Eutanasia

Derecho a la vida. Muerte digna. Sufrimiento pacientes. Consideraciones éticas y morales. Suicidio asistido. Prolongación artificial de vida

  • Enviado por: Bamban
  • Idioma: castellano
  • País: México México
  • 40 páginas
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INTRODUCCION

El derecho a la vida y a la muerte, son temas actuales. Por una parte se reclama el derecho de todo ser humano a desarrollarse a partir de que ha sido concebido, desde el momento mismo en que el óvulo materno ha sido fecundado por uno de los gametos del padre, hasta que la muerte por causas naturales sobrevenga, sin que ser gestado hasta el nacimiento dependa de arbitrio o circunstancias ajenas al proceso vital. Por otra, se depende que el decir cuando y como morir (mientras esto sea posible) sea un derecho ejercitable sin interferencias morales, éticas, políticas religiosas, ni legales. Aborto, Eutanasia y Suicidio Asistido se debaten con pasión en muchos países.

En México, el derecho a la vida, a la integridad física y moral desde el momento de la concepción es garantía constitucional que Código Civil recoge y el Derecho Penal protege otorgándole el primero al nuevo ser derechos básicos desde que es concebido, y sancionando el segundo su muerte deliberada en cualquier etapa de la vida, desde su estado embrionario hasta la adultez. En consecuencia, el aborto, salvo casos de excepción especificados por la ley los cuales quedan asentados en el Art. 333 del Código Civil “No es punible el aborto causado solamente por imprudencia de la mujer embarazada o cuando el embarazo sea el resultado de una violación”, la eutanasia en cualquiera de sus modalidades, la instigación y auxilio a un suicida con actos punibles. El consentimiento de la víctima no exime el dolo.

¿DERECHO A LA MUERTE?

La muerte no es un derecho, es consecuencia natural de la vida; somos mortales. Lo que se pretende es la despenalización de ciertas formas de ponerle fin arbitrariamente a la existencia humana: aborto, suicidio y eutanasia.

Agrupaciones que actúan en pro o en contra de una y otra pretensión se multiplican por toda la geografía del planeta, sobre todo en aquellos países de alto desarrollo cultural donde la autonomía del individuo que incluye la libre disposición del cuerpo se reclama como derecho inherente a la privacidad que debe estar libre de intromisiones del Estado. Como consecuencia, el ser en gestación en el vientre de la mujer, cualquiera que fuera la etapa de su desarrollo, se tiene por parte del cuerpo de la madre, la que libremente puede determinar su destino. Quien desee poner fin a su existencia por razones personales debe poder hacerlo, aun con auxilio de un profesional, sin sanción ni contratiempo alguno para las partes.

En este trabajo trataremos la Eutanasia y el Suicidio Asistido.

CAPITULO I

“ANTECEDENTES”

La Eutanasia, que proviene de las raíces griegas “eu” que significa bueno y “thanatos” que traducido es muerte. Por lo tanto su termino en español es "buena muerte". En la práctica, es el acto que pone fin a la vida de un enfermo terminal a su solicitud, de quienes él depende o por decisión del médico que lo atiende; es también definida como la muerte intencional del paciente producida por acto u omisión de quienes lo tienen a su cuidado. Los que critican y se oponen a la eutanasia la definen como el "homicidio por enfermedad".

A continuación se nombran los diferentes tipos de Eutanasia:

Eutanasia pasiva: Este es un término mal utilizado por los medios de comunicación y a lo único que se refiere es a la muerte natural, así se suspende el uso de los instrumentos de apoyo de vida o el suministro de medicamentos para que se dé una muerte completamente natural que no contraria en nada la ley natural.

Eutanasia activa: Este término se refiere a la muerte que se ocasiona de una manera directa para poner fin al sufrimiento del paciente. Se ponen los medios para privar de la vida al paciente.

Eutanasia Voluntaria: Cuando el enfermo toma la decisión de ser privado de la vida.

Eutanasia No Voluntaria: Cuando se aplica a un paciente incapacitado para tomar la decisión.

Eutanasia Involuntaria: La que se aplica a una persona capacitada sin su consentimiento.

El suicidio asistido se relaciona vagamente con la eutanasia, este se produce cuando alguien le da información y los medios necesarios a un paciente para que pueda terminar fácilmente con su propia vida.

Del Vechio, idealiza la eutanasia y la considera una "actitud inspirada en la piedad de los hombres por los moribundos". "El hombre de hoy, dice el jurista italiano, huye del dolor como ciertamente huía del dolor el hombre de ayer. Conmovidos en lo profundo de su ser por la desgracia, algunos infligen a otros lo que se considera la "muerte benéfica", "la muerte buena", "la muerte piadosa" como suelen llamar a esa forma de asistir al prójimo en momentos de sufrimiento y dolor, si bien hoy, reconoce, la causa del dolor ha sido prácticamente vencida por la ciencia".

Sin embargo, ni aun con los recursos científicos disponibles se puede estar seguro de tener una "muerte buena" o placentera si cabe, sin traumas ni dolor; la experiencia demuestra que aun el más rico y poderoso de los hombres carece de control sobre su destino final; la vida más próspera y exitosa suele concluir con visos de debilidad, dependencia y desgracia. La posibilidad de morir en la paz del hogar, rodeado de seres queridos, asistido con amor, consideración y dignidad es cada vez más remota en la sociedad actual. El coma, la senilidad extrema, parálisis generalizada, incontrolable dolor, aislamiento necesario, etc., requieren tecnología y tratamientos que solamente ofrecen instituciones especializadas donde la atención es por necesidad impersonal y la dignidad del paciente no es lo más importante. Por eso decía el griego Solón: "Espera a que un hombre muera para juzgar si tuvo una vida feliz."

Abundan en la historia los casos célebres de la eutanasia. La Biblia relata cuando Saúl, alcanzado por lo flecheros filisteos, reclama la muerte a su escudero, un amalecita: "roma tu espada y pásame por ella, le ordena, no dejes que esos incircuncisos me encarnezcan". Saúl no imploró misericordia para evitar el sufrimiento de su cuerpo sino en defensa de su dignidad, de mayor rango moral. Aquí la eutanasia consistió en oponer la muerte a la perspectiva de una vida futura deshonrosa e indigna.

En una de sus obras Dante relata el cuadro del "sublime sacrificio del amor filial" cuando el personaje pide a su mejor amigo que trunque su agonía y éste "amorosamente" lo estrangula. Como puede verse, la eutanasia, como el suicidio, es recurso de desesperados.

En 1986 periódicos estadounidenses revelaron que el Rey Jorge V enfermo terminal, había muerto en el año de 1936 a consecuencia de una dosis fatal de morfina y cocaína que el doctor Lord Dawson, médico de cabecera de la familia real inglesa, le aplicó a solicitud de la reina y su hijo primogénito. Al parecer el rey no fue consultado acerca de la aplicación de la eutanasia.

En los tiempos actuales algunos casos han sido ampliamente discutidos en las cortes judiciales y sus resultados dados a conocer mundialmente. En Inglaterra, donde la eutanasia no está permitida, el doctor Arthur X dejó morir a un niño de tres años que padecía el síndrome de Dawn a petición de sus padres, que no deseaban que viviera con las limitaciones propias de la incapacidad. El niño falleció por inanición al serle suspendido el alimento y los líquidos.

El médico doctor Nigel Cox, también en Inglaterra, envenenó a su paciente suministrándole una dosis letal de cloruro de potasio para librarla del dolor que le producía la artritis reumatoide que padecía, cuando el tratamiento de morfina que por trece años le suministró dejó de surtir efecto.

En Holanda, antes de que la eutanasia hubiese sido de hecho despenalizada, un doctor exterminó a su madre, "para que no siguiera sufriendo" administrándole dosis letales de morfina. La eutanasia en Holanda ha sido aprobada por el Parlamento en el 2002.

En Canadá el suicidio es legal, pero nunca un médico puede ayudar en él. Una ley para permitir la eutanasia podría crearse en el nivel federal y se aplicaría a lo largo del país. Hay un alto número de casos que involucran enfermos terminales que han buscado asistencia técnica para el suicidio. El Gobierno parece estar evitando discutir este punto.

En los Estados Unidos los ciudadanos en el estado de Oregon aprobaron la medida el 16 de noviembre de 1994 que legalizaba la eutanasia bajo condiciones limitadas. El "National Right to Life Committee" (Comité por el derecho nacional a la vida) obtuvo un interdicto de la Corte para demorar la implementación de la medida.

El 7 de marzo de 1996 la Novena Corte de Circuito de Apelaciones declaró anticonstitucional una ley de Washington que criminalizó al médico que ayudara a pacientes terminales. La corte mandada por una mayoría de 8 a 3 dijo que la ley infringía el derecho a la libertad y a la protección igual garantizada por el artículo 14 de la Constitución de Estados Unidos.

"No state shall make or enforce any law which shall abridge the privileges or immunities of citizens"

Ningún estado hará o impondrá leyes que abrevien los privilegios o inmunidades de los ciudadanos

Los 30 Estados tienen sus leyes específicas que criminalizan el suicidio asistido. Este artículo sólo es acatado por los territorios occidentales: Alaska, Arizona, California, Guam, Hawaii, Idaho, Montana, Nevada, N. Mariana Islas, Oregon y Washington.

La Corte dijo "cuando los pacientes ya no pueden perseguir la libertad o la felicidad y no desea tener la vida, el rigor del Estado en vigor para mantenerlos vivos es menos obligatorio.Un competente mental, el adulto enfermo terminal, habiendo vivido aproximadamente toda su vida, tiene un interés fuerte en la libertad de elegir una muerte humana y dignificada en vez de ser reducido al estado de un niño - estado de impotencia, pañal, sosego, incompetente-". La decisión fue condenada por la Asociación Médica de Estadounidenses, la Iglesia Católica Romana. Los activistas del SIDA la recibieron con entusiasmo.

El 3 de abril de 1996 la Segunda Corte del Circuito de Apelaciones declaró anticonstitucional un estado de ley de Nueva York que criminalizaba al médico que ayudaba al suicidio a pacientes terminales. Un jurado de 3 jueces encontró que la ley infringe la protección igual garantizada en el artículo 14 de la Constitución de Estados Unidos. Este reglamento únicamente afecta 3 estados: Connecticut, Nueva York y Vermont.

El 18 de abril de 1996 la Fiscalía General de la República del estado de Nueva York pidió que el reglamento se suspendiera por un tiempo corto, mientras el Estado apela la decisión a la Corte Suprema, esta ha decidido oír argumentos en enero de 1997 y dar su decisión probablemente a mediados de 1997.

En Australia el territorio norteño pasó una ley el 25 de mayo de 1995 que se asintió el 16 de junio de 1995. Permitir la eutanasia activa, bajo cuidadosos controles, en 1999 cuando ciertos requisitos previos se hagan. Este territorio consiste en 1/6 de la masa terrestre de Australia pero sólo tiene una población de 168.000 habitantes. La ley comenzó como una cuenta de miembro privado Rights of the Terminally Ill Bill 1995 (Derechos de el proyecto de ley de los enfermos terminales 1995), patrocinado por Marshall Perron. Era rechazado por la Asociación Médica Australiana y una variedad de grupos de "Derecho a la vida". Un voto de consciencia permitió que los miembros fueran libres para votar independientemente de la disciplina del partido. El nombre original se conservó. La ley se llama los Derechos del Acto del Enfermo Terminal. Fue puesta en marcha el 1 de julio de 1996, otros proyectos de ley están siendo introducidos en otros estados Australianos.

Una encuesta conducida por Newpoll en julio de 1995 encontró que el 81% de los adultos australianos apoyan voluntariamente la eutanasia. Esta encuesta presenta un aumento frente al resultado de julio de 1994 donde se apoyaba con un 79%. Una votación por el Roy Morgan el Centro de investigación en junio de 1995 mostró resultados similares: 78% a favor. Este presenta un aumento desde 66% en 1986. Una votación separada mostró que el 60% de los doctores y el 78% de las enfermeras en Victoria favorecieron la eutanasia. Una votación adicional se tomó entre 6.500 congregaciones cristianas, representando 19 denominaciones. Ellos encontraron que 40% se mostró de acuerdo con el suicidio asistido para enfermos terminales, 30% se opuso, 30% no sabe, no responde. Entre creyentes más viejos el apoyo era más alto 50% de los sesenta para delante.

Bob Dent, 66 años, fue la primera persona en aprovechar la nueva ley. Se había trasladado al norte como misionero de una Iglesia de Inglaterra (Episcopal, Anglicana). Se llegó a desilusionar con la política dentro de la Iglesia y dejó su llamado para llegar a ser una construcción de estimación. Le diagnosticaron cáncer el 1991 y luego se convirtió al budismo. Escribió una carta diciendo "Si usted difiere con la eutanasia voluntaria, entonces no la use, pero por favor no me niegue el derecho." Dijo que ningún grupo religioso debería exigir que se comportara con sus reglas y aguantaría sin dolor intratable innecesario hasta que algún doctor en su omnisciencia decidiera que ya había tenido suficiente y aumentara la morfina hasta morir. En presencia de su esposa y el doctor, inició el proceso con una inyección mortal de droga.

El reverendo Harry Goodhew, arzobispo anglicano de Sidney denunció el caso el 7 de octubre de 1996, dijo "La forma moral de nuestra nación está bajo amenaza con la primera eutanasia legalmente sancionada en el norte, y así es la relación entre doctores y pacientes. Ahora doctores son los que salvan vidas, pero bajo la ley norteña ellos también son quienes matan. Nosotros debemos sentir una congoja profunda de la esposa de quien murió, y también comprender el dolor humano que trajo esta conclusión en la vida de un hombre. Pero por estos hechos no se puede permitir que nos persuadan de que esta acción tuvo razón. El agravio es moral. Yo no puedo aprobarlo desde ningún punto de vista."

Un segundo enfermo terminal tuvo asistencia médica para morir el 7 de enero de 1997. Era Janet Mills, 52 años, que sufrió de una forma rara de cáncer de piel que ocasiona su desintegración. El decano alglicano de Sydney, Boak Jobbins, dijo que esta muerte era otro día de vergüenza para Australia. Dijo "Claramente somo una nación que ha llegado al final de sus recursos....no tenemos más cosas para ofrecer al enfermo terminal, al anciano o al incapacitado fuera de una salida rápida con una aguja."

El 25 de marzo de 1997 el senado australiano rechazó la ley de la provincia norteña. El voto fue 38 a 33. Esto convirtió al proyecto en ley, había sido ya aprobada por las condiciones más bajas. Esta acción viola la opinión pública. Además de los resultados encontrados arriba, una votación por toda la nación de enfermeras mostró que el 70% estaban a favor.

Cambodia: Un individuo al que se le negaba el perdón por matar presentó una demanda con la inteción de borrar todas las referencias de la eutanasia en la ley de Colombia. La demanda petardeó. El 20 de mayo de 1997, la Corte Constitucional legalizó la eutanasia para enfermos terminales que han dado claramente su aquiescencia. Con una votación 6 a 3. Los jueces ahora tendrán que escribir una reglamentación y considerar cada caso separadamente.

En Japón el 28 de marzo de 1995 la Corte del Distrito en Yakahoma encontró culpable a un doctor de asesinar un paciente de cáncer terminal que esperaba morir en unos pocos días. Recibió una condena de dos años de prisión, que se suspendió. La Corte entonces enunció cuatro condiciones bajo las que se permitiría la eutanasia en Japón:

- El paciente sufre un dolor físico inaguantable.

- La muerte es inevitable e inminente

- Se han tomado todas las medidas posibles para eliminar el dolor

- El paciente ha expresado claramente su consentimiento.

El juez Matsuura dijo que la acción del Dr. Tokunag no reunió todas las condiciones, discutieron que el paciente no había hecho expresiones claras sobre su dolor físico ni había dado su consentimiento. La acción del doctor no se puede considerar eutanasia y representa una terminación ilegal de la vida del paciente.

En cuanto a las creencias cristianas, fueron bien documentadas por Tomás de Aquino, él condenó el suicidio porque:

* Infringe el deseo natural de vivir

* Daña a otra gente

* La vida es un regalo de Dios y así mismo sólo él puede quitarla

La Iglesia Católica Romana, la Luterana y la Episcopal han emitido declaraciones formales opuestas a la eutanasia y al suicidio asistido. Los grupos de fe Evangélica y Fundamentalista se cree que están también en desacuerdo con estas prácticas. La Asociación Unitaria - Universalista, un grupo liberal, emitió una declaración en 1988 a favor de la eutanasia y, si hay condiciones adecuadas, del suicidio asistido. Declaraciones similares han sido hechas por la Iglesia Unida de Cristo y la Iglesia Metodista. Las otras Iglesias parecen divididas en este punto. La mayoría de cuerpos religiosos no se oponen a la eutanasia pasiva que no es más que dejar que la muerte se produzca de una manera natural sin aplazarla ni acelerarla.

Los casos de muerte por suspensión del tratamiento médico y la alimentación a dos comatosos: Tony Bland y Nancy Cruzan, uno en Inglaterra y el otro de los Estados Unidos merecieron amplia difusión. Nancy Cruzan sufrió un accidente automovilístico que le provocó la "muerte cerebral", lo cual le impediría recobrar la conciencia y volver a llevar una vida normal. En estado de coma profundo comenzó a ser alimentada por vía intravenosa, auxiliada con un respirador mecánico para mantenerla con vida, situación que se prolongo por varios años. Sus padres convencidos de la inutilidad del tratamiento y temiendo el sufrimiento de la paciente aunque no lo manifestara, solicitaron y obtuvieron de una Corte menor la autorización para suspenderlo. Organizaciones pro-vida se opusieron vehementemente. Al fin una Corte Superior, después de librar una batalla legal, autorizó que el respirador fuera desconectado y la alimentación suspendida por considerar que la medida beneficiaría los intereses de la paciente. Su muerte no fue inmediata, retirados los elementos que la mantenían con vida, recuperó por unos días la función respiratoria; el deceso sobrevino lentamente por inanición a los doce días de serle suspendido el alimento y los líquidos. Murió de hambre y deshidratación.

El caso de Tony Bland en Inglaterra fue semejante. Bland fue una de las víctimas del vandalismo populachero en un estadio de fútbol en Liverpool, que provocó el desplome de bardas y gradas que vinieron abajo hiriendo y matando a varios aficionados. Como en el caso anterior su cerebro sufrió daños irreversibles y entró en estado de coma (SVP) susceptible de prolongarse por tiempo indefinido. Después de que las Cortes ordinarias y de apelación negaron la autorización para que el retiro del equipo médico fuera permitido, su petición fue aprobada por la Cámara de los Lores “para que Tony terminara de morir”.

Por otra parte, si bien la tecnología médica es capaz de resucitar a una persona declarada clínicamente muerta, la calidad de vida resultante es imprevisible; el paciente podría quedar reducido a vida vegetativa o a una sobrevivencia precaria de sus funciones vitales. Es entonces cuando la idea de eutanasia surge en torno a esa vida, y la valoración susceptible de ser influenciada por factores diversos, puede resultar ajena a los propósitos de misericordia y de piedad que justifiquen.

Los casos de eutanasia con o sin justificación son innumerables, y los que han sido planteados ante las Cortes se han resuelto en condenas simbólicas tomando en consideración la intención de quienes intervinieron y la razón que tuvieron para aplicarla.

CAPITULO II

¿VIDA INDESEABLE?

Pero, ¿Cuándo una vida puede considerarse indeseable? ¿Qué es una buena muerte? ¿Cuándo es realmente aceptada como solución a los problemas personales? Son estos algunos temas que han ocupado el quehacer de médicos, juristas, religiosos, filósofos, moralistas y simples laicos dotados de razón interesados en los problemas humanos, sobre todo si está de por medio la vida.

Vida indeseable, se sugiere, podría ser la que implica tener que soportar sufrimiento físico o moral incontrolable, la que limita la autonomía y afecta la independencia del individuo haciéndolo devenir en carga familiar o social. “Buena Muerte”, algunos piensan, sería la que llega silenciosa, furtiva, inesperada, sin permitir percatarse de su presencia, la que nos sorprendiera en el sueño al margen de la realidad, sin dolor ni agonía, sin experimentar sufrimiento físico ni moral.

Sin embargo, todo apunta a que estos juicios son subjetivos, que varían de persona a persona; no todos los que confrontan penas morales o sufren padecimientos físicos están dispuestos a librarse de ellos pagando como precio la vida; el deseo de vivir, el gozo d cualquier aliento vital supera muchas veces los inconvenientes del cuerpo o de la mente; no pocos consideran el don de la vida como inestimable, digna de ser vivida cualquiera que fueran las circunstancias que la rodeara, no dependiendo su valor del estado de salud ni de la utilidad de su existencia. Otras veces el sentido de la vida obedece a concepciones religiosas, más allá del valor económico o la utilidad práctica de una presencia terrenal. En otras palabras la vida tiene el valor que cada quien dé a la propia.

No pocos temen a esa “buena muerte” repentina idealizada por muchos, preferirían disponer de tiempo para cumplir deberes religiosos, sociales y familiares antes de abandonar este mundo, lo demuestra la subjetividad en el juicio y la responsabilidad de tomar decisiones por otros cuando llega el momento crucial de optar por la vida o por la muerte de un paciente.

También se ha demostrado que frecuentemente la solicitud de ser privado de la existencia no es siempre un acto racional. Los padecimientos físicos y morales invariablemente trastornan al individuo y afecta su razón. En numerosos casos la información oportuna y el cuidado apropiado de un presunto suicida los lleva a desistir de su empeño. Existen testimonios que lo confirman. De acuerdo con un manual editado por la Asociación Médica de Washington, actualmente es posible controlar del 90 al 99 por ciento de los casos de dolor en los pacientes; lo que sucede, afirman, es que el personal médico o no está suficientemente informado o bien usa métodos anticuados en el tratamiento del dolor.

Por su parte, la doctora Katleen Foley, Jefa de Servicios de Dolor del Memorial Sloan-Kettering Cancer Center de Nueva York, explica que la adecuada atención del paciente la hace desistir de su solicitud de muerte. “Frecuentemente recibimos pacientes, que desean asistencia para quitarse la vida por el incontrolado dolor que padecen. Cuando lo controlamos, los informamos adecuadamente acerca de la enfermedad que padecen y sus problemas y les infundimos confianza mediante cierto tratamiento psicológico, el paciente desiste de su deseo de renunciar a la vida”.

Decisiones acerca de los tratamientos médicos y el final de la vida son más complicados hoy de lo que antes fueron, más frecuentes y más ampliamente debatidos que en el pasado. Se teme a la posibilidad de sobrellevar una agonía larga, una existencia precaria, de venir en carga familiar o social. Paradójicamente ese temor lo han generado en cierta forma los recientes avances de la medicina y la tecnología médica capaces de prolongar la vida de un enfermo terminal o lo que es lo mismo, alargar el proceso de muerte de pacientes que en las mismas circunstancias hubiesen muerto en el pasado desde las primeras etapas de su enfermedad o a raíz de accidentes de hecho mortales y que hoy continúan viviendo al precio de soportar la vida resultante; para algunos la sola perspectiva de vivir más tiempo es bienvenida, para otros la calidad de vida que pudiera resultar de un tratamiento de esa naturaleza los induce a dudar si se trata de un beneficio o de una calamidad. De allí la frecuencia de la renuncia voluntaria a esos procesos no curativos sino dilatorios del desenlace inevitable.

Si bien, merced a esos adelantos en la actualidad el promedio de vida es mayor y se han logrado controlar eficientemente muchas de las enfermedades que antes amenazaban la existencia, los procesos degenerativos de la vejez y la senilidad son hasta ahora inevitables y han proporcionado la aparición de nuevos padecimientos y formas de vida precarias cuyo cuidado requiere recursos no siempre disponibles para hacerles frente, provocando situaciones que desembocan en los pensamientos de eutanasia o suicidio asistido.

CAPITULO III

¿EL TIEMPO LLEGADO?

El destino de quienes han devenido en improductivos en una sociedad por razones de edad o de salud, los ancianos, minusválidos, incapaces, etc., es problema sociológico y moral que ha preocupado al género humano desde los más remotos tiempos, y se han ensayado soluciones muy diversas, de acuerdo con la cultura y tradiciones de los pueblos que confrontan el problema. La ciencia ficción, uno de cuyos efectos es preparar a las nuevas generaciones sobre el advenimiento de cambios que se contrapondrían a los valores tradicionales sobre los que se finca la vida social, ha vaticinado con frecuencia que vida y muerte del hombre quedaran algún día al arbitrio del Estado cuando al familia, soporte moral de la sociedad, desaparezca; la idea de “eutanizar” a los que devienen en problema para el grupo tiene sus adeptos, aún entre aquellos cuyo deber es protegerlos y darles seguridad.

En 1984el gobernador del Estado de Colorado, E.U.A. Richard Lamn, declaró al New York Times que “los ancianos terminalmente enfermos tenían el “deber” de morir y dejar libre el paso”, a los jóvenes y sanos se entiende; a nadie cabe duda que a los primeros a quienes se les exigiría este deber “moral” serían aquellos cuyas libertades individuales están ya limitadas por los hechos, como los pobres sin acceso a la seguridad social o cuidados médicos capaces de restituir la salud, los ancianos que han gastados sus energías vitales contribuyendo al bien común y hoy disfrutan de una justa pensión que pesa sobre el Estado, las etnias estigmatizadas, etc. Lo que resulta insólito es que la sugerencia provenga de un político cuyo deber es asumir la defensa y conservación de la vida de sus ciudadanos.

Legislar para el futuro en esta materia es riesgoso. Anthony Trollope, autor británico de ciencia ficción (1881) se ocupó del tema de la carga senil en la novela The Fixed Period (El Tiempo Llegado).

La trama se desarrolla en una isla poblada por ingleses disidentes de la metrópoli llamada Britanula, ubicada “en un lugar de Nueva Zelanda”, en la que su primer parlamento votó la ley de eutanasia obligatoria para quienes llegaran a los 67 años de edad, con la finalidad de “relevar los ancianos de sufrir las miserias e indignidades de la vejez, y al mismo tiempo aliviar a las familias y a la república del costo de mantenerlos vivos”.

“La ley, explica la novela, fue aprobada cuando ninguno de los ciudadanos de la flamante república estaba próximo a al edad de límite fijada por ellos, pues apenas rebasaban la tercera década de vida.

Años más tarde, algunos antiguos legisladores se encontraban entre quienes debían prepararse para morir en razón de haber llegado a la “edad limite”, que ellos mismos fijaron, sintiéndose ágiles, lúcidos, fuertes y deseosos de disfrutar la vida y la experiencia acumulada durante ella. Pero la norma estaba en plena vigencia y por lo tanto era su deber social cumplirla; debían ingresar al “Colegio”, sitio donde serían preparados para la muerte, después de un periodo de tratamiento psicológico para aceptarla con resignación y hasta con agrado.”

Los presuntos candidatos a morir, hicieron notar al presidente en turno Mr. Neverbend (Don Flexible) la injusticia de la norma, pero aquél se mantuvo firme: La ley es la ley y debe cumplirse como fue votada. Finalmente los inconformes tuvieron la fortuna de salvarse de lo que juzgaban una muerte injusta y prematura, merced a que el gobierno británico envió un barco de guerra a someter a los disidentes, retomar el control político de la isla, abolir la eutanasia obligatoria y destituir a Mr. Neverbend mandándolo al éxito a redactar sus memorias, mientras el comandante de la nave sentenciaba: “Dejad las cuestiones de vida y muerte en manos del Todo Poderoso”.

Don Flexible asentó más tarde en sus memorias: “ No ha llegado aún el momento para que estas ideas sean aceptadas por todos, pero llegara.”

Ciento trece años después, en 1993, se aprobó en los países bajos la primera ley que autoriza la eutanasia voluntaria que amenaza con volverse obligatoria. Hace quince años que Mr. Lamn, el moderno “Mr. Neverbend” norteamericano (1984) hizo público su desprecio hacia la ancianidad y propuso que se optara por su muerte, pero, ¿continuará hoy, quince años después, tan seguro de la justicia de su propuesta?

CAPITULO IV

SENTIDO ESPIRITUAL

Ciertamente, la calidad de vida resulta hoy factor determinante para las nuevas generaciones; se ha operado un cambio de mentalidad sobre su sentido y finalidad. Se tiende a juzgar la vida con criterios hedonistas, utilitaristas y económicos; el estoicismo ante el infortunio es hoy impensable y el sufrimiento y el dolor, parte natural de la secuela vital, han dejado de ser factores que templaza y redención como antes fueron concebidos bajo el influjo de las enseñanzas religiosas; su sola idea es rechazada en un mundo que deviene en secularizado.

Varios factores han influido para propiciar ese cambio, aun en aquellas culturas como la nuestra, en la que la religión mantiene aún su influencia y el vínculo familiar se mantiene relativamente fuerte; el culto al sexo, a la juventud y a la belleza difundido por todos los medios de comunicación por quienes lo explotan mercantilmente, el incremento en el promedio de vida, la posibilidad de alargarla y retardar el proceso de muerte sin garantía de la calidad resultante; la difusión de los detalles de ciertas enfermedades de la ancianidad que afectan la personalidad y postran por años al individuo, y por último la tendencia a la autodeterminación absoluta, han creado una nueva actitud hacia la existencia humana.

La Iglesia Católica Romana resume así cambios: “una cultura que no valora la experiencia y la sabiduría de los ancianos, que teme y se siente intimidada por la enfermedad, será menos probable que se oponga a su exterminio (de los ancianos); una cultura vacía de visión de valores que trascienden al tiempo y a la voluntas del individuo, es probable que opte por soluciones inmediatas a lo que teme. Y por último, una cultura de juventud e inmediación placentera se mostrará egoísta y a disgusto con el empleo de recursos para atender a los marginados y enfermos”.

CAPITULO V

SUICIDIO ASISTIDO

RECURSO DE DESESPERADOS

El doctor Jack Kevorkian conocido mundialmente con el mote de “Doctor Muerte”, médico egresado de la Universidad de Michigan en los Estados Unidos, cobró fama y celebridad por haber inventado una máquina de suicidio; según sus propias declaraciones, ha asistido a más de 130 personas en su uso; la justicia norteamericana había intentado infructuosamente condenarlo e impedirle su participación en esos actos de muerte; fue declarado inocente en varios de los juicios que por cargos de homicidio y otros menores se les habían instaurado, entre otras causas porque muchos norteamericanos, entre ellos los jurados, simpatizan con su causa.

“No he matado a nadie-aclara Kevorkian-, solamente he ayudado a las personas que me han solicitado auxilio, a librarse del sufrimiento.”

El día 17 de septiembre de 1998 el “Doctor Muerte” aplicó a Thomas Youk, un residente de Waterford, Michigan; que padecía la enfermedad conocida como mal de Lou Ghering, una inyección letal que le produjo la muerte. Tuvo el atrevimiento de filmar un video que mostraba el momento de la ejecución que fue exhibido mundialmente en un programa de televisión, siendo presenciado por millonaria audiencia.

El procurador del condado de Oaklan, lo acusó de homicidio en primer grado y en juicio que tuvo lugar en los primeros meses de 1999 ante la evidencia de su intervención para asesinar a un paciente, fue condenado a prisión de 10 a 25 años. Fue el primero en prosperar mediante la evidencia, que el mismo proporcionó, de su intervención personal y directa en la muerte de Youk. Abría que ver si cumple el doctor Kevorkian con la amenaza que hizo cuando supo que sería juzgado por homicidio en primer grado: someterse a huelga de hambre, negarse a recibir alimentos hasta su muerte para devenir en mártir, amenaza que por otra parte resultaría infructuosa, pues de conformidad con los reglamentos de la prisión donde ha sido confinado, se le obligaría por la fuerza a la ingestión de nutrientes.

Muchos piensan que la actitud del doctor armenio no tiene nada que ver con la misericordia ni la piedad. Después de 130 ejecuciones se presume que ayudar a producir la muerte o producirla él, se a convertido en un estímulo para su personalidad enfermiza. Para el suscrito no cabe duda de que el “Doctor Muerte” es un caso clínico.

Aunque la máquina de muerte inventada por Kevorkian no es del todo complicado, la experiencia a demostrado que no todos los presuntos suicidas son capaces de activarla por si mismos para que cumpla su función, por padecer impedimentos físicos o de cualquier otra índole, por lo tanto, es indispensable que en la legislación pretendida abarque la asistencia de terceros, preferentemente médicos, capaces de poner en marcha el artefacto mortal y regular su funcionamiento.

Por otra parte, la eficacia del aparato a sido cuestionada, al parecer algunos presuntos suicidas no han logrado el objetivo de obtener una “Buena Muerte” desprovista de traumas o sufrimientos como esperaban, y sus asistentes han tenido que recurrir a medios realmente violentos para matarlos, como son almohadas o bolsas de plástico para asfixiarlos después de haber entrado en estado de somnolencia. El único medio seguro es la inyección letal, cuya eficacia demostró el doctor Kevorkian a través del video, pero que no ha sido autorizado ni aun en aquellos estados donde sean pasado leyes aprobando, con ciertas limitaciones, el suicidio asistido.

Por último, el famoso médico define su posición: “Lo que yo defiendo, dice, no es la creación de un derecho a la muerte, ni tampoco el derecho a cometer suicidio, lo que está a discusión es un adulto capaz y libre tiene el derecho a decidir por sí mismo, cuánto sufrimiento quiere soportar, y si su médico puede auxiliarlo a lograr una muerte sin traumas ni dolores.” Es decir, tener derecho a optar por la eutanasia sin sanción legal ni interferencia por parte de nadie.

La campaña de Kevorkian se ha extendido a varios estados de la unión americana, y cautivado a muchos espíritus débiles y mal informados. Recientemente una ley que autoriza el suicidio asistido fue pasada en el congreso del estado de Oregon y su aplicación se ha pospuesto por la existencia de un proceso judicial que la mantiene en suspenso. La ley aprobada el 8 de noviembre de 1986 concede a “cualquier adulto residente en Oregon, cuya enfermedad ha sido diagnosticada por el médico que lo atiende y confirmada por otro médico consultante como enfermedad terminal, que voluntariamente hubiese expresado su deseo de ser privado de la vida, puede requerir por escrito la prescripción de medicamentos con este propósito y morir dignamente en los términos de esta ley”. También establece que “ninguna persona será sujeta a juicio civil o penal ni a restricciones profesionales por participar de buena fe en el acto suicida, pudiendo estar presente cuando el paciente ingiera la medicación mortal hasta que la muerte se consuma”.

CAPITULO VI

PERO, ¿QUE ES LA MUERTE?

Como el concepto de persona o de vida, el de muerte tampoco está uniformemente establecido y aceptado. Hubo un tiempo en que la muerte era fácilmente definida como “no vivir” o “estar sin vida”, carencia del latidos del corazón y ausencia de respiración eran el criterio básico para determinar cuando una persona estaba muerta; tradicionalmente la ausencia de aliento y ritmo cardíaco han sido los factores a los que se han recurrido para determinar la ausencia de vida. El pulso, la pluma y el espejo han sido de antaño instrumentos sencillos, eficaces y populares para hacerlo. Cuando el concepto de “coma”, “muerte cerebral”, etc., que tienen la particularidad de inhibir al máximo las funciones vitales hasta hacerlas directamente imperceptibles eran desconocidas, no pocas personas fueron sepultadas vivas creyéndolas muertas, comprobándose el hecho al ser exhumados los cadáveres. Pacientes bajo los efectos de barbitúricos o anestésicos o drogas paralizantes pueden mostrar los signos clásicos de muerte estando vivos.

La ciencia médica ha proporcionado los medios para constatar la muerte y evitar tragedias como la mencionada. Los procesos de “resucitación” se han popularizado y aún en las escuelas se enseña cómo aplicar los primeros auxilios a las víctimas de ahogo, hipotermia, ataques cardiacos, etc., pendientes a restituir actividad cardiaca y pulmonar, en tanto que la víctima es trasladada a un hospital que cuente con la tecnología apropiada que decidirá, sin lugar a dudas, si aquel ser sigue con vida o no.

Sin embargo, los signos vitales no suponen la existencia plena.

La inactividad cerebral es de hecho la muerte, y aunque algunos sean perceptibles después de ser diagnosticada, la vida como tal ya no existe ni existirá más como de ordinario la conceptuamos. La muerte cerebral es generalmente irreversible; aunque una parte del cerebro que permite los reflejos involuntarios pudiera estar activa y dar la impresión de vida por el movimiento de las pestañas, la tos, el bostezo, ciertos ruidos emitidos por el paciente, etc., la que controla la voluntad, los sentidos y la conciencia, que hacen de una ser una persona puede estar permanente e irreversiblemente dañado, y por lo tanto, lo que existe es un cuerpo inerte sostenido por la tecnología. Actualmente se hace una clara distinción entre “estar con vida” y existir. Lo primero es la vida vegetativa, lo segundo es existencia plena.

La comunidad médica internacional ha establecido algunos criterios para determinar el estado de muerte de los seres humanos, y

no pocas asociaciones profesionales se valen de ellos para declarado.

La inconciencia de lo externo, irreceptibilidad y nula respuesta a estímulos vigorosos, inactividad pulmonar, ausencia de reflejos, encefalograma liso y llano, son algunos de los síntomas principales, a los que la comunidad médica se acoge en el ejercicio de su profesión.

Algunas religiones, las cristianas y el judaísmo entre ellas, consideran que la muerte se produce cuando el alma abandona el cuerpo, pero no aportan criterios prácticos para determinar ese momento. Aun entre ellos hay quienes están por no impedir el éxodo del alma y dejar que la muerte cumpla su cometido. Entre los judíos es popular la siguiente anécdota:

La muerte de Abraham...

Abraham, devoto judío ortodoxo, yacía en su lecho de muerte rodeado de sus familiares, amigos y el rabino. Todos oraban ininterrumpidamente, impidiendo con su actitud que el alma del moribundo abandonara el cuerpo. Así habían transcurrido tres días con sus noches. Abraham continuaba vivo, la agonía lo acechaba; su fiel criada les pedía que las plegarias cesaran y le permitieran morir en paz, pues por el poder de los rezos el alma no podía partir y la muerte no se consumaba. Ante la inutilidad de sus nlegos, la inteligente doncella ideó la forma de ayudar a morir a su amo: subió al segundo piso de la vivienda, llenó una jarra de porcelana con agua y elMndoln por encima de su cabeza la dejó caer al sucIo con gran estrépito. Alarmados por el ruido los deudos y acompañantes dirigieron la mirada y su atención al punto del que provenía el ruido; cuando reanudaron sus plegarias, se percataron de que Abraham había muerto; el alma había aprovechado el momento de confusión para abandonar el cuerpo. Sin saberlo, la doncella había aplicado a su señor la eutanasia pasiva.

VII

¿PROLONGAR LA VIDA? O PROLONGAR LA MUERTE

¿Qué es lo médicamente apropiado? ¿Qué es lo moralmente admisible? ¿Qué es lo socialmente obligatorio? ¿Qué tan lejos puede irse para prolongar una vida o evitar la muerte?

Los cristianos consideran que la vida es sagrada, un don del Creador otorgado al hombre para que la disfrute y la enaltezca en su gloria, de la que puede disponer para honrar su imagen, pero sin facultades para exterminarla; esto último es tarea que corresponde exclusivamente a Dios. Por eso el suicidio como el homicidio son pecados de la mayor gravedad. Aun así, bajo ciertas condiciones la eutanasia pasiva, el retiro de recursos médicos al paciente desahuciado es aceptado, cuando el proceso de muerte es irreversible y las consecuencias de prolongar la existencia del enfermo causan a él, a la familia o a la comunidad más daños que beneficios.

De acuerdo con la tradición judía la sacralidad de la vida toma precedencia sobre los otros valores humanos. En consecuencia, manda se haga todo lo posible para sostenerla cuando existe la posibilidad de restablecerla. Pero la medicina moderna ha creado el problema de no saberse si en ciertos casos se está logrando prolongar la vida o entorpecer el proceso de muerte inevitable; si una terapia es inefectiva para conservar la vida, está permitido suspenderla aunque sobrevenga la muerte. Como los cristianos, para los judíos el uso de drogas para controlar el sufrimiento del paciente es permitido, no importa si el tratamiento tiene el efecto de acortar la vida. La tradición judía se opone al suicidio y a la eutanasia en ciertos casos.

La Religión, el Derecho, la Moral, han considerado desde sus particulares puntos de vista la eutanasia y el suicidio asistido y emitido su opinión. Por ser la religión Católica Romana de las más explícitas y representativas del cristianismo, y dada la influencia que la fe cristiana ejerce sobre nuestro pueblo, sintetizamos su opinión expresada por la Congregación para la Doctrina de la Fe:

Los derechos y valores pertenecientes a la persona humana ocupan un importante lugar entre las cuestiones discutidas hoy en día. A este respecto, el Segundo Concilio Ecuménico Vaticano solemnemente reafirmó la divina dignidad de la persona humana y en forma especial su derecho a la vida. En consecuencia, el Concilio condenó los crímenes contra la vida de cualquier tipo: asesinato, genocidio, aborto, eutanasia o suicidio voluntario. Para los católicos la vida es sagrada, un don de Dios para el hombre, de la que debe disfrutar en su existencia terrena, pero que alcanza su plenitud en la vida eterna.

Los que no aceptan esta situación, opina el catolicismo, experimentan ansiedad acerca del significado de la ancianidad y de la muerte, y comienzan a preguntarse si tienen el derecho a procurarse, por sí o por terceras personas, una "muerte fácil" que redujera el sufrimiento, por parecerles estar más en armonía con la dignidad humana. Nadie puede atentar contra la vida de un inocente, sea un embrión, un feto, un infante o un adulto, anciano o quien sufra una enfermedad incurable, sin oponerse con esto al amor de Dios por esa persona, y sin violar un derecho fundamental y en consecuencia cometer un crimen de la mayor gravedad, y aclara "Causar intencionalmente nuestra propia muerte, suicidarse, es un error, tan grave como el asesinato, considerado un desafío a la soberanía de Dios, un acto de desprecio por uno mismo, y una falta a los deberes de justicia y caridad debidos a nuestros semejantes, a la comunidad ya la sociedad en general".

En un documento emitido por la Congregación para la Doctrina de la Fe, Declaración sobre Eutanasia, 1980, la Iglesia aclara importantes conceptos. Define la eutanasia COmo la acción o la omisión que por sí misma o por intención causa la muerte de una persona para eliminar el sufrimiento padecido; considera que no está permitido a los católicos solicitar estos actos de muerte para sí o para terceros, y explica que generalmente la petición del enfermo incurable o moribundo no debe ser entendida en su sentido literal, sino más bien como una súplica por ayuda y amor. Lo que una persona enferma necesita, aclara, además de los cuidados médicos es amor; el cálido amor que familiares, amigos, médicos y enfermeras deben proporcionarle.

"La muerte, dice la Congregación, nO siempre se presenta en drásticas circunstancias ni en dolores y sufrimientos insoportables; no hemos de pensar siempre en casos extremos. Numerosos testimonios existen que confirman que la naturaleza en sí misma ha procurado hacerla aceptable, la prolongada enfermedad, la avanzada edad, el estado de soledad o abandono proveen las condiciones psicológicas

para esa aceptación. Cierto, la muerte precedida de severo y prolongado sufrimiento es algo que naturalmente causa angustia a quien lo padece."

"El sufrimiento físico, admite, es un inevitable elemento de la condición humana; a nivel biológico crea en ocasiones el deseo de removerlo a cualquier costo. La cristiana prudencia sugiere a la mayoría de la gente enferma el uso de medicinas capaces de aliviar o suprimir el dolor, aun cuando pudiera causar corno efecto secundario una disminución en la lucidez. Respecto a quienes no están en capacidad de expresarse, debe razonablemente presumirse que lo desean y administrárselos de acuerdo con el consejo médico."

"El uso intensivo de calmantes, advierte la Iglesia, no está libre de problemas por la tendencia a crear hábitos que hace necesario aumentar las dosis para mantener su eficacia. A este respecto, recuerda, el Papa Pío XII al responder a un grupo de médicos que le plantearon la pregunta: ¿Está permitido por la religión y la moral, aun en la proximidad de la muerte, la supresión del dolor y la conciencia mediante el uso de narcóticos, si el médico considera que el tratamiento acortará la vida del paciente? el Pontífice respondió: "Si no existen otros medios y si en dadas circunstancias no afectan la moralidad y los principios religiosos del enfermo, sí." En este caso, la muerte no es buscada ni deseada aunque implica un riesgo, concluye la Congregación, la intención es simplemente aliviar el dolor con recursos de la medicina, pero agrega: Los calmantes que causan inconciencia deben ser objeto de especial consideración, no solamente para que el enfermo pueda cumplir con sus deberes morales y obligaciones familiares, sino ser capaz de prepararse conscientemente para su encuentro con Dios. El mismo Pontífice puntualizó: "No es correcto privar a un moribundo de conciencia sin una seria razón."

"Respecto al uso de recursos tecnológicos tendientes a la prolongación de la vida, la Iglesia Católica Romana establece que es muy importante al momento de la muerte mantener la dignidad del enfermo y evitar el abuso de estos recursos. Muchas veces la expresión "derecho a morir" no significa el derecho a procurarse la muerte por sí mismo o por terceros como lo desean, sino más bien el derecho a morir en paz con humana y cristiana dignidad. Desde este punto de vista, el uso de medios terapéuticos puede generar problemas."

"En numerosos casos la complejidad de la situación, aclaran, puede causar dudas acerca de la forma en que los principios éticos deben ser aplicados, responsabilidad que cae en el propio enfermo, en sus familiares cuando no está capacitado y el personal médico a cargo. Se acostumbra decir que existen medios "proporcionados" y "desproporcionados". Para determinar unos y otros, debe estudiarse el tratamiento a seguir, su grado de complejidad o riesgo, su costo y las posibilidades de usarlo, comparando estos elementos con los resultados que puedan esperarse, tomando en consideración el estado del enfermo y sus recursos físicos y morales. El vocero de la Iglesia facilita la comprensión de lo anterior con las siguientes recomendaciones:

  • Si no existen suficientes remedios disponibles, es permitido que con el consentimiento del enfermo, se recurra aún con riesgo a medicamentos y tecnologías experimentales.

  • Está igualmente permitido con el consentimiento del enfermo y de sus familiares, y de acuerdo con el médico a cargo, suspender el uso de estos recursos cuando se advierte la pobreza de sus resultados. Lo anterior puede juzgarse, dado la inversión en instrumentos y personal, como desproporcionados a los resultados previstos y obtenidos. También puede tomarse esa determinación cuando el tratamiento causa al enfermo tensiones y sufrimientos excesivos en proporción a los beneficios recibidos.

  • Es también permisible que el enfermo rechace las técnicas y el tratamiento aplicado con los medios que la medicina ofrece, cuando éstos resultan inciertos y onerosos y desproporcionados a los beneficios que pueden obtenerse. Esta conducta no debe tenerse como equivalente al suicidio, por el contrario, debe considerarse como una aceptación de la condición humana del paciente y el deseo de no imponer cargas económicas a la familia o a la comunidad.

  • Cuando la muerte es inevitable e inminente a pesar de los recursos usados, es permitido, en conciencia, tomar la decisión de rehusar tratamientos que solamente acarrearían una precaria e inútil prolongación de la vida."

En conclusión, la opinión de la Iglesia Católica Romana en relación con la eutanasia, puede resumirse así:

"Cualesquiera que sean los motivos y los medios, la eutanasia directa (activa) que consiste en poner fin a la vida de personas disminuidas, enfermas o moribundas, es moralmente inaceptable. Por tanto, una acción o una omisión que, de suyo o en la intención, provoca la muerte para suprimir el dolor, constituye un homicidio gravemente contrario a la dignidad de la persona humana. El error de juicio en el que se puede haber caído de buena fe no cambia la naturaleza de este acto homicida, que se ha de rechazar y excluir siempre."

"La interrupción de tratamientos médicos onerosos, peligrosos extraordinarios o desproporcionados a los resultados puede ser legítima. Interrumpir estos tratamientos es rechazar el 'encarnizamiento terapéutico'. Con esto no se pretende provocar la muerte; se acepta no poder impedirla. Las decisiones deben ser tomadas por el paciente, si para ello tiene competencia y capacidad o si no, por los que tienen los derechos legales, respetando siempre la voluntad razonable y los intereses legítimos del paciente."

Y concluye: "Aunque la muerte se considere inminente, los cuidados ordinarios debidos a una persona enferma no pueden ser legítimamente interrumpidos. El uso de analgésicos para aliviar los sufrimientos del moribundo, incluso con riesgo de abreviar sus días, puede ser moralmente conforme a la dignidad humana si la muerte no es pretendida, ni como fin ni como medio, sino solamente prevista y tolerable como inevitable. Los cuidados paliativos constituyen una forma privilegiada de la caridad desinteresada. Por esta razón deben ser alentados."

Otras congregaciones religiosas han opinado también al respecto, coincidiendo las iglesias cristianas en los términos de la Católica Romana, la Ortodoxa Griega, la Ortodoxa Rusa y las diversas protestantes que rinden culto a Jesucristo. Todas ellas coinciden en la

sacralidad de la vida y el respeto que el ser humano debe a ese don de Dios.

Los grupos civiles también han opinado acerca del empleo de la eutanasia. "La tesis de que la eutanasia activa es moralmente justificada si los pacientes encaran incontrolable dolor y sufrimiento y requieren muerte, es consistente con la petición de que el gobierno no la legalice porque no sería posible controlar los abusos a que daría lugar", expone Beauchamp T., Childress J. en su libro Principios de Bioética Médica.

VIII

TESTAMENTOS VITALES

Casi todos los Estados de la Unión Americana han legislado acerca de los Living Will o Testamentos Vitales, que consisten en expresar la voluntad anticipada de una persona respecto a la forma que desea ser médicamente asistida en caso de no poder hacerlo en el momento oportuno por haber devenido en incapacitada. Generalmente se trata de instrucciones acerca de suspender cualquier tratamiento diseñado para prolongarle la vida cuando el proceso de muerte es irreversible.

Como ejemplo tomaremos la ley recientemente votada en el Estado de Oregon con el nombre de Ley de Muerte con Dignidad la cual establece, también características para los Testamentos Vitales:

Expresa la ley:

Un adulto capas, residente en el Estado de Oregon, cuya enfermedad haya sido determinada terminal por su médico y un consultante y exprese voluntariamente su deseo de morir, puede hacer un escrito requiriendo medicación para el propósito de poner fin a su vida conforme a lo que establece la ley.

La legislación es explícita y minuciosa respecto al procedimiento a seguir en la legalidad del testamento; los presuntos ejecutores de la muerte del paciente deben llenar importantes requisitos como lo son la comprobación del diagnóstico y pronóstico de la enfermedad terminal, consultando con todo aquel que pueda dar una opinión responsable; la capacidad del enfermo que hace la solicitud y la comprobación de que es hecha por su libre voluntad; informará al paciente en forma amplia y completa del diagnóstico y el pronóstico de su enfermedad y las consecuencias previsibles de la ausencia de medicación, así como de la alternativa de recibir cuidados apropiados y el control del dolor, etc. de tal manera que si lo desea, el requirente considere su petición o la reitere después de un tiempo determinado, etc. Como puede verse, la responsabilidad de la aplicación de la eutanasia recae sobre el personal médico a cargo.

Respecto a la forma, difieren de los testamentos comunes por la ausencia de solemnidad. Basta la presencia de dos testigos que acrediten el deseo del paciente de ser privado de la vida, que actúa: de propia voluntad y que a su juicio goza de sus facultades mentales, para que el testamento se considere válido. Los testigos no deben ser

personas que por su parentesco o situación pudieran dar falso testimonio de los hechos o influir en la decisión del enfermo.

En otras palabras, si usted es una persona capacitada (mayor de edad y en pleno uso de sus facultades mentales) puede tomar la decisión de instruir a las personas que pudieran intervenir en un caso de enfermedad terminal, incluyendo al personal médico, para que o bien no le apliquen o le suspendan tratamientos tendientes a prolongar la vida, o le acorten ésta prescribiendo fármacos que le provoquen la muerte. Una cosa es interferir en el proceso de muerte iniciado por la enfermedad, lo cual puede tenerse como eutanasia pasiva y otra tomar acciones tendientes a matarlo, lo cual es tenido por eutanasia activa. En la ley que comentamos el paciente puede optar por cualquiera de las dos alternativas.

Si desea que sus instrucciones sean respetadas, debe hacer el testamento vital y estar seguro de que una copia del mismo llegue a manos de su familia, del médico o los médicos a cargo de su enfermedad. En algunos países existen agrupaciones encargadas de

velar porque las instrucciones del paciente se cumplan puntualmente, para lo cual conviene hacerles llegar una copia.

Los apoderados para tomar decisiones

En el mismo testamento pueden designarse personas que actuarán como apoderados del paciente autorizados para tomar decisiones por él en caso de devenir en incapacitado. En los Estados Unidos son llamados Durable Power of Attorney. Un apoderado es una persona que puede actuar en su nombre, siempre y cuando el paciente no pudiera tomar sus propias decisiones. De acuerdo con las leyes vigentes en la materia.

En México no existen leyes que establezcan la validez de los testamentos vitales ni del nombramiento de apoderados que tomen decisiones por el enfermo en caso de devenir en incapacitados en caso de enfermedad; la responsabilidad y las facultades la tienen legalmente los que conforme a la ley pueden asumir la patria potestad

de un incapacitado. Por lo tanto, las instrucciones que se deseen dar para su tratamiento solamente tendrán un valor moral, dependiendo de los familiares su cumplimiento, sin responsabilidad legal alguna.

No debe olvidarse que en nuestro país está penada la eutanasia

y el auxilio que se preste a un suicida, por lo que entre las decisiones de los familiares a cargo de un enfermo no debe incluirse la orden o el consentimiento para que sea privado de la vida, ni el médico debe tomar esas decisiones por su propia iniciativa, pues incurriría en caso de privación ilegal de la vida, donde el consentimiento del interesado no lo exime del dolo.

Interrupción deliberada del embarazo. El Código Penal lo define como “la muerte del producto de la concepción en cualquier momento de la preñez”. (Art.329) CPDF. Es la muerte dolosa del feto (feticidio) o su violenta expulsión del vientre materno, con la que también se consigue la muerte. La inducción al Aborto y su participación en el también están penados. (Art.330 cc.)

Por su etimología griega quiere decir “buena muerte”. Se le conoce como el acto intencional de poner fin a la vida de una persona que padece sufrimientos incontrolables, a su requerimiento, de quien la representa o a decisión del médico que la atiende. Existen diferentes tipos de eutanasia, las cuales son: Eutanasia Pasiva, Activa, No voluntaria, Voluntaria e Involuntaria.

Privarse de la libertad auxiliado por otra persona.

Loa Art. 14 y 4° de la Constitución Federal garantizan el derecho a la vida y a la salud.

Art. 22 del Código Civil (DF) establece que “desde el momento en que un individuo es concebido, entra bajo la protección de la ley y se le tiene por nacido para los efectos declarados en el presente Código”

Arts. 9° 312, 313, 330, 331 del Código Penal. La instigación o la inducción, y el auxilio o ayuda al suicidio, constituyen delitos en sí mismas y no participación en el delito de homicidio o en el de lesiones (Art. 312) La pena se agrava tratándose de un suicida menor de edad o que padeciera alguna de las formas de enajenación mental (Art. 313 cc.).

Por lo que respecta al aborto el Movimiento Pro Derechos de la Mujer que surgió hace más de 20 años en los Estados Unidos como consecuencia de las Suprema Corte de Justicia en el caso Rode vs. Wade, que sostuvo que el “derecho constitucional a la privacidad abarca el derecho de la mujer a decidir acerca de su embarazo, continuarlo o suspenderlo”, las legislaciones de los Estados han pasado leyes tendientes a regular ese derecho. Se oponen con tenacidad y decisión los comités Pro-Vida también surgidos en los Estados Unidos y ahora diseminados por todo el mundo y la Iglesia Católica.

La primera sociedad a favor de la eutanasia se formó en Inglaterra, antes de la Primera Guerra Mundial. En los Estados Unidos, la sociedad más antigua que reúne a los partidarios del suicidio asistido existe en Nueva York desde el año de 1938, más tarde en 1988 cambió de nombre y ahora es conocida como Asociación Pro-Derecho a Morir, que incluye la eutanasia en todas sus formas; en Australia, Alemania, Japón, China, Filipinas, Israel, y otros países, existen sociedades semejantes.

Roe vs. Wade.

Enciclopedia Jurídica Omeba

http://www.frasedehoy.com/call.php?file=frases_historial

Samuel 1:1-15

Dante Alligheri, poeta italiano autor de “La Divina Comedia”.

New York Times y Los Angeles Times, 28 de diciembre de 1986.

Al parecer, la Reina Madre, y el Duque de Windsor, el primogénito que renunció al trono y casó con la norteamericana Willis Simpson, hoy fallecido, ordenaron la real eutanasia.

Aconteció en Inglaterra en el año de 1981. Durante el juicio el cargo fue reducido a “intento de asesinato” y la sentencia suspendida.

Inglaterra año de 1992. Médico reumatólogo de 47 años de edad aplicó a Lillian Boyes la inyección letal porque los opiatos que le proporcionaba en dosis capaces de causar la muerte no surtieron el efecto de eliminar el dolor. Fue acusado de cargos menores en virtud de que el cadáver fue cremado antes de que pudiera ser investigada la causa de la muerte.

La ley penal sigue contemplando la eutanasia como delito, pero solamente aplicable cuando los que la consintieron o realizaron no cumplieron con los requisitos y condiciones que establece la ley para su procedencia legal.

Holanda 1971. El caso fue llevado ante la Corte y provocó amplio debate sobre la eutanasia. Fue condenado a un año de prisión, pena que fue suspendida.

Eutanasia; A Case of Individual Liberty?, en artículo difundido por Ohio Rigth to Life Home (30/06/98) se relata el caso de una pareja que visitó el director del hospicio donde se encontraba alojada la abuela, enferma terminal, para solicitarle se aplicara una inyección letal que le produjera la muerte, pues “sin la herencia de la abuela no la hacían”. Al negarse fue trasladada a otro hospicio donde falleció una semana después, luego de recibir la inyección solicitada.

En el Common Law, sistema judicial que rige en todos los países de habla inglesa, el elemento que se toma en cuenta principalmente para juzgar la conducta criminal es la intención, no el motivo.

Burke J. Balsch J:D: y David Waters “Por qué no debe legalizarse el suicidio asistido”, Journal of Pain And Symptom Management, julio, 1991.

“Elderlys Duty to Die” New York Times, 29 de marzo de 1984. Nótese que aquí ya no se habla del derecho a morir sino al deber de morir.

Hedonismo, doctrina que proclama como fin supremo de la vida la consecución del placer.

Estoicismo, doctrina filosófica fundada por Zenón de Citio en el año 300 a. C., se aplica a quienes son fuertes o ejercen dominio sobre el infortunio.

Secularizar: No concederle valor a los principios y enseñanzas religiosas.

De origen armenio, se graduó de médico después de una brillante carrera en la Universidad de Michigan, Ann Arbor, ejerciendo como patólogo; su licencia para ejercer le fue suspendida desde 1991.

En el último juicio que le fue instaurado en Oakland, el doctor fue encontrado por el jurado culpable del delito de homicidio en primer grado.

Encuestas llevadas a cabo en Estados Unidos y Gran Bretaña indican una creciente aceptación, tanto por parte de los médicos como del público para que las leyes sean cambiadas favoreciendo al suicidio asistido y la eutanasia, que en el fondo significaban lo mismo.

Disfunción muscular dolorosa.

Coma es vida sin actividad cerebral. El coma profundo (SPV) es la pérdida total de la conciencia en forma permanente. Estado vegetativo.

Dícese de los ácidos orgánicos cristalinos cuyos derivados tienen cualidades hipnóticas y sedantes y en cantidades inapropiadas o mezclados con alcohol pueden ser mortales. Generalmente son utilizados como calmantes de la ansiedad, para propiciar el sueño y controlar las convulsiones. La anestesia utilizada en cirugía para evitar la sensibilidad del paciente deprimiendo el sistema nervioso central tienen el efecto de mantener al individuo es un virtual estado de coma.

En el año de 1968, el comité designado en la Escuela de Medicina de la Universidad de Harvard para examinar la definición de "muerte cerebral" publicó sus conclusiones que luego de ciertas modificaciones dio lugar a una determinación unificada de lo que es el estado de muerte, adoptado por la Asociación Médica Norteamericana y que en resumen explica: a) La irreversible cesación de la circulación sanguínea y las funciones respiratorias y b) la cesación de las funciones cerebrales, incluyendo las neuronas. Quien reúne esas condiciones está muerto.

Suspender todo acto tendiente a prolongar la vida, permitiendo que el proceso de muerte continúe.

Vida, regalo de Dios. La vida humana es la base de todos los bienes y es fuente necesaria y condición de toda actividad humana.