Fahrenheit 451; Ray Bradbury

Literatura universal contemporánea del Siglo XX. Narrativa fantástica. Novela de ciencia-ficción. Tecnología. Deshumanización

  • Enviado por: Marii
  • Idioma: castellano
  • País: Argentina Argentina
  • 11 páginas
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INFORME DE LECTURA:

¡CUÁNTOS LIBROS PERDIDOS!

Tema: La Novela de Ciencia Ficción

Contenido: Fahrenheit 451 - Ray Bradbury

Alumnas:

Profesora:

Curso: 3º A

Colegio: Don Bosco

Lugar-fecha: Neuquén, 09/06/08

Fahrenheit 451

“La temperatura a la que el papel de los libros se inflama y arde”

.INTRODUCCIÓN:

Como alumnas de tercer año A del Colegio Don Bosco, presentamos este informe de literatura en que nos basaremos en el libro Fahrenheit 451, del autor Ray Bradbury, ya que analizaremos los relatos de la Ciencia Ficción.

La CIENCIA FICCIÓN es un género literario que se centra en la anticipación científica de acontecimientos situados en tiempos y espacios diferentes. Explora el campo de la ciencia y anticipa inventos que aun no existen pero que son perfectamente posibles de que en algún momento sean creados.

Este género tiene su origen en dos autores:

  • Julio Verne (1828-1905), autor de: Veinte mil leguas de viaje submarino, Viaje al centro de la Tierra y La vuelta al mundo en 80 días, entre otros.

  • H.G. Wells (1866-1946), autor de La maquina del tiempo, El hombre invisible y La guerra de dos mundos.

Este género posee tres características fundamentales:

  • La narrativa de ciencia ficción intenta prevenir al hombre acerca de los riesgos que puede correr la humanidad si no limita y contiene los avances de la ciencia y de la tecnología.

  • Crea mundos alternativos pero, de alguna manera, reconocibles para el hombre.

  • Siempre existe una explicación razonable en el texto para lo que acontece.

En Fahrenheit abunda la primera característica, ya que muestra un futuro posible, guiado por la tecnología, y en cierto sentido advierte acerca de esto.

Esta narrativa posee diferentes núcleos temáticos:

  • La conquista del espacio.

  • Los extraterrestres.

  • La lucha del hombre contra el mundo cibernético.

  • Los viajes a través del tiempo.

  • La utopía, la creación de mundos ideales.

  • Las mutaciones y las transformaciones en seres humanos.

En definitiva, la ciencia ficción se puede definir como un género dentro del cual los hechos narrados suponen una ruptura de la realidad conocida, al igual que en la fantasía y el terror, pero con la diferencia de que para estos hechos, se narran una serie de situaciones que no se dan en la realidad, pero se explican de tal manera que dan la apariencia de que podrían darse o haberse dado, sea esto realmente posible o no.

.RESEÑA DE LA NOVELA:

El título original en inglés de la obra utilizada en este informe es “FAHRENHEIT 451”. El libro que utilizaré es parte de la primera edición de 5.000 en la Argentina en junio de 2001., traducido por Alfredo Crespo en 1993. Esta edición de 5.000 ejemplares se terminó de imprimir en Kalifón S.AS , Humboldt 66, Ramos Mejía BSAS, en el mes de junio de 2001.

Fahrenheit 451 ofrece la historia de un sombrío y horroroso futuro. Montag, el protagonista, pertenece a una extraña brigada de bomberos cuya misión, paradójicamente, no es la de sofocar incendios sino la de provocarlos, para quemar libros. Porque en el país de Montag está terminantemente prohibido leer. Porque leer obliga a pensar y en el país de Montag esta prohibido pensar. Porque leer impide ser ingenuamente feliz, y en el país de Montag hay que ser feliz a la fuerza…

La novela más célebre de Ray Bradbury, maestro de la ciencia ficción.

¿Quién es Ray Bradbury?

Ray Douglas Bradbury (nacido el 22 de agosto de 1920) estadounidense . Escritor de misterio del género fantástico, terror y ciencia ficción, principalmente conocido por su obra Crónicas Marcianas, un libro escrito en 1950 que es descrito como una colección de historias cortas, además de ser una novela, y en 1953 publica la distópica novela Fahrenheit 451.

Su familia se mudó varias veces desde su lugar de nacimiento hasta establecerse finalmente en Los Ángeles en 1934.

Bradbury fue un ávido lector en su juventud además de un escritor aficionado. No pudo asistir a la universidad por razones económicas. Para ganarse la vida, comenzó a vender periódicos. Posteriormente propuso formarse de manera autodidacta a través de libros, comenzando a realizar sus primeros cuentos con una máquina de escribir. Sus trabajos iníciales los vendió a revistas, a comienzos de los 40.

Fahrenheit 451:

La novela es de género narrativo, y tiene función poética-literaria, como también expresiva-emotiva. La trama es narrativa y también descriptiva-expresiva.

Esta escrita en un contexto histórico en los años 55' 60', a un grado de tecnología muchisimo menor. En esas decadas era muy lejano e inexplicable lo que describe Fahrenheit, que en nuestros días podemos decir que tiene una similitud con la realidad bastante cercana.

La obra describe situaciones y aventuras de un futuro imaginario, en la ciudad de Fahrenheit. En esta novela clásica de un futuro literario, la visión de Bradbury es asombrosamente profética: pantallas interactivas del tamaño de una pared, avenidas donde los autos corren 150 kilómetros por hora persiguiendo a peatones, una población que no escucha otra cosa que una corriente constante de música y noticias trasmitidas por unos minúsculos auriculares insertados en las orejas, Fahrenheit 451 es él más conveniente de los infiernos conformistas.

La historia ocurre en un tiempo futuro inexacto, ya que no se nombra ninguna fecha que se pueda tomar como referente. Fue escrita en el año 1953, y para ese entonces era un futuro muy lejano, ya que ahora existen cosas que en ese tiempo eran consideradas futuristas como el personal estéreo, computadoras, televisor a color, entre otros.

Esta historia se desarrolla principalmente en un ambiente urbano donde, a pesar de estar en el futuro, el paisaje se describe como las ciudades actuales. Con árboles y plantas, avenidas, casas con características arquitectónicas. En un costado de la ciudad, se encuentra un río, rodeado por un bosque, en medio de el, una vía ferroviaria oxidada que salía de la ciudad y atravesaba la tierra, acompañada por graneros y granjas.

Dentro de esta ciudad se encuentra la casa de Montag, el personaje principal, que contiene sala de estar, baño, habitaciones, lo que demuestra la similitud con las casas actuales.

Personajes Principales:

Montag: Era un hombre casado, de 30 años de edad, de ojos oscuros, brillantes y vivos; y de rostro cansado. Al principio era un bombero, es decir, se dedicaba a buscar y quemar libros, los cuales estaban prohibidos. Él se destacaba entre sus demás compañeros y por eso lo iban a ascender. Como no se le permitía a cada uno tener sus propios pensamientos, Montag era igual a todo el resto de la gente. Pero después de conocer y hablar con su vecina, Clarisse, hubo un cambio en él ya que ella lo impulsó a leer los libros que él quemaba, lo que estaba prohibido por la ley porque estos libros hacían pensar a la gente. Así Montag empezo a tener sus propios pensamientos, y a criticar la ciudad en donde vivía.

Mildred: Es la esposa de Montag. Tiene cabello largo y quemado por los productos químicos, labios rojos, cuerpo delgado, piel blanca. Su afición era ver televisión y le importaba muchísimo ser popular. Llamaba amigos y familia a los personajes de las novelas.

Personajes Secundarios:

Clarisse McClellan: es una joven observadora de 17 años, amiga de Montag. Curiosa, amable, inocente, conversadora, amistosa, pero alejada de la sociedad por sus ideas y pensamientos. Físicamente de rostro claro, ojos oscuros y brillantes.

Faber: es un profesor de artes liberales, viejo, labios, mejillas y cabello blanco, ojos color azul blancuzco, frágil, y delgado. Un hombre culto, preocupado, solitario y precavido, paciente.

Capitan Beatty, Grager, Mrs. y Ms. Black, Fred Clement, Thomas Hardigan, Dr. Simmons, Reverendo Padover, Profesor West, Stoneman.

Argumento de la obra:

  • Introducción: La obra comienza describiendo la ciudad de Fahrenheit, a Montag, su trabajo y a Mildred con sus problemas.

  • Conflicto: Montag conoce a una joven muchacha llamada Clarisse McClellan y ella le pregunta si lee los libros que quema. En una noche de trabajo, de provocar fuego, ocurre algo excepcional: la señora ama de la casa y amante de sus libros se niega a abandonar su lugar y finalmente arde con el conjunto de libros. Montag esconde uno de ellos y comienza a leerlos a escondidas. Empieza a cuestionar su trabajo, la manera de pensar de toda la ciudad. Se produce un gran conflicto cuando suena la alarma (que indicaba que había que ir a incendiar libros), de la casa de Montag y Mildred.

  • Desenlace: Montag, al darse cuenta que estaban dirigiéndose hacia su casa, mata a Beatty, y corre hacia la casa de Faber, quien le propone escapar hacia el bosque, en donde se encuentra con científicos que escapaban por lo mismo que él. La policía, al no poder admitir que habían perdido a Montag, matan a un tercero y dicen que era él. Al día siguiente, la ciudad de Montag arde en llamas.

Comparando con la realidad…

Esta entrevista es realizada a la señora Adriana Gannon, de 53 años de edad el día Sábado 07 de Junio, del 2.008. Su profesión es profesora de nivel medio y avanzado de la materia Inglés. Curso estudios primarios y secundarios en un colegio privado y religiosa de la ciudad de Buenos Aires, Capital Federal.

Preguntas:

  • ¿Qué lugar ocupaba la lectura en su juventud y épocas de estudio?
    - La lectura era la base de la formación de una persona, del estudio, del futuro mismo, de la vida en sí de un ser humano. Era un momento donde las imágenes no eran importantes, ya que no había televisión y la radio era la encargada de “disparar” tu imaginación, junto con los libros.

  • ¿Cuáles fueron los principales cambios tecnológicos que usted vivió
    - Estando en la escuela primaria, se puso en funcionamiento la televisión en la Argentina; la cual se transmitía en blanco y negro y poseía un solo y primer canal que era el “canal 7” el cual era regido por el Estado. A la vez, aparece por primera vez la imagen, asociada al sonido que era lo que había prevalecido hasta ese momento.

  • ¿En qué interfirieron estos cambios tecnológicos con el uso de los libros?
    - Ese cambio de la televisión no impactó demasiado contra el uso de los libros ni los desplazó en lo absoluto; quizás sea por la existencia de un solo canal, y que debido a esto no había demasiados programas y los ofrecidos no atraían demasiado a los jóvenes lectores. Por esto debe ser que no interfirió tanto en el papel de los libros.

  • Y hoy en día… ¿Cuánto de la tecnología usted ha incorporado en su vida diaria?
    - Si bien actualmente uno ha incorporado el uso de celulares y computadoras, algunas personas de nuestra época siguen tratando de preservar los libros; se realiza un uso moderado de esta tecnología que nos invade. No es como los jóvenes recientes, los cuales nacieron y crecieron en este ámbito tan desarrollado.

  • Por último: ¿Qué consejos o soluciones nos darías para poder preservar la lectura y no solo tener en cuenta lo tecnológico?
    - Al menos debería buscarse a través de la escuela el poder incentivar nuevamente el uso del libro y no de la fotocopia o de internet. Desarrollar el placer de la lectura a través de la literatura insertando mayor cantidad de libros anuales sería e gran ayuda para toda la sociedad lectora.

  • Reflexión final: Deduciendo todo lo preguntado anteriormente, se llega a la breve conclusión de que debemos trabajar para que la industria del libro no caduque, debido a que una buena lectura es la base para toda persona y la riqueza misma del vocabulario, incentiva la imaginación, la fantasía, los sueños y el pensamiento; por todo esto, es que hay que luchar por su continuidad.

    La quema de libros

    a) Es la práctica de oficialmente destruir una o más copias de un libro u otro material escrito. En tiempos modernos otras formas de almacenamiento de información, como grabaciones, discos de vinilo, CDs, videocasetes y páginas de internet, se han incluido dentro de esta práctica. La práctica es generalmente pública y está motivada por objeciones morales, políticas o religiosas al material publicado.

    Mucha gente considera la práctica de quema de libros como algo ofensivo por diferentes razones. Para algunos es una forma de censura que los líderes políticos o religiosos aplican contra aquellos que se oponen a sus ideas. El ejemplo más famoso fue el de la quema de libros durante el régimen Nazi en la Alemania de Hitler acaecido en el Bebelplatz en Berlín, el 10 de mayo de 1933. Aquellos que se oponen a la quema de libros generalmente comparan este hecho con lo ocurrido durante el gobierno de los Nazis.

    Declaraciones hechas por John Lennon en 1966 acerca de que los Beatles "eran más populares que Jesucristo" ("We're more popular than Jesus now") fueron mal interpretadas, lo que ocasionó que muchas personas que residían en el "Cinturón Bíblico" o "Bible Belt" en Estados Unidos se dieran a la tarea de quemar sus discos en señal de protesta a la declaración antes citada.

    Para otros, la quema pública de libros significa una publicidad gratuita cuyo efecto es atraer la atención sobre libros que de otra manera quizá no habrían llegado a conocerse ampliamente. Por eso algunas autoridades prefieren la destrucción privada de los libros.

    En el año 367 DC, Atanasio el obispo rebelde de Alejandría, emitió una carta de pascua en la cual exigía que los monjes egipcios destruyeran todos aquellos escritos inaceptables, excepto aquellos que el particularmente etiquetó como aceptables y canónicos. Esa lista es lo que actualmente constituye el Nuevo Testamento. Los textos heréticos no aparecieron como palimpsestos, borrados o sobrescritos como los textos paganos; de esta manera muchos textos de principios de la era cristiana se perdieron como si estos hubieran sido públicamente quemados. El Evangelio de Judas recientemente redescubierto en Egipto, fue un libro que se perdió de mediante esta práctica de destrucción privada de información.

    La actual tendencia de las comunicaciones y archivos digitales ha dado como resultado catálogos de trabajos escritos sean almacenados en medios digitales. Cuando estos trabajos son borrados a propósito para purgarlos se puede pensar en una forma de quema de libros digital. En la actualidad la expresión quema de libros se asocia con la censura masiva de una publicación, ante la imposibilidad de sistemáticamente eliminar información en la era digital.


    QUEMA DE LIBROS DURANTE LA DICTADURA MILITAR ARGENTINA 1976-1983

    Una de las tantas atrocidades que cometieron los militares y sus cómplices civiles fue la quema de libros que no comenzó en la Argentina del '76 pero que en el marco de esa política represiva fue para el Proceso una práctica "purificadora" del ser nacional. También hubo otros fuegos que encendieron quienes temían una represalia por tener una biblioteca que los inquisidores podían calificar como "subversiva".

    Otro recurso fue tirar libros en inodoros y pozos ciegos o el enterramiento como destino de la literatura y la prensa que podía servir como pretexto para un operativo.
    Con la democracia los hijos de aquellos jóvenes lectores de los setenta se enteraron que aún estaban escondidas aquellas bolsas con los ejemplares olvidados junto a la higuera del fondo de la casa. Destruidos por la humedad o convertidos en cenizas, los libros vuelven a las bibliotecas como los cuerpos a la playa después de los vuelos de la muerte.

    Además del secuestro y la desaparición sistemática de los luchadores sociales y de la consolidación de las bases del plan económico de Martínez de Hoz, la última dictadura militar también llevó adelante una clara política de desaparición y sustitución de buena parte de la producción literaria de la época. "Primero había una evaluación política del libro, y luego venía la censura, que era una herramienta de control político en manos del Estado. No había ninguna improvisación, ningún capricho. Sabían muy bien lo que hacían", cuenta el investigador Hernán Invernizzi.

    El término genérico (y poco conocido) que se utiliza para denominar a los quemadores de libros es el de "biblioclastas", y los hubo a lo largo de toda la historia, en toda tiranía y dictadura que hubiera. Los bibloclastas eliminan la evidencia de una historia, un pasado, un pensamiento; y esto equivale a la eliminación, casi en efecto, de una población.

    Pero el autodenominado "Proceso de Reorganización Nacional" también tuvo entre sus objetivos la desaparición y quema de una gran cantidad de libros cuyos contenidos eran catalogados de "subversivos", llevando a cabo así otro tipo de genocidio: el genocidio cultural. Quizás porque sabían que, como dice León Gieco en su inolvidable "Hombres de Hierro", "hombres que avanzan se pueden matar / pero los pensamientos quedarán". Y los libros son herramientas fundamentales para transmitirlos, en su capacidad multiplicadora.

    El gobierno militar destinó muchos recursos para la conformación de una increíble infraestructura destinada a esa tarea. "La censura y el control cultural no solamente estaban centralizados, sino que estaban muy claramente centralizados en el Ministerio del Interior, que fue el gran controlador de la cultura en la Argentina, donde funcionaba la Dirección Nacional de Publicaciones. Este edificio, que aún hoy está en la calle Moreno 711, en el cruce de Moreno y Diagonal, es un gran edificio.

    Una idea muy generalizada hoy en la sociedad es que los militares eran todos brutos y que las censuras que accionaban con los libros respondían a la ignorancia o caprichos de un sargento ignorante o un comisario tonto. Este mito se originó por el hecho de que algunos libros fueron prohibidos por malas interpretaciones de sus títulos, como fue el caso de "La cuba electrolítica" (libro de física), censurado porque contenía la palabra "cuba" en su título ("cuba": recipiente rectangular para operaciones químicas), o el caso de "Cinco Dedos", que era un libro infantil escrito en la Alemania Occidental, en donde una mano verde persigue a los dedos de una roja que, para defenderse y vencer, se une y forma un puño colorado. Por esta última obra estuvo detenido 127 días a "disposición del Poder Ejecutivo Nacional" el director de Ediciones de la Flor, Daniel Divinsky, junto al editor Kuki Miler.

    Con la cultura parece que hacían un control sistemático, y tomaban decisiones políticas, para producir también sobre la cultura un efecto generalizado del terror.


    Para Invernizzi, esos casos que parecían responder a la ignorancia, capricho o paranoia de los censores militares, sólo fueron hechos aislados que no respondían a la regla general, y que hacen al folclore y no a la parte más importante del tema: "El funcionamiento de la censura era extremadamente simple, eficiente y prolijo. No había ninguna improvisación, ningún capricho. Sabían muy bien lo que hacían."

    Uno de los focos en donde el gobierno de facto puso más atención fue en los libros escolares e infantiles, ya que sentían que su obligación moral era preservar a la niñez de aquellos libros que -a su entender- ponían en cuestión valores sagrados como la familia, la religión o la patria. Gran parte de ese control era ejercido a través de la escuela.

    Para ello, el gobierno militar crea una comisión de censura previa, y empieza a hacer circular públicamente documentos. En 1977, el Ministerio de Cultura y Educación publica la circular "Subversión en el ámbito educativo-
    Es muy dificultoso hacer hoy una lista de libros prohibidos, porque hubo censuras parciales. Había libros que estaban prohibidos en una zona del país y en otra no.

    “Libros ardiendo”



    a) El destino final de muchos libros prohibidos era, entonces, arder en un pozo, en una hoguera común. Aunque hubo muchos otros casos, la quema de libros más grande de la dictadura argentina, o sea, la paradigmática, fue la que sufrió el Centro Editor de América Latina, que había fundado Boris Spivacow. El 30 de agosto de 1980 la policía bonaerense quemó en un baldío de Sarandí un millón y medio de ejemplares del sello, retirados de los depósitos por orden del juez federal de La Plata, Héctor Gustavo de la Serna.
    "Los libros del depósito de Sarandí ardieron durante tres días, algunos habían estado apilados y se habían humedecido, así que no prendían bien. La colección en la que yo colaboraba, Nueva Enciclopedia del Mundo Joven, fue quemada íntegra. Me acuerdo de que en uno de los fascículos, de historia del feudalismo, había un príncipe que no se terminaba de quemar. El pobrecito era un príncipe medio afeminado y lleno de flores que se resistía a la hoguera", cuenta la escritora Graciela Cabal, que en esa época era la secretaria de redacción de esa enciclopedia.
    "Hasta el 76' la literatura argentina era best seller. Luego, se vuelve sospechosa. Además, los escritores dejan de escribir sobre la realidad. Y cuando vuelve la democracia, nunca fue posible restablecer esa relación entre literatura argentina y público. Y hoy el marketing quema más que el fuego. Los 90' completaron el proyecto que se quería imponer en los 70'", analiza, apenada la escritora Ana María Shua.

    B) Desde sus lejanos principios, la historia del libro está iluminada por las hogueras de los censores. Digo mal: censores implica que la destrucción obedece siempre a una justificación razonada. Como lo prueba el aterrador y magistral libro del erudito venezolano Fernando Báez, la mayor parte de estos crímenes fueron (y aún son) cometidos sin justificación alguna: por ignorancia, por olvido, por desidia, por error, por miedo, por la acción del agua, del fuego y del gusano que todo lo corroe. La historia del libro está desde siempre acompañada por la historia de su destrucción.


    La más reciente de nuestras destrucciones de libros, ocurrida durante el saqueo de las bibliotecas, museos y archivos de Irak en abril de 2003. "Nuestra memoria ya no existe. La cuna de la civilización, de la escritura y de las leyes, ha sido quemada. Sólo quedan cenizas". Con estas palabras, dichas por un profesor de historia de Bagdad, comienza Báez su libro. "Los comunicados procedentes de Bagdad son inadecuados, falsos e incompletos. Todo se encuentra mucho peor de lo que nos han dicho. Hoy estamos próximos a un desastre". Con estas otras palabras, dichas no por un reportero o especialista contemporáneo sino por Lawrence de Arabia en 1920, en una carta dirigida a sus superiores, Báez concluye su encuesta. Entre ambas citas yacen seis mil años de nuestra historia que incluyen, de ruina en ruina, la biblioteca de Alejandría, las prohibiciones de los faraones de Egipto, los crímenes de los biblioclastas de Grecia, los esfuerzos de los drásticos emperadores de China por eliminar el pasado, la obra de los censores de Roma, las obras paganas destruidas por los primeros cristianos, las primeras destrucciones de las bibliotecas de Bagdad, los libros musulmanes y judíos purgados en España, los códices quemados en México, las hogueras del Santo Oficio, la censura de la Inglaterra puritana, los incendios y naufragios de bibliotecas diversas, las obras inmorales o blasfemas prohibidas en el siglo XIX, el Holocausto nazi, los saqueos durante la Guerra Civil española, las bibliotecas víctimas de las dictaduras del siglo XX, el terrorismo y la guerra electrónica. La Historia universal de la destrucción de libros tiene algo de cementerio.


    No la voluntad de destruir libros sino su ubicuidad sorprende en la obra de Báez. Todas las culturas, todas las épocas participaron. Ni siquiera los mismos escritores son inocentes. Platón, según Diógenes Laercio, destruyó las obras de Demócrito; Descartes pidió a sus lectores que quemaran los libros anteriores a su Discurso del método; David Hume exigió la supresión de todos los manuales de metafísica; los futuristas propusieron la quema de todas las bibliotecas; Vladímir Nabokov (horresco referens) quemó el Quijote en el Memorial Hall de Harvard ante más de seiscientos alumnos.


    La tarea de los destructores de libros es colosal y no siempre requiere el fuego. A veces basta abortarlos o despreciarlos. Dos de los muchos documentos reproducidos en la Historia de la edición y de la lectura en España ilustran estas otras tácticas. El inquisidor general Andrés Pacheco, en una carta dirigida al Rey de España, fechada el 25 de septiembre de 1623, se queja de la abundancia de libros perniciosos y, precavido, pide que éstos sean censurados antes y no después de ser impresos. Casi dos siglos más tarde, Carolina Coronado escribe una carta a Hartzenbusch quejándose del empeño de la sociedad española en prohibirles la lectura a las mujeres, quienes "después de terminar sus ocupaciones domésticas, deben retirarse a murmurar con las amigas y no a leer libros que corrompen la juventud".


    Pero también están los que alientan, propagan y defienden la lectura, y la Historia de la edición y de la lectura en España les hace erudito honor investigando la tarea de traductores que inventaron ingeniosas maneras de escapar a la censura, de impresores y libreros que en los siglos XVII y XVIII propusieron al público nuevas formas del libro, de editores enciclopedistas decimonónicos cuyos nombres se confunden con su obra (como Salvat, Seguí y Montaner y Simón), incluso de periodistas y de magnates de la prensa que, quizá por razones menos intelectuales que económicas, ofrecieron en las páginas de sus diarios lecturas para todos.


    Una historia de la edición y de la lectura, y otra de la destrucción de los libros ¿son la crónica de un arte que muere, o la declaración de principios de un arte que se niega a desaparecer? Creo que lo último. Las amenazas pronunciadas contra el libro desde los púlpitos, desde los sillones de gobierno, desde las oficinas de la industria electrónica, no han hecho, al parecer, sino alentar nuestro reconocimiento de la lectura como actividad esencial del ser humano. Que los lectores sean pocos, que lean mal, que confundan propaganda con literatura importa menos que el arte de leer continúe, las más veces, a ayudarnos a ser un poco más felices y un poco menos idiotas.

    Conclusión.

    Podemos decir que la novela Fahrenheit 451 se puede aprender y reconocer como la tecnología se fue desarrollando a través del tiempo y fue afectando al hombre.

    Fue una especie de advertencia -en el momento que fue escrito- para la sociedad, de lo que podría pasar en un futuro lejano, y que ahora podemos ver como esto de a poco se va convirtiendo en una realidad más creíble.

    Al poseer conocimiento acerca de la Ciencia Ficción y sus características, tenemos la capacidad de reconocer en libros y novelas, marcando puntualmente los hechos que la caracterizan y a la vez, entender mejor el libro.

    Es importante saber e investigar acerca del autor, para relacionarlo con el libro leído y la vida del escritor.

    Éste nos deja una enseñanza y nos hace tomar conciencia acerca de los libros que utilizamos cotidianamente, que todos tenemos y leemos, y que podríamos dejar de hacer en algún momento.

    También, el hecho de entender y conocer como se encuentra estructurada esta novela, nos permite guiarnos en la lectura del mismo y en la realización de este trabajo; saber de que tipo es, su género y procedencia nos ayuda en su entendimiento. Al investigar profundamente estos temas, vemos como se fue produciendo este avance tecnológico dando lugar a una sociedad cada vez más desarrollada. Nos damos cuenta en la validez de los libros en épocas anteriores, ya que la lectura era el medio esencial de aprendizaje y entretenimiento.

    Preguntando en el curso…

    (Entrevista)

    BIBLIOGRAFÍA UTILIZADA:

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