Fomento de la lectura

Psicopedagogía. Literatura. Lectura. Sistemas educativos. Hogar. Medios electrónicos. Vocabulario. Lectura de placer. Lectura silenciosa. Comprensión

  • Enviado por: Eduardo
  • Idioma: castellano
  • País: México México
  • 26 páginas
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Propuestas para el fomento de la lectura

http://www.comprension-lectora.lecturaveloz.com.mx

I N D I C E

I. SOLUCIONES

I.a. SOLCIONES PREVENTIVAS

I.a.1. Los sistemas educativos

I.a.2. El hogar

I.a.3. Los medios electrónicos de comunicación

I.b. MEDIDAS CORRECTIVAS

I.b.1 Objetivos y acercamientos

I.b.1.a. La lectura de placer

I.b.1.b. Lectura informativa

I.b.1.c. Lectura para el análisis y asimilación

I.b.2. El vocabulario

I.b.3. Lectura silenciosa

I.b.4. Lectura veloz, rápida y comprensiva

I.b.4.a. Ampliar el rango visual

I.b.4.b. Comprensión instantánea de frases

I.b.4.c. Comprensión global

I.b.4.d. Preguntas más frecuentes sobre la lectura dinámica

I. SOLUCIONES

Solucionar un problema es un proceso en el que la sinceridad y la fuerza de voluntad, más que los recursos materiales o intelectuales, juegan un papel fundamental. En muchos casos el planteamiento honesto del problema trae en forma implícita la solución del mismo. En otros, es tan obvia que bastará con observaciones superficiales para descubrirla. Sólo en un porcentaje mínimo, hallar la solución requerirá de intelectos sofisticados o de técnicas costosas, y siempre quedará la duda si un reconocimiento más profundo de la situación los hubiera podido evitar. Es entonces, una vez determinado el plan a seguir, que surge la fuerza de voluntad. Si para descubrir el problema y para plantear soluciones viables se necesitó de la sinceridad, para ejecutarlas será el profundo convencimiento de que estaremos tomando el camino correcto el factor determinante para hacerlo con éxito. Las limitaciones materiales podrán ser un obstáculo, pero el entusiasmo y la constancia serán siempre suficientes para superarlo.

Por lo tanto, para atacar el problema de la lectura, dispongámonos, en primer lugar, a realizar un profundo examen de conciencia, que nos permita reconocer nuestra parte de la culpa, y luego, afilemos nuestro ingenio, carguémonos de decisión y preparémonos para una batalla que probablemente dure toda la vida.

Las medidas que expondremos a continuación estarán orientadas a niños y adolescentes, y las consideraremos preventivas. Si logramos despertar en ellos el interés por la lectura, estaremos previniendo la mayoría de los problemas que pudieran presentárseles más adelante. Las correctivas, que expondremos después, si bien expondrán elementos que pudieran utilizarse en edades tempranas, están consideradas principalmente para apoyar al joven y al adulto a aprovechar mejor el tiempo que le dedica a la lectura más que a incrementar su gusto por ella. Es muy difícil modificar un hábito después de la adolescencia, pero aún y cuando, por desgracia, no exista el placer, la necesidad es urgente, y las sugerencias irán encaminadas en ese sentido.

I.a. SOLCIONES PREVENTIVAS

Este tipo de soluciones están orientadas hacia aquellos grupos de edades sobre los cuales, como padres o tutores, podamos influir, ya sea con nuestra acción directa o actitud, para formar en ellos el hábito de la lectura y brindarles la oportunidad de desarrollar sanamente su intelecto y espíritu. Las he dividido en tres: los sistemas educativos, el hogar y los medios electrónicos de comunicación y entretenimiento.

I.a.1. Los sistemas educativos

En este punto podría proponer una lucha frontal con las autoridades para renovar, o tal vez debería decir, revolucionar las ideas que sustentan los actuales sistemas educativos de nuestros países, pero no quiero caer en tentaciones idealistas. Si tú crees tener los elementos, la fuerza personal y, sobre todo, la paciencia necesaria para emprender semejante cruzada, pues adelante y cuenta conmigo en lo que estuviera a mi alcance. Pero todo aquel, que como yo, ha estado frente a toda esa burocracia, sabrá que la magnitud de tal empresa necesitaría, más que de hombres, de superhombres dispuestos a grandes sacrificios por llevarla a buen fin. Prefiero apoyarme en medidas prácticas para así convertirla en una lucha de cuerpo a cuerpo, en la que todos, sin importar los poderes que tengamos, podamos participar con nuestro esfuerzo.

Bien, pues en el caso de los sistemas educativos, nuestro objetivo será la entidad física que la representa, así como todos los elementos que la integran, entiéndase escuela o colegio, primaria, secundaria o preparatoria, y nuestro primer gran reto será hablar. En algunos países la sociedad de padres de familia es una figura obligada por la ley y podría considerarse como el canal adecuado para expresar inquietudes, aunque en la mayoría de los casos son agrupaciones que justifican su existencia, no vigilando el nivel académico de la entidad, que sería su función principal, sino organizando eventos sociales, y sus dirigentes lo que menos quieren es enfrentarse a la dirección. Si este fuera el caso, o esta figura no existiera en tu país, quedarían dos caminos: los maestros y el director.

Pero antes de hablar con cualquiera de ellos, debemos superar el miedo ancestral a la represalia. Si tu eres maestro tal vez te enojes conmigo por sugerir que tú o tus colegas pudieran ser capaces de desquitarse con los niños por algún reclamo de los padres, pero antes de que eso suceda consulta en tu memoria, y por qué no en tu conciencia, y verás por allí que existe algún caso. Y si así no fuera, deberás admitir que es una preocupación siempre latente en los padres. Tantos años de ver al maestro, y ya no digamos al director, como una autoridad a quien no se le discute, nos lleva, aún de adultos, a pararnos frente a ellos con muchos prejuicios. El “¿y quién soy yo para decirle a Su Eminencia que está equivocado?” surge instantáneamente y casi siempre nos vemos “obligados” a dejar el reclamo para “mañana”.

Pero ese sentimiento debe ser reemplazado por otro que tiene la virtud de colocar a cada quien en el lugar que le corresponde: yo pago por un servicio, ya sea a través de los impuestos, en el caso de las instituciones públicas, o de las mensualidades directas, en el de las particulares, y tengo todo el derecho de exigir que se me brinde correctamente, debiendo informarme qué van a hacer con nuestros hijos, por qué y cómo, y además, responder a todas las preguntas que en torno a ello pudieran surgir. Por supuesto no estoy proponiendo un enfrentamiento agresivo, pero sí que cambiemos esa actitud pasiva que nos coloca como cómplices del problema, en otra de decisión y energía, que nos permitirá pelear del lado de la solución.

Entonces, veamos ahora de qué vamos a hablar, primero, con la dirección:

- Historial académico de los maestros. Títulos, actualizaciones y experiencia. No te imaginas las sorpresas que te llevarás, si acceden a dártelos.

- Programas de estudio. Es increíble que en ningún lado nos digan cuáles son los objetivos a lograr con nuestros hijos. ¿Cómo, de otra forma, podremos saber si están cumpliendo con su trabajo?

- ¿Qué están haciendo para enriquecer la biblioteca de la escuela?

-¿Están verdaderamente comprometidos con el mejoramiento del nivel cultural de la comunidad educativa, alumnos, padres y maestros, de la que son responsables? Si es así, ¿qué han hecho y qué piensan hacer al respecto?

- Seguridad física. Este punto no tiene relación directa con la lectura pero no por ello deja de ser importante. Rutas y simulacros de evacuación, extintores, personal con conocimientos formales, no empíricos, de primeros auxilios, botiquines, etc. Estoy seguro que este es uno de los puntos más descuidados en cada uno de nuestros queridos países. Por desgracia vivimos pensando que los males le ocurren al vecino y no a nosotros. Cuántas vidas y lesiones permanentes se hubieran evitado de haber tomado todo esto con seriedad. Tal vez pienses que soy exagerado, pero yo lo veo como una especie de seguro: es preferible tenerlo y no necesitarlo, que necesitarlo y no tenerlo.

Ahora con el maestro:

- ¿Qué tanto le gusta la lectura y cuáles son sus aficiones? Recuerden que ellos pasan una gran parte del día con nuestros hijos y que su actitud hacia la cultura, en general, y la lectura, en particular, influirá positiva o negativamente, tarde o temprano en ellos.

- ¿Están ellos conscientes de la importancia de la lectura para los niños?

- Si la respuesta a la pregunta anterior es positiva, entonces, ¿qué están haciendo ellos en favor de lograr un ambiente favorable hacia la lectura? Y no me refiero a cumplir o no con el programa de estudios. Aquí estoy hablando del interés que él exhibe dentro del salón de clases y de los espacios que le dedica a dinámicas que demuestren el lado entretenido a la lectura, como concursos, juegos, representaciones teatrales, exposición de cuentos, talleres de escritura, etc.

- ¿Estarán dispuestos a reducir la cantidad de tarea que les dejan a los niños? ¿Podrían, incluso, destinar un tiempo de las horas que pasan en la escuela para que puedan cumplir con ese encargo y así llegar a sus casas libres de todo pendiente?

- Ya que no está en sus manos cambiar el sistema de evaluaciones, ¿podrían asignarle a las calificaciones una función que se acerque más al verdadero conocimiento del aprovechamiento de los alumnos en cada materia?

Y finalmente con nuestra pareja y con nosotros mismos:

- ¿Estamos conscientes de la magnitud del problema y de que tendremos que afrontar las complicaciones que seguramente se presentarán? No puedo esconderte el hecho de que no será una labor fácil. Los directores y los maestros están muy acostumbrados a examinar a sus alumnos, pero no les gusta ser examinados, y mucho menos cuestionados, por los padres de familia. ¡¿Qué pueden saber ellos de educación?!, pensarán algunos, y no faltará quien nos catalogue como una verdadera plaga.

- ¿Estamos en condiciones de cambiar a nuestros hijos de escuela? Las respuestas a todas las preguntas anteriores, si es que las conseguimos, podría llevarnos a considerar seriamente esta posibilidad. ¿Estaremos dispuestos a hacer sacrificios económicos por inscribirlos en otra institución en donde pudieran reunirse mejores condiciones?

- ¿Estamos dispuestos a pasar más tiempo con nuestro hijos? Esto, que pudiera parecer muy trillado, será fundamental si logramos una respuesta positiva de los maestros en los planteamientos que les hayamos hecho. Si efectivamente les van a dejar menor cantidad de tarea, deberemos estar en condiciones de aprovechar en su favor el tiempo libre que logre reconquistarse, para lo cual el número de horas que pasaremos con ellos tendrá que ser mucho mayor. Además, esta nueva disposición del tiempo nos permitirá evaluar personalmente los avances de los niños en cuanto a su madurez intelectual, y con ello relegar las calificaciones numéricas a un segundo plano. No se imaginan el peso que les quitarán de encima a sus hijos cuando ellos se enteren de que ustedes los estarán tomando en cuenta por su desenvolvimiento como personas más que por fríos números en una libreta.

Solucionar problemas cuando no todos los factores directos dependen de nosotros puede ser una experiencia frustrante si no se encara con decisión. Si estamos convencidos de que la lectura es un hábito que redundará en beneficios para el desarrollo de nuestros hijos y de que la escuela es uno de los elementos primordiales en su consolidación, todo esfuerzo estará bien justificado. Si por otro lado no creemos que el sacrificio valga la pena, seamos coherentes con nuestra pasividad y no nos quejemos.

I.a.2. El hogar

Aquí sí tenemos todos los elementos en nuestras manos y veremos cómo, con medidas y actitudes fáciles de demostrar, podremos contrarrestar las deficiencias que el sistema educativo pudiera tener. Algunas sugerencias dependerán de la edad del niño:

- La lectura empieza en la cuna. Desde recién nacido, cuéntale cuentos. Hazlo con naturalidad, sin forzar el momento, por ejemplo, unos minutos antes de apagar la luz de su cuarto por las noches o antes de dormir alguna siesta. No importa que aún no te entienda. Que escuche tu voz y que sienta las palabras, el ritmo de la narración y las distintas entonaciones que vayas haciendo de cada situación. Todo esto conforma la base del hábito de la lectura. Es muy importante que el niño establezca una relación directa entre los libros y el momento de calidez y de seguridad que representa el acercamiento físico de sus padres.

- Ya más grandes, de tres a cinco años, empezarán a interesarse por la trama de los cuentos y tendrás que leérselos una y otra vez. Llegará el momento en que, si te saltas un párrafo, ellos se darán cuenta. Búscale cuentos divertidos, con muchas imágenes, y deja que jueguen con ellos. El libro es un excelente juguete. Incúlcale, por supuesto, su cuidado, pero sin exagerar.

- De cinco a siete años, su interés se irá centrando en temas fantásticos. Cuéntale cuentos sobre castillos encantados, dragones, brujas, príncipes y princesas que son los elementos sobre los cuales giran los argumentos de todo relato orientado para estas edades.

- Entre los siete y los doce años el niño va tomando consciencia de su existencia y de su relación con el medio que lo rodea, por lo que empieza a interesarse en aventuras, historias de animales y de misterio. No será raro que le gusten los cuentos de terror y que disfrute muchísimo contándoselos a sus amigos. A esta edad el niño deberá empezar a leer por su cuenta, pero no lo presiones. Deja que agarre su ritmo. Recuerda que la lectura siempre debe estar relacionada con la vivencia de un momento placentero.

- Ya en la adolescencia temprana el muchacho empieza a manifestar su natural necesidad por sobresalir sobre los demás, y surgen en él sentimientos antes desconocidos. Se da cuenta de que debe empezar a pelear por sí solo por un lugar dentro de la sociedad, y así se interesará por personajes heroicos, historias sobre grandes hazañas y relatos sentimentales. La lectura, especialmente en esta edad, puede ser un magnífico refugio para todos los momentos de desconcierto por los que suelen atravesar. La adolescencia es la etapa en la que empieza a cuestionarse la autoridad de los padres y por lo tanto es cuando más vulnerables se encuentran a los aspectos más nocivos de la sociedad. Si ellos, desde temprana edad, logran establecer con los libros un vínculo que les represente un punto de apoyo emocional estable y confiable, podremos estar tranquilos de que su transición hacia la madurez será menos conflictiva. Esta es la etapa en la que los libros pueden convertirse en verdaderos amigos. Nuestra labor como padres será acercárselos y promover una relación cercana.

Otras medidas son de carácter general que serán de utilidad sin importar el grupo de edades al que pertenezca tu hijo:

- Lee y que ellos te vean leer. Demuestra siempre una actitud positiva hacia la lectura. Háblale de los maravillosos libros que leías a su edad, de las historias de los escritores, asiste con ellos a ferias de libros, etc.

- Haz que los libros siempre estén a su mano, accesibles, que formen parte de su ambiente diario. En lugar de golosinas o juguetes sin sentido, sorpréndelos un día regalándole un libro apropiado para su edad, enriqueciendo así su pequeña biblioteca.

- Demuestra interés por lo que leen. Hazle preguntas sobre el capítulo que están leyendo, diles que te hagan un breve resumen y atiende las preguntas sobre palabras o temas que pudieran no entender. Dale seguimiento a la actividad que desarrolle con los libros. Si detectas que se está aburriendo, no lo fuerces a seguir y cámbiale de libro. No hay peor enemigo de la lectura que un libro aburrido.

Como habrás podido deducir, aquí no vale lo de: “a mí no me gusta leer pero yo quiero que mis hijos lean”. Tal vez encuentres algún ejemplo sobre de buenos lectores a pesar de sus padres, pero no son frecuentes. Hazte a la idea de que, si quieres que ellos sean buenos lectores y tú no disfrutas de ese hábito, tu actitud hacia los libros deberá cambiar drásticamente.

I.a.3. Los medios electrónicos de comunicación

La televisión es, sin duda, uno de los principales enemigos de la lectura en esta y en todas las edades, pero con algunas acciones sencillas, podremos reducir sus efectos negativos:

- No utilices a la televisión como premio o castigo. Al hacerlo estás magnificando su importancia y será más difícil de quitarla del centro de atención de tu hijo.

- Cuando te pregunte si puede ver la televisión, sugiérele algún juego, siéntate con él a leer un libro o llévatelo a un parque si tienes uno cerca. Ofrécele siempre alternativas divertidas o emocionantes.

- No le prohíbas la televisión. Recuerda que en su medio escolar con seguridad muchos de los temas de conversación girarán en torno a ciertos programas de moda y podría sentirse aislado de su grupo. Mejor, dile que te haga un breve resumen de lo que vio. Al prestar atención al argumento y los detalles gráficos que rodean a cada escena, entrarán en acción sus defensas psicológicas y tendrán oportunidad de anular los efectos de las ideas que por medios subliminales se pretendan difundir. Además, podrás hacerle notar lo aburrido y repetitivo de las propuestas y resaltar la inmensa riqueza de ideas que en comparación le ofrece un buen libro. Haz tú mismo este ejercicio y te sorprenderán los resultados.

En cuanto a los juegos electrónicos tipo Nintendo, ya externé mi opinión. Aquí sí debo ser tajante. Si cometiste el error de comprarle uno, la sugerencia es muy simple: guárdalo en su empaque original y arrúmbalo en el lugar más alejado del paso de tus niños. Alguna vez Borges se refirió a la televisión como “la caja para idiotas”. Yo no estoy completamente de acuerdo ya que se trata de un medio de comunicación. Sería necio de mi parte ignorar su utilidad si se empleara con el suficiente criterio. Pero en el caso de estos juegos, creo que esa definición sí encaja a la perfección. Si quieres que tu hijo se entretenga con la computadora, existen excelentes juegos para ejercitar su ingenio, memoria, concentración y demás habilidades mentales. Y más aún, Internet, con la debida supervisión, ofrece una gama muy amplia de opciones para leer. Utilízalas. Siéntate una tarde a buscar E-books, o libros electrónicos, o páginas con cuentos o poesía para niños, y guárdalas entre tus favoritas para mostrárselas más tarde a tu hijo, o imprímelas en ese momento. Creo que ésta puede ser una buena alternativa al precio excesivo con el que se venden en las librerías.

I.b. MEDIDAS CORRECTIVAS

Bien, pues llegamos al momento en que somos personas adultas, al menos físicamente, y nos encontramos con la necesidad de leer. Si al hacerlo disfrutamos del momento, felicidades, porque el logro de la excelencia empieza por gozar de lo que hacemos, y cualquier deficiencia técnica, si existiera, se arregla con facilidad. Pero, si por el contrario, leer es para nosotros un castigo, lástima, porque difícilmente podremos cambiar esa percepción. Si de jóvenes no logramos descubrir el placer que existe en la lectura, menos lo haremos ahora. Como la piel, con los años nuestra sensibilidad se va perdiendo, se arruga, y poco a poco va cerrando sus poros a nuevas experiencias. Si nunca aprendimos a alimentarla y a cuidarla, ahora, lo que alguna vez fue motivo de orgullo por su firmeza y textura, su aspecto rígido y acartonado nos inducirá a esconderla. Nos da vergüenza llorar y reímos por compromiso, síntomas de que sus centros nerviosos están cayendo en un irreversible proceso de extinción. Y sin sensibilidad, mi estimado lector, el placer no es posible.

Veremos a continuación algunas ideas y sugerencias para que, independientemente de tus sentimientos hacia la lectura, puedas aprovechar mejor el tiempo que a ella le dedicas.

I.b.1. Objetivos y acercamiento

Antes que nada, debes definir para qué vas a leer, es decir, cual es el objetivo que persigues al dedicarle un determinado tiempo a interpretar lo que dice un texto. ¿Leerás para disfrutar del momento, para informarte o para asimilar los datos y conceptos de la obra? En cada caso existen consideraciones especiales que deberás tomar en cuenta.

I.b.1.a. La lectura de placer

Si bien cuando leemos por el gusto de hacerlo el factor que más resalta es la disposición de tiempo, este hecho no significa que estemos dispuestos a desperdiciarlo. Aún en la literatura habrá obras buenas y malas, unas que nos gusten y otras que nos aburran. Es por ello que antes de empezar un libro tendremos que seleccionarlo con cuidado. Aún en la búsqueda del placer nos obliga la productividad.

Cuando tomamos un libro tenemos dos elementos que nos permitirán determinar qué probabilidades tiene de gustarnos: el autor y el resumen que viene en la contratapa. En la mayoría de los casos esta información será suficiente para determinar si vale la pena dedicarle el tiempo que requiera su lectura. Pero en el resto no basta. Encandilados por la portada, tal vez, o entusiasmados por la recomendación de algún amigo, empezamos con los primeros capítulos y avanzamos esperanzados en que pronto llegará la parte de interés, e incluso llegamos al final, pero nunca la encontramos. Muchas veces leemos “forzados” por la fama del escritor o por el éxito del título, y nos cuesta admitir que no lo entendemos o que no compartimos el gusto de los demás. Si este fuera el caso, no pierdas el tiempo: lee uno o dos capítulos y si no cumplen con tus expectativas, sea quien fuera el autor o la obra, cierra el libro y regrésalo a su lugar. No esperes más. No se trata de hacer un análisis literario para decidir si continúas o no. Recuerda que tú, como lector, también tienes tus derechos:

Los derechos imprescriptibles del lector

1. El derecho a no leer.

2. El derecho a saltarnos las páginas.

3. El derecho a no terminar un libro.

4. El derecho a releer.

5. El derecho a leer cualquier cosa.

6. El derecho al bovarismo (enfermedad de transmisión textual).

7. El derecho a leer en cualquier sitio.

8. El derecho a hojear.

9. El derecho a leer en voz alta.

10. El derecho a callarnos.

Nota.- Extraído del libro “Como una novela” de Daniel Pennac, 1993, Editorial ANAGRAMA, y que te recomiendo ampliamente. Podrás encontrar algunos capítulos en los apéndices de este libro electrónico.

Ejércelos, no te dejes llevar por la moda. Recuerda que lo que está en juego es algo que una vez perdido ya no se recupera: tu tiempo.

I.b.1.b. Lectura informativa

Cuando leemos para informarnos, lo que hacemos es armar en nuestra mente un índice de conocimientos, es decir, una lista ordenada de conceptos generales con apuntadores a la información detallada. Decía Einstein: “para qué memorizarlo si lo tenemos por escrito”, y tenía razón. Nos gusta un artículo, lo leemos y lo entendemos pero, ¿es necesario que memoricemos su contenido? No. Nos basta saber que existe y dónde podremos encontrarlo. Recibimos un informe, extraemos los datos más relevantes y lo archivamos. Nos pasan un reporte, sacamos las conclusiones y lo guardamos. Visitamos una página de Internet, nos gusta y la ponemos la lista de favoritas. Este mecanismo es el que nos permite tener a nuestra disposición cantidades masivas de información sin necesidad de ocupar recursos cerebrales, que de esta forma podrán ocuparse en otras cuestiones. Si necesitamos el detalle de alguna información, recurrimos a esa lista mental de ideas y una vez localizada recurrimos a la fuente en la que se generó. Por lo tanto, en estos casos serán muy importantes los elementos que nos permitan obtener resúmenes lo más rápida y objetivamente posible.

La lectura informativa está ligada a dos tipos de textos: los impresos por los medios de comunicación, llámense diarios, periódicos, revistas, diccionarios, manuales de referencia, etc., y los que escriben gente como nosotros en cartas, propuestas, informes, correos electrónicos y demás. La diferencia es muy grande. En el primer caso, la información viene clasificada y ordenada, y está estructurada tomando en cuenta la trascendencia de cada una de sus partes. En el otro, es decir, en aquellos en que los textos van dirigidos de persona a persona, éstos no sólo carecen de todo orden temático, sino que, además, en la mayoría de los casos, no cuentan con las consideraciones básicas de sintaxis, semántica, ortografía y redacción.

Para aprovechar el tiempo que le dedicamos a la lectura informativa partiendo de trabajos impresos en publicaciones profesionales, las recomendaciones son sencillas:

1. Revisar el índice.

2. Leer encabezados, subtítulos, gráficas e imágenes.

3. Leer el primer párrafo del texto que describe el tema.

Terminado este punto, tendremos una idea muy clara del contenido y con ello los elementos que nos permitan decidir si le dedicamos más tiempo a la lectura del resto o no.

Pero cuando leamos textos que nos dirija otra persona, tendremos que ser más cuidadosos. Los únicos datos que podremos tomar con la seguridad de entenderlos con rapidez son la fecha y la firma. Para todo lo demás necesitaremos otra estrategia. Dado lo mal que, en términos generales, escribe la gente, la única forma de enterarnos de su contenido será leerlo en su totalidad con todo el detenimiento posible. Recuerda que una cosa es lo que queramos escribir, otra lo que escribimos y otra lo que nos entienden. Sólo cuando coincidan las tres habremos logrado la comunicación correcta. Podríamos recomendar las técnicas de lectura rápida para estos casos, pero para ello sería necesario que, al menos, las palabras se emplearan en su sentido correcto y que estén escritas tomando en cuenta las reglas ortográficas, lo que difícilmente sucede.

I.b.1.c. Lectura para el análisis y asimilación.

Cuando leemos para aprender el detalle de un texto, el factor que determinará el aprovechamiento del tiempo será la concentración. Y esto no es más que la capacidad de circunscribir nuestro pensamiento a un tema determinado aislándonos de interferencias tanto externas como internas. La concentración es un proceso similar al sueño. Nuestros sentidos no dejan de emitir señales al cerebro, sin embargo, éste responderá sólo a aquellas que reúnan ciertas características de intensidad y forma. Una madre, por ejemplo, podrá dormirse profundamente aún y cuando en el ambiente haya ruido, para otros insoportable, pero despertará si su bebé tose o se queja emitiendo sonidos imperceptibles para los demás. La concentración no depende de los estímulos externos o internos que llegan a nuestro cerebro, sino de la capacidad de seleccionar a cuál de ellos le responde.

Esa capacidad de aislamiento estará determinada, en la mayoría de los casos, por el interés natural que sintamos hacia determinado tema. Aquello que nos apasione, provocará que una gran parte de los recursos intelectuales los destinemos a analizar la información y a relacionarla con experiencias previas, para así almacenarla en las capas más profundas de nuestra mente, consolidándola como recuerdo. Este proceso necesita que una gran cantidad de sangre se concentre en el cerebro, debiendo disminuir su circulación por los centros que controlan los sentidos limitando de esa forma sus niveles de percepción. Es por ello que durante periodos prolongados de concentración, los ruidos o los movimientos alrededor nuestro no nos afectan, y al terminar sentimos la cabeza caliente y puede verse enrojecida. Pero el problema es que no siempre nos apasionamos o, incluso, interesamos por lo que tenemos que estudiar. Es más, podríamos decir que son pocas las veces en que eso sucede, lo cual nos lleva a hacernos una pregunta trascendental:

- ¿Podemos asimilar un texto sin necesidad de concentrarnos?

No, definitivamente la respuesta es: no. Si no logramos relacionar la información que estamos leyendo con experiencias previas, no tendremos los elementos básicos para encontrarla cuando la necesitemos. Es como si arrojáramos toneladas de libros a una bodega sin orden o control alguno. La información estaría allí almacenada pero no sabríamos por dónde empezar a buscarla. Eso es lo que hacemos cuando leemos sin concentrarnos.

- Entonces, ¿que hacemos cuando no exista una motivación natural hacia el tema que debemos estudiar? ¿Qué podemos hacer para concentrarnos?

Bueno, partamos de algunas reglas básicas, como ubicarnos en un lugar cómodo, tranquilo, bien ventilado e iluminado, sentarnos ante una mesa amplia en la que podamos distribuir el material de estudio de forma tal que todo nos quede a la mano, no ingerir bebidas o sustancias excitantes o tranquilizantes, etc. Ya sé que todos, con seguridad, las hemos escuchado antes, pero no por ello dejarán de ser válidas. Un medio ambiente agradable siempre será un buen punto de partida, aunque sabemos que muchas veces no es suficiente. Veremos, por lo tanto, algunas recomendaciones para incentivar el proceso intelectual que nos permita establecer mecanismos ágiles y confiables para el almacenamiento y recuperación de la información:

1. Define con anterioridad qué es lo que buscas en el texto: aprenderte fechas, lugares, personajes, procesos o situaciones, sacar un resumen general, analizar su estructura literaria, etc.

2. Piensa para qué te va a servir. Tal vez lo que debas aprenderte no te llame la atención en sí mismo, pero podría significar una de las partes que te estaba haciendo falta en otro proceso de máximo interés para ti.

3. Pregúntate en cada párrafo como encaja lo que acabas de leer con lo que ya sabes. Leer nos permite confirmar nuestros conocimientos y aprender cosas nuevas. Al establecer la diferencia habremos logrado conectar todo aquello que no sabíamos con experiencias previamente adquiridas, con lo cual tendremos los elementos de búsqueda necesarios para un acceso rápido y seguro.

4. Resume mentalmente cada párrafo con una frase. Esto te obligará a razonar lo que acabas de leer. Esta técnica, que se conoce como “resumen conceptual”, te permitirá leer nuevamente el texto siguiendo tus propias palabras, logrando así una asimilación mucho más rápida de la idea que pretendía transmitir.

Todos estos puntos requieren de práctica. No se logran de la noche a la mañana. Tal vez pienses al principio que estás leyendo muy despacio, pero recuerda que cuando los domines estarás en capacidad de aprenderte cualquier texto en una o dos leídas como máximo.

I.b.2. El vocabulario

Sea cual fuere el objetivo que persigas al leer, entender el significado de las palabras se impone como requisito básico, sobre todo si lo queremos hacer con fluidez. Es por ello que ampliar nuestro vocabulario será fundamental para aprovechar el tiempo que le dediquemos a la lectura. He aquí algunas recomendaciones importantes en este sentido:

1. No dejes pasar palabra alguna sin estar seguro de su significado. Si tienes duda, investígalo. Con seguridad te servirá más tarde.

2. Siempre que leas, ten un diccionario a la mano, ya sea técnico, si tu profesión te lo exige, o del idioma en general. Esto agilizará el aprendizaje de palabras nuevas.

3. Pon en práctica las palabras que vayas aprendiendo. Sólo así no se te van a olvidar.

4. Fíjate como meta conocer el significado de, al menos, una palabra por día.

Un vocabulario amplio no sólo te permitirá comprender mejor y más rápido lo que leas sino que, además, te servirá para expresar tus ideas de una manera más clara y precisa.

I.b.3. Lectura silenciosa

La enseñanza de la lectura en la educación primaria centra su estrategia en la voz, es decir, en escuchar al alumno para saber si lo está haciendo correctamente o no. Bien visto, tiene sentido, sobre todo en los primeros años en los que la supervisión de los mayores es tan importante. El problema es que en los años subsecuentes siguen insistiendo en que se lea en voz alta. Por supuesto que es importante saber si están dándole la entonación adecuada, si están respetando la puntuación o incluso si no tienen problemas de dicción, pero todo esto sería válido si la lectura se ejerciera única y exclusivamente en público y no a nivel personal. Actualmente los muchachos encaran la lectura no como un ejercicio intelectual sino como un discurso hacia sí mismos, y en ello están sufriendo un vicio que provoca que lean hasta cuatro veces más lento de cómo lo harían si lo hicieran mentalmente. Ese típico murmullo que se escucha en una biblioteca, en donde el silencio debiera ser absoluto, se debe a todas aquellas personas que leen hablando.

Pero, a parte de la velocidad, ¿cuál sería el problema? ¿Qué tiene de malo leer despacio? Bueno, yo diría que mucho. El efecto de leer con lentitud no es solamente que nos vamos a tardar más en terminar un texto, sino que, además, la comprensión del mismo será mucho más pobre. Cuanto más lento leamos más fácil será perder la ilación de las ideas. La percepción de que para comprender mejor debemos disminuir la velocidad es completamente falsa.

La velocidad sí tiene mucho que ver con la comprensión, por lo que, si quieres mejorar en este sentido, haz un esfuerzo por no repetir las palabras que leas en tu mente, y mucho menos con tu boca. Al principio te costará un poco, pero cuando lo logres habrás dado un paso muy importante hacia la productividad en la lectura.

I.b.4. Lectura veloz, rápida y comprensiva.

Estas técnicas, también conocidas como lectura dinámica, fueron desarrolladas a mediados de los años 50´s en los Estados Unidos, y parten de la idea de que nuestra mente puede interpretar cualquier detalle de lo que la vista abarca en cada movimiento ocular, dándonos la capacidad de asimilar bloques completos de palabras cada vez que nuestros ojos se muevan sobre un texto. Esto, por supuesto, incrementa la velocidad de lectura, pero además, mejora la comprensión. Los procedimientos tradicionales de lectura dejan, entre palabra y palabra, grandes espacios de tiempo ocioso que nuestra mente utiliza para desviarse hacia el primer estímulo exterior o preocupación interior. Con las técnicas de lectura por bloques de palabras, fundamento de la lectura dinámica, aprendemos a tomar directamente del texto, el sentido de cada frase, disminuyendo las posibilidades de distracción y aumentado las capacidades de concentración.

El aprendizaje de estas técnicas se ha visto favorecido últimamente con la aparición de programas para computadoras, como el CapTo Lectura, que en tan sólo diez horas, una por día, le permite al usuario mejorar su velocidad y comprensión de lectura dos, tres y más veces de la que tenía originalmente. Con la idea de que puedas iniciarte ahora en este tipo de técnicas y, con el tiempo y el ejercicio, ponerlas en práctica, te explicaré otras formas de aprenderlas.

I.b.4.a. Ampliar el rango visual

“Toda palabra que podamos visualizar es susceptible de ser interpretada” ¿Te parece correcta esa aseveración? Bien, abre entonces un libro, ponlo delante de tus ojos y fija tu vista en el punto medio de las dos páginas, a lo largo y a lo ancho. Ahora trata de leerlas, empezando por el extremo superior izquierdo, sin mover tu vista del centro. ¿Difícil, no? Lógico, porque si bien nuestro campo visual es muy amplio y capta todas y cada una de las palabras, nuestra mente está “entrenada” para interpretarlas sólo cuando la atención se fija en una de ellas. ¡Imagínate qué desperdicio!

Uno de los secretos de la lectura rápida está precisamente allí, en la amplitud de nuestro rango visual y mental, y para conseguirlo te pondremos algunos ejercicios que te permitirán agrandarlo al tamaño que tu decidas.

En la primera lección vas a empezar con bloques de número y letras. Fija tu vista en el asterisco que aparece arriba de cada uno de ellos y trata de visualizar las tres letras ubicadas, cada una, a la izquierda, al centro y a la derecha. Por ejemplo, en el siguiente bloque deberás identificar las letras S, M y J:

*

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I.b.4.b. Comprensión instantánea de frases

Una vez que tu visión periférica se haya ampliado, trataremos de que aprendas a comprender cada bloque casi en forma simultánea al momento en que lo tengas ante tus ojos.

En los ejercicios de este tipo, reemplazamos los números y las letras por frases, que no tendrán relación alguna entre sí. Aquí deberás fijar tu vista en el asterisco y tratar de visualizar cada bloque como un conjunto, no como una sucesión de palabras. Cuando lo logres, cada frase se convertirá, prácticamente, en un ideograma, es decir, en un símbolo con un significado único. Ejemplo:

*

Hombres necios que acusáis a la mujer

I.b.4.c. Comprensión global

Llegado este momento, ya estarás en condiciones de poner en práctica la técnica de lectura por bloques para leer textos completos. Nosotros tenemos identificadas dos modalidades de lectura: por columna, es decir la que se lleva a cabo para leer diarios, periódicos, revistas, etc., y por página completa, que es la que utilizamos para libros, documentos, manuales, etc. La diferencia entre ambas radica en la secuencia de lectura. Cuando leemos por columna, cada bloque es un línea que iremos leyendo uno a uno de arriba hacia abajo. Al terminar la primera continuamos con la siguiente a mano derecha y procedemos de la misma forma, y así sucesivamente hasta terminar el texto. Ejemplo:

___1___ ___5___

Estoy sentado junto a la comenzaron a armar el gran

___2___ ___6___

alcantarilla aguardando a que alboroto y no pararon de

___3___ ___7___

salgan las ranas. Anoche, cantar hasta que amaneció.

___4___

mientras estábamos cenando,

Al leer por página completa tendremos que dividir visualmente cada línea en dos, de manera que la secuencia de lectura empezaría por la parte izquierda y seguiría por la derecha de la misma línea, para continuar con la siguiente de la misma forma y así, sucesivamente, hasta el final del texto. Ejemplo:

_____1_____ _____2_____

Este apodo no tiene la malicia que las / gentes imaginan, y va usted a saber su /

_____3_____ _____4_____

origen: Como todos los niños pobres, / yo no tuve juguetes costosos ni /

_____5_____

diversiones presumidas. /

I.b.4.d. Preguntas más frecuentes sobre la lectura dinámica

Pregunta.- ¿No es preferible leer con lentitud para entender mejor?

Respuesta.- Hagamos un ejercicio simple. Tomemos un párrafo cualquiera y tratemos de leerlo a una velocidad de una palabra por minuto. ¿Crees tú que entenderíamos algo? Estoy seguro que no. Y eso sucede porque perderíamos la ilación de la lectura. Los textos se convierten en una serie de palabras aisladas colocadas una al lado de la otra, sin coherencia alguna. Las técnicas tradicionales de lectura, es decir, las que toman palabra por palabra, funcionan correctamente cuando aprendemos a leer a los cinco o seis años. El problema es que crecemos, nuestro cerebro se desarrolla muchas veces más, y seguimos leyendo como cuando éramos niños. Al leer de esa manera siendo adultos estamos desperdiciando grandes capacidades de nuestra mente. La lectura dinámica no es una forma de leer más rápido, sino de leer mejor.

Pregunta.- ¿No se pierde el goce por la lectura leyendo tan rápido?

Respuesta.- En primer lugar debemos entender a la lectura dinámica como a un automóvil. Aún y cuando éste pudiera tener la potencia para ir a 220 Km. por hora, difícilmente se nos ocurriría llegar a ese límite dentro de la ciudad. Habrá lugares donde podremos ir rápido y otros en los que deberemos ir despacio. Así, conociendo las técnicas de la lectura dinámica, la velocidad se puede regular de acuerdo al texto que uno tenga enfrente. En algunos casos son las palabras, y su relación con el argumento, las que le dan relevancia a una obra, como por ejemplo la poesía, u otros en los que, por la complejidad de su contenido, necesiten de análisis más pausados. Pero, ¿qué porcentaje del tiempo total que le dedicamos a la lectura representan estos casos? En términos generales, a menos que nuestra actividad diaria así lo exija, la mayor parte de lo que leemos tiene como objetivo principal adquirir información, es decir, percibir y asimilar las ideas que otros pretenden transmitirnos, y es aquí donde la velocidad adquiere su importancia. Al momento de abrir un libro deberemos preguntarnos qué es lo importante en él: sus palabras o sus ideas, y allí tomar una decisión. Sólo quien no tenga opciones no podrá hacerlo. La lectura dinámica no es más que una herramienta. Dependerá de ti cómo usarla.

Pregunta.- Si yo leo a gusto con las técnicas tradicionales de palabra por palabra, ¿para qué debería aprender las de lectura dinámica?

Respuesta.- Si podemos caminar, ¿para qué se inventaron los automóviles? Si podemos sumar, ¿para qué existen las calculadoras? Si podemos hacer manualmente cada una de sus funciones, ¿para qué utilizamos las computadoras? La vida modernas, nos guste o no, exige eficiencia e, insisto, de eso se trata la lectura dinámica. Podemos seguir leyendo como cuando teníamos cinco años y nadie podrá reclamarnos algo, pero, si la vida está compuesta de tiempo, ¿no te daría lástima desperdiciarlo?

DESPEDIDA

Bien, pues he concluido. Lo que he expuesto aquí es mi percepción de la lectura en nuestro mundo, a finales del siglo veinte. Todo lo que has visto ha sido el producto de muchos años de trabajo. Debo confesarte que cuando lo vi terminado y resumido en estas pocas páginas me dio tristeza. ¿Será tan poco lo que aprendí en todo ese tiempo? No lo sé. Dependerá de ti la respuesta. Lo que me consuela, fuera de toda duda, es la certeza de un esfuerzo honesto por aportar algo positivo a nuestra sociedad, y el hecho irrefutable de que, independientemente de los resultados, en su desarrollo he vivido una extraordinaria experiencia. Gracias por permitírmelo.

Propuestas para el fomento de la lectura