Fanatismo y nazismo

Sociología. Creencias. Terrorismo. Intolerancia. Fe religiosa. Adolf Hitler. Minorías éticas. Judíos. Raza aria. Partido Nacionalsocialista. Neonazis

  • Enviado por: Estela
  • Idioma: castellano
  • País: España España
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1.FANATISMO

El fanatismo es el apasionamiento a favor de una creencia o partido

Fanatismo, la locura de los "sanos"

El sistema de atentados personales -promovidos por grupos patrióticos, independentistas, anarquistas- con el pretexto de una defensa a la religión, un país o en respuesta a lo que consideran un agravio personal o nacional, sólo reflejan la intransigencia e intolerancia de un grupo de psicópatas.

Al momento de escribir el presente, nadie se ha repuesto de la impresión que causaron los acontecimientos acaecidos en las ciudades de Nueva York y Washington, sucesos que son difíciles de narrar y calificar. No debería ser posible que el mundo viva ahora bajo la amenaza de grupos obsesionados, que amenazan constante y pertinazmente con la guerra.

Muchos de nosotros hemos tenido la necesidad de utilizar el transporte aéreo para viajar, ya sea por motivos de trabajo o diversión, y lo consideramos comunal para todos los habitantes del mundo, motivo determinante para que a todos nos embargue el temor.

Se tenía algunas malas experiencias respecto a la piratería aérea, pero ésta tuvo una baja significativa al suscribirse diversos acuerdos sobre ella entre casi todos los países de mundo. La motivación de los aeropiratas en los años anteriores (con sus excepciones) era obtener difusión de sus causas o para chantajear a los gobiernos y intercambiar a los pasajeros por sus compañeros en prisión, que si bien no es justificable, al menos mostraban alguna intención de respetar la vida a sus congéneres.

Contrario a lo anterior, los resultados de las acciones que se llevaron a cabo en las ciudades estadounidenses reflejan la intención, la alevosía y la ventaja de todo acto criminal, con otra agravante, tener garantizada, ¡bajo cualquier circunstancia!, la muerte de personas inocentes. ¡El objetivo era claro, asesinar el mayor número de personas!, lo cual desgraciadamente lograron.

En este lamentable episodio, ¿quiénes son los mártires?, ¿aquellos que en su fanatismo conciben, planean y realizan acciones que les llevan a perder su vida? o ¿aquellos inocentes que la pierden en esas acciones fanáticas?. Si el hombre no acepta la convivencia pacifica con sus congéneres siempre viviremos bajo la sombra de la violencia. El único camino para ello es la tolerancia, el respeto, el indispensable diálogo. No se debería, bajo pretexto de agravio y menos el de una "guerra santa", manipular la ignorancia del hombre en beneficio de un pequeño grupo de locos.

Ahora como consecuencia de la acción terrorista del martes, no es difícil avizorar la gigantesca reacción de la parte afectada; no se puede ahora establecer hasta dónde llegara y a quiénes afectará, pero es seguro que afectará, como en los actos que hoy reprobamos, a otras personas inocentes.

La violencia siempre será una acción fuera de la razón y de la ley y, en consecuencia, generará más violencia.

Es preocupante que la globalización del mundo no se haya limitado a los aspectos comerciales y económicos, sino que los conflictos de guerra -antes regionales- se trasladen ahora al ámbito mundial.

Intolerancia y fanatismo

¿Cómo describir en general la coherencia del fanático? Hoy entendemos que el fanático es un hombre obsesionado por algún pensamiento práctico, por un objetivo social que trata de hacer realidad a toda costa, concretamente a costa del respeto debido a sus conciudadanos. El fanático, para el logro de sus fines, es maquiavélico y no duda en conculcar el orden ético y el legal. El fanático no es desde luego un demócrata, porque piensa que sólo él o unos pocos como él han visto la verdad práctica y que a ellos corresponde realizarla mediante una acción violenta. En el fanático se aloja una carga de violencia potencial: está dispuesto a utilizar la violencia si fuera precisa para sus fines; violencia física (agresión), violencia psicológica (terror) y violencia intelectual (engaño), todo como medio para violentar o contrariar las voluntades de quienes se oponen a sus proyectos.

Es característica del fanático la obstinación, la enérgica y casi inconmovible persistencia en su actitud decidida. Ciertas convicciones elementales forman parte de dicha actitud y la alimentan; estas convicciones varían según los diversos grupos sociológicos de fanáticos. Pero se puede hablar de una convicción universal que ceba y sostiene cualquier fanatismo: el maquiavelismo que justifica cualquier medio en función de un fin que el fanático coloca como absoluto en sus sistema de valores. La coherencia del fanático depende de esta última convicción.

Además es típico del fanático descartar el diálogo como un elemento absolutamente inútil, porque el fanático renuncia al ideal de que su empresa y las convicciones peculiares que la guían puedan ser comprendidas y aceptadas pacíficamente por la comunidad. El fanático no cree que la inteligencia sea un patrimonio común de la humanidad en la cual deben fundarse las relaciones sociales. Por eso sus palabras no quieren ser razonables ni razonadas, sino sólo persuasivas e impulsivas: su discurso público se apoya sobre lemas y no sobre razones.

Fanatismo y fe religiosa

Según lo hasta ahora expuesto se puede colegir que en ocasiones no resulta fácil distinguir las actuaciones del creyente (el hombre fiel a Dios) y del fanático. De hecho la etimología del término fanático pertenece al campo semántico de la religiosidad helenística. Sin embargo, fe y fanatismo son actitudes radicalmente diversas. Ello se muestra con evidencia cuando se analizan sus raíces.

La fe religiosa se enraíza en la conciencia de una relación interpersonal con el Absoluto, el cual, siendo igualmente fuente de la Verdad y del Bien, suscita en el creyente un amor original por la capacidad intelectual del hombre y un hondo deseo de honestidad.

El fanatismo surge, por el contrario, de lo que cabe denominar creencia-apuesta; que no es propiamente un tipo de fe —aunque a menudo sea denominada así—. En efecto, el fanático se limita a apostar su vida entera a una opinión vehemente que él coloca en la cima de su jerarquía de valores, tomando simultáneamente la decisión de que dicha opinión sea intocable, indiscutible, cerrada a cualquier racionalización. Pero es propio de la creencia-apuesta que, como toda opinión, sea mantenida por el sujeto como algo intrínsecamente incierto; otra cosa es violentar su naturaleza y deshumanizarla, convirtiéndola en algo monstruoso. Sin embargo, muy a menudo la creencia-opinión de un individuo o de un grupo es impuesta a los demás dogmáticamente, como si fuera objeto de certeza. Hay que hacer notar que, en general, al hablar de las opiniones de alguien como de sus creencias, se está acentuando implícitamente la fuerza subjetiva de afirmación, la vehemencia de una convicción que se basa en la conformidad de lo creído con los intereses de ese sujeto y no en su probabilidad o verosimilitud objetivas. Si a veces resulta difícil conseguir que alguien se rinda a la evidencia y salga de sus creencias erróneas —de sus opiniones mal encaminadas hacia la verdad— es precisamente porque estima que esas creencias son suyas, que forman parte de su personalidad, de modo que prescindir de ellas significaría autoalienarse. Quienes así se comportan son enemigos de la genuina libertad de pensamiento y merecen el calificativo de oscurantistas, en cuanto se esfuerzan por precipitar a su comunidad en falsas certezas que carecen de fundamento.

Obsérvese que este fenómeno puede darse en personas que, sin tener fe religiosa, han adoptado determinadas opiniones o puntos de vista en materias religiosas. Pero no por ello debe calificarse este tipo de desvarío como fanatismo religioso u oscurantismo religioso, ya que no está impulsado por una actitud realmente religiosa. Sin embargo hay que reconocer que desgraciadamente los casos de este tipo de fanatismo profano en materias religiosas no son infrecuentes.

¿Es propio hablar de "fanatismo religioso"?

De lo ya expuesto cabe observar que la tolerancia, con lo que conlleva de capacidad de diálogo, es un signo privilegiado para distinguir al creyente religioso del fanático: uno busca el diálogo porque es un vehículo hacia la prudente tolerancia; el otro lo rechaza porque lo desprecia e incluso lo teme: cualquier tolerancia le resulta inconcebible e inaceptable.

Naturalmente puede haber personas que se digan creyentes y que oculten bajo las proposiciones de tema religioso que mantienen una actitud fanática e intolerante. Igualmente es posible —y no poco frecuente— que algunos escritores parezcan desconocer la figura del auténtico creyente y que en consecuencia describan sistemáticamente a los creyentes con ribetes de fanatismo más o menos hipócrita.

Las comunidades religiosas pueden albergar dentro de sí a hombres fanáticos, hombres cuya fe religiosa ha degenerado en creencia fanática. Parece importante subrayar que resulta inexacto hablar —como desgraciadamente acontece con frecuencia— de fanatismo religioso. El fanatismo sólo merece esta calificación de religioso extrínsecamente; es decir, se trata de un fanatismo que surge en el espíritu de hombres que han sido religiosos o que han estado en contacto con ideas religiosas. Pero sería un error entender esa expresión como si el fanatismo fuera consecuencia de la religiosidad. Fanatismo y religiosidad se oponen netamente entre sí, porque la esencia de la religiosidad es la sumisión y obediencia a un Dios que es la Bondad. El fanático es, por contraste, un hombre que ha elegido por sí mismo, siguiendo su propio parecer, prescindir de algunas creencias, adoptar otras e imponerlas violentamente a la sociedad; en la elección de una coherente y violenta cerrazón se ha equivocado gravemente, se ha convertido en un instrumento de maldad.

2.NAZISMO

Movimiento político y social italiano de carácter totalitario, nacionalista, antiliberal y contrario al marxismo.

Término referido a la ideología de grupos o personas cuyas actividades siguen o imitan las de Adolf Hitler y su movimiento político, el nacionalsocialismo (nazismo). En la mayor parte de las democracias liberales, sus acciones se manifiestan en la discriminación racial, en ataques contra minorías étnicas, en el apoyo al nazismo e incluso en la negación de la veracidad del Holocausto (el asesinato en masa de judíos y otros grupos a cargo de los nazis), a pesar de ser consideradas todas ellas ilegales, por lo que estos grupos permanecen ocultos o enmascarados.

Surgimiento y ascenso del nazismo

El nacionalsocialismo (o nazismo) tenía muchos puntos en común con el fascismo. No obstante, sus raíces eran típicamente alemanas: el autoritarismo y la expansión militar propios de la herencia prusiana; la tradición romántica alemana que se oponía al racionalismo, el liberalismo y la democracia; diversas doctrinas racistas según las cuales los pueblos nórdicos —los llamados arios puros— no sólo eran físicamente superiores a otras razas, sino que también lo eran su cultura y moral; así como determinadas doctrinas filosóficas, especialmente las de Friedrich Nietzsche, que idealizaban al Estado o exaltaban el culto a los individuos superiores, a los que se eximía de acatar las limitaciones convencionales.

Entre los teóricos y planificadores del nacionalsocialismo se encontraba el general Karl Ernst Haushofer, que ejerció una gran influencia en la política exterior de Alemania. Alfred Rosenberg, editor y líder del partido nazi, formuló las teorías raciales basándose en la obra del escritor angloalemán Houston Stewart Chamberlain. El financiero Hjalmar Schacht se encargó de elaborar y poner en práctica gran parte de la política económica y bancaria, y Albert Speer, arquitecto y uno de los principales dirigentes del partido, desempeñó una labor fundamental supervisando la situación económica en el periodo inmediatamente anterior a la II Guerra Mundial.

El Partido Nacionalsocialista

El NSDAP tuvo su origen en el Partido Obrero Alemán, fundado en Munich en 1919. Cuando Adolf Hitler se unió a él en ese mismo año, la agrupación contaba con unos 25 militantes, de los cuales sólo seis participaban en debates y conferencias. Hitler se convirtió en el líder de la formación poco después de afiliarse a ella. Durante el primer mitin del Partido Obrero Alemán, celebrado en Munich el 24 de febrero de 1920, Hitler leyó el programa del partido, elaborado en parte por él; constaba de 25 puntos en los que se combinaban desmesuradas demandas nacionalistas y doctrinas racistas y antisemitas; en el punto vigésimo quinto se establecía lo siguiente como condición indispensable para el cumplimiento de los objetivos previstos: “Frente a la sociedad moderna, un coloso con pies de barro, estableceremos un sistema centralizado sin precedentes, en el que todos los poderes quedarán en manos del Estado. Redactaremos una constitución jerárquica, que regirá de forma mecánica todos los movimientos de los individuos”

Actividad neonazi en Alemania

En Alemania, donde incluso la exhibición de símbolos nazis es ilegal, el Tribunal Constitucional prohibió cuatro grupos neonazis entre 1952 y 1992. El neonazi Deutsche Reichspartei (Partido Nacional Alemán) tuvo 5 diputados en el Bundestag (cámara baja del Parlamento alemán) entre 1949 y 1953, con lo que obtuvo el mejor resultado que grupos semejantes hayan logrado en las elecciones generales celebradas desde entonces. Sin embargo, una organización similar, el Nationaldemokratische Partei Deutschlands (Partido Nacional Democrático de Alemania), obtuvo escaños en algunos parlamentos estatales entre 1966 y 1972; su líder, Günter Deckert, recurrió con éxito una condena por negar el Holocausto en 1994. Ese mismo año, un encuentro entre Franz Schönhuber, máximo dirigente del Republikaner Partei (Partido Republicano) y Gerhard Frey, líder del Deutsche Volksunion (Unión del Pueblo Alemán), fue motivo de la expulsión de Schönhuber de su propio partido, que rechaza las acusaciones de ser, como el partido de Frey, neonazi. Han surgido otros grupos similares que han encontrado nuevos apoyos tras la reunificación alemana en 1990 y son sospechosos de estar involucrados en ataques contra inmigrantes turcos y otros residentes extranjeros.

Actividad neonazi en el resto de Europa

Ante el hecho de que la violencia contra inmigrantes y ciudadanos de razas no blancas se ha incrementado por toda Europa occidental en los últimos años, cabe pensar si el neonazismo ha progresado. El crecimiento del apoyo del electorado a los partidos de extrema derecha ha sido citado como prueba de ello, a pesar de que todos los partidos de esta tendencia rechazan ser neonazis; en Austria, sin embargo, Jörg Haider, líder del Partido Liberal, que obtuvo más del 22% de los votos en las elecciones parlamentarias de 1994, ha ensalzado la política laboral de Hitler y exige la limitación a la inmigración; en Bélgica, el Vlaams Blok (Bloque Flamenco), un partido enemigo de la inmigración y dirigido por Karel Dillen, ha obtenido algunos escaños en las dos cámaras parlamentarias; en Francia se ha aplicado con éxito la ley que castiga la negación de la veracidad del Holocausto contra Jean-Marie le Pen, líder del Front Nationale (Frente Nacional), que recibió el 12,5% de los votos en 1993 y que en 1997 incrementó el nivel de su presencia política al obtener distintas alcaldías en el sureste francés; en Noruega, el Fremskrittspartiet (Partido del Progreso), liderado por Carl Hagen, logró 11 escaños en el Parlamento, y su programa exigía acabar con la inmigración de población no cristiana. La ausencia de éxito electoral en otros países no implica necesariamente la inexistencia de grupos neonazis. Por ejemplo, en Gran Bretaña, donde negar el Holocausto no es ilegal, el National Front (Frente Nacional) y el British National Party (Partido Nacional Británico), ambos fundados por el autoconfeso neonazi John Tyndall, no han logrado obtener representantes en ninguna elección, pero el panfleto ¿Murieron realmente seis millones? de Richard Verrall (también conocido como Richard Harwood) que niega la existencia del Holocausto, ha vendido cientos de miles de ejemplares.

En Europa del Este, el colapso de los regímenes comunistas entre los años 1989 y 1991 ha permitido la aparición de grupos de extrema derecha. En Rusia, el Partido Liberal, cuyo máximo representante es Vladímir Zhirinovsky, que propugna el mantenimiento de las antiguas fronteras de la Unión Soviética bajo un régimen nacionalista ruso, obtuvo el 24% de los votos en las elecciones legislativas de 1993. En los parlamentos de la República Checa, Hungría, Rumania y Eslovaquia están o han estado representados partidos ultranacionalistas. La denominada `limpieza étnica' llevada a cabo en Serbia, Croacia y Bosnia-Herzegovina durante la guerra de la antigua Yugoslavia estuvo patrocinada por políticos nacionalistas. Los analistas no se han puesto de acuerdo sobre si estos grupos deben ser catalogados propiamente como neonazis o simplemente como agrupaciones de extrema derecha.

El Círculo Europeo de Amigos de Europa (CEDADE), con ramificaciones en España, Portugal, Argentina, Ecuador y otros países, es una más de las organizaciones que unen a los neonazis europeos (en este caso, admiradores de las ideas y métodos de Adolf Hitler) con los de otras partes del mundo.

Actividad neonazi fuera de Europa

En Estados Unidos son varios los grupos que defienden el nazismo; como el NSDAP-AO, con base en Nebraska, los Caballeros del Ku Klux Klan y Naciones Arias. También hay grupos similares en Australia, Nueva Zelanda y Suráfrica, donde se estableció el régimen ya desaparecido del apartheid en 1948 por políticos que habían estado encarcelados debido a su postura favorable a los nazis durante la II Guerra Mundial.

Las trágicas repercusiones del nazismo

La creación del nuevo orden permitió a los nacionalsocialistas resolver el desempleo, proporcionar un nivel de vida aceptable a los trabajadores y campesinos alemanes, enriquecer al grupo de la elite del Estado, la industria y las finanzas y crear una espectacular maquinaria de guerra. A medida que se erigía el nuevo orden en Alemania, los nazis avanzaban política y diplomáticamente en la creación de la Gran Alemania. La política exterior de Hitler representó un oscuro capítulo de la historia cuyos acontecimientos más relevantes fueron la remilitarización de Renania (1936); la formación del Eje Roma-Berlín (1936), la intervención en la Guerra Civil española (1936-1939) en apoyo de las tropas de Francisco Franco; la Anschluss (`unión') de Austria (1938); la desintegración del Estado checoslovaco, tras ocupar los Sudetes, región con numerosa población alemana (1939); la negociación de un pacto de no agresión con la Unión Soviética (el denominado Pacto Germano-soviético) que contenía un acuerdo secreto para el reparto de Polonia y, como consecuencia de esta cláusula, la invasión del territorio polaco el 1 de septiembre de 1939, acción que dio inicio a la II Guerra Mundial.

Hitler se jactaba de que el nacionalsocialismo había resuelto los problemas de la sociedad alemana y perduraría durante miles de años. El nacionalsocialismo solucionó algunos conflictos ante los que la República de Weimar se mostró impotente y transformó a la débil república en un Estado industrial y políticamente poderoso. Pero esta reconstrucción condujo a la II Guerra Mundial, el enfrentamiento bélico más cruento y destructivo de la historia de la humanidad, del que Alemania salió derrotada, dividida y empobrecida. También hay que añadir al precio de esta empresa el sufrimiento del pueblo alemán durante el gobierno de Hitler y después de su muerte. El aspecto más trágico del nacionalsocialismo fue el asesinato sistemático de 6 millones de judíos europeos.

Después de la II Guerra Mundial, siguió existiendo un pequeño movimiento neonazi en la República Federal Alemana, que adquirió cierta popularidad tras la unificación de Alemania en 1990, formado por jóvenes descontentos que han elegido como blanco de sus actos violentos a ciudadanos judíos, negros, homosexuales y de otros grupos. También han surgido organizaciones neonazis en distintos países europeos y americanos.

-BIBLIOGRAFÍAS:

Goebbels, Joseph Paul (1897- 1945), político alemán, nacido en Rheydt. Estudió en las universidades de Bonn, Berlín y Heidelberg. Se unió al Partido Nacionalsocialista (nazi) en 1922 y se encargó de la formación de los estudiantes que ingresaban en la organización. En 1925 conoció al dirigente del partido, Adolf Hitler. Goebbels fue nombrado gauleiter (jefe del partido) en la región de Berlín en 1926 y fundó el periódico oficial del nacionalsocialismo, Der Angriff (El ataque), en el que ocupó el cargo de director, en 1927. Fue elegido miembro del Reichstag, el parlamento alemán, en 1928 y un año más tarde se le nombró jefe de Propaganda del partido nazi, cargo desde el cual promovió una campaña de odio irracional a los judíos y a otros grupos "no arios", tales como los eslavos. Su labor propagandística contribuyó a incrementar el poder de Hitler en 1933. En este mismo año, Goebbels fue nombrado ministro de Propaganda e Información. Empleó todos los recursos del sistema educativo y de los medios de comunicación para cumplir los objetivos propagandísticos nazis, e inculcó en el pueblo alemán la idea de que su líder era un verdadero dios y de que el destino de este pueblo era gobernar el mundo. Pasó a ser miembro del consejo de ministros de Hitler en 1938. A finales de la II Guerra Mundial, hacia 1944, Hitler le puso al mando de la movilización general. Goebbels se suicidó el 1 de mayo de 1945, mientras las tropas rusas bombardeaban Berlín. Los diarios de Goebbels, de 1942 y 1943, fueron encontrados entre sus escritos.

Himmler, Heinrich (1900-1945), oficial alemán nazi conocido por su labor como jefe de las fuerzas de policía nazis. Se unió al Partido Nacionalsocialista en 1925, y fue su director de propaganda desde 1926 hasta 1930. En 1929, fue nombrado jefe de la Schutzstaffel (organización conocida como las SS y a cuyos miembros se denominaba Camisas negras), una fuerza militar de elite del partido; en 1934 tomó el control de la Gestapo (policía secreta). Desempeñó el cargo de jefe de todas las fuerzas policiales desde 1936 hasta 1945, y puso en práctica un programa cruel destinado a exterminar a la población judía y a todos los oponentes del régimen nazi de Adolf Hitler. Éste le nombró ministro del Interior en 1943. Himmler pasó a ser director de operaciones del frente nacional y jefe de las fuerzas armadas que actuaban dentro de las fronteras alemanas en 1944. Fue capturado por el ejército británico en 1945. Estaba pendiente de juicio acusado de ser uno de los principales criminales de guerra, al igual que otros líderes alemanes, pero no llegó a ser procesado porque se suicidó poco después de su arresto.

LÍDER SUPREMO: Hitler, Adolf (1889-1945), político alemán de origen austriaco, uno de los dictadores más poderosos del siglo XX, que transformó Alemania militarizando completamente su sociedad y llevó al país así como al resto del mundo a la II Guerra Mundial. Utilizó el antisemitismo como piedra angular de su propaganda y su política para hacer del partido nazi un movimiento de masas. La mayor parte de Europa y el norte de África estuvieron bajo su dominio durante algún tiempo. Fue el responsable de la ejecución de millones de judíos y de miembros de otros pueblos a los que consideraba seres inferiores.

El ascenso al poder

Hitler difundió su doctrina de odio racial y desprecio por la democracia en los numerosos mítines que organizó y, mientras tanto, las organizaciones paramilitares del partido aterrorizaban a sus enemigos políticos. No tardó en convertirse en una figura clave de la política de Baviera gracias a la colaboración de oficiales de alta graduación y empresarios adinerados. En noviembre de 1923, un momento de caos político y económico, encabezó una rebelión (putsch) en Munich contra la República de Weimar, en la cual se autoproclamó canciller de un nuevo régimen autoritario. No obstante, el conocido como putsch de Munich fracasó por falta de apoyo militar.

Hitler fue sentenciado a cinco años de prisión como líder del intento de golpe de Estado, y dedicó los ocho meses de condena que cumplió a redactar su autobiografía: Mein Kampf (Mi lucha). Fue liberado como consecuencia de una amnistía general en diciembre de 1924, y reconstruyó su partido sin que ninguno de los representantes del gobierno al que había intentado derrocar pretendiera impedirlo. Durante la crisis económica de 1929, muchos alemanes aceptaron su teoría que la explicaba como una conspiración de judíos y comunistas. Hitler consiguió atraer el voto de millones de ciudadanos prometiendo reconstruir una Alemania fuerte, crear más puestos de trabajo y devolver la gloria nacional. La representación del partido nazi en el Reichstag (Parlamento) pasó de 12 diputados en 1928 a 107 en 1930.

El partido continuó creciendo durante los dos años siguientes, aprovechando la situación creada por el aumento del desempleo, el temor al comunismo y la falta de decisión de los rivales políticos del Führer frente a su confianza en sí mismo. Sin embargo, cuando Hitler fue nombrado canciller en enero de 1933, los grandes empresarios esperaban poder controlarle con facilidad.

El dictador de Alemania

Pese a lo previsto por el poder económico, una vez que Hitler accedió a la jefatura del gobierno, no tardó en autoproclamarse dictador de la nación, acumulando la presidencia del Reich y de la cancillería con el título de Reichsführer. Miles de ciudadanos contrarios al partido nazi fueron enviados a campos de concentración y se eliminó cualquier asomo de oposición. Su mayoría parlamentaria le permitió aprobar una ley que transfería al partido nazi el control de la burocracia y del sistema judicial, reemplazaba los sindicatos por un Frente del Trabajo alemán dirigido también por los nazis y prohibía todos los partidos políticos excepto el Nacionalsocialista. Las autoridades nazis tomaron el control de la economía, los medios de comunicación y todas las actividades culturales haciendo depender los puestos de trabajo de la lealtad a su ideología.

Hitler contaba con su policía secreta, la Gestapo, y con las cárceles y campos de concentración para intimidar a sus oponentes, aunque la mayoría de los alemanes le apoyaban con entusiasmo. El avance de la industria armamentística acabó con el desempleo, los trabajadores se vieron atraídos por un ambicioso programa de ocio y los éxitos alcanzados en política exterior impresionaron a la nación. De este modo, Hitler consiguió moldear al pueblo alemán hasta convertirle en la herramienta flexible que necesitaba para establecer el dominio de Alemania sobre Europa y otras partes del mundo. El dictador impuso su propio y brutal código moral tras desacreditar el poder de las autoridades eclesiásticas, acusándolas de corrupción e inmoralidad. Ridiculizó el concepto de igualdad entre los seres humanos y reivindicó la superioridad racial de los alemanes. Puesto que se consideraban miembros de una raza superior, creían tener derecho a dominar a todas las naciones a las que habían sometido. La creciente e implacable persecución contra los judíos tenía como objetivo familiarizar a los alemanes con esta tarea.

Hitler, resuelto a emprender la creación de su imperio, inició el rearme de Alemania en 1935 (en contra de lo acordado en el Tratado de Versalles que había puesto fin a la I Guerra Mundial en lo referente a la derrotada Alemania), envió tropas a la región desmilitarizada de Renania en 1936, y anexionó Austria y los Sudetes en 1938. El resto del territorio checoslovaco quedó bajo control alemán en marzo de 1939. También acudió en ayuda de las tropas rebeldes de la Guerra Civil española (1936-1939), encabezadas por Francisco Franco. Ninguno de los líderes de otros países se opusieron a estas acciones, desconcertados ante la estrategia de Hitler y ante el temor de que se produjera una nueva guerra.

La II Guerra Mundial

Hitler era consciente de que cualquier otra acción podría provocar un conflicto europeo, y no vaciló en preparar a Alemania para una lucha que, a su juicio, fortalecería la moral del país. Firmó el pacto de neutralidad Germano-soviético con la promesa de que cedería a la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS) una parte del territorio de Polonia cuando esta nación fuera derrotada, para lo cual la atacó en septiembre de 1939. Los polacos fueron sometidos con rapidez y sus aliados, los británicos y los franceses, que habían declarado la guerra a Alemania, no pudieron hacer nada para ayudarles. Las fuerzas de Hitler invadieron Dinamarca y Noruega en la primavera de 1940 y, pocas semanas después, vencieron a las tropas de los Países Bajos, Bélgica y Francia. La derrota de Gran Bretaña pudo evitarse gracias a la intervención de las Fuerzas Aéreas Reales (RAF), que rechazaron a la Luftwaffe (fuerzas aéreas alemanas).

Hitler, dejándose llevar por su ambición y su odio al comunismo, volvió su atención hacia la Unión Soviética. Su primer paso fue conquistar la península Balcánica para proteger este flanco. La invasión de la URSS, que comenzó en junio de 1941, no tardó en llevar a los ejércitos alemanes a las puertas de Moscú pero los rusos les obligaron a retroceder en diciembre, precisamente cuando Estados Unidos decidió intervenir en el conflicto. Fue en ese momento cuando Hitler se dio cuenta de que la guerra estaba perdida desde el punto de vista militar, pero decidió continuar con la esperanza de que alguna nueva arma invencible o alguna maniobra política milagrosa pudiera salvar la situación.

A medida que transcurría el tiempo, la derrota se hacía más inevitable, pero Hitler continuaba negándose a capitular ante la creencia de que Alemania no merecía sobrevivir por no haber conseguido cumplir su misión. Por otro lado, el plan destinado a exterminar a los judíos seguía su marcha durante todo este periodo, y los innumerables trenes que transportaban a los millones de prisioneros a los campos de concentración representaban una lacra para el esfuerzo económico de la guerra. En julio de 1944, un grupo de oficiales organizó una conspiración para asesinar a Hitler y poner fin a la contienda, pero el plan fracasó. Finalmente, dejando tras de sí a una Alemania invadida y derrotada, Hitler se suicidó en su búnker de Berlín el 30 de abril de 1945, junto con la que había sido durante largo tiempo su compañera, Eva Braun, con la que había contraído matrimonio el día anterior.

Ribbentrop, Joachim von (1893-1946), político y diplomático alemán, que nació en Wesel y estudió en Francia e Inglaterra. Sirvió en el Ejército alemán durante la I Guerra Mundial, y más tarde, acumuló una gran fortuna como representante de vinos. En 1934 se unió al Partido Nacionalsocialista de Hitler. Fue nombrado embajador en Gran Bretaña (1936-1938) y ministro de Asuntos Exteriores (1938-1945). Ribbentrop negoció el sistema de alianzas entre Alemania, Italia y Japón (conocido como el Eje Roma-Berlín-Tokio) así como el pacto de no agresión germano-soviético de 1939. También colaboró en la elaboración y ejecución del programa de expansión alemán, que llevó a la anexión de Austria y Checoslovaquia, y culminó en la II Guerra Mundial. En junio de 1945, tras la derrota y rendición de los ejércitos alemanes, fue detenido por tropas británicas y juzgado en Nuremberg, junto con otros líderes nacionalsocialistas. Fue condenado en 1946 por incitar a la guerra, llevar a cabo crímenes de guerra y cometer delitos contra la humanidad; posteriormente fue ahorcado.