Evolución de la especie humana

Teorías evolutivas. Primates. Homínidos. Selección natural. Darwin

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¿Qué ciencia estudia el origen de la especie humana?

La ciencia que estudia el origen de la especie humana es la antropología, en concreto, una rama que deriva de ésta que se denomina la antropología física.

¿Qué es la antropología física?

En virtud de su múltiple perspectiva (biológica, arqueológica, cultural, comparativa y global) la antropología constituye una poderosa herramienta científica para la comprensión de las claves fundamentales de la experiencia humana. La investigación antropológica ha realizado importantes aportaciones a la comprensión del significado de la herencia animal del Homo sapiens y, por tanto, a la definición de los rasgos diferenciales de la condición humana. La antropología engloba la unidad esencial de la humanidad y pone de relieve las falacias y los peligros sociales que encierran actitudes como el racismo.

Las primeras investigaciones

A partir del s.XV, con el gran descubrimiento del Nuevo Mundo, comenzó a disponerse de suficiente información antropológica, facilitada por los viajeros, misioneros y soldados, aunque en gran parte estaba falseada por constituir una mezcla de descripciones minuciosas y de relatos poco rigurosos de viejas tradiciones, así como porque los observadores tendían a ver a todos los pueblos exóticos con prejuicios culturales. A pesar de ello, la información así obtenida permitió, por primera vez, disponer de una base sobre la que ya podía sustentarse la nueva ciencia antropológica.

Pero no fue hasta la primera mitad del s.XIX cuando se empezó a estudiar los utensilios de sílex y los restos de los esqueletos hallados en diferentes lugares, estudios que se realizaron conjuntamente con investigaciones geológicas y paleontológicas, lo que estimuló el progreso de estas ciencias y de la misma antropología. Pudo así desvelarse la edad de la Tierra y demostrarse que la vida sobre ésta era bastante más antigua de lo que se había pensado hasta entonces.

Jaques Boucher de Perthes (1788-1868) demostró en 1830 la existencia del hombre en Europa durante el periodo glacial. Posteriormente, en 1865, John W. Lubbock (1834-1913) recopiló los datos existentes sobre la vida y cultura en la Edad de Piedra y fue el primero en establecer la división entre las culturas del Paleolítico, o Edad de la Piedra tallada, y las del Neolítico, o Edad de la piedra pulimentada.

En este periodo los descubrimientos sobre los tiempos prehistóricos fueron notables. En 1856 se descubrió la primera prueba directa del hombre fósil, al que se llamó hombre de Neanderthal.

Todos los materiales culturales y óseos confirmaron pronto la antigüedad del hombre en Europa y prepararon las bases de la antropología física. El resultado de esa lenta acumulación de datos fue doble: en primer lugar, se estudió la clasificación del hombre dentro del reino animal, a la vez que sus variedades y razas en el ámbito de la historia evolutiva; en segundo lugar, se inició el camino de la antropología cultural.

Antropología física

En los últimos veinte años la antropología física o biológica ha experimentado mayor desarrollo y especialización que ninguna de las otras ramas de la antropología. Este desarrollo se debe tanto a la precisión de su campo de estudio como a la perfección de las técnicas que se utilizan en el proceso de investigación. En sus inicios, la antropología física basaba sus investigaciones en la medición y morfología de los esqueletos hallados, así como en la aplicación de análisis estadísticos relativamente simples. El método empleado consistía en la medición de la estatura y las dimensiones craneales y corporales, para posteriormente realizar una clasificación o tipificación de las poblaciones estudiadas. Sin embargo, los criterios en los que se fundaban dichas clasificaciones eran bastante simples, por lo que se tendía a oscurecer los márgenes de variación de los promedios obtenidos. Por otra parte, las únicas disciplinas auxiliares que contribuyeron a los estudios antropológicos fueron la anatomía y la fisiología comparadas y, en menor medida, la paleontología y la genética.

En la actualidad, la antropología física dispone de amplios conocimientos sobre biología molecular y técnicas de electroforesis (parte de la fisiología que estudia la actividad eléctrica de las estructuras orgánicas), al igual que sobre el estudio de la hemoglobina (pigmento respiratorio de la sangre) y otro profundos conocimientos de genética. Todos estos aspectos de la biología humana son estudiados por otras disciplinas, pero lo que distingue al antropólogo físico, y hace de su actividad una disciplina propia, es su interés por la variación y adaptación humanas.

La evolución humana

Aunque todavía existen numerosas lagunas en el estudio del proceso evolutivo de la humanidad, los antropólogos físicos pueden hoy contestar con cierta aproximación a algunas preguntas como las siguientes: ¿Dónde y cuándo aparecieron los primeros seres humanos? ¿Qué especto tenían y en que se asemejaban o diferenciaban? ¿Cómo han evolucionado los rasgos físicos del hombre?

Los individuos que integran hoy la humanidad son muy parecidos entre sí. Pese a todas sus diferencias externas, todos pertenecen a una sola especie, la del Homo sapiens, cuya historia nos es conocida. No obstante, en las tempranas épocas de la prehistoria parece que existen otras especies y quizá otros géneros. Retrocediendo en el tiempo, se sabe que hubo un periodo en el que no existían formas humanas propiamente dichas. Es evidente, por tanto, que el hombre, tal como se le conoce en la actualidad, surgió de otros seres vivos que no eran humanos. El proceso evolutivo a través del cual se desarrolló el hombre a partir de antepasados no humanos y los procesos de cambio que aún hoy alteran, aunque de forma lenta, las características corporales de éstos, son asimismo objeto de estudio de la antropología física, a cuyas investigaciones se debe el conocimiento de cómo los seres humanos adquirieron los diferentes rasgos que hoy les distinguen de otras especies animales, y de cómo se diversifican los hombres entre sí, así como el de algunos de los factores que produjeron las distintas razas humanas.

La antropología física centra su interés sobre las formas de vida más cercanas al hombre, es decir, en los primates, grupo al que pertenece el hombre y que abarca a monos y a simios. A su vez, el estudio y comparación de formas vivas con las de los fósiles hallados abren un camino más claro en torno a la evolución y a la singularidad de muchos rasgos biológicos del hombre. En la actualidad existe gran interés por las investigaciones sobre el comportamiento humano y antropoide orientadas a esclarecer numerosos aspectos de la vida social del hombre.

La naturaleza humana

El origen y la historia del ser humano en cuanto organismo biológico se hallan estrechamente vinculados a la evolución del reino animal. Los animales son organismos móviles y pluricelulares que obtienen energía de la ingestión de otros organismos. Considerado como estructura biológica, el hombre comparte muchas características con el resto de los mamíferos; por ejemplo, es más afín al gorila y al chimpancé que al pez o a las aves. Sin embargo, el biólogo ve al hombre como el ser más complejo de la larga línea del desarrollo de la vida sobre el planeta. La clasificación y evolución de este proceso pueden describirse si se considera que el hombre forma parte del reino animal y que este se divide en dos categorías: protozoos (animales unicelulares) y metazoos (animales pluricelulares, a los cuales pertenece el hombre), cada una de las cuales se divide, a su vez, en varias ramas o subramas. El hombre pertenece a la rama de los cordados (animales con un eje longitudinal que encierra un largo cordón que forma parte del sistema nervioso) y a la subrama de los vertebrados, en los cuales el cordón tiene una cubierta ósea.

La subrama de los vertebrados se divide en muchas clases y subclases. El hombre es un miembro de la clase mamíferos, que se distingue, entre otros, por poseer glándulas mamarias para amamantar a sus crías.

La clase mamíferos se divide, a su vez, en numerosos órdenes y subórdenes. El hombre pertenece al orden de los primates y al suborden de los antropoides, que también incluye a los simios y a los monos.

Esquema de la evolución humana

Los homínidos

Los primates incluyen la familia de los homínidos, la cual abarca a todos los hombres, ya sea en formas fósiles o actuales. Los homínidos están emparentados con el grupo de los póngidos (gorilas, orangutanes y chimpancés). Las familias se dividen en géneros. Sin embargo, existen discrepancias sobre el número de géneros comprendidos en la familia de los homínidos. A pesar de ello, existe general acuerdo en que todos los hombres actuales pertenecen al género Homo. La controversia surge principalmente sobre las formas fósiles, pues una gran mayoría de los científicos las clasifican dentro del género Homo, mientras otros establecen más géneros.

El Homo sapiens

Finalmente, los géneros se dividen en especies. En este nivel de clasificación también existen deferentes criterios acerca del número de especies humanas posibles, pero a todos los hombres actuales y algunas especies extinguidas se les clasifica, en general, en una sola especie, denominada sapiens. Las especies, generalmente, se dividen en grupos, que por lo común están separados geográficamente y cuyos miembros comparten una serie de rasgos peculiares que permiten agruparlos como tales. A estos grupos se les denomina razas.

La variación

El problema básico de la evolución es explicar la diversidad de las formas vivas y la aparición de nuevas especies o variedades. La clave primordial del estudio de la evolución se centra en la herencia y en las relaciones entre los seres vivos y su medio ambiente. La variación es característica esencial de todas las formas vivas, así como de algunas estructuras inorgánicas. En la mayoría de los organismos, la variación es de dos tipos: la causada por procesos biológicos internos y la producida en los organismos individuales como respuesta a condiciones ambientales. En el primer caso las variaciones pueden heredarse, lo que no sucede en el segundo. En numerosos organismos las variaciones ambientales influyen también en el comportamiento. Asimismo, la variación individual es controlada, dirigida o limitada por procesos en los que intervienen factores culturales. Este es, sin duda, el rasgo diferencial mas acusado de la naturaleza humana respecto al resto de las especias del mundo animal.

La selección natural

Los primeros estudios sobre la explicación de la variedad de las especies, propuestos por Jean-Baptiste de Monet Lamarck (1744-1829), sostenían que la variación era consecuencia de la presión del entorno o medio ambiente sobre los individuos y que producía cambios en la herencia.

El naturalista inglés Charles Darwin (1809-1882), que publicó en 1859 el origen de las especies, marcó una nueva época en el estudio de la evolución de los seres vivos. El enfoque darwinista consideró la variación como algo dado, y la presión ambiental únicamente determina que una variedad sea persistente o no frente al hábitat en el que se encuentra. Basándose en la existencia de los fenómenos observables de la herencia y variación, pudo constatar que las diferencias heredables que conducían a superiores adaptaciones al medio ambiente tenían por resultado la selección natural de los más aptos, es decir, de los mejor dotados y más fuertes para reproducir y perpetuar sus rasgos o características constitutivas. Las variaciones heredadas y acumuladas, además de las presiones de la adaptación (naturalmente por el medio ambiente), podrían ocasionar la formación de nuevas especias.

En la actualidad, el enfoque darwinista se encuentra sometido a profundas correcciones. Las nuevas investigaciones han confirmado en lo esencial la teoría de Darwin. Sin embargo, se ha podido comprobar que la esencia de la evolución orgánica radica en el oportunismo para adaptarse a nuevas situaciones. Como resultado de la selección natural los organismos se adaptan a las necesidades y oportunidades presentes en su medio ambiente. Pero no existe confirmación de que haya un nivel fijo absoluto de eficacia biológica que garantice la perpetración de una especie.

Competencia y cooperación

Charles Darwin y Alfred Wallace formularon los principios básicos del modo en que la selección natural podía dar como resultado la evolución orgánica. Sin embargo, bajo la influencia del pensamiento dominante de la competencia económica, Darwin y Wallace aceptaron el concepto de “lucha por la supervivencia”, de Thomas Malthus, como principal fuente de selección para el éxito reproductor. La publicación del libro de Darwin “El origen de las especies” produjo conmoción no solo en los círculos científicos, sino también en los ideológicos. Así, en el s.XIX, la selección natural se describió incorrectamente como la lucha directa entre individuos por recursos escasos y compañeros sexuales, e incluso como la depreciación y destrucción de unos organismos por otros de la misma especie.

El llamado “darwinismo social” es una ideología que se basa en la creencia de que los progresos cultural y biológico dependen del libre juego de las fuerzas competitivas en la lucha de individuo contra individuo, de nación contra nación y de raza contra raza. El darwinista social más notorio fue Herbert Spencer (1820-1903), quien propugnó la supresión de cualquier política encaminada a proporcionar auxilio a los desempleados, a las clases sociales más pobres y a los pueblos menos desarrollados, bajo el supuesto de que esta ayuda interferiría en el libre juego de una pretendida ley de supervivencia de los más aptos.

A partir de Spencer, la teoría del darwinismo social ha sido utilizada para justificar el sistema capitalista de libre empresa, y su influencia continúa sintiéndose entre los partidarios del capitalismo sin restricciones y entre los partidarios de la supremacía de la raza blanca.

Las ventajas del enfoque global de la antropología en el análisis de la realidad permiten contemplar estas cuestiones con una óptica más objetiva. En concreto, hoy está científicamente demostrado que la eficacia biológica depende de diferentes factores, desde la capacidad del organismo para resistir las enfermedades, conquistar o defender espacios con más seguridad y obtener energía en cantidades mayores o más seguras, hasta con una mayor eficiencia y seguridad en algún aspecto del propio proceso reproductor. En general, los factores que fomentan al éxito reproductor diferencial no están relacionados con la capacidad de un organismo para destruir a otros miembros de su propia población o impedirles que obtengan nutrientes, espacio y compañeros sexuales.

En la actualidad, los biólogos aceptan que la selección natural favorece tanto la cooperación dentro de las especies como la competencia. Por otra parte, en las especies sociales, la perpetuación de los genes de un individuo depende a menudo tanto del éxito reproductor de sus parientes más próximos como de su propia supervivencia y reproducción.

La evolución del comportamiento humano

Es indudable que los humanos se caracterizan por poseer cualidades morfológicas y fisiológicas muy particulares, lo que evidencia su separación respecto de los demás animales en su comportamiento. Sin embargo, algunos de los rasgos de ese comportamiento también se encuentran, aunque de forma rudimentaria, en ciertos animales, si bien en el hombre están más desarrollados y, además, organizados en pautas de comportamiento exclusivas de la especie humana. El comportamiento cultural ha mantenido una estrecha relación con las características orgánicas del hombre hasta convertirse en motor de la evolución de la especie, y es importante comprender cómo se comportó el hombre primitivo, y a través de qué pautas se desarrolló.

Los testimonios del comportamiento del hombre primitivo son, en general, indirectos. Se obtienen a través del estudio del medio ambiente en que vivieron y en donde se han hallado restos materiales, y en las limitaciones que les eran impuestas por su estructura biológica. Otra de las características que permiten elaborar hipótesis sobre el comportamiento de los primeros hombres consiste en el estudio de los grupos humanos modernos que aún viven en condiciones similares en lugares recónditos del planeta.

Otra vía de estudio de los hábitos y costumbres de nuestros lejanos ancestros es el análisis de las especies más parecidas en muchos aspectos a los primitivos humanos: la de los simios antropoides (el chimpancé y el gorila, principalmente). La línea de los póngidos, a la que pertenecen estos animales, se separó de la línea de los animales, se separó de la línea de los homínidos hace aproximadamente 4 millones de años, pero su cerebro era relativamente pequeño y el grado de similitud que comparten con el hombre es, desde luego, difícil de precisar y sigue siendo objeto de controversia y polémica.

Alimentación

Los simios son animales selváticos que se alimentan, por lo general, de vegetales, aunque los chimpancés de Tanzania matan y devoran las crías de otros animales, como los babuinos. Los antepasados del hombre vivieron posiblemente durante mucho tiempo en praderas, en lugares abiertos o regiones parcialmente boscosas, y eran omnívoros. Centrando el estudio en los babuinos, que parecen vivir en zonas poco arboladas (hábitat parecido al de los precursores del hombre), la línea de la evolución que los separó de ellos está mucho más lejana en el tiempo que la de los póngidos; de ahí que las conclusiones obtenidas sobre su comportamiento sean más difíciles de precisar.

Trabajo

Los babuinos utilizan objetos tales como piedras, que lanzan para defenderse. Sin embargo, no se tiene conocimiento de que las trabajen o modifiquen. Los chimpancés desgajan y utilizan ramas tiernas de los árboles, las cuales mojan con saliva y las introducen en las termiteras para comerse luego los insectos que han quedado adheridos al palo. Asimismo, también se ha observado que las madres de los chimpancés ayudan a sus crías a emplear con provecho pequeños palitos. El estudio del comportamiento de estos animales sugiere que existe ya un recuerdo y una previsión del fin deseado; sin embargo, son acciones muy sencillas y rudimentarias si las comparamos con las realizadas probablemente por los Australopithecus. Así pues, podemos percibir en el conjunto de los instrumentos primitivos -aunque simples y con una evolución lentísima durante cientos de años- un avance enorme sobre la capacidad de cualquier otra especie animal para el uso de instrumentos.

Leguaje

La facultad básica y esencial del hombre es el uso del lenguaje, capacidad ausente en los demás animales, incluso en los más próximos al hombre. La posesión del lenguaje distingue al hombre del resto de los animales, aun teniendo en cuenta la posibilidad del grito significativo de alguna especie animal. Probablemente el lenguaje se debe al hecho de que sólo el hombre tiene un conjunto de pautas de comportamiento acumuladas, de las cuales carecen los animales.

Por otro lado, es evidente que el lenguaje presupone un desarrollo muy complejo del sistema nervioso, desarrollo que fue relativamente temprano. Posiblemente los australopitecinos carecieron de lenguaje, aunque éste podría haber surgido ya en la época del Homo erectus.

Organización social

La organización social de los primates es la banda, que está compuesta por varios machos, un número más amplio de hembras y las crías de ambos sexos que necesitan todavía el cuidado de sus padres. Los babuinos, que habitan en las extensas sabanas, parecen formar bandas mayores que los gorilas y chimpancés, moradores de la selva.

Puede afirmarse que en la mayoría de las bandas de primates existe cierta estructura de jerarquía o dominación, que es ejercida por los machos y que se afirma a través de gestos o amenazas. El poder de la hembra estará condicionado por el de su compañero. Hasta existe la posibilidad de que el primogénito de un macho que detente el poder de la banda pueda heredar, en cierto sentido, la posición dominante del padre, o que esté en mejores condiciones que otros para acceder al dominio.

Los estudios sobre algunas bandas de primates inducen a pensar que entre éstos, e incluso entre los monos, existe una técnica de aprendizaje que les lleva a comportamientos nuevos. En sus desplazamientos, las bandas de primates pueden presentar una organización de sus miembros, según las categorías del sexo, la edad y el rango. Un claro ejemplo se tiene en los babuinos. La banda coopera en la defensa cuando es amenazada por animales de presa. Existen muy pocos depredadores que se atrevan a hacer frente a un determinado grupo de simios, con sus formidables caninos y sus gritos y gestos amenazantes, limitándose a atacar a los ejemplares que se hallan aislados. También se ha comprobado que los babuinos emplean técnicas de grupo parecidas para cazar herbívoros demasiado grandes para ser cazados por un solo individuo. Por otra parte, parece completamente falso que los grandes simios ataquen al hombre. Carl Akeley, especializado en la caza de gorilas para parques zoológicos, manifestó que repetidas veces provocó a los gorilas para que le atacaran, pero que éstos nunca lo hicieron.

El Australopithecus, presumiblemente, debió de formar bandas muy parecidas a las de los babuinos para poder sobrevivir. Falto de fuertes dientes caninos para su defensa contra los grandes animales depredadores, seguramente tuvo que utilizar las piedras como arma arrojadiza de defensa y, sobre todo, confiar en el número, es decir, en la banda.

El sexo

Además de las funciones de defensa, las bandas de primates permanecen unidas debido a la dependencia de las crías y a la vinculación de los sexos. Sin embargo, como los primates sólo se aparean periódicamente, durante los ciclos de celo de las hembras, generalmente de naturaleza estacional, son otros los factores que mantienen unidos a los sexos. Posiblemente sea la actividad del espulgo mutuo. En el Homo sapiens, por el contrario, la atracción de los sexos es constante, en lugar de estacional intermitente. Por otra parte, los hijos pueden nacer en cualquier periodo del año y dependen durante más tiempo de los padres, y las hembras y las crías no realizan actividades cazadoras, por lo que para su alimentación dependen de los machos. Además, el perfeccionamiento de las armas disminuyó la importancia del número de individuos en la defensa personal o de la familia.

Asimismo, las bandas humanas se relacionaban con otras de lengua y cultura parecidas, con las que podían llegar a mezclarse en ocasiones celebrando matrimonios o emparejamientos mutuos, juntándose temporalmente en las épocas de trabajo (caza colectiva de grandes animales, por ejemplo), lo que daba a los grupos una enorme ventaja.

Finalmente, podemos añadir que el ser humano, como producto de un complejo proceso evolutivo que ha pasado por sucesivas adaptaciones a condiciones ambientales diversas, es un organismo más en la naturaleza, con la particularidad de que es el único que posee la facultad de apercibirse de su propia existencia y además, es consciente de esa realidad.

Dentro del campo de la filosofía, a esa consciencia se la ha llamado alma -concretamente en el campo de la filosofía religiosa-, pero también se la denomina psique en el campo científico.

En cualquier caso, son obvias ciertas características en el ser humano: capacidad de autopercepción, análisis de la propia personalidad, capacidad simbolizadora, elaboración del pensamiento abstracto y conceptual, etcétera.

El proceso de hominización

Los restos fósiles de los homínidos son el material más útil para despejar las incógnitas planteadas a los antropólogos sobre el pasado más remoto de la humanidad. La antropología física se basa en los descubrimientos de tales fósiles para categorizar y clasificar el proceso de la hominización.

Cuando el primer fósil de Australopithecus fue descubierto en 1925 por Raymond Dart en Johannesburgo (Sudáfrica), fue considerado como un simio con algunas características humanoides. Sin embargo, los descubrimientos posteriores, realizados por el mismo Dart y por R. Broom, indujeron a pensar que había dos tipos principales: el Australopithecus africanus, una forma más pequeña, de unos 20 o 30 kg de peso, y el Australopithecus robustus, que era más pesado, casi el doble. Al homínido más pesado se le denominó en un principio Paranthoropus, porque se creyó que era de un género muy diferente. Lo mismo ocurrió con nuevos descubrimientos en otras partes de África, dándoles de ordinario el nombre de un género distinto. Actualmente, parece ya aceptado por la gran mayoría de los antropólogos que ambos ejemplares pertenecen a un solo género que contiene dos especies, y que cada una de ellas abarca una gran variedad. Sin embargo, la especie africanus es la que más se asemeja al hombre. Hoy se conocen gran número de fósiles de africanus, que conservan muchas partes del esqueleto, tales como las manos, los huesos largos de las extremidades, los huesos de la pelvis, los maxilares y los cráneos. A través del estudio de estos restos fósiles las investigaciones más recientes afirman que se trata de un homínido, una forma ancestral del hombre.

Conclusión sobre el origen de la especie humana

En conclusión el hombre procede de los primates (monos) y que éstos mediante una serie de procesos evolutivos diversos (entre ellos y muy importante la selección natural) fueron evolucionando hasta llegar al hombre actual pasando por una larga serie de especies de primates y hominoides.

Vocabulario

Ámbito (Pág.2): Contorno de un espacio o lugar. Espacio comprendido dentro de límites determinados. Círculo, medio en que uno se desenvuelve.

Afín (Pág.3): Próximo, contiguo. Que tiene afinidad con otra cosa. Pariente por afinidad.

Inorgánicas (Pág.5): Dícese de cualquier cuerpo sin órganos para la vida, como son los minerales. Dícese de lo que está mal concertado y que carece de la conveniente ordenación de las partes. Dícese de la parte de la química que trata de los elementos de origen mineral.

Hábitat (Pág.5): Conjunto de factores ambientales en los que vive, de un modo natural, una determinada especie animal o vegetal.

Radica (Pág.6): Del verbo radicar; arraigar, echar raíces. Estar o encontrarse ciertas cosas en determinado lugar. Estribar, basarse, consistir.

Eficiencia (Pág.6): Virtud y facultad para lograr un efecto. Acción con que se logra este efecto. Utilización racional de los recursos productivos.

Orgánicas (Pág.7): Aplícase a los cuerpos que están con disposición o aptitud para vivir. Formados por órganos. Dícese de las sustancias cuyo componente constante es el carbono, en combinación con otros elementos.

Póngidos (Pág.7): Familia de primates pitecoideos, antropomorfos, que comprende las formas emparentadas directamente con el hombre, tales como el orangután, el gorila y el chimpancé, y, para algunos autores, también los gibones, además de numerosas especies fósiles.

Controversia (Pág.7): Discusión larga y reiterada entre dos o más personas.

Detente (Pág.9): Del verbo detentar; retener uno sin derecho lo que no le pertenece.

Bibliografía

Para el texto: Gran Enciclopedia Interactiva OCEANO (en libros); Adaptada a la Logse. Tomo número 6: Antropología…

Para el vocabulario: Oceano Color, Diccionario Enciclopédico Universal (en libros).

1

El origen de la especie humana: la antropología física

Homo sapiens

Homo erectus

Australopitecinos

Póngidos

Hilobátidos

Simios

Homínidos

Hominoides

Cercopitecoides

Ceboides

Antropoides

Prosimios

Primates