paródico, sino en el noble y hermoso sentido de un poema inspirado en otro o en otros. Así, por ejemplo, y con este ejemplo, llegamos a una de las cimas de la poesía de Fray Luis, un soneto imitado de Petrarca no es en realidad traducción de ningún soneto específico, sino inspirado por el vocabulario, la actitud, el sistema de valores: no es, pues, traducción, sino recreación, y es posible creer que muy pocos sonetos españoles del Siglo de Oro se le igualen y que únicamente unos pocos sonetos de Petrarca sean superiores.

Eurípides, Virgilio, Horacio, los poetas italianos, pero sobre todo los textos bíblicos son los que fascinan a Fray Luis. El Cantar de los Cantares, el Libro de Job. Todos los grandes escritores, de Fray Luis a Dostoyevsky y Kafka, han luchado con este problema. Es una de las más nobles obsesiones de nuestro autor, junto con el Salmo XXVI, en el cual haya plena identificación con sus sufrimientos y su deseo de unión con Dios. Si relacionamos su traducción- y sus comentarios- del Libro de Job y de los Salmos XXVI y XVI, veremos que en estas traducciones bíblicas son para Fray Luis un verdadero diálogo con la divinidad, o, mejor dicho, una serie de preguntas a Dios, sin que sepamos claramente, al leer estos textos cual pudo haber sido la respuesta, si bien la serenidad y la plenitud de Fray Luis en su última etapa nos proporcionan una idea que para nuestro poeta la voz que escuchó o creyó escuchar no fue desalentador: lo mismo que en el caso de Job; el diálogo con Dios termina en un gran acorde, en un vislumbrar “celestial arquitectura” del cosmos.

La fama de Fray Luis, a diferencia de lo ocurrido con otros grandes poetas del Siglo de Oro no sufre altibajos después de su muerte: sigue creciendo y perdurando.

El estilo de Fray Luis, con frecuencia potente y majestuoso, nos obliga a veces a leer entre líneas para acercarnos al perfil psicológico de nuestro autor.

Varios textos de crítica social se encuentran en el libro esencial, De Los Nombres de Cristo. La rabia, la cólera de Fray Luis ante las imperfecciones de su época, la época justamente definida por Américo Castro como la “edad conflictiva”, son ingredientes que precisamos ver o entrever en sus poesías: el deseo de hallar refugio, de ascender a una zona de serenidad, de inteligente y sabia contemplación, de dejar atrás, como lastre inútil y nauseabundo, esta tierra, este planeta. Porque sabe algo que muchos de sus contemporáneos no pueden o no quieren ver: el ambiente moral e intelectual se está envenenando rápidamente. Las instituciones eclesiásticas se han convertido en un semillero de odios: no son capaces de ilustrar al pueblo para que la gente normal y corriente pueda leer la Biblia en su idioma y entenderla correctamente; las Órdenes monásticas se odian y envidian unas a otras; y por encima de todo ello el rey acepta que siga la persecución contra los conversos, dividiendo el país y ahogando en angustia a los elementos más inteligentes y creativos de España. Los reyes, escribe Luis de León en De los nombres de Cristo, y al escribirlo así, en plural, trata evidentemente de no mencionar en forma directa a Felipe II, e incluso, antes, a los Reyes Católicos, pero, sin embargo, el sentido queda muy claro, los reyes, en efecto, han dividido(se sobreentiende: en España)a sus súbditos en dos grandes categorías, una de ellas noble y distinguida, la categoría (o “casta”) de los “cristianos viejos”, y la otra infamada y vil, la de los conversos.

En esta época se exalta el “derecho divino” de los monarcas, muchos textos parecidos.

Crítica al monarca y a la Inquisición: su ideal es una sociedad sin desigualdad de linajes, y en el fondo una “meritocracia”: evidentemente estas ideas eran demasiado avanzadas para su época, y quizá incluso para nuestra época. Fray Luis fustiga el orgullo aristocrático que separa a los monarcas de sus vasallos y al privar a los reyes de una experiencia completa y profunda, que incluye la privación y el dolor, les impide ser plenamente humanos, y por lo tanto entender a los demás, les priva de saber mandar.

Después de luchar cuerpo a cuerpo, después de ser procesado y encarcelado, Fray Luis tendrá que buscar refugio y descanso en el estudio, la meditación y el trabajo literario. El lenguaje, que le da medios de defenderse y atacar le proporciona también un remanso de belleza que le impide recuperar sus fuerzas. Por eso le interesa tanto el idioma.

Los dos polos artístico, literario, e incluso filosófico de Fray Luis de León son el interés por el lenguaje, la palabra, el idioma, por una parte, y por otra la pasión moral y espiritual que le inclinan a la teología, la mística, la cosmología.

Las traducciones que hizo Fray Luis de El Cantar de los Cantares, los Salmos y el Libro de Job reflejan sus intentos de explorar el campo semántico de las palabras hebreas, al fin de recrear el castellano el “concierto y aire” de la poesía original. Esta labor léxico-literaria fue llevada a cabo a través de tres etapas: 1) una primera de traducción literal en la que se presentan las repeticiones y construcciones paralelísticas típicas de la poesía bíblica y en la cual Fray Luis se esfuerza a mantenerse fiel al texto original mediante el uso de palabras castellanas arcaicas; 2) un comentario en el que Fray Luis interpreta el comentario de la obra y trata de precisar más las acepciones o matices distintos de las palabras hebreas y sus correspondientes al castellano; 3) una segunda traducción al verso, a la cual podemos denominar poética, en la que él recrea el texto, reescribiéndolo en estrofas propias de la literatura europea del momento (carácter italiano) como son la “terza rima”, la octava real, la lira y el cuarteto. De esta moda, tales traducciones, pese a que no son obras originales parecen constituir obras “poesía en Génesis”, obras en que podemos sorprender la existencia de un proceso que va de la traducción estrictamente literal a una traducción genuinamente poética.

Bibliografía

  • Poesía de Fray Luis de León. Cátedra.

  • Poesías completas de Fray Luis de León. Colección Austral.

  • Enciclopedia Larousse.

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Curso: 3º ESO “B”

Colegio: Sagrada Familia

Área: Literatura