Filosofía en la democracia ateniense

Sistema político. Formas de gobierno. Sistema democrático. Filósofos sofistas. Sócrates

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CONTEXTO HISTORICO

El sistema político de la democracia ateniense del siglo V a.C., constituía una de las formas de gobierno más perfectas de la Antigüedad Clásica. La ciudad de Atenas contaba en este período con instituciones como la Asamblea de ciudadanos, el Areópago y los tribunales de Justicia, siendo sus magistraturas accesibles por sorteo al conjunto de los ciudadanos.

En este sistema, la Ekklesia o Asamblea popular asumía el poder legislativo, así como las diversas materias de política exterior. El Consejo de los 500 creado por Clístenes, era un órgano complementario de la Asamblea, cuyos miembros eran elegidos entre las 10 tribus del Ática. Finalmente el Areopago formado por ex-arcontes mantenía sus prerrogativas legislativas.

La existencia de este sistema democrático, implicaba que algunos grupos sociales como los extranjeros o los esclavos se ocupaban de las actividades económicas y del mantenimiento de la población, lo que permitía que los ciudadanos pudieran atender los asuntos políticos de la ciudad.

Además de disponer de un sistema democrático, Atenas detentaba su hegemonía sobre la Liga délica, que agrupaba a diversas ciudades jonias, constituyendo de esta forma un imperio marítimo. Esta liga ático délica, fue constituida en inicio como defensa contra los persas, aunque se convirtió en un instrumento de los intereses y del imperialismo ateniense. Durante este período se declara la Guerra del Peloponeso (431-404) entre Atenas y Esparta, que contaban entre las ciudades griegas con sus respectivos aliados. Pericles, dirigirá el ejército ateniense en los primeros momentos de este conflicto, evitando un choque con el ejército espartano de tierra, de superior potencia y utilizando la flota ateniense. Este período conflictivo de lucha entre las polis griegas, acaba en el 404 con la derrota de Atenas y la disolución de la liga délica. Se iniciará en este momento la hegemonía de la ciudad de Esparta, estableciéndose oligarquías en toda Grecia con el apoyo de guarniciones espartanas. Atenas va a conocer un breve período de gobierno de la oligarquía. En el año 403 a.C. Trasíbulo va a restablecer la democracia ateniense. Se abandona la política marítima imperialista, que había caracterizado el período anterior, iniciándose un período de fomento de la agricultura y la artesanía.

Las artes y la filosofía destacarán de forma ostensible en la Atenas de este momento. Atenas se convirtió en el siglo V a.C. en el principal foco de cultura en Grecia. En el campo artístico Fidias realizará la estatuaria del Partenón y se encargará de dirigir todas los trabajos que se realizaban en aquel edificio. Este templo dórico de Palas Atenea en la Acrópolis, cuyas obras se inician poco después del año 450 a.C.,será obra de los arquitectos Ictinos y Calícrates. Dentro de la filosofía destacarán Sócrates y Platón, este último fundador de la Academia ateniense. Aparecen en este momento dentro de este ámbito los sofistas, que se proponen impartir una formación general con el fin de hacer a los jóvenes aptos para la vida pública. En este momento debemos también destacar a autores como Sófocles, Eurípides y Esquilo en el campo de la tragedia y dentro de la comedia de carácter político a Aristófanes.

LOS SOFISTAS

 

 

A diferencia de los filósofos jónicos que se pasaban sus vidas meditando para sí mismo, acerca de los enigmas del universo (cosmos), los sofistas tuvieron bases más sólidas y consistentes; reflexión sobre la sociedad y el hombre. Se pasa de una época cosmológica a una antropológica.

La palabra “sophistes” significaba maestro en sabiduría. Los sofistas empezaron a desarrollar su actividad durante la segunda mitad del siglo V. Andaban de un lugar a otro, participando en la política y cobrando por sus lecciones. Las asignaturas que impartían eran: oratoria, retórica, elocuencia y dialectal.

 

Estos sofistas se plantean la posibilidad de conocer la verdad, mas aún, la posibilidad de que exista; y en el caso de que exista, si el entendimiento humano es capaz de captarlo. Este cambio de orientación, se da por un profundo cambio en la sociedad ateniense

 

Sabían de todo (o mejor dicho de casi todo, porque conocer todo de todo es imposible) el saber: astronomía, geometría, aritmética, fonética, música, pintura. Su ciencia no buscaba la verdad sino la apariencia de saber.

Enseñaban la “areté” (virtud, pero no tenía el significado al que nosotros nos referimos; más bien se referían a “lo que es propio de”) requerida para algunas circunstancias sociales y políticas.

La primera exigencia de esa “areté” era el dominio de las palabras para ser capaz de persuadir a otros; con ella, se intentaba que los oyentes entraran en razón. A esta arte la llamaban: "conducción de almas". Platón más tarde, la definió como "captura" de almas.

Estos sofistas; no eran filósofos, pero tenían en común una actitud que sí puede llamarse filosófica: el escepticismo y relativismo. Creían que el ser humano no era capaz de conocer una verdad válida para todos; ya que cada uno tiene su propia verdad.

Los sofistas se muestran escépticos; para ellos, la verdad se encuentra en lo profundo, y no es asequible al conocimiento humano; es decir, “no hay verdad absoluta” (relativismo) y “si la hay, no es posible conocerla” (escepticismo).

El relativismo, se define como algo, cuyo valor depende de aquello con lo que se relaciona o se compara (alto/bajo, bueno/malo, etc.).

Y el escepticismo es una actitud intelectual, que decide suspender el juicio en el conocimiento, ya no hay nada seguro que conocer.

 

Sus enseñanzas poseían características comunes entre las que se pueden destacar algunas de las siguientes:

 

1) El interés por el hombre y la sociedad, en relación con la civilización y la cultura.

2) Posición relativista, tanto respecto a la posibilidad del conocimiento como respecto a las formas de organización social y política del hombre

3) Distinción entre las leyes sociales (nómos); que se consideran producto humano, y las leyes de la naturaleza (physis).

4) El interés por la retórica y la erística, en una sociedad democrática en la que el dominio de la palabra y del discurso significaba el éxito.

5) La investigación de los sofistas era guiada por la finalidad práctica, es decir: enseñar el arte de vivir y de gobernar.

 

 

La mala reputación que posteriormente adquirieron los sofistas se debió, en gran parte Platón, por las acusaciones contra los sofistas que se encontraban en algunas de sus obras; que cobraban por enseñar, que eran relativistas y que sus teorías conducían al escepticismo.

Entre los sofistas más destacados podemos encontrar a Protágoras de Abdera, Pródico de Ceos, Hipias de Elis y Gorgias de Leontini.

A esta crisis en la época sofista, el único que puede corresponder de una manera eficiente, es Sócrates.

SOCRATES Y LOS SOFISTAS

En el del siglo V a de Cristo, en un momento en que todo era sometido a las normas de la razón, era provervial la seguridad y el orgullo sofista en el poder del individuo y de su razón. El Sofista se considera un profesional, un sabio. Considera el saber como el único remedio a los peligros de la existencia y aspira, por todo ello, a convertir el azar en habilidad, a quedar por encima de los golpes de la fortuna.
Pues bien, en relación con este ambiente y con este tipo de personaje, surge la figura de Sócrates manteniendo una posición no radicalmente opuesta sino diferente. Tales diferencias no fueron siempre bien comprendidas por sus contemporaneos, como lo demuestran los testimonios de Aristófanes en las Nubes o un mismo discípulo suyo, pero sofista en sus planteamientos, como fue Critias.

DIFERENCIAS DE SOCRATES Y LOS SOFISTAS

La confusión de Sócrates como Sofista está continuamente presente en multitud de testimonios desde los mismos tiempos de las Nubes de Aristófanes. Hoy sabemos que las diferencias filosóficas entre Sócrates y los Sofistas existieron. Estas son algunas:

Los sofistas son codiciosos de dinero y se hacen pagar por sus lecciones. No hacían nada malo, por ello, y estaban dentro, como dice Protágoras, dentro del comportamiento tradicional griego. Sócrates, que no se consideró nunca un sabio, jamás pidió dinero a cambio de sus enseñanzas.

Los sofistas tienen un afán profesional por enseñar y modelar el alma de los jovenes. Sócrates siente horror ante la caza del alma: el alma, es algo que no confiaría ni a mi padre, ni mi a mi hermano ni a ninguno de mis amigos.

El sofista cultiva un arte de apariencia y es un forjador de imágenes y está dotado de una ciencia opinable y no verdadera. Sócrates que ambiciona la búsqueda de la verdad pura, sintió el vértigo de que pudiera triunfar una habilidad consistente en hacer parecer lo bueno malo y viceversa, con lo que la verdad sería una mera cuestión de utilidad, llevando a que las mismas leyes de la ciudad se hicieran cosa de conveniencia y no de justicia. Por todo ello, Sócrates busca la liberación de esta frivolidad acudiendo a la dialéctica: más vale lograr poco, pero bueno que mucho pero equivocándose.

Frente a la retorica y la oratoria de los sofistas, Sócrates aguza su dialéctica. Según Sócrates, la retórica deja la certeza reducida a mera probabilidad y subjetivismo, y éste no hace al hombre más sabio que un renacuajo.

Los sofistas mantienen una actitud práctica radicalmente distinta a la actitud teórica mantenida por Sócrates. La actitud practicista de los sofistas representaba un desdén sobre todo lo puramente teórica referido al orden humano o divino. Y es que los sofistas, según Sócrates, llenaban a la gente de dudas sobre las leyes y la religión de su ciudad. Ante tal orientación, Sócrates concentró toda su atención no en problemas de tipo práctico, sino en el intento de averigüar que es la piedad y la impiedad, lo hermoso y lo feo, lo justo y lo injusto. En este tipo de investigaciones es en donde Sócrates encuentra su originalidad. Frente al puro pragmatismo del éxito, que sostienen los sofistas, Sócrates se inclina por la estimación moral heredad pero interiorizada. Frente a la moda sofista en contra de los prejuicios heredados, Sócrates aparece como un defensor de la vieja moral. Toda su vida se mantuvo como un eterno insatisfecho, buscando el norte de la seguridad moral y de la verdad. Por ello, dejó para los sofistas el apelativo de sabios, como sinómino de aquellos que son capaces de tomar lo que a cualquiera le parece mal y consiguen hacerlo aparecer como bien, y tomó para él, el nombre de filósofo, es decir, el aficionado a la sabiduría.

Por último, para Sócrates el hombre no nace libre sino dentro de la historia y vinculado a su ciudad. Todo lo que rodea al hombre: familia, sangre, religión, etc es lo que sitúa al hombre sobre una raiz. Sócrates está muy lejos del afán disolvente del sofista que predicará que el hombre nace libre y aislado. Pues bien, Sócrates rechaza resueltamente la idea de la individualización del sujeto atómico, sin vinculaciones ni raices.