Francisco Franco y la Segunda Guerra Mundial

Historia de España. Siglo XX. Hitler. División Azul

  • Enviado por: Pilar Muñoz
  • Idioma: castellano
  • País: España España
  • 15 páginas
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Sobre la actuación de Francisco Franco durante la Segunda Guerra Mundial tenemos la suerte de contar hoy con estudios sólidos.

La línea histórica que sigo en el presente estudio se refiere a la que se puede obtener directamente del propio Franco y del almirante Carrero, contrastada con otros testimonios.

Al terminar la Guerra Civil España se enfrentó a la tarea de su reconstrucción. Conseguía recuperar algunos elementos valiosísimos de su economía y de su patrimonio cultural: la escuadra republicana internada en Bizerta, los principales cuadros del Museo del Prado. El 30 de julio Francia devuelve el oro depositado por el Banco de España en Mont-de-Marsan en los primeros tiempos de la República.

En medio de la penuria española, este oro era la base para la financiación de la paz, aunque supusiera menos de la décima parte del secuestrado por la URSS en 1936. Los diplomáticos españoles en Berlín envían a Madrid informes sobre el carácter lunático de Hitler. Giménez Arnau insiste desde Roma en que Italia no desea la guerra. Se aprueban los informes de Roma y se ignoran los de Berlín.

En afosto de 1939 caía la canícula sobre la España desangrada. La paz aún parece posible. Parecía, pero no lo era.

Este es el mes elegido por Franco para la primera transformación institucional de su régimen, transformación que no lograría desprenderse de un carácter provisional. Los cambios se produjeron en el partido, en la Administración Central, en las Fuerzas Armadas y en el propio Gobierno.

El 4 de agosto un decreto de la Jefatura del Estado otorga nuevos estatutos a la FET. Se crea la presidencia de la Junta Política. Se establece la Delegación Nacional de Ex Combatientes y se ratifica la posición ejecutiva del Caudillo frente a la FET y de las JONS, responsable ante Dios y ante la historia.

El Ministerio de Defensa Nacional se divide en tres departamentos, se suprime la Vicepresidencia del Gobierno, se crea el Alto Estado Mayor así como la Junta de Defensa Nacional. El Ministerio de organización y Acción Sindical se desdobla en el Departamento de Trabajo y la Delegación Nacional de Sindicatos.

Los días 9 y 10 de agosto Franco firma los nombramientos que cubren las nuevas estructuras. Los primeros se refieren a la Nueva Junta política y a los mandos de FET y de las JONS. El 10 se conoce la lista del nuevo Gobierno, bajo la presidencia del propio Franco. No era un Gobierno de tendencia falangista, sino de concentración de tendencias. El General Varela no recató nunca su antifalangismo, y en el Ministerio del Ejército emprendió una intensa labor de reorganización cuyo principal objetivo era desmovilizar y readaptar; era todo menos pronazi.

El nombramiento de Juan Yagüe como ministro del Aire provocó la separación definitiva del general Kindelán respecto del franquismo. Franco no le hizo el menor caso. Le destinó a la Capitanía General de Baleares, desde donde entablaría varios contactos que le llevarían a una posición de rebeldía política contra el Caudillo.

La Falange nnca tuvo gran aceptación entre los hombres de la mar. La discreta protesta de la oficialidad joven impresionó a Franco, que engargó a su antiguo corresponsal de los días de Mallorca la Sección de Operaciones del Estado Mayor de la Armada y le nombró consejero nacional.

Franco deseaba quitar de en medio al inteligente político monárquico Pedro Sainz Rodríguez porque sabía que era intransigente en un punto. El ministro confesó que no había para España otra salida que una urgente restauración de la monarquía.

“La actitud de España durante la Segunda Guerra Mundial sólo podrá ser comprendida si se tiene en cuenta que para el Gobierno y para muchos españoles Rusia y no Alemania era el auténtico enemigo del mundo civilizado”. Mientras tanto, la Guerra Civil removía el mundo intelectual español. El 22 de agosto se celebra una misa en la Almudena por los periodistas fusilados en el Madrid republicano. Unos llamaban simplemente rojos a los versos de Alberti, Lorca y Hernández; otros negaban que había versos en una España donde escribían Pemán, Rosales y Panero. Seguiría rugiente la Guerra Civil en el Parnaso durante décadas.

La mayor sorpresa cayó sobre España a partir del 19 de agosto: el pacto germano-soviético, cuyo enunciado parecía imposible en España en vísperas de su Guerra Civil general. El 21 de agosto se difunde la noticia de que el pacto va a firmarse. La impresión española, que es también la de Franco: “la sorpresa, la tremenda sorpresa”. En la primera reacción oficiosa española se afirma que el nuevo convenio es exclusivamente táctico y no afecta a lo ideológico. Franco se sintió profundamente defraudado por Hitler.

El más íntimo y permanente colaborador de Franco, Luis Carrero, llamó a tal acuerdo “pacto con el diablo”. Ramón Garriga, uno de los más inteligentes portavoces de la oposición antifranquista llama al Stalin del pacto “figura mefistofélica” y al pacto “intervención endemoniada”. La opinión pública española quedó desconcertada, y los vencidos de la Guerra Civil se hundieron por una temporada en la más negra desilusión.

En la madrugada del 1 de septiembre, y por orden de Hitler, la Wehrmacht cruzaba la frontera polaca de Silesia tras una serie de provocaciones y pretextos en los que nadie creyó.

España no espera la declaración occidental de guerra para fijar su postura; hay un documento esencial que corta de raíz muchas polémicas posteriores. Franco mantiene su postura confirmando a Hitler que la política exterior española frente a una Europa en guerra “estará dictada exclusivamente por los intereses de España”. “El hecho de que el Reich nacionalsocialista se aliara con la Rusia soviética para repartirse Polonia no podía contar en España con simpatía”. “Esta guerra no la ganará nadie más que la URSS”. Esto sería una auténtica obsesión para Franco.

El 3 de septiembre Franco telegrafía a Mussolini expresándole el deseo de cooperar con el mediador de Munich para localizar en lo posible el conflicto. Pero a las once de la mañana Gran Bretaña está ya en guerra con Alemania. A las cinco, Francia le sigue. A esa hora Franco firma el documento más solemne de su desesperada actitud mediadora ante el conflicto, que sancionaría el final histórico de la hegemonía y de la misma posibilidad europea. “Con la autoridad que me da el haber sufrido durante tres años el peso de una guerra para la liberación de nuestra patria, me dirijo a las naciones en cuya mano se encuentra el desencadenamiento de una catástrofe sin antecedentes en la historia para que eviten a los pueblos los dolores y tragedias que a los españoles alcanzaron”. “Constando el estado de guerra existente entre Inglaterra, Francia y Polonia de un lado, y Alemania de otro, ordeno por el presente decreto la más estricta neutralidad a los súbditos españoles”.

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El 6 de septiembre el secretario de Estado norteamericano se adhiere a la propuesta del Caudillo. “El gobierno de los Estados Unidos comparte en absoluto la opinión de que la extensión del conflicto actual acusaría sufrimientos indecibles a las poblaciones inocentes de los países que pudieran ser arrastrados a la guerra, así como a los pueblos de otros países”.

Franco designa el 12 de septiembre un nuevo Consejo Nacional de FET. Hay significativos cambios respecto al nombramiento en plena guerra. En un reparto aproximado de procedencias podría destacarse un predominio de falangistas y una sorprendente presencia de monárquicos afectos a la Renovación Española que predominan sobre los carlistas. Se mantiene alta la proporción de militares.

El 23 de septiembre Alemania puede anuncias que su campaña con Polonia ha terminado. Prosigue la actividad política y unificadora al comienzo del otoño. En el invierno el ritmo se haría más lento, como en espera de una decisión en Europa; la decisión parece acelerarse en la primavera siguiente y todo el país contiene el aliento.

Al terminar el primer mes de guerra en Europa España comienza a dar la razón a Franco por sus amargos pronósticos. Un análisis sobre los efectos inmediatos de la guerra: “el equilibrio de fuerzas o la indefinición del régimen; la Falange no llegaría a ser jamás la base exclusiva del poder; una oposición de diversas tendencias la contrapesaría continuamente desde dentro; el centro de gravedad fue y seguirá siendo el Ejército, suplente de un Estado que no acaba de ser”.

El 2 de octubre Franco reafirma una de sus directrices: “la irrupción de Rusia en Europa tiene muy honda gravedad”. “Hay que aminorar el mal; para ello, paz en occidente”.

Franco regresa a Burgos el 17 de octubre para despedirse de la ciudad. El 18 por la tarde se traslada a Madrid, y escoje por residencia una casa en el bosque de El Pardo. En la sede de un antiguo cuartel general enemigo sigue con atención los indecisos movimientos de la guerra europea. Su primera salida oficial tiene por destino la estación de Atocha.

El primero de los consejos de ministros madrileños de Franco restablece el presupuesto del clero. Por primera vez las universidades españolas abren regularmente sus puertas, y en sus aulas va a notarse una extraordinaria presencia de ex combatientes que intentarán recuperar el tiempo perdido.

Franco crea la Militar al comenzar el mes de noviembre, y designa como su primer jefe a Franco Salgado-Araujo. El 3 de ese mismo mes firma una ley que especifica penas hasta de muerte contra la especulación.

Al anochecer del 8 de noviembre se revela el atentado contra Hitler en Munich.

Franco tiene fe en su razón histórica y por ello ordena que toda la documentación de la Guerra Civil se recoja en el Servicio Histórico Militar, creado el 11 de noviembre. Se alude al conflicto con el nombre de “guerra de liberación”. El 20 de noviembre, tercer aniversario de la muerte de José Antonio Primo de Rivera, la atención de España se concentra en el solemne traslado de sus restos, desde Alicante al monasterio de El Escorial.

Finlandia es la enorme sorpresa del 30 de noviembre. Sin previo aviso la aviación soviética bomberda la capital, Helsinky, mientras las divisiones de Stalin se estrellan sobre las defensas del mariscal Mannerheim. La guerra está a punto de cambiar. Los aliados hacen lo imposible para conseguir de Suecia permiso de tránsito y atacar al aliado de Alemania. El Ejército francés de Siria se preparaba para lanzarse sobre el sur del coloso soviético. La negativa sueca cambió el curso normal de la historia del mundo. La respuesta española no tuvo que cohibirse. La prensa es un clamor unánime. El diario de Madrid El Alcázar lleva la voz cantante.

Franco escoje para su mensaje navideño la última noche de 1939. En las últimas semanas se han estrechado las relaciones con Roma. El cardenal se mostraba de acuerdo con el Caudillo en la “máxima conveniencia de que se pacten cuanto antes las bases de una concordia con la Santa Sede”. En su mensaje, Franco puede apoyarse en las condiciones de paz universal propuestas por Pío XII el día de Navidad.

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El 15 de octubre de 1940 caía fusilado el ex presidente de la Generalidad de Cataluña, Luis Companys, condenado por su historial republicano por una patrulla de la Gestapo guiada por exploradores de la Falange.

El relevo en Asuntos Exteriores, nombramiento de Serrano Súñer, se justificó bien pronto con los importantes contactos hispano-alemanes que se preparaban para la semana siguiente. El 20 de octubre llega a España Heinrich Himmler, de cuyas siniestras actividades nada sabía al pueblo español. Nada positivo salió de esta visita. Los escasos comentarios se borraron súbitamente ante el estupor de la noticia: Hitler emprendía el viaje más largo de su vida oficial para entrevistarse a unos metros de la frontera española con Francisco Franco.

La escena tuvo lugar en la estación internacional de Hendaya, la tarde del 23 de octubre. La preocupación de Hitler era eminentemente táctica. Franco acudía a Hendaya con la mentalidad naval que le atribuye Carrero Blanco, estratégica.

El contacto con Franco cae entre dos confrontaciones germano-francesas. Hitler no trata de disimular su principal directriz europea: conseguir la cooperación de Francia para la lucha contra Inglaterra y el establecimiento del orden nuevo. Franco va a Hendaya sin la menor ilusión y con el propósito de impedir la entrada de España en guerra.

Un testimonio alemán observa despectivo el armamento de la guardia de honor española: “Los fusiles estaban tan oxidados que parecían inservibles”. La reacción de Franco es tajante: “Falso”.

Mientras esperaba a Franco, Hitler comenta: “Ahora ya no podremos dar a los españoles ninguna promesa por escrito sobre adjudicaciones de territorios franceses. Voy a intentar persuadir a los franceses para que emprendan una guerra activa contra los ingleses, y no puedo pedirles tales concesiones territoriales, y si llegan a saber estos acuerdos con los españoles es muy probable que todo el imperio colonial francés se pase al lado de De Gaulle”.

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El 21 de diciembre de 1940 Hitler había celebrado una reunión con sus altos asesores militares. El enemigo avanza por doquier. El militar alemán Raeder insiste en que la solución para los problemas del sur es cerrar el Mediterráneo en Gibraltar. Hitler decide insistir a Franco en este sentido y el 31 de diciembre se lo dijo así a Mussolini.

Führer: “La actitud de España se ha vuelto vacilante; pero, aunque parezca muy difícil conseguirlo, intentaremos otra vez que entre en la guerra”.

El día 15 el rey Alfonso XIII abdica sus derechos al trono de España en su hijo don Juan de Borbón. En el acta de abdicación se describe a sí mismo como un obstáculo para la reconciliación de los españoles. Franco, que recibió una copia de este acta, vio inmediatamente en la persona de don Juan al sucesor de su jefatura suprema.

Ante la desastrosa exhibición italiana en Grecia y Libia, Hitler reclama a su satélite para rendir cuentas en Salzburgo. Pero no insulta a Mussolini, sino a Franco, a quien llama incapaz y esclavo de la Iglesia católica y dice que carece de fe en sí mismo. Pide a Mussolini que convenza a Franco para la guerra.

Hitler envía a Franco un ultimátum: “Para España acaba de sonar la hora histórica. Ha de tomarse una decisión inmediatamente, aunque el ministro ha concedido cuarenta y ocho horas”. Franco declara que necesita tiempo para consultas.

El ministro dicta un nuevo ultimátum de seis puntos francamente insultante: “Sin la ayuda de Hitler y Mussolini hoy no habría ni España nacional ni Caudillo; El Führer y el Gobierno alemán están profundamente disgustados por la actitud de España; El Gobierno alemán actúa de esta manera para evitar que España emprenda a última hora un camino que sólo puede terminar en catástrofe, a menos que el Caudillo decida inmediatamente unirse a la guerra de las potencias del Eje”.

Franco estalla fríamente: “Estas afirmaciones son muy graves y no son ciertas”, “Independientemente de los favores pasados y de la gratitud por ellos, todo español honrado se permite seguir el camino que más interese a la nación”.

El 24 de enero Ribbentrop exige una nueva audiencia de Stohrer con Franco para entregar un nuevo ultimátum: “El Reich pide al general Franco una respuesta clara”. Franco se indigna de nuevo y acaba pidiendo una nueva misión de consejos militares. Ribbentrop exige a Stohrer que fuerce a Franco para dar una simple respuesta a la entrada de España en guerra. Stohrer decidió abandonar.

La atención de Franco se concentra en su segundo viaje al Eje en defensa de la neutralidad española. Poco antes de partir para Italia anticipa una institución, el Consejo de Regencia, que consiste en la designación directa de tres personalidades -Varela, Estaben Bilbao y Juan Vigón- para sucederle como triunvirato en caso de cualquier incidencia. Franco se reúne con Mussolini el 12 de febrero de 1941. El Caudillo se siente más seguro que en Hendaya ya que va acompañado de Serrano Súñer. Mussolini es un sincero amigo de España que además se encuentra en pésima situación personal y militar. Lo cierto es que Mussolini cumplió el encargo de Hitler.

Franco: “España no intervendrá. No tiene fuerza para ello, cree injusto y poco político apropiarse en estos momentos de los territorios de Marruecos y Túnez. El español pone sus cartas sobre la mesa: los meses y los acontecimientos le han revelado el verdadero espíritu de la Alemania nazista. Alemania quiere poner las esposas a todas las naciones europeas, con objeto de reducir la resistencia de cada una frente a los caprichos del Reich”.

Mussolini repitió a Hitler la argumentación de Franco. Ribbentrop ordena a Stohrer que desista de más gestiones para la entrada de España en el conflicto.

El 13 de febrero Franco, de regreso a España, se deitene en Montpellier para un breve contacto con el mariscal Pétain. Testigos franceses afirman que Franco pidió a su antiguo maestro que impidiese el paso de la invasión alemana hacia España.

Al fin contesta Franco a la carta de Hitler, con fecha 26 de febrero; pero comunica al embajador español en Alemania la orden de no entregar esa respuesta hasta el 6 de marzo.

En la carta Franco afirma que han variado las circunstancias europeas después del encuentro de Hendaya. Lo que agotó la indignación de Hitler fue la primera frase: “Querido canciller Hitler: su carta del 6 de febrero me obliga a responderle de inmediato…”.

Alemania decide apoyar en el Mediterráneo a la vacilante Italia. Pero cualquier otra noticia palidece para los españoles ante la que viene de Roma: Alfonso XIII ha muerto. Tras la muerte de su padre, el heredero don Juan dice que para volver como rey a España tendría que aparecer otro Martínez Campos.

A partir del 24 de marzo, Rommel desencadena una nueva fase de su ofensiva norteafricana. Van a saltar también los Balcanes. Alemania fuerza la adhesión de Yugoslavia al Pacto Tripartito, que equivalía ya a la intervención del Reich en el país adherido. Al día siguiente los disconformes serbios ocupan el poder e instalan en el trono a Pedro II.

El 1 de abril de 1941 Franco decide la liberación de todos los presos políticos condenados a penas menores de veinte años. El día 2 se suicida el primer ministro húngaro antes de aceptar el paso de las divisiones alemanas por su país. La invasión de los Balcanes comienza la noche del 5 al 6 de abril, con un bombardeo en Belgrado después de la orden de Hitler: “Aniquilar a Yugoslavia como nación”.

Según el agregado alemán en Madrid, la ofensiva germánica remueve belicismos intervencionalistas en el Ejército español, que se desahoga así de problemas internos del país. Inglaterra concede a España un crédito de 2.500.000 libras para adquirir víveres y materias primas.

La decisión alemana de bascular su fuerza ofensiva hacia el este no borra totalmente las aspiraciones de Hitler hacia Gibraltar.

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El 17 de abril de 1941 capitula el Ejército yugoslavo; el 21, el griego, mientras Inglaterra lo único que logra es un nuevo Dunkerque en los puertos del Egeo.

El 5 de mayo jura su cargo como ministro de la Gobernación Valentín Galarza Morante, coronel del Estado Mayor. El nuevo ministro pasaba como decidido adversario del ala exaltada de la Falange. Para cubrir la Subsecretaría de la Presidencia Franco designa al capitán Luis Carrero Blanco.

Para el puesto de ministro-secretario general del Movimiento es nombrado José Luis de Arrese. José Antonio Girón de Velasco es ministro de Trabajo. Miguel Primo de Ribera es ministro de Agricultura. Hay un claro aumento de la influencia falangista. La crisis supone un afianzamiento de la autoridad del jefe el Estado y un retroceso a segundo término de Ramón Serrano Súñer.

El ministro de Asuntos Exteriores llega a un acuerdo final sobre las cuestiones más delicadas pendientes enre la Iglesia y el Estado. En el acuerdo con la Santa Sede, al que se llega el 7 de junio, Roma consigue dos importantes objetivos: mantener vigentes los cuatro primeros artículos del Concordato de 1851 y comprometerse a no legislar sobre materias mixtas. Se establecía la religión católica como única de la nación española. El mantenimiento del clero correría a cuenta del Estado.

La Iglesia salió muy beneficiada con estas cláusulas, pero Franco consiguió que se mantuviera el derecho de presentación en lo esencial, mediante un sistema de consultas en cuatro fases.

El 22 de junio de 1941 tres grupos de ejércitos alemanes se lanzan contra la frontera polaca de la URSS sin que Hitler se tome la molestia de denunciar el pacto vigente con Rusia, sin siquiera declararle formalmente la guerra. La campaña de Rusia proporcionó válvulas de escape para las tensiones internas de España.

El 23 de junio Stohrer recibe la propuesta de Serrano Súñer para que una gran unidad de voluntarios españoles pueda participar en la nueva cruzada. “Esta manifestación de solidaridad se hace independientemente de la completa entrada de España en la guerra del lado del Eje”.

No hay que extrañarse ni de que los aliados y la URSS se mostrasen escépticos ante la elucubración de Franco, ni de que Franco la sintiese con toda sinceridad.

Una gran manifestación falangista parte a media mañana de la universidad de Madrid y de la sede central de los Sindicatos. El presidente de la Junta Política aparec en el balcón de Alcalá 44 y dice: “No es hora de discursos. Pero si de que la Falange dicte en estos momentos la sentencia condenatoria. ¡Rusia es culpable! Culpable de nuestra Guerra Civil, y de la muerte de José Antonio y de tantos camaradas. El exterminio de Rusia es exigencia de la historia y del porvenir de Europa”.

Una orden formal del Estado Mayor crea la División Española de Voluntarios, para la “lucha contra el comunismo”. Ribbentrop informa sobre las peticiones que afluyen de toda Europa para participar junto a Alemania en la campaña contra la URSS. A Franco se le saluda en la calle con vivas a España y mueras a Rusia. Sin embargo, parecía notarse un rebrote apenas insinuado de oposición antifranquista.

Ya entonces se ha ultimado prácticamente el reclutamiento y la selección con el mismo sistema de regimientos orgánicos de la Guerra Civil.

La campaña de Rusia acaba de modificar la actitud española hacia la guerra. El 17 de julio llega al campamento de Grafenwöhr el primero de los batallones españoles. El 23 de julio está allí toda la División Azul. Franco va a intervenir en dos ocasiones durante esos días; en las dos deja escapar el corazón.

Franco formula una tajante profecía: “Se ha planteado mal la guerra y los aliados la han perdido”. Prevé la intervención americana que Hitler solía descartar. Esa intervención prolongaría la guerra por años. “Stalin, el criminal dictador, es ya el aliado de la democracia”.

Hitler: “Por la actitud de España parece que han comprendido que no sólo se juega en la guerra la libertad de Italia y Alemania, sino el futuro de toda Europa”. Mussolini: “No creo que España pueda hacer otra cosa que enviar esa División de voluntarios”. Max Gallo: “Franco lee su discurso sin pasión, con su manera habitual que revela creer en las palabras, pero sabe también olvidarlas si hace falta”.

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El 3 de octubre de 1941 la División Azul logra un sector en el difícil frente de Voljov con misión de enlace entre los ejércitos alemanes 16 y 18. La División resiste bien y captura los primeros soldados enemigos. El 4 entraban en fuego con espectacular brillantez la Escuadrilla Azul. El jefe de la unidad derriba un caza y un bombardero soviéticos en su primera salida. Los aviadores españoles contribuyen eficazmente a la destrucción del Ejército. Su comandante logrará otras cinco victorias durante el año que mantuvo el mando en el que habría de sucederle Julio Salvador y Díaz Benjumea. Los aviadores españoles combatieron contra soviéticos, franceses y contra algunos veteranos de la República.

El 18 de octubre las primeras ráfagas de un invierno anticipado van a congelar el avance alemán en el inmenso frente del Ártico al Negro. La 250 Divisón devuelve la visita al 52 Cuerpo Soviético y logra establecer una cabeza de puente en la orilla enemiga del Voljov. El sorprendido jefe alemán del sector dicta una orden general y cubre a los españoles de cruces de hierro.

El día 4 de noviembre sube a la sede primada de Toledo el ilustre prelado catalán que un 30 de septiembre de 1936 inventó la Cruzada: Enrique Pla y Deniel.

El 7 de diciembre de 1941 los aviadores del almirante Yamamoto deshacían sin previo aviso en Pearl Harbor a la Escuadra norteamericana del Pacífico. Japón forzaba así su intespentiva irrupción en la Segunda Guerra Mundial. El Senado norteamericano aprueba el día siguiente la declaración de guerra al Japón.

La solidaridad continental impulsa a diversos países hispánicos a implicarse en la guerra del Pacífico. España no podrá jamás guerrear en el siglo XX contra sus hijos de América. La teoría de las dos guerras se amplía ahora a tres, lo que supone una regresión hacia la plena neutralidad, horizonte de 1942.

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La conspiración monárquica se centra en un objetivo político: lograr que don Juan de Borbón firme un manifiesto de ruptura con Franco.

Sainz Rodríguez insiste en su plan de instaurar un gobierno nacional monárquico en Canarias o en el norte de África bajo la protección aliada.

El 23 de octubre el general Bernard Law Montgomery ataca a Rommel entre las marismas y el Mediterráneo, en el Alamein. En Madrid, Jordana redobla sus notas, cada vez más enérgicas, sobre la existencia de bases alemanas en territorio canario.

La noche del 7 al 8 de noviembre de 1942 es una de las más largas en la historia contemporánea de España. Poco después de la media noche una poderosa armada anglo-norteamericana vuelca una impresionante fuerza de invasión sobre las playas del Marruecos francés y Argelia. Los embajadores aliados en Madrid van a actuar. Carlton Hayes despierta a Jordana a la una de la madrugada. El ministro le recibe poce después, y durante la media hora transcurrida entre la llamada y la visita ha podido hablar con Franco, quien desea conocer lo esencial del asunto antes de recibir al embajador.

Hayes se niega a revelar su misión al ministro. Ante la impuesta dilación y el profundo temor que expresa el gesto de Jordana adelanta el grueso de su noticia: lleva una carta personal del presidente Roosevelt para Franco en la que se garantizan la integridad territorial y la neutralidad de España a lo largo de la operación que se ha desencadenado sobre Marruecos y Argelia. “España no está complicada”.

El embajador se despide. Jordana comunica con Franco y llama a los ministros militares para evitar cualquier desliz local en el Protectorado español y para prever en el Pirineo cualquier reacción alemana. A las nueve de la mañana el Caudillo recibe al embajador. Franco lee despacio la carta de Washington. Para el curso de la historia lo esencial son sus tres primeras palabras: “Querido general Franco”.

“Por tratarse de naciones amigas quiero manifestarle las razones que nos han forzado a enviar una fuerza militar americana en ayuda de las posesiones francesas de África del Norte. Tenemos información sobre el hecho de que los alemanes e italianos intentarían la ocupación del norte de África. Es preciso que acometamos esta empresa en interés de la defensa de América del Norte y de la del Sur para evitar que el Eje se adelante a esa ocupación. Espero que usted confíe plenamente en la seguridad que le doy de que en forma alguna va dirigido este movimiento contra el Gobierno o pueblo español ni contra sus territorios. Creo también que el Gobierno español desea conservar la neutralidad y permanecer al margen de la guerra. España no tiene nada que temer de las Naciones Unidas. Franklin D. Roosevelt”.

A partir del 8 de noviembre la Guerra Mundial cambia de signo. El teatro militar y político de la guerra se reajusta ante la nueva realidad del Mediterráneo. El 11 Vichy de desmorona. Ésa es precisamente la fecha del primero editorial oficioso sobre el desembarco; por primera vez Arriba admite la posibilidad de una victoria final contra el Eje.

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  • Franco ante la Guerra Mundial Pág. 1-3

  • La respuesta de Washington Pág. 4-5

  • La aproximación a Hendaya Pág. 6

  • El viaje de Franco a Italia Pág. 7

  • “Rusia es culpable” Pag. 10-11

  • La División Azul en Voljov Pág. 12

  • Roosevelt: “Querido general Franco” Pág. 13-14

Franco y la Guerra Mundial

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