Francisco de Goya, Independencia española

Arte español siglo XVIII. Orígenes del impresionismo. Biografía. Fusilamientos del 3 de Mayo. Lucha de los mamelucos. Estilo. Colores

  • Enviado por: María álvarez
  • Idioma: castellano
  • País: España España
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Los desastres de la guerra

Los Desastres de la Guerra constituyen la serie más dramática y terrible entre los grabados de Goya. Consta de 82 estampas que fueron realizadas por el maestro hacia 1810, aunque se introdujeron las últimas escenas hacia 1815. Temeroso de una persecución política por la dureza de los grabados, las guardó a buen recaudo y fue en 1863 cuando fueron publicadas por primera vez. La serie supone una brutal crítica a la sinrazón de un conflicto armado, sin tomar partido ni por "los buenos" ni por "los malos". Su espíritu ilustrado, que había depositado su confianza en la monarquía de José I, se vio traicionado por las brutalidades de los soldados de Napoleón. Así muestra a los franceses, de la misma manera que hace con los españoles, como auténticas máquinas de matar. Que valor! es la única estampa de la serie en la que el anciano pintor alude a un personaje concreto: Agustina de Aragón y su heroica actuación en la defensa de Zaragoza, personalizando el valor desbordado por las mujeres durante la Guerra de la Independencia. La mujer trepa por los cadáveres de los anónimos artilleros para disparar el cañón que salve a su ciudad y a la patria ante el ataque francés. La belleza de esta estampa viene motivada por su monumentalidad y su clasicismo.

BIOGRAFÍA

Francisco de Goya y lucientes nació en Fuentodos (Zaragoza), villa natal de su madre, el 30 de Marzo de 1746. Fue el tercero de cuatro hermanos.

Los Goya se trasladaron a Zaragoza por lo que Francisco pasaría allí su infancia y su juventud. Esto se debió a que su padre instaló en la ciudad su taller de dorador, allí Goya aprendió el oficio. Acudió a las Escuelas Pías, donde conoció a Martín Zapater, al que le uniría una amistad para siempre.

A los 13 años, en 1759 y hasta 1762, Francisco de Goya asiste a clases de pintura impartidas por José Luzán y al año entra a trabajar en su taller en donde está cuatro años de aprendiz. En verano, durante la vendimia, va a Fuentodos, y, bajo la dirección de su padre realiza su primera obra, pinta el armario de las reliquias que pose la iglesia y se complementa con la decoración del muro al que va adosado el armario.

En 1763 viaja a Madrid, en donde se presenta sin éxito alguno por dos veces, a los diecisiete y a los veinte años, para obtener en la Academia de Bellas Artes de San Fernando. Durante el tiempo que estuvo en la capital trabó amistad con Francisco Bayeu pintor de la corte quien tiene gran influencia en su formación. En 1769 viaja a Italia, donde aprende la técnica del fresco, que le servirá, a su regreso a España. En 1771 aun en Italia se presenta a un concurso convocado por la Academia de Parma en el que obtuvo una mención del jurado. A su regreso a España, con influencia de su amigo Bayeu consigue su primer encargo oficial en la basílica del Pilar de Zaragoza.

Dos años después de su regreso a España, en 1714, se casa con la Josefa Bayeu, hermana de Francisco Bayeu. De esta última fecha son las pinturas al óleo sobre un muro de la iglesia de la cartuja de Aula Dei. Con ayuda de su cuñado comenzó a trabajar en la Real Fábrica de Tapices, donde estuvo desde los veintinueve a los cuarenta y cinco años, realizando sesenta y tres cartones para los palacios de El Escorial y El Prado. Estos cartones revolucionaron la industria ya que no se limitaban a reproducir las escenas de David Teniers sino que se apreciaba una visión fresca y amable de la vida cotidiana española.

A la muerta de Carlos III en 1788, su sucesor Carlos IV y la reina María Luisa le nombraron pintor de Cámara en 1789, cargo que no abandonó hasta su exilio en Burdeos; comienza así a realizar los retratos oficiales de los Reyes. Su fácil acceso a las colecciones reales permite copiar y grabar varios cuadros de Velásquez, que junto con Rembrant sería su principal fuente de inspiración durante su vida, y así asimilar algunos secretos de su técnica.

A partir de ahora Goya es ya un pintor consagrado: es elegido Académico de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando. Sus grandes protectores los duques de Osuna, y, más tarde, los de Alba le introducen en la vida social haciéndole importantes encargos. Posarán para él los más distinguidos personajes; entre los que destacan La Marquesa de Pontejos (1786), La Maja desnuda y La maja vestida (1800-1803), La Duquesa de Chinchón. En todos ellos y junto con los retratos de Carlos III el cazador y los de la familia real, representados con una sencillez y honestidad muy apartados de la habitual idealización, emplea una paleta de colores muy luminosa y un estilo heredado de Velázquez. Goya con estos retratos se convierte en el cronista oficial de la época.

En el invierno de 1792, durante una visita al sur de España, Goya contrajo una grave enfermedad que le dejó totalmente sordo y marcó un punto de inflexión en su expresión artística. Entre 1797 y 1799 dibujó y grabó al aguafuerte la primera de sus grandes series de grabados, los caprichos, en los que, con profunda ironía, satiriza los defectos sociales y las supersticiones de la época. Series posteriores, como los desastres de la guerra (Fatales consecuencias de la sangrienta guerra en España con Buonaparte y otros caprichos enfáticos, 1810) y Los disparates (1820-1823), presentan comentarios aún más cáusticos sobre lo males y locuras de la humanidad.

Los horrores de la guerra dejaron una profunda huella en Goya, que contempló personalmente las batallas entre soldados franceses y ciudadanos españoles durante los años de la ocupación napoleónica. En 1814 realizó El 2 de Mayo de 1808 en Madrid: La lucha con los mamelucos y el 3 de Mayo de 1808 en Madrid: los fusilamientos en la montaña del Príncipe Pío. Estas obras reflejan el horror y el dramatismo de las brutales masacres que tuvieron lugar en Madrid durante la guerra a manos de grupos de soldados franceses y egipcios (mamelucos). Ambas están pintadas, como muchas de las obras de Goya , con gruesas pinceladas de tonalidades oscuras matizadas por refinados toques de amarillo, ocre y carmín.

A los sesenta y tres años, sordo, enfermo y desengañado, tras haber sido relegado como pintor de la corte por Vicente López, compra la “Quinta del sordo” a las afueras de Madrid; allí se refugia con Leocadia Weiss, fiel compañera de su vejez, y ejecutará su obra más personal e inconfundible: Las pinturas Negras, inicialmente pintadas al fresco en los muros de su villa y luego pasadas a lienzo en 1873, destacan entre ellas, Saturno devorando a su hijo y Aquelarre, el gran cabrón. Con predominio de tonos negros, marrones y grises constituyen una amarga denuncia de los aspectos más oscuros del ser humano y demuestra que su temperamento era cada vez más sobrio.

En 1824 regala la finca a su nieto Mariano y parte hacia Francia, concretamente hacia Burdeos, en busca de tranquilidad y del cariño de todos aquellos amigos que allí se encontraban. Vivió cuatro años más, con nuevas ilusiones que le permitieron utilizar nuevas técnicas en su pintura como la histografía con la que realiza una serie de escenas taurinas consideradas entre las mejores de su género. Muere en 1828 en Burdeos a pesar de que vuelve un año a España. Aunque no dejó herederos inmediatos de su obra tiene una gran influencia el la pintura y los garbados del s. XIX y del s. XX.

Los fusilamientos del 3 de mayo

La imagen muestra “los fusilamientos del tres de Mayo”, cuyo autor fue Goya quien realizó esta pintura durante la guerra de la independencia española en 1814 y por lo tanto pertenece a la pintura romántica. Como todas las pinturas de Goya durante y tras la guerra refleja fielmente los horrores de la guerra de la independencia española.

Se trata de una pintura al óleo sobre un gran lienzo. La luz es una de las características más importantes en esta composición, ya que al ser de noche la luz proviene de un candil enfocando y destacando al hombre q van a fusilar y además esta luz consigue dar a la obra un aire siniestro y lúgubre. En esta composición se pueden observar dos planos el primero y sobre el que gira toda la obra se aprecian a los soldados franceses fusilando al reo y algunas personas rodeándoles; y un segundo plano que es justamente el que consigue dar la sensación de perspectiva a la imagen, en el que intuimos que se encuentra la ciudad de Madrid .

Goya para consigue dar ese aire de tensión con un movimiento violento. En la cara del reo se puede apreciar una sensación de impotencia, resignación y miedo ante su muerte. En el rostro de los soldados como en el reto de la gente se aprecia la tensión, el miedo y la superioridad al no ser ellos uno de los fusilados. Es ya que representa aunque sea de forma imaginativa y subjetiva la realidad de la época plasmando así su sentimiento de disconformidad hacia las tropas francesas y hacia la guerra. Encontramos una pincelada de factura muy violenta, sin embargo destaca la riqueza del color utilizando la técnica de claro oscuro con la que se percibe un contraste entre las tonalidades claras y oscuras y, frías y cálidas.

Goya fue un pintor que se adelanto a su época ya que esta utiliza nuevas tendencias románticas. Este cuadro y los que pertenecen a esta época de Goya tienen intensidad emocional y un carácter visionario u onírico que demuestra que Goya fue un pintor comprometido con su tiempo.

LA LUCHA DE LOS MAMELUCOS

Goya ha querido representar aquí un episodio de ira popular: el ataque del pueblo madrileño, mal armado, contra la más poderosa máquina militar del momento, el ejército francés. En el centro de la composición, un mameluco, soldado egipcio bajo órdenes francesas, cae muerto del caballo mientras un madrileño continúa apuñalándole y otro hiere mortalmente al caballo, recogiéndose así la destrucción por sistema, lo ilógico de la guerra. Al fondo, las figuras de los madrileños, con los ojos desorbitados por la rabia, la ira y la indignación acuchillan con sus armas blancas a jinetes y caballos mientras los franceses rechazan el ataque e intentan huir. Es significativo el valor expresivo de sus rostros y de los caballos, cuyo deseo de abandonar el lugar se pone tan de manifiesto como el miedo de sus ojos. En suma, Goya recoge con sus pinceles cómo pudo ser el episodio que encendió la guerra con toda su violencia y su crueldad para manifestar su posición contraria a esos hechos y dar una lección contra la irracionalidad del ser humano, como correspondía a su espíritu ilustrado. La ejecución es totalmente violenta, con rápidas pinceladas y grandes manchas, como si la propia violencia de la acción hubiera invadido al pintor. El colorido es vibrante y permite libertades como la cabeza de un caballo pintada de verde por efecto de la sombra. Pero lo más destacable del cuadro es el movimiento y la expresividad de las figuras, que consiguen un conjunto impactante para el espectador. Al fondo de toda esta escena se encuentra la ciudad de Madrid que con unas pinceladas violentas y esos colores oscuros dan una sensación de siniestralidad como si se tratase de una ciudad fantasma además en esa escena secundaria es donde recae la perspectiva de la imagen.

En esta composición también se puede apreciar la gran subjetividad con la que se ha realizado el cuadro viendo así la disconformidad con que ve Goya la guerra. Además estas obras revelan que se trata de un autor comprometido con su época.