Factores decisivos de la Revolución Francesa

Historia universal. Asamblea nacional constituyente. Movimiento revolucionario francés. Sociedad. Economía. Gobierno. Ideología burguesa. Antiguo régimen. Declaración de derechos. Convención nacional. Directorio. Bonaparte. Imperio napoleónico

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Planteamiento

Los tiempos modernos expiran en estas centurias desplazadas por un fenómeno arrollador: “El cambio de pensamiento de una sociedad que vive profundas transformaciones intelectuales y políticas, científicas y tecnológicas”

Este mundo moderno, época de revoluciones y de culturas en conflicto que se extendió aproximadamente desde el año 1776 al año 1900, necesitó de gente osada capaz de plantear sus pensamientos ante una sociedad cerrada a los cambios por conveniencia y también necesitó de gente que saliese a las calles a luchar por sus ideales que consideraban justos, y solo mediante el movimiento armado pudo surgir una nueva nación bajo una nueva bandera.

Pero tratemos de analizar cuanta verdad tiene este planteamiento y cuales fueron los cambios realmente logrados. Para ello debemos comenzar viendo de cómo y por qué se iniciaron estos cambios, qué fue lo que lo provocó.

CARACTERÍSTICAS POLÍTICAS, SOCIALES Y ECONÓMICAS DE LA FRANCIA PRE-REVOLUCIONARIA

En lo político era una Monarquía Absoluta Centralizada. Todo poder estaba encarnado en el rey, todo hablaba de él y todo iba a parar a sus manos. La organización administrativa por su parte, era de extrema complejidad. La sociedad se fundamenta en la desigualdad.

El rey y la corte

El rey pretendía haber recibido su corona directamente de Dios: se decía que la monarquía era de derecho divino. Por lo tanto, “no debía rendir cuentas más que a Dios del ejercicio del poder supremo”. Su autoridad no podía ser intervenida ni limitada por nadie sobre la tierra. Esto es lo que se denomina Monarquía Absoluta.

Entre las muchas atribuciones que tenía, figuraba la de gastar a su gusto el dinero del Estado, declarar la guerra y hacer la paz cuándo y cómo le pareciera bien.

Además podía decidir a su antojo sobre los bienes de sus súbditos y sobre su libertad. Por una disposición llamada Real Orden podía hacer encerrar a quién le pareciese -sin sentencia- en una prisión del Estado, tal como la Bastilla en París.

Pretendía, asimismo, mandar hasta en el pensamiento de sus súbditos: ningún libro ni periódico podía publicarse sin la autorización de la censura.

Dorado Versalles

El soberano vivía en el Palacio de Versalles, a unos 20 Km. de París, la capital. Los reyes de la dinastía de los Borbones habían construido este palacio como un monumento a su gloria y poderío. Durante más de un siglo, sucesivos monarcas le añadieron salas, galerías, departamentos y salones, terrazas y patios, convirtiéndolo en admiración de Europa.

En torno a los edificios principales se extendían espacios de césped cortados por senderos de piedrecillas redondeadas y avenidas con árboles majestuosos. Había fuentes y surtidores por doquier.

En 1642, Luis XIV (el “Rey del Sol”) había trasladado su corte a Versalles, convirtiendo el palacio en la Prisión Dorada de la nobleza. Como el Rey Sol les quitó el poder, los nobles vivían de las rentas del tesoro real y de sus propiedades. Y mientras ellos se pasaban horas en sus ceremonias cortesanas, intrigas, escándalos y juegos, Luis gobernaba como un déspota, ayudado tan solo por un Consejo de Estado.

Sus sucesores, en cambio, carecieron de tesón y voluntad, y no dispusieron de ministros de finanzas capacitados. Si Luis XIV murió detestado, entonces fue un amable don nadie que murió despreciado, y el nieto del Rey Sol, Luis XVI, que le sucedió en el trono en 1774, fue el último y más flojo de los borbones déspotas.

En Versalles el rey se rodeaba de una corte brillante y numerosa, compuesta de unas 17 o 18 mil personas. Cuatro mil agregados al servicio personal del monarca formaban la casa del rey. La casa militar, formada por los guardias personales, gendarmes y guardias suizos, comprendían nueve mil hombres. Cada miembro de la familia real tenía también su casa.

El lujo de esta corte era desenfrenado. Las cuadras del rey contenían unos 1900 caballos y sus gastos eran desorbitados. El despilfarro era formidable. Los cortesanos, además, se hacían dar pensiones o regalos.

El gobierno

Para dirigir los negocios del Estado el rey escogía los ministros, que sólo dependían de él y a quienes destituía a su antojo. Pero mientras estaban en el poder, éstos eran todopoderosos. Constituían el cerebro del reino.

En las provincias el rey estaba representado por funcionarios llamados intendentes, que tenían poderes casi ilimitados. Escogidos entre los burgueses y sabiendo que su fortuna no dependía más que de la voluntad del soberano, eran dóciles agentes de su autoridad y, por lo tanto, detestados por el pueblo. A través de ellos se hacía sentir el poder del rey en todo el país. De ahí que Francia fuese una monarquía centralizada.

Falta de unidad

A pesar de esta centralización, Francia no constituía una monarquía unificada. Las provincias formadas originalmente otros tantos estados distintos que, anexados poco a poco por los reyes, habían conservado sus instituciones particulares.

Los pesos y medidas, por ejemplo, variaban de nombre y valor de una provincia a otra. Los franceses de la zona del sur eran juzgados según las reglas del Derecho Romano, mientras que el norte era sujeta al Derecho Consuetudinario (la costumbre). “Se cambiaba de leyes -decía el filósofo francés Voltaire- al cambiar de caballos de posta”. Existían casi trescientas costumbres distintas, es decir, trescientos códigos diferentes.

El régimen del impuesto y de aduanas eran tan poco uniformes como los demás. Mientras que trece provincias dejaban circular libremente las mercancías entre ellas, las otras diecinueve, llamadas extranjeras, tenían cada una sus aduanas, donde se percibían derechos de entrada sobre todo producto procedente de la provincia vecina.

La justicia

La organización judicial era parcialmente complicada. Los Tribunales Ordinarios eran los presidiales. Sobre ellos estaban los Trece Parlamentos, de una importancia muy desigual: sólo el Parlamento de París tenía bajo su jurisdicción más de la tercera parte del reino.

Pero además había muchos otros tribunales, tales como el tribunal de Bailiaje, el de la Iglesia y el de los Señores: en los pueblos, el juez del señor era el que castigaba los pequeños delitos, tales como injurias, golpes, borracheras, escándalos, etc.

La aplicación de las leyes conservaba una ferocidad medieval. Cazar en las tierras de un noble, por ejemplo, podía llevar al culpable a remar en las galeras de por vida. Un acusado se suponía siempre culpable. El tormento, aplicado para arrancar la confesión de un delito, se había abolido en 1780, pero seguía utilizándose antes de ejecutar la sentencia de un condenado.

La sal del deber

Los impuestos eran la carga más intolerable para el pueblo. Existían impuestos directos, siendo la talla (contribución territorial) el principal; e indirectos, como la gabela (monopolio de la venta de la sal), y las ayudas.

La talla la pagaban los plebeyos, burgueses, campesinos y obreros. Los nobles y el clero -ambas clases sociales de altas rentas- estaban exentas.

En promedio, los impuestos directos exigían a los no privilegiados la entrega de más del 50% de sus rentas.

Los impuestos indirectos daban lugar a odiosos abusos. El peor de todos era la gabela, que obligaba a toda persona mayor de siete años a comprar por lo menos siete libras de sal al año. Esta era la sal del deber. No comprarla era un delito, aunque se estuviese en la miseria.

Esta sal del deber podía emplearse exclusivamente en la mesa: servirse de ella para “salazones”, era un delito castigado con una severa multa. El contrabando también era reprimido en forma drástica: más de 30.000 personas eran reducidas a prisión cada año y más de quinientas eran condenadas a la pena de muerte o a galeras por contrabando de sal.

24 millones de pobres

Como ya insinuamos, la organización de la sociedad tenía por principio la desigualdad, al igual que en la edad media. Los franceses estaban divididos en tres clases: el clero, la nobleza y el estado llano, siendo las dos primeras las privilegiadas.

Francia tenía en aquella época cerca de 25 millones de habitantes. El clero y la nobleza contaban con unos 130 a 140 mil personas cada uno, o sea, casi 270 mil privilegiados, a los que hay que agregar un número igual de burgueses provistos de oficios reales y que, por consiguiente, gozaban de importantes exenciones.

El total de la población francesa se componía, entonces, de unos 600 mil privilegiados y más de 24 millones de no privilegiados.

El clero

El primer orden del estado, el clero, disponía de una enorme fortuna. Sus propiedades ocupaban la cuarta parte del territorio francés.

A las rentas de estas tierras, se añadía el impuesto del diezmo, exigido a los campesinos sobre todos los productos agrícolas, y después los derechos feudales, que pagaban los habitantes de las tierras de la iglesia.

El clero, exento del impuesto de talla, sólo pagaba al rey impuestos especiales de montos mínimos. Pero la mayor parte de las rentas llegaban a las manos del alto clero, obispos y abades, que vivían en la corte. Este alto clero era reclutado casi exclusivamente en la nobleza.

El bajo clero, por el contrario -curas o vicarios-, se reclutaba en el estado llano y a menudo era pobre e ignorante. Mientras que la renta del curato la recibía algún cortesano, el cura que prestaba el servicio solo recibía lo que se llamaba la porción congrua, y aún estas no se pagaba completa.

Ocio, lujo y abuso

La nobleza tenía privilegios reales, como exención de tallas, derecho a percibir de los campesinos ciertos impuestos llamados derechos feudales, y privilegios honoríficos, como cargos de corte, mandos en el ejército, embajadas, etc.

Al igual que el clero, se dividían en gran nobleza o nobleza de corte y pequeña nobleza de provincia.

La gran nobleza vivía en Versalles, alrededor del rey, en medio de la ociosidad y de un lujo impresionante. Poseía inmensos territorios que, por el solo hecho de permanecer sin cultivar, no les rentaban casi nada. Para sostener su rango, se veía obligada a solicitar la generosidad real, las sinecuras, (empleos de muy poco trabajo) de grandes beneficios, y las pensiones. De ahí el apego a la nobleza de la corte al antiguo régimen y a sus abusos, de los que ella se aprovechaba. En general los 100 mil nobles de provincia tenían un poco fortuna y sus apuros económicos eran serios.

En la nobleza también había personas ilustradas. Muchos nobles eran partidarios de las ideas de libertad e igualdad.

El Estado Llano

La gran masa de la nación, la formaba el Estado Llano, el que se dividía en tres clases distintas: burgueses, artesanos y campesinos (o paisanos).

La burguesía comprendía todos los que no trabajaban con sus manos, como profesores, médicos y abogados; gente de ley, como notarios, escribanos, procuradores, etc.; empleados de

administración y, por último, comerciantes e industriales.

Esta clase se había enriquecido mucho durante el siglo XVIII, por ello, había podido prestar al rey grandes sumas de dinero. También se encargaba de los grandes trabajos públicos y, por ende, se veía afectada directamente por los desórdenes de la hacienda, los pagos irregulares y las amenazas de quiebra. Los burgueses, entonces, deseaban una transformación política que les permitiera vigilar e intervenir en los gastos del Estado.

Propiciaban también una reforma social que los hiciera iguales a los nobles.

A fines del siglo XVIII los artesanos, es decir, todos los que -patrones u obreros- vivían de un oficio manual, no sumaban más de dos millones, establecidos en su mayoría en las ciudades.

Un alto porcentaje de ellos estaba agrupado en corporaciones y sometido a complicados reglamentos. Los obreros eran casi todos pobres, puesto que los salarios eran en extremo bajos.

En 1789 Francia era un pueblo de campesinos, no existiendo más que un millón, poco más o menos, de siervos. La mayor parte de los campesinos eran colonos o jornaleros, es decir, obreros agrícolas. Muchos eran ya propietarios, pero estaban obligados a pagar al señor de la provincia derechos feudales tales como un censo o impuesto en dinero, otro censo en especies sobre las cosechas y, por último, otro impuesto por el uso obligatorio del molino, del horno y del lagar señorial. Los derechos feudales daban lugar a múltiples vejaciones y abusos hacia el pueblo, que los odiaba.

Una vez pagados los impuestos reales, los diezmos y derechos feudales, al campesino no le quedaba más que la quinta parte de la renta de su trabajo. Esta era la situación en 1789. Millares de mendigos hambrientos vagabundeaban por Francia. En París, que contaba con 650 mil habitantes, había mas de 119 mil indigentes: un ejército dispuesto al motín.

El arzobispo de Nancy, pronunciando el sermón de la misa de apertura de los Estados Generales, el 4 de mayo de 1789, decía, dirigiéndose a Luis XVI que dormitaba sobre su trono: “Señor, el pueblo sobre el cual reinas ha dado pruebas inequívocas de su paciencia. Es un pueblo mártir, al que parece no habérsele dejado la vida más que para hacerle sufrir más largo tiempo”.

LA REVOLUCIÓN FRANCESA: SU GESTACIÓN

Francia en el siglo XVIII, era un país básicamente rural (de los 26 millones de habitantes con que contaba entonces, 20 eran campesinos). Las masas campesinas vivían en la miseria, al tiempo que la nobleza se mostraba absolutamente contraria a contribuir al déficit del estado.

Ahora bien, en esta sociedad, y a lo largo del siglo XVII, el comercio, las industrias y las finanzas habían ido ocupando una posición cada vez más importante en la economía nacional. La burguesía tenía en sus manos el poder económico y, como grupo social, consideraba que debía establecerse una armonía entre la ley y los hechos. En definitiva deseaba acabar con los privilegios nobiliarios.

En 1787, tras el fracaso de los grandes ministros reformadores, Turgot y Necker, y ante la apurada situación de la hacienda francesa, el rey convocó una asamblea de notables con la esperanza de ganarse su apoyo en vísperas de la revolución, reclamó de la aristocracia su colaboración financiera mediante un impuesto que debería pagarse sobre el producto de todas las tierras, pero los notables se mostraron rebeldes. Este hecho se denomina la “revuelta de los privilegiados”. Pero, al retirar su apoyo a la monarquía, los nobles abrieron las puertas a la Revolución.

La ideología de la burguesía en ascenso

El advenimiento de la razón no llegó sino en el siglo XVII. Estalló con Pascal y especialmente con Descartes: “pienso, luego existo”. Ellos reconocieron en la razón la señal de la eminente dignidad del hombre y, como la razón se justifica por sus obras, la filosofía y la ciencia se desarrollaron solidariamente como lo habían hecho en el mundo griego. Descartes y los cartesianos (Spinoza, Malebranche, Leibniz) recrearon su idealismo moderno sobre bases racionales; Kepler, Galileo, Pascal, etc., establecieron las leyes cuantitativas que rigen el desarrollo de los fenómenos; Newton descubrió la gravitación universal y terminó por transformar el Universo en una inmensa mecánica.

La razón llegó a ser tan importante y prestigiada que triunfó exclusivamente durante el “siglo de las luces”: razón “crítica” que se esforzó en destruir todas las supersticiones y los prejuicios; razón “dogmática” que construyó grandes sistemas filosóficos o sociales; razón “práctica” que, asociada a la experiencia o a la observación, permitió a la ciencia hacer nuevos y grandes progresos: físicos, químicos, astronómicos, etc. El reconocimiento de la razón que dio una nueva dignidad al hombre. El hombre de nuestro tiempo, nació en el siglo XVIII, en la medida que se le considere, como provisto de derechos “naturales” y fundamentales establecidos por la razón.

Muchos pensadores contribuyeron a precisar estos conceptos:

  • Locke: “el hombre por naturaleza es racional, como tal es libre, pero para ejercer la libertad, debe tener dominio de los medios, es decir, propiedad personal.

  • Voltaire: “la verdad es la medida de la razón. Lo decisivo es que la razón se convierta en la medida de aquello que es históricamente posible.” (cartas filosóficas). Criticaba las instituciones. Exigía la tolerancia religiosa, la inviolabilidad de la persona, las libertades de palabra y de prensa.

  • Montesquieu: en 1748 publicó “el espíritu de las leyes”, ahí expone su teoría de la División de los Poderes del Estado, lo que significaba restringir el poder del rey en beneficio de la burguesía.

  • Rousseau: “todos los hombres deben ser libres e iguales ante la ley”. (Contrato Social ante la ley).

  • Diderot y D'Alambert: “con la razón por guía y la duda metódica como arma, luchaban por un destino mejor para la sociedad, donde reinaran la libertad, la igualdad y la fraternidad”.

Estos filósofos pertenecían a la burguesía, de tal manera que estos derechos naturales reconocidos al hombre, eran los mismos que correspondían a las mayores aspiraciones e intereses de los burgueses: derecho a la libertad, entre ellos a la libertad de producir y comerciar (dejad hacer, dejad pasar) y a la libertad cívica.

Los filósofos usaron el arma de la crítica racional para declarar que la libertad es el bien y la restricción es el mal. Criticaron los derechos señoriales, el sistema legal, los hábitos de gobierno, la base económica de la sociedad. Defendían la propiedad privada que consideraba legítima, pues era fruto de la inteligencia y el trabajo.

LA REVOLUCIÓN FRANCESA: EL FIN DEL ANTIGUO RÉGIMEN

Entre mayo y octubre de 1789, los franceses asistieron al final de un mundo: el absolutismo monárquico cedió el paso a la soberanía nacional.

Cambios políticos y sociales

Convocatoria de Estados Generales

En Francia no se habían convocado a asamblea los representantes de la nobleza, clero y pueblo desde hacía más de un siglo.

Fue el déficit financiero del estado francés el que decidió al monarca a convocarlas.

Pero los representantes de cada uno de los estados llevaron su cuaderno de quejas a la asamblea.

El clero y la nobleza quieren mantener sus privilegios y la regulación del comercio interior

La burguesía pedía la libertad de expresión, reunión y comercio, la igualdad de los tres estamentos y la abolición de los diezmos

Los campesinos pedían la supresión de cargas e impuestos

Los Estados Generales se reúnen en 1789 con 1139 diputados y más de 40000 cuadernos de quejas.

El número de los diputados del estado llano o Tercer Estado (burguesa, masas urbanas, campesinos) igualaba a los de la nobleza y clero juntos con lo que aquellos querían votación por individuos, mientras que estos preferían un voto por cada estamento.

Al final se llega a un acuerdo y se reconoce a la reunión el carácter y trascendencia de “Asamblea Nacional” como representación de la nación soberana. A continuación se decide que esa misma asamblea redactará una constitución. Se juramentan en la sala del juego de la pelota a no separarse hasta conseguir una constitución. La Asamblea Nacional pasa a ser Asamblea Constituyente.

Son importantes en esta época tanto

- Los movimientos populares

  • Como los distintos grupos o partidos políticos

Hay una situación de gran descontento popular como consecuencia del alto precio del pan y de la bajada de los precios de los vinos que da lugar a revueltas populares que culminan con el asalto a la Bastilla, cárcel real y símbolo del antiguo régimen, en parte por razones políticas y en parte por razones económicas por la situación crítica del abastecimiento de París.

Los campesinos incendian los castillos de los señores donde se guardaban la lista de pagos pendientes en un intento de que se decida la abolición de los derechos señoriales.

Son también importantes las actuaciones de distintos clubes o asociaciones, precedente histórico de los actuales partidos políticos. Se distinguen en la Asamblea Constituyente

  • El grupo de los aristócratas partidarios de una monarquía moderada por una constitución.

  • El grupo de los girondinos (alta burguesía) partidarios de la república y de la propiedad que consideran que las provincias deben tener más importancia que París y que las ideas revolucionarias se extenderán no sólo a Francia sino a toda Europa.

  • El grupo de los jacobinos (burgueses medios y pueblo) que son centralistas, consideran que la revolución debe hacerse desde París y a toda costa. Su figura más representativa es Robespierre.

  • .El grupo de los demócratas que defienden el sufragio universal y la soberanía del pueblo.

Se aprueba en 1791 la declaración de “Derechos del Hombre y del Ciudadano” y la constitución, que van a tener una influencia decisiva en Europa. Se mantienen los siguientes principios:

  • División de poderes, de modo que el poder del rey está limitado por la asamblea elegida por la nación soberana.

  • Supresión de las justicias señoriales y descentralización de la administración por influencia de los girondinos, con creación de departamentos.

  • Constitución civil del clero obligándose a los sacerdotes a jurar fidelidad a la constitución.

  • Tienen derechos políticos y pueden votar los mayores que tengan medios de fortuna, quedando sin derechos políticos el cuarto estado.

  • Confiscación de los bienes de la Iglesia, medida destinada a disminuir el déficit fiscal.

Declaración de los Derechos del hombre y del ciudadano.

(Decretados por la Asamblea Nacional en las cesiones de 20, 23, 24 y 26 de agosto de 1789 y aceptados por el rey).

Los representantes del pueblo francés, constituidos en Asamblea nacional, considerando que la ignorancia, el olvido o el menosprecio de los derechos del hombre son las únicas causas de las calamidades públicas y de la corrupción de los gobiernos, han resuelto exponer, en una declaración solemne, los derechos naturales, inalienables y sagrados del hombre, a fin de que esta declaración, constantemente presente para todos los miembros del cuerpo social, les recuerde sin cesar sus derechos y sus deberes; a fin de que los actos del poder legislativo y del poder ejecutivo, al poder cotejarse a cada instante con la finalidad de toda institución política, sean más respetados y para que las reclamaciones de los ciudadanos, en adelante fundadas en principios simples e indiscutibles, redunden siempre en beneficio del mantenimiento de la Constitución y de la felicidad de todos.


En consecuencia, la Asamblea nacional reconoce y declara, en presencia del Ser Supremo y bajo sus auspicios, los siguientes derechos del hombre y del ciudadano:

Artículo I - Los hombres nacen y permanecen libres e iguales en derechos. Las distinciones sociales sólo pueden fundarse en la utilidad común.

Artículo II - La finalidad de toda asociación política es la conservación de los derechos naturales e imprescriptibles del hombre. Tales derechos son la libertad, la propiedad, la seguridad y la resistencia a la opresión.

Artículo III - El principio de toda soberanía reside esencialmente en la Nación. Ningún cuerpo, ningún individuo, pueden ejercer una autoridad que no emane expresamente de ella.

Artículo IV - La libertad consiste en poder hacer todo aquello que no perjudique a otro: por eso, el ejercicio de los derechos naturales de cada hombre no tiene otros límites que los que garantizan a los demás miembros de la sociedad el goce de estos mismos derechos. Tales límites sólo pueden ser determinados por la ley.

Artículo V - La ley solo tiene derecho a impedir las acciones perjudiciales a la sociedad.

Artículo VI - La ley es la expresión de la voluntad general. Todos los ciudadanos tienen derecho a contribuir a su elaboración, personalmente o por medio de sus representantes. Debe ser la misma para todos, ya sea que proteja o que sancione. Como todos los ciudadanos son iguales ante ella, todos son igualmente admisibles en toda dignidad, cargo o empleo públicos, según sus capacidades y sin otra distinción que la de sus virtudes y sus talentos.

Artículo VII - Ningún hombre puede ser acusado, arrestado o detenido, como no sea en los casos determinados por la ley y con arreglo a las formas que ésta ha prescrito. Quienes soliciten, cursen, ejecuten o hagan ejecutar órdenes arbitrarias deberán ser castigados; pero todo ciudadano convocado o aprehendido en virtud de la ley debe obedecer de inmediato; es culpable si opone resistencia.

Artículo VIII- La ley sólo debe establecer penas estricta y evidentemente necesarias, y nadie puede ser castigado sino en virtud de una ley establecida y promulgada con anterioridad al delito, y aplicada legalmente.

Artículo IX - Puesto que todo hombre se presume inocente mientras no sea declarado culpable, si se juzga indispensable detenerlo, todo rigor que no sea necesario para apoderarse de su persona debe ser severamente reprimido por la ley.

Artículo X - Nadie debe ser incomodado por sus opiniones, inclusive religiosas, a condición de que su manifestación no perturbe el orden público establecido por la ley.

Artículo XI - La libre comunicación de pensamientos y de opiniones es uno de los derechos más preciosos del hombre; en consecuencia, todo ciudadano puede hablar, escribir e imprimir libremente, a trueque de responder del abuso de esta libertad en los casos determinados por la ley.

Artículo XII - La garantía de los derechos del hombre y del ciudadano necesita de una fuerza pública; por lo tanto, esta fuerza ha sido instituida en beneficio de todos, y no para el provecho particular de aquéllos a quienes ha sido encomendada.

Artículo XIII - Para el mantenimiento de la fuerza pública y para los gastos de administración, resulta indispensable una contribución común; ésta debe repartirse equitativamente entre los ciudadanos, proporcionalmente a su capacidad.

Artículo XIV - Los ciudadanos tienen el derecho de comprobar, por sí mismos o a través de sus representantes, la necesidad de la contribución pública, de aceptarla libremente, de vigilar su empleo y de determinar su prorrata, su base, su recaudación y su duración.

Artículo XV - La sociedad tiene derecho a pedir cuentas de su gestión a todo agente público.

Artículo XVI - Toda sociedad en la cual no esté establecida la garantía de los derechos, ni determinada la separación de los poderes, carece de Constitución.

Artículo XVII - Siendo la propiedad un derecho inviolable y sagrado, nadie puede ser privado de ella, salvo cuando la necesidad pública, legalmente comprobada, lo exija de modo evidente, y a condición de una justa y previa indemnización.

La Asamblea Legislativa

La legislativa estaba dominada por los girondinos, en su mayoría demócratas moderados. A su izquierda se hallaban los “jacobinos”, que representaban los intereses de la pequeña burguesía y del pueblo.

En abril de 1792, la legislativa se vio obligada, ante las amenazas de Austria y Prusia, defensoras del absolutismo, a declararles la guerra. Los franceses se enrolaron voluntariamente en el ejército.

Mientras tanto, en París crecía el movimiento contra la monarquía. El 10 de agosto de 1792 se produjo el asalto al Palacio de las Tullerías y se estableció la comuna popular de París. La asamblea destituyó al rey y decretó la formación de una Convención Nacional elegida por sufragio universal. Al clausurarse la Asamblea Legislativa, se proclama el establecimiento de la República como nuevo sistema de gobierno.

Convención Nacional

Surge como consecuencia de unas nuevas elecciones una nueva asamblea denominada Convención donde tendrán influencia decisiva los jacobinos con su programa radical y Robespierre.

En medio de la pugna, Luis XVI fue declarado culpable de traición y ejecutado en la guillotina, lo que originó la creación de una gran alianza de las monarquías europeas contra Francia. Simultáneamente, en la región de La Vandée, al noroeste de Francia, surgía la rebelión contra la República a favor de la monarquía, la nobleza y el clero.

Ante las graves amenazas externas e internas, los Jacobinos, encabezados por Robespierre, se apropiaron del poder e implantaron u gobierno de tal dureza, que este período es conocido como la época del Terror. La revolución

llegó en este período a su máximo radicalismo con la creación

de un Tribunal Revolucionario y un Comité de Salud Pública, lo que determinó el rompimiento con los jacobinos y su expulsión de la Convención.

Algunos cambios políticos y sociales hechas por los jacobinos

Los jacobinos aprobaron una Constitución Democrática y Social que proclamaba el sufragio universal y el derecho al trabajo, la separación entre la Iglesia y el Estado, y una ley de instrucción obligatoria y gratuita. Los campesinos no tuvieron que pagar compensaciones a los señores, y los precios de los granos y las harinas fueron congelados para favorecer su alimentación.

Las medidas en pro del desarrollo cultural contemplaron la creación de establecimientos de enseñanza secundaria y gran número de centros científicos y artísticos, como la Escuela Normal, el Conservatorio de Artes y Oficios, el Museo de Louvre, la Escuela Politécnica, el Instituto de Francia, la Biblioteca y Archivos Nacionales, la Escuela de Medicina y la Escuela de Derecho, entre otras.

En 1794, la Convención, atemorizada por los excesos dictatoriales de Robespierre, ordenó su arresto y ejecución, sustituyendo la Constitución por una nueva, que establecía el gobierno de un Directorio, compuesto por cinco miembros.

El Directorio

La llamada reacción Termidoriana puso fin al gobierno radical de los jacobinos, disolviendo el Comité de Salud Pública y el Tribunal Revolucionario. Los sectores moderados, representantes de la alta burguesía, impusieron la Constitución del año III. El poder ejecutivo radicaba en cinco miembros, y el legislativo estaba constituido por dos cámaras: el Consejo de los 500 que preparaba las leyes, y un Consejo de Senadores, con 250 miembros, que las aprobaba.

En resumen, se volvía a una república burguesa y censitaria, donde el poder se concentró en una plutocracia que debía enfrentar permanentemente los impulsos de los conservadores realistas, así como de los sectores populares de izquierda.

En este período comenzó a destacarse un joven oficial, Napoleón Bonaparte, que se cubrió de gloria en las campañas de Italia y Egipto. Su fama lo convirtió en árbitro de los conflictos políticos internos.

El Golpe de Estado del General Bonaparte

La precaria situación económica y política de Francia contrastaba con los simultáneos éxitos militares del ejército francés (seis repúblicas hermanas en las fronteras de Francia formaban su escudo protector). Ante esta situación, Sieyès, miembro del Directorio, contactó con un prestigioso general, Napoleón Bonaparte (1769-1821), para que éste asumiera la dirección de un golpe de estado.

El 9 de noviembre de 1799, Napoleón disolvió el Directorio y constituyó un gobierno provisional.

Sin embargo, Napoleón Bonaparte consolidó las conquistas revolucionarias: destrucción de las estructuras feudales, estabilización del liberalismo económico e instalación de la burguesía como clase social dominante. Ahora bien, quedaron suprimidos los ideales de democracia política e igualdad social.

Consecuencias de la Revolución Francesa

  • Más de 30000 personas fueron ejecutadas en la época de la convención y del terror.

  • El patrimonio de la iglesia disminuyó considerablemente y la supresión de los diezmos tuvo grandes consecuencias para la Iglesia y los Campesinos

  • La alta burguesía y una parte de la nobleza aumentaron sus propiedades

  • La nobleza perdió sus privilegios y quedó obligada al pago de impuestos

  • La conclusión más importante es la de que Francia “exportó” su revolución de modo que la constitución francesa y la americana influyeron en toda Europa Continental con sus ideas de derechos humanos a respetar por el estado, división en tres poderes, elecciones, partidos políticos...

EL IMPERIO DE NAPOLEÓN BONAPARTE

Transformaciones políticas, sociales y económicas hechas por Napoleón

Napoleón instauró en Francia un gobierno personal y autoritario basado en una constitución que le atribuía como primer cónsul un gran protagonismo. Había tres asambleas pero en realidad el gobierno de la república se confiaba a una sola persona.

De primer cónsul Napoleón pasa a ser cónsul vitalicio, tras un plebiscito en el que obtiene el apoyo popular, y con posterioridad es coronado emperador, con lo que sus poderes se incrementan considerablemente.

  • Dictó personalmente una constitución francesa que se ajustaba a su concepción del estado

  • Creó un código civil como conjunto de normas que iban a gobernar todos los aspectos de la vida, desde los tribunales hasta la educación con base al principio de autoridad

  • Racionalizó el poder mejorando el sistema de recaudación de impuestos de modo que pudieran mantenerse los ejércitos

  • Cuidó de la economía interviniendo en los precios, evitando la pobreza del campesinado

  • Llegó a un acuerdo con el Sumo Pontífice y consiguió que la iglesia católica dependiese del estado

  • Hizo desaparecer la libertad de prensa y expresión, evitando toda crítica.

  • Creó una nueva nobleza imperial y cortesana a su alrededor y protegió a la gran burguesía que consiguió grandes beneficios industriales y comerciales. Los notables consiguen recuperar su posición preeminente en la sociedad

  • Aunque aceptaba los principios de la revolución francesa de libertad, derechos humanos y el imperio de la ley, en realidad Napoleón quería un poder personal e ilimitado.

Fin del Imperio

En 1812 se inicia el declive del imperio napoleónico. La derrota de Arapiles en España, y los contactos del zar Alejandro I con Suecia y Turquía obligaron a Napoleón a emprender una gran empresa que le devolviera su prestigio: la gran campaña de Rusia.

Las tropas francesas se abrieron paso hasta Moscú, pero la llegada del crudo invierno detuvo en seco los avances el ejército francés a su paso por el río Beresina. La precipitada retirada fue catastrófica.

Finalmente, los últimos adversarios del emperador: Rusia, Austria, Prusia y Suecia, le derrotaron en Leipzig (1813).

El 11 de abril de 1814, Napoleón abdicó sin condiciones, siendo confinado en la isla de Elba.

El 30 de mayo, Luis XVIII, con quien tuvo una efímera restauración la dinastía borbónica, firmó la paz con los coaligados.

El Imperio “de los cien días”

Aprovechando las discordias entre los aliados y el descontento de los franceses por intento de la restauración del Antiguo Régimen con Luis XVIII, Napoleón se presentó de nuevo en París en marzo de 1815.

De nuevo, ingleses, holandeses y prusianos se lanzaron al ataque. Esta vez derrotaron definitivamente al emperador en Waterloo el 18 de julio de 1815.

Napoleón abdicó de nuevo y fue desterrado a la isla de Santa Elena, donde moriría en 1821.

Luis XVIII ocupó por segunda vez el trono francés, restaurando con ello la monarquía borbónica. Sin embargo, la restauración del Antiguo Régimen iba a resultar imposible. En aspectos importantes, los logros de la Revolución habían de permanecer.

Igualdad entre hombres y mujeres

Siguiendo la pauta de la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano, la autora teatral y activista revolucionaria Olimpia de Gouges publicó en 1791, la Declaración de los derechos de la Mujer y de la Ciudadana. , que comenzaba así:

“Las madres, las hijas, las hermanas, representantes de la nación, piden ser constituidas en Asamblea Nacional. Considerando que la ignorancia, el olvido o el desprecio de los derechos de la mujer son las únicas causas de las desgracias públicas y de la corrupción de los gobiernos, han resuelto exponer en una solemne declaración los derechos naturales, inalienables y sagrados de la mujer”.

Las costumbres, la Moral y el Derecho

El Estado sustituyó a la Iglesia en la regulación de la vida privada. Se estableció el Registro Civil encargado de la inscripción de los nacimientos, los matrimonios y las defunciones. Se aprobó el divorcio y la libertad de derechos de todos los hijos, incluso los ilegítimos. La esclavitud fue abolida y se dio igualdad de derechos a los protestantes y a los judíos.

El Código Civil, aprobado en 1804, vino a ordenar las disposiciones jurídicas tan diversas que existían en Francia. La necesidad de codificar era, en esos años, tan urgente como la medicina para un enfermo grave. En las regiones del sur de Francia, imperaban disposiciones del Derecho Romano, en tanto que en las del norte, incluyendo a París, se había impuesto un Derecho Consuetudinario, basado en gran parte en las instituciones feudales de origen franco y germánico. La vida familiar, así como el matrimonio, estaban bajo el control de la Iglesia, y se regían bajo el Derecho Canónico. Los decretos y las ordenanzas regionales hacían más confuso, paradójico y absurdo el panorama. Con gran sabiduría, Voltaire había dicho que, el viajero que en aquellos días recorría Francia, cambiaba de ley con más frecuencia que de caballo.

Las nuevas medidas

A fines de 1799, la Asamblea Legislativa de Francia aprobó el “metro” como nueva medida básica de longitud. El nombre viene del griego, y significa “medida”. Su determinación fue fruto de 8 años de estudio por parte de una comisión de 12 destacados hombres de ciencia, a los que se había encargado revisar el sistema francés de pesos y medidas. El propósito era terminar con la arbitrariedad existente y para ello nada parecía más aconsejable que un sistema basado en número diez, ya que fueron los diez dedos de las manos los primeros instrumentos que el hombre tuvo para contar y apreciar cantidades. El metro es la diezmillonésima parte de un cuadrante terrestre, y sus múltiplos y submúltiplos mantienen entre sí la relación de diez.

La Moda

Entre los hombres se generalizó el uso de pantalones en lugar de calzón corto. Algunos también adoptaron durante la República, el gorro frigio, como símbolo de la libertad, por ser el gorro que en la antigüedad se entregaba a los esclavos manumitidos, es decir, a los que habían obtenido la libertad.

Entre las mujeres, en cambio más destacado fue el peinado, al desaparecer la moda en “erizo” con una decoración que imitaba un frutero, característica del Antiguo Régimen.

Luis XVI

14 de julio de

Gente en las calles

Maximilian de Robespierre

Napoleón Bonaparte

Madame Récamier, de J.L. David. En este cuadro es posible apreciar algunas tendencias de la moda burguesa en época de la Revolución

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