Etnología

Biología. Ciencias biológicas. Etnozoología. Etnoentomología. Plagas urbanas. Poblaciones animales. Organismos vivos. Hombre. Ser humano. Medio urbano. Salamanca

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  • Idioma: castellano
  • País: España España
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Aportaciones de la etnología

a mi proyecto de tesis

ÍNDICE

Contenido

Pág.

Resumen

3

Introducción

4

Búsqueda de información

7

Discusión

10

Conclusiones

16

Referencias

18

Resumen

En el presente análisis pretendo enfocar mi proyecto de tesis desde un punto de vista antropológico, o al menos, observar en qué puede mejorar mis ideas el conocimiento cultural del hombre. Mi tesis irá encaminada hacia un plan de regulación de poblaciones animales, claramente decantado por las ciencias biológicas; no obstante, al situar dicho estudio en el medio urbano, encuentro que la relación del hombre con los organismos vivos es directa. A través de ese punto de partida, mediante una ardua búsqueda de información bibliográfica, llego a descubrir y utilizar la etnozoología, como rama de la etnología más próxima a mi tema de disertación. Exploro la ciencia de la etnoentomología, exprimo todas sus aportaciones y recojo las más interesantes desde mi punto de vista. Luego sopeso las aportaciones de dichas materias al enfoque de mi argumento, interpretando, según el tema que me ocupa, las nuevas ideas que recibo. El tema se centra en la cultura occidental, por ser la que conozco. Por fin, elaboro conclusiones bastante interesantes que completarán el marco teórico de mi investigación.

Introducción.

Soy bióloga, y como tal, durante mi carrera cursé la denominada “Antropología física”, esto es, las relaciones evolutivas del hombre con las especies más cercanas a él. Estudié los rasgos físicos diferenciales de los primates, los homínidos y la especie Homo sapiens. Y no consideré otras ramas de la antropología, pues no me fue necesario.

Al cursar la licenciatura en ciencias ambientales, y estudiar asignaturas como “Medio ambiente y sociedad” y “Medio ambiente y desarrollo”, en las que se deben tener contextos históricos muy claros y se debe comprender la evolución social que siguen las poblaciones, para entender las relaciones que tiene el hombre con el medio ambiente, comprendí que había más puntos de vista que el científico a tener en cuenta, sobre todo si queremos llevar la biología ambiental a un ámbito social de aplicación práctica.

Por ahora estoy consiguiendo lo que pretendía al matricularme en ciencias ambientales y en el doctorado, que es conseguir una visión transdisciplinar del medio ambiente. Mi reto es conciliar esa multivisión con mi perspectiva científica, pero no tiene por qué ser una armonización de conceptos, si no una suma de ideas que ayuden a proporcionar las mejores soluciones prácticas para conflictos de la vida real y cotidiana, como es mi trabajo.

El programa del módulo del doctorado dedicado a la antropología social, me llamó la atención, en primer lugar por ser algo desconocido para mí, y en segundo lugar, porque creo que cualquier estudio que se realice sobre medio ambiente, debe tener en cuenta la perspectiva o la visión de la sociedad, tanto en el momento en el que tiene lugar el estudio, como las trayectorias culturales, sociales, históricas, etc. que le han llevado hasta esa forma de ver el entorno. A partir de ahí se pueden interpretar los problemas y buscar las soluciones, ya que la mayoría de los estudios que se ocupan del medio ambiente, se dedican a eso mismo, a los problemas y/o las soluciones que entraña el entorno que habitamos. Considero que una visión antropológica, desde el punto de vista social, es imprescindible para el conocimiento del medio y su interpretación.

Los contenidos reales del módulo han abierto mis perspectivas, mostrándome conceptos completamente novedosos, pero complicados de abordar para una alumna que procede de formación científica. Y ahí está la adición de conceptos, que cuanto más difícil parece, más enriquecedora resulta.

Al disponerme a realizar este trabajo, me he planteado si existían interconexiones entre disciplinas tan diferentes como es la que puedo desarrollar en mi tesis (más cercana a la biología) y el estudio de lo cultural.

Mi tesis versará sobre el control de plagas urbanas en Salamanca, primero analizando la situación real del problema, recabando toda la información que sea necesaria; y segundo, proporcionando modelos teóricos basados en ecología de poblaciones y economía empresarial, que podrían conducir al control de las plagas partiendo de los resultados obtenidos en la recopilación de información.

La hipótesis a contrastar sería: Si hay plagas que causan problemas a los ciudadanos de Salamanca el modelo teórico regula su población hasta niveles aceptables.

Por plagas urbanas se entienden cucarachas, moscas, mosquitos, roedores, abejas, avispas, termitas, carcoma e incluso, las aves. Y quiero saber hasta qué punto causan problemas económicos, sociales, psicológicos o de otra índole en la población. Permítanme la aclaración, para concretar el tema: No me refiero a plagas agrícolas, que como es bien sabido, causan grandes problemas económicos cuanto menos, si no a plagas urbanas, de las viviendas e industrias que las sufren en espacios cerrados. De ahí que me encuentro haciendo el doctorado en Medio Ambiente y no en ciencias agrícolas, porque la discusión versaría sobre el medio ambiente “urbano”, englobado en construcciones artificiales. Siguiendo a Robinson (1996), “las biocenosis pueden separarse en dos grandes tipos: Las primitivas o naturales (eubiocenosis) y las culturales, que incluyen tanto a las agrobiocenosis como a la antropobiocenosis. Entre las culturales, las primeras corresponden al conjunto de organismos que ocupan los agroecosistemas (zonas alteradas por el hombre, habitualmente dedicadas a la agricultura, pastos, etc. en las que puede hablarse de un nivel medio o alto de alteración) y las segundas, a los asentamientos humanos (ciudades, con un grado extremo de alteración). A su vez, éstas contienen dos tipos de biocenosis: La doméstica, que incluiría a la fauna y flora propia del interior de las construcciones (viviendas, edificios, etc.) y la peridoméstica, en la que se incluiría a los organismos que viven en la ciudad fuera de las construcciones (jardines, zonas verdes, etc.)”. Yo sólo me quiero referir a la antropobiocenosis doméstica (e industrial).

Quizá sea pretencioso abarcar tantos grupos de organismos para un solo estudio y con el paso del tiempo deba dirigir mi proyecto a sólo un grupo, pero eso no me causaría ningún problema. En especial me interesan los insectos y las aves, que, según mi opinión, son los que más influyen en la población de las ciudades.

Visto el tema de estudio, es complicado hallar su comunicación con la antropología. Pero el estudio del hombre es muy amplio, y la especie humana se ha relacionado a lo largo de su historia con todos los organismos vivos. Pensé que alguna relación tendría que haber.

Búsqueda de información.

Desde mi humilde y sucinto conocimiento sobre la antropología social, he intentado conocerla desde múltiples perspectivas para encontrar la más cercana al control de plagas urbanas.

Intenté afrontar el problema desde la antropología social, pero mi fallo fue suponer que las plagas urbanas son un problema social, sin haberlo confirmado antes. Por lo que no encontré relación alguna entre el estudio antropológico social y no ya las plagas, si no ningún animal que no fuera el hombre (sea o no sea una plaga para otras especies).

Pensando que mi estudio sobre el problema se centra en núcleos urbanos, quise buscar la influencia de las plagas en las construcciones de las ciudades, a través de la antropología urbana, imaginando que quizás, los romanos idearon los sistemas de alcantarillado de sus ciudades buscando la desaparición de enfermedades generadas por falta de higiene y causadas posiblemente por algún microorganismo que formaba plaga. O que, al desarrollar estos sistemas, se habrían encontrado con el problema de los roedores.... Tampoco di con una explicación de ordenamiento urbano que tuviera en cuenta las especies que habitan en los territorios en los que se van a construir, ni si estos se encuentran ubicados cerca de fuentes de contaminación de plagas, como pueden ser los ríos, zonas arboladas, huertos, etc. Ni siquiera las empresas de industria alimentaria, que presentan alto riesgo de infección, tiene en cuenta el factor plaga durante su proyecto de construcción (que, por otro lado, sería el verdadero y efectivo control de plagas).

Debido a mi experiencia laboral, he comprobado que un sector de la sociedad muy afectado por este problema son las empresas, y más concretamente, las dedicadas a la alimentación. Y probé a analizar la idea desde la antropología empresarial, aunque ésta se dedica más a los negocios, ventas y psicología social que a temas de seguridad de productos o de sus trabajadores.

Los conceptos de antropología ecológica tampoco solucionaron la cuestión, ya que según Milton, K (1997): “Es la comprensión combinada de los efectos materiales, que las poblaciones humanas ejercen sobre su entorno (y viceversa), y del modo en que la gente piensa y actúa lo que se considera, el objetivo esencial de la antropología ecológica”. Quizá es la disciplina que más se aproxima al control de plagas urbanas, si se entiende este como una reacción del hombre hacia su entorno o los problemas que le ocasiona, pero tal vez es un tema demasiado reciente como para que haya llegado a influir en la cultura de la sociedad. Por supuesto hay ejemplos de otro tipo de “plagas” que condicionaron la vida de algunos grupos sociales: “Las infecciones trasmitidas por el agua, por los insectos y por el contagio de una piel a otra tuvieron asimismo un campo mucho mayor en las ciudades abarrotadas y en las regiones adyacentes de densa población agrícola. Estas poblaciones, civilizadas, enfermas y resistentes a la enfermedad, eran biológicamente peligrosas para unos vecinos que no estaban acostumbrados a un surtido tan inmenso de infecciones. Este hecho hizo que la expansión territorial fuera para las poblaciones civilizadas mucho más fácil de lo que hubiera sido de otra manera.” (McNeill, W. H., 1976, p. 76). Se refiere a la peste, la tuberculosis, la malaria, la fiebre amarilla, etc. que son causadas por microorganismos, que no forman parte del control de plagas urbano actual. Aunque su transmisión se lleve a cabo por vectores como mosquitos, ratas, etc. mi estudio no es epidemiológico y esas plagas, en la actualidad se consideran controladas.

No obstante, la búsqueda anterior, me llevó hasta otro campo de conocimiento, la antropología médica, que según Reverte Coma, J. M., consiste en: “Estudiar al Hombre desde el punto de vista médico-físico-cultural, pero no sólo en la actualidad sino desde que aparece sobre la tierra. Por eso abarca contextos tan remotos como el Hombre del Pleistoceno (Paleopatología y Paleomedicina), el Hombre individualmente o en grupos, etnias, sociedades (Etnoantropología, Antropología Social y Cultural), y cómo su género de vida y el medio ambiente pueden influir en la aparición de las enfermedades, cómo su cultura puede estar relacionada con la morbilidad, natalidad y mortalidad. Dentro de estos amplios contextos estudiará la existencia de técnicas de curar (Etnoterapéutica), estudiará al Hombre como terapeuta (Chamanismo, Curanderismo, Magia, Ordalía, Adivinación), la Terapéutica utilizada por el Hombre, Botánica utilitaria (Etnobotánica), la Medicina popular (Folkmedicina), la Biología de la enfermedad (Biopatología), el medio ambiente que rodeó al Hombre en el pasado y en el presente (Ecología Humana, Medicina Espacial, Supervivencia en los diversos medios geográficos, Adaptación).” Por esta amplia definición, supe que el control de plagas urbanas está muy lejos de la antropología médica.

Pero sí me sirvió para algo, pues me dio a conocer la etnobiología, definida generalmente como “el estudio de las ciencias biológicas tal y como son practicadas por los grupos étnicos abarcados por la Etnología” (Clément, 1998). Esta a su vez, incluye la etnozoología, que se define como “el estudio científico de las relaciones seres humanos/ animales desde el punto de vista etnológico.” (Medeiros, E., 2002). Y dentro de ella, se incluye la etnoentomología, referida a las relaciones de los humanos con los insectos, desde el punto de vista etnológico. Tal vez no sea el punto de vista más acertado, y mi desconocimiento de la materia me llevé a cometer errores absurdos, pero creo que es el punto de vista más cercano a mi estudio y en el que me muevo más cómoda, ya que, aunque no domino la etnología, sí me defiendo en zoología y entomología y sobre ellas versa mi tesis; por tanto, discutiré a continuación si esta visión, aporta algo nuevo a mi proyecto.

Discusión

El papel de la etnobiología como “ciencia” (o método) es el estudio de la otra realidad, de las relaciones y el aprovechamiento de los recursos naturales por las comunidades locales a través del tiempo. La etnobiología como área en formación, es un terreno nuevo en disputa entre los científicos de las ciencias sociales y las biológicas. (Escobar, 2005). Creo que la etnobiología, en general, y la etnozoología, en particular, por todo lo anterior, pueden aportar a mi tesis un enriquecimiento con el que no contaba. Es la transdisciplinaridad que mencionaba al principio, y personalmente no considero que tengan que enfrentarse materias, sino que se debe conseguir una complementación entre ellas para llevarnos a un mejor conocimiento de la sociedad, del hombre y de nosotros mismos.

Centro la discusión en la etnozoología, pues el control de plagas urbanas se dedica a los animales y, especificando sobre lo publicado en torno a la etnoentomología como materia más estudiada. Y en la medida en que sea posible, ubicaré el debate dentro de la cultura occidental y las costumbres españolas.

En mi opinión, desde la etnozoología, pueden existir dos puntos de vista diferentes. El primero, con un claro carácter antropocéntrico, señalaría la utilidad de los animales para el ser humano, llegando a establecerse costumbres y formando parte de la cultura de las civilizaciones. Tal es el caso de las vías pecuarias de Salamanca, por poner un ejemplo que podemos entender los que no dominamos la antropología cultural. Desde el punto de vista etnográfico resulta muy interesante, pero las plagas al hombre no le han servido de nada positivo. Precisamente se denominan plagas porque causan perjuicio al ser humano. “Negativamente” sí le han proporcionado “favores”, como el debilitamiento de los pueblos a invadir (ya mencionado) y la regulación de población humana. Todo muy discutible.

El segundo punto de vista, vendría referido a la utilización de las “adaptaciones” (en el sentido más lamarckiano del término) del ser humano a cualquier hábitat por parte de los animales que forman plaga. Resumiendo: La utilización del hombre por parte de los animales, y ahora ya no como adaptación de los organismos, si no como aprovechamiento de entornos artificiales que facilitan la supervivencia de especies plaga. Por ejemplo: Los roedores y algunos insectos, tan extendidos por el mundo como el hombre (excepto en la Antártida). Es la base de la definición de plaga.

En el caso de las termitas está muy claro, se han extendido especies hasta latitudes que antes no ocupaban debido a la utilización de la madera por parte del hombre, y su desarrollo como población “huésped” de diferentes civilizaciones habrá estado condicionada por las costumbres que existieran de la utilización de la madera.

Siguiendo la evolución histórica de la enfermedad de la peste, la construcción de barcos por parte del hombre resultó ser un hábitat ideal para la rata negra y la rata gris, además de un medio de locomoción y distribución mundial de dichos animales, junto con las cucarachas.

Pero no hace falta recurrir a sucesos históricos, ni imaginar países lejanos, si no que hoy día, debido a la costumbre de la dieta mediterránea que existe en la Península Ibérica, las industrias alimentarias, que deben producir y almacenar hortalizas y frutas en grandes cantidades, generan unas condiciones idóneas para la vida de los insectos.

Volvamos al primer punto de vista, de utilización de los animales y cómo influye en la formación de plagas urbanas. Por ejemplo, la apicultura, oficio en muchos lugares del mundo, que genera gran cantidad de abejas productoras de miel, y sin embargo, cuando anidan en el cajón de una persiana ya no producen más que molestias. Y entonces son plaga.

O el caso de las palomas mensajeras o que sirven de comida suculenta, que se crían en grandes cantidades y cuando no sirven para “su cometido” se liberan, porque pueden sobrevivir fácilmente en cualquier situación. La plaga (desde el punto de vista antropocéntrico) se forma cuando dañan los edificios históricos, o las comunidades de vecinos.

Por lo tanto, de todo lo dicho se deduce que el concepto de “plaga” tiene un marcado carácter antropocéntrico, que ha influido al hombre a los largo de su historia y que se ha conservado esa concepción de “animales dañinos” mientras no aporten beneficios al hombre. Y en la cultura occidental, pocos beneficios han aportado los animales al hombre en la ciudad (dejemos a parte la ganadería), sobre todo los insectos. Y estos, culturalmente se llevan la peor significación, ya que enseguida se relacionan los insectos con las plagas, al menos en las ciudades.

Seguramente, para cualquier persona es muy fácil imaginar una plaga de langosta o de mosquitos o de cucarachas, pero una plaga de palomas en un barrio de una ciudad o una plaga de ratas ¿es igualmente imaginable?. O ¿igualmente repugnante? La mayoría de los textos dedicados a la etnoentomología señalan una tradición cultural de rechazo a los insectos. Veamos la opinión de Rotella, M. (2002), que señala: “Lauck afirma que la conexión entre insectos y los hombres se ha roto por medio de una cultura que nos enseña a odiar y matar a las criaturas más pequeñas de la tierra.” Así, Medeiros, E. (2002), en su obra comenta “Los aspectos negativos de los insectos” y “Razones para la aversión a los insectos” (p. 25 y 26) apuntando que: “Se puede argumentar también que la indiferencia por los invertebrados, muchas veces relegados a un plano secundario en la escala de valores del ser humano, resulta del inequívoco utilitarismo que siempre guío las relaciones del hombre con el mundo natural”. Por supuesto que la simpatía para con los animales varía según las tradiciones culturales nacionales (Descola, P. 1998); aunque sólo me centraré en la cultura occidental, por ser la nuestra.

Según McNeill, N. H. (1976), esta concepción de rechazo puede venir de la tradición religiosa, donde las plagas se recibieron como castigo en Egipto, contra el pueblo que esclavizó a los cristianos. Sea este el origen o no, queda clara la aversión de la población en general a las plagas y en particular a los insectos. Con el nombre genérico de “plagas”, los pueblos antiguos se referían a varias y diversas enfermedades, o a los daños que causaban en las plantas y los animales aquellos seres pequeñitos enviados generalmente por la ira de los dioses, o por venganza, maldición o castigo, como consecuencia del mal comportamiento o de la violación de normas y códigos humanos que adquirían el carácter de divinos. (Escobar, 2005).

No obstante, me gustaría poner dos ejemplos muy sencillos, para demostrar que la mala opinión que generan los insectos no la generan otros grupos de animales. Empezaré por los roedores, que los medios de comunicación se han encargado de transformar en simpáticos y graciosos animales, como por ejemplo el ratón Mickey (es una rata negra) o el ratón Jerry (de Tom&Jerry) o Pixie&Dixie (son ratones de campo). De esto se sacan dos conclusiones: Una, que se le ha quitado importancia social sustituyéndola por simpatía a los roedores que conviven en nuestras casas, más comúnmente en viviendas rurales; y dos, que desde siempre ha sido muy familiar la imagen del ratón en las viviendas, si no, los dibujantes no los hubieran escogido como personajes.

La prueba de esta familiarización con los roedores, por ejemplo, la tenemos en los animales de compañía que se venden en cualquier tienda de animales. Actualmente a los niños se les regala un hamster (variedad de rata domesticada) o una rata diminuta, de las creadas artificialmente para uso científico, o una chinchilla, incluso hurones (que, en algunas zonas también son plaga). Quizá esta predilección por ciertos animales elegidos como “de compañía” para el hombre es un poco cuestionable, ya que las plagas en las ciudades ¿verdaderamente se han originado de manera no artificial?. Y por otro lado: Una rata ¿es un animal de compañía? (Doméstico sí es, por supuesto, si no, no formaría plaga). ¿O es un concepto que hemos adquirido de los medio o heredado de nuestros antecesores?

Otro ejemplo de ese amor-odio hacia los animales no insectos, es el respeto y la veneración que se tiene a las palomas. Quizá también de origen religioso, ya que se identifica con el Espíritu Santo y la Paloma de la Paz. Ahora bien, las pérdidas económicas que causan dañando edificios históricos, vehículos, instalaciones industriales y viviendas no debe causarlas la paloma de la paz, ya que las pagamos nosotros. Y no se le da más importancia, incluso está prohibido en algunas comunidades autónomas la caza de palomas, ya que ha estado protegida durante muchos años. Creo que en este caso el control de plagas es fundamental y la sociedad occidental, se interpone a la regulación de población por el respeto infundado hacia el animal a lo largo del tiempo. Los técnicos sanitarios consideran las palomas como “ratas con alas”, ya que las enfermedades que causan y transmiten son más numerosas que las que pueden producir las ratas.

Por lo tanto, será fácil detectar problemas de plagas de insectos que la sociedad percibe como tales aun cuando no lo son, lo complicado será detectar otro tipo de plagas a través de la información de la población, que por causas culturales no las encuadrarán en la definición de plaga.

Otro tipo de aseveración popular, es la relación de las ratas y las cucarachas con la suciedad y el pensar que sólo los estratos marginales sociales pueden sufrir este problema por falta de higiene. De acuerdo que, tanto las cucarachas como las ratas proliferan si hay desaseo o cúmulo de basura y suciedad, pero es una condición suficiente, no indispensable. Es decir, los factores indispensables para la proliferación de sus poblaciones son la temperatura y la humedad. Esto es, en un “adosado” de una familia adinerada en el que haya calefacción en invierno, aire acondicionado en verano y un servicio de limpieza permanente, es completamente susceptible de sufrir una plaga de ratas o de cucarachas.

Pero veamos un ejemplo de esta idea en una leyenda o historia popular (que también refleja el sentir de la sociedad) de la mascota engañosa, que Díaz G. Viana, L. (2004) señala como una anécdota que le cuenta un estudiante de la Universidad de Salamanca (un contexto nada rústico, señala), como un hecho real: “Una pareja joven de Madrid se fue de viaje turístico a la India y, allí, cuando estaban en el río Ganges, un perrillo empezó a seguirles. Le habían dado alguna sobra de comida y ya no dejaba de ir tras de ellos. Pasaron los días y se encariñaron con él, así que al tenerse que venir a Madrid lo ocultaron en una especie de fiambrera o cesto de mimbre y se lo trajeron en el avión. Nadie les dijo nada y se lo llevaron a su casa. Al cabo de unos días notaron que el animal se comportaba de una forma huidiza con los perros de los vecinos, que se iba a un rincón o arañaba las paredes. Preocupados por si estaba enfermo, lo llevaron al veterinario. Y entonces éste, después de reconocer a la mascota durante un buen rato se lo dijo: El animal está perfectamente, lo que le pasa a su perro es que no es un perro, sino una rata gigante de Ganges”. En todas las versiones que el autor comenta, la sorpresa desagradable final es una rata.

El relato anterior también se puede interpretar como el miedo que todos tenemos a lo desconocido, esto es, literalmente del texto, “todo lo que venga del extranjero será malo”. Y se puede aplicar perfectamente al concepto de plaga . Que el hombre se haya tenido que enfrentar a lo largo de toda su historia con unos animales que le han molestado, han perjudicado sus cosechas y le han degradado sus viviendas, le hace pensar que no es capaz de dominar todo lo que tiene alrededor. Máxime, si con todos los medios físicos, químicos y tecnológicos que tiene hoy día a su alcance los animales que forman plagas urbanas, aun siguen causándole daños económicos. Como dice Melic, A. (1997), “En contra de la idea generalizada de pobreza faunística, el ecosistema urbano es rico en especies, especialmente en artrópodos. La ciudad es un laboratorio ecológico y evolutivo”. El espacio del hombre por excelencia, la ciudad, está dominada en silencio por los animales, y esa “idea generalizada” de que no hay “bichos” en las ciudades sólo sirve para no enfrentar el problema. Y las plagas se estudian, se intentan controlar, en unas ciudades, en otras, en campos de cultivo, en instalaciones, en pueblos... Pero los animales siguen evolucionando y aprovechando las oportunidades que el hombre les da y eso nunca se va a poder controlar artificialmente; por más que el hombre ponga “barreras históricas y culturales” para rechazar lo que no puede dominar: Lo que no conoce al 100 %.

Conclusiones

La versatilidad del hombre y por consiguiente de la ciencia que lo estudia, la antropología, es tal, que cualquier aspecto que se desee analizar que concierna la especie humana puede abordarse desde una perspectiva antropológica. Llegando a concretar bastante el tema, pues las ramas de esta disciplina son de tal riqueza, que dentro de ella, proporciona diferentes puntos de vista.

Mi investigación, por lo tanto, se verá enriquecida, al menos al situar histórica y culturalmente el problema, por la etnozoología y más concretamente por la etnoentomología. Desde luego que este ramal contiene materias muy interesantes que no se han tratado en este trabajo, como el papel cultural de los insectos en la religión, la medicina, los mitos, la música, el arte, la literatura, etc. (Medeiros, E. 2002). Y, por supuesto, que, desde el punto de vista biológico, tampoco analizado aquí, se podría afrontar el tema desde una visión de la ciudad como ecosistema (Melic, A., 1997). Pero son dos aspectos que no influyen en la perspectiva social que deseo que tome mi investigación.

La antropología ecológica, resulta muy próxima al problema etnológicamente, pero no pretendo enfocarlo como la “versatilidad que la humanidad ha mostrado en sus procesos adaptativos y la utilización de la cultura como factor determinante de los procesos evolutivos” (Tomé, P., 1996.); sino como la versatilidad adaptativa de los animales que forman plaga para convivir con el hombre, no porque sean más “naturales” o más listos o más evolucionados que el hombre, si no como consecuencia de la urbanización y expansión de la humanidad por todos los ecosistemas. Aunque me arriesgo a estar demasiado influenciada por mi visión “biológica” del problema.

También creo más conveniente orientar el contexto de mi tesis bajo la perspectiva de la etnozoología, para analizar los resultados que obtenga en la recopilación de información desde un punto de vista cultural, esto es, interpretar correctamente los resultados. Así, comprenderé mejor porque la sociedad rechaza los insectos, porque se relacionan las plagas con la suciedad, porque se respeta a las palomas o por qué se acogen hamters en las familias. Quiero decir, la visión de la antropología cultural aplicada a los animales, me ayudará a comprender los resultados de los datos. Al menos, si me encuentro con conclusiones u observaciones que a mis ojos pueden parecer descabelladas, por mi formación científica, ahora ya sé que pueden tener una interpretación cultural.

Considero que este curso ha sido muy positivo para mi formación transdisciplinar, pues me ha aportado herramientas nuevas de conocimiento para solucionar más correctamente el conflicto ambiental / social que me concierne personalmente por mi trabajo; además de ayudarme a entender por qué razones las plagas pueden ser un problema social y cultural. Desde luego, que sumando la formación de las clases, junto con la realización de este trabajo, se han cumplido los objetivos que señalé al principio del mismo.

Para concluir, señalar un texto que refleja la complementación que deberían de tener las ciencias sociales con las ciencias biológicas, que personalmente estoy experimentando con este doctorado gracias a asignaturas como la antropología social, y que califico como la situación ideal para abordar problemas medioambientales: “La dimensión biológica en el estudio del hombre produce a menudo perplejidad. Produce perplejidad a los biólogos cuando esta dimensión adopta una posición muy modesta y se prescinde de los conocimientos biológicos para interpretar fenómenos humanos. [...] Nadie duda de la dimensión biológica del hombre, pero hay planteamientos que ponen en entredicho su poder explicativo más allá de procesos mecanicistas estrictamente biológicos. [...] Un paseo por las interfases (de las ciencias biológicas y sociales) nos puede ayudar a entrever las dificultades de mejores aproximaciones entre las ciencias y reconocer cuánto hay de elementos epistemológicos, cognitivos o personales que puedan entorpecer las interacciones”.

Referencias

  • Clément, D. “The historical foundations of ethnobiology (1860-1899)” Journal of Ethnobiology, 18(2): 161-187. 1998.

  • Descola, P. “Estrutura ou sentimento: A relação com animal na Amazônia”. Mana, 4(1):23-45. 1998.

  • Días G. Viana, L. “La mascota engañosa: Miedos de ida y vuelta en la era de la globalización”. En La ciudad es para ti”Ortiz García, C. (Eds.) Anthropos.Barcelona. 2004. (p.299 y 300).

  • Escobar Beron, G. “Etnoentomología”. Insectarium Virtual. 2005.<http://www.insectariumvirtual.com/reportajes/etnopdf/htm/etno.htm> [Consultada el 5 de Abril de 2005].

  • McNeill, W. H. “Plagas y pueblos”. Siglo XXI editores. Madrid. 1976.

  • Medeiros Costa-Neto, E. “Manual de Etnoentomología” p. 18. Ed. Sociedad Entomológica Aragonesa. Zaragoza. 2002.

  • Melic, A. “Entomología urbana”. Los artrópodos y el hombre. Bol. SEA, 20. Zaragoza. 1997. (p. 293-300).

  • Reverte Coma, J. M. “Introducción a la antropología médica”. Museo de Antropología Médico-Forense, Paleopatología y Criminalística.13 de Mayo de 2003. <http://www.ucm.es/info/museoafc/loscriminales/antropologia/antropologiamedica.html> [Consultada: 4 de Abril de 2005].

  • Robinson, W. H. “Urban Entomology” Chapman & may. Londres. 1996.

  • Rotella, M. The óbice of the infinite in the small: Re-visioning the insect-human connectión”. Publishers Weekly New York: 11-11-2002. Vol. 249. p.55-56.

  • Tomé Martín, P. “Antropología ecológica”. Ed. Diputación Provincial de Àvila. Institución Gran Duque de Alba. Ávila. 1996. (p.16).

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