Fotografía

Fotografía. Historia. Retratos. Escenas. Paisajes

  • Enviado por: Bandolero
  • Idioma: castellano
  • País: España España
  • 3 páginas
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LA CÁMARA LÚCIDA

El primer paso que hay que dar para analizar una fotografía es clasificarla. Se las suele distribuir:

-Empíricas (Profesionales, Aficionados)

-Retóricas (paisajes, objetos, retratos, desnudos)

-Estéticas (pictoralismos, realismos).

Tales clasificaciones pueden ser aplicadas a otras formas antiguas de representación.

La fotografía repite mecánicamente lo que no volverá a repetir existencialmente; representa la realidad de un instante y no puede ser transformada, esta siempre lleva su referente consigo, estados marcados ambos por la inmovilidad, no se pueden separar uno del otro.

Aunque tambien se puede considerar la fotografía como un campo inclasificable por el hecho de que no hay razón para marcar una de sus circunstancias en concreto.

La fotografía se puede ver desde el punto de vista técnico y se está obligado a enfocar muy de cerca, y ademas desde el punto de vista histórico o sociológico que para ver el fenómeno global hay que enfocar desde mas lejos. Pero al autor de este libro no le interesa ninguno de estos enfoques sino el suyo propio, la subjetividad, lo que le produce placer o emoción, el referente.

Una fotografía puede ser objeto de tres prácticas, emociones o intenciones:

-Hacer

-Experimentar

-Mirar

En los primeros retratos (1840) la fotografía transformaba al sujeto en objeto ya que era necesario someterlo a largas poses porque el período de exposición era muy largo, en las cuales tenían que permanecer inmóviles, para estas ocasiones se inventó el apoyacabezas con el que se sustentaba el sujeto, así este artilugio se convertía en el pedestal del sujeto transformándolo en una estatua.

El autor opina que este arte representa un momento sutil en el que el sujeto no es objeto, sino un sujeto que siente devenir de objeto.

Para él existen fotografías que te producen una serie de sensaciones y por otro lado fotografías que son indiferentes, pero estas sensaciones depende de la subjetividad de cada individuo, cada persona posee su propia tabla de valores, de ahí provienen los gustos individuales, lo que le gusta, lo que no le gusta y lo que le deja indiferente.

El autor toma como guía de su análisis la atracción que siente hacia alguna de ellas, aquellas que le producen agitación interior, una fiesta o una actividad, la presión de lo indecible que quiere ser dicho.

Existen numerosas razones por las que al autor le llaman la atención ciertas fotografía:

-El deseo del objeto

-El paisaje

-El cuerpo que la fotografía representa

-El asombro que le produce

-La admiración por la técnica empleada por el fotógrafo; pero son unos intereses muy flojos.

La palabra con la que el autor define y designa su atracción por una fotografía es el término aventura; el principio de una aventura hace existir la fotografía, inversamente, sin aventura no existiría la fotografía.

La fotografía está constituida en objeto, y los personajes que figuran en ella están en efecto constituidos en personajes, pero sólo a causa de su parecido a los seres humanos, sin intencionalidad particular. El autor explica que aunque hay fotografías que para él tienen alguna existencia, la mayoría no te provocan ninguna sensación, nada más que un interés general.

El “studium” (campo de interés cultural), es una especie de educación que permite encontrar al “operator”. Reconocer el “studium” supone dar con las intenciones del fotógrafo, entrar en armonía con ellas, aprobarlas, desaprobarlas, comprenderlas, discutirlas.

Este campo está dotado de varias funciones :

-Informar

-Representar

-Sorprender

-Hacer significar

-Dar ganas

En la fotografía hay siempre algo representado, al contrario que en el texto, que mediante una palabra puede pasar de la frase de una descripción a la reflexión. También muestra la historia y hace ver las cosas que la pintura no puede (o lo representa peor).

Las escenas representadas deben de ser naturales, un acto de sorprender, y éstas sorpresas son como un desafío, el fotógrafo debe desafiar las leyes de lo probable o lo posible, desafiar las leyes de lo interesante, la foto se hace interesante desde el momento que no se sabe por qué ha sido tomada.

El autor habla de la fotografía unaria, por la cual se entiende: foto que transforma enfáticamente la realidad sin desdoblarla, sin hacerla vacilar, ningún dual, ningún indirecto, ninguna disturbancia, es trivial; las fotos de reportaje, por ejemplo, son unarias, también lo son las pornográficas porque te muestran una sola cosa y no existen objetos secundarios a los que puedas observar

También en este libro se habla sobre el “puctum”, que para el autor es un detalle en la fotografía que cambia toda su lectura y tiene la capacidad de impactar, tiene una fuerza de expansión. Existe otra forma diferente de “puctum”, cuando la paradoja, aunque permaneciendo como detalle, llena toda la imagen.

Barthes dice que muchos detalles podrían haberle punzado, sino hubiera sido porque estaban colocados con premeditación por el fotógrafo; no le interesan los detalles colocados para impactar, sino otros que pasan desapercibidos, esos son los que le punzan y le hacen leer la fotografía de otra lectura. El “puctum” tanto si se distingue como si no, es un suplemento, es algo que se le añade a la foto.

Dice que la fotografía es subjetiva, para algunos puede tener significado y para puede ser totalmente indiferente.

Lo que fundamenta la naturaleza de la fotografía es la pose, la duración de esta pose no importa por pequeña que sea, es el término de una intención de lectura.

Hace una comparación con el cine, en fotografía el obturador inmoviliza algo quedándose ahí para siempre, en el cine la pose es arrebatada y negada por la sucesión continua de imágenes; es distinto y por lo tanto es otro arte lo que comienza, aunque parta de la fotografía.

En la fotografía la presencia de algo nunca es metafórica, y la vida de los seres animados tampoco. La inmovilidad de la foto es el resultado de una confusión entre lo real y lo viviente. El rasgo inimitable de la fotografía es el hecho de que alguien halla visto al referente en persona, además este campo comenzó como arte de la persona, como su identidad. El autor piensa que la fotografía no rememora el pasado, sino el testimonio de lo que ha sido. El tiempo se encuentra inmóvil, atascado y no tan sólo en esencia, sino además también lo bloquea, se convierte en contrarrecuerdo.

Aparte del detalle o “puctum” dice que existe otro punto de interés o “estigma”, esto no está ya en la forma, sino que es de intensidad, es el tiempo, el “esto ha sido”. Este detalle se lee en la foto histórica, en ella siempre hay un aplastamiento histórico.

La era de la fotografía corresponde a la irrupción de lo privado en lo público, o más bien en la creación de un nuevo valor social como es la publicidad de lo privado.

A veces la fotografía refleja más allá de un simple hecho, objeto o persona, muestra en algunas ocasiones un rasgo genético, la persistencia de una especie y su origen, lo que resulta más tranquilizador que pensar en el futuro, lo cual angustia.

Es capaz de representar el aire, que es un rasgo de identidad característico de cada persona, este aire no es algo esquemático, intelectual, como lo es la silueta, no es una analogía, como lo es el parecido. El aire expresa el sujeto, es la sombra luminosa que acompaña el cuerpo.

Algunas fotos nos atraen tan sólo por un sentimiento de bondad, de piedad, sin ir más allá de la realidad representada en la imagen, interesarse por algo que ha muerto o va ha morir.

Es muy importante la mirada fotográfica, y si es insistente es siempre virtualmente loca, es a la vez efecto de verdad y efecto de locura. Entonces en efecto la fotografía se acerca a la locura, alcanza la loca verdad.

La sociedad no se percata de estas características sino que ve la fotografía como arte, esta lo es en cuanto pierde su esencia y se rinde a la retórica. También la generaliza, la fotografía no tiene rival, no puede situarse frente a ella otra imagen que pueda acentuar su especificidad, esquivando así los conflictos y los deseos con la excusa de ilustrarlo.

En conclusión: La fotografía es subjetiva y puede ser lo que uno quiera, fiel reflejo de la realidad gracias a su realismo, influenciado por hábitos estéticos o empíricos, o puede ser objeto de denuncia que provoca éxtasis fotográfico, si la verdad de lo que representa es real y absoluta.