Felipe II

Historia de España. Monarquía española. Política interior y exterior. Biografía

  • Enviado por: Juanlu
  • Idioma: castellano
  • País: España España
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FELIPE II-

1.VIDA-

Felipe II nació en Valladolid en 1527 y murió en el Escorial en 1598. Fue rey de España desde 1556 hasta 1598, primogénito de Carlos V y de Isabel de Portugal. Su padre se encargó personalmente de su formación política y diplomática. A los dieciséis años, su padre le cedió los reinos hispánicos. En 1546, fue investido duque de Milán y entre 1548-1550 viajó por todo el imperio, siempre reconocido heredero del territorio borgoñés en Bruselas. Su padre le legó la soberanía sobre los países bajos (1555) y en 1556 abdicó en él la corona de España, las posesiones italianas, los Estados de la casa de Borgoña y los territorios de Ultramar. Heredó también la guerra con Francia, las luchas contra turcos y protestantes y una deuda pública de 37 millones de ducados. Contrajo matrimonio con María de Portugal (1543), que falleció al dar a luz al príncipe Carlos (1545), y posteriormente con María de Inglaterra (1554), con la que consolidó la restauración del catolicismo y la hegemonía castellana en Europa.

Felipe II venció a Enrique II de Francia en San Quintín (1557) y para celebrar esta victoria ordenó construir el monasterio de El Escorial. Tras la muerte de la reina (1558), firmó la paz de Cateau-Cambrésis. Regresó a España y, después de la muerte de Enrique II, colaboró con la reina Catalina de Médicis en la lucha contra el protestantismo. Ya rey, contrajo dos nuevas nupcias con Isabel de Valois (1560), con la que tuvo dos hijas, Isabel Clara Eugenia y Catalina, y con Ana de Austria (1568), de quien nació su sucesor Felipe III (1578-1621).

Encarnó el ideal de monarca absoluto que vincula el Estado a su persona y dispone de amplias prerrogativas, sólo teóricamente limitadas por las Cortes y por la jura de fueros. El monarca heredó de su padre el ideal de la unidad del catolicismo, que se convirtió en el eje de su política, tanto interior como exterior. Logró mantener e incluso ampliar el vasto imperio que había heredado de su padre, pero esto lo consiguió a costa de numerosas guerras que mermaron la economía del país.

Felipe II, perteneció a la dinastía de los Austrias, los cuales reinaron en España durante los siglos XVI y XVII, la época de mayor esplendor del país no sólo en lo político sino también en lo cultural. No en vano este periodo es conocido como el Siglo de Oro, ya que en él vivieron Lope de Vega y Cervantes, santa Teresa de Jesús y san Juan de la Cruz, El Greco y Velázquez, entre otros.

Los Austrias fueron reyes guerreros, que combatieron contra el protestantismo en Europa, contra Francia por el control del norte de Italia y contra Inglaterra por el dominio de los mares y del imperio colonial.

En tiempos de Carlos I y Felipe II, el imperio español alcanzó su máxima extensión, con vastos territorios en Europa, América y Asia.

-FAMILIA DE FELIPE II-

La unidad religiosa es considerada el eje vertebrador de la política institucional del reinado de Felipe II de España (1556-1598). La fotografía reproduce el conjunto escultórico del mausoleo de Felipe II, en el que aparece éste (en el centro) junto a tres de sus sucesivas esposas (María de Portugal, Isabel de Valois y Ana de Austria) y al príncipe don Carlos (Carlos de Austria), todos ellos en actitud orante; obra en bronce de Pompeo Leoni (c. 1590), que se encuentra en el monasterio de El Escorial (San Lorenzo de El Escorial, Madrid).

2. POLÍTICA INTERIOR-

De su persona, objeto de controversias, se ha destacado la capacidad de trabajo, la tendencia a la centralización del aparato estatal y la burocratización excesiva concentrada en Madrid. Fue el jefe de la más grande construcción política de la edad moderna, pero él miró siempre los problemas universales a través del prisma español y convirtió a Madrid en el centro de la política mundial.

Las continuas ausencias centroeuropeas de su padre, en sus funciones imperiales y de defensa de la unidad religiosa, le procuraron una temprana labor de regencia en la dirección de las labores gubernativas desde 1543. Las enfermedades del más poderoso monarca de la cristiandad motivaron su abdicación en Felipe, el segundo con esa titulación tras su abuelo (Felipe I el Hermoso), en 1555-1556. Así, después de viajar por Italia y los Países Bajos y tras ser reconocido como sucesor regio en los estados flamencos y por las Cortes castellanas, aragonesas y navarras, se dedicó plenamente a gobernar desde la corte madrileña con gran actividad y celo.

En el interior peninsular destacan diferentes vertientes. La monarquía personal de Felipe II se apoyaba en un gobierno por medio de consejos y de secretarios reales y en una poderosa administración centralizada. Pese a todo su poder, las bancarrotas, las dificultades hacendísticas y los problemas fiscales (entre otras actuaciones notorias creó el nuevo impuesto de Millones) fueron característicos durante todo su reinado. Su recurso al Tribunal de la Inquisición fue frecuente. Políticamente dicho tribunal fue utilizado para acabar con los conatos de protestantismo descubiertos en la Meseta castellana. Así, la unidad religiosa estaba tan presente en todos los aspectos de la vida de Felipe II que con todo rigor se valió de los autos de fe celebrados en Valladolid para afianzar la Contrarreforma católica.

El único consejo con atribuciones sobre toda la Monarquía es el Consejo de Estado, consejo superior en el organigrama político, que es propiamente el consejo del rey en cuanto soberano del conjunto de reinos y territorios integrantes de aquella, si bien nunca llegó a desempeñar una función coordinadora. Creado entre 1521 y 1526, se ocupaba de las materias de Estado y de la política internacional. El rey era su presidente, aunque no solía acudir a sus deliberaciones. Sus miembros eran aristócratas y altos eclesiásticos, la mayor parte de los cuales tenían tras de sí una dilatada trayectoria de servicios, culminada con importantes virreinatos, gobiernos territoriales o embajadas. Unos de los problemas internos que surgieron fue la “Sublevación de las Alpujarras” (1568-1571). Fracasado el intento de asimilación los moriscos granadinos se sublemaron. Proclamaron rey a Fernando de Córdoba y de Valor, quien tomó el nombre de Aben Humeya, ajusticiado por sus propios partidarios, y la de su sucesor Aben-Aboó, asesinado por traidores. Los moriscos derrotados fueron deportados a otras regiones (Castilla, Valencia) y el reino de Granada fue repoblado por españoles. “Alteraciones de Aragón” (1590). Acusado del asesinato de Juan de Escobedo (1578). Antonio Pérez fue encarcelado. Huyó a Aragón y se acogió al Privilegio de Manifestación. Felipe II hizo que la Inquisición lo detuviera. El pueblo aragonés se amotinó y lo liberó. El Rey, celoso de su poder, limitó los fueros aragoneses.

3. POLÍTICA EXTERIOR-

A la vez, los piratas berberiscos asolaban las costas mediterráneas. Aunque la expedición naval de García de Toledo consiguiera la victoria en Malta (1565), el problema morisco estaba en el interior. Los moriscos de las Alpujarras granadinas protagonizaron la principal sublevación, que no terminaría hasta que don Juan de Austria les derrotó (1569-1571).

A partir de 1568 decidió cerrar sus dominios a cualquier influencia exterior del islam y del protestantismo (prohibición de estudiar en el extranjero, censura de libros, etc.) y apoyó a la Inquisición, que actuó con plenos poderes. Las empresas exteriores contribuyeron al empobrecimiento de Castilla, cuyo comercio con América era insuficiente para las necesidades de aquellas y favorecía el contrabando inglés. Las depredaciones de los corsarios ingleses y la convicción de que, con una Inglaterra hostil, el conflicto de Flandes era irresoluble -más que las persecuciones de los católicos y la ejecución de María Estuardo- llevaron a Felipe II (que había fomentado conspiraciones contra Isabel) ha intentar, sin éxito, la invasión de la isla (armada invencible). En 1571, con la ayuda de los Estados pontifícios y de Venecia, conjuró el peligro turco tras la victoria de Lepanto. Soberano de Portugal al extinguierse la dinastía de Aviz (1580), respetó la autonomía de este reino y de su imperio colonial. En 1593 reivindicó el trono francés para su hija Isabel Clara Eugenia, y al reconocer los estados generales al rey de Navarra (Enrique IV) le declaró la guerra, aunque en 1598 se vio obligado a pactar para dedicarse al problema de los países Bajos, cuya soberanía entrego a Isabel Clara Eugenia y a su esposo Alberto de Austria.

El secretario Antonio Pérez tuvo una enorme influencia en los negocios públicos hasta su caída en 1579. Además, en 1568 moría el príncipe Carlos, que había sido arrestado debido a sus contactos con los miembros de una presunta conjura sucesoria promovida por parte de la nobleza contra Felipe II. En ambos puntos empezó a afianzarse la 'leyenda negra' antiespañola y buena parte de los problemas internos de su reinado.

Internacionalmente, para mantener y proteger su Imperio, continuamente estuvo inmerso en todos los conflictos europeos. Por esas razones, se multiplicaron las capitulaciones matrimoniales y contrajo sucesivas nupcias con María de Portugal (1543), la reina de Inglaterra (María I Tudor), la francesa Isabel de Valois y Ana de Austria (1570), madre de su sucesor Felipe III. Durante su reinado los conflictos externos se sucedieron en varios frentes. Felipe II actuaría en todos ellos teniendo presentes siempre criterios políticos y religiosos.

Heredero de la guerra contra Francia, a pesar de la Tregua de Vaucelles (1556) y nada más comenzar su reinado, ambas casas reales iniciaron su lucha por el control de Nápoles y el Milanesado. En ese contexto, el duque de Alba defendió las plazas italianas, atacando los Estados Pontificios de Pablo IV para deshacer su alianza con Enrique II de Francia. Mientras tanto, los ejércitos castellanos y fuerzas mercenarias derrotaban a las tropas francesas en su propio territorio (San Quintín y Gravelinas 1557 y 1558), origen de las negociaciones de paz del tan beneficioso para los intereses felipistas Tratado de Cateau-Cambrésis del año siguiente. No obstante, la pugna secular por el control europeo entre ambas monarquías continuó con la intervención a favor de los católicos Guisa en las guerras de Religión francesas, hasta que Enrique de Borbón abjuró del protestantismo, rubricándose en 1598 la Paz de Vervins.

Paralelamente, otro gran problema estratégico, comercial y de unidad de la fe era el peligro de la piratería, el bandidaje y las incursiones berberiscas y turcas en el Mediterráneo. Para conjurar dicha amenaza, constituyó, con Venecia, Génova y el Papado, el bloque principal de la Liga Santa contra el Imperio otomano. La flota al mando de don Juan de Austria —con Luis de Requesens y Zúñiga, Álvaro de Bazán, Colonna y Doria— obtuvo la renombrada aunque no decisiva victoria naval de Lepanto (1571).

Contra Inglaterra los resultados fueron menos afortunados, debido al control marítimo militar inglés. Muerta su esposa María Tudor, las relaciones con Isabel I se enrarecieron, hasta que chocaron sus contrapuestas políticas religiosa y económica. En su pugna permanente, apoyando a todos los enemigos castellanos, Isabel de Inglaterra acabó con los católicos reyes escoceses, mientras apoyaba la piratería en el Caribe (Francis Drake) y a los rebeldes holandeses. La conclusión militar vino determinada en 1588 por la derrota de la Armada Invencible capitaneada por el duque de Medinasidonia. A partir de entonces, el poderío naval español en el Atlántico comenzaría su declive.

Felipe II tampoco pudo solucionar el conflicto político-religioso generado en los Países Bajos. Ninguno de sus sucesivos gobernadores, desde Margarita de Parma, pudieron conseguir sus objetivos. Tras las victorias del duque de Alba hasta 1573, ejecutando a Egmont y Hornes, ni Luis de Requesens, ni don Juan de Austria, ni Alejandro Farnesio doblegaron la rebelión de los 'mendigos del Mar' calvinistas. Alternando procedimientos suaves con otros métodos muy enérgicos, no consiguieron aplacar la sublevación de los Estados Generales y la definitiva emancipación de Holanda, Zelanda y el resto de las Provincias Unidas.

En cambio, consiguió un gran triunfo político al conseguir la unidad ibérica con la anexión de Portugal y sus dominios, haciendo valer sus derechos sucesorios en 1581 en las Cortes de Tomar.

ISABEL DE PORTUGAL-

Isabel de Portugal (1503-1539), emperatriz de origen portugués, prima y esposa del emperador Carlos V (Carlos I de España). Hija de Manuel I de Portugal y de María de Aragón, su matrimonio (1526) supuso la continuación de la política matrimonial de los Reyes Católicos para alcanzar la unión de Castilla y Portugal. Pero además, para el emperador esta boda suponía un signo de hispanización necesario para ganarse el favor de sus súbditos. Su popularidad entre los castellanos se incrementó cuando un año después de su boda dio un heredero, Felipe —el futuro Felipe II—, en el que se harían realidad los deseos de unidad. Actuó como regente en las ausencias de su marido.

FELIPE I EL HERMOSO-

Felipe I el Hermoso (1478-1506), rey consorte de Castilla (1504-1506) por su matrimonio (1496) con la heredera de los Reyes Católicos, Juana I (la Loca). Hijo del emperador alemán, Maximiliano de Habsburgo, y de María de Borgoña, junto a las herencias hispánicas, transmitió a su heredero Carlos de Gante (el futuro Carlos I, como emperador Carlos V) la más vasta herencia vinculada a una Corona. La discutida locura de su esposa motivó que Isabel I nombrara regente de Castilla a Fernando el Católico (1504), hasta la mayoría de edad de Carlos, su primer nieto. El archiduque Felipe, siempre vinculado a la corte borgoñona, consiguió de su padre la titulación real. Así, Felipe I, con el apoyo de muchos nobles castellanos, desembarcó en España en abril de 1506. Sólo pudo reinar hasta septiembre, al morir súbitamente en Burgos.

ANA DE AUSTRIA-

Ana de Austria (1601-1666), reina de Francia, hija de Felipe III, rey de España, nacida en Madrid. En 1615 se casó con Luis XIII de Francia. No fue un matrimonio feliz, y desde 1620 hasta la muerte de Luis en 1643, la pareja vivió prácticamente separada. El jefe del Consejo de ministros del rey, el cardenal Richelieu, dudaba de la lealtad de Ana hacia Francia debido a su origen español. La acusó de conspirar contra el rey, pero nunca pudo demostrar su culpabilidad. Cuando Luis murió, Ana asumió la regencia de su hijo de cinco años, el rey Luis XIV, pero confió el gobierno al primer ministro, Giulio Mazarino. Juntos ostentaron la autoridad de la Corona durante las guerras civiles de la Fronda (1648-1653). En 1661, cuando Luis XIV asumió el poder, Ana se retiró a un convento. La reina Ana es el personaje central de la novela de Alejandro Dumas, Los Tres Mosqueteros.

FELIPE III-

Felipe III (1578-1621), rey de España y Portugal (1598-1621), hijo de Felipe II y Ana de Austria. Su reinado representa el paso del gobierno personalista al de valimiento (en el que una figura política, el valido, pasaba a desempeñar los principales cargos), a la vez que daba comienzo la decadencia de la hegemonía española en Europa.

Nació en Madrid el 14 de abril de 1578 y fue el último hijo sobreviviente de Felipe II. Débil y tímido por naturaleza, educado por tutores aristócratas y eclesiásticos, resultó de carácter extremadamente religioso, lo que en política supuso su identificación con la misión divina de la monarquía española. Sin la energía y dedicación propias de un monarca absoluto, su gusto por la vida cortesana se tradujo en un complicado protocolo, cuyo desmedido costo rompió con la austeridad de tiempos anteriores. En abril de 1599 contrajo matrimonio con su prima Margarita

de Austria, de la que tuvo ocho hijos.

-FELIPE III-

Durante el reinado de Felipe III comenzaron a vislumbrarse aspectos que anunciaban el inicio del ocaso de la hegemonía española en Europa, en parte por la propia impotencia de un Estado al que acuciaban los problemas económicos derivados de la creciente inflación.

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