Franquismo

Historia. Franco. Régimen. Dictadura. Fascismo. Falange. Posguerra. Aperturismo. Autarquía. España. Contemporánea

  • Enviado por: Jorge Richart
  • Idioma: castellano
  • País: España España
  • 4 páginas
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LA DICTADURA DE FRANCO (1936-1975)

Las bases del régimen franquista

El régimen franquista fue una verdadera dictadura que se le puede adjetivar de una manera o de otra, pero sin olvidar que Franco siempre tuvo todos los poderes en su mano. Franco hizo al liberalismo responsable de todos los males de España, el régimen vivió obsesionado con las supuestas amenazas de la masonería y del comunismo, ideologías presentadas siempre como extranjeras y enemigas de España.

Al parecer Franco nunca fue un falangista convencido, gracias a la desaparición de su fundador el caudillo pudo contar con servicios dóciles. La Falange tuvo algún representante entre los ministros de Franco. Según sus propias confesiones, durante la Guerra había recibido la ayuda escandalosa de la providencia. Un elemento que nunca abandonará el franquismo es su carácter de administrador de una victoria militar. El orden que Franco estableció no se podía concebir sin el Ejército, a cuyos oficiales asignó un papel relevante y cuya impronta se reflejaba en el autoritarismo del régimen. A los militares se le confiaron numerosos gobiernos civiles y la responsabilidad del orden público. Todos los huelguistas que se movieran en España podían ser acusados de rebelión militar y juzgados por tribunales formados por oficiales. A pesar de esta militarización, Franco apenas recurrió al Ejército para controlar la calle; le bastó con la policía armada y la Guardia Civil. El nacionalismo español constituye una parte esencia del ideario del régimen franquista y fue utilizado como fórmula popular movilizadora durante los años de aislamiento internacional. El Estado y la Iglesia colaboraron en la afirmación del nacionalcatolicismo, una ideología que consideraba consustancial al ser español la fe católica. A falta de un ideal de movilización laico y democrático, el régimen franquista aprovechó las ventajas de un nacionalcatolicismo que no ponía en peligro su control del poder. Contra el capitalismo y el comunismo, el régimen planteó en el plano doctrinal una tercera vía, el nacionalsindicalismo, cuya formulación no pasó de la retórica de algunas leyes y discursos. El franquismo rechazó el sistema de partidos y estableció solo uno, Falange, aunque de pertenencia no obligatoria más que para sus funcionarios. El concepto de democracia orgánica implicaba que la representación política no la constituían los individuos, sino que se suponía que eran las unidades orgánicas de la sociedad.

Por medio de la Falange Española Tradicionalista, promovió la incorporación pasiva de las masas y las convocó con el objeto de mostrar su adhesión al régimen. La represión y el ejercicio diario de la propaganda por todos los medios imaginables contribuyeron a la larga duración del régimen franquista. Pero sin la existencia de importantes apoyos institucionales y sociales Franco difícilmente hubiera podido sobrevivir. La Falange, la Iglesia y el Ejército fueron los tres pilares en los que el franquismo se apoyó de forma distinta. La iglesia tuvo todo lo que cualquier otra institución hubiera podido desear: bienestar económico, poder social, control de sus posibles enemigos, difusión de la doctrina y facilidades para la práctica religiosa. Más a gusto se sintió Franco con las Fuerzas Armadas cuya fidelidad consideraba condición esencial de su supervivencia política. A pesar de que Franco no hizo nada para resolver los problemas de los militares siempre pudo contar con ellos. El Estado franquista se sintió respaldado por grandes terratenientes, empresarios industriales, financieros, pequeñas burguesías provincianas y el campesinado católico. El crecimiento económico hizo surgir una clase media muy numerosa. A su vez, una nueva clase trabajadora identificó su progreso con la actuación económica del franquismo: eran los obreros apolíticos.

El generalísimo se opuso a una constitución que recordase el periodo liberal. Este promulgó un conjunto de leyes complejas y a veces contradictoria. En primavera de 1938 Franco decretó el Fuero del Trabajo, que articulaba las relaciones del mundo del trabajo y establecía los fundamentos sobre los que se organizaría la economía del nuevo Estado. La ley constitutiva de las Cortes fue promulgada en 1942 que ya empezaba a decantarse a favor de las democracias occidentales. Terminada las 2ª Guerra Mundial, Franco publicó en 1945 el Fuero de los Españoles como otra operación de maquillaje del régimen ante las exigencias democráticas de los vencedores. El mismo año el Fuero de los Españoles fue completado por la Ley del Referéndum que pretendía mostrar que en España estaba reconocido el sufragio universal. Tras diez años de vida del régimen sus ideólogos pensaron que el franquismo debía ser considerado un régimen de excepción irrepetible, sobre todo por las condiciones personales del líder. La Ley de sucesión de Jefatura del Estado fue sometida a referéndum y aprobada en uno de los pucherazos del régimen. En 1958 Franco promulgo la Ley de Principios del Movimiento Nacional, la ley suponía la incorporación institucional de la doctrina falangista y el reconocimiento de la Falange Española Tradicionalista como único partido. Publicada en 1966 la Ley Orgánica del Estado pretendía ser una refundación legislativa del franquismo mediante la unión de elementos dispersos de textos fundamentales anteriores y la depuración de algunas de sus connotaciones totalitarias.

La posguerra

Millones de personas se vieron obligadas a cambiar su comportamiento o ideas conforme a las exigencias políticas y sociales del nuevo Estado. Otras fueron ejecutadas. Los exiliados tuvieron que adaptarse a los países de acogida en situaciones dramáticas y mientras que los que optaron por quedarse es España sufrieron duras penas de cárcel y una continua marginación social.

El franquismo trataría de hacer realidad aquello de que la historia la escriben los vencedores y pondría todos los medios necesarios para conseguirlo. Universidades, institutos y el cuerpo de maestros nacionales fueron víctimas del proceso de depuración, Cerca del 90% de los intelectuales abandonó el país dejando sin maestros a España. La represión política y social fue con el hambre la primera en aparecer en la escena de la posguerra. Una de las principales actuaciones del nuevo estado fue la instrucción de los expedientes de depuración mediante los que fueron encausados todos los que habían permanecido en la zona republicana.

España salió de la guerra civil comprometida con las potencias fascistas. Abandonó la Sociedad de Naciones y firmó con Hitler el Tratado de Amistad Germano-Español. España permaneció al margen de la 2ª Guerra Mundial. Declarada la Guerra el régimen proclamó su neutralidad, luego ante el rápido avance de Hitler cambió su posición por la de no-beligerancia, para volver finalmente a su primera declaración, pero siempre manifestándose amigo de Alemania e Italia. Desde agosto de 1939, Ramón Serrano Suñer, ministro de asuntos exteriores, era el personaje clave de la vida política española. La supeditación de España al ideario del Eje se manifestaba en la hegemonía absoluta de la Falange y en la extensión de los símbolos y las formas fascistas en la vida cotidiana de los españoles.

Antes de finalizar la guerra, se produjo un acercamiento claro entre organismos militares de Estados Unidos y el régimen de Franco, debido al interés de los primeros por contar con apoyos estratégicos en Canarias. Derrotadas Alemania e Italia, sus países amigos, el régimen buscaba maquillar su imagen con la eliminación de los rasgos más fascistas y la incorporación de personalidades del mundo católico oficial. Comenzó a decrecer la influencio ideológica de los falangistas. El nuevo orden internacional surgido del final de la guerra consideró enemigo al régimen español, que vivió los peores momentos de su historia. El acuerdo de la ONU significó un bloqueo diplomático y económico atenuado. A pesar de haberse entregado en manos de los estadounidenses el aislamiento internacional del régimen fue abrumador en los años cuarenta y parte de la década siguiente.

Al acabar la guerra, España era un país arruinado, murieron 300000 personas y otras 300000 tuvieron que protegerse de la represión marchando al exilio. Las destrucciones eran importantes. Las carreteras construidas durante la dictadura de Rivera y en los primeros años de la República quedaron irreversibles. El tendido del ferrocarril y el parque ferroviario padecieron años muy graves, mientras que en las centrales eléctricas sufrieron numerosos sabotajes de uno y otro bando, sin embargo, los sectores agrícolas y ganadero fueron los más afectados. Mucho menor deterioro tuvo el sector industrial, al lograr mantener casi intactas sus principales estructuras. La financiación de la guerra supuso la autentica ruina de la Hacienda Pública. Hubo una gran inflación que hizo habitual hablar del coste de la vida antes y después de la guerra. Un lento proceso de recuperación demográfica se puso en marcha al término de la contienda, los años 1939-1942 fueron de hambre generalizada que provocó un movimiento de ruralización. La decisión de repartir equitativamente los escasos alimentos de primera necesidad generó un mercado negro que obligó al gobierno a amenazar con la pena de muerte. El régimen procuró llevar a todos los sectores económicos su ideario autárquico, que generó una gigantesca burocracia que multiplicó las irregularidades administrativas de los organismos interventores. Para promover la industrialización de España, el Gobierno creó el Instituto Nacional de Industria al tiempo que se nacionalizaban las comunicaciones telefónicas, el transporte aéreo y muchas explotaciones mineras. El Estado impulsó obras públicas, la producción industrial solo pudo ofrecer mediocres resultados, lo que no impidió sacar grandes beneficios a muchos empresarios, que se aprovecharon de la congelación de los bajos salarios de sus obreros. Como consecuencia de la política económica intervencionista y autárquica, casi no existió el crecimiento en España durante toda la década de los cuarenta. El problema de la vivienda no sería afrontado por el gobierno hasta 1957, cuando puso en marcha un ministerio con tal fin.

La evolución de la situación internacional tuvo reflejo en la política interior, fueron depurados o abandonaron los falangistas duros, pero también los monárquicos. Don Juan Carlos de Borbón, en su manifiesto de Lausana había ofrecido a los españoles la restauración de la monarquía reconciliadora, justiciera y tolerante. Franco se apoyó en los militares más fieles y en una nueva generación de falangista muy poco afectos a la monarquía. En su deseo de aprovechar la situación de arrinconamiento internacional del régimen franquista, la oposición del exilio sacó fuerzas para lanzar a al huelga a trabajadores de las industrias vizcaínas en 1947.

Apertura y reconocimiento exterior en los años cincuenta

El comienzo de la guerra fría entre los vencedores de la guerra mundial abrió nuevas perspectivas para el régimen franquista y facilitó su reconocimiento por la comunidad internacional. Todos los principales acontecimientos internacionales sirvieron para que el franquismo consiguiera ser aceptado como amigo por EEUU y sus aliados. Aunque la comunidad de naciones democráticas siguió sin aceptar la naturaleza autárquica del franquismo, lo acogió de hecho en sus organismos internacionales. La necesidad de mirar a España como un país clave en la defensa occidental fue un elemento decisivo. El franquismo resultó afortunado al coincidir su propia trayectoria política y las convicciones personales de Franco con los intereses del mundo occidental, en el que estaba integrado geopolíticamente.

Los acuerdos con EEUU fueron el final de un proceso de conversaciones, relaciones comerciales discretas y visitas de técnicos militares. De alguna manera, Franco inauguraba una política insólita de España con respecto a EEUU. A través de los acuerdos España y EEUU establecían una política de defensa y ayuda económica en lo que lo fundamental era la autorización concedida a este país para instalar sus bases en Rota, Zaragoza, Morón y Torrejón. La mayor rentabilidad de los acuerdos la obtuvo Franco al utilizarlos como prueba del reconocimiento internacional de su régimen sin necesidad de que este renunciase a sus particularidades políticas, sindicales o religiosas.

El régimen hacía numerosas concesiones al la Iglesia, pero, a su vez, recibía el espaldarazo definitivo del mundo católico. Por el Concordato, el Estado favorecía a la Iglesia con la confirmación de la confesionalidad católica del régimen y con el fuero eclesiástico. El gobierno se reservaba, a cambio, la facultad de intervenir en el nombramiento de los obispos. Tras la firma del concordato, obispos y gobernantes se intercambiaban alabanzas y adjudicaban a Franco calificativos desmesurados.

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