Familia e Iglesia

Teología. Matrimonio: efectos y fines. Relaciones modernas. Problemas. Separación. Transformaciones demográficas. Modelos familiares. Reproducción

  • Enviado por: Susana Rodríguez Lomba
  • Idioma: castellano
  • País: República Dominicana República Dominicana
  • 24 páginas

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- Contenido -

  • ..... Introducción

  • ..... La Iniciación de una Nueva Familia

  • ..... Propiedades del Matrimonio

  • Efectos del Matrimonio

    Fines del Matrimonio

  • ..... Intolerancia ante los Problemas y Separación Conyugal

  • ..... La Familia Moderna

  • Características

  • ..... Cambios en la Familia Actual

  • ..... Luces y Sombras de la Familia Actual

  • ..... Las Transformaciones Demográficas, Sociales y Familiares en la segunda mitad del siglo XX

  • ..... Las Familias Monoparentales

  • Otros Modelos de Familia

  • ..... Las Nuevas Tecnologías de Reproducción

  • y las Nuevas Familias

  • ..... Conclusión

  • ..... Bibliografía

  • - Introducción -

    La crisis y dificultades que se ven a través de la sociedad de nuestro país, no se terminan en estructuras políticas y económicas, sino que es algo mucho más complejo y llega hasta el núcleo primario de la sociedad: la familia.

    La etapa inicial en la formación de toda persona se produce en el hogar, en el seno de la familia. Los valores se reciben por primera vez en la infancia; se sigue el ejemplo de los padres y los hábitos que luego conformarán la conducta y afianzarán la personalidad. Este período inicial de la vida determina el camino del posterior comportamiento moral; donde tendremos, o no, las nociones del bien y del mal.

    Más tarde, en la convivencia con los diversos ambientes en los que nos interrelacionemos como la escuela, los amigos, la universidad, el trabajo, etc.; irán moldeando las actitudes individuales de cada persona.

    Pero ante todo, lo realmente importante es la inevitable y grandiosa tarea que tendrán los padres de formar a sus hijos con todo el soporte de valores y principios cristianos que a su vez legarán a las generaciones del mañana.

    - La Iniciación de una Nueva Familia -

    Como todas las cosas, la familia tiene una iniciación. Ella es el matrimonio, es decir es el Sacramento en que Jesús santifica la unión del hombre y de la mujer; les da gracias para que se amen como esposos cristianos.

    Es crucial, al emprender este camino, tener en claro cuáles son los ideales y sueños personales de la pareja. Pero fundamentalmente establecer y detallar sinceramente los propios, algo que no todas las personas que llegan al matrimonio tienen muy en claro; a veces por la considerable juventud, o por no quedar solos luego de haber pasado los 30 años; a veces por desidia, para escapar de alguna problemática familiar, o por interés económico.

    Lo importante es que sea por mantener, y sobre todo, engrandecer el verdadero amor. El amor “servicial”, el que se empeña constante y perseverante a buscar el bien del otro y hacerle la vida agradable. Con la acción de este amor “servicial” se pueden sembrar buenos sentimientos y realizar proyectos familiares.

    Por supuesto, con desear algo no basta para poder lograrlo. Pero habremos dado un gran paso si tratamos de mejorar como personas, respecto a nuestras relaciones, y por sobre todo, tratar de llegar a esas metas y/o planes conjuntos, con buenos y honestos sentimientos.

    • Mantener la comunicación de los cónyuges es esencial, compartir problemas y alegrías, sin hipocresías ni envidias.

    • Respetar al otro, cuidando los gestos, el tono y las palabras; evitar la indiferencia o las críticas. Expresar las cosas claramente, con espontaneidad y sencillez, pero cuidando no herir sentimientos.

    • Interesarnos, más que por sus ocupaciones, por como se ha sentido durante el día en el desempeño de las mismas.

    • El cuidado lógico del aspecto físico, en cosas tan simples como la higiene personal, sin llegar a querer ser “modelos” o “atletas”.

    • Compartir algún gusto en común: los viajes, un deporte; el arte; etc.

    • Agradecer al cónyuge las cosas que hace por nosotros; y no esperar que el otro, siempre y por cada simple cosa que hagamos, se sienta abrumado de reconocerlo permanentemente.

    - Propiedades del Matrimonio -

  • Unidad: Significa unión de un hombre con una mujer.

  • Indisolubilidad: Significa que este matrimonio no puede romperse jamás.

  • - Por bien de los hijos porque necesitan el cuidado y cariño de sus padres.

    - Por bien y seguridad de los esposos que al aparecer el divorcio en la sociedad, ante la menor dificultad, hay posibilidad de que cualquiera de los dos busque otra pareja.

    - Por el bien de toda la sociedad humana, ya que esta compuesta de familias, que mientras más estables estén es mejor para la sociedad.

    - Efectos del Matrimonio -

    a) El vínculo exclusivo e indisoluble uniendo a la pareja, de manera que el hombre no pueda separarlos.

    b) Los plenos derechos conyugales para procrear hijos.

    c) Aumento de gracia santificante por ser el matrimonio un sacramento.

    d) La gracia sacramental porque la pareja recibe gracias para cumplir los fines y propiedades del matrimonio.

    - Fines del Matrimonio -

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    Las más importantes son:

    a) El aborto provocado, es el asesinato de un niño formándose en el seno de su madre.

    b) La anticoncepción consiste en impedir, no naturalmente, procrear una nueva vida.

    c) El derecho de los padres a la educación de sus hijos se ve limitado debido a la intervención del Estado en la educación, y hay veces en que los padres no pueden decidir la educación que quieren para sus hijos y deben enviar a sus hijos a colegios del Estado donde con frecuencia reciben educación antireligiosa.

    - La Intolerancia ante los Problemas y la Separación Conyugal -

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    La separación ha aparecido en las últimas décadas como un fenómeno nuevo, y lo es, pero sólo para la clase media. En los sectores bajos y altos ha sido algo más común, por causas y con consecuencias similares; pero por supuesto, con desarrollos intermedios muy diferentes.

    Los motivos de las separaciones pueden ser muy diversos: violencia familiar; alcoholismo; extrema pobreza; la irresponsabilidad al formar la pareja; la infidelidad; la vagancia; adicción al juego; la falta real de trabajo que desata la desesperación e impotencia por no poder brindar a la familia lo mínimo necesario; abuso de los menores, etc.

    En este primer caso los hijos generalmente quedaban viviendo con la madre y alguna nueva pareja; y eventualmente junto a los hijos que éstos tuvieran. Padres y padrastros, madres y madrastras no se disputaban, por lo regular, ni el afecto por los chicos ni la autoridad sobre éstos. La flexibilidad de los pobres impidió que este modo de convivencia se transformara en un problema. Por familiares directos, de allegados indirectos, o por amigos, esto se tolera como algo no tan inusual y se disimulan sus efectos.

    En la llamada clase alta, generalmente se daban uniones matrimoniales legales y religiosas, con mucha importancia hacia lo externo, pero con poca preocupación por lo interno.

    En este segundo caso, exceptuando la extrema pobreza, y la falta de trabajo, el resto de los motivos son bastantes parecidos; pero debemos agregar algunos otros que no se dan en el primer ejemplo. El desmedido interés por el trabajo y las cosas materiales que éste puede satisfacer, y que resta un tiempo importantísimo en desmedro de la unión familiar; la excusa de no poder resistir a las tentaciones; las uniones por interés que resultan poco tiempo después en “desuniones afectivas”; el mantenimiento de las apariencias de amor y comprensión pero que en la realidad se revelan muy distintas, y donde “cada uno hace la suya”; etc.

    En este segundo caso, los hijos generalmente quedaban viviendo con la madre y alguna nueva pareja; y eventualmente junto a los hijos que éstos tuvieran. Padres y padrastros, madres y madrastras no se disputan, por lo regular, ni el afecto por los chicos ni la autoridad sobre éstos, excepto que alguno de los separados no cumpla con el pacto de “libertad x dinero”, “poder x libertad”, etc. y se disimulan sus efectos. La hipocresía de los demasiado ricos, impidió que este modo de convivencia se transformara en un problema. Por familiares directos, de allegados indirectos, o por amigos, esto se tolera como algo no tan inusual.

    Como vemos lo realmente nuevo se encuentra en estos tiempos más recientes, en la cada vez menos extensa clase media. Esta popularización ha hecho que aparecieran conflictos diferentes.

    Los cónyuges con problemas se encuentran -generalmente- en pie de igualdad: si la mamá es profesional o ha conseguido un trabajo, y si el papá ha logrado mantener su empleo o negocio ante las oscilaciones de la cada vez más magra economía.

    Los motivos de las separaciones también son comparables a los casos anteriores pero las consecuencias son diferentes. Ambos cónyuges, provienen originariamente de dos familias distintas (en lo geográfico), pero han sido conformados con valores y principios análogos (en lo afectivo y ambiental).

    Como tienen gran cariño por sus hijos, por que han sido criados y educados de esa manera en unión y amor, no quieren desentenderse de ellos. Y como tienen poco para repartir, y tampoco les interesa mucho esta instancia, no hacen pactos. Directamente pasan al enfrentamiento por el cariño de sus vástagos, lo que puede llegar a verdaderas “batallas campales” donde el “tesoro” a repartir son los hijos.

    Y aquí llegamos al nudo de la cuestión: los niños y jóvenes, en los tres ejemplos dados son los más perjudicados, porque por indiferencia e ignorancia, por conveniencia o desapego afectivo o por amor mal entendido y ejercido, son los que pagan las consecuencias de las irresponsabilidades de sus padres.

    Esto se traduce en muchos problemas irresueltos, con consecuencias nefastas para el posterior desarrollo de los niños. Que en su edad juvenil podrán buscar las carencias en las adicciones; y que en la edad adulta podrán manifestar sus carencias con un gran temor por el compromiso verdadero, negando sus buenos sentimientos o repitiendo sus propias historias de soledad, irresponsabilidad y desapego.

    A veces la más pequeña intolerancia, hace que una pareja se distancie. Otros matrimonios a pesar de grandes esfuerzos por una buena convivencia, de su creencia religiosa o su fuerte formación moral, por razones graves y de fuerza mayor, pueden que desemboquen también en una separación.

    Pero lo importante es que el hijo comprenda que ninguno de sus padres, va a dejar de serlo por que ya no vivan juntos en la misma casa. Que va a seguir siendo el amado hijo del mismo matrimonio, con todas las responsabilidades afectivas, espirituales y económicas que ello implica. Que sus padres van a seguir estando a su lado para componer por su intermedio, aunque más no sea a la distancia, esa pareja que en algún momento de su vida pensaron que sería indestructible.

    Lo importante, es que aunque se llegue a la instancia de una separación, ésta sea lo menos conflictiva posible, y que el hijo no tenga que llenar ningún vacío dejado por el otro cónyuge. Que pueda ocupar sin culpas su lugar de hijo, sin el compromiso de tener que quedar a cargo de terceros, sean abuelos o hermanos mayores, ni tenga que hacerse responsable por otros hermanos menores. Esta responsabilidad sólo es inherente a los padres, por lo cual, es esencial que tengan una buena relación entre ellos. Y que vuelquen en su hijo: amor, flexibilidad, comprensión y tiempo, tan importantes para su desarrollo y dignidad, presentes y futuros.

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    - La Familia Moderna -

    - Características -

    En cuanto a las relaciones conyugales, se espera que la familia actual se fundamente en el matrimonio, y éste, a su vez, no tiene otra motivación que el amor. Por su parte, el noviazgo tiende a ser corto e informal; así como la edad del matrimonio se da por igual temprana o tardía. Aunque se tienda a la unión disoluble, se espera que la base del matrimonio sea el afecto.

    Las relaciones padres-hijos también han sufrido alteración. Los hijos en la familia moderna son la expresión de la pareja, no ayuda económica, como en la familia tradicional. Se desea un número reducido de hijos. La función socializadora de la familia ha decaído en favor de otras instituciones sociales, como la escuela, el ocio. Se acentúa la debilidad de la figura del padre, decreciendo el tradicional autoritarismo de los progenitores, tal vez sustituido por una combinación del sobreproteccionismo y permisividad. Se da menos conflictividad en las relaciones padres-hijos, debido tal vez, al silencio y una resignada tolerancia.

    También el entorno social de la familia moderna presenta una nueva cara. Los jóvenes hoy son más conservadores que en los años sesenta; en los jóvenes europeos, en frase de algunos sociólogos, se dan más los valores postmaterialistas.

    Según una macroencuesta sociodemográfica del INE, la estructura de la familia española, presenta estas características: el 86% de hogares está formado por dos o más miembros, resultando el tamaño medio de 3,28 personas por hogar. El 40% de varones y el 35% de mujeres mayores de 10 años viven con los padres. El 69% de los mayores de 70 años vive rotativamente con los hijos o en residencias. El 68% mayores de 15 años han establecido una o más uniones en su vida; y hoy el 59% de las mujeres se han dedicado a las tareas domésticas como tarea principal en algún momento de la vida.

    - Cambios en la Familia Actual -

    Dentro de los procesos de la industrialización y urbanización, la familia ha dejado de ser un centro de producción, por lo que sus miembros no pueden permanecer juntos colaborando en la producción doméstica. Por lo tanto, la familia extensa y numerosa resulta menos funcional que en la época preindustrial o preurbana. La misma estructura ha sufrido cambios, y así se explica la disminución o pérdida de autoridad de la cabeza de familia al no ser ya el gerente de la actividad económica.

    La familia contemporánea es predominantemente terciaria o cuaternaria, debido al cambio de actividad laboral, por lo que se da una movilidad social acentuada, y predominan las actividades mentales sobre las manuales, que exigen a los ciudadanos un mayor nivel cultural. Así, la familia moderna presiente que el estatus social de sus miembros ya no lo reciben de ella, sino que depende de la preparación profesional; esto va a suponer un considerable aumento del coste de la educación de sus miembros; lo cual con lleva la reducción de su número.

    También se está dando un cambio de estructuras y funciones. Así, es patente que las funciones institucionales de la familia han desaparecido, dando paso a las funciones personales, y de éstas participan ya no como miembros de la familia, sino como miembros de la sociedad. Además, la familia como institución, en la que el comportamiento de sus miembros estaba sometido al control riguroso de las costumbres, de la opinión, de la ley, está dando paso a la familia cuyas relaciones se fundamentan exclusivamente en el compañerismo y en el mutuo afecto.

    Añadimos que el trabajo profesional de la mujer en las zonas industriales y urbanas constituye el factor estructural de la promoción de la mujer moderna. No se trata del trabajo sin más, sino de la ocupación profesional de la mujer fuera del hogar y del ámbito doméstico.

    Todo lo cual nos lleva a la conclusión de que la familia moderna se define por su inestabilidad estructural. En efecto, la familia actual, prácticamente, se ha quedado sólo con la función conyugal; entonces, al basarse sólo en estas funciones personales, sin el apoyo de las instituciones, la familia moderna está expuesta a una mayor inestabilidad, incluso, a la aceptación de la posible ruptura de todo lazo por parte de la pareja.

    - Luces y Sombras de la Familia Actual -

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    a la promoción de la dignidad de la mujer, a la procreación responsable, a la educación de los hijos; se tiene además conciencia de la necesidad de desarrollar relaciones entre las familias, en orden a una ayuda recíproca espiritual y material, al conocimiento de la misión eclesial propia de la familia, a su responsabilidad en la construcción de una sociedad más justa.

    Por otra parte no faltan, sin embargo, signos de preocupante degradación de algunos valores fundamentales: una equivocada concepción teórica y práctica de la independencia de los cónyuges entre sí; las graves ambigüedades acerca de la relación de autoridad entre padres e hijos; las dificultades concretas que con frecuencia experimenta la familia en la transmisión de los valores; el número cada vez mayor de divorcios, la plaga del aborto, el recurso cada vez más frecuente a la esterilización, la instauración de una verdadera y propia mentalidad anticoncepcional.

    En la base de estos fenómenos negativos está muchas veces una corrupción de la idea y de la experiencia de la libertad, concebida no como la capacidad de realizar la verdad del proyecto de Dios sobre el matrimonio y la familia, sino como una fuerza autónoma de autoafirmación, no raramente contra los demás, en orden al propio bienestar egoísta.

    Merece también nuestra atención el hecho de que en los países del llamado Tercer Mundo a las familias les faltan muchas veces bien sea los medios fundamentales para la supervivencia como son el alimento, el trabajo, la vivienda, las medicinas, bien sea las libertades más elementales. En cambio, en los países más ricos, el excesivo bienestar y la mentalidad consumística, paradójicamente unida a una cierta angustia e incertidumbre ante el futuro, quitan a los esposos la generosidad y la valentía para suscitar nuevas vidas humanas; y así la vida en muchas ocasiones no se ve ya como una bendición, sino como un peligro del que hay que defenderse.

    La situación histórica en que vive la familia se presenta pues como un conjunto de luces y sombras. Esto revela que la historia no es simplemente un progreso necesario hacia lo mejor, sino más bien un acontecimiento de libertad, más aún, un combate entre libertades que se oponen entre sí, es decir, según la conocida expresión de san Agustín, un conflicto entre dos amores: el amor de Dios llevado hasta el desprecio de sí, y el amor de sí mismo llevado hasta el desprecio de Dios.

    (Juan Pablo II, Familiaris consortio 6)

    - Las Transformaciones Demográficas, Sociales y Familiares en la

    segunda mitad del siglo XX.-

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    matrimonio, índices muy bajos de divorcio e índices de natalidad elevada, que se traducían en un número alto de familias muy numerosas y estables. En las décadas siguientes se ha producido un fenómeno muy acentuado de descenso de la nupcialidad, de incremento de la edad media para contraer matrimonio, del número de convivencias y concepciones extramatrimoniales, así como de divorcios, y una disminución muy pronunciada del índice de natalidad. Ello se ha traducido en una proporción mucho menor que en décadas anteriores de familias estables y numerosas.

    La influencia de los fenómenos y condiciones económicas se ha revelado importantísima en la configuración de los nuevos modelos familiares. La reducción del número de hijos se ha visto favorecida, además de por las razones anteriores, por:

    • La difusión de medios de contracepción.

    • La tendencia general a la legalización del aborto.

    • El proceso de incorporación de la mujer al mundo del trabajo (con las consiguientes limitaciones para su maternidad).

    • La dificultad de acceso a una nueva vivienda susceptible de ser convertida en vivienda familiar.

    • La influencia de crisis económicas cíclicas o puntuales.

    Sin embargo, han operado también estímulos favorables (y, en general, poco efectivos) orientados a la elevación de la tasa de natalidad y al crecimiento de las familias, como son:

    • Los subsidios y ayudas estatales. Su mayor cuantía en los países del norte de Europa ha podido influir, por ejemplo, en el mayor índice de natalidad de aquel área en relación con los países del sur.

    • El apoyo de la segunda generación de ascendientes, es decir, de los abuelos y abuelas, en la crianza de los nietos. La generalización de las pensiones de jubilación a edades cada vez más tempranas ha conformado, de hecho, una tipología de familias en que la crianza de los niños recae en buena medida sobre los abuelos, en tanta o en mayor medida que sobre los padres.

    - Las Familias Monoparentales Modernas -

    Otro cambio muy significativo e importante ha sido, sin duda, el del enorme incremento del número de las familias monoparentales, que son aquellas en que sólo el padre o bien la madre atiende y cría de forma estable a los hijos.

    Mientras que, en la década de 1960, únicamente el 9% de las familias estadounidenses eran monoparentales, la proporción se elevó hasta el 24% en la década de 1980. Este incremento ha sido consecuencia de la elevación de los índices de separaciones y divorcios, de nacimientos fuera del matrimonio, de viudez, de adopción de hijos no biológicos por parte de personas solteras, y de movilidad demográfica por causas laborales, de estudios, etc.

    Hoy en día, se puede decir que en las sociedades modernas coexiste el modelo conyugal-matrimonial tradicional con modelos familiares que antes eran excepcionales o inexistentes, como los monoparentales.

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    Pueden distinguirse tres modalidades de familias de hecho: la de las parejas juveniles con cohabitación prematrimonial; la de las uniones estables no casadas sin hijos; y la de las uniones estables no casadas con hijos.

    • Las familias mixtas.

    Son aquéllas en que el padre o la madre, tras divorciarse o enviudar, vuelven a contraer matrimonio o a unirse a otra persona, con lo cual forman un nuevo grupo doméstico al que aportan sus hijos.

    Dentro de esta tipología caben numerosas variantes: que la nueva unidad familiar acoja como hermanastros a los hijos anteriores de ambos cónyuges; que dentro de esa unión vuelvan a nacer hijos, hermanastros de los hijos de las relaciones anteriores; que los hijos vivan establemente sólo con uno, o que vivan alternativamente en las residencias de sus padres separados, etc.

    La variabilidad de estas vinculaciones explica que las terminologías modernas del parentesco no hayan desarrollados términos de denominación específica para estas nuevas formas de relación.

    • Las familias homosexuales.

    Son aquéllas formadas por dos personas del mismo género, masculino o femenino. En ocasiones, pueden vivir con hijos nacidos de alguna relación heterosexual anterior de alguno de ellos, o bien con niños adoptados.

    • Las familias transexuales.

    Son aquéllas en que uno o ambos miembros principales se han sometido a operaciones de cambio de sexo.

    • Las familias no emparentadas.

    Son aquéllas formadas por dos o más personas que no tienen entre sí ningún lazo de parentesco por filiación ni por afinidad o alianza, que no mantienen entre sí relaciones sexuales, y que cohabitan por razones fundamentalmente económicas.

    En la actualidad, están desarrollándose intensamente los grupos domésticos formados por personas ancianas necesitadas de compañía y de cuidados y por jóvenes que satisfacen estas necesidades a cambio de vivienda y mantenimiento. Afinidades políticas, religiosas, etc., pueden impulsar también frecuentemente la formación de familias de este tipo.

    • Las familias "separadas".

    Son aquéllas en que los miembros se ven obligados a habitar de forma más o menos estable fuera de la residencia familiar (por razones de trabajo, de estudios, etc.), sin que ello llegue a debilitar los lazos afectivos y sociales de la familia.

    - Las Nuevas Tecnologías de Reproducción y

    las Nuevas Familias -

    El desarrollo, en las décadas finales del siglo XX, de nuevas técnicas de reproducción asistida, como la inseminación artificial del padre o de un donante de semen anónimo, la fecundación in vitro, la maternidad de sustitución (con madre artificial o con útero subrogado), la maternidad de alquiler, etc., está obligando a replantear tanto la dimensión biológica como las dimensiones sociocultural, ética, legal y técnica de las estructuras familiares.

    Efectivamente, a lo largo de todo el período histórico anterior, era necesario el concurso de dos sexos diferentes para la procreación y la construcción de una familia, era imposible invertir el orden de las generaciones causantes y resultantes de aquella estructura, y existía un orden claro de sucesión de nacimientos dentro de una misma generación.

    A partir del desarrollo de las nuevas tecnologías de reproducción asistida creadas en las décadas finales del siglo XX, ha sido posible conseguir que la procreación se realizase sin acto sexual; o que se pudiese alterar el orden de las generaciones conformadoras de una familia, porque la congelación de embriones permite que nazcan simultáneamente personas pertenecientes a generaciones distintas, o que nazcan dos hermanos gemelos en generaciones diferentes. También puede alterarse el orden de sucesiones, porque se puede conseguir que nazcan hermanos no gemelos de forma simultánea. Además, es posible que un niño nazca del óvulo fecundado de su abuela o de cualquier otra mujer, o bien del semen de cualquier hombre diferente de su padre legal y sociocultural. Y se puede, además, elegir previamente su sexo e incluso sus características físicas y raciales.

    Por otro lado, en la actualidad crece cada vez más la controversia acerca de las nuevas técnicas de clonación y de replicación en laboratorio de seres vivos, y se evalúan las repercusiones que podrían tener en caso de aplicación a la especie humana.

    El desarrollo de estas nuevas técnicas de reproducción está planteando cuestiones éticas, psicológicas, sociales y culturales inéditas en la historia de la humanidad. El anonimato de los donantes de semen o de óvulos y los efectos psicológicos de estos hechos sobre sus hijos, el presunto privilegio de los derechos de los donantes masculinos en perjuicio de los de las receptoras femeninas, y muchas otras cuestiones están contribuyendo a transformar aceleradamente la concepción de la familia tradicional.

    Sin embargo, y pese a todos los continuos cambios y reajustes biológicos y socioculturales que están afectando a la identidad y modos de participación de sus eventuales miembros, lo cierto es que las funciones y la importancia básica de la familia nuclear siguen prácticamente inalteradas hasta el día de hoy.

    • Conclusión -

    Es en la familia dónde se comienza a distinguir entre lo verdadero y lo falso, la verdad y la mentira. Dentro de tantas circunstancias de cambios, modas pasajeras, y de polémicas diversas; es imprescindible ahondar en algunos de los más importantes problemas de las familias, reflexionar acerca de ellos, precisar, delimitar y establecer el rol de cada uno de los integrantes de la familia, como también la energía y coherencia de cada institución familiar, para tratar de constituir cada día una comunidad mejor.

    De las familias formada en matrimonios o en uniones libres es que surgirán cada uno de los distintos sectores que componen la sociedad, cada uno con sus particularidades y diferenciaciones de crianza, de educación, culturales, de trabajo, de amistades, etc. Y más tarde con su descendencia, conformarán los futuros trabajadores, educadores, profesionales de la salud, la justicia, la economía, etc., de la sociedad.

    La construcción de un edificio comienza por asegurar primero los cimientos sólidos y fuertes que sostendrán la futura estructura. Del mismo modo, la familia es el cimiento del edificio social; si está debilitado, si presenta grietas, si presentimos que puede tambalearse, la construcción que levantemos por más empeño que pongamos en adornarla terminará por derrumbarse y con ella el entorno de la sociedad en la que se encuentra.

    Fortalecer a la familia, darle la adhesión espiritual y la necesaria cobertura material que muchas veces le falta; impedir que se disgregue y se disuelva en medio de la indiferencia colectiva. Esos objetivos deben tener hoy en cada país un valor prioritario de inocultable trascendencia espiritual y social.

    En la medida en que afiancemos los lazos que unen a la familia y logremos aumentar la comunicación entre padres e hijos, tantas veces interrumpido por los prejuicios, los miedos, la hipocresía y los falsos pudores, iremos creando las condiciones para afrontar los desafíos del futuro sobre las estables y duraderas bases que construyamos en la actualidad.

    - Bibliografía -

    • Enciclopedia Universal Micronet.

    • Internet de Codetel.

    • Enciclopedia Everest para el Hogar, Tomo 1 y 2.

    1) La procreación y educación de los hijos.

    2) La mutua ayuda y unión entre los cónyuges.

    En estos últimos tiempos se han introducido costumbres que son atentados contra los fines del matrimonio.

    En la llamada clase baja, siempre fue muy común que una pareja se separara y que cada uno de sus integrantes formara una nueva. Nótese que se refiere a “pareja”, no matrimonio, los que por diversas causas no tenían, ni tienen, regularizada su situación legal o religiosa.

    Se trata de la familia occidental contemporánea, en la que se ha producido, ciertamente, una evolución con respecto a la familia tradicional. En líneas generales, se da una decadencia de los lazos familiares, reducción del número de componentes, paso de la familia extensa a la nuclear; todo ello debido, indiscutiblemente, a la revolución industrial y a la urbanización.

    En la segunda mitad del siglo XX, las intensas y veloces transformaciones demográficas, sociales y culturales (y hasta tecnológicas) han provocado cambios muy significativos y apariciones de nuevos modelos de estructura familiar.

    A mediados de ese siglo, las estadísticas demográficas todavía señalaban que había en Europa y en Norteamérica tasas muy elevadas de nupcialidad, edades medias muy jóvenes al contraer

    - Otros Nuevos Modelos de Familia-

    • Las familias "de hecho".

    Son aquéllas en que los miembros convivientes se han quedado al margen de la regulación jurídica matrimonial, pese a que, funcional-mente, viven del mismo modo que las familias legalmente casadas.

    La situación en que se halla la familia presenta aspectos positivos y aspectos negativos: signo, los unos, de la salvación de Cristo operante en el mundo; signo, los otros, del rechazo que el hombre opone al amor de Dios. En efecto, por una parte existe una conciencia más viva de la libertad personal y una mayor atención a la calidad de las relaciones interpersonales en el matrimonio,