Felicidad

Antropología social. Filosofía. Emociones. Comportamiento humano. Habilidades sociales

  • Enviado por: Pamela Arévalo
  • Idioma: castellano
  • País: Chile Chile
  • 5 páginas
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La felicidad es un tema que nos interesa y que incumbe a todo ser humano. A partir de la lectura de una encuesta contemporánea, existe la motivación para escribir este ensayo. Tal encuesta pregunta ¿Quién es más feliz? Los resultados dicen que los hombres más que las mujeres, que las personas que están casadas, las que tienen más dinero y bienes económicos y por último concluye que las personas que viven en un ambiente cálido.

¿Qué es la felicidad? , ¿Sigue siendo la felicidad un fin último en nuestros días?, ¿Hemos sabido como humanidad abordarla de la mejor manera? ¿Es la felicidad un medio de autorrealización del ser humano, desde todos los tiempos?

Para analizar, criticar y encontrar argumentos que validen las suposiciones veamos algunos argumentos histórico-antropológicos respecto del tema.

Aristóteles plantea que el hombre es un ser que busca la felicidad. Es un animal social que piensa y que habla, su capacidad de relacionarse a través del lenguaje y estar en interacción con el mismo, su cuerpo y su alma ha tenido como fin último: la felicidad. Esta es una de las primeras posturas racionalistas de lo humano.

Aristóteles dice: “el fin último del hombre es la felicidad y esa felicidad verdadera es Dios”. Plantea también que nuestras decisiones llevan a la felicidad, pero nada aspira a la felicidad como requisito para otro fin. Esta concepción del hombre y Dios, hace pensar que hasta estos tiempos el hombre quiere acercarse a lo divino como ideal de perfección, que el hombre no se ha despojado de ese ideal. Por supuesto hay miradas absolutamente contrarias en nuestros tiempos actuales en que la pérdida de fe en algo divino está arraigada en una mirada en la que se ve al hombre como ser autosuficiente y tiene tantas realidades a su alrededor y tantas posibilidades en su existencia, que lo aleja de creer que Dios es la perfección y menos la felicidad.

Desde otra perspectiva Descartes nos dice que “hasta los sabios se equivocan si no tienen el método correcto”. El duda de la percepción, de la vigilia y con su duda metódica nos hace llegar a la idea de que porque pensamos existimos “Pienso, luego existo” y con esto conceptúa “al hombre” como un sujeto, como un yo, enmarcándolo en la época moderna. Respecto de la felicidad plantea que ésta “depende de nuestra propia virtud y de la sabiduría”. En estos tiempos post-modernos pensar en la felicidad como parte de un producto de la razón y del conocimiento como único medio para acceder a la realidad nos indica que la diversidad aceptada en nuestra época hace al hombre preocuparse y ocuparse de utilizar sus inteligencias y hoy por hoy es más acertado decir que hay un conjunto de inteligencias. La inteligencia emocional ( interpersonal, intrapersonal) es más importante para la lograr la felicidad. Mientras más asertivos, empáticos con el resto y colaboradores de nuestra propia existencia podremos ser más felices.

Siguiendo con Descartes, nuestra actividad mental nos hace vernos separados del cuerpo y mirarnos hacia nosotros mismos. Yo, sujeto de mi propia historia, con la razón construyo mi vida individual y colectiva. Esto es la autonomía a partir de la razón. Y esta autonomía ¿le habrá dado felicidad al hombre?

Marx tiene otra concepción del hombre y su conciencia. “Existe un sujeto cognoscente, el hombre hace un ejercicio racional y su producto es el conocimiento científico”. Pero su aporte más importante es que introduce la praxis concreta de la vida humana. El hombre tiene un nuevo enfoque de reflexión: “el materialismo”. El hombre “es” según su capacidad de producción y de cómo actúa en estas relaciones sociales-productivas. Estas relaciones insertan al hombre en jerarquías de autoridad, en organizaciones de trabajo y en el lugar que ocupa en él. Cuenta con recursos naturales, tecnológicos y humanos para resolver las necesidades de producción. Hay una infraestructura en la que estas relaciones se dan y que lleva al hombre a actuar y a producir y está inmerso en una superestructura ideológica de la sociedad en la que se enmarcan los valores, las leyes y obligaciones. Estas organizaciones van cambiando y dependen del tipo de relaciones, de su capacidad de producir y del contexto generado por todo esto.

Marx se ha opuesto con violencia a la filosofía idealista de su tiempo: sosteniendo que la conciencia es una etapa en la evolución de la naturaleza y que su función teórica es reflejar la realidad no creada, así pues la función del trabajo es transformarla; rechaza enérgicamente la existencia de toda realidad independiente del mundo natural, meta-física, y en concreto la idea de un Dios trascendente (o inmanente) de la naturaleza. Considera además a la institución religiosa como instrumento ideológico destinado históricamente a adormecer la conciencia revolucionarias de las clases oprimidas…”

Para Marx el hecho de actuar es clave en la felicidad. Plantea que “el hombre está hecho para actuar y transformar el mundo más que filosofar de su existencia”. Esta sentencia hace sentido de que el actuar nos llevaría como ser humano a construir nuestra felicidad y no sentarnos a esperar que llegue como si fuera algo obligatorio de la existencia.

“La existencia verdaderamente humana es aquella en que la actividad productiva del hombre se desarrolla libre y espontáneamente”, según Marx. En nuestros tiempos esta concepción se adapta a que si el hombre es feliz desenvolviéndose en su trabajo sería feliz en otros aspectos de su vida.

Siguiendo con Marx, las sociedades industrializadas y capitalistas han generado un sistema de relaciones de producción en las que el trabajador es incapaz de reconocerse a sí mismo. El individuo es parte de una maquinaria en la que todo (el producto, la propiedad, los beneficios, las relaciones) es ajeno a él y lo excede. Aquí el individuo no se realiza a sí mismo, sino que realiza algo ajeno.

La enajenación es el proceso por el cual el hombre se pierde a sí mismo, y ya no se experimenta a sí mismo como un factor activo en la constitución del mundo, sino que el mundo (la naturaleza, los demás y él mismo) permanece ajeno a él. Están por encima aunque, de hecho, puedan ser objetos de su propia creación. El hombre se pierde a sí mismo, pierde producto y se enajena de su especie.

Relacionando esta mirada de Marx respecto del hombre con nuestro tema de la felicidad podemos ver que hasta nuestros días el hombre está inserto en una cultura que lleva a la enajenación. El fruto del trabajo no siempre es bien recompensado y el tiempo que destina el hombre a si mismo es cada vez menor. En un mundo globalizado se comunica a través de la tecnología que lo acerca a otros hombres y al mismo tiempo lo constituye en una máquina más. Esta frustración no nos hace más que infelices ya que se siente tal como dice Marx, que el hombre tiene cada vez menos tiempo para sí mismo y vive para trabajar.

El materialismo aleja al hombre de la felicidad al poner algo material como fin para lograrla. No es más feliz quien posee más bienes, ni más feliz quien no los posee.

Después de analizar este concepto del hombre moderno que lo une a la razón de una forma categórica y como único medio de conocimiento resulta más cómodo entender el pensamiento de Maturana. Para él “el hombre debe emocionar en vez de razonar”. Esto une más al hombre con su propia existencia y su relación con los demás y con la naturaleza, despojando a la razón de su autoritarismo. Bajo esta premisa de la emoción como lo más importante del hombre hace mucho más sentido el tan ansiado encuentro de la felicidad. Con la emoción, el lenguaje adquiere importancia desde la historia evolutiva para el hombre, se relaciona afectuosamente con otros y saca a la luz la emoción más importante que es el amor. ¿Qué más que el amor como base de la felicidad?, El amor es para Maturana el respeto hacia el otro y esta interacción entre la emoción y el lenguaje es lo que él llama conversar. El lenguaje hace posible la reflexión, la observación y la conciencia.

La autopoiesis de Maturana y Varela hace mención a que los seres vivos son organismos que se producen individualmente a sí mismos respecto del medio. Y esta adaptación al medio la realiza el lenguaje.

La razón no se elimina, sólo que desde otro punto de vista, mientras razonamos estamos emocionando y depende de nuestras relaciones y del medio la forma en que a través del lenguaje razonamos desde la emoción. Pedir a otro razonar es someter a otro a una obediencia, pero si racionalizamos el conversar y lenguajear tomando en cuenta nuestras emociones estamos comprendiendo la verdadera razón y ampliando nuestra una realidad a muchas realidades.. Entender el lenguaje y las emociones y este acto de conversar como lo que es el hombre nos hace entender dos dimensiones importantes:

La responsabilidad de saber si queremos o no nuestras acciones y de la libertad del hombre para decidir entre muchas realidades. Este pensamiento acerca al hombre a su objetivo de ser feliz, en la medida que se siente libre puede decidir sus actos con responsabilidad.

La biología del conocer: recuperar el vivir en el respeto y amor por sí mismo y que sea un medio para el bienestar fisiológico y espiritual en el hombre. Este sabio planteamiento me lleva a pensar en que podemos estar en el buen camino para encontrar la felicidad. Si respetamos a otros y a nosotros mismos estamos accediendo a una verdadera realización del ser humano, que es capaz de objetivizar entre paréntesis: esto es según Maturana la objetividad Constitutiva, que acerca al hombre a reconocerse como ser viviente con posibilidades y limitaciones cognitivas. Al reconocer nuestras limitaciones que provienen de un plano biológico, nos hacemos más observadores de lo que hacemos y aceptar muchas realidades. Al abrir nuestro espectro a muchas realidades, se abre la mente a aceptar la diversidad en este mundo que cada día crece tecnológicamente y decrece en destrucción del medioambiente. Las distintas realidades son proposiciones explicativas de nuestra experiencia humana.

Puedo concluir que la felicidad es el fruto de la emoción más importante: el amor como base para nuestro medio, para nuestro cuerpo, nuestros pensamientos y emociones. Saber aceptarse como un ser humano con limitaciones, aceptar a los otros y no vernos como ajenos al medio nos llevará a la felicidad.

Para Maturana amar es moverse en el dominio de las conductas relacionales a través de las cuales el otro surge como legítimo otro en convivencia con uno. Si el lenguaje, el conversar es lo importante del ser humano como especie, si la emoción reemplazó a la razón, podemos decir que hay que desarrollar el lenguajear en todos los aspectos de nuestra vida. Si la comunicación es lo que mueve al hombre para lograr sus metas y objetivos, en el comunicar está el pilar de nuestra felicidad. Mientras sepamos conocer en el vivir y conocer nuestro cuerpo y sepamos relacionarnos sanamente con nuestro medio vamos a llegar a un estado en el que podamos estar tranquilos y autorrealizados en el amor, estar felices.

Finalmente, quienes son más felices, los hombres o las mujeres, los casados o los solteros, los que poseen mucho dinero o los desposeídos de riqueza, tienen que ver estas variables en encontrar la tan anhelada felicidad? Las encuestas actuales dicen que son los hombres, con dinero, casados y que viven en climas cálidos los más felices. Es el mundo externo quien finalmente influye en nuestra felicidad, olvidando que en nuestra esencia están las claves para este encuentro. Si el ser humano es más feliz en pareja o sólo es otra pregunta que nunca sabremos responder. Quizás para unos sí, pero hay personas que estando solas se sienten más felices. Estarán realmente solas o el estar consigo mismo les otorga la misma felicidad?

Es por esto la importancia del respeto por sí mismo y por los demás. Si el hombre no se autorrealiza con distintas acciones en su vivir no podría alcanzar un estado de felicidad. La autorrealización es vital para la felicidad. La identidad, el sentirse alguien, que hace, que es y que sabe a qué grupo pertenece, también lo hace seguro de sí mismo. En este mundo globalizado en que las personas interactúan superando las barreras del espacio y del tiempo, es importante sentirse identificado con algo. La familia, los sentimientos, la cultura, el espacio que se ocupa en este mundo.

Que es la felicidad finalmente: una filosofía de la vida, una capacidad de adaptación al medio, la existencia como ser humano, la salud, las necesidades prioritarias, la vida en sociedad, la autorealización, el amor como fin. La felicidad al parecer son momentos dentro de la existencia humana, va y viene, no se queda para siempre ya que siempre van a haber dificultades internas o externas que enfrentar en nuestras vidas. Saber aprovechar esos momentos que la vida nos reencuentra con la felicidad ya sea mediante la razón, la introspección o el conocimiento del amor, es lo que importa. …..