Fausto; Goethe

Literatura universal del Romanticismo. Narrativa romántica alemana. Siglo XIX. Estructura. Personajes

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Prólogo

Esta obra es una de las más universales de toda la literatura, a pesar de esto su lectura es difícil, debido a su vocabulario y a la complicada estructuración de su lenguaje,y no del todo entretenida en algunos puntos. Es de difícil interpretación, pues algunas veces no sabes muy bien a que quiere referirse el autor, de todas formas es justificable por el momento histórico en que se desarrolla la vida de Goethe (1749-1832). Tendremos en cuenta que su vida transcurre cuando las ideas del romanticismo comienzan a surgir en Europa, y cuando la idea de la reunificación alemana comienza a tomar más fuerza.

Después de su lectura, quiero pensar que Goethe considera que el hombre en su esencia es siempre el mismo: el bien y el mal, y la necesidad de elegir en cada momento, en cada situación de su vida, entre estos dos aspectos.

La obra es una mezcla, que puede llegar en algunos momentos a lucha, entre su religiosidad y el atrevimiento o la osadía de su desconfianza hacia la religión.

Otro punto muy importante de la obra es el afán por saber, por lo que Fausto vende su alma al diablo, aspecto que supongo que refleja un poco la opinión del propio autor.

Introducción

Época

Alemania se encontraba en una circunstancia difícil cuando las ideas románticas comienzan a impregnar Europa. Sin embargo, en un gran esfuerzo de reunificación, Alemania consiguió hacer suyo el concepto de Romanticismo, al cual unió de manera indisoluble la idea de lo Sublime. Beethoven, Goethe, Fiedrich o Kant forman la élite intelectual cuya huella se ha vuelto indeleble en el patrimonio cultural de la Humanidad. Pero antes de esto hubo que superar la división del poder que existía en los diversos estados alemanes. Tras la decadencia imperial, los palatinados, condados, principados, etc. que constituían el territorio alemán se habían enfrentado entre sí, enarbolando las banderas católica o protestante. Las diferencias sociales y religiosas habían constituido un fortísimo freno cultural, que sólo fue superado en la Corte de Rodolfo II en Praga. Frente a la división, una corriente unitaria se extendió por todo el territorio y la teoría nacionalista cobró forma. El estudio de la historia nacional, del imperio, cuyas raíces se buscaban en la mismísima Roma, constituyó la base de la unión. La historia y el arte nacional alemanes fueron de esa forma un factor prioritario. La primera escuela de historia del arte es alemana, la primera en dividir los diferentes períodos y estilos (Renacimiento, Barroco, Neoclasicismo). Sus teóricos más importantes fueron Winckelmann, Lessing y Mengs, cuyos tratados constituyen la base actual de la historia del arte y de la estética. Todos ellos trataron de hacer científica la pintura. Koch, por ejemplo, fue un pintor que aplicó rigurosamente sus teorías e hizo del paisaje un ejemplo moral para el hombre, con puntos de vista heroicos, con temas reducidos en su presencia pero edificantes. Igual trabajaba Schinkel, ambos tomando como punto de referencia la montaña, síntesis de las virtudes: resistencia, atemporalidad, elevación, lo Sublime. Sin embargo, el pintor romántico alemán más conocido es sin duda Caspar David Friedrich. Es el suyo un Romanticismo literario, ligado a los escritos de Goethe como el de Carus, otro paisajista importante. Friedrich subjetivó al máximo la experiencia del hombre frente a la Naturaleza, usando como catalizador la trascendencia religiosa. Al igual que en muchos pintores coetáneos, en sus paisajes una figurita de espaldas al espectador sirve para introducirle en la grandiosidad de un paisaje más allá de lo real. La exacerbación de los tópicos románticos llevó a estereotipar una serie de situaciones y elementos, que han quedado como los rasgos anecdóticos por los cuales se identifica "lo romántico": la noche, la luna, las ruinas góticas, el cementerio... Lo que se olvida con frecuencia es que "lo romántico" trataba de arrancar al hombre de la inconsecuencia a la cual se veía abocado tras el fin de un sistema de vida, el Antiguo Régimen, y al adentrarse en la vorágine de la industrialización y el progreso liberal. La Edad Contemporánea se anunciaba para la burguesía que arropaba el Romanticismo, como una época insegura y alienante, que hacía desear con nostalgia la reintegración en la naturaleza y la experiencia espiritual.

El “Sturm und Drang”:

Al triunfo del racionalismo ya desafrancesado, e incluso germanizado, obtenido por Lessing y Wieland, se opuso en el último cuarto del siglo XVIII el movimiento llamado “Sturm und Drang” que representa la rebelión de la faceta sombría del genio germánico contra la inteligencia pura, y sobre todo contra su pretensión de abarcar la totalidad del ser humano en algunos conceptos e ideas más o menos claras.

En el origen de este movimiento intelectual no encontramos escritores puros sino ”teólogos en ruptura con la iglesia”, espiritus esencial y profundamente religiosos, si bien sumamente individualistas místicos y revolucionarios, por no decir anarquizantes, que rechazan dogmas y reglas, ritos y deberes racionales, que pretenden poder abandonarse a una dinámica profunda y a intuiciones creadoras. Les parece una farsa ese “mejor mundo de los posibles”, claro y ordenado, en el cual todo se explica lógicamente, en el que siempre las causas engendran sus mismos efectos y donde no hay nada oscuro y sin explicación, sino aquello que el ingenio humano no ha tenido todavía tiempo de aclarar ni de reducir a fórmulas.

Uno de los personajes más influyentes de este movimiento fue Johan Georg Hamann (1730-1785), amigo de Kant y de Herder, a través de quien influyó hondamente en Goethe. Hamann decía, con frase que indica el punto de partida de todas sus doctrinas: “Todo aquello que parece inverosímil o ridículo a la raza humana, es por el contrario certidumbre evidente, irrefutable y consoladora en opinión de un cristiano. Lo que abruma, desespera y aterroriza ala razón, nos eleva y nos fortalece en Dios”. Medio siglo después, el Danés Kierkegaard tomaría este mismo punto de partida para fundar el existencialismo cristiano.

A finales del s. XVIII, Hamann no contaba todavía con el pretil del hegelianismo que evitó que Kierkegaard cayera en un misticismo desenfrenado. Durante toda su vida fue una especie de vagabundo místico y errante. Muchas de sus obras, como la Rapsodia en prosa cabalística, Las cruzadas del filólogo y Matacrítica del purista de la razón pura, son ilegibles hoy. Este hombre era más profeta que escritor y supo mejor anunciar su obra que escribirla. Lo esencial de su pensamiento estriba en una reivindicación libertaria contar las formula limitativas y las ideas sistemáticas que frenan y coartan el ímpetu del individuo, que debe afrontar a solas su destino. Algunos poetas tradujeron estos conceptos en términos literarios: necesitaban una bandera, una consigna tras la cual pudieran agruparse, o al menos reconocerse mutuamente, ya que nunca existió la verdadera escuela del “Sturm und Drang” en el sentido estricto de la palabra. La casualidad se lo proporcionó todo a la medida de sus deseos.

Autor

Poeta, novelista, dramaturgo y científico alemán. Nació el 18 de agosto de 1749 en Francfurt del Main, hijo de un funcionario del gobierno. De 1765 a 1768 estudió Derecho en la Universidad de Leipzig; allí empezó a interesarse por la literatura y la pintura y conoció las obras dramáticas de sus contemporáneos Friedrich Gottlieb Klopstok y Gotthold Ephraim Lessing. La influencia de estos autores y su enamoramiento de la hija de un comerciante de vinos en cuya taberna solía cenar, se reflejan en su poesía más temprana y en sus primeras obras dramáticas. Entre estas obras primerizas se encuentran una comedia en verso de un acto, El capricho del enamorado (1767), y una tragedia en verso, Los cómplices (1768). Goethe enfermó en Leipzig y volvió a Francfurt, donde, durante la convalecencia, estudió filosofía ocultista, astrología y alquimia. A través de la influencia de una amiga de su madre, Katharina von Klettenberg, que era miembro del movimiento de reforma luterano conocido como pietismo, Goethe se introdujo en el misticismo religioso. De 1770 a 1771, estuvo en Estrasburgo para proseguir sus estudios de derecho; además profundizó en los estudios de música, arte, anatomía y química.
En Estrasburgo, Goethe hizo dos amistades importantes para su vida literaria. Una fue la de Friederike Brion, la hija de un pastor religioso de la ciudad de Sesenheim; más tarde le servirá de modelo para personajes femeninos de sus obras, incluyendo el de Gretchen en su drama poético Fausto. La otra amistad fue la del filósofo y crítico literario Johann Gottfried von Herder. A partir de la influencia de Herder, Goethe se hizo un escéptico sobre la validez de los preceptos del clasicismo francés que prevalecían indiscutidos en la Alemania de la época. Como resultado de esta influencia, Goethe, después de graduarse en Derecho y volver a Francfurt para ejercerlo, escribió la tragedia Götz von Berlichingen (1773). La cual tuvo enormes consecuencias en la historia literaria alemana. Junto al panfleto Sobre el estilo y el arte alemán (1773), al que contribuyeron Goethe, Herder y otros, aquel drama inauguró el importante movimiento literario alemán conocido como Sturm und Drang (tempestad y empuje), precursor del romanticismo alemán. El año siguiente, como resultado de un desdichado incidente amoroso con Charlotte Buff, prometida de uno de sus amigos, Goethe escribió la romántica y trágica historia de Las desventuras del joven Werther (1774). Esta obra fue la primera novela representativa de la literatura alemana moderna. Entre las obras de Goethe escritas entre 1772 y 1775 están los dramas Clavijo (1774) y Stella (1775) y muchos ensayos cortos sobre temas literarios y teológicos. Se prometió con Lili Schönemann, hija de un rico banquero, pero los círculos elegantes en los que ella se movía le parecieron restrictivos para su creatividad artística. Desde entonces su refugio fue la naturaleza en la que se inspirarán muchos de sus poemas líricos, como Auf dem See.
El año 1775 fue importante para Goethe y para la historia literaria alemana. Este año, Carlos Augusto, heredero del ducado de Sajonia-Weimar, invitó a Goethe a vivir y trabajar en Weimar, su capital, que entonces era uno de los centros intelectuales y literarios de Alemania. Desde 1775 y hasta su muerte, Goethe tuvo su residencia en Weimar, y desde allí su influencia como escritor se extendió por toda Alemania. Los primeros diez años de este contacto con la corte de Weimar fueron para él un período de desarrollo intelectual más que de producción literaria. A través de los contactos que allí realizó con Herder y con el escritor Christoph Martin Wieland, y a través de su amistad con Charlotte von Stein, esposa de un oficial de la corte de Weimar y mujer de gran encanto y talento, se amplió la vida intelectual de Goethe. La experiencia en la administración pública, que incluyó destinos en cargos importantes del gobierno de Weimar así como un período de consejero privado, le dio a Goethe un amplio conocimiento de los asuntos prácticos. Además continuó sus trabajos científicos, estudiando mineralogía, geología y osteología (el estudio de los huesos). Escribió poco durante los primeros diez años de su estancia en Weimar, si se exceptúan algunos magníficos poemas inspirados por Charlotte von Stein, entre los que se encuentran la lírica Canción nocturna del caminante y la balada El rey de los elfos. Comenzó la composición de algunas de sus obras más famosas, como el drama en prosa Ifigenia en Tauris (1787) y los dramas de carácter Egmont y Fausto, que luego sometería a cambios como resultado del siguiente acontecimiento importante de su vida: su visita a Italia desde 1786 hasta 1788.
Varias razones indujeron a Goethe a ir a Italia. Se había cansado de la vida en la corte de Weimar, la frustración de su relación con Charlotte von Stein, y, sobre todo, sentía la necesidad de nuevas experiencias sobre las que apoyar sus futuros escritos. Después de visitar varias ciudades en el norte de Italia, se estableció en Roma, donde, salvo para un corto viaje a Nápoles y Sicilia, permaneció hasta 1788. Estudió el arte, la arquitectura y la literatura de Grecia y Roma y aquellas obras del renacimiento en las que era más manifiesta la influencia clásica; comprendió perfectamente el espíritu clásico. Desde entonces su obra desarrolla temas universales e intemporales, expresados con mesurado sosiego aún vibrante de pasión. Los escritos de su estancia italiana y del periodo inmediatamente posterior incluyen una versión en versos yámbicos de Ifigenia en Tauris, los dramas Egmont (1788) y Torquato Tasso (1790); y un trabajo suplementario sobre Fausto, parte del cual apareció como Fragmento (1790). Estas obras llevaron a la literatura alemana la disciplina de ideas y formas que inició el así llamado período clásico.
Goethe regresó a Weimar en 1788 para enfrentarse con dificultades. Encontró oposición a sus nuevos principios literarios y se ganó la enemistad de algunos círculos de la Corte por llevarse a vivir con él a una joven, Christiane Vulpius, que en 1789 le dio un hijo. Habría podido abandonar Weimar pero le retuvieron dos razones: la dirección del Teatro Ducal, que ejerció de 1791 a 1813; y una renovada dedicación a los estudios científicos, para los que en Weimar encontraba facilidades. Previamente, en 1784, había hecho el descubrimiento, por métodos que prefiguraban la ciencia de la morfología comparativa, de que la mandíbula humana presentaba huellas de una estructura similar al hueso intermaxilar en otros mamíferos. En 1790, escribió Ensayo para explicar la metamorfosis de las plantas, que desarrollaba aún más sus ideas sobre morfología comparativa y que para algunos prefigura las ideas de Darwin sobre la evolución humana. Goethe fue el autor también de un tratado de óptica, Aportes a la óptica (2 partes, 1791 y 1792). La dedicación de Goethe al trabajo científico eclipsó durante un tiempo su interés por la literatura. Este interés se revitalizó a través de su amistad con Friedrich von Schiller, uno de los más grandes dramaturgos alemanes y una figura prominente del período clásico alemán. La relación, que duró desde 1794 hasta la muerte de Schiller en 1805, fue de la máxima importancia para Goethe; las críticas y sugerencias de Schiller le estimularon para emprender un nuevo esfuerzo creador. Las principales producciones fueron las contribuciones al periódico de Schiller, Las horas, que incluyeron Elegías romanas (1795), una serie de tiernos poemas amorosos inspirados en su relación con Christiane Vulpius; la novela Los años de aprendizaje de Wilhelm Meister (1796), que se convirtió en un modelo para toda la novela alemana posterior; y el idilio épico en verso Hermann y Dorothea (1798). Schiller animó también a Goethe para que volviera a trabajar en Fausto, cuya primera parte fue publicada en 1808.
El periodo desde 1805 hasta su muerte en Weimar, el 22 de marzo de 1832, fue para Goethe considerablemente productivo. En 1806 se casó con Christiane Vulpius. Los disturbios de la Revolución Francesa y las sucesivas campañas de las Guerras Napoleónicas no interrumpieron seriamente sus trabajos científicos y literarios. No se opuso a la guerra de liberación (1813-1815) llevada a cabo por los estados germánicos contra Napoleón, pero permaneció alejado de los esfuerzos patrióticos para unificar las distintas partes de Alemania en una sola nación; abogaba, en cambio, por el mantenimiento de pequeños principados regidos por déspotas benévolos. De sus escritos entre 1805 y 1832 los más célebres son las novelas Las afinidades electivas (1809) y Los años de formación de Wilhelm Meister (1821); un relato de su viaje por Italia, Viajes italianos (1816); Poesía y verdad, su autobiografía (4 volúmenes, 1811-1833), una colección de magníficos poemas, Diván de Oriente y Occidente (1819), que intentan el maridaje del Este y el Oeste, y la segunda parte de su poema dramático Fausto (publicado póstumamente en 1832), que fue el logro supremo de la larga vida de Goethe. Es una de las obras maestras de la literatura alemana y universal.

Análisis temático

Resumen

La obra empieza con una escena en el cielo, en la que Dios y Mefistófeles (el Diablo) hacen una apuesta, el la cual se estipula que Mefistófeles podrá sacar del buen camino al doctor Fausto, cosa que Dios no cree posible.

El doctor Fausto se encuentra pensando en su habitación, y su discípulo Wagner viene a buscarle para recordarle que pronto vendrán los días de fiesta, y le manifiesta sus intenciones de salir a socializar con la demás gente. Fausto y Wagner salen al pueblo, y luego de caminar unos momentos, Fausto se sienta en una roca, y vea a un perro negro que aparenta estar perdido, y que se le va acercando de a pocos. Al llegar el perro al lugar donde Fausto y Wagner se encontraban, Fausto se encariña con el perro, y al encontrarlo inofensivo, decide llevarlo a casa.

Al llegar a casa este perro que Fausto recogió resulta ser Mefistófeles, y hablar por un buen rato acerca de los placeres de la vida mundana, pero luego de unos momentos Mefistófeles engaña a Fausto y se va, prometiendo volver.

A su vuelta, Fausto y Mefistófeles hablan con mayor confianza, y llegan a un pacto: Fausto acepta dar su alma al diablo, si este es capas de proporcionarle los más intensos placeres de la vida mundana, y se estipula que al llegar el placer a la intensidad en la cual Fausto no pueda soportarlo y decida detenerse y vivir ese momento eternamente, podrá morir.

Salen así Fausto y Mefistófeles a su loca empresa, y acuden a buscar a una vieja bruja servidora de Mefistófeles, y le piden que le de a Fausto una pócima para que Fausto (no se aclara el efecto de la pócima en el libro, pero se entiende que es para conservar la juventud). Durante su estadía en la casa de la bruja, Fausto ve en un espejo la imagen de una mujer con la cual se impresiona bastante, a causa de su hermosura, y exige a Mefistófeles como parte de su trato que le permita conocerla.

Parten desde ahí al pueblo donde se desarrollara la mayor parte del primer fragmento de la historia, y es ahí donde Fausto vea a Margarita y le ofrece compañía, pero esta rechaza su oferta y se va profundamente consternada por la aparición de Fausto.

Fausto, profundamente enamorado, pide a Mefistófeles ayuda para conquistar a tan linda señorita, pero este le responde negativamente, y se justifica en el echo de que Margarita es una persona libre de pecado, y el no tiene ningún poder sobre ella; a cambio le ofrece ir a su habitación para poder disfrutar por un instante de su espacio.

Ya en la habitación de Margarita, Fausto envía a Mefistófeles en busca de un cofre lleno de alhajas y espectaculares joyas para regalarle a su amada, y poder así abonar el terreno para un futuro.

Se van de la habitación y llega Margarita, y al encontrar el cofre lleno de joyas queda profundamente consternada y a la ves complacida, pero se lo cuenta a su madre; y esta ve algo de impío en este extraño suceso y decide contárselo a su confesor, y este le recomienda ceder estas joyas a la iglesia, ya que de seguro algo de diabólico tenia que haber en ellas.

Este suceso no desanima a Fausto, y decide repetir la misma estrategia, pero esta vez con un cofre mucho más rico en joyas y piedras preciosas que le consiguió Mefistófeles. Margarita, sorprendida, se lo cuenta a su amiga Marta, la cual le recomienda que no se lo diga a su madre, ya que seguramente se repetirá la historia del cofre anterior. En ese momento llega Mefistófeles, y a base de engaños consigue un encuentro u poco clandestino entre El, Margarita, Fausto y Marta. En este encuentro Fausto declara amor sincero a Margarita, y esta le corresponde con el mayor sentimiento de culpa, ya que eso estaba mal visto por la sociedad de esa época. Estos encuentros se repitieron unas cuantas veces y en uno de ellos Margarita expresa a Fausto su inconformidad con Mefistófeles, ya que lo encuentra maligno y perjudicial.

Unas noches después, Fausto y Mefistófeles tienen una riña con Valentín, hermano de Margarita, y le dan muerte. Ellos huyen, pero Valentín no esta completamente muerto. Margarita sale a su auxilio, y con sus ultimas fuerzas Valentín maldice a Margarita y le augura un mal futuro.

En una catedral se encontraba Gretchen (Margarita) y es profundamente atormentada por un espíritu maligno, que la maldice y le hace ver lo pecadora que fue.

Mientras esto pasaba, Fausto Y Mefistófeles van a la noche de Walpurgis, confusa parte de la obra en la que Fausto y Mefistófeles hablan acerca de Margarita, y luego de terribles acontecimientos Fausto sale con prisa en busca de Margarita, la cual se encuentra en prisión.

Llegan a la prisión, y se encuentran con el triste hecho de que Margarita será ejecutada la mañana siguiente, y deciden partir, pero Margarita no se van con Fausto, debido a que este estaba acompañado por Mefistófeles, y esto le parecía insoportable. Se van así Fausto y Mefistófeles y dejan a Margarita a su suerte; y este es el fin de la primera parte.

Estructura

Interna

Esta obra, una de las más grandes de la literatura alemana y universal fue creada por su autor a lo largo de toda su vida. Fue escrita de manera discontinua y labor ingente para Goethe era ir ensamblando las escenas y actos para conseguir un todo armónico.

El modelo de composición es lineal: Fausto quiere más sabiduría y conocer todos los placeres de la vida y Mefistófeles, después de invocarlo aparece y se los va proporcionando.

Hay una serie de capítulos en los que Mefistófeles y fausto están en otro mundo: “Cocina de bruja” y “la noche de Walpurgis” por ejemplo.

Externa

La primera parte de la obra puede dividirse en tres parte:

-Planteamiento: la apuesta de Dios y del Diablo, la desesperación de Fausto por no conocer todas las ciencias, y la aparición de Mefistófeles.

-Nudo: Desde que Fausto vende su alma al diablo a cambio de la juventud y el saber todo, su enamoramiento de Gretchen, su cortejo, y cuando la abandona estando embarazada.

-Desenlace: tras el intermedio de la Noche de Walpurgis, cuando se entera de la condena de su amada por la muerte de su madre y su hermano, cuando intenta salvarla y su posterior abandono.

Tema

Fausto es indiscutiblemente una obra universal. Es interesante la idea que el bien y el mal viven dentro de nuestro ser, y somos nosotros quienes elegimos que camino seguir.

Al igual que muchas grandes obras, reflejan los problemas de toda una humanidad, de todos los tiempos donde los personajes y vidas se reflejan en nuestra propia realidad, en cada uno de nuestros entornos. Fausto puede demostrarnos que no somos un solo YO absoluto y completo, sino que dentro de nosotros se encuentran las virtudes y desgracias de todos los tiempos del hombre. De alguna manera se puede explicar los diferentes comportamientos, de muchos extremos y tipos dentro de nosotros.

Lo esencial de esta obra es el eterno conflicto interno de los humanos: las necesidades, los instintos, los placeres contra los deberes, la razón y la moral.
El representar todas estas características por medio de Mefistófeles o con el uso de los Ángeles se debe a que simplemente no hay nada mas simbólicamente opuesto que el bien y el mal o Dios y el Demonio.
La obra va dirigida totalmente hacia eso. Al que somos, al porque estamos aquí, que papel nos corresponde a cada uno desempeñar dentro de este Todo al que pertenecemos. Aún después de haber estudiado todas las disciplinas académicas se siente viejo y sin haber hecho ningún aporte a la humanidad. Por eso, Fausto al querer suicidarse por no encontrar ninguna respuesta al porqué de su vida entra en ese conflicto emocional, espiritual y mental en que su búsqueda lo lleva a decidir entre sus más oscuras partes y creencias y elegir que papel o que ideología adoptará en este mundo.

El hecho de haber escogido a Fausto y a Mefistófeles no quiere decir que Goethe creyera en un dios o que hubiese separado a la humanidad de esa manera (Fausto quiere mejorar y convertir a los hombres y Mefistófeles quiere sacarlos del buen camino), sino que usa estas dos figuras para mostrar la ambigüedad humana. Los seres humanos somos a veces Faustos y a veces Mefistófeles.

A lo largo de la obra, se nos muestra a un Fausto por momentos cruel, como cuando abandona a su amada embarazada, en otros valeroso y noble, como cuando intenta rescatarla.

Respecto a los elementos religiosos; con ellos Goethe incorpora un aire trágico a su obra; un Fausto a merced de unos dioses que no pueden impedirse el entablar una suerte de competencia. Fausto es escogido por el Señor para representar a la humanidad y demostrarle a Mefistófeles que el hombre siempre vuelve al camino del bien.

Supongo que mediadores como el diablo o agentes angelicales aparecen debido al contexto religioso, la leyenda del Doktor Faustus aparece a principios del siglo XVI y la publicación del Fausto de Goethe dos siglos después. La transición del medievo a la modernidad. Sólo Mefistófeles habría sido el redentor, el punto de quiebra que sacara al hombre del oscurantismo de los siglos de la iglesia.

Personajes

FAUSTO

Protagonista de diversas obras dramáticas, que ha través de varios siglos, han tratado más o menos fielmente la leyenda de un famosos embaucador alemán que vendió su alma al diablo. En el siglo XVIII, Goethe, inspirándose de nuevo en la leyenda, primeramente en el Urfaust, luego en la redacción definitiva de la primera parte del poema dramático (1808) y por último en la obra completa acabada poco antes de su muerte, crea la nueva figura del protagonista en su inquieta actividad que ilumina sin destruir.

Fausto ha estudiado todas las ciencias para calmar su ardiente afán de saber, pero todo ha sido en vano; se dedica entonces a la magia, con la esperanza de penetrar en el misterio de las cosas, pero sin mayor resultado. Trata de dedicarse al estudio del nuevo testamento pero Mefistófeles se le aparece y le tienta prometiéndola la felicidad a cambio de su alma. Concluido el pacto, Mefistófeles trata de satisfacer a Fausto mediante el placer natural llevándole a la posada de Averbach, pero no logra su intento. Le muestra entonces la efigie de Gretchen y poco después comienza a desarrollarse el admirable idilio amoroso. Fausto parece aproximarse realmente a la felicidad pura, pero el demonio despierta en el la sensualidad y el tierno idilio se desvanece; a la culpa sigue el delito. Fausto, perseguido por el remordimiento, no consigue olvidar, ni aun en la diabólica orgía de la noche de Walpurgis. El vitalismo que lleva al hombre ya a la desesperación, como Werther, ya a la rebelión, como Prometeo, tortura también a fausto como un insaciable afán de fines irrealizables, lo mismo cuando, fijo en la significación del macrocosmos, anhela inmergirse en el seno de la “naturaleza operante” para penetrarla más allá de las apariencias sensibles y captar en ella las mismas fuentes de vida.

Fausto sale desecho ( o al menos así lo parece) de la tragedia de Gretchen. Tras una trágica experiencia llena de culpas y remordimientos, no parece posible que fausto pueda reanudar su vida. Pero Fausto posee la virtud de alejarse de cuanto representa un estorbo para su ascensión, y sabe sacar de esa distanciación nuevas fuerzas para vivir una renovada existencia.

La redención de Fausto no es solo un premio a su incesante actividad, sino que se logra también gracias al amor; será precisamente Gretchen, la doliente victima de la pasión pecaminosa de Fausto, quien interceda ante la reina del cielo, para la salvación de su primer amor.

MEFISTÓFELES

Es el demonio que acompaña a fausto, para arrastrarle a la perdición después de haber propuesto al señor poner a prueba la virtud de aquel y de haber cerrado con él un pacto. La figura de Mefistófeles tiene dos aspectos: como amargo y burlón observador de lo creado personifica la pura racionalidad, aplicada únicamente a lo que existe de momento, sin ocuparse del porvenir. Mefistófeles no ama nada.

No ve el bien en nada, pero tampoco en nada ve el mal. Es el perfecto negador de todo. Este aspecto en el que se revela su cínica naturaleza, está acompañado de un aspecto positivo que es el que se caracteriza su figura. Mefistófeles, aún sin tener conciencia de ello, es también el valioso colaborador de Fausto, ya que ilusionándole con la esperanza de dominar la Naturaleza y de forzar sus leyes, así como de gozar hasta la saciedad de todos los bienes materiales, le instiga a ver claro y a descubrir la verdad. Mientras para Mefistófeles es estúpido y absurdo intentar rebasar los límites de la naturaleza humana, Fausto en su constante anhelo y en su insaciable deseo de superación, halla la razón de su victoria sobre el demonio. Este por lo tanto se manifiesta cada vez más impotente frente al espíritu del hombre: si en la primera parte del poema parecía dominar todas la situaciones, en la segunda parte lo vemos cada vez más prestarse a servir a Fausto. Así, hasta el último momento Mefistófeles se hace la ilusión de haber ganado la partida y no se da cuenta de su derrota hasta el momento en el que ve como los ángeles se llevan consigo a la parte inmortal de Fausto.

GRETCHEN

Es el personaje más sinceramente poético del Fausto. La seducción y abandono de la muchacha Susana Margarethe le proporcionaron materia y ocasión para crear el personaje de Gretchen. Esta es una figura ideal en la que las experiencias afectivas del poeta se habían mudado en nueva sangre y carne. LA representación más antigua de Gretchen, es con toda probabilidad la escena de la cárcel, que en el primer Fusto estaba escrita en una prosa propia del “Sturm und Drung” e inspirada en la shakesperiana del drama de Ofelia de Hamlet. Entre esta figura y Gretchen hay evidentes semejanzas de situación por haber alcanzado esta última el fondo del dolor y de la desgracia , ha perdido el equilibrio interno y delira por el camino de la locura. Ello deforma violentamente el presente y el pasado, modificación en la que se entrelazan con la misma e intensa vivacidad y coherencia las imaginaciones del provenir. La acción queda resuelta en el carácter y todo queda sumergido en una luz sobrenatural e inquietante que fluye del interior y6 disuelve los objetos que ilumina. Muy distinta de esta es la Gretchen de los coloquios con fausto. Y, luego, viene la Gretchen de la plegaria a la dolorosa y de la intensa escena de la catedral. En ambos episodios aquella ya no es la muchacha de pueblo, descrita según parece como típico ejemplar de la “joven alemana”; sino que se ha despojado de cualquier rasgo accidental y característico para alcanzar, mediante una extrema simplificación y con gran coherencia una grandeza sublime. La salvación de Gretchen se desprende claramente de la definitiva redacción de la escena de la cárcel.

Originalidad

Fuentes literarias o fuentes reales

Fausto es un personaje semilegendario que hizo un pacto con el diablo para alcanzar la sabiduría. Si bien el Fausto literario se identificó en un principio erróneamente con Johann Fust, su verdadero inspirador fue al parecer un tal Johann Faust, que nació en Württemberg alrededor de 1480. Fue un universitario que se ganó la vida con la enseñanza, los conjuros y la buenaventura. A medida que viajaba de ciudad en ciudad, su fama aumentaba y se extendía, y las misteriosas circunstancias de su muerte (tras jactarse de haber vendido su alma al diablo) confirmaron su notoriedad. Martín Lutero atribuyó a Faust poderes diabólicos y para muchos no fue más que un charlatán y un embaucador. Otros sostienen que gozó del mecenazgo del arzobispo de Colonia a partir de 1532, y que murió siendo un hombre respetado. En cualquier caso, durante el siglo XVI se convirtió en protagonista de cuentos populares y aventuras maravillosas publicadas en Frankfurt por el librero Johann Spiesz bajo el título de Historia de Fausten (más conocido como el Fausto de Spiesz, 1587). De este modo, el pacto de Fausto con el diablo entró para siempre en la mitología popular. En la versión de Spiesz, Fausto compra juventud, sabiduría y poderes mágicos a cambio de su alma inmortal, y el demonio se compromete a servirle durante veinticuatro años. La versión que Marlowe hace del mito de Fausto (La trágica historia del doctor Fausto hacia 1588) sigue fielmente el mito de Spiesz. En ella, Fausto pasa de orgulloso buscador del poder divino a penitente desesperado, y su arrepentimiento llega demasiado tarde para librarse del infierno. Fue sin embargo el dramaturgo y crítico alemán, Gotthold Lessing, quien exploró por primera vez la posibilidad de redimir a Fausto, en lugar de condenarlo. En el semanario Briefe, die neueste Literatur betreffend (Cartas sobre la literatura más reciente), editado por su amigo C.F. Nicolai, publica una escena de su fragmentaria obra dramática para ilustrar cómo Fausto podría salvarse si Dios reconociera su sincero afán de arrepentimiento. Esta idea sirvió de base al Fausto de Goethe (parte I, 1808; parte II, 1832), una obra de enorme repercusión que nos describe a Fausto como un filósofo racionalista dispuesto a arriesgarlo todo, incluso su alma, por ampliar el conocimiento humano, y que obtiene el perdón de Dios por la nobleza de sus intenciones.

Elaboración

Goethe quería distanciarse de la leyenda popular que condenaba a Fausto a las más terribles torturas por vender su alma al diablo a cambio del gozo y los placeres terrenales. El poeta necesitaba salvar al personaje para hacer de él un ser vivo, capaz de equivocarse. Sin embargo, la solución no habría de aparecer más que con los años, al mismo tiempo que el propio Goethe crecía espiritualmente. El cambio de perspectiva fundamental respecto a Fausto lo tuvo Goethe hacia finales de la década de los setenta, cuando su etapa de búsqueda ocultista dio paso a la científica.

Cronológicamente pueden señalarse las siguientes etapas en la elaboración de esta obra que ocupan casi toda la vida de Goethe:

1ª Leipzig, frankfurt y Estrasburgo (1765-1771). Es una etapa inicial, balbuceante.

2ª Frankfurt (1771-1775) con intensa dedicación a la obra.

3ª Weimar (1775-1786)

4ª Durante el viaje a Italia (1786-1788)

5ª De nuevo, en Weimar (1788-1794)

6ª La amistad con Schiller (1794-1808), le anima a dar los últimos toques a la primera parte de la tragedia. Se publica en 1808 bajo el título de Faust I. Una tragedia.

Siguen algunos años (1808-1834) en que goethe abandona la prosecución del Fausto, para el que tiene planeada una segunda parte, cuya escena central debía ser la dedicada a la antigüedad clásica en conjunción con la cultura germana. La obra vuelve a ocupar su atención de 1824-1827 (7ª etapa). A partir de esa fecha y, ya hasta el año de su muerte, animado ahora por su fiel secretario Eckermann, trabaja intensamente en la redacción definitiva. El día de su cumpleaños, sella solemnemente el manuscrito (1832) con la orden de no darlo a conocer hasta después de su muerte.

Conclusiones

Es una de las obras maestras de la literatura alemana y universal. No es sólo una mera reelaboración de la conocida leyenda del erudito mago medieval Johann Faust, sino una alegoría de la vida humana en todas sus ramificaciones. En el estilo y en el punto de vista, la obra refleja el impresionante alcance de la evolución de Goethe desde los días rebeldes del periodo del Sturm und Drang hasta el clasicismo y la sabiduría sosegada de su madurez. Su énfasis en el derecho y el poder del individuo para indagar libremente en todos los asuntos humanos y divinos y para descubrir su propio destino justifica su reputación universal como primera gran obra de la literatura dentro del espíritu del individualismo moderno.

El poema dramático de Fausto está dividido en dos partes. Es una obra que se va elaborando a lo largo de toda la vida del autor. En la creación intermitente de la obra va entretejiendo sus vivencias, sus reflexiones, sus estudios e investigaciones estéticas, científicas, filosóficas. Bien es verdad que también el interés mostrado por amigos y conocidos como Carlota von Stein, Schiller, Eckermann y otros le animaron a proseguir su empeño.

En cuanto a la forma es digno de tener en cuenta que Goethe se sirve libremente de toda clase de versos que ajusta a situaciones y a personajes. Si bien la segunda parte respeta la estructura clásica del drama alemán en cinco actos, la primera está formada por un solo acto, y en ambas se aleja de la numeración de las escenas, las cuales llevan un titulo especifico como “De noche”, “Cocina de bruja”, “Calle”, etc...

La estructura de la primera parte es más sencilla y, se centra sobre todo en la tragedia de Margarita, de una condensación dramática llena de dinamismo.

Fausto es una excelente imagen del hombre inquieto, con sus fortalezas y debilidades, con sus ángeles y demonios.

Bibliografía

Diccionario literario XI Personajes, 1959, Montaner y Simón S.A., Barcelona

Enciclopedia Monitor, 1968, Salvat S.A., Pamplona, 1965.

Goethe, J.W., 1988, Fausto, Aguilar S.A., Madrid, 1905.

Goethe, J.W.,1980, Fausto, Editorial Planeta, Barcelona.

Thoorens, L., 1970,Historia de la literatura universal. Italia y Alemania de la edad media a la literatura contemporánea, Daimón, Madrid.

www.artehistoria.com/genios/estilos/17.htm

www.elaleph.com/ubb/Forum12/HTML/000003.html

www.epdlp.com/goethe.html