Francisco Franco

Historia de España. Caudillo. Guerra civil española. Biografía

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CARRERA MILITAR DE FRANCISCO FRANCO ANTES DE LA GUERRA CIVIL

SOLDADO DE ÁFRICA

Franco nació en Ferrol el 4 de diciembre de 1892, en una familia tradicionalmente ligada a la Marina, que vivía con la “modestia decorosa y honrada” propia de una familia de clase media de cuatro hijos (Nicolás, Francisco, Pilar y Ramón. Cursó sus estudios primarios y elementales en colegios locales y, en 1907, con el ingreso en la Academia Militar de Toledo, comenzaba una de las carreras militares más rápida y brillante en España del siglo XX.

A pesar de hacer sus estudios con evidente medianía (en 1910 obtuvo el puesto 251 de 312 de su promoción) Franco ascendió rápidamente: en1912 era teniente; en 1915 capitán; en 1925 coronel, y en 1926, general de brigada.

Salvo breves períodos (en Ferrol y Oviedo) Franco hizo casi toda su carrera militar entre 1912 y 1926 en África. De hecho, todos sus ascensos, menos los primeros, se debieron a méritos de guerra. Consiguió diversas condecoraciones, excepto la Laureada de San Fernando, que Franco se concedería a sí mismo al acabar la Guerra Civil. A demás Franco tuvo bastante suerte: intervino en numerosos hechos armados, pero fue herido una sola vez, el 29 de junio de 1916, en Biutz, en una guerra en la que entre 1916 y 1926 murieron 16.000 soldados y 915 oficiales españoles.

Estos años fueron los que más prestigio le reportaron.

Franco se incorporó a la Legión, creada por Millán Astray en 1920, con la que intervino en numerosos hechos en Xauen, Melilla, Dar Drius, Tafersit, Bu Hafora y Tizzi Azza. Despues de esto fue ascendido a teniente coronel y se le nombró nuevo jefe de la Legión.

Siguió otros tres años combatiendo en África y fue ascendido a general de brigada. Las luchas continuaron hasta 1927, cuando se consideró pacificado el territorio, tras el desembarco en la bahía de Alhucemas, en 1925. Esta operación desbordaba la capacidad de Franco, que era un jefe de columna, no un estratega.

Después de su experiencia en África ocupó diversos puestos hasta el estallido de la Guerra Civil: director de la Academia General Militar, y ya bajo la II República, comandante militar de La Coruña, comandante general de Baleares, jefe superior de las fuerzas españolas en Marruecos, jefe del Estado Mayor Central y comandante general de Canarias.

Claramente franco fue siempre un militar; además un militar africanista, y que perteneció a la generación de 1915 (junto a Orgaz, Goded, Mola, Varela, Aranda, Vigón, Kindelán, Rojo y Martínez de Campos).

Así, Franco asumió unas determinadas convicciones:

  • Una teoría nacionalmilitarista, en la que el ejército representaba la encarnación del patriotismo y la garantía de la unidad nacional.

  • Creencia de que la intervención militar de Marruecos devolvería el prestigio perdido en 1898, y revitalizaría el patriotismo español.

  • Convicción de que la historia militar española legitimaba el intervencionismo militar en defensa del orden militar en defensa del orden nacional.

Este africanismo también quedó de relieve con el libro que Franco publicó en 1922: “Marruecos. Diario de una bandera”, a demás de numerosos artículos que escribió en diversas revistas militares, pero nunca mostraban ideas políticas. Se trataban temas como la defensa de la acción militar en Marruecos, que él consideraba la mejor escuela militar para España, y rechazó por tanto la política de repliegue que tomó en un primer momento Primo de Rivera.

De todas formas esta idea contribuyó a forjar las primeras ideas políticas de Franco, que tenía una idea realmente crítica da la monarquía liberal que gobernó España entre1876 y 1923, a quién responsabilizó de la pérdida de los últimos fragmentos del imperio español, y pensaba que el ejército, con más apoyo del poder civil, habría salido victorioso de esta situación.

Su otra idea importante sobre política era el antiliberalismo y la supremacía del ejército en el poder. En 1968 dijo que entre 1833 y 1868 había habido 41 gobiernos, 2 guerras civiles, 2 regencias, 3 constituciones y 15 sublevaciones militares. Entre 1868 y 1902 hubo otros 21 gobiernos, 2 monarquías, una república y una guerra civil; a parte de haber perdido los restos del imperio. Bajo la monarquía de Alfonso XIII (1902-1931) hubo 29 gobiernos, dos presidentes asesinados y varios movimientos revolucionarios.

A Alfonso XIII lo tenía por un gran rey, pero creía que se equivocó al licenciar a Primo de Rivera, primero, y al no recurrir al ejército, después. De los políticos de la Restauración sólo salvaba a Maura. Veía en el liberalismo un sistema que carecía de autoridad, y por eso lo desaprobaba totalmente.

Así, debió de ver con satisfacción el golpe de Primo y, a pesar de las tesis inicialmente abandonistas de dictador, lo sirvió fielmente hasta la proclamación de la II República. Durante este período no participó lo más mínimo en política y, por supuesto, tampoco en ninguna conspiración contra la dictadura, en las que su hermano Ramón, héroe de la aviación española, pronto tomaría un papel importante.

Franco consideró este período de dictadura como un período de paz, de orden, y de progreso, donde se pacificó Marruecos y se buscó el resurgir de la grandeza de España; a pesar de sus reservas porque no había abolido la constitución o creado un nuevo orden político.

Franco era además un oficial duro y expeditivo: el mismo mandó fusilar a un legionario que no había guardado el respeto a un superior por un incidente insignificante en torno a la comida. Tenía pues una clara idea de la disciplina y rigor que iba a exigir.

Hay que añadir a esto que se había suscrito a una revista suiza relativa al Komintern, con lo que se convenció de que el comunismo trabajaba ya en España; en el 33 votó a la CEDA, partido de derecha católica. No sólo era anticomunista y conservador, sino también progresivamente más religioso, algo que nunca había sido.

Hasta la proclamación de la República apenas había expresado públicamente idea política alguna, aunque ésta parecía importarle desde su regreso de África. Así, por ejemplo, opinaba que Alfonso XIII había sido injusto con Primo de Rivera al destituirlo, y que había hecho mal en sustituirlo por Dámaso Berenguer, una figura en extremo vulnerable y débil (era el principal responsable del desastre de Annual); y, sobre todo, pensaba que había hecho mal en entregar el poder a la República: Franco pensaba que había sido la monarquía quien había ganado las elecciones del 12 de abril, y que el ejército estaba listo para defenderla, y lo habría hecho si así lo hubiese ordenado el general Sanjurjo.

Huelga por tanto decir que Franco nunca aceptó la República; aunque la sirvió en cargos de responsabilidad nunca se identificó con ella. De hecho, cuando cerraron la Academia Militar de Zaragoza, pronunció un discurso en contra del mando militar que había tomado la decisión (la República), que Azaña pidió que se investigara y cursó una orden de reprensión al general, que quedó en situación de disponible, hasta su designación, ya en el 32, como jefe de la XV Brigada de Infantería de La Coruña. A partir de ahí, aunque hostil a la República, la sirvió fielmente hasta Julio del 36.

No tuvo nada que ver con el golpe de estado pro-monáquico de Sanjurjo en 1932, aunque se le pidió participación. Franco dijo que nunca tuvo intención alguna de sublevarse contra la República hasta que esta empezó a deslizarse hacia el comunismo. Se afilió a la UME (Unión Militar Española), una asociación clandestina de militares monárquicos, y tuvo información de todas las conspiraciones militares, pero nunca tomó parte. Ni siquiera quiso defender a su ex-jefe en África, Sanjurjo, en el proceso que siguió a su intento de golpe de estado.

Durante el bienio negro, con la CEDA, la carrera militar de Franco se vio favorecida: fue ascendido a general de división, e hizo buenas migas con el nuevo ministro de la guerra, el radical Diego Hidalgo. A él se recurrió como asesor al estallar la revolución del 34, en Asturias y Barcelona. De hecho fue él quien organizó la operación militar de represión, en la que actuó porque vio esta insurrección como una brote de comunismo (se había inscrito en la Entente Internacionale Anticommuniste). Creyó sin duda que había salvado a España de la revolución y poco después se le designó jefe del Ejército de Marruecos. No duró mucho ya que luego se le nombró jefe del Estado Mayor Central, hasta la victoria del Frente Popular. Durante su permanencia en este cargo se preocupó de la modernización de las fuerzas armadas: la adquisición de nuevo material, la mejora en el entrenamiento de la tropa, la reforma de las instalaciones de defensa de costas y aeródromos, el fomento de la industria de material de guerra, etc.

Siguió estando al margen de la política en todo lo posible; sin embargo esta le preocupaba, sobre todo el Frente Popular, que interpretó (debido a su lectura del boletín de la Entente Internacionale Anticommuniste) como la versión española de una operación cominista internacional inspirada por la URSS.

De todas formas no debía tener una idea clara de que iba a hacer. Hasta principios de 1936 se mostró partidario de que se respetase la legalidad de la República, rechazando una oferta para dar un golpe de estado a favor de la CEDA, hecha por el general Fanjul, subsecretario de Guerra, a pesar de que era evidente que estaba en algo de lo que se preparaba, por sus declaraciones en Londres, en la coronación de Eduardo VIII, donde dijo que el ejército debía prepararse para lo peor si el Frente Popular ganaba las elecciones.

Cuando éstos las ganaron Franco se alarmó, pero volvió a desoír un ofrecimiento para dar un golpe de estado. Él proponía que fuese el gobierno de la CEDA quien declarase el estado de guerra, sugerencia que tampoco fue aceptada.

Así pues se formó un nuevo gobierno y Franco fue destinado a la Comandancia Genera de Canarias, cargo que asumió como el destierro. A partir de aquí la suerte quedó echada: antes de marchar a Tenerife tuvo dos reuniones; una con el líder de la Falange, José Antonio Primo de Rivera, con quien no llegó a simpatizar; y la otra con los generales Mola, Orgaz, Fanjul, Varela, Kindelán, Saliquet, Villegas, Rodríguez del Barrio, Galarza y González Carrasco, en la que se acordó la preparación de un movimiento militar en caso de considerarlo absolutamente necesario. En palabras de Franco: “el Ejército puede alzarse cuando causa tan santa como la de la patria está en inminente peligro”, ”Al Ejército no le es lícito sublevarse contra un partido ni contra una Constitución porque no le gusten, pero tiene el deber de levantarse en armas para defender a la patria cuando esté en peligro de muerte”, “El Ejército es custodio celoso de la conciencia nacional”, etc.

Según él, “la República que va de abril de 1931 a junio de 1936 compendiaba en sí todas las revoluciones, anarquías y desenfreno de la etapa que tuvo dos presidentes, 18 gobiernos, una Constitución constantemente suspendida, persecución religiosa perenne, incendios de conventos e iglesias, constantes movimientos de perturbación del orden público, aperturas al comunismo, intentos de separación de dos regiones; sucesos que culminaron el es asesinato, por orden del propio Gobierno, del jefe de la oposición parlamentaria, señor Calvo Sotelo”.

De todas formas, Franco no estaba muy seguro del éxito del golpe militar: temía que faltase unidad en el Ejército (como así fue) y que el Gobierno pudiese abortarlo, dudaba que se sublevasen las guarniciones de Madrid, Barcelona y Valencia y temió que el golpe derivase en una guerra civil larga y dura.

Por eso, el 26 de Junio de 1936 Franco escribió una carta muy ambigua a Casares Quiroga, jefe del Gobierno, en la que le hablaba decía que el estado de inseguridad del Ejército era gravísimo, y le aseguraba que no era cierto que el Ejército fuese desafecto a la República; le aseguraba que la división en el Ejército auguraba “futuras luchas civiles”, pero le recordaba que era fácil evitarlo si se procedía con ecuanimidad y justicia; parecía amenazarle si procedía a tomar medidas de violencia no justificadas contra los cuadros militares, pero le tendía la mano instándole a que se aconsejara de generales y oficiales apolíticos y amantes del Ejército, etc.

Para entonces, sin embargo, Franco había dado ya su visto bueno al alzamiento y Mola pudo confirmárselo así a Fanjul el 6 de Julio. El día anterior el corresponsal del abc en Londres alquilaba un avión, que trasladaría a Franco de Las Palmas a Tetuán. El día 17 se sublevó la guarnición de Melilla y el 18 Franco cursó las órdenes de sublevación. Fracasó todo intento del Gobierno republicano de negociación.

El plan era simplemente liquidar la República; ninguno de los revelados tenía un proyecto definido respecto al tipo de Estado y al sistema político que establecerían de triunfar en su propósito. Franco pidió simplemente que fuese un estado español y católico. Probablemente todos tuviesen en mente una dictadura militar similar a la de Primo de Rivera.

Los temores de Franco se cumplieron y el golpe militar acabó siendo una larga guerra civil de tres años en la que España quedó dividida y destruida.

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