Evaluación psicológica

Psicología. Evaluación psiconeurológica. Entrevista. Observación. Personalidad. Motivación. Inteligencia

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Introducción

La Evaluación psicológica en distintos contextos aplicados es la tarea más frecuentemente realizada por los psicólogos (Fernández Ballesteros, 1994). La constante en todos los contextos en los que se aplica la evaluación consiste en una serie de actividades de exploración, medida o análisis de comportamientos o fenómenos psicológicos relativos a un sujeto, o grupo especifico de sujetos, y que ello se realiza mediante un proceso de indagación y toma de decisiones. La diversidad se encuentra en que tales actividades se realizan con variados propósitos, en contextos diversos. Por lo tanto, no es nada excepcional entender que tal pluralidad de actividades, contextos y objetivos psicológicos hayan determinado que a lo largo del tiempo y de los distintos medios culturales, las acciones evaluativas hayan adoptado distintas denominaciones.

Por otra parte, la evaluación psicológica incluye la aplicación de tests o técnicas de evaluación, es decir, independientemente del objetivo o contexto de evaluación, han de ser aplicados una serie de dispositivos de medida o análisis en los que basar los juicios emitidos. La evaluación es un término más amplio que el correspondiente a la mera aplicación de tests, debido a que connota la integración y valoración de la información recogida.

La Evaluación Psicológica se considera como una subdisciplina de la psicología científica. La diferencia fundamental entre psicología y evaluación psicológica se encuentra en el objeto de estudio. Mientras que la psicología estudia la conducta humana con el fin de llegar a establecer los principios generales que en ella rigen, la evaluación se dirige al estudio científico de un sujeto como ente individual, y por extensión, también a un grupo específico de individuos. Así mismo, el objetivo de la Evaluación es verificar si los principios generales establecidos por la Psicología en sus distintas especialidades se dan en un sujeto, con los objetivos aplicados de descripción, diagnóstico, orientación y/o tratamiento. Esto se consigue mediante ciertas tecnologías con las que dan cuenta la fiabilidad y validez de las unidades de análisis comportamentales.

La evaluación psicológica tiene en cuenta la existencia de varios factores que pueden alterar los resultados obtenidos o la percepción de sucesos o eventos desde el punto de vista del evaluador. Estos factores incluyen la reactividad, donde un sujeto cambia su comportamiento al sentirse observado y aumenta o disminuye en función de la motivación del sujeto para cambiar, el falseamiento, donde el sujeto miente deliberadamente para presentar una imagen mejor de sí mismo, y finalmente la deseabilidad social, en el cual un sujeto miente inconscientemente para el mismo fin.

Distinciones Terminológicas y Algunas Aplicaciones

En el término psicodiagnóstico se expresan las actividades que nos ocupan y tiene aplicabilidad cuando el objetivo de evaluación es el del diagnóstico psicológico, es decir, el de establecer la clasificación del sujeto en estudio con fines clínicos, aplicando varios tests y ejecutando ciertas técnicas de medida con el propósito de examinar una serie de características psicológicas y observar la conducta. Una vez efectuado el psicodiagnóstico, se re-evalúa al paciente valorando los cambios que se han producido en su comportamiento. Cuando un psicólogo efectúa una labor de orientación, por ejemplo, en una escuela, su fin es conocer las aptitudes intelectuales, intereses y preferencias profesionales de los sujetos evaluados con el fin de recomendar una determinada alternativa educativa. Tras la realización de una serie de medicaciones psicológicas mediante tests y entrevistas, el psicólogo ha de lograr establecer los estudios o profesión más idóneos para cada sujeto. Los psicólogos también efectúan procesos de selección para elegir el candidato más eficaz para un determinado puesto de trabajo, mediante tests, entrevistas, observaciones, etc., con el fin de contrastar el perfil personal de cada candidato con el perfil requerido para el puesto de trabajo, y formando así un listado de aquellos candidatos que resulten especialmente idóneos.

En estos tres ejemplos, la evaluación se dirige, fundamentalmente, al estudio de las características psicológicas del/los sujeto/s en evaluación. Así mismo, la evaluación también engloba la valoración de un específico contexto aplicado, o a una concreta intervención, y finalmente, se establecen una serie de recomendaciones de cambio, es decir, se trata de valorar una intervención, tratamiento o programa, con la que se desea conseguir una serie de cambios conductuales en base a una serie de objetivos propuestos. Los psicólogos encargados de tal valoración seleccionan una serie de tests o instrumentos de medida, con el fin de evaluar los cambios comportamentales finales producidos por la intervención o indicadores sobre sus efectos. Cabe destacar que existe una diferencia significativa, contrastada empíricamente, entre los dos términos etimológicamente idénticos; evaluación y valoración, ya que el primero se refiere al examen o exploración de personas mientras que la valoración implica semejantes actividades referidas a objetos, como pueden ser puestos de trabajo, tratamientos, etc. Desde la proximación cognitiva de la Evaluación Psicológica en presente, el modelo desde el cual la conducta es explicada, señala que los factores implicados son una serie de procesos y estructuras mentales internas por lo que se puede decir que la conducta es una función del mundo cognitivo de la persona.

Características de la Evaluación Psicológica

Las operaciones básicas que cualquier científico puede realizar son las de describir los fenómenos objeto de estudio, clasificarlos, realizar predicciones sobre ellos, explicarlos y controlarlos. Pero la evaluación psicológica se lleva a cabo por unas demandas concretas formuladas bien por el sujeto, bien por el referente de éste. Estas demandas pueden ser las de diagnóstico, orientación, selección y modificación o cambio. Las operaciones básicas y demandas aplicadas se interconectan de tal forma que el que diagnostica exige operaciones de descripción y clasificación, la orientación y selección, operaciones de predicción, y la modificación y el cambio se basan en el control y/o explicación de la conducta. A partir de lo dicho, para realizar una evaluación psicológica, es necesario tener en cuenta un grupo de variables, la primera el comportamiento objeto de estudio.

La Evaluación Psicológica tiene por objeto de estudio el comportamiento del sujeto en evaluación, y ha de ser estudiado en los niveles de complejidad requeridos; incluyendo tanto lo que hace el sujeto como lo que piensa, siente o experimenta. Así mismo, se considera que la conducta presenta tres modalidades distintas, a partir de las cuales el psicólogo puede interesarse por la evaluación de procesos o estructuras internas: una de ellas es la Conducta Motora que comprende toda aquella manifestación externa que implica actividades eferenciales externamente observables. También se considera la Conducta Cognitiva, englobando todo aquello que piensa o experimenta un sujeto, y la Conducta Psicofisiológica, es decir, las actividades del sistema nervioso.

Las Condiciones Personales están relacionadas con el común acuerdo de que los seres humanos cuentan con una serie de competencias, habilidades, destrezas o atributos psicológicos que son ciertamente estables y que pueden ser entendidos como disposiciones de respuesta o repertorios básicos de conducta que han sido constituidos a lo largo de la vida. A la hora de evaluar tales atributos, el psicólogo ha de operativizar éstos según conductas actuales, aunque una importante porción de la varianza, tanto del comportamiento como de las variables de personalidad, es explicada mediante las condiciones ambientales históricas del sujeto (por ejemplo, las condiciones ambientales relevantes a la crianza, educación, desarrollo, etc.), es decir, su historia de aprendizaje. Así, en los casos en los que sea preciso, el evaluador deberá recabar información mediante entrevistas realizadas al sujeto, así como a través de informes técnicos, registros u otros dispositivos de medida no reactivos. Mientras tanto, el ambiente actual es considerado la fuente explicativa del comportamiento, ya que existen condiciones de éste tipo que pueden provocar, mantener y controlar el comportamiento objeto de estudio.

En algunos de los modelos reseñados, a ciertas condiciones biológicas les es concedido poder causal de la conducta, ya que existe evidencia de que estas han podido causar o coayudar en el desarrollo de la personalidad, aunque cabe destacar que la consideración de las condiciones biológicas de un sujeto no es siempre necesaria (por ejemplo, en sujetos sanos). Las condiciones pasadas pueden ser indagadas mediante el uso de registros, informes técnicos o informaciones del sujeto a evaluar o sus por parte de sus allegados, mientras que las condiciones actuales deberían ser identificadas por especialistas.

Para que el proceso de la evaluación siga un procedimiento científico, se utiliza el método hipotético-deductivo, el cual requiere el planteamiento de una hipótesis a verificar mediante técnicas correlacionales o experimentales, según la meta requerida. Sí el motivo de la consulta es para información más básica para evaluar, se utiliza el enfoque correlacional mientras que el enfoque experimental es para realizar una evaluación con el fin de una intervención-valoración.

Para el enfoque correlacional, es necesario en un principio hacer una primera recogida de datos en la cual se especifican la demanda y objetivos y un historial del sujeto. Tras esto se ha de formular una hipótesis y deducción de enunciados verificables, como pueden ser la cuantificación (un fenómeno establecido puede ser medido y cuantificado), la semejanza (determinar la semejanza de conductas manifiestas entre el sujeto a evaluar con un grupo de sujetos previamente clasificados en una teoría), la asociación predictiva (establecer la extensión en que una serie de manifestaciones pueden permitir predicciones sobre una base empírica) y la relación funcional o explicativa (establecer un análisis funcional). Una vez creada la hipótesis, se han de elegir las técnicas para contrastarla, un proceso denominado contrastación inicial. De este modo se obtiene la respuesta que dará verificación a los objetivos planteados en un primer momento, es decir, los resultados iniciales, y por lo tanto da lugar a la descripción, clasificación, predicción y toma de decisiones adecuadas.

El enfoque experimental sigue la misma metodología en un principio que el enfoque correlacional, pero una vez obtenidos los resultados iniciales, se formula una hipótesis funcional, implicando el uso de variables dependientes e independientes para deducir la relación causa-efecto. Una vez manipuladas las variable independientes y establecida una relación, se aplica el tratamiento y a la vez se recogen datos pertinentes a la hipótesis y a la aplicación del tratamiento. Para determinar la eficacia se requiere otra contrastación de hipótesis y valoración del tratamiento mediante la valoración de dos criterios: el primero es el criterio experimental que trata de la contrastación de la existencia de un cambio empírico significativo comparado con el nivel previo. El segundo criterio es el clínico o terapéutico, en el cual se evalúa la importancia personal y social de estos cambios. Los resultados obtenidos han de ser expuestos a las personas implicadas bien verbalmente o por medio de un informe.

El Informe de la Evaluación Psicológica

Existen una serie de recomendaciones o aspectos clave a considerar en la elaboración de informes psicológicos clínicos. Dichas recomendaciones emanan de la consideración de las leyes, normas, estándares y guías técnicas más actuales. Se indican 10 puntos clave: poseer la cualificación adecuada, respetar la dignidad, libertad, autonomía e intimidad del cliente, respetar y cumplir el derecho y el deber de informar al cliente, organizar los contenidos del informe, describir los instrumentos empleados y facilitar la comprensión de los datos, incluir el proceso de evaluación, las hipótesis formuladas y justificar las conclusiones, cuidar el estilo, mantener la confidencialidad y el secreto profesional, solicitar el consentimiento informado y proteger los documentos.

Así mismo, el informe ha de servir de vínculo de comunicación, teniendo en cuenta que su contenido ha de ser comprensible para los destinatarios (puentear) sin perder su carácter científico, a la vez de que ha de ser contrastables por otros psicólogos. Además de dar recomendaciones, y no quedarse solo en una descripción, se debe evitar el informe BARNUM (o generalización placebo), es decir, un informe ambiguo. Los informes pueden ser de varios tipos, bien basados en una teoría (útil si el evaluador y el destinatario son del mismo modelo), basados en técnicas (los resultados son fácilmente replicables por otros científicos) o basados en el problema a solucionar (redactados y estructurados en función de los objetivos de la evaluación). Los resultados de la evaluación siempre han de ser incluidos en el informe y expuestos al sujeto evaluado con la única excepción encontrada en si la información contenida puede ser perjudicial para él. Se debe explicar el informe oralmente al destinatario, además de por escrito, con el fin de solucionar dudas o problemas.

La Entrevista

La técnica de evaluación más extendida y utilizada es la Entrevista, debido a su aplicabilidad a una gran variedad de campos. Según Pope, la entrevista es “un encuentro hablado entre dos individuos que comporta interacciones tanto verbales como no verbales…basado en una diferenciación de roles entre los dos participantes. A aquel al que se asigna mayor responsabilidad en la conducción de la entrevista se le llama el entrevistador; al otro, entrevistado…los objetivos de la entrevista como un sistema diádico son generalmente determinados por el entrevistador”. Permite la evaluación de individuos difícilmente evaluados por otros medios (invidentes, analfabetos, retrasados mentales, etc.).

La entrevista puede tener dos objetivos; bien la de investigación, o la de intervención, bien evaluativo y con el propósito de intervención. También se pueden clasificar por el grado de estructuración. Las entrevistas no estructuradas son sin guión y se suelen utilizar mayormente en las primeras sesiones. Las Semi-estructuradas contienen un marco de referencia del entrevistador al entrevistado y permiten la expresión libre del sujeto con preguntas abiertas, mientras que las Estructuradas constan de preguntas cerradas (si/no) y focalización en función de lo que se requiere únicamente. Lo óptimo es tener un balance entre preguntas abiertas y preguntas cerradas con el fin de que el entrevistado no se sienta interrogado, y evitar sugerir respuestas en la formulación de las preguntas, además de ajustar el nivel del lenguaje al del entrevistado.

La recogida de información durante la entrevista no debe interferir en la misma, por lo tanto se tiende a utilizar técnicas audiovisuales, técnicas de escucha o técnicas no directivas de entrevistas (incluyen actividades como la clarificación, paráfrasis, reflejo, resúmenes por el entrevistador), etc. Las técnicas directivas parten del marco de referencia del entrevistador y tienen como finalidad ejercer una influencia sobre el entrevistado. Incluyen el sondeo (preguntas abiertas para identificar en que consiste el problema), afirmación de capacidad para llevar a cabo una determinada acción, confrontación (manifestación verbal de la existencias de incongruencias), interpretación, instrucciones, encuadre (dar información al sujeto de que expectativas puede tener acerca del problema) e información.

La Observación

Todo el proceso de evaluación lleva implícito algún tipo de observación intencionada del comportamiento de personas o eventos. Esta observación sistemática va a variar según los objetivos y así, los datos obtenidos se interpretaran dependiendo del modelo. Existen varios objetos en la observación, la primera de los cuales son los continuos de comportamiento, que incluye la observación durante un largo período de tiempo real sin interrupciones. También existe la observación de atributos, propio del modelo de los rasgos y psicodinámico, donde a través de la conducta manifiesta se infieren determinados dinamismos inconscientes. En estos dos modelos, la conducta de por sí no tiene valor, sino que ésta les es concedido por medio de inferencias de algún rasgo interno. Sin embargo, la observación de conductas incluye lo manifiesto a niveles verbal, motor y fisiológico. El modelo de interacciones trata de la observación entre dos o más personas o entre una persona y su ambiente. Finalmente, la observación de los productos de la conducta evalúa los resultados de las conductas de una persona. Este objetivo se puede dividir en productos de conducta de ejecuciones del pasado y del presente, con la diferencia de que lo producido en el pasado es libre del efecto de reactividad. Hay tres tipos de productos de conductas pasadas; medidas de erosión (destrucciones o daños observables en el ambiente producidos por consecuencia de la conducta del sujeto), medidas de huella (observación de los resultados de una conducta plasmada en el consumo), y medidas de archivo (documentos que se pueden archivar e informes).

Durante la observación se han de medir cuantitativamente la ocurrencia, frecuencia, y duración bien desde el inicio al final, el intervalo entre la presentación de un estímulo y la respuesta (Latencia) o el intervalo entre las manifestaciones sucesivas (Intervalo Interrespuesta). Las dimensiones cualitativas a tener en cuenta son la intensidad o magnitud de la conducta y la adecuación. Estas unidades de medida pueden ser registradas de una variedad de maneras y una forma es utilizando registros narrativos, que tratan de la toma de nota de todo lo expuesto durante el período de exploración. También están las escalas de apreciación o calificación que es una técnica de registro más sistematizado en la cual una persona en el entorno del sujeto a evaluar conforma el rol de “juez experto”. Para catalogar la conducta, se suelen utilizar registros de conductas (formulados por una lista de conductas muy operativizadas con las que el evaluador observa la frecuencia y ocurrencia de dichas conductas) y matrices de interacción (matrices de doble entrada en la que se registran interacciones personales).

La observación puede ocurrir en situaciones naturales o artificiales. Las naturales incluyen la realización de la observación en el medio cotidiano donde se desenvuelve el sujeto, por lo tanto, tienen más validez externa y menos validez interna que la observación en situaciones artificiales, que se da en ocasiones o situaciones cuando no es posible la observación natural. Una situación artificial se puede crear con técnicas de role-playing, accesorios (utilizando videos, fotografías, etc.), con tests situacionales, creaciones imaginativas y tests psicológicos de ejecución.

La Auto-observación y Auto-informes

Ésta técnica evaluativa obliga al sujeto a atender deliberadamente su conducta y registra toda la información en algún tipo de registro. Se requiere educación previa para el sujeto con el fin de completar estos registros adecuadamente y con precisión. Las técnicas de auto-observación se suelen utilizar para conductas íntimas, modalidades de respuesta (pensamientos, expectativas…), conductas precedidas por reacciones internas, etc. Los procedimientos y técnicas utilizadas incluyen los de lápiz y papel , autorregistro, gráficos, dispositivos mecánicos, técnicas cronométricas (medir duración de conductas) y técnicas electrónicas (audio, video, etc.).

Los Autoinformes son utilizados como técnica de registro en las que se pone en uso la auto-observación para acceder a los procesos encubiertos. Recogen información de rasgos, dimensiones o factores de personalidad mediante, por ejemplo, tests de personalidad o cuestionarios. También son útiles para determinar ciertas estructuras y procesos cognitivos como creencias, expectativas y percepciones (por ejemplo, el locus de control). Pueden emplear preguntas estructuradas (formato cerrado), semiestructuradas (con pauta sobre la información requerida) y no estructuradas, lo cual influye en el tipo de respuesta dada: abierta, dicotómica (si/no), escalares (elige una opción) o ipsativas (asignación de orden de preferencia entre las opciones dadas). Los resultados obtenidos han de poder ser contrastados empíricamente para demostrar validez y fiabilidad.

Técnicas para la Evaluación

La categoría de técnicas objetivas ha sido utilizada para encuadrar muy variados instrumentos que pueden definirse como aquellos procedimientos de recogida de información de eventos psicológicos observables o amplificables mediante aparatos que permiten una administración, registro, puntuación y análisis objetivo sin la intervención del evaluador, en los dominios cognitivo, motor y psicofisiológico. Esta definición incluye el concepto de instrumentación cognitiva que evalúan variables cognitivas observables como los tiempos de reacción la percepción de verticalidad, aprendizaje discriminativo, etc. La instrumentación motora sirve para medir la coordinación psicomotriz, es decir, la precisión, rapidez y organización espacial en la ejecución de tareas. De manera similar, la instrumentación psicofisiológica registra las relaciones entre la fisiología del organismo humano y la conducta, es decir, las respuestas psicofisiológicas producidas mediante dispositivos eléctricos o mecánicos.

Las técnicas de calificación, también llamadas subjetivas comprenden aquellos procedimientos de recogida de información que presentan las siguientes características: en primer lugar, la fuente de datos puede ser el propio sujeto que se clasifica a sí mismo o a objetos. Así mismo, el tipo de material suele ser semiestructurado y no enmascarado, es decir, que el material no está tipificado, es flexible y se adapta a los objetos que se persiguen en cada caso. La respuesta del sujeto es voluntaria y por lo tanto puede ser falseada ya que se suele percibir la finalidad de la tarea, y el tipo de tarea que es requerida es la de descripción y clasificación del propio sujeto.

También se utilizan técnicas proyectivas, en las que se parte de que el sujeto cuenta con una estructura básica y estable de personalidad, integrada por dimensiones, rasgos o construcciones organizadas de forma idiosincrática. La organización de esta estructura requiere distintos niveles de profundidad en su análisis, el cual permite la predicción del comportamiento entendiendo la relación existente entre los inobservables de la personalidad y las manifestaciones conductuales. Además, ya que el sujeto no es consciente de la relación entre sus respuestas y su mundo interno, es difícil falsear estas. Estas técnicas suponen la observación del individuo mediante tareas estandarizadas; tales situaciones pueden ser entendidas a modo de técnicas de manipulación, la variable independiente es la personalidad (su estructura o atributos internas) y las variables dependientes las respuestas del sujeto ante tales estímulos. Las técnicas proyectivas se pueden clasificar como estructurales, temáticas, expresivas, constructivas o asociativas, según el contenido de las tareas a realizar.

La Evaluación en Distintas Áreas Psicológicas

  • La Evaluación de la Personalidad:

Las personas se suelen presentar con una determinada apariencia externa y cada cual quiere saber qué hay detrás de esa primera impresión. La Psicología pretende conocer las personas de tal manera que sea posible, mediante su análisis en un momento dado, predecir su conducta futura desde una perspectiva científica y, por lo tanto, el concepto o constructo que mejor cubre esa necesidad de conocimiento del sujeto es la personalidad, que comprende aquello que permite prever las tendencias estables de una persona a comportarse de una determinada manera en diferentes situaciones. Como todas las teorías de la personalidad suponen diferencias individuales y generan formas de evaluación de esas diferencias, las más utilizadas por la evaluación incluyen aquellas que han ofrecido criterios para la clasificación de los individuos en función de sus características y que hayan sido útiles en la obtención de conocimientos explicativos de la conducta humana.

Aunque la explicación de la conducta se hace desde muy diferentes perspectivas, aparecen siempre unas variantes en la raíz que funda el comportamiento, y naturalmente, estas diferentes perspectivas aparecen también en el ámbito de la evaluación. Así en primer lugar, la evaluación de tipos y temperamentos se asienta en marcos teóricos que basan el comportamiento en el cuerpo, y que este es lo que genera temperamentos, caracteres y constituciones, es decir, el cuerpo como la explicación última de toda conducta. En segundo lugar, los que sostienen el origen mental de la conducta evalúan procesos subjetivos, en la mayor parte de las ocasiones, vertidos en el lenguaje, por lo que la observación se centra en la conducta verbal. Esto se considera en la evaluación de la personalidad desde criterios racionales y empíricos, en las que los procedimientos más extendidos dentro de las pruebas verbales se incluyen las entrevistas, inventarios y cuestionarios (ej, el MMPI), contrastando los resultados con métodos psicométricos. También están los marcos teóricos que explican la conducta por emociones, y evalúan conflictos utilizando el método de observación de proyección. Por último, los que explican las conductas por las circunstancias ambientales tratan de observar las relaciones funcionales y observan fundamentalmente la conducta motora.

  • La Evaluación de la Motivación:

La evaluación de las variables que determinan la motivación del sujeto hacia la consecución de un objetivo no sigue siempre el mismo proceso. Según que los objetivos de la intervención psicológica sean de tipo modificativo, selectivo o clasificatorio, las preguntas a que debe dar respuesta el proceso de diagnostico psicológico, a fin de posibilitar la mayor validez de las decisiones de intervención, son distintas. Así, cuando el objetivo de la intervención es la modificación del comportamiento, se parte del hecho de que un sujeto dado ejecuta una serie de conductas que no debería realizar o, por el contrario, no actúa como sería normal en unas situaciones dadas. Por otra parte, cuando el objetivo es la selección o clasificación de sujetos en relación con una o varias situaciones dadas (ej., selección de personal) se busca el ajuste reciproco entre el sujeto y la situación. Bajo el titulo de la evaluación de la motivación, se engloban factores como intereses y valores además de motivos. Las metas definen lo que un sujeto busca conseguir con la realización de una tarea, lo que le “interesa”, razón por la que en ligar del concepto de meta se han utilizado con mas frecuencia otros como interés, motivo, valor, etc.

Aunque todos ellos se refieren a procesos comportamentales semejantes, las diferencias de denominación se deben al contexto en el que se desarrolla o evalúa la conducta. Normalmente, los intereses se definen por los objetivos hacia cuya consecución se orienta la conducta del sujeto, y además, también es posible, al igual que se ha hecho en el área de las aptitudes y la personalidad, determinar científicamente cuáles son los motivos, valores o intereses básicos del sujeto, y no sólo los que se relacionan con un tipo de situaciones dadas. Aquí se puede incluir la evaluación de los intereses profesionales (el análisis de las preferencias vocacionales u ocupacionales), la evaluación de los valores personales e interpersonales (ya que conocer los valores de un sujeto puede servir para determinar la dirección que tomará su conducta en las situaciones en que las decisiones que tome dependan de aquéllos) y la evaluación de los motivos que afectan al aprendizaje y al rendimiento

La evaluación de la motivación también engloba la evaluación de las atribuciones y los estilos atributivos, ya que las expectativas anteceden a la realización del comportamiento y las atribuciones se dan una vez que éste se ha realizado, con lo que las atribuciones pueden considerarse como variables dependientes, la consideración del comportamiento como una secuencia de episodios de conducta ha permitido determinar que las atribuciones especificas y las tendencias atributivas generalizadas del sujeto (estilos atributivos en relación con hechos pasados pueden considerarse como variables independientes que influyen sobre las expectativas y reacciones emocionales del sujeto. De este modo, las causas atribuidas a resultados pueden variar en primer lugar a si son percibidas como estables o inestables, en segundo lugar, el sujeto puede percibir la causa a que se atribuye un resultado como ubicada internamente o externamente, Un ejemplo puede ser la expectativa del resultado de un examen:

Estable

Inestable

Interno

Habilidad para aprobar

Esfuerzo (estudiar)

Externo

Dificultad del examen

Suerte o azar

Así mismo, la tercera dimensión dentro de la que cabe ubicar las distintas causas de los resultados es la de controlabilidad (hasta que punto el resultado depende de mi esfuerzo), y la última dimensión es la de globalidad o especificidad (cuando las causas atribuidas a, por ejemplo, los fracasos, son internos y estables, afectan de modo global al sujeto, creando bajas expectativas de éxito en muchas situaciones).

En la evaluación de expectativas, se tiene en cuenta el contenido de las mismas (probabilidad autopercibida de que el sujeto tiene o no la capacidad o habilidad para conseguir algo), la magnitud o intensidad de las expectativas (grado de convencimiento de éxito o fracaso) y las causas de las expectativas (qué variables, bien experiencias, creencias, atribuciones, etc., influyen en el contenido y magnitud de las expectativas del sujeto).

  • La Evaluación de La Inteligencia y Las Aptitudes:

En la historia de la evaluación de la inteligencia se han ido formando varios conceptos que se siguen utilizando actualmente. Uno de ellos es el término aportado por Binet llamado “la edad mental”, aunque solamente es aplicable en etapas de desarrollo, ya que puede diferir de la edad cronológica. Posteriormente, Terman y Merrill introdujeron el concepto del cociente intelectual (C.I.), calculado dividiendo la edad mental por la edad cronológica y multiplicando este valor por cien. Sin embargo, esta fórmula era imperfecta porque dejaba de ser útil en cuanto se llegaba a la madurez, es decir, se dejaba de desarrollar la inteligencia, por lo tanto, Wechsler desarrolló el cociente de desviación que consistía en puntuaciones típicas y centiles que eliminaron el problema del C.I. El enfoque de estos autores sirvió de base para la creación de un gran número de escalas destinadas a cuantificar la inteligencia de un sujeto, mediante la realización de varias tareas o ejercicios, como pueden ser de manipulación verbal y perceptiva, psicomotricidad, etc., a pesar de que la gran mayoría de las escalas creadas tienen un rango concreto de utilidad basado en la edad cronológica, es decir, no son aplicables a todas las edades. También existen escalas evaluativas para individuos con lesiones cerebrales o con algún déficit motor.

Desde el enfoque factorial se planteaba si la inteligencia era una capacidad general, es decir, un rasgo unitario, o si existían distintos factores o aptitudes que comprendían la inteligencia. La conclusión final es que existe un rasgo general, pero también hay una serie de aptitudes conectadas. Desde este mismo enfoque, se defiende que existen distintas aptitudes intelectuales, el objetivo del cual es aplicar pruebas para evaluarlas o mejorar el rendimiento de un sujeto en función de sus talentos. Se acepta la existencia de ocho aptitudes especificas que son: la aptitud verbal (comprensión, fluidez y flexibilidad verbal), aptitud espacial (visualización, relaciones espaciales o velocidad de rotación, y orientación espacial), razonamiento (inducción; tests de series, analogías, etc., deducción, y razonamiento), memoria (repetitiva y significativa), cálculo numérico, aptitud perceptiva (rapidez y precisión), aptitudes psicomotoras (tiempo de reacción, destrezas manuales, etc.) y finalmente, aptitudes mecánicas. Dependiendo de la aptitud a evaluar, se aplica una prueba u otra.

Para evaluar aptitudes relativamente independientes que pudiesen ser útiles para fines aplicados al proporcionar un perfil aptitudinal, se suelen utilizar baterías, por ejemplo, el PMA (Tests de habilidades mentales primarias) o el DAT (Batería de aptitudes diferenciales). Además, los criterios para la utilización e interpretación de las pruebas aptitudinales se suelen aplicar para la selección de personal y orientación.

  • La Evaluación del desarrollo Intelectual y Social:

La única teoría que ha dado lugar al desarrollo y sistematización de instrumentos de evaluación del desarrollo intelectual ha sido la de Piaget, por lo tanto se evalúa dentro de este enfoque. Piaget define la inteligencia como “adaptación” y a “adaptación” como “un equilibro entre la actuación del organismo sobre su entorno y viceversa”, es decir, un equilibrio entre “asimilación” y “acomodación”. A fin de que los resultados obtenidos mediante la aplicación de los tests piagetianos puedan cumplir su función en el campo clínico o pedagógico, es necesario tener en cuenta los siguientes criterios. En primer lugar, el interés se centra en por qué el niño realiza una acción, o para qué. También es necesario determinar si el niño tiene capacidad para aprender. Además de esto, es preciso que el psicólogo sea fiel a los criterios estándar establecidos para realizar una clasificación del niño en función de los resultados. Los métodos aplicados para determinar el desarrollo intelectual dependen del estadio en que se encuentra el niño, por lo tanto, se pueden realizar tres tipos de exploraciones; uno a nivel sensoriomotriz, otro de los niveles preoperatorio y operatorio, y finalmente la exploración del pensamiento operatorio formal.

Para la evaluación del desarrollo social, se desea conocer hasta que punto un niño ha adquirido una serie de destrezas o habilidades para adaptarse al entorno, de las cuales se distinguen dos tipos; habilidades que implican autonomía personal, y habilidades sociales o conducta interpersonal. Existen varias pruebas, por ejemplo, la edad de desarrollo social de Doll que plantea que el Cociente Social se calcula con la división de la edad social por la edad cronológica, o la escala de madurez social de Vineland.

  • La Evaluación del Desarrollo del Lenguaje:

El lenguaje se suele evaluar para detectar o identificar a niños en una población que requieran atención especial en lo que se refiere al desarrollo del lenguaje, o para la necesidad de establecer el nivel y el modo de funcionamiento lingüístico del niño, es decir, determinar el nivel evolutivo del lenguaje. Un tercer motivo para la evaluación puede ser la necesidad de conocer si el programa de enseñanza ha producido algún cambio y, en caso afirmativo, cuál es su naturaleza y su magnitud. Para esto se requiere una comparación entre la evaluación en una situación estructurada, y la evaluación en su ambiente natural. Una de las variables que se evalúan son aspectos como los distintos niveles de categorización de la experiencia (ya que el lenguaje es un instrumento mediante el que la experiencia es simbolizada y comunicada), que consta de que hay diversos niveles de experiencia clasificados jerárquicamente: Sensación percepción imaginación simbolización conceptualización.

Otra variable implicada es la de los procesos de lenguaje y orden de adquisición, que consta del lenguaje interior (simbolización sin palabras), recepción auditiva (comprensión verbal), expresión vocal (producción verbal), recepción visual (lectura), y la expresión visual del lenguaje (escritura). Así mismo, la tercera variable trata de los aspectos estructurales y funcionales, como pueden ser los fonéticos o fonológicos, sintácticos, semánticos y pragmáticos. Aún así, la evaluación del lenguaje hablado puede ser mediante procedimientos no estandarizados y estandarizados.

  • La Evaluación del Desarrollo Psicomotriz:

La psiscomotricidad hace referencia a la interacción entre la actividad motora y la psíquica, ya que la información obtenida del funcionamiento motor también da información de actividades psicológicos, y por lo tanto, intervenciones sobre los aspectos motores pueden influir en el desarrollo cognitivo. Con la evaluación del desarrollo psicomotor se puede tener mayor conocimiento de las funciones básicas del movimiento y detectar tempranamente una minusvalía. Las diferentes áreas evaluadas con pruebas como la escala de Brunet-Lezine son la evolución postural, aspectos de gesticulación, coordinación de movimiento, lenguaje y escritura, etc.

En lo referente a la motricidad gruesa, se evalúan variables como el tono muscular y funcionamiento, el desarrollo postural y locomoción, la coordinación, el esquema corporal, las nociones perceptivas básicas (espacio y tiempo) y el alto rendimiento. De manera similar, la motricidad fina trata de la evaluación de componentes como la prensión (capacidad de una o ambas manos para retener un objeto con mayor o menor fuerza y precisión) y la manipulación (manual). Estas capacidades mejoran (en sujetos normales) conforme aumenta la edad. Así mismo, la coordinación visomotriz engloba el modo segmentado de considerar la coordinación general, ya que los comportamientos que aquí se complementan requieren la presencia de un estímulo y producción de una respuesta manual. Los requisitos necesarios son la prensión y visión.

  • La Evaluación Psiconeurológica:

La psiconeurología comprende la relación entre los procesos psicológicos y los neurológicos (atención, percepción, memoria, aprendizaje, etc.). Por evaluación psiconeurológica, se entiende las técnicas indirectas no invasivas que permiten analizar si existen alteraciones en las funciones psicológicas debido a alguna disfunción cerebral. En función de los resultados nos puede servir para establecer un programa adecuado de rehabilitación psiconeurológica. Como indicadores de daño cerebral en técnicas generales de evaluación se utiliza frecuentemente las escalas de medida de la inteligencia de Wechsler, aunque éste no puede servir para detectar patologías neurológicas, el psicodiagnóstico de Rorschach y el MMPI. La evaluación psiconeurológica mediante técnicas específicas son pruebas que se han desarrollado para la evaluación de procesos concretos que pueden estar afectados por algún tipo de alteración cerebral, y incluyen la escala de memoria de Wechsler, el test de Retención visual de Benton, el test gestáltico visomotor de Bender y el test de aprendizaje de California. Las Baterías de exploración neuropsicológica, que permite la evaluación de distintos procesos psicológicos a la vez, incluyen la batería neuropsicológica de Halstead-Reitan, el examen neuropsicologico de Luria-Christensen, el Test Barcelona y la batería idiosincrásicas procesales.

  • La Evaluación Psicofisiológica

La Psicofisiológica se ha definido como el uso de la medida fisiológica en el estudio de los procesos psicológicos que subyacen a la conducta y se centra en el registro y análisis de las respuestas fisiológicas del organismo con el fin de estudiar los procesos psicológicos explicativos de la conducta. Las respuestas psicofisiológicas forman parte de la conducta total del organismo, situándose en el mismo nivel que cualquier otro tipo de respuesta utilizada como variable dependiente en psicología, como el tiempo de reacción o la tasa de aciertos y errores. Sin embargo, se diferencia de los otros tipos de conducta por su carácter interno, observable únicamente a través de la aplicación de técnicas poligráficas de registro. Cabe destacar que los resultados obtenidos por estos aparatos costosos son totalmente objetivos, ya que no se pueden manipular.

No obstante, la evaluación general del organismo pone en práctica la evaluación psicofisiológica y activación (drive o impulso de Hull), la activación y personalidad (activación cortical diferencial para introversión y extraversión; SARA), y el balance autonómico (equilibrio entre el sistema simpático y parasimpático en cuanto a desinhibición/inhibición emocional). La evaluación específica del organismo plantea una concepción multidimensional de la activación, y que existen varias variables autonómicas que funcionan simultáneamente, produciendo el fenómeno denominado “fraccionamiento direccional”, es decir, que distintas fracciones del sistema nervioso muestran diferentes direcciones de respuesta. Por lo tanto, se plantea que el supuesto de especificidad psicofisiológica existe a dos niveles; el nivel situacional e individual. Para la evaluación en el contexto clínico, se incita la prevención y diagnóstico, ya que las técnicas utilizadas pueden identificar a personas más susceptibles a determinadas patologías por medio de anotación de las estereotipias individuales. Esta aplicación de la evaluación también incluye la elección, preparación y ejecución del tratamiento, además de la eficacia de un tratamiento una vez finalizado.

Bibliografía

  • http://www.comportamental.com

  • Fernández Ballesteros, R. (2000). Introducción a la Evaluación Psicológica I. Madrid: Pirámide.

  • Fernández Ballesteros, R. (2000). Introducción a la Evaluación Psicológica II. Madrid: Pirámide.