Fábulas; Fedro

Literatura clásica antigua. Narrativa romana. Fabulista. Obras: El lobo y la cabra, el lobo y el caballo, los perros hambrientos, el caballo y el jabalí, las dos perras. Biografía

  • Enviado por: Alexandra
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FEDRO:

Fedro era un fabulista latino, llamado también Foeder. Se dice que vivió entre los años 10 y 70 de nuestra era. En general su vida fue conocida por sus obras. Fedro nació en Macedonia, era hijo de un esclavo que obtuvo la libertad para sí mismo y su familia. Recibió una buena educación y de joven se trasladó a Roma, dónde se dedicó a la poesía. Él introdujo la fábula a la literatura latina y consiguió darle a ésta un carácter que anteriormente no tenía. La mayor parte de sus asuntos los tomó de Esopo, que éstos los enriqueció y los transformó completamente de tal modo que podían ser considerados una novedad. Fedro siempre se esforzaba en decir las cosas de la forma más breve y clara posible, aunque utilizaba un lenguaje bastante rebuscado.

Las obras de Fedro se componen de cinco libros:

  • Los dos primeros aparecieron juntos

  • El tercer libro fue dedicado a Euticus, que era su amigo y protector.

  • El cuarto libro lo dedicó a Particulon.

  • Finalmente, el quinto, se supone que lo escribió durante el reino de Nerón.

En general, Fedro fue poco conocido en la antigüedad, hasta llegar a la Edad Media, que es cuando ejerció una influencia considerable.

Actualmente, se han hecho muchas ediciones de las fábulas de Fedro, que éstas han sido traducidas a casi todas las lenguas.

FABULAS:

El lobo y la cabra.

Encontró un lobo a una cabra que pastaba a la orilla de un precipicio.

Como no podía llegar a donde estaba ella le dijo:

-- Oye amiga, mejor baja pues ahí te puedes caer. Además, mira este prado donde estoy yo, está bien verde y crecido.

Pero la cabra le dijo:

-- Bien sé que no me invitas a comer a mí, sino a tí mismo, siendo yo tu plato.

Conoce siempre a los malvados, para que no te atrapen con sus engaños.

El lobo y el caballo.

Pasaba un lobo por un sembrado de cebada, pero como no era comida de su gusto, la dejó y siguió su camino. Encontró al rato a un caballo y le llevó al campo, comentándole la gran cantidad de cebada que había hallado, pero que en vez de comérsela él, mejor se la había dejado porque le agradaba más oír el ruido de sus dientes al masticarla.

Pero el caballo le repuso:

-- ¡ Amigo, si los lobos comieran cebada, no hubieras preferido complacer a tus oídos sino a tu estómago !

A todo malvado, aunque parezca actuar como bueno, no debe de creérsele.

Los perros hambrientos.

Vieron unos perros hambrientos en el fondo de un arroyo unas pieles que estaban puestas para limpiarlas; pero como debido al agua que se interponía no podían alcanzarlas decidieron beberse primero el agua para así llegar fácilmente a las pieles.

Pero sucedió que de tanto beber y beber, reventaron antes de llegar a las pieles.

Ten siempre cuidado con los caminos rápidos, pues no siempre son los más seguros.

El lobo y la cabra.

Encontró un lobo a una cabra que pastaba a la orilla de un precipicio. Como no podía llegar a donde estaba ella le dijo:

-Oye amiga, mejor baja pues ahí te puedes caer. Además, mira este prado donde estoy yo, está bien verde y crecido.

Pero la cabra le dijo:

-Bien sé que no me invitas a comer a mí, sino a tí mismo, siendo yo tu plato.

Conoce siempre a los malvados, para que no te atrapen con sus engaños.

El caballo y el jabalí.

Todos los días el caballo salvaje saciaba su sed en un río poco profundo. Allí también acudía un jabalí que, al remover el barro del fondo con la trompa y las patas, enturbiaba el agua. El caballo le pidió que tuviera más cuidado, pero el jabalí se ofendió y lo trató de loco. Terminaron mirándose con odio, como los peores enemigos. Entonces el caballo salvaje, lleno de ira, fue a buscar al hombre y le pidió ayuda.

-Yo enfrentaré a esa bestia -dijo el hombre- pero debes permitirme montar sobre tu lomo.
El caballo estuvo de acuerdo y allá fueron, en busca del enemigo. Lo encontraron cerca del bosque y, antes de que pudiera ocultarse en la espesura, el hombre lanzó su jabalina y le dio muerte. Libre ya del jabalí, el caballo enfiló hacia el río para beber en sus aguas claras, seguro de que no volvería a ser molestado. Pero el hombre no pensaba desmontar.
-Me alegro de haberte ayudado -le dijo-. No sólo maté a esa bestia, sino que capturé a un espléndido caballo.

Y, aunque el animal se resistió, lo obligó a hacer su voluntad y le puso rienda y montura. Él, que siempre había sido libre como el viento, por primera vez en su vida tuvo que obedecer a un amo. Aunque su suerte estaba echada, desde entonces se lamentó noche y día:

-¡Tonto de mí! ¡Las molestias que me causaba el jabalí no eran nada comparadas con esto! ¡Por magnificar un asunto sin importancia, terminé siendo esclavo!

A veces, con el afán de castigar el daño que nos hacen, nos aliamos con quien sólo tiene interés en dominarnos.

Las dos perras.

Suelen envolver una asechanza las caricias de los malos, y para no caer en ella, nos conviene tener muy presente lo que diremos a continuación. Una perra solicitó de otra permiso para echar en su choza la cría, favor que le fué otorgado sin dificultad; pero es el caso que iba pasando el tiempo, y nunca llegaba el momento de abandonar la choza que tan generosamente se le había cedido, alegando, como razón de esta demora, que era preciso esperar a que los cachorrillos tuviesen fuerzas para andar por sí solos. Como se le hiciesen nuevas instancias, pasado el último plazo que ella misma había fijado, contestó arrogantemente : «Me saldré de aquí, si tienes valor para luchar conmigo y con mi turba.»

Si dais entrada al malo en vuestra casa, os echará de ella.