Evolución política y social chilena

Historia de Chile. Culturas sudamericanas. Sociedad, economía y arte. Factores económicos. Poblamiento de América. Pueblos chilenos. Abórigenes

  • Enviado por: Jennifer Contreras
  • Idioma: castellano
  • País: Chile Chile
  • 23 páginas
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UNIVERSIDAD DE MAGALLANES

FAC.HUMANIDADES Y CS. SOCIALES

DPTO EDUCACION Y HUMANIDADES

CARRERA DE SERVICIO SOCIAL.

Ramo: Evolución política y social de Chile.

Fecha: 19 Abril 2002.

Año: Primer semestre 2002.

Introducción.

Desde hace miles de años que el territorio actual de Chile, al igual que el de la mayor parte de América, ha estado habitado por diversas agrupaciones humanas que vivían fundamentalmente de la caza y la recolección.

En una tierra vasta y diversa, dichas agrupaciones evolucionaron y se relacionaron entre sí, desarrollando diferentes culturas y formas de vida, dependiendo para su subsistencia de los abundantes recursos naturales, animales y vegetales aquí existentes.

A la llegada de los españoles, pueblos diferenciados, con lenguas, religiones, formas de subsistencia y organización social propias, y con una población superior al millón de personas, residían desde el extremo norte hasta Tierra del Fuego.

Así por ejemplo, algunos pueblos, como los Aymara y los Atacameños en el norte vivían de la agricultura (cultivo de papa y quínoa) y la ganadería de auquenidos (llamas y alpacas). Otros, como los Changos en la costa norte, los rapa nui en Isla de Pascua, los Chonos, los kawéskar o Alacalufes y los Yámana o Yaganes en los canales australes, vivían fundamentalmente de la pesca y la recolección de moluscos. Finalmente los Mapuche, que habitaban entre el Choapa por el norte y las islas de Chiloé por el sur, los aónikenk o tehuelches de la Patagonia y los sélknam de la isla de Tierra del Fuego, vivían del producto de la caza y la recolección.

Sus formas de organización social también diferían unas de otra. Así por ejemplo, los aymara se organizaban en ayllus que eran unidades territoriales formadas en base al parentesco, los que a su vez podían agruparse en confederaciones de ayllus o "señoríos".

Los Rapa nui, que habrían estado divididos en diversos grupos a tribus hasta el siglo XVI o XVII, tenían un sistema jerárquico de jefes a "ariki" y "cortes reales" que habrían persistido hasta fines del siglo pasado.

Para los Mapuche, en tanto, la familia -completa y extendida- bajo el liderazgo del cacique (lonco, ulmen), habría sido, en tiempos de paz, la organización fundamental. Bajo la dirección de este cacique, a quien se recurría para resolver conflictos, la familia compartía un territorio, habitaba en una o más viviendas (rucas), y procuraba la alimentación sus integrantes.

El primitivo poblamiento de América

Existen diversa teorías que coinciden en estimar que el indio americano tiene su origen en regiones extracontinentales. Su llegada a América se había producido hace 20 ó 30.000 años.

La mayoría de las hipótesis hablan de una migración asiática (mongoloides) que cruzó el estrecho de Bering, en el norte y que se fue desplazando hasta el extremo sur, mediante oleadas.

Aparte de la vía señalada, también se cree que pudieron llegar a América desde la Polinesia y Australia.

1-. Elementos polinésicos: Diestros navegantes, conocían perfectamente las corrientes, se guiaban por las estrellas y podían recorrer de 2.000 a 4.000 millas sin escala y sus piraguas lograban franquear en veinte días la distancia entre Hawai y la Isla de Pascua.

En todo caso, algunos sostienen que existieron relaciones comerciales regulares entre los navegantes oceánicos y algunos pueblos de las costas de América y a tales contactos se debe la introducción de palabras y objetos polinesicos.

2-. Elementos Australianos: Algunos opinan que los indios fueguinos del extremo sur de América provienen de migraciones procedentes de Australia.

Según el antropólogo portugués Méndez Correia, los Australianos habrían podido pasar a la América meridional haciendo escala en todas las tierras situadas entre Australia y la Tierra del Fuego. Para ello han debido atravesar el continente antártico en una época en que las condiciones eran muy diversas a los presentes, esto es, en algún periodo del retroceso de los glaciares.

Pero la mas aceptada es la que afirma que el poblamiento se produjo desde Asia por el estrecho a fines del cuaternario.

El antropólogo francés Paul Rivet formuló una teoría, afianzada en los antecedentes etnográficos, folklóricos y lingüísticos, que supone un doble origen: Asiático en el norte y centro y Australiano en el sur. Esta ultima migración se habría producido por los bordes antárticos e islas oceánicas del Pacífico sur.

El hombre americano habría llegado al continente por el estrecho de Bering, por el Océano Pacífico y por la región antártica, para poblar respectivamente América del Norte y Central, Colombia y Perú, Chile y Argentina.

Parece indudable que los más antiguos y los más numerosos emigrantes vinieron desde el nordeste de Asia al nordeste de América del Norte, cruzando el estrecho de Bering, -que separa los dos continentes - para instalare en Alaska y en el valle del río Yukon. El estrecho mencionado es corto (90 kilómetros) y de aguas poco profundas (50 metros). Además existen en el unas pequeñas islas, las Diomedes que facilitan la travesía.

En un tiempo relativamente corto, los hombres del estrecho se desparramaron por todo el continente Americano.Hace a lo menos 10.000 años que se encontraban ya en la Patagonia. La ruta seguida solo podemos imaginarla, por los valles de los ríos Mackenzie, Missouri y Snake. Los inmigrantes llegarían a las tierras situadas a ambos lados de los montes Rocallosos, Quizás también usarían, camino al sur, la costa del Pacifico. Hallamos a continuación sus huellas en el valle de México y el istmo de Panamá.

Ya en Sudamérica, avanzarían siguiendo los valles del Cauca y del Magdalena, hasta las Tierras Altas de los Andes; soslayarían, así, las junglas del área amazónica y de la costa colombiana y ecuatoriana.

Otro contingente se desviaría al este, hacia Venezuela. Por las Tierras Altas, mientras tanto, la migración norásiatica culminaría en Argentina del norte. Esta llegada facilitaría mas adelante, el avance hacia la Patagonia y el Brasil oriental.

La teoría autóctona.

Otras teorías de difícil demostración han señalado que el hombre americano tiene un origen autóctono, es decir surge en el propio continente. Una de estas es la creada por el antropólogo argentino Fernando Ameghino quien señala que el hombre americano surgió en la pampa Argentina. Para sostener dicha aseveración se baso en el descubrimiento de un hueso, que habría sido de un hombre.

Estudios posteriores demostraron que era de un animal. Con el tiempo la tesis de Ameghino cayo en descrédito.

La aldea más antigua.

A cincuenta kilómetros al interior de la costa de Puerto Montt, en un lugar llamado Monte Verde al borde del arroyo Chinchihuapi, se localizó lo que parece ser la aldea más antigua de América. Se estima que hace unos 13.000 años vivió allí un grupo de entre 30 y 50 personas, en chozas con armazón de troncos cubierta por pieles, quienes recolectaban una gran variedad de vegetales y raíces silvestres. Desde esta aldea debieron salir los hombres a cazar mastodontes y otros animales a las lagunas cercanas, donde también extraían moluscos.

Posteriormente, regresaban a la aldea para compartir los alimentos con sus familias.
El comportamiento de los paleoindios asentados en este lugar, solo puede explicarse por la abundancia de alimentos que había en el sector.

Los indígenas de Chile.

Antes de la llegada de los españoles a América, Chile no existía, ni como nación, ni menos como Estado. Pero en su territorio habitaban, o habían habitado, muchos pueblos indígenas.

El principal de ellos, el araucano, y también otros en menor escala, mezclaron su sangre con la española, y el producto de esta fusión, el mestizo, fue y continua siendo hoy la base racial de la nación chilena.

Por ello es importante conocer nuestro mundo indígena.

En el pasado ha existido la inclinación a negar, ocultar o restar trascendencia a la sangre indígena que corre por las venas de todos los chilenos, de cualquier clase social. Este ancestro, además de indiscutible, no debería ser motivo de vergüenza sino de orgullo, pues los indios chilenos, como todos los seres humanos, tuvieron y continúan teniendo, al lado de sus defectos, grandes virtudes.

Desde hace miles de años el territorio actual de Chile, ha estado habitado por diversas agrupaciones humanas que vivían fundamentalmente de la caza y recolección. En una tierra vasta y diversa, dichas agrupaciones evolucionaron y se relacionaron entre sí, desarrollando diferentes culturas y formas de vida, dependiendo, para su subsistencia de los abundantes recursos naturales, animales y vegetales aquí existentes.

Existían muchos desniveles en las culturas, habían simples, complejas, pero ninguna como las encontradas en Perú y México. Esta diversidad es debía a la geografía chilena, por ejemplo en las zonas áridas la flora es escasa, la fauna no abunda y la falta de agua hace casi imposible que se practique una agricultura intensiva.

Información general sobre pueblos chilenos.

  • No hubo un solo grupo étnico y cultural en el territorio, sino varios y bastantes variados entre sí.

  • Algunos llegaron a niveles de cultura muy altos (agricultura, cerámica, tejidos, creencias, etc.). Otros tenían formas de vida primitivas (caza, recolección, dispersión tribal, animismo, canibalismo ritual etc.).

  • Sin embargo, entre el río Choapa y el canal de Chacao, se hablaba la misma lengua.

  • Algunos grupos habitaron territorios que exceden a las actuales fronteras del país e incluían zonas de países limítrofes (Argentina, Bolivia y Perú.).

  • De todas las comunidades indígenas existentes a la llegada de los españoles, solo subsisten pequeños grupos en el altiplano del norte (aimaráes, y mezclas de quechuas), en la zona de los Lagos (mapuches y huiliches) y en Isla de Pascua (polinesicos). Todos los demás han desaparecido por simple extinción (fueguinos) o por mestizaje con blancos europeos.

  • El conocimiento científico de estas comunidades indígenas es todavía insuficiente, tanto por no haber dejado aquellas culturas testimonios arqueológicos significativos, como por la escasez de recursos aplicados a su investigación.

  • Aborígenes de Chile.

    Expansión en el territorio Chileno.

    El territorio entre la cordillera del mar, el desierto y los hielos australes, constituía un área cuyo clima permitió la existencia de una variada flora y fauna las que fueron aprovechadas por los diversos grupos de cazadores-recolectores, llegando a modificar el ambiente y vivir en él.

    Las bandas de cazadores siguieron hacia el sur, hasta la Patagonia, en busca de alimentos y tierra, dejando a cada paso la evidencia inequívoca de haber permanecido allí. Estos nómades pronto encontrarían, ya fuese en fiordos o archipiélagos, el lugar ideal donde comenzar a vivir en comunidad.

    Culturas del norte.

    Los primeros habitantes de Chile llegaron al territorio por las mesetas altoandinas del extremo norte y por los pasos cordilleranos en la zona centro sur, hace aproximadamente 14.000 años. Entre ellos es posible distinguir aquellos pueblos primitivos y recolectores y los que logran una mayor jerarquía cultural aunque sin alcanzar una organización politico-social elevada.

    La primera forma de agrupación utilizada para resolver el problema alimenticio, fueron las bandas (agrupaciones humanas que rara vez sobrepasan las 30 personas y se reduce a solo 2 ó 3 familias nucleares (padres e hijos).

    Se cree que los primeros habitantes de Chile fueron las bandas de Ghuatchi(por ser los restos más antiguos encontrados), quienes poseían una técnica bastante primitiva, desconocían las puntas de proyectil y el elemento más abundante era una especie de hacha de mano pero hacia el año 7.500la técnica había evolucionado. Se cree que trabajaban con pieles porque sus utensilios eran apropiados para ello. Lo que también nos dice que eran cazadores, luego se encuentran morteros, asociados siempre con vegetales, lo que nos demuestra que los cazadores alternaban su dieta alimenticia con la recolección.

    Culturas costeñas.

    El asentamiento en el área costera impulsó un cambio de costumbres (4.000a.C). Se comenzó a mariscar y a pescar.

    La punta de flecha se cambio por el anzuelo de concha: los cazadores terrestres se transformaron en hábiles pescadores y cazadores de fauna marina.

    Las bandas crecieron pues, la estabilidad alimenticia permitió el aumento de población.

    Los basurales de los campamentos en los cuales se establecieron dieron origen a los conchales de Taltal, Guanqueros y La herradura.

    De estos indígenas habrían derivado los grupos sedentarios.

    Las creencias, aspectos de su desarrollo.

    El asentamiento en pequeños grupos dio paso a formas más complejas de relacionarce con las fuerzas de la naturaleza, como la aparición de diversos ritos funerarios y la creencia de una vida ultraterrena.

    Un claro ejemplo se aprecia en chinchorro (Arica), asentamiento donde los indígenas practicaron la momificación de los cuerpos. Los cadáveres eran preparados de dos formas: se envolvían en esteras o se le extraían las viseras y se esperaba que estuvieran secos en el interior para luego rellenarlos con otros elementos y aplicarle barro en la cara para perpetuarle el rostro.

    Los asentamientos de las quebradas.

    Los principales asentamientos en esta época (3.000a.C) se ubican en bocas de quebradas y valles entre ellos: Lluta, Azapa, Vitor, Camiña, Loa, Copiapo, Elqui, las que pronto se convirtieron en áreas agrícolas con dedicación casi exclusiva al trabajo de la tierra.

    Luego sus habitantes se dedicaron a la crianza de llamas, la elaboración de canastos, paños de algodón, husos para hilar, agujas cucharas, y más, adelante la utilización del oro, plata, cobre y otras aleaciones.

    Su ubicación en el árido norte.

    Las tribus que se desarrollan a partir de la domesticación de animales o las labores del suelo, elaboran una cerámica muy propia con características muy bien definidas.

    La cultura de San Pedro, ubicada cerca de San Pedro de Atacama entre el 500(a. C.) y el 300(d. C) se produce una cerámica roja pulida con formas globulares, base planta y cuellos. Además hay anillos de cobre, brazaletes y pipas de barro.

    Entre el 300 y el 1.000(d. C) la cultura San Pedro II absorbe mucho de la influencia de Tiahuanaco y copia los signos escalonados con algunos objetos como los vasos quero.

    Los atacameños: una cultura misteriosa.

    Uno de los pueblos más adelantados fueron los Atacameños, que ocupaban los territorios al interior de Tarapacá, Antofagasta y Puna de Atacama. Sus vestigios se remontan a casi 12.000 años, poseían una cultura bastante desarrollada, dedicándose a la agricultura, crianza de llamas y alpacas, a la minería y metalurgia, destacando su avanzada industria textil y alfarera.

    San Pedro III o Atacameños, como los llamaban los españoles, es una cultura de gran nivel intelectual, sus edificaciones y terrazas de riego, dan muestra de ello.

    Sometidos a una autoridad central fuerte y con un incremento poblacional constante, se dieron el afán de ganar mas tierras para las faenas agrícolas.

    La invasión incaica, primero, y la hispana después, marca el fin de una población que tomo lo mejor de la influencia Tihuanaco. De sus costumbres, creencias religiosas y desarrollo poco se sabe, a pesar que fueron conocidos por cronistas.

    En el estado actual de las investigaciones arqueológicas, se puede estimar que los atacameños poblaron la región comprendida entre los ríos Loa y Copiapó, adaptándose a sus pobres condiciones.

    Criaban llamas y alpacas y cultivaban la papa, el fríjol y la coca en las escasas tierras utilizables, mediante el sistema de andenes o terrazas, que eran regadas por acequias. En algunos lugares construyeron Pucarás o recintos defendidos por murallas, de los cuales se conservan sus ruinas: Lasanta, Toconcé, San Pedro de Atacáma, etc.

    Hay demostraciones de que trabajaron en el cobre de Chuquicamata. La sequedad del clima les permitió la concerbación de numerosos objetos por ellos confeccionados, sobre todo de aquellos construidos de madera, de cuero o de plumas.

    Tal vez un cambio de clima hizo aún más inhospitalario el desierto de Atacáma, determinando la emigración hacia Aríca y Tacna.

    Los Atacameños o Likanantai habitaban en los oasis, valles y quebradas de la provincia del Loa en el norte de Chile en la II región. En esta zona se encuentran el Salar de Atacáma, el volcán de Licancabur y los ríos Salado y Grande.

    El clima es en general es templado, presentado bruscos cambios de temperatura entre día y noche. Hay poca cantidad de lluvia, pero contribuye al crecimiento de las vegas y las arboledas en los territorios planos.

    Desde el periodo prehispanico hasta el presente, el pueblo Atacameño a demostrada gran capacidad de adaptación al clima desértico, caracterizado por su extrema aridez.

    En esta área ocupada hace 10.000 años, prevalecen grandes extensiones con escasos ríos, cerca de los cuales se han ubicado las aldeas de este pueblo, pequeñas y rodeadas por muros defensivos.

    El cronista Mariano de Lobera los define así: ”Algarrobos y Chañarales son importantes en su alimentación diaria. Muelen la algarroba para fabricar una bebida muy gustosa, las tierras son regadas por muchas acequias y su forma de cultivos en terrazas es la usanza andina”.

    Fueron los primeros agricultores, por lo tanto los primeros pueblos sedentarios del país. Como el suelo cultivable era muy escaso construyeron terrazas de cultivo en los faldeos de los cerros, regadas artificialmente y las fertilizaban con guano de llama. Su principal actividad económica fue, por lo tanto, la agricultura, destacando los cultivos de siete variedades de maíz, quínoas, frijoles, tunas, algodón, calabazas, papas, porotos entre otros.

    También se dedicaron a la ganadería, especialmente de llamas y alpacas, a las cuales aprovechaban la carne y la lana. Además la utilizaron como su principal medio de transporte, para realizar un frecuente intercambio comercial con los pueblos costeros.

    Su desarrollo artístico lo expresaron a través de la cerámica, tejidos, cestería, tallados en madera y en la metalurgia, especialmente de cobre y bronce. Famosas son sus tabletas de rapé y sus respectivos tubos, fabricadas en madera.

    Cosmovision.

    En las fiestas y ceremonias se expresa una profunda e intensa interacción con la naturaleza manifestada en los convidos al espíritu de la tierra, Pachamama, de los cerros, tata-cerros; y del agua, tata-putarajni, como también de los antepasados, tata-abuelos.

    Hoy subsisten sus patrones tradicionales de creencias, cognición y simbolismo, basado en concepciones mitológicas tradicionales y reactualizando mediante la experiencia ritual.

    Las festividades atacameñas por excelencia son:

    • El carnaval.

    • La limpia de canales.

    • El enfloramiento del ganado.

    • El culto a los tata abuelos o antepasados prehispanos.

    Se sabe que creían en la vida después de la muerte y que enterraban a sus muertos con vestuario y alimentos para su viaje al más allá. Adoraron a distintas fuerzas de la naturaleza, pero no se han encontrado templos ni oratorios.

    El sincretismo andino-cristiano se expresa en diversas ceremonias locales, especialmente en fiestas patronales.

    Cada localidad tiene una santa o santo, patrono del pueblo. Además de esta divinidad protectora de la comunidad existen santos venerados en función de sus atributos milagrosos. San Pedro por ejemplo es el patrón de los llameros.
    Existen mitos como el que afirma que la virgen de Guadalupe se aparece en un riachuelo que cruza el pueblo de Aiquina.

    La Candelaria es la fiesta de Caspana, aun cuando San Lucas es el patrón de la comunidad. El alférez es el responsable ante la comunidad de la realización de la fiesta. Las mujeres de la casa del alférez deben preparar la comida llamada boda para servir a los invitados especiales.

    Tabletas de rapé.

    En estos rituales, enmarcados en el ciclo agropastoril anual, sobresalen los ritos Atacameños tradicionales, mezclados con rituales cristianos, constituyendo una expresión de sincretismo andino-cristiano.

    Comenta el cronista Gerónimo de Vivar, secretario del conquistador Pedro de Valdivia:
    "Acostumbran hablar con el demonio los que por amigos se le dan..."

    Esta descripción se refiere a la práctica religiosa en que el chamán se ponía en comunicación con el espíritu o ser sobrenatural.

    Posiblemente las figuras que adornan las típicas tabletas y tubos de rapé de los Atacameños sean representaciones de seres míticos.
    Se cree que los chamanes inhalaban un polvo proveniente de las semillas de una especie de acacia o tabaco en estos bellos artefactos, también ingerían líquido en gotarios para alcanzar el estado de trance.

    Grandes alfareros.

    La cerámica y los objetos rituales hechos en láminas de oro, especialmente las tabletas de rapé constituyen al arte tradicional atacameño.
    Actualmente, los artesanos Atacameños realizan trabajos en piedra, representando en miniaturas las iglesias de las aldeas de: Chui-Chiu, San Pedro de Atacama, Toconao, entre otras.
    La textilería se enmarca dentro de la tradición andina, destacándose por la perfección de la técnica ancestral realizada en telar, por el uso de colores contrastados y el apretado tejido realizado en algodón y lana de alpaca o llama. La lengua originaria del pueblo Atacameño es el Kunza.

    Los Atacameños llegaron a ser el pueblo precolombino más desarrollado de Chile.
    A la llegada de los españoles se presentaron como un pueblo pacífico ante el paso de las expediciones de Diego de Almagro y Pedro de Valdivia, quienes llegaron a abastecerse en los oasis del desierto hacia la mitad del siglo XVI.

    El intercambio comercial lo realizaban con las comunidades costeras mediante el trueque.

    Los Atacameños fueron diestros con los metales, elaborando objetos de cobre, estaño, bronce, plata y oro. A su vez, la cerámica también fue sobresaliente caracterizándose por el color negro y rojo, pulida o grabada.

    Trabajaban, además, diversos materiales como lana, algodón, totora, cuero, hueso, piedra y madera.

    Confeccionaban su ropa con lana de llamas. Vestían túnicas y ponchos, cubrían sus cabezas con gorros ricamente decorados, usaban sandalias de cuero y numerosos adornos como anillos, aros, prendedores, collares y pulseras.

    Poseían una serie de bolsas o chuspas para guardar diversos objetos.
    Vivían en pequeños y aislados villorrios de piedra. Las casas tenían una pieza única y muchos poblados estaban protegidos por murallas de piedra o pucarás, ciudades-fortalezas que cumplían un papel defensivo durante los ataques.

    Nada se sabe de su espiritualidad y culto religioso, pero, por la forma de los entierros, podemos deducir que ellos tenían una creencia en la vida futura, y los funerales constituían un rito importante.

    Cantos y danzas.

    Al igual que el grupo andino los Atacameños revelan su identidad étnico-social con mayor fuerza durante sus actos mágico-religiosos. Entre éstos, destacan aquellos rituales que piden abundancia de agua y fecundidad de la tierra, y el culto a las altas montañas, con cantos y danzas rituales, llamados cauzúlor y talátur.

    Algunos de estos textos poéticos, ya muy deformados, están en su vieja y casi por completo olvidada lengua Kunza.

    Gustavo Le Paige.


    Al estudiar esta cultura es preciso recordar al sacerdote jesuita belga, Gustavo Le Paige, párroco de San Pedro de Atacama y director de su museo. Llegó al Norte en 1954 y permaneció allí hasta su muerte en 1983. Realizó múltiples e importantes descubrimientos relativos a la cultura atacameña y publicó estudios de gran interés.

    Los investigadores opinan que el pueblo atacameño se vio directamente influenciado por el imperio inca, a partir de 1450, y a través de fluidos contactos con los habitantes del Tihuanaco, en la región del altiplano boliviano. De los incas importaron el uso del adobe y los techos a dos aguas en las construcciones, entre otras costumbres.

    Decadencia de la cultura Tihuanaco.

    Paralelamente a esa evolución, las poblaciones sometidas volvieron a sus viejas formas de convivencia. Sin embargo, la influencia de Tihuanaco, tanto en las actividades agrícolas como en las técnicas de irrigación en terrazas, se arraigaron en su sociedad. En otros aspectos como la cerámica, retornaron a la cerámica pintada.

    Las rutas comerciales se intensificaron, definiéndose por los oasis que se constituyeron en verdaderos puntos de intercambio. En la zona andina San Pedro III es la parte de la fase tardía con su cerámica roja pintada y un nuevo criterio urbanístico: los Pucarás

    Como es sabido, el Imperio Inca dominó gran parte del área altiplánica, estableciendo sistemas de dominio más cultural que por la fuerza.

    Este sistema consistía principalmente en imponer la cultura inca en los lugares dominados, pero adoptando algunas costumbres y deidades del pueblo dominado.
    Los Atacameños no quedaron fuera del dominio inca.

    El imperio dominó el Callasuyu, la provincia meridional que comprendía gran parte del actual territorio chileno, incluyendo el área de San Pedro de Atacama.
    Tupac Yupamnqui, el inca que gobernó entre 1471 y 1473 fue el encargado de conquistar esa zona y de hecho su presencia existe en algunas leyendas del pueblo atacameño, atribuyendo un amoría del Inca con una princesa atacameña.
    Sin embargo, para 1535 los Atacameños se enteran de la presencia de los españoles y de como estos invasores habían dominado al gran Imperio Inca. Así, los Atacameños también se unen a la insurrección contra los españoles, peleando batallas que se transformaron en matanzas de los indígenas, en los Pukarás, como el caso de Quitor, que fue conquistado por los españoles en 1540. Estos hechos marcan el fin de la etapa prehispánica del pueblo atacameño.

    Presencia Inca en Chile.

    Obras Públicas: la construcción de grandes obras públicas, fue una de las áreas donde los Incas se destacaron, siendo de gran importancia los caminos imperiales antes mencionados.
    En Chile estos caminos se extendían a lo largo del desierto de Atacama y del Norte Chico, hasta el valle del Río Mapocho.

    "Pukarás": eran fortalezas construidas cada ciertos tramos de los caminos, muchas de ellas se encuentran en el Norte y centro del país destacándose la del cerro Chena en las cercanías de Santiago por ser una de las más australes.

    La sociedad Atacameña.

    Con el surgimiento y la expansión del estado de Tiwanaku en los Andes centrales y meridionales, San Pedro pasó a ser un punto importante en una vasta red de intercambios y vivió momentos de gran prosperidad. Esta puede ser claramente constatada mediante el análisis de las ofrendas que acompañaban a los muertos. En esta época la sociedad atacameña parece haber adoptado los sistemas de creencias y valores espirituales de Tiwanaku. Todos los objetos del período están profusamente decorados con la iconografía propia del altiplano boliviano, de la cual es un notable y difundido ejemplo la enorme escultura lítica llamada Puerta del Sol, emplazada en el sitio arqueológico de Tiwanaku próximo al lago Titicaca. La inhalación de alucinógenos -que ya se practicaba en una escala modesta- alcanzó su más alto desarrollo bajo la influencia de Tiwanaku, como lo atestiguan los objetos finamente elaborados que los arqueólogos locales llaman "parafernalia alucinógena": tabletas y tubos para aspirar los polvos narcóticos. Según algunos especialistas en esta época debe haber ocurrido la diferenciación de la sociedad en clases sociales, como consecuencia del surgimiento de una elite local que mediaba en las relaciones con el estado central.

    A partir del 1000 d. C., la desaparición del estado Tiwanaku en el altiplano provocó el empobrecimiento generalizado de la cultura material atacameña. Esta volvió a las bases económicas locales y a una menguada red de intercambios con sus antiguos socios. Varios especialistas afirman que con la desaparición del estado central, los grupos locales se constituyeron en unidades político-económicas denominadas "señoríos", los cuales comenzaron a disputarse la supremacía del poder regional. Para este período, los arqueólogos han registrado la construcción de grandes complejos arquitectónicos, llamados "pucarás", a los que interpretan como fortalezas para la defensa del territorio.

    En la segunda mitad del siglo XV d.C., profundas transformaciones que acompañan al surgimiento y expansión en los Andes del estado Inca afectan, una vez más, la vida local. En líneas generales, todo parece indicar que la relación entre esa sociedad estatal y San Pedro de Atacama fue similar a la que mantuvo con Tiwanaku; si bien mucho más breve, ya que apenas duró unos sesenta años. Pero, por primera vez, la sociedad atacameña fue dominada por la fuerza.

    El testimonio de los huesos.

    Hasta el momento, nuestros análisis osteológicos se han limitado a los cementerios de los períodos pre-Tiwanaku, Tiwanaku y post-Tiwanaku (pre-Inca). Ninguna inhumación de la época bajo influencia incaica o española fue excavada. Se examinaron cerca de 160 esqueletos adultos, en los cuales se analizaron los siguientes marcadores: caries; desgaste dental; pérdida de dientes in vivo; infecciones dentales periapicales (alrededor de la raíz); tamaño del fémur; hiperostosis porótica (hipentrofia del hueso causada por falta de hierro en la alimentación); hipoplasia (desarrollo deficiente) del esmalte dentario por subnutrición y mala nutrición; periostitis (inflamaciones de la membrana que reviste los huesos) locales y generalizadas; osteomielitis (inflamaciones óseas) locales y generalizadas; marcas de golpes en el cráneo y fracturas poscraneanas; osteoartritis de origen funcional. Hoy disponemos de resultados en las investigaciones que abordan el tema de los traumas craneanos y del tamaño del fémur.

    Los Diaguitas, una cultura superior.

    Los Diaguitas pertenecían al grupo de los cacanos, formado por los calchaquíes, diaguitas y pulares. Los primeros habitaban el sur de Salta y algunas partes de Catamarca y Tucumán, los segundos estaban sobre todo en Catamarca y La Rioja, y los pulares vivían en Salta. El nombre de diaguitas -que en quechua quiere decir “serranos”- fue impuesto por los incas, con los que estaban muy emparentados culturalmente, aunque su lengua era el cacá o canana. Su principal actividad era la agricultura, para cuyo desarrollo construían terrazas y sistemas de riego. Tejían elaboradas vestimentas y confeccionaban cerámicas pintadas y decoradas.

    Vivían en poblados -algunos grandes como ciudades- protegidos por pucaraes. Sus viviendas eran rectangulares y estaban construidas con el sistema de pirca(paredes construidas con piedras irregulares, sin argamasa, que eran rellenadas con piedritas y tierra para aislar los interiores). Su alimento principal era el maíz, pero también consumían zapallo, porotos, carne de llama y patay(postre elaborado por los Diaguitas en base a una pasta de algarrobo). Era un pueblo muy aguerrido -sus armas eran las lanzas y arcos y flechas- que combatió con denuedo a los españoles. Los diaguitas sabían trabajar los metales, con los que confeccionaban adornos (aros, prendedores y brazaletes) y también placas pectorales para protejerse de las flechas.

    Algunas casas diaguitas carecían de aberturas. Para ingresar a ellas había que hacerlo por el techo.

    El maíz era la base de la alimentación Diaguita, al punto que inclusive hacían una bebida alcohólica llama chicha.

    En las provincias de Atacama y Coquimbo se encuentra el asiento de una de las culturas más interesantes que han existido en el suelo chileno en los tiempos precolombinos. Esta cultura, reivindicada gracias a hallazgos arqueológicos, es la cultura diaguita, cuyos puntos de desarrollo más notables se han podido localizar en dos cementerios incásicos cerca de Altovalsol en el valle de Elqui.

    Debemos a la antiquísima costumbre indígena de dotar a sus difuntos de un ajuar fúnebre - consistente en los objetos preferidos durante la vida - el que se pueda tener luz sobre las costumbres y estado cultural del pueblo diaguita. El adelanto cultural de estos pobladores ha quedado perpetuado en numerosos objetos arqueológicos y, en especial, en su alfarería, artísticamente decorada y en artefactos de cobre y plata, utensilios de hueso y piedra, muchos de ellos tallados en forma muy bella. Se ha encontrado, también, en sus tumbas, una gran cantidad de utensilios para tejer e hilar pero, por razones de clima, sus tejidos no se han conservado; sin embargo se cree que deben haber sido tan pintorescos y artísticos como su cerámica.

    A la llegada de los españoles a América existían culturas adelantadas como las del imperio de los Aztecas en Méjico y el imperio de los Incas en el Perú; culturas en decadencia como la de los Mayas en Centroamérica; vestigios de la civilización Tiahuanaco en Bolivia, y otras culturas como la Chibcha en Colombia, Diaguita del Noreste de Argentina, Atacameños y Diaguitas chilenos.

    Según Greta Mostny, los diaguitas se situaron en los valles de Copiapó y Choapa y su nombre lo deben a Latcham, quien los llamó así al encontrar similitud con los diaguitas argentinos en tres aspectos: lingüísticos - hay parentesco en el idioma hablado, al cual se denomina "Kakan" - antropológicos y arqueológicos.

    El pueblo diaguita hizo su aparición en el siglo VI o X; su orígen se desconoce, pero se sabe que posteriormente se dividieron en dos ramas que quedaron a ambos lados de la cordillera de los Andes.

    Cuadro Cronologico para el territorio Diaguita Chileno.

    Principios de la Era Cristiana:

    Llegada de los indios que formaron la cultura El Molle.

    Siglo V o VI:

    Llegada de los Diaguitas. Expansión Diaguita en el territorio actual de Coquimbo y Atacama.

    Siglo XII:

    Invasión por los Chinchas y mezcla de ambos pueblos.

    Siglo XV:

    Hacia fines del siglo conquista por los Incas. Quedan los Diaguitas tributarios del Incanato.

    Siglo XVI:

    En 1535 llegan los primeros españoles.

    Este cuadro cronológico no tiene más pretensión que presentar una posibilidad y una probabilidad, igual que las cronologías de Uhle y de Latcham, que han servido de base para la presente. El punto débil en estas cronologías lo constituye la edad de Tiahuanaco, cuya variación influiría en la apreciación de todas las demás culturas.

    Los diaguitas chilenos se diferenciaron de los vecinos argentinos debido al intercambio cultural mantenido con otros aborígenes, tales como los Atacameños, tiahuanaquenses, chibchas Atacameños, pueblo de Chile central y Incas; con los cuales tuvieron contacto influyéndose recíprocamente.

    También hay pruebas evidentes que mantuvieron relaciones con diaguitas argentinos: han aparecido en esa región moluscos y mariscos de nuestras costas; a la vez, en Chile se han encontrado objetos de alfarería con decoraciones de la fauna argentina: jaguar, avestruz y quirquincho.

    La influencia de Tiahuanaco se hace sentir en la alfarería, en la cual a menudo se adoptan formas y decoraciones.

    Se ha comprobado que este pueblo estaba en la edad de Bronce, pues las sepulturas de los últimos períodos muestran objetos de éste metal: campanillas, cinceles, brazaletes, topus, pinzas, anillos etc.

    Además, en agricultura se conocía el sistema del cultivo en terrazas y la domesticación de la llama. Latcham asegura que este pueblo, a su llegada a territorio chileno venía con ésta cultura.

    La influencia incásica se produjo en el último período del desarrollo, y tuvo muy poca duración y no tanta trascendencia como lo han asegurado algunos historiadores, porque, como ya hemos visto, éste pueblo tenía de antes su cultura propia y bastante adelantada.

    Se ha logrado determinar cuatro etapas o períodos en el proceso del desenvolvimiento cultural de éste pueblo: Etapas arcáica, de transición, clásica y por último la correspondiente a la influencia incaica.

  • Período Arcaico.

  • Del período arcaico se ha localizado el cementerio de la Quebrada de las Animas, cerca de Altovalsol en el Valle de Elqui. A rasgos generales se puede decir que la alfarería de ésta época consiste en platos semiglobulares decorados interior y a veces exteriormente.

  • Período de Transición.

  • De la segunda etapa se encuentran en las sepulturas alfarería decorada que muestra evidente influencia Chincha.

    Según Uhle y Latcham los Chinchas influyeron primero a los Atacameños y luego a los diaguitas.

    Los Chinchas Atacameños influyeron en el país hasta los araucanos. También influyeron en la hoya del lago Titicaca y el Cuzco, de ahí que los Incas llevaran adornos con decoraciones de este tipo.

    En la alfarería los platos son más planos y decorados exteriormente con motivos como escalas, ganchos, volutas escaleradas y paralelas.

  • Período Clásico.

  • En éste período aparecen platos con paredes perpendiculares; los dibujos son nítidos. Aparecen, además, platos antropomorfos, decoraciones geométricas pequeñas de una perfección increíble, los primeros jarros pato y en decoración el llamado "cuarto estilo" por Greta Mostny .

  • Período de influencia Incaica.

  • En ésta época llegaron los Incas y forman centros donde gobernaban los "curacas". Se han encontrado vestigios de ésta civilización en el valle de Elqui, Copiapó y Huasco. Se introducen modificaciones como un nuevo tipo de cacharro, llamado "aríbalo", que son vasos de diversos tamaños, ápodos de cuello estrecho y bien desarrollado, con dos asas horizontales en la mitad o ligeramente más arriba de la zona ventral. Además, platos planos ornitomorfos o con asa, y platos campaniformes.

    Entre los mismos diaguitas se notan ciertas diferencias regionales, ya que los que ocuparon la parte norte, comprendida entre Copiapó y Huasco, recibieron mayor influencia incaica. Además, emplearon más colores que los Diguitas sureños que vivían entre Coquimbo y Illapel; se encuentran también señales que se trabajó en oro.

    Durante las primeras épocas, en ambas regiones, se comenzó en alfarería con la forma semiglobular; luego evolucionaron cada una por su cuenta.

    Cementerios indígenas.

    El Olivar.

    Al norte de La Serena se encontró el cementerio de El Olivar. Las tumbas presentaban la característica de estar colocadas en grupos que probablemente pertenecían a diferentes clases sociales.

    Las sepulturas están generalmente construidas con enormes planchas de piedra labradas adecuadamente. La forma es frecuentemente cónica, siendo ancha en la cabecera y angosta hacia la parte inferior; el cadáver se encuentra estirado en decúbito lateral. También hay tumbas rectangulares en las cuales la posición varía, pues se encuentra encogido y de costado.

    La alfarería pertenece a los tres períodos mencionados anteriormente, los que preceden a la época de dominación incaica, y hay predominio de los objetos decorados sobre los domésticos.

    Los objetos incásicos que en ellas se encuentran, están totalmente destrozados, al parecer en forma intencional.

    En Copiapó se encontraron dos cementerios de la época de influencia incaica. Las sepulturas estaban a dos metros de profundidad, separadas unas de otras por pequeñas murallas. Objetos encontrados: jarros patos, vasos dobles, aríbalos, botellas con asas, etc.

    En otras tumbas se han ubicado gran cantidad de objetos que han permitido determinar, incluso, las profesiones que existían:

    - Fabricantes de puntas de flechas

    - Alfareros

    - Fabricantes de anzuelos

    - Metalurgos; fundidores de cobre

    Debido a la intensa humedad de la zona, han aparecido muchos vestigios de objetos perecederos, tales como telares, cestería, maderos etc.

    Altovalsol.

    Entre Altovalsol y Las Rojas se encuentra ésta importante hoya arqueológica que reúne cementerios de los cuatro períodos:

  • Cementerio de la etapa Arcaica.

  • Queda en la Quebrada de Las Animas. Son sepulturas de tanta antigüedad como las correspondientes a la cultura del Molle.

    Por los restos hallados se comprobó que ya en ésta época se usaba el cobre. Se encontraron veintidós piezas decoradas con colores rojo, amarillo y negro; el reemplazo del color amarillo por el color blanco indica el final de la época.

  • Cementerio de la época de Transición.

  • Está ubicada a 3 kilómetros del anterior. En las tumbas se emplearon enormes planchas de piedra que se colocaban en forma inclinada sobre el cadáver, de una o dos por línea, de ahí el nombre de "cementerio de Las Lajas Paradas". El ajuar estaba indistintamente a los pies o a la cabecera. La alfarería se conservaba dentro de grandes cántaros semejantes a las urnas sin pulimiento ni dibujo.

    La alfarería pintada presenta dibujos con motivos diaguitas más toscos que en el período posterior. Los platos adquieren formas más abiertas; las asas de los cacharros son cilíndricas. Se encontraron objetos de cobre y piedra.

  • Cementerio de la época Clásica.

  • Las tumbas están construidas con piedras planas. Predomina la alfarería pintada, que muestra una decoración increíblemente perfecta en su trazado lineal. También se encontró una hermosa urna pintada con estilos de diferentes épocas, objetos de cobre y útiles de hueso.

  • Cementerio de la época de la dominación Incaica.

  • La mayoría de las tumbas habían sido saqueadas. Algunas son semejantes a las de la época de transición con alfarería diaguita; otras, en cistas de piedra (piedras correctamente alineadas en forma rectangular, tapadas con grandes planchas de piedra laja.

    Son menos profundas que las anteriores y tienen un numeroso ajuar funerario consistente en aríbalos, vasos con paredes rectas, platos de color gris, jarros patos, platos antropomorfos etc.

    Las diferentes tumbas dan la idea que los cementerios pertenecen a representantes del Inca, que enterraban sus muertos en cementerios diaguitas primitivos, de ahí, que sepulturas hondas sean de los peruanos, en tanto que las cistas son diaguitas.

    Además de las citadas se han ubicado más de una veintena de cementerios en diferentes lugares de las provincias de Coquimbo y Atacama. Entre los más conocidos tenemos: Los Loros, Bodeguillas, Caldera, Vallenar, Los Infieles, El Arrayán, Punta de Teatinos, La Serena, Peñuelas, Copiapó, El Molle, Ovalle, Conbarbalá, Illapel, Salamanca etc.

    Alfarería.

    Se distinguen claramente dos tipos: una domestica, destinada a guardar alimentos sílidos, como semillas, legumbres etc., y una alfarería dibujada, que sirve para actos rituales y usos domésticos.

    Al igual que la clasificación anterior, se distinguen cuatro períodos: Arcaico, Transición, Clásico y de influencia Incaica.

    Aparte de los objetos nombrados existe otra variedad de objetos tales como: urnas, jarros patos, objetos de alfarería totémica y doméstica.

    Metalurgia.

    Los Diaguitas explotaron las minas de cobre antes de la llegada de los Incas, los cuales, al parecer, introdujeron la extracción del oro y la plata en nuestro territorio, con el objeto de cobrarlos en forma de tributos.

    Al parecer el bronce fue traído de Bolivia o bien era estaño transformado en forma de pequeñas láminas.

    Probablemente el uso de los metales fue introducido en Chile por los Chinchas, quienes pasaban por Tihuanaco y el imperio Inca.

    Entre los objetos hallados se cuentan: aros, cinceles (El Olivar), hachas (Hurtado), cuchillos y tumis, placas muy rústicas de metal, anzuelos, agujas de cobre, brazaletes, manoplas y tres pequeñas estatuas incaicas, dos de oro y una de plata.

    Se puede afirmar que en una de cada diez sepulturas se encuentran objetos de metal.

    Objetos de hueso.

    El hueso fue muy bien empleado en objetos, esculpidos con verdadero arte. La decoración se aplicó a objetos tales como cucharas o espátulas de costillas de llama.

    El extremo opuesto a la parte ahusada va tallado con motivos antropomorfos, que a veces representan a dignatarios con indumentarias e insignias de mando y con gorros, o un animal estilizado sobre la cabeza.

    También se encontraron torteras para el huso; éstas se emplean para hilar y son de formas variadas y de diversos materiales, tales como piedra, cobre, greda o hueso. Otros objetos de hueso encontrados son: roldanas, barbas para arpón, dagas, agujas etc.

    Objetos líticos y otros.

    Muchos de éstos objetos pertenecen al período Neolítico; están cuidadosamente labrados y pulidos. Los más comunes son: puntas de lanza, dardos, flechas, barrenas, raspadores, cuchillos y piedra de moler. Son abundantes los collares de piedra (malaquitas) y conchas.

    También hay platos de formas escultóricas. Las piedras horadadas pueden haber servido como pesas en las redes de pesca, pero otras, según su tamaño, tenían otros usos. Las perforaciones las hacían frotando una piedra con otra más dura, agregando agua y arena. Las puntas de lanzas, flechas y dardos son muy numerosas, y tienen una gran variedad de formas.

    Los collares son pequeños discos de 2 mm de diámetro con una perforación en el centro, y que se van colocando en forma intercalada con placas de otros materiales

    En El Olivar se encontró una flauta de piedra de cuatro voces; aún se conservan de otro material como caña o madera. En La Serena se encontró una que produce doce tonos.

    En Ovalle se encontró un instrumento semejante a la ocarina, que emite cuatro voces y tiene una decoración peruana.

    Otros objetos hallados son las llamadas piedras "tacitas", que son piedras o peñascos con hoyos en forma de morteros, labrados por los primitivos habitantes. Según F. Cornely no las fabricaron ni los diaguitas ni los chinchas, ni los pescadores de los conchales. Este hecho plantea una interesante interrogante: ¿Habrá existido otra cultura?

    En un villorio de pescadores llamado Guanaqueros se encontró una piedra con treinta y dos huecos, que, al parecer, servía para moler y realizar actos rituales.

    Petroglifos.

    Se encuentran tanto en Coquimbo como en Atacama. Son inscripciones en piedra, algo así como dibujos "ideográficos". Se las puede considerar precursores de la escritura porque tratan de expresar un hecho (sucedido o no id.).

    El procedimiento empleado era dibujar sobre grandes piedras, para lo cual los indígenas se proveían de piedras filudas en forma de cuña, con punta roma.

    Son notables los petroglifos de Incahuasi. Generalmente se encuentran en regiones inhóspitas. De preferencia los dibujos están realizados sobre piedras de pátina oscura, en la que resaltan las incisiones.

    Los Incas, a su llegada, exigían como tributo gran cantidad de charqui, por lo cual los indígenas debían organizar cacerías en lugares montañosos, generalmente cerca de una aguada; de ahí que éstos dibujos parecen transmitir un mensaje de cómo se realizaba ésa operación.

    Otros petroglifos se encuentran en: Chañar, Domeyko, Ovalle, Combarbalá, Río Hurtado y en otros llanos cerca de alguna aguada.

    La cerámica Diaguita.

    Desarrollo, tecnología, decoración y elementos artísticos.

    El documento más interesante y completo de ésta cultura consiste en su alfarería, que se ha encontrado en abundancia. Esta alfarería se divide en dos grupos principales: la dibujada o pintada y la doméstica, de color natural u ordinaria, utilizada para calentar bebidas y comidas etc.

    La alfarería dibujada y pintada no tiene señales de haber servido para poner al fuego - parece que su uso estaba limitado para servir en grandes reuniones, fiestas o en los funerales - pero, según Cornely, no era netamente ceremonial, como señalan otros autores. Hay muchos platos en los cuales se puede fácilmente reconocer un desgaste, especialmente interior, como se pudiera haber originado por un uso continuado. Este desgaste se nota especialmente en los ejemplares que están interiormente enlucidos de color blanco; en éstos platos se ven los fondos como raspados, especialmente hacia el centro.

    Muchas veces se han encontrado platos quebrados que habían sido arreglados por los mismos indios, uniendo las quebraduras con amarras a través de perforaciones en la greda.

    Es probable que los platos de los indios diaguitas chilenos no fueron usados para contener líquidos sino para comidas, más bien sólidas, pues dentro de los platos se encuentran conchas de mariscos, huesos de animales y en muchos de ellos, sobre todo en el cementerio "El Olivar", tallos de una legumbre o vegetal que ha brotado (quizá por la gran humedad de éste cementerio), conservándose los tallos que forman un enjambre como un nido en el fondo del plato.

    Tecnología y decoración.

    Se había visto, en la parte Generalidades, que la alfarería diaguita presentaba cuatro etapas netas en su desarrollo: Arcaica, de Transición, Clásica y de influencia Incaica; en éste punto se describirá cada etapa detalladamente, haciendo hincapié en los elementos decorativos de la cacharrería.

  • Epoca Arcaica.

  • Son característicos de ésta época los platos hondos, semiglobulares, de paredes gruesas. Están decorados con rayas gruesas, formando dibujos concéntricos que llenan el plato interiormente y a veces exteriormente. Aparecen al final de la etapa arcaica temas precursores del nuevo estilo: triángulos, ganchos y el dibujo escalonado.

  • Etapa de Transición.

  • Los Diaguitas chilenos decoraron la cerámica, tejidos y otros objetos con dibujos de motivos geométricos, a veces combinados con figuras humanas estilizadas o figuras ornito (pájaros) y zoomorfas (formas de animales). Los platos se hacen más planos, menos hondos, pero conservan su redondez.

    Con la repetición y combinación rítmica de motivos geométricos básicos como: escalas, triángulos, rombos, grecas y volutas formaban campos redondeados generalmente en una línea gruesa y separados unos de otros por espacios libres o pequeños temas intercalados. Se usan los colores negro, rojo y blanco, en contraste con la época anterior (arcaica), donde se usaron preferentemente los colores negro, amarillo y rojo (a veces el blanco)(Lámina No 13).

    En la formación del estilo que viene a continuación hay en juego una serie de teorías las que se exponen así:

    Según Latcham, la mayoría de los motivos en la decoración diaguita chilena son dibujos chinchas (pueblo sureño del Perú, que se expandió hacia el norte de Chile y por Bolivia hasta el lago Titicaca).

    Según M. Uhle, los chinchas influyeron a los Atacameños en el norte del país, innovando el estilo artístico de ese pueblo en una época que él llama "Chincha-Atacameña".

    Según Cornely, los chinchas, al viajar hacia el sur se habrían introducido en la cultura diaguita chilena, formando, con algunos otros elementos del país, el estilo Clásico de la decoración diaguita.

  • Período Clásico.

  • Durante éste período de desarrollo cambia la forma del plato, que aparece con paredes verticales y decoradas por el exterior. Los decoradores aumentan su repertorio temática y mejoran su técnica, con lo que el dibujo se refina. Aparecen nuevas formas: paltos antropomorfos, los primeros jarros pato y otros vasos decorativos, como los globulares.

    Los platos antropomorfos son las piezas más numerosas, características y variadas del arte diaguita chileno, constituyen aproximadamente el 85% de las obras. Son típicos de ésta época.

    Los platos de paredes verticales tienen sus paredes inclinadas hacia adentro o hacia afuera; otros las tienen ligeramente entalladas. Los bordes están pintados de color negro, y los dibujos van en la parte externa. El interior y espacios sin decorar (también el fondo externo) van pintados de rojo, pero, en los platos antropomorfos van enlucidos de color blanco.

    Los platos antropomorfos presentan generalmente una cara estilizada de hombre; a veces parece un animal o ave. Los ojos son dos anillos negros con un punto central rojo. En otros platos el ojo está representado por un triángulo negro con rayitas hacia abajo, indicando pestañas o lágrimas. La nariz está representada por una raya gruesa y vertical que baja desde el borde negro. La boca es un rectángulo horizontal u óvalo aplastado en que se dibujan los dientes cuadrados o con puntos negros, alternando los superiores con los inferiores, como un engranaje.

    Algunas bocas prominentes señalan la posibilidad que los diaguitas hayan usado un adminículo para adornar el/los labios. Según Cornely, no podría ser el tembetá de piedra, porque no se ha encontrado en sepulturas diaguitas chilenas.

  • Período de influencia Incaica.

  • Hasta la etapa anteriormente descrita, el pueblo diaguita había llegado a un adelanto cultural considerable. Este adelanto se hizo notorio en la decoración, nuevas formas en la cacharrería (aparición del jarro pato, platos antropomorfos), tejidos, cestería etc. En la sepultación se establece una nueva modalidad: la cista de piedras lajas, correctamente alineadas y tapadas con grandes planchas del mismo material.

    Durante ésta etapa descrita (clásica), irrumpen las huestes del Inca Yupanqui en el territorio diaguita en su marcha hacia el sur y los diaguitas chilenos quedan bajo la dominación incaica. De aquí en adelante se hace notoria la influencia de la cultura incaica en la alfarería diaguita: aparece el jarro "arribalo", cántaro con dos asas, de bellas formas; se observa en el norte y centro de Chile; el plato genuino diaguita, de fondo muy abovedado queda de fondo casi plano y con las paredes inclinadas hacia afuera. Aparece el plato campanuliforme, platos planos con asa y con asa zoomórfica (cabeza de ave u otro animal, también denominados "ornitomórficos").

    El plato campanuliforme va dibujado por dentro y por fuera, lo que parecía satisfacer el deseo de algunos decoradores de disponer de una mayor cantidad de espacio para dibujar. Los dibujos internos corresponden generalmente a figuras antropomórficas, aves estilizadas, o simples adornos, colocados uno enfrente a otro o en cruz, en cambio, el decorado externo a temas geometrizantes, Diaguitas.

    Otros objetos de la alfarería Diaguita.

    Urnas. Las urnas ocupan el 3% de la alfarería diaguita chilena y el 1% es pintada. La urna chilena, generalmente se compone de un cuerpo cilíndrico y base globular (semiglobular); la decoración es antropomorfa en la parte superior, llevando asas en ambos costados en la parte semiglobular, la cual va generalmente decorada con franjas de dibujos geométricos, algunas tratadas en el estilo nuevo.

    Jarros patos. Parecen haber pertenecido a gente de jerarquía; en sus comienzos tenían verdadera forma de pato, pero, posteriormente, se ha simplificado suprimiéndole colita y alas y la cabeza se ha antropomorfizado.

    Pertenece por su forma y decoración a la época clásica. la forma fundamental es la de un cuerpo ovalado; las orejas son señaladas con pequeñas protuberancias y la boca por un cuadrado o triángulo. Sobre la cabeza lleva decoraciones geométricas semejantes a un gorro, y los adornos van circundados por una grues línea negra.

    Los Incas modificaron su forma, la cual se transformó en cilindro con gollete angosto y alto, de asa plana y horizontal con fondo generalmente blanco (Lámina No 15).

    También se encontró el plato ofidioforme, el cual es abundante en Tiahuanaco y Méjico, no así en Chile.

    Alfarería Totémica. F. Cornely ha denominado Cerámica totemística a aquella que mediante la representación de algun animal de cualquier especie permite diferenciar un grupo de sepulturas de otras. Es una ormamentación dominante en un cementerio determinado. Al parecer eran clanes que se hacían representar por figuras, ornito o zoomórficas; así, se da el caso de grupos de sepulturas en las cuales se halló solamente el puma; en otras la rana o el perro, la llama o pájaros. Se ha llegado a pensar que el jarro pato también cumplía una función semejante.

    Durante la época clásica aparece una nueva modalidad denominada "cuarto estilo" por la Dra. Greta Mostny, el cual se distingue por llevar decoraciones con dibujos negros de grandes dimensiones orillados por una línea blanca sobre fondo rojo. Se cree que pueda ser un estilo proveniente de Argentina.

    Alfarería Doméstica. Es de color terroso gris. No está dibujada ni pulida; generalmente son cantaritos con una asa. La mayoría de estos cacharros son de forma globular asimétrica, con una asa atrás. Algunas veces van decorados con aplicaciones en relieve o incisiones.

    Tienen el borde vuelto hacia fuera y en algunos casos están decorados rústicamente con una figura antropomórfica estilizada.

    Figuras Humanas en Arcilla.

    Llama la atención el hecho de que no se haya encontrado ninguna figurilla en los cientos de sepulturas excavadas. Esto probablemente se debe a que las figuras humanas no tenían importancia en los ritos fúnebres, lo que se ha hecho pensar a los autores, que su papel en la vida de los diaguitas se referiría a algún culto de tipo doméstico. Según Julio Montané, las estatuillas femeninas sugerirían cierto culto mágico en torno a la fertilidad, pues es corriente la representación de la mujer en estado de gravidez.

    Para los arqueólogos las figurillas antropomorfas de arcilla tienen especial interés porque ellas permiten diagnosticar etapas de desarrollo, y por constituir un elemento cultural bastante constante dentro del horizonte agroalfarero americano. Se han encontrado figuritas de las etapas Arcaica, de Transición y Clásica; no existen antecedentes sobre la etapa de dominación Incaica.

    Su organización política.

    Se estima que su organización política tenia una jefatura dual. Cada valle se dividía en dos: uno costero y otro alto, correspondiente al curso superior de los ríos. Cada sector estaba gobernado por un jefe el cual, al parecer, poseía privilegios y autoridad mayor, aunque los asuntos más importantes estaban sometidos a una asamblea compuesta por todos los hombres que estuviesen en condiciones de llevar las armas.

    Changos, hábiles navegantes.

    El término Chango aparece documentado por primera vez en 1659, según algunos cronistas y viajeros del siglo XVII, quienes con este nombre designaron a las sociedades pescadoras.

    La categoría de Chango con el paso del tiempo fue comprendida en un sentido étnico, geoespacial y productivo. El español no habría logrado percibir que entre estos había diferencias culturales, espaciales y tecnológicas, como de algún modo lo demuestran sus evidencias materiales.

    Los pescadores del período Tardío probablemente tienen sus antepasados en las antiguas poblaciones de épocas arcaicas, quienes posiblemente por sí mismos o con el aporte de grupos altiplánicos, incorporaron el "medio valluno". Algunos descendientes de los antiguos pescadores del arcaico no habrían adoptado el sedentarismo, manteniendo, técnicas, tradiciones y una lengua en común, por lo mismo tal vez algunos autores creen en la probabilidad de que algunos antiguos pescadores subsistieran en caletas aisladas, muy lógico cuando pensamos en su distribución y organización social, en los momentos previos al contacto. No debemos descartar, que más de alguna de estas bandas, fueron incorporadas vía dominación, por los Reinos Altiplánicos, viéndose obligadas a adoptar la identidad de los dominadores, o bien, sin mediar fuerza ni limitación alguna, se integraron a estos, asumiendo diversas relaciones de intercambio y la autorización de ciertas áreas de la costa.

    Los señoríos altiplánicos posiblemente establecieron sus propias colonias de pescadores, quienes convivieron con los antiguos pescadores de tradición Chinchorro, estos últimos, los probables fundadores de la Cultura Arica o Desarrollos Regionales, población caracterizada por una economía de tipo agromarítimo, y probablemente divididos en mitades complementarías. Los pescadores de épocas tardías, estuvieron sometidos a los señores locales de los valles.

    Las embarcaciones como elemento tecnológico junto con las diferentes técnicas de pesca y navegación posiblemente tuvieron alguna relación con la estructura y organización social de los grupos pescadores. Así por ejemplo, las balsas de madera posiblemente fueron empleadas en largas travesías, sirviendo a los grupos pescadores en la búsqueda de nuevos destinos y lugares de asentamiento, aspectos relacionados con la movilidad y manejo del espacio, y coherentes las practicas semisedentarias que alguno de ellos practicó.

    La espacialidad y movilidad de las bandas pescadoras, posiblemente estuvo vinculada con la estacionalidad de algunas especies marinas y la constante búsqueda de bancos de moluscos y peces, otro elemento de movilidad probablemente lo encontramos en la segmentación de estos grupos, los que por saturación o "fragmentación política" se dividieron y abandonaron su banda de origen, dando lugar así a una nueva banda, capaz de crear su propia tradición.

    La movilidad de los grupos pescadores estuvo favorecida por el manejo de cierto tipo embarcaciones, entre las que destacan las de dos y tres palos, éstas posiblemente, por sus dimensiones y características fueron las más resistentes y aptas para la navegación y pesca de profundidad, que aquellas construidas en cuero de lobos marinos, adecuadas más bien para faenas de pesca y recolección de orilla.

    Las Bandas pescadores de tradición arcaica, conservaron durante el paso del tiempo su nivel de organización social, producto en buena medida de las condiciones económicas y productivas en las que sustentaban su modelo de vida, las caletas no podían mantener a un grupo numeroso, ya sea por causas ambientales, económicas u otras relacionadas a la escasez de agua, o los riesgos del mar, sin olvidar lo insuficiente de su dieta y su dependencia hacia los grupos agrícolas y ganaderos de los valles y la sierra. Su movilidad y asentamiento de tipo semisedentario, estuvo basada en el uso de campamentos móviles con áreas de pesca reconocidas a lo largo del litoral, las viviendas fueron construidas con materiales ligeros, una suerte de carpas o toldos sujetos con estacas, las evidencias arqueológicas de estos últimos demuestran como el mundo del mar condiciono sus formas de vida.

    ¿Quizás, sería interesante pensar en el tiempo que debían dedicar a la obtención de su alimento? Y tal vez allí encontremos algunas explicaciones, y él porque, ciertos grupos mantuvieron sus formas vida prácticamente inalterables en el tiempo, y no desarrollaron otras formas de agrupación y organización más avanzadas. ¿Por qué no afirmar entonces, que estas sociedades —satisfechas con su modo de vida— compartieron la costa con otras más desarrolladas o modernas? Nada al parecer podría indicar que en el espacio costero no hallan convivido grupos y tradiciones culturales diversas, a nivel político, organizacional y étnico.

    Comerciaban con los indígenas del interior (Aymaras, Diaguitas y Atacameños), de los cuales obtenían productos agrícolas.

    Su habitación era un toldo de cuero de lobo marino afirmado por troncos o costillas de ballenas. Entre sus implementos de pesca destacaban las redes, anzuelos y arpones con puntas de cobre.

    Los changos fueron llamados primitivamente como "Camanchacas", "Uros" y "Chiangos Camanchacos". Hacia 1535 vivían en pequeñas agrupaciones familiares de bandas que no sobrepasaban la docena de familias, de asentamiento relativamente estables, se distribuían a partir del sur del Perú hasta la latitud de Coquimbo.

    La mayor concentración de esta etnia se encontraba localizada entre le río Pisagua, río Loa, Cobija, Paposo y Taltal, es decir, la preferencia por algunas caletas que probablemente les proporcionaba el elemento agua y alguna vegetación.

    Constituyeron pueblos pescadores y recolectores que explotaron la pesca, el marisqueo, la caza del lobo marino y ocasionalmente la caza del guanaco en cerros próximos a la

    costa. La colecta de mariscos parece haber sido muy importante para su alimentación, los vestigios de numerosos conchales ubicados en la costa, así lo demuestran.

    Para desplazarse sobre el mar utilizaban balsas de cueros de lobos marinos, constituyéndose en el elemento característico de sus actividades. Para construirlas requerían cueros de cuatro lobos machos, que luego de ablandarles al remojo de agua dulce, los cosían en forma de bolsones con intestino de los propios animales. Para inflar el bolsón le introducían un tubo de caña que luego se cosía. Todas las costuras se impermeabilizaban con grasa y aceite de lobo marino. La balsa quedaba constituida por dos bolsones, unidos por tablas al centro. Con estas embarcaciones podían navegar en el mar durante días. Para pescar, los changos usaban redes confeccionadas con intestinos del lobo de mar o fibras de totora trenzada. También usaban anzuelos y arpones con puntas de piedra o hueso para la caza de animales terrestres y marinos.

    Fueron pueblos que carecían totalmente de otros recursos, no practicaban agricultura, ganadería ni minería, estos productos los comercializaban con su hinterland desértico, Aymaras y Atacameños, situados en algunos valles bajos.

    Los changos como grupo cultural se consideran extintos hacia 1890, quedando algunos mestizos que conservaron su estilo de vida al norte de Paposo y Taltal, hasta las inmediaciones de los años 1925-1930.

    El mestizaje se produjo por la explotación del guano y pesca, que se efectuó en islas costeras nortinas, y la actividad minera del salitre, donde la carga en los puertos también ocupó mano de obra changa.

    Los Changos creían en otra vida y por eso enterraban a sus muertos con sus instrumentos de pesca y caza, los que debían serle útiles en su otra existencia.

    Esto hace suponer que tenían creencias religiosas de gran arraigo.

    Hombres del norte, los Picunches.

    Socialmente estaban divididos en grupos de alrededor de trescientas personas. Elegían un cacique, con designación hereditaria, que los gobernaba en forma independiente y autónoma de los otros grupos.

    Tenían derechos privativos sobre la tierra que cultivaban, sin embargo, los bosque y tierras de pastoreo eran comunes, al igual que los trabajos cotidianos. No obstante en otras ocasiones se invitaba a otros grupos a trabajar la tierra, retribuyéndole en comida y bebida lo que culminaba en una fiesta. Este sistema era conocido como el mingaco.

    La familia, estas tribus diferían de las del norte pues no necesitaban de una autoridad central para emprender construcciones de gran envergadura.

    Estas tribus, debido a los recursos a su disposición, no tenían el demográfico de los del norte.

    La familia constituida por un padre y sus esposas y los hijos con su cónyuge, podía alcanzar un numero cercano a las treinta personas. La estructura de la familia era patriarcal y la autoridad la heredaba el hijo mayor.

    La sociedad, estaban divididos en dos grupos sociales. En el primero estaba el Lonco y los Chamanes los que, sin embargo no presentaban una jefatura organizada principalmente por que el sistema agrícola no impuso la presencia de una burocracia para dirigir las tareas del grupo.

    El otro sector estaba destinado, pero no sometido, al mandato de los jefes, al trabajo de la tierra, la caza y pesca.

    Las técnicas de la agricultura.

    Para satisfacer las necesidades de riego, construían canales, y con un palo puntiagudo, llamado Coa, sembraban las semillas. Cultivaban maíz, teca, calabazas, ají, maní, todos traídos del norte, con excepción quizá de la papa.

    Conseguían la carne del Cuy, los Guanacos y las Llamas. Además de estas ultimas, obtenían sus pelos para hilados.

    Asimismo intercambiaban pescado y mariscos por carne con sus vecinos de la costa, los Changos.

    La cultura.

    En la zona central había una homogeneidad cultural entre las tribus.

    Enterraban a los muertos bajo túmulos, poseían unas piedras horadadas enmangadas principalmente utilizadas en la agricultura. Tallaban pequeñas cavidades en bloques de piedras conocidas como tacitas, cuya función de morteros o en ceremonias aun es debatida.

    Su idioma fue el Mapuche (mapudungun) al igual que sus vecinos del sur. Huilliche, Pehuenche y Mapuche.

    La invasión incaica.

    La dominación fue fácil y la resistencia escasa, por ser los Pehuenches menos belicosos que los Huilliches y Mapuches.

    Las transformaciones sociopoliticas que sufrieron no fueron tan radicales como las de otros pueblos. Gobernaron al parecer con los mismos caciques locales, comvirtiendolas en parte de la nobleza incaica. Los incas trasladaron, como era de costumbre, un grupo de colonos- los mitimaes- hasta la zona conquistada influenciando, de cierta manera, a los pueblos a los que llegaban, lo que se reflejo en las tumbas con elementos propios de la civilización inca.

    Pueblo Pehuenche.

    Los Pehuenches habitaron la zona de los Pehuenes o araucarias.
    Eran altos y delgados. El color de su piel era más oscuro y su cabello ondulado.
    La base de su alimentación eran los piñones de las araucarias que cosechaban y conservaban durante el invierno en depósitos subterráneos. Con ellos hacían una especie de pan y una bebida parecida a la chicha.
    Cazaban guanacos y recolectaban semillas y frutos silvestres.
    Poco a poco, después de la infiltración de los araucanos de Chile que se asentaron entre ellos, se fueron araucanizando y perdiendo casi todas sus primitivas costumbres y hasta sus características físicas.

    Los Pehuenches (habitantes cordilleranos) también conforman el grupo de los cazadores recolectores continentales.

    Cubrían su piel con grasa de animal y la adornaban con pinturas azules.

    En verano atravesaban la cordillera para asaltar o intercambiar mercancías con los Mapuches.

    La caza del guanaco les permitía proveerse tanto de carne para la alimentación, como de piel para hacer frente a las condiciones climáticas.

    Eran muy altos (1,75 estatura promedio para los hombres) y sus cuerpos los depilaban y adornaban con dibujos de colores. También se tatuaban los antebrazos, con pequeñas varas que quemaban la piel.

    Se vestían con capas de piel de guanaco sujetas a la cintura con una faja, y sus pies los cubrían con una especie de mocasín de cuero muy grueso.

    Su estructura social reconoce la presencia de linajes dirigidos por un jefe y la existencia de chamanes.

    Al igual que otros pueblos, creían en una vida después de la muerte, y lo manifestaban enterrando a sus difuntos acompañados de armas, utensilios y adornos, en tumbas o cuevas que después cubrían con tierra o piedras.

    Ubicados al occidente de los puelche-guénaken y ocupando el sur de la provincia de Mendoza, parte de la de San Luis, la Pampa y el oeste de Neuquén, una región donde abundan los bosques de coníferas, encontramos a las "Gentes de los pinos" a quienes los Mapuches llamaron en su idioma Pehuenches (pehuén="piño", che="gente").
    La recolección anual de los frutos de pinos y araucarias, de dulce sabor, que les servían de alimento y con los que elaboraban harinas, pan y bebidas estimulantes. Estas últimas también las obtenían de la algarroba, fruto comestible del algarrobo, como la que más tarde se conoció con el nombre de aloja.

    La recolección era alternada con la caza de venados, ñandúes, guanacos y ya entrados los siglos XVII y XVIII, se sumaron a las "vaquerías" es decir, la caza de ganado cimarrón (salvaje), de la que participaban también otras tribus y los hacendados hispano-criollos.
    Su arsenal estaba compuesto de arco y flechas, boleadoras y en contacto con los araucanos adoptaron de ellos la lanza larga (tacuara).

    Los Pehuenches emplearon el caballo como medio de transporte y fuente adicional de alimento, pero fundamentalmente para intercambiarlo con los Mapuches chilenos por armas, mantas y diversos utensilios

    Valiéndose eficientemente de un sistema de acequias de regadío. También se dedicaban a la crianza del guanaco y obtenían de el la lana y la carne en cantidad suficiente; sus viviendas eran caseríos de madera y fibras vegetales recubiertas con barro y techadas con totora.
    Vivían en grupos pequeños y aparentemente practicaban la poligamia.
    Se ha hallado en las zonas de hábitat Picunche, además de la cerámica, numerosas piedras perforadas en el centro, y otras en las cuales se han encontrado pequeñas cavidades, llamadas por ello Piedras Tacita. En realidad es poco lo que sabemos sobre este pueblo porque desde el comienzo de la Conquista se fueron mezclando paulatinamente con los españoles, en un proceso de mestizaje realmente rápido.

    Pueblo Huilliche.

    Poblaron el sur de la depresión intermedia a partir del río Toltén hasta el Golfo de Reloncaví.

    Presentaban numerosas afinidades con respecto a los Mapuches y Picunches, pero poseían, junto a los Picunches, un mayor desarrollo cultural, que los Mapuches aventajaban a ambos en capacidad militar. Su nombre quiere decir Gente del Sur, y se saben que rendían culto a sus antepasados.

    Compartían con todos los grupos culturales araucanos el idioma mapuche o “mapudungun”.

    Asimismo, la actividad económica se basaba principalmente en la agricultura de la papa, el maíz y la quinoa, y en la ganadería de auquénidos (llama, alpaca, vicuña y guanaco), que les proporcionaba carne y lana. La alfarería, cestería y la labranza de la madera les facilitó la elaboración de utensilios.

    La estructura social y política se basaba en el levo o tribu, que se caracterizaba por tener una estructura patrilineal. Las tribus más cercanas a los lagos del sur de Chile utilizaron la dalca, embarcación de tablas cosidas con lianas, que emplearon para su desplazamiento en dicha región.

    Pueblo Rapa Nui.

    La población de Isla de Pascua se organizaba a manera de una sociedad tribal,
    asignando funciones a una comunidad que sobrepasada los 10000 habitantes. La isla era gobernada por Rapa Nui, y posee una extensión mayor a los 200 km2, siendo de origen volcánico como lo atestigua el pagado cráter del volcán Rano Kao, que sirve de deposito natural para las aguas lluvias.

    Como elementos característicos desde el punto de vista material, utilizaban fibras vegetales, conchas de moluscos, huesos de animales marinos, varios tipos de piedra volcánica y madera que antes era abundante en la isla.

    Se sabe que la población de Rapa Nui es de origen polinésico, y se estima que habían en dos grupos distritos a contar del siglo I y II D.C. Un primer continente se denomina Orejas Otras, y habrían quedado sometidos a la autoridad de grupo minoritario denominado Orejas Largas o Anki; este nombre obedecía el resultado de la practica de estirarse los lóbulos de las orejas mediante pesas que se iban colgando gradualmente.
    Aspectos característicos de la cultura Rapa Nui, los encontramos en la famosas Tablillas parlantes (no descifradas hasta la fecha) y contiene un lenguaje de tipo ideográfico, siendo denominadas en pascuense como rongo-rongo; así mismo se destaca el toromiro, imagen tallada en madera y, por supuesto, los famosos y enigmáticos gigantes de piedra volcánica rojiza, que supuestamente recordaba el carácter religioso de los Ariki.
    Se presume (leyendas) que fuentes discrepancia político-social al interior de la comunidad pascuense generaron un conflicto violento en el que la minoría dominante de los Ariki fue vecina, con lo que la isla entró en crisis y decadencia social que se prolongaría hasta su descubrimiento por parte de los occidentales en el año 1722.
    Bajo el gobierno de José Manuel Balmaceda, Chile tomó posesión de este territorio.

    Pueblo Tehuelche.

    Pueblo precolombino chileno que ocupaba las estepas patagónicas, en el sur de la Patagonia continental, desde el río Santa Cruz (Argentina), por el norte, hasta el estrecho de Magallanes (Chile), por el sur. Se denominaban a sí mismos aonikenk.

    Los tehuelches se caracterizaban por ser un pueblo de cazadores-recolectores, de alta estatura y vida nómada, dedicados principalmente a la caza de el avestruz americano (ñandú) y el guanaco; de este último utilizaban su carne como alimento y su piel para cubrirse y construir sus viviendas. Para esta actividad debían recorrer los territorios cargando arcos y flechas, hondas, lanzas y boleadoras, instrumento compuesto de dos o tres bolas de piedra forradas de cuero que se unían por ramales a una anilla. En la caza participaba toda la tribu. Las mujeres y los niños transportaban la carga para que los hombres pudieran acorralar a sus víctimas y atraparlas. En ocasiones se disfrazaban con pieles de animales para dicha acción. Cuando llegaron los españoles, los bautizaron con el nombre de patagones (y a la zona que habitaban Patagonia), ya que, debido al tipo de calzado de cuero utilizado, las huellas impresas de sus pies quedaban acrecentadas notoriamente en la nieve.

    En su asentamiento vivían bajo toldos construidos sobre estacas de madera cubiertas con pieles de guanaco y caballo, animal que fue asimilado con la llegada del español. Como vestimenta usaban largas capas hechas con piel de auquénido.

    Pueblo Alacalufe.

    Pueblo precolombino chileno que habitaba la zona costera comprendida entre el golfo de Penas y el estrecho de Magallanes.

    Denominados a sí mismos kaweskar, fueron sus propios vecinos quienes en forma despectiva los llamaron alacalufes (`come mejillones') por su costumbre de alimentarse de mariscos. Dedicados principalmente a la pesca, sus viviendas cónicas eran sencillas estructuras de palos curvados que sostenían ramas de follaje tupido, construidas para ser ocupadas durante los periodos de pesca y recolección de mariscos, donde sus mujeres eran diestras buceadoras. Una vez cumplida la tarea, las viviendas eran abandonadas para ser construidas de nuevo el año siguiente. Los alacalufes se trasladaban en embarcaciones llamadas hallef que fabricaban con tiras de madera cosidas, transportando sus escasos bienes e instrumentos, su alimento —que consistía en pescado y mariscos— y el fuego o fogata que mantenían siempre encendido, protegido sobre un fondo de arcilla en el interior de las embarcaciones.

    Durante el siglo XVI, hacia 1535, su población podía calcularse en unos 2.500 a 3.000 habitantes, pero entre los años 1880 y 1930 el asiduo contacto con otras culturas convirtió su territorio en un ir y venir de cazadores de lobos marinos. En esta misma época, las enfermedades infecto-contagiosas, las epidemias, el abuso del alcohol suministrado como salario por los blancos, el cambio de su abrigo tradicional (sus pieles de lobo por las ropas del blanco), la tuberculosis, la promiscuidad, hacinamiento y los cambios radicales en su forma de vida, fueron reduciendo la población de forma significativa.

    Pueblo Chono.

    Al sur de la isla grande de Chiloé, más allá del Golfo del Corcovado, se encuentran numerosas islas, las que formando diferentes archipiélagos se extienden hasta el extremo sur de nuestro territorio. Los archipiélagos de las Guaitecas y de los Chonos, forman la parte norte de esta región insular de Chile y tienen como límite sur el Golfo de Penas. En conjunto, estas dos agrupaciones de islas, unas 1047 en total, ocupan una superficie de 12.838 km2, encontrándose la mayor parte de ellas hoy deshabitadas.

    Un grupo humano que hoy ya no existe, ocupó ese territorio tan vasto. Por ese laberinto de islas, canales y fiordos, desarrollaron esos hombres del pasado una peculiar forma de vida, que les hacía llevar una existencia nómade, obteniendo su sustento del mar y de las islas en que acampaban y sepultando a sus muertos en aleros rocosos o en cavernas. En realidad no estamos seguros si se trataba de uno o varios grupos indígenas, quienes habitaron esos hoy desolados parajes, pero hemos heredado de cronistas. Navegantes y misioneros, un nombre común para todos ellos: "CHONOS".

    La información que se dispone de los Chonos es escasa, sólo algunas crónicas y otros documentos aluden a su forma de vida, a su característica embarcación, o a su lenguaje y los textos de historia no hacen sino que repetir los pocos antecedentes que de este grupo humano existen, si es que no se limitan tan solo a nombrarlos. Tampoco se disponen de datos confiables sobre su aspecto físico, la salud de su población o de su origen, lo cual se suma a lo anterior haciendo que estos indígenas estén en la práctica ausentes en el conocimiento que se tiene de los grupos aborígenes que ocupaban nuestro territorio hasta la llegada de las poblaciones europeas y que muy probablemente contribuyeron a la génesis de una parte importante de nuestra población actual, como es la población de Chiloé.

    Pueblo Aymara.

    O Aimara, pueblo amerindio que habita en la alta meseta del lago Titicaca, en el Alto Perú y Bolivia.

    Se ubican inmediatamente al Norte de los Atacameños en la antigua provincia peruana de Tarapacá. Presentaban un nivel cultural semejante al de los atacameños, aunque su agricultura era más avanzada y utilizaban un complejo sistema de regadío.

    Los aymara fueron conquistados por los incas en el año 1450, cuando formaban unos 80 reinos dispersos en un amplio territorio y enfrentados entre sí. A partir de 1535 los españoles conquistaron el Altiplano boliviano al mando de Diego de Almagro y ocho años después, en 1542, el virreinato del Perú incluiría ya la totalidad de su territorio. Actualmente en el territorio que habitan los aymara se encuentran los centros arqueológicos de Tiahuanaco y Pucará. Basan su subsistencia en la agricultura con la obtención de papa, maíz, cebada, quina y coca, el pastoreo de la llama y la alpaca, y la pesca en el lago Titicaca.

    También son diestros artesanos del metal, la cerámica, los tejidos y la cestería. La organización social está basada en el `ayllu', forma andina del clan, al que pertenecen todos los parientes que tienen vínculos de sangre y que realizan en común las tareas agrícolas y ganaderas.

    La lengua aymara está muy difundida y la hablan diversos grupos indígenas como los colla, lupacas, pacasés y otros. Hoy, numerosos grupos aymara han adoptado la lengua quechua. En la actualidad viven aproximadamente 1.250.000 aymaras en Bolivia y 300.000 en Perú. No olvidemos que los aymaras se asentaron en chile entre los limites de Perú y Bolivia, hasta el curso inferior del río Loa.

    Pueblo Cunco.

    Pueblo precolombino chileno que vivió en sus orígenes en las costas entre el río Bueno y el canal de Chacao. En el siglo XV abandonó el continente, obligado a emigrar por la invasión del pueblo Mapuches, y se asentó en la mitad septentrional de la Isla Grande de Chiloé.

    Los cuncos fueron agro-alfareros y desarrollaron una agricultura basada en el cultivo y producción de la papa, el maíz y la quinoa como medio de autoabastecimiento, cuyo primer cultivo permanece hasta el día de hoy en la Isla Grande de Chiloé. Aprovechaban la piel de las llamas para hilar y tejer su vestimenta.

    También navegaban entre las islas en pequeñas embarcaciones de tres tablas cosidas entre sí y pescaban atrapando a los peces ocultos entre la vegetación aprovechando la bajamar. Su vivienda fue muy rudimentaria, caracterizada por casas de madera o de grandes ramajes. Eran vecinos de los chonos, con los cuales se mezclaron y unieron sus costumbres y culturas, constituyendo la cultura chilote actual.

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