Evaluación tradicional y conceptual

Evaluación psicológica. Chorot. Contructos internos. Métodos de medida. Test de Rorschach. Pelechano. Consistencia transituacional. Holzman. Kant

  • Enviado por: Anitadiabolic
  • Idioma: castellano
  • País: España España
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INTRODUCCION:

El propósito fundamental de este artículo consiste en esbozar una reflexión acerca de aspectos importantes en la evaluación psicológica actual, centrándonos fundamentalmente en el proceso de evaluación seguido dentro de la psicologia clínica. En el se discuten los modelos de evaluación más utilizados actualmente: La evaluación conductual y la evaluación tradicional.

Aunque el sustrato empírico y teórico de la evaluación tradicional ha sido criticado duramente, se ha favorecido el desarrollo de la evaluación conductual. Las nuevas concepciones de los modelos de rasgos significan un acercamiento entre ambos puntos de vista.

El análisis critico sobre la evaluación psicológica comporta ciertas dificultades debido a la diversidad de enfoques teóricos y también por la constante aparición de nuevas aportaciones teóricas y prácticas.

Sin embargo, durante las ultimas décadas, el desarrollo de la disciplina evaluativa, empezando por la figura del evaluador (ha pasado de ser un asesor tradicional a ser uno conductual) ha contribuido a considerarla una actividad paralela y simultanea a la elección y aplicación de tratamientos.

A continuación, examinaremos los dos modelos de evaluación tradicional y conductual, mencionando algunas características estimadas adecuadas para poder ser contrastados.

EVALUACIÓN TRADICIONAL

En opinión de Chorot, el diagnostico tradicional supone un modelo de evaluación que falla a la hora de proporcionar una información adecuada, útil y relevante para que el psicólogo lleve a cabo su labor terapéutica. Así, la evaluación se entiende como una actividad independiente y separada del tratamiento (Ciminero)

La evaluación tradicional se caracteriza por la existencia de contructos internos de la personalidad que explican y determinan, en mayor o menor grado, la conducta del sujeto. De modo que ésta es entendida como la manifestación indirecta de alguna disposición interna, con lo que en opinión de ciertos autores se generan un máximo de inferencias y se recogen muy pocos datos.

Podemos concluir que estamos ante un modelo de rasgos que va a acoger un planteamiento correlacional y un supuesto de consistencia frente al planteamiento experimental y supuesto de especificidad ofrecido por la evaluación conductual, que más tarde veremos.

Debido a que los contenidos de los ítems de los tests reflejan únicamente los rasgos de personalidad del individuo: la conducta nunca es obsevada directamente, de ahí que el modelo de evaluación tradicional tenga que valerse de metodos de medida indirectos. Como por ejemplo pueden ser las técnicas proyectivas y las psicométricas.

Las primeras derivan de las teorías dinámicas de la personalidad y por lo tanto, reflejan los aspectos inconscientes y los conflictos internos subyacentes al psiquismo del individuo (por ejemplo: el test de Rorschach). Estas técnicas evaluativas han sido fuertemente criticadas por cuestiones metodológicas de fiabilidad y validez. De hecho, a pesar de los enormes esfuerzos realizados por los investigadores de la materia para operativizar y hacer objetivas las técnicas proyectivas, estas, actualmente no pueden ser consideradas como instrumentos científicos y precisos de evaluación.

Por otra parte, las técnicas psicométricas se valen de tests estandarizados, construidos en base a estrategias teórico-racionales, empíricas y factoriales, que pretenden evaluar las variables organísmicas o rasgos del sujeto. Estas son las que van a conformar la perspectiva correlacional. Como ejemplos tenemos el MMPI ( Minnesota Multiphasic Personality Inventory)

Pero a mediados de los años sesenta, se empieza a producir un fuerte cuestionamiento de la adecuación de los instrumentos de medida tradicionales y tiene lugar un importante giro hacia los determinantes situacionales de la conducta.

EVALUACIÓN CONDUCTUAL

También llamado en las ultimas décadas “Análisis funcional de la conducta”, se apoya fundamentalmente en los conocimientos adquiridos por la psicologia experimental, lo que supone una vuelta al método científico. Este, según Pelechano, representa una especialidad en auge.

A grandes rasgos, la evaluación conductual trata de determinar de una manera operativa, objetiva y cuantitativa las relaciones causales que surgen entre la conducta problema y los factores que la provocan. De ahí que se incluyan tanto las conductas directamente observadas como las encubiertas.

La gran diferencia entre el enfoque tradicional y el conductual, estriba en que en el primero la evaluación y el tratamiento son independientes. Contrariamente, en el segundo, la actividad evaluadora es inseparable del tratamiento y en ese sentido debe servir de base para la intervención (Fernández-Ballesteros)

Desde una postura interaccionista, el enfoque conductual se caracteriza por explicar la conducta en base a la interacción entre las variables organísmicas y las variables situacionales (sujeto y ambiente). La evaluación se centrara en datos observables y consistentes con la realidad empírica, de manera que los niveles de abstracción son muy bajos. Por lo tanto, las respuestas del sujeto serán tomadas como una muestra representativa de la conducta ocurrida ante situaciones ambientales que provocan, mantienen o inhiben tales respuestas.

En definitiva, la evaluación conductual utiliza patrones de respuesta específicos ante situaciones determinadas y analiza la conducta en términos de antecedentes y consecuencias. Dado que se ocupa de las conductas concretas, se requiere un análisis especifico y adecuado a cada sujeto: tiende a dirigirse al caso individual (metodología idiográfica)

REFLEXION:

Una vez comentadas las características de ambos modelos de evaluación, podemos deducir que la diferencia básica reside en la forma de explicar la conducta del sujeto.

Desde la postura tradicional, esta ultima vendría dada por los rasgos de personalidad (constructos internos).Y aboga por una conducta con un alto grado de consistencia transituacional y estabilidad temporal. Si el comportamiento emana esencialmente de las características propias y peculiares con que el sujeto aborda una situación concreta, quedando las variables situacionales en un segundo plano, parece lógico esperar que la conducta presente un grado considerable de continuidad y consistencia a lo largo del tiempo y de las diversas situaciones. Así las variables, mecanismos y estructuras subyacentes en la persona son las responsables de la determinación de la conducta en grado máximo, a la vez que de la continuidad y consistencia de la misma.

Sin embargo el enfoque conductual, pone el acento explicativo en el contexto situacional en el que la conducta se manifiesta, por lo que sus centros de interés se dirigen hacia el valor determinante de la situación, la especificidad de la conducta y la conveniencia de estudiar sistemáticamente los parámetros que definen la situación. Al estimar las características de la situación como los factores explicativos de la conducta, se deduce lógicamente su carácter variable y especifico.

Aquí cabe hacer un alto para formular una pregunta a los teóricos situacionistas: ¿Qué me dicen sobre los estados? ¿Qué me dicen sobre la tristeza o la alegría?

Entre los críticos de estos planteamientos teóricos, contamos con Holzman, que advierte que: “El esquema conductual ha sido elaborado a expensas de la eliminación arbitraria de la complejidad de la conducta humana”.

Otro autor que aquí sería interesante mencionar es Bermúdez: “...si bien el estudio de la situación es importante, el enfoque situacionista entendido desde una postura radical es totalmente inadecuado, al igual que ocurre con el modelo de rasgos, resultando en cierto modo insostenible entender y estudiar las situaciones como algo independiente de la persona...”

Desde nuestro modesto punto de vista, las explicaciones derivadas de cada enfoque por separado, se muestran insuficientes, sobre todo cuando el objeto de estudio es la conducta humana.

Esto nos lleva a pensar en la vieja problemática de la disciplina Psicológica: el eterno complejo de poco científica, que lleva a que los investigadores se radicalicen y se repartan en dos frentes: internalistas y ambientalistas, idealistas y materialistas, organicistas y mecanicistas, realistas y escépticos, subjetivistas y objetivistas... Pero estos enfrentamientos no solo abundan en las investigaciones psicológicas, sino que ocurre hasta en las mejores “familias”; recordemos sino los acalorados debates filosoficos entre los partidarios de la razon contra los devotos del empirismo. También podríamos citar una larga lista de términos que conocemos enfrentados, como por ejemplo: cualitativo vs cuantitativo, idiografico vs nomotético, categorial vs dimensional... Vemos pues, como la historia del pensamiento humano avala la polemica que hoy nos ocupa.

Vayamos por partes.

La evaluación conductual, en sus aspectos metodológicos, utiliza la observación y los registros objetivos con bajos niveles de inferencia o abstracción para así evitar las posibles variables contaminantes. Esto es muy propio del espíritu científico: buscar el rigor y la exactitud de la objetividad. El evaluador se ciñe a la realidad y no a como quiere que sea esa realidad.

En cambio, la perspectiva tradicional, propia de los teóricos del rasgo, considera que las variables personales juegan un papel predominante sobre los factores del ambiente y se valen de técnicas proyectivas y psicométricas para llevar a cabo las evaluaciones (propio de la metodología nomotética). Pero aquí también podemos hacer una pregunta a los partidarios de este enfoque: “¿ Las personas se comportan igual en todas las situaciones?”

Podemos adelantar la respuesta: obviamente, no.

Acudiremos de nuevo a la historia para tratar de dar solución a este enfrentamiento. Haciendo alusión al anteriormente citado debate Racionalismo-Empirismo, proponemos el ejemplo del mayor representante de la Ilustración Alemana: Kant.

El pensamiento Kantiano puede dividirse en dos etapas:

La primera, el periodo precrítico, donde es un filósofo racionalista continuador de Liebniz, partidario pues de la razón para conocer el mundo.

La segunda, el periodo critico, donde reconoce la necesidad de la experiencia y la razón utilizadas conjuntamente para conocer la realidad. (Critica de la Razón Pura). Aún hoy en día en el siglo XXI, este problema no esta del todo resuelto, pero no resulta una mala idea y puede ser un paso adelante.

En la línea de Kant, y siguiendo con el tema que nos atañe, pensamos que lo mejor es combinar o fusionar ambos métodos: al valerse de ambos, el campo que no abarca uno de ellos, lo abarca el otro, de manera que se nos escape el mínimo de información posible acerca del sujeto a evaluar.

A este propósito, Bermúdez nos dice: “Los aspectos más importantes de la conducta humana, surgen a partir del continuo proceso de interacción entre situación, organismo y conducta... Al mismo tiempo, la conducta, fruto de la relación estructura orgánica-contexto estimular, altera las condiciones, tanto del organismo como del contexto, dando lugar a cambios que no traducen sencillamente la acumulación cuantitativa del efecto de cada una de los factores actuantes; mediante esta mutua interrelación se producen estados que son cualitativamente diferentes a los precedentes (Bermúdez 1989, p.81)

En este sentido, la integración propuesta por los planteamientos interaccionistas parecen muy adecuada ya que parte de la consideración de la interacción de las variables personales y situacionales como unidad de análisis y explicación de la conducta. Este planteamiento integrador se desprende que la conducta se debe, en parte, a factores de diferenciación individual, en parte, a las características de la situación, pero fundamentalmente a la interacción entre las características de ambos polos de la disensión.

Resultaría interesante analizar en función de que características, bien sean de la persona o de la situación, la conducta permanece estable o varia. Así, cualquier manifestación conductual refleja tanto características de la persona como de la situación.

CONCLUSIÓN

Unas conductas pueden estar en mayor medida determinadas por factores personales en algunos sujetos: en otros sujetos las mismas conductas pueden estar determinadas en mayor medida por factores situacionales. En vez de pretender dilucidar si los determinantes de una conducta son internos o externos, lo que realmente interesa es analizar de que forma los factores personales y situacionales se interrelacionan y codeterminan en su influencia sobre la conducta para cristalizar en el desarrollo y mantenimiento del patrón de estabilidad y cambio que cada individuo presenta en su conducta.

En definitiva, la cuestión es ver como interactúan persona y situación para conseguir en el individuo un patrón coherente de comportamiento que le identifique.

Y estamos seguros de que la confluencia de la investigación tradicional con las aportaciones realizadas por el modelo conductual generarán una gran apertura hacia nuevos e interesantes tipos de datos.

BIBLIOGRAFÍA

_CHOROT, P. (1984) Perspectivas actuales y futuras de la evaluación psicológica. Revista de Psicologia General y Aplicada.

_FERNÁNDEZ-BALLESTEROS, R. (1992) Introducción a la evaluación Psicológica. Madrid, Pirámide.

-GOROSTIAGA, A. Fundamentos Metodológicos de la Psicologia. UPV, Donostia.

_IBÁÑEZ AGUIRRE, C. Evaluación Psicológica: lecciones introductorias. Servicio editorial UPV, Bilbao.

_ZUMALABE, J.M. (1993) Tendencias actuales en el estudio y la evaluación de la personalidad. Servicio Editorial UPV, Donostia.

Reflexión sobre las diferencias entre la evaluación tradicional y la evaluación conductual