Ética

Ética kantiana. Aristóteles. Epicuro. Tomás de Aquino. Hume. Nietzsche. Sartre. Nihilismo

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ética

Disciplina que trata de la valoración moral de los actos humanos, además de conjunto de principios y de normas morales que regulan las actividades humanas. Del griego «ethos», el término ética equivale etimológicamente al de moral (del latín «mos, moris»: costumbre, modo de comportarse); sin embargo, el uso parece asignar a este segundo término una connotación teológico-religiosa, atribuyendo al primero otra más filosófica, o bien reserva el de moral para la moral práctica o vivida, mientras que designa con el de ética la reflexión sistemático-filosófica sobre dicha moral. Como filosofía moral, la ética habla del comportamiento humano bueno o malo; sin embargo, también apunta a aquella fuerza moral a la que aluden expresiones como moral elevada o alta y moral baja, que se manifiesta en sentimientos, inclinaciones y pasiones que a veces ciegan, pero cuya ausencia lleva a un estar sin moral, a la falta de esperanza, a la «acedia» de los medievales, esto es, a la pereza radical, al tedio y al hastío. La moral ha de empezar como ética antropológica (enraizada en la misma estructura del hombre: estructura moral de libertad, autenticidad y responsabilidad); sólo después vendrá la ética normativa que evalúe contenidos morales; sin embargo, ésta nunca ha sido única, sino que ha estado determinada por el criterio adoptado como norma: en la ética teleológica, el fin (que pudo ser a su vez el bien moral, en la ética de la virtud, o el bien supremo: ya fuese la felicidad, en el eudemonismo, o Dios, en la ética teológica); en la ética deontológica kantiana, el «deber» (el dictado de la conciencia y la buena voluntad), etc. Aún de forma inconsecuente (la conciencia del deber implica una dimensión social), el individualismo acompañó a la ética kantiana, provocó la reacción de Hegel y exige aún hoy buscar una ética civil de convivencia: aunque no puede suprimirse el pluralismo práctico de morales vividas, ha de convenirse en unos mínimos comunes a todo ciudadano (esto es, los mínimos propios de la convivencia democrática), jurídicamente establecidos por la constitución, de modo que el teórico de la moral pasa de la ética filosófica a la filosofía del derecho. Más sutil que tales reduccionismos ha sido sin duda el de la metaética (discurso sobre el discurso ético), que sustituye la ética por la lógica del lenguaje moral y por el análisis lingüístico del mismo. Pero el hallazgo de la dimensión pragmática del lenguaje mismo (cuyos juegos resaltó Wittgenstein) abre una comprensión ética del juego del discurso y de la acción comunicativa. Con Habermas y Appel (y sobre fondo de hermenéutica heideggeriana) surge, así, la fundamentación pragmática trascendental de dicha acción comunicativa a partir de una estructura anticipante del hombre: en el sentido de que todo acto de preguntar o de argumentar de forma ética supone (como condición misma del diálogo) una norma comunitaria al respecto. Aunque parezca que se reincide en la ética utópica, no se trata aquí de una realidad alternativa empíricamente posible (como en las utopías clásicas), sino de una anticipación contrafáctica, o idea regulativa kantiana no individualista. Por eso es preciso redescubrir al hombre, mediante una antropología ética, como un ser radicalmente moral, ético, y buscar en el diálogo con los otros (continuación del propio intradiálogo) un contenido moral, regla, modelo, virtud, «ethos», deber, valor, del que se pueda dar razón no como algo superpuesto a la condición humana, sino como proyecto que ésta, anticipándose, es y cuya realización requiere fuerza moral (la moral elevada que sustituya a un estar sin moral).

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Kant, Immanuel

(Königsberg, 1724-id., 1804) Filósofo alemán. De familia modesta, fue educado en el seno de la secta pietista, uno de cuyos miembros, M. Knutzen (discípulo de Wolff), fue profesor suyo en la universidad. Preceptor desde 1746, se doctoró en 1755 con el trabajo «Acerca del fuego» y, en 1770, fecha que separa el período precrítico y el período crítico de su pensamiento, era profesor ordinario de lógica y de metafísica.

Trabajador ordenado y metódico (sólo dejó su horario riguroso el día en que se enteró de los primeros éxitos de la Revolución francesa), cuenta con una prolífica producción, cuyas primeras obras son «Reflexiones sobre la verdadera naturaleza de las fuerzas vivas» (1746), «Historia natural y teoría general del cielo» (1755) y «Los sueños de un visionario explicados por los sueños de la metafísica» (1766). Su filosofía crítica se inició con la disertación «Sobre la forma y los principios del mundo sensible y del inteligible» (1770), cuyo programa (determinar el origen del conocimiento humano y limitar el uso de los conceptos) fue llevado a cabo en sus obras más conocidas: la «Crítica de la razón pura» (1781 y 1787), la «Crítica de la razón práctica» (1788) y la «Crítica del juicio» (1790). Otras obras relacionadas con la primera y la segunda de estas tres críticas son, respectivamente, «Prolegómenos a toda metafísica futura que haya de presentarse como ciencia» (1783) y «Fundamentación de la metafísica de las costumbres» (1785). Asimismo, el intento de síntesis que la tercera crítica supone, se vuelve a dar en el llamado «Opus posthumum». También escribió «La religión en los límites de la simple razón» (1794), «Proyecto para una paz perpetua» (1795), «Metafísica de las costumbres» (1797), «Antropología» (1798) y «Lógica» (1800).

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Kant (Immanuel){Biografía} {Filosofía} Nació en Königsberg el 22 de abril de 1.724. Es posiblemente el mayor pensador de la Edad Moderna. Su doctrina, en cualquier caso, ha sido decisiva para el rumbo de la Filosofía posterior. Su vida transcurrió en su ciudad natal, de la que casi nunca salió llevando una existencia más bien difícil y modesta aun cuando llegó a alcanzar bastante renombre. Su Critica de la razón pura apareció en 1781, y diez años después "se cuentan casi 200 escritos sobre su filosofía". El propósito de Kant era mediar entre las posiciones encontradas de sus predecesores: su filosofía quería ser crítica. Trató, en suma, de confirmar la validez objetiva del conocimiento defendida por el racionalismo, pero limitó esta validez al mundo de los fenómenos, aceptando así, del empirismo, la subjetividad del conocimiento. Hume había señalado dos tipos de juicios: analíticos a priori y sintéticos a posteriori, que Kant estimó insuficientes para fundamentar la ciencia. Los primeros no añadían nada nuevo al conocimiento, sólo lo explicitaban; los segundos no eran universales y dependían de la experiencia. Su investigación consistió en buscar juicios sintéticos a priori. Por ser sintéticos, añadirían nueva ciencia; por ser a priori tendrían validez universal. Toda su investigación se dirigió a la búsqueda de estos elementos a priori, en la sensibilidad y en el entendimiento humano. Los elementos a priori de la sensibilidad eran el espacio y el tiempo. Para Kant, uno y otro no eran realidades objetivas, sino formas subjetivas del conocimiento sensible, el cual se componía de una materia informe que nos llegaba desde fuera y a la que nuestra sensibilidad les daba la forma espacio-temporal. Era, diríamos, el modo humano de percibir las cosas. Por tanto, ya desde el primer momento no percibimos la "cosa en sí", el noúmeno, sino la "cosa en mí", el fenómeno. Toda la elaboración posterior de nuestro saber arranca de aquí: podíamos tener ciencia cierta de los fenómenos, pero debíamos renunciar a conocer la cosa en sí, renunciar a la metafísica. En su Crítica de la razón práctica (1.788), Kant planteó el saber moral, que también debía reposar, para ser universalmente válido, en principios a priori. La obligatoriedad de la ley moral radicaba en su forma, no en su contenido. Era el imperativo categórico: "obra siempre de tal modo que la norma de tu acción pueda tener validez universal". Las ideas de alma y de Dios debían ser admitidas como postulados de la razón práctica. El hombre tenía que ser libre. De otro modo carecería de sentido el imperativo categórico, si debemos ser libres es porque podemos serlo. Ello exigía una recompensa, que no se alcanzaba en la vida. Era necesaria la inmortalidad. Por último, todo lo anterior tampoco tendría sentido sin la existencia de Dios, un ser justiciero, distribuidor de recompensas y castigos. De este modo, el orden moral debía ser aceptado, pero había que renunciar a conocerlo. En la tercera de sus grandes obras, Crítica del juicio (1.790), consideró el juicio como una facultad intermedia entre el entendimiento y la razón, es decir, constituía el puente entre lo fenoménico y lo trascendente. El paso se realizaba a través del "juicio reflexionante", tanto "estético" como "teológico". El examen del juicio estético revelaba los elementos a priori del sentimiento. La investigación estética conjugaba la espontaneidad y la libertad con la universalidad exigida por una rigurosa apreciación de la belleza. El problema se resolvía con la "finalidad sin fin": la finalidad de la obra de arte no era objetiva, porque no pertenecía a la obra de arte misma, sino al espectador que la apreciaba, es decir, era una finalidad subjetiva. La profundización de su filosofía crítica, expuesta en las obras citadas, la realizaba Kant en el opúsculo Sobre un descubrimiento, según el cual toda nueva crítica de la razón pura debía ser hecha inútil por otra más antigua (1.790), en el que subrayaba la originalidad de su doctrina respecto a Leibniz; en Metafísica de las costumbres (1.797) y en la incompleta Tránsito de los principios metafísicos de la ciencia natural a la Física. Las principales corrientes filosóficas de los siglos XIX-XX, sobre todo el idealismo alemán (Fichte, Schelling, Hegel), son deudoras de los planteamientos kantianos. El idealismo trascendente de Kant basó el conocimiento no en lo dado a nosotros, sino en lo puesto por nosotros. Murió el 12 de febrero de 1.804.

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kantismo

Doctrina filosófica de Kant y de sus continuadores. El pensamiento de Kant ha influido en todo el pensamiento posterior y su crítica subyace en los movimientos filosóficos contemporáneos. «La Crítica de la razón pura» suscitó impugnadores (sobre todo wolfianos y empiristas ingleses, entre los que cabe destacar a Eberhard, Weishaupt, Reinhold, Maimon, Schulze, Jacobi, Bardili y Herder) y defensores (como sus discípulos Schmid, Jakob, Tittel y Beck). Sin embargo, el kantismo más fecundo fue a la vez continuación y superación del criticismo (en relación sobre todo con el tema de la «cosa en sí»), como demuestran los grandes sistemas metafísicos de Fichte, Schelling y Hegel.

La revalorización del pensamiento kantiano de fines del s. XIX engloba a diversos pensadores, reunidos bajo la denominación de neokantismo (escuelas de Baden y de Marburgo). Apenas conocido antes, el kantismo llegó a España a principios del s. XX de la mano de Ortega y Gasset y, sobre todo, de García Morente, quien tradujo las «Críticas» y la «Fundamentación de la metafísica de las costumbres».

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Aristóteles

(Estagira, 384-Calcis, 322 a.J.C.) Filósofo griego. Hijo del médico real de Macedonia, estuvo veinte años en la Academia de Platón, primero como discípulo y luego como investigador y como tutor. Candidato a ser el sucesor del maestro, el nepotismo de la elección de Espeusipo le impulsó a marchar a Assos (Asia Menor), donde escribió su diálogo «Sobre la filosofía» (la «carta de Assos») y fundó un centro de estudio bajo la protección de su amigo Hermias, gobernador de Atarnea, con una de cuyas parientes, llamada Pitias, se casó. Muerto Hermias, capturado y crucificado por el sátrapa Mentor, partió hacia Lesbos como huésped de Teofrasto; fiel a la amistad, compuso la «Oda a la virtud», en memoria de Hermias y por la que veinte años después sus enemigos intentaron procesarle por impiedad. Aceptó luego de Filipo II de Macedonia el cargo de preceptor de Alejandro (de 13 años), quien siempre conservaría un gran respeto por su maestro, le apoyaría económicamente e incluso le mandaría desde el Indo ejemplares de la fauna y de la flora de su imperio. Aristóteles se había trasladado mientras tanto, de nuevo, a Atenas y había fundado el Liceo, donde enseñaba paseando, de ahí el nombre de escuela peripatética. Seguía sus investigaciones y análisis de datos, correspondientes a los más diversos campos (arte dramático, constituciones políticas, deportes olímpicos, zoología), y elaboraba una veintena de obras. Sin embargo, al morir Alejandro (a los 33 años), el clan de Demóstenes (autor de «las Filípicas» y, por lo tanto, enemigo de Aristóteles) se envalentonó y el Estagirita volvió a decidir su partida, para «ahorrar a los atenienses un segundo atentado contra la filosofía» (el primero lo habían cometido con Sócrates). Al año siguiente, moría en Eubea de úlcera de estómago. Escondidas en una bodega, para protegerlas de los proveedores de Pérgamo, sus obras fueron olvidadas. Descubiertas por azar, ordenadas y editadas por Andrónico de Rodas en la Roma de Cicerón, redescubiertas como totalidad en la Edad Media por los árabes, cristianamente interpretadas (bautizadas) por los tomistas y neoescolásticos, relegadas por los modernos, éstas han sido definitivamente rehabilitadas a partir de Hegel. De ellas, la tradición ha recogido con el nombre de Órganon las obras de lógica: «Categorías», «De la interpretación», «Primeros y Segundos analíticos», «Tópicos» y «Refutaciones de los sofismas». Además de «la Retórica», de «la Poética» (en parte) y de «Sobre el alma», la antropología de Aristóteles comprende «la Ética a Eudemo», «la Ética a Nicómaco», «la Política» y «la Constitución de Atenas». Sus obras sobre la naturaleza son: «Del cielo», «De la generación y corrupción», «los Meteoros», «la Mecánica», «De las partes de los animales», «De la generación de los animales», «Sobre el caminar», «Sobre el movimiento», etc. Los varios libros de «la Física» y de «la Metafísica» fundamentan y coronan el conjunto. Gracias a él, sabemos de la ciencia positiva de la época y de los trabajos y concepciones de sus predecesores y contemporáneos. Aristóteles aporta siempre agudas y originales observaciones y no pocas de sus adquisiciones lo han sido de las ciencias naturales de todos los tiempos, algunas, incluso, no confirmadas hasta el s. XIX. Describió unas 400 especies, de las que disecó unas cincuenta; distinguió entre animales sanguíneos (vertebrados) y exangües (invertebrados); clasificó a los murciélagos como mamíferos; describió la vida social de las abejas; distinguió entre insectos dípteros e himenópteros y entre rocas y minerales y aportó la noción capital de especie. Clasificador y analista universal (de regímenes políticos, de géneros literarios, de categorías y de modos de razonar e, incluso, del ser y de las causas) y tan atento al fenómeno del lenguaje como reticente con los abusos del habla, Aristóteles se planteó además y sobre todo las grandes cuestiones de fondo: la estructura de la materia, la organización de la vida, el poder del espíritu y sus límites, la libertad del hombre y su sentido y la trascendencia misma de la divinidad y su misterio.

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Epicuro

(Samos, según una tradición, o Atenas, según Diógenes Laercio, 341 a.J.C.-Atenas, 270). Filósofo griego que creció en Samos, donde su padre, colono ateniense, era maestro. Discípulo de Pánfilo (en Samos) y de Xenócrates (en Atenas, 323), enseñó en Mitilene, en Lámpsaco y en Atenas, donde abrió una escuela en un jardín. De sus muchas obras sólo se conservan tres cartas (a Heródoto, a Pitocles y a Meneceo) y ochenta aforismos (en un manuscrito vaticano descubierto en 1822). Los caminos para entrar en la ciencia (que eran introducción psicológica para la filosofía) constituyen la Canónica, y su descripción de la naturaleza se basa en el atomismo de Demócrito, en cuyo total determinismo introduce un germen de libertad mediante el «clinamen» (libertad tan sólo inmanente y cuya tarea estriba en llevar a la felicidad mediante un uso racional y mesurado del placer). Lejos de ser hedonista, Epicuro da a la prudencia un papel decisivo para poder alcanzar la ataraxia (placer que no acarree luego dolor) y prohíbe toda ostentación del individuo, el cual ha de replegarse sobre sí para mantenerse «libre» en su interior.

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Tomás de Aquino

(Roccaseca, 1224-Fossanuova, 1274) Teólogo y filósofo italiano. Oblato en Montecassino (1230), estudió artes y teología en Nápoles (1239) y entró en el noviciado de los dominicos (1243). Fue raptado durante un año por su propia familia, que no consiguió cambiar su decisión. La orden le envió en 1245 a París y luego a Colonia, ciudades en las que fue discípulo y amigo de Alberto Magno, también dominico y abierto al nuevo saber greco-árabe. De retorno a París en 1256, obtuvo con su «Comentario al libro de las Sentencias de P. Lombardo» el grado de maestro en teología, regentó una de las dos cátedras reservadas en la universidad a los dominicos y redactó sus primeras grandes obras: el «Comentario al libro Sobre la Trinidad de Boecio», los opúsculos «Sobre el ente y la esencia» y «Sobre los principios de la naturaleza», las importantes «Cuestiones disputadas acerca de la verdad» y el libro primero de la «Suma contra los gentiles».

En 1259 fue llamado a Italia como teólogo papal (con estancias sucesivas en Agnani, Orvieto, Roma y Viterbo). Además de enseñar en el estudio general de los dominicos, siguió con su inmensa producción escrita: acabó la «Suma contra los gentiles», elaboró diversas «Cuestiones quodlibetales y disputadas» («Sobre la potencia», «Sobre el mal» y «Sobre la unión del Verbo encarnado») e inició en 1267 la redacción de su obra cumbre, la «Suma teológica», que continuaría en París, tras ser llamado allí de nuevo para mediar en las rencillas académicas entre clero secular y órdenes religiosas (franciscanos y dominicos) y, sobre todo, para contrarrestar el aristotelismo averroísta que dominaba en la facultad de artes. Durante este período, escribió «Sobre la unidad del intelecto», contra los averroístas, y «Sobre la eternidad del mundo», contra los que la propagan, prosiguió la elaboración de la «Suma teológica» e inició sus comentarios a Aristóteles (comenzó con el «De la interpretación»). Enviado a la Universidad de Nápoles (1272-1273), continuó sus comentarios a Aristóteles y comenzó la redacción de la tercera parte de la «Suma teológica», que dejaría inacabada.

Tras una crisis, entre mística y depresiva (durante la cual quiso quemar todas sus obras, por parecerle inadecuadas como expresión de lo divino), en 1274 fue llamado al Concilio de Lyon, en camino hacia el cual murió. Si su obra es inmensa, no lo es menos su sistema de pensamiento, un descomunal esfuerzo de síntesis entre la tradición (no sólo agustiana, sino también neoplatónica: recuérdese el claro esquema neoplatónico de la misma «Suma teológica») y el aristotelismo entonces en boga, entre voluntarismo e intelectualismo (pese a que suela caracterizarse el tomismo como puro intelectualismo) y entre la seriedad del esfuerzo de la razón (una «ratio fidei» tan agustiniana como anselmiana) y las exigencias de la sobrenaturalidad de la fe revelada. En cuanto a su «aristotelismo», cabe decir que el Aquinate aristoteliza ciertamente la teología cristiana, pero también que para ello cristianiza, no en menor medida, a Aristóteles (de modo que éste difícilmente podría reconocerse en el aristotelismo tomista).

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Hume, David

(Edimburgo, 1711-íd., 1776) Filósofo británico. Tras estudiar derecho, realizó un viaje a Francia (1734-1737). Volvió a Londres y fue más tarde conservador de una biblioteca de Edimburgo (1752-1769). Nombrado secretario de embajada en París (1763), alternó con los enciclopedistas, sobre todo con J. Rousseau, aunque pronto surgirían divergencias entre ambos. Regresó a Londres, donde fue subsecretario de Estado (1767-1769). Heredero de la psicología de Locke, del nominalismo de Berkeley y de determinados aspectos del ocasionalismo, elaboró una teoría empírica del conocimiento que sirvió de base a una concepción utilitarista de la vida social y política. Según él, a partir de las sensaciones y de sus asociaciones surgen todas las ideas humanas. El resto (Dios, la causalidad, la realidad del mundo exterior) sólo es creencia.

Para Hume, la inferencia causal es inverificable: únicamente la experiencia puede proporcionar la conexión causa-efecto. La universalidad y la evidencia demostrativa sólo se dan en la matemática, que analiza relaciones formales entre ideas. No hay ni verdad absoluta ni moral absoluta. La moral de Hume está basada en la combinación del impulso egoísta y el altruista. El gobierno, el Estado, las conveniencias sociales sólo son convenciones útiles como ficciones. Hume es autor de «Tratado sobre la naturaleza humana» (1739-1740), «Ensayos morales y políticos» (1741-1742), «Ensayos sobre el entendimiento humano» (1748), «Investigación sobre los principios de la moral» (1751), «Disertaciones políticas» (1752), «Histora de Inglaterra» (1754-1762) y «Diálogos sobre la religión natural», obra publicada póstumamente (1779).

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Scheler

(Munich, 1874-Frankfurt del Main, 1928) Filósofo alemán. De origen judío, fue bautizado católico a los catorce años, aunque acabó apartándose de la fe. Fue profesor en Jena, en Munich (donde presentó su tesis, en 1907, que le habilitaba para la docencia) y en Colonia. Crítico del sociologismo de Durkheim, su pensamiento está en la base de la sociología del conocimiento y del personalismo. Es el creador de la filosofía de los valores. Autor de obras como «El resentimiento en la moral», (1912), «Ética», (1913-1916) y «De lo eterno en el hombre», (1919), otros títulos a destacar son: «Escritos para la sociología y teoría de la concepción del mundo» (1923-1924), «El puesto del hombre en el cosmos» (1928) y «La idea de la paz perpetua y el pacifismo» (1931).

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Nietzsche, Friedrich

(Röcken, 1844-Weimar, 1900) Filósofo alemán. Hijo y nieto de pastores protestantes, en 1869 era catedrático de filología clásica en Basilea y en 1872 publicó su primera obra, «El origen de la tragedia», en la que se exalta la música de Wagner. A partir de 1874 (en que fue nombrado decano de su facultad por dos años), sufriría enfermedades continuas, que, tras publicar sus cuatro «Consideraciones extemporáneas» (1873-1876), le forzarían en 1879 a dejar la docencia; residió desde entonces en diversas ciudades: Marienbad, Rapallo, Roma, Niza, Venecia, Turín y Sils María. En 1876 inició su etapa «ilustrada» (de admiración por Voltaire, de relativa defensa de la ciencia como arma antimetafísica y de afán por desenmascarar el concepto tradicional de virtud), en la que rompió con Wagner y publicó «Humano, demasiado humano» (1878), «Auroras» (1881) y «La gaya ciencia» (1882). Entre 1883 y 1885 elaboró su «Así hablaba Zaratustra». En su última etapa (o de madurez) recobró los temas de juventud (destrucción de la moral y de la filosofía occidental), como muestran «Más allá del bien y del mal» (1886) y «La genealogía de la moral» (1887), y publicó «El caso Wagner» (1888), «El ocaso de los ídolos» (1889) y «El Anticristo» (1896).

En 1889 sufrió un colapso en Turín y fue hospitalizado en Jena. Se hicieron cargo de él su madre y, a la muerte de ésta, su hermana, quien le acogió en su casa de Weimar. Nietzsche no volvió a hablar, aunque algunas veces dio señales de inteligencia. Otras obras preparadas por él aparecieron en vida («Nietzsche contra Wagner», 1896) o tras su muerte: «Ecce homo» (1908) y el conjunto de aforismos y de fragmentos (cuya edición preparó su hermana, sin excesivo escrúpulo por ser fiel a los manuscritos) conocidos como «La voluntad de poder», cuya primera parte se publicó bajo el título de «El nihilismo europeo).

La aportación nietzscheana estriba en plantear una duda radical (lo que se ha llamado «la filosofía de la sospecha») respecto de los principales problemas filosóficos de nuestra civilización: crítico de Kant y de Schopenhauer, de quien fue deudor en sus inicios, y desmitificador de toda verdad, incluida la científica (pues la verdad se opone a toda novedad y mata el poder de invención que caracteriza al ser humano del que surgirá el «superhombre»), Nietzsche aclamó la desmesura dionisíaca frente a la razón apolínea, y criticó la metafísica y la moral (porque asimilan el ser al pensamiento, separan alma y cuerpo y olvidan el único mundo verdadero: el mundo presente, el de la apariencia, que es el mundo del eterno retorno, un mundo para vivir en el cual, y para amarlo, se precisa una «Umwertung» o contravaloración).

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Tomás de Aquino (Santo){Biografía} {Religión} Nacido en 1.225, en el castillo familiar de Rocaseca, en Nápoles, fue el séptimo de los hijos varones de Landolfo de Aquino y Teodora de Teate. Sus padres le enviaron al monasterio benedictino de Montecassino. Las vicisitudes políticas de la época aconsejaron trasladarle a Nápoles, en donde Tomás estudió Artes y conoció el espíritu de la Orden dominicana. Le atrajeron las tres vertientes de los predicadores: el estado religioso, la enseñanza y el estudio. Ingresó furtivamente en la Orden, sin que lo advirtiera su familia (1.244). Después de haber completado su noviciado en Bolonia y París, fue secuestrado por sus hermanos y conducido a Rocaseca, en donde le forzaron para que vistiera el hábito benedictino o volviera al estado seglar. Tomás escapó y huyó a Nápoles (1.245). En 1.247 fue enviado al Estudio General de París y después al de Colonia, en donde conoció a su maestro, San Alberto Magno, y en donde se ordenó sacerdote. Comenzó entonces su vida de docente en diversas capitales europeas. Es un momento en el que la tensión universitaria se centraba en torno a la oposición de los profesores seglares a que los religiosos y eclesiásticos ocupasen cátedras universitarias. Con todo, fue admitido en la cátedra de Teología de París. Su prestigio en todos los órdenes llevó al rey de Francia, San Luis IX, a nombrarle su consejero. A partir de 1.259 residió durante nueve años en Italia, de donde fue nombrado Predicador general de la Orden. Como profesor del Estudio General Pontificio y consultor teológico del Papa, se vio obligado a residir en las ciudades donde se establecía la Corte pontificia. Durante su estancia en Roma, fundó un estudio general en el convento de Sta. Sabina. En 1.268 regresó a París, ocupando su antigua cátedra de Teología. Pero la tensión universitaria aumentaba y, debido a una huelga estudiantil prolongada, sus superiores le enviaron de nuevo a Italia como profesor de la Universidad de Nápoles (1.272). El 5 de diciembre de 1.273, al acabar de celebrar la misa, sufrió un cambio importante. A partir de entonces se negó a dictar a sus amanuenses y dejó inconclusa su magna obra: la Suma teológica. Sus superiores temieron que hubiera caído en un agotamiento completo y le enviaron a descansar al castillo de San Severino, propiedad de su hermana Teodora. Su salud no mejoró y volvió a Nápoles. Se le insistió para que completase la suma pero él confesó a su secretario: "No puedo. Después de lo que Dios se dignó revelarme, todo lo que he escrito me parece demasiado poco". Murió poco después, en el convento de Fosanova, camino del concilio II de Lyón. Tomás fue una de las mentes más brillantes de todos los tiempos. Sus escritos se caracterizan por el orden y la claridad, y a la vez son el mejor argumento de la profundidad y amplitud de sus conocimientos. A esto unía un inmenso amor a Dios y su vocación de sacerdote. Dotado de una increíble capacidad de trabajo, toda su obra escrita se dirigió en último término a explicar a los hombres la naturaleza divina, enseñanza que nadie ha conseguido superar hasta la fecha. Doctor de la Iglesia, fue canonizado el 18 de julio de 1.323. No se conservan todas sus obras, que pueden dividirse en comentarios y personales. Los comentarios son: escriturísticos, filosóficos y teológicos. Las personales se dividen en mayores (Suma contra gentiles) y (Suma teológica) y menores u opúsculos, de índole teológica y filosófica. Su pensamiento especulativo se inició desde el conocimiento de las realidades reveladas por Dios. Su teología comenzó con el estudio de las fuentes de la Revelación y de la Teología elaborada anteriormente. En Tomás, Filosofía y Teología aparecen unidas no confundidas, en una armonía, cuya finalidad última es teológica. Tomás distinguió un doble conocimiento: natural y sobrenatural. Concibió la Teología como el conocimiento científico de la fe. La principal fuente de la Teología de Tomás fue la Sagrada Escritura. Utilizó las citas de los Padres de la Iglesia como autoridad documental. Las referencias al magisterio de la Iglesia fueron también numerosas. La influencia de Tomás en la Filosofía y en la Teología fue extraordinaria. El conjunto de la doctrina filosófico-teológica contenida en sus escritos se conoce como tomismo, término que en sentido amplio abarca la doctrina de los que desde el siglo XIII han tratado de defender, interpretar, desarrollar y sistematizar las enseñanzas filosófico-teológicas de Tomás. Murió en Fosanova el 7 de marzo de 1.274.

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Epicuro{Biografía} {Filosofía} Nació en Samos en el año 341 a. de C. Filósofo griego, hijo de un maestro de escuela. Vivió en Atenas, Colofón y Lampsaco. A su regreso a Atenas, fundó la denominada Escuela del Jardín. Su personalidad resultaba atrayente: consecuente con sus doctrinas, según las cuales la felicidad consiste no en el placer de los sentidos, sino en la paz de la mente y en la liberación de las necesidades, Epicuro, apartado de la vida política, fue un hombre desinteresado, de trato suave, que mantuvo un alto concepto de la amistad, virtuoso y morigerado. Murió de una enfermedad renal, en medio de la general estimación de sus conciudadanos. Generalmente se suele aplicar el adjetivo "epicúreo" en un sentido peyorativo, contraponiéndolo al estoicismo, doctrina que aparece como rival y cuyo más destacado representante es el español Séneca. Sin embargo, esta apreciación no se mantiene en pie, si se considera a fondo la doctrina epicúrea. Basada fundamentalmente en el atomismo de Demócrito, el epicureísmo no destacó tanto en el aspecto metafísico como en el ético; se trataba de una filosofía práctica, en la que resonaban las intenciones socráticas. De este modo, la preocupación por los temas lógicos o por la filosofía de la naturaleza cobraba su cabal sentido en cuanto preparación para elaborar los principios de una vida moral. De Epicuro han llegado hasta nosotros unos pocos fragmentos de su fecunda obra, singularmente su Tratado de la naturaleza. Epicuro distinguió entre placer sensible y espiritual, y da primacía a éste. Consideró que los deseos del hombre eran naturales (tener abundante ropa), necesarios (comer y beber moderadamente) e innaturales e innecesarios (tener objetos de lujo). Los naturales no eran necesarios, los necesarios debían satisfacerse y los demás debían suprimirse. La regulación de estos deseos se conseguía mediante la prudencia, la cual conduce a la tranquilidad de ánimo y a la felicidad. Esta ética se asemejaba a la de los estoicos. Epicuro admitía tres criterios de verdad: la sensación (aplicable a la realidad presente a los sentidos), la anticipación (aplicable a los objetos no presentes a los sentidos) y la pasión (aplicable a las sensaciones placenteras o dolorosas). Respecto a sus teorías físicas, que parten de Demócrito, asignaba diferentes pesos a los átomos. Aun cuando creía que el peso era la causa de que los cuerpos cayeran en el vacío, opinaba que todos los átomos caían con igual velocidad, colisionando entre sí. Las colisiones atómicas, según Epicuro, generaban los cuerpos del universo. El pensamiento de Epicuro constituyó una de las grandes tendencias filosóficas de la época helenística, que llega hasta el siglo II, y se renueva en el Renacimiento. Murió en Atenas en el año 270 a. de C. Epicuro escribió más de 300 títulos. Sólo conservamos tres obras con certeza auténticas: las cartas a Heródoto, a Idomeneo y la

carta a Meneceo.

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Aristóteles{Biografía} {Filosofía} Nació en Estagira en el año 384 a. C. Hijo de un médico del rey Filipo de Macedonia. Ingresó muy joven en la Academia de Platón, siendo el más profundo admirador de su maestro y también su crítico más severo. Llamado a la corte de Filipo para ser preceptor de Alejandro, regresó a Atenas cuando Alejandro sucedió a su padre en el trono. Fundó entonces el Liceo y enseñó allí durante 13 años. La reacción ateniense a la muerte de Alejandro le obligó a exiliarse. Aunque la mayor parte de los escritos de Aristóteles se han perdido, su doctrina ha tenido mayor influjo en la historia que la de ningún otro pensador hasta el presente. Las más notables obras del Estagirita son el Organon, tratado de lógica; la Física; la Filosofía primera o Metafísica; Sobre el alma; los tratados de moral: Ética a Eudemo, Ética a Nicómaco, la Gran Ética y la Política; y, en fin, la Poética y la Retórica. Su división de las ciencias en teóricas, prácticas y poéticas, y sus esquemas lógicos se han mantenido durante muchos siglos y aún hoy perduran en no pocos aspectos. Contrariamente a lo que sostenía Platón, Aristóteles afirmaba que el conocimiento de las cosas no era innato, sino adquirido, y que se iniciaba a partir de los sentidos y a través de ellos. Las sensaciones originaban las imágenes, sobre las cuales actuaba el entendimiento agente para abstraer de ellas el concepto, la idea, que tenía carácter universal. El gran problema del cambio y del movimiento, que se venía arrastrando desde los eleáticos, encontró en Aristóteles una solución genial, con las nociones de potencia y acto. Frente a las nociones de "ser total""no-ser total", que no podían explicar metafísicamente el cambio, Aristóteles introdujo la noción de un "poder ser", un "ser relativo": cuando un ser cambia pasa de la potencia al acto. Así, el agua pasa del acto de ser líquida al acto de ser sólida, para el que estaba en potencia, sin que por ello haya dejado de ser agua. Al mismo tiempo, Aristóteles estableció otras tesis paralelas para explicar toda la realidad: materia y forma, esencia y existencia, sustancia y accidentes. Todas ellas eran otros tantos modos de realizarse la potencia y el acto. Precisamente por la gran trascendencia que una de estas parejas de principios, la materia y el acto, tuvieron en el desarrollo de la metafísica posterior, el sistema aristotélico se denomina frecuentemente hilemorfismo, de hylé, materia, y morphé, forma. En la investigación metafísica acerca del ser estableció Aristóteles cuatro causas: material, formal, eficiente y final. En relación con la causa final formuló los conocidos argumentos que le llevaron a postular la existencia de un "primer motor inmóvil", es decir, Dios. En su concepción política definió Aristóteles al hombre como "animal social" y fundamentó en la familia y la propiedad toda la organización social. Aristóteles concibió el Estado como un producto de la naturaleza, definiéndolo como "la comunidad de familias y tribus en orden a una vida perfecta y autosuficiente" (Política), cuyo fin era la vida feliz, la cual se alcanzaba por la virtud. En consecuencia, una buena constitución estatal había de considerar la virtud de interés público. A diferencia de Platón, Aristóteles consideró que el centro de la atención pública era la persona individual, poseedora y destinataria de todos los derechos. Aristóteles distinguió tres formas de gobierno posibles: monarquía, aristocracia y democracia. Su doctrina ética, que aplicó a sus concepciones políticas, se inspiró en la idea de fin, consistente en la felicidad como bien supremo y entendido como vida activa del espíritu, ejercicio de la libertad y amor a la sabiduría, más allá de los condicionamientos materiales (Ética a Nicómaco). La minoría intelectual y moral capaz de orientar hacia tales comportamientos había de tener una mayor participación en el gobierno. Murió en Calcis en el año 322 a. C. Hombre del justo medio y de la euritmia Aristóteles era en sus cualidades como en sus defectos un típico griego. Todos reconocen la eminencia de su genio en todas las materias.

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Sartre (Jean-Paul){Biografía} {Filosofía} Nació el 21 de junio de 1.905. Fue el más conocido representante del existencialismo francés, por haber expresado buena parte de su doctrina en obras teatrales, que han alcanzado universal resonancia: Las moscas (1.942), la primera de ellas, a la que han seguido Puerta cerrada (1.944), Las manos sucias (1.948), etc., así como en novelas: La edad de razón (1.945), La tregua (1.945), La náusea (1.938) y varias más. Su obra filosófica más importante fue El ser y la nada (1.943). Sartre, muy cerca del alemán Heidegger, afirmaba que todo lo que era estaba en acto: la esencia del hombre era la existencia, esto es, estar fuera de sí. Distinguió entre las cosas, a las que llamaba lo en-sí, que no poseían consciencia, y el hombre, lo para-sí. Mas como el ser verdadero era, según Sartre, lo en-sí, el hombre era no-ser, esto es, nada. La nada era lo específicamente humano y venía al mundo sólo por el hombre. Pero, precisamente porque el hombre era nada, era absolutamente libre. "Esta conclusión es el primero de los tres ec-tasis o salidas del hombre". La segunda salida era la aparición del para-otro: cuando queremos a otro lo queremos totalmente. Esto es imposible: era el segundo ec-tasis. En tercer lugar, el hombre, decía Sartre, buscaba siempre en el fondo el ser, porque era nada y quisiera ser. Este ser total, que sería a la vez lo en sí y lo para si, es Dios". Lo que afirmaba Sartre era que el hombre, en sus tres salidas o ec-tasis, fracasaba rotundamente: estaba condenado a una triple incomunicación existencial. Sartre comenzaba aplicando la fenomenología de Husserl a diversas esferas de la Psicología (La imaginación 1.935; Esbozo de una teoría de la emoción, 1.939; Lo imaginario, 1.940). Después de la II Guerra Mundial, se centró en problemas sociales y políticos, desde una postura marxista crítica y antidogmática (Crítica de la razón dialéctica, 1.960). El tema central de la Antropología sartriana era la libertad, que la entendía como cualidad atribuida a la esencia del hombre. Para Sartre, la relación entre esencia y existencia era distinta en el hombre y en las cosas; en el hombre la existencia precedía a la esencia. La libertad (posibilidad de hacerse a sí mismo) no era una propiedad del hombre, era su razón. La conciencia del ser libre se daba en la experiencia de la angustia. El hombre se captaba a sí mismo en el vértigo de la angustia. Según Sartre, la libertad era indeterminación, "un absurdo". Las incoherencias y equívocos del pensamiento sartriano fueron abundantes. Pretendía fundamentar el ser sobre el no ser y explicar el ser por el no ser, pero esto no era posible, porque la negación no podía constituir el inicio de nada. Identificó gratuitamente ser y fenómeno. Su negativismo ontológico se explicaba porque aceptó el rígido dualismo cartesiano (cuerpo-espíritu), transferido del plano físico-teológico al óntico-fenomenológico. Como novelista, Sartre fue decepcionante. Sus personajes fueron peleles que representaron un realismo trasnochado y pornográfico. En los cinco relatos de El muro (1.939) negó la existencia de Dios y consideró al hombre dueño absoluto del bien y del mal, pero paradójicamente describió la vida de unos seres privados de libertad y carentes de toda condición integral humana. Tal vez la clave de su contradictorio pensamiento puede encontrarse en Las palabras (1.964), confesión íntima de Sartre, condicionado por el puritanismo de su abuelo y otras circunstancias familiares, que le indujeron a marginar a Dios de su vida. Su existencialismo materialista y ateo se calificó por los filósofos más recientes como un juego de palabras ("logomaquia") inhumano y antisocial. Murió el 15 de abril de 1.980.

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NIHILISMO Y SUPERACION DE LA METAFISICA

El Rapport Heideggeriano

Raúl Villarroel

Magíster Filosofía

1.- LA CRITICA DE HEIDEGGER A NIETZSCHE

Se podría denominar "crítica" a la exégesis del pensamiento de Nietzsche y de toda la historia de la metafísica elaborada por Heidegger en una segunda etapa de su filosofía, en la que mantiene como eje referencial de su reflexión el problema del Ser, y que sigue a las tesis elaboradas en "Ser y Tiempo", como se sabe. Entre otros pensadores contemporáneos, Gianni Vattimo ha precisado esta distinción en su obra "Introducción a Heidegger", donde caracteriza este período de la reflexión sobre la metafísica del pensador friburgués como "la continuación del esfuerzo por concretar de manera extrema la analítica existencial, empeño en virtud del cual Heidegger se orienta para clarificar el sentido del ser, que era el objetivo al que tendía Ser y Tiempo".[ 1 ] En

otro texto de data más reciente, Vattimo insiste en señalar al mismo respecto: "El trabajo de Heidegger, tras el cambio de rumbo de los años 30, constituye un esfuerzo colosal para pensar de nuevo, rememorar y modificar, rebajándola, la tradición metafísica". [ 2 ]

Recordemos que Heidegger ha concebido la esencia de la metafísica revelándose como historia del ser; como el pensamiento que aun cuando se plantea el problema del ser, al mismo tiempo, lo olvida y centra su preocupación en el ente. [ 3 ] A la vez, este "error" no puede ser concebido como resultado de un acto humano sino que debe ser entendido como un acontecimiento que se vincula directamente al propio ser, razón por la cual constituye un "destino" que el hombre no puede soslayar. Por otra parte, el "olvido del ser" no es un hecho que pueda atribuirse a nuestro tiempo, ni a anteriores generaciones. De idéntica manera a como la no-verdad pertenece a la verdad, el olvido del ser, constituyente de la metafísica, concierne al ser. Tal olvido queda manifiesto en la circunstancia de que para la metafísica, el ser resulta una noción obvia, que no

tiene la necesidad de explicaciones ulteriores. Ahora, "Esto -dice Vattimo- equivale a afirmar que el ser es una noción extremadamente vaga que queda indeterminada, y es lo que afirma Nietzsche cuando comprueba que la idea de ser ya no es más que 'la emanación última de una realidad que se disuelve'". [ 4 ] Entonces, la metafísica entendida como el olvido del ser es nuestra determinación existencial en cuanto no somos sino apertura histórica al ser del ente; por ello la metafísica es, en este sentido, nuestra esencia y nuestro destino.

En efecto, Heidegger ha mostrado cómo, además, la constatación misma de la metafísica en su naturaleza de olvido del ser es también un hecho que pertenece a la historia del ser y no a un pensador determinado o a una conquista de la humanidad. El descubrimiento de la esencia de la metafísica sólo resulta posible cuando ésta alcanza su fase conclusiva; aún más, el descubrimiento se identifica con el acontecimiento mismo de su final. Podemos reconocer la esencia de la metafísica cuando esa esencia se hace manifiesta, y esto acontece sólo cuando llega a su término. Unicamente cuando la esencia de la metafísica -que es el olvido del ser- se hace presente, se puede reconocer el olvido como tal y se puede recordar lo que se había olvidado; por tanto, sólo

entonces se muestra la posibilidad de ir más allá de ella misma. Pues bien, para Heidegger, la metafísica se encuentra alcanzando su culminación en el pensamiento de Nietzsche, en la medida en que éste se perfila como el primer nihilista y la esencia metafísica no es sino el nihilismo; es decir, la historia en la cual del ser ya no queda más nada, tal como dice en su obra "Nietzsche", escrito que revisaremos en parte a continuación. Por ello Heidegger le dedicó al pensador solitario su más central atención, concediéndole con esto el lugar en la historia de la filosofía que hasta

entonces le había sido negado.

Decíamos que en esta segunda etapa es donde alcanza una gravitación significativa sobre los planteamientos heideggerianos la filosofía de NIetzsche. A tal punto esto acontece, que no se puede desconocer que opera como una suerte de factor desencadenante de su producción en el transcurso de este período. Heidegger se inscribe en el contexto nietzscheano para, desde allí, recorrer la perspectiva que, a su entender, quedó insuficientemente extendida como para haber logrado, en la figura de lo que podría ser una suerte de superación (Überwindung) [ 5 ] , esa instancia ultrametafísica que logra instalarse más allá de la condición que el propio NIetzsche

atribuyera, como su sello distintivo, a la historia del pensar en Occidente.

Podemos denominar "crítica" entonces, a la intención manifiesta de Heidegger de atravesar el pensamiento de Nietzsche y avanzar, todavía más, por la misma senda que éste ya trazara; Heidegger busca re-pensar la metafísica de Nietzsche a partir de su esencia más original, y pensar por este medio al Ser en cuanto tal. No más al Ser como Ser del ente, que es, tal como lo sostiene, la empresa inconclusa, la valla insuperada por el pensamiento de Nietzsche.

Todo lo anterior queda de algún modo manifiesto cuando Heidegger afirma en su "Nietzsche": "Ni el reconocimiento del ente en cuanto hecho elemental (es decir, como Voluntad de Poder) conduce a Nietzsche a pensar el Ser en cuanto tal, ni tampoco llega éste a pensarlo por vía de su interpretación como 'valor necesario'. Ni el pensamiento del 'Eterno Retorno de lo Mismo' lo impulsa a meditar la eternidad como instante de simultaneidad de presencia y retorno, en tanto que modo de esa misma presencia; y una y otra según su origen esencial, a partir de un 'tiempo inicial'".

[ 6 ] (*)

En la indagación de este aserto podemos llegar a obtener la formulación del cercamiento preciso que Heidegger hace con respecto a la metafísica de Nietzsche.

Este rapport heideggeriano nos puede conducir a desentrañar un tópico de particular relevancia para la comprensión de nuestra época, como sería la posibilidad de que ésta se encuentre o no superada (si es entendida como época de la metafísica) y, con seguridad, a proyectarnos también hacia una buena definición del nihilismo, que nos otorgue una mayor precisión respecto de "el más inhóspito de todos los huéspedes" como Nietzsche lo llamara; ahora, en su actual fase de culminación o convalescencia, en este momento especial que podemos denominar con el complejo término Verwindung, por medio del cual Heidegger describe la relación del pensamiento

postmetafísico con la metafísica, y en el que podrían resonar las nociones de cura, aceptación y resignación, o bien de distorsión, porque Verwindung es para Heidegger el modo como el pensamiento piensa la verdad del ser en cuanto destino o trans-misión; en este sentido el término pasa a ser sinónimo de An-denken, que es el otro término con que Heidegger suele referirse al pensamiento postmetafísico, An-denken porque se trata de un re-memorar al ser, pero sin hacerlo jamás presente sino re-memorar algo que ya está ido, porque no se accede al ser sino a través del recuerdo, de aquello que en él se transmite, de su proyección o destino. Vattimo ha aludido a esto último cuando en "Etica de la interpretacion" comentando precisamente esta relación fluída y transitante señala: "Posmoderno, podemos traducir, es lo que mantiene con lo moderno un vínculo

verwindend: el que lo acepta y reprende, llevando en sí mismo sus huellas, como en una

enfermedad de la que se sigue estando convaleciente, y en la que se continúa, pero distorsionándola. [ 7 ]

En el análisis de Heidegger se establece que el Ser entendido como Ser del ente, corresponde al Ser abordado desde el punto de vista de la entidad, que ha emergido tradicionalmente en la filosofía según el modo de la pregunta: ¿ Qué es? (totin estin): Ahora, el "qué" del es, marca aquello que hace que el ente sea lo que es. Este "qué" es la quidditas y explica "lo que" es: La respuesta a esta pregunta, entonces, va a estar siempre referida al "qué" del ente, cuestión que se ha entendido habitualmente como la "esencia" (Das Wesen), la essentia del ens. Esta pregunta, por tanto, permite determinar el Ser del ente. Luego, la conceptualización que se ha derivado de este procedimiento habitual de la metafísica estará invariablemente referida al ente y a su dominio y no

al ser mismo, al Ser en cuanto tal. El que en esta denominación de essentia, que no es fortuita ni indiferente como sostiene Heidegger, queda recogido el hecho de que el Ser del ente esté pensado a partir de la quidditas, es ya una interpretación de corte metafísico de la esencia porque ésta queda asumida en tanto que esencia del ente. Heidegger afirma: "Pero la pregunta por la esencia del Ser se extingue si no abandona el lenguaje de la metafísica, porque el representar metafísico impide pensar la pregunta por la esencia del Ser".[ 8 ]

Como se dijo, es esta manera de comprender al Ser, en la que predomina lo entitario, la que se define como "metafísica". Corresponde al pensamiento de la duplicidad: Ser - apariencia: inteligible - sensible; idea - cosa. Corresponde, tal como se ha visto, a la afirmación del Ser del ente desde Platón en adelante. Es el "olvido del Ser", dicho en el lenguaje heideggeriano, olvido que para el representar corriente cae en la apariencia de la mera omisión, del descuido que, a menudo, se encuentra como un estado del hombre representado en sí mismo, como un hacer y un dejar sólo humanos. No obstante, para Heidegger, "el olvido no sólo invade, como aparentemente separado

de él, la esencia del Ser. Pertenece a la cosa del Ser mismo, impera como destino de su esencia" [ 9 ] y ésta es una consideración que jugará un papel de importancia en la evaluación que Heidegger hará de la Überwindung nietzscheana, como trataremos de clarificarlo más adelante.

Mientras tanto hagamos recaer nuestra atención en el hecho de que, para Nietzsche, la negación que hiciera Platón respecto de lo sensible en provecho de la "idea", ya es una manifestación expresa de nihilismo por cuanto representa la apuesta por una suprarrealidad que aún careciendo de existencia llega a constituirse en la base de aquellas ulteriores y conocidas formulaciones trasmundanas que él combatiera. Heidegger, por su parte, ha dicho: "La metafísica de Platón no es menos nihilista que la metafísica de Nietzsche. En aquélla la esencia del nihilismo permanece tan solo velada, en tanto que en ésta, en cambio, alcanza su plena manifestación. Sin embargo, de cualquier manera, en el interior de la metafísica misma, esta esencia no se deja jamás reconocer.[ 10 ] Por ende, Nietzsche buscará invertir esta determinación que Platón y sus continuadores (toda la filosofía posterior) dejaron caer sobre la historia del pensar occidental. Nietzsche, como testigo del despliegue histórico alcanzado por el pensar en su época, quiere escapar al círculo de la metafísica dominante mediante la inversión total de los valores, mediante la re-afirmación de la "apariencia" por sobre la "realidad", negando enfáticamente ese cimiento en que se ha fraguado la verdad: el trasmundo de Platón y el cristianismo. Este será el extremo del nihilismo, entendido como la manera a la que recurre Nietzsche para intentar la superación.

Heidegger, en cambio, desplazará el punto de vista, se alejará aún más, intentará retroceder para comprender la esencia de la metafísica, más allá de los términos en que Nietzsche lo ha planteado.

Heidegger entenderá la metafísica como el pensamiento del Ser del ente por excelencia, que nunca llega a pensar al Ser en cuanto tal, que en su caracterización nihilista se ha convertido en el "estado normal" de la humanidad. Por ello es que Nietzsche aparece para Heidegger contemplado igualmente dentro de la metafísica porque piensa que, como se dijo, ni el "Eterno Retorno de lo Mismo", ni el "Valor", ni la "Voluntad de Poder" pueden llegar a pensar al Ser en cuanto tal, quedando recluídos también en el mismo círculo del pensar representacional en que lo que finalmente se llega a pensar no es más que un ser desde la óptica del ente. Heidegger sostiene la

idea de que en la metafísica nietzscheana, el nihilismo no llega finalmente a ser superado, sino que es, más bien, su expresión extrema, vale decir, el agotamiento de la posibilidad del pensamiento del Ser del ente, que se da precisamente por situarse en el extremo del agotamiento de la metafísica, por ser Nietzsche "el último de los metafísicos".

Se trataría, por tanto, de pensar al Ser en cuanto tal y ya no desde el ente. Reconocer al Ser en cuanto tal es dejar reinar al Ser en toda su cuestionabilidad (FragwÜrdigkeit), en cuanto lo "digno de ser pensado". Pensar al Ser es pensar al Ser que ha quedado impensado en la tradición de la filosofía, pensarlo en lo que queda por pensar; en cuanto no puede ser reductible simplemente a una respuesta, sino en cuanto permanece siempre abierto en esa cuestionabilidad. Este puede ser el modo de establecer el rapport más correspondiente al Ser, pues, en la medida en que la

metafísica ha entregado respuestas, al mismo tiempo, ha cerrado su esencial cuestionabilidad, dejando impensado en cuanto Ser. Plantea al respecto Heidegger: "El Ser no es cuestionado en tanto que tal. Ello porque el Ser mismo queda no pensado en la metafísica, y no por mera casualidad, sino porque ello está de acuerdo con su propia manera de cuestionar" [ 11 ] Es decir, el peculiar sentido interrogador de la metafísica es el que, pensando al Ser en tanto que ente en su existencia, no piensa al Ser en tanto que Ser.

El nihilismo es la historia en la cual el Ser está ausente, es "el olvido del ser". Si ello es así, entonces la esencia del nihilismo no puede ser pensada por la metafísica. Hay que salir de ella, luego, para poder pensarla. Tan sólo en la filosofía del Ser es posible comprender el nihilismo y la esencia de la metafísica. La metafísica en cuanto metafísica es el auténtico nihilismo. La metafísica reconoce, sin duda, que el ente no es sin el Ser. Reconoce la necesidad del Ser desde el ente, pero, en cuanto afirma esto, está ya transfiriendo el Ser a un ente, sea en el summum ens, el theion, o bien en el sujeto de la subjetividad; o en ambos, como en el modo hegeliano, en que se

reconoce la subjetividad del Espíritu absoluto.

Ahora bien, lo impensado no puede ser entendido como producto de un olvido involuntario o como una negligencia de parte de los filósofos, sino como algo perteneciente al ser mismo, como su propia historia, como un momento en el que el Ser permanece oculto. Así es como lo que ha sido fue, o es.

Por una parte, pertenece al Ser el des-velamiento y éste aparece como lo que es; y, por otra, como aquello que se oculta y se vela. La no-ocultación impensada del ente sería el Ser mismo impensado. "El Ser mismo esencia en tanto que esta no-ocultación; en tanto que des-ocultación" [ 12 ] señala Heidegger. El ente viene a la presencia por medio de este "esenciar" provocado por el Ser. El mismo Ser, empero, queda en la ocultación, se vela a sí mismo. En este olvido consiste la Nada para Heidegger; vale decir, el Ser mismo en cuanto permanece "faltante" en la desocultación. Nihilismo es "olvido del Ser". Heidegger ha descubierto la Nada del nihilismo; no como pura negatividad, sino como lo positivo en cuanto al Ser mismo. A Heidegger se le ha hecho

presente la "voz" del Ser en el nihilismo, por ello, intenta, al amparo y guía de esta voz, pensar más allá de la metafísica, en el sentido de pensar su esencia, y sólo de este modo al Ser en cuanto tal, cuestión que Nietzsche no habría llegado finalmente a conseguir.

2.- LOS TERMINOS CAPITALES DEL PENSAMIENTO DE NIETZSCHE

2.1. Nihilismo

En el segundo volumen de su "Nietzsche", Heidegger se refiere a dos usos originales del término en cuestión: nihilismo. El primero de ellos provendría posiblemente de Fr. H. Jacobi, en donde "En su carta a Fichte la palabra 'nada' aparece frecuentemente" [ 13 ] , y en donde Jacobi habría

descalificado al idealismo llamándolo "nihilismo". Posteriormente, el término habría sido puesto en

circulación por el poeta ruso Tourgueniev, contemporáneo de Nietzsche, al parecer también con

un propósito reprobatorio "para denominar la concepción según la cual tan sólo el ente al que se

accede por medio de los sentidos, es decir, el que se experimenta por sí mismo, sería el que existe

realmente, y ningún otro" [ 14 ] ; sin duda en una clara alusión a lo que se ha entendido

generalmente como positivismo. Se podría desprender, entonces, de esta información aportada

por Heidegger, que al rastrear el itinerario semántico precedente a la significación que Nietzsche le

va a dar en su empleo al término, que éste habría tenido una connotación más bien descalificadora

que de diagnóstico epocal y un ámbito de denotación bastante más restringido que aquel que

Nietzsche le va a asignar con posterioridad cuando lo asuma como clave interpretativa del

pensamiento y la cultura.

Para Nietzsche el término significa esencialmente algo superior, más significativo y abarcante que

un mero recurso reprobatorio: Nietzsche habla de "nihilismo europeo", sin querer referirse con

ello, para nada, al positivismo que se estableció a mediados del siglo XIX, ni a su expansión

geográfica por Europa. Para Nietzsche, el carácter de "europeo", contiene una significación

histórica (o historial) que resulta equivalente a la significación de "occidental", en el sentido de la

historia de Occidente. Heidegger amplía la comprensión entendiendo el término "Occidente"

(Abendland) con una carga de significado ontológico antes que geográfico; en rigor, como un

término que designa topológicamente la tierra del atardecer, la región del crepúsculo, del declinar

del Ser. Occidente es en la comprensión heideggeriana el lugar donde el Ser se ha extinguido.

Gianni Vattimo, teniendo en vista este encuadre heideggeriano, describe: "Occidente no es la tierra

en la que el Ser se pone, mientras en otra parte resplandece (resplandecía, resplandecerá) alto en

el cielo del mediodía: Occidente es la tierra del Ser, la única, precisamente en cuanto es también,

inseparablemente, la tierra del ocaso del Ser".[ 15 ]

Pues bien, Nietzsche se sirve del término nihilismo para designar el movimiento histórico en que los

siglos precedentes determinaron a los ulteriores; acontecimiento que él fue el primero en reconocer

y cuya interpretación más esencial quedó definida por su sentencia "Dios ha muerto".

De acuerdo con el análisis que Heidegger elaborara posteriormente respecto del aserto decisivo

de Nietzsche: "El 'Dios cristiano' ha perdido su poder sobre el Ser y sobre el destino del hombre"

[ 16 ] porque éste es la peculiar representación de lo "suprasensible" de manera general y de sus

interpretaciones particulares, ya sea en el sentido de "ideales", o "principios", o "valores", u otros;

todos ellos concebidos, en última instancia, como estructuras dadoras de sentido con las que

Nietzsche habría terminado una vez que enfatizara la voluntad de recuperación del espíritu trágico

de la existencia humana, esencialmente definido por el sinsentido más absoluto y radical.

2.2. Transvaloración de todos los valores [ 17 ]

Nietzsche dice puntualmente que la falta de crédito, la carencia de validez de los valores supremos

es el nihilismo. Heidegger extiende esta formulación hasta llegar a afirmar que en el proceso

histórico por el cual lo "suprasensible" ha perdido su supremacía, el Ser mismo ha perdido su valor

y sentido propio. La muerte del "Dios cristiano", en el marco del nihilismo entendido como historia

del Ser, adviene lenta, pero inevitablemente. Desde aquí en adelante, el hecho de que la creencia

en Dios aún persista, y que su mundo se tenga por real y normativo hasta nuestros días,

equivaldría a la aparente luminosidad de un astro extinguido hace milenios, cuyo brillo y resplandor

no son más que una pura apariencia hoy. Por ello, el fin de la metafísica se devela en cuanto

representa el fin del primado de lo suprasensible y de las "ideas"; no obstante, semejante fin no

constituiría el término de la historia como tal, sino que representaría el advenimiento de un nuevo

estado del espíritu, que ahora toma en serio el hecho de la muerte de Dios. La propia filosofía de

Nietzsche representaría la entrada al inicio de una nueva era: la nuestra, cuyas transformaciones no

pueden compararse a ninguna de las acontecidas hasta ahora. Heidegger se vale de una hermosa

metáfora para esclarecer este hecho: "El viejo escenario de teatro del mundo podrá seguir siendo

por un tiempo el mismo; la obra que se representa, sin embargo, es ya una nueva" [ 18 ] : Por

consiguiente, el nihilismo, en su sentido clásico, significará a partir de aquí, la liberación respecto

de los valores hasta ahora prevalecientes; en cuanto preparación de una "transvaloración" de

aquellos mismos valores. Ahora bien, Nihilismo (Nihilismus) y Transvaloración de todos los

valores (Umwertung aller Werte) son los dos primeros "términos capitales" (leit Worte) del

pensamiento de Nietzsche, como plantea Heidegger en la obra que aquí revisamos.

2.3. Voluntad de Poder

La transvaluación nietzscheana habría concebido por primera vez al Ser en tanto que valor. De

este enfoque, la metafísica anterior pasa a ser pura concepción de valores. Pero, como se ha

enunciado, esta total devaluación de todos los valores que habían sido concebidos como

supremos, conduce inevitablemente a una nueva "posición" de éstos. Heidegger lo sostiene de la

siguiente manera: "El no frente a los valores anteriores, proviene del sí a la nueva posición de

valores...por consiguiente en el sí de la nueva posición de valores se encierra un no rotundo"[ 19 ]

, con lo cual la postura nietzscheana queda caracterizada y concebida por el pensador de Friburgo

como igualmente metafísica, como ineludiblemente referida y determinada por su impronta, en

cuanto se estructura como "contra-movimiento" en relación a ella, sin poder escapar finalmente al

círculo que aquélla cierra en torno suyo.

Pero Nietzsche ya había advertido de su riesgo. "El nihilismo incompleto, sus formas: vivimos en

medio de él. Los intentos de escapar al nihilismo sin transmutar los valores aplicados hasta ahora,

producen el efecto contrario, agudizan el problema". [ 20 ] En efecto, el peligro está acechando,

pues, el vacío que ha dejado la desaparición de Dios, de su lugar en el mundo suprasensible,

tenderá a ser llenado con cualquier otra posibilidad de dios. De acuerdo con Nietzsche, el

socialismo, por ejemplo, o bien la idea de una redención universal, serían manifestaciones de este

nihilismo incompleto, sustituciones de la idea del dios decadente o extinguido. Por ello, en

consecuencia, el nihilismo completo tendrá necesariamente que acometer la tarea de la supresión

definitiva del lugar mismo de los valores, deberá efectuar la subversión total de ellos por vía de su

abrupta remoción desde el ámbito suprasensible en que han establecido tradicionalmente su

imperar. Heiddegger afirma que, más que una situación en la que se deban cambiar viejos por

nuevos valores, se trata de provocar la inversión (Umdrehung) [ 21 ] , tanto de la clase como del

modo mismo del valorar. "La posición de valores necesita un nuevo principio; esto es, aquél de

que parte y al que se atiene. La posición de valores necesita otro dominio".[ 22 ]

Entendamos, entonces, que el itinerario trazado por Nietzsche para la cuestión de los valores va

desde su establecimiento como tales, o su fijación, hasta alcanzar la nueva posición de aquella

forma o modo de la valoración que establece el principio de toda posición de valores que valora

de otra manera; pasando, entretanto, por la caducidad de éstos y la subsiguiente subversión en

que se sustituyen unos por otros. Pero, aquí surge obligatoriamente la pregunta: ¿ Alcanza

Nietzsche, por medio de esta elaboración descrita, a sobrepasar verdaderamente el marco que la

metafísica ha impuesto para la consideración del problema de los valores? ¿ Podemos entender

que en el pensamiento de Nietzsche tiene lugar realmente una superación por relación a la

metafísica tradicional? Revisemos unas cuantas ideas previamente al intento de dar respuesta a

esta interrogante.

Heidegger nos lleva a recordar que para Nietzsche el valor debe ser entendido como "punto de

vista" de las condiciones de "conservación y aumento" de las complejas estructuras de la vida en el

marco del devenir. Entre conservación y aumento se da una referencia recíproca y unforme,

puesto que la conservación de la vida está al servicio del aumento de ella misma; dado que si su

única pretensión queda fijada a la conservación, sobreviene inevitablemente la decadencia; pero,

también, no podría ser concebible un aumento sino a partir de un estado que se ha conservado

como seguro y que es, justamente, el que permite ser aumentado. De esta forma, la calidad de

"punto de vista" que tiene el valor en el pensamiento de Nietzsche apunta a un ver que puede ver

las complejas estructuras en que se articula el binomio conservación-aumento de una vida que

puede ser comprendida sólo como esencialmente valoradora. Todo esto en el marco de un

devenir que se nos aparece como "Voluntad de Poder" y así, como aspecto distintivo de la vida.

Ello nos hace pensar que la vida entendida en cuanto esta voluntad de poder, se expresa

visiblemente en las estructuras de dominación, que se manifiestan en sus aspectos figurativos de

Estado, religión, ciencia, arte, sociedad; los que a su vez, entonces, orbitan en torno a los

movimientos de conservación y aumento ya señalados.

De lo anterior podemos inferir, por lo tanto, que la voluntad se expresa como aquello que "pone"

el punto de vista, ante lo cual Heidegger afirma: "La voluntad de poder es la razón de la necesidad

de la posición de valores y el origen de la posibilidad del juicio por valores" [ 23 ] , mientras a

continuación agrega: "Aquí resulta claro: los valores son las condiciones que se pone a sí la

voluntad de poder misma" [ 24 ] , y en otro lugar "La pro-posición del Ser en tanto que valor,

puesta por la Voluntad de poder, es el último paso que da la metafísica moderna, en el que el ser

aparece en tanto que Voluntad de poder". [ 25 ]

A partir de aquí, estamos en condiciones de reconocer que el pensar de los valores está

debidamente fundado en la metafísica de la voluntad de poder. En consecuencia, la delimitación

que Nietzsche programa para el asunto del nihilismo, pensado como el proceso por medio del cual

los valores supremos van cayendo en total obsolescencia o caducidad, para luego verse

subvertidos, permanece igual y definitivamente en el ámbito de la metafísica, aún cuando se trata

ahora de la metafísica de la Voluntad de Poder (Wille zur Macht), término que para Heidegger

ocupa el tercer lugar entre aquéllos que categoriza como capitales en el pensamiento de Nietzsche.

El poder no consiste en un mantenerse en sí mismo, es decir, el poder no busca recluirse en una

determinada esencialidad; por el contrario, el poder consiste en un permanente transgredir y

sobrepasar el nivel de poder obtenido cada vez. En la medida en que el poder se establece en un

cierto nivel se torna inmediatamente impotente. Sin embargo, la "Voluntad de Poder" no implica

jamás el deseo simple o la aspiración puramente romántica de lo impotente por llegar a acceder o

a apoderarse del poder, sino que el poder busca consagrarse a sí mismo en un estadio siempre

superior, en un continuo "sobre-poder". De este modo, el término "voluntad de poder" está

referido a aquello de donde toda institución de valores procede y a aquello hacia lo cual, al mismo

tiempo, retorna. Luego, el poder es el valor supremo; ya que, ante todo y principalmente, es el

poder mismo y nada más que el poder lo que pone los valores; lo que los hace prevalecer y

decide por sí cualquier posible justificación de una institución de ellos. La voluntad de poder, en

tanto que principio de la nueva institución de valores, no tiene otro propósito aparte que el ente en

su totalidad. Pero, porque todo lo que es en cuanto voluntad de poder; es decir, en tanto

rebasamiento incesante de poder por el poder mismo, es un constante "devenir", es que, sin

embargo, este "devenir", lejos de progresar en un movimiento que lo conduzca fuera de sí, hacia

un objeto o fin ajeno a sí mismo, se ve arrastrado invariablemente hacia la circularidad contenida

en la intensificación del poder, suerte de "trampa" metafísica que lo hace volver constantemente

sobre sí. De esta misma manera, el ente en su totalidad vuelve siempre a sí mismo en tanto que

devenir conforme al poder; situación que impide pensar que en la metafísica de Nietzsche pueda

concebirse el momento de la superación pretendida, como se ha estado sosteniendo hasta acá.

2.4. Eterno retorno de lo mismo

De tal modo, el carácter fundamental de la voluntad de poder, que afecta al ente en su totalidad,

se determina igualmente como un Eterno Retorno (ewige Wiederkunft), cuarto término capital en

el pensamiento de Nietzsche según Heidegger. Este dice cómo llega a ser de una esencia

determinada el ente en su totalidad.

Heidegger nos dice que el término "Eterno Retorno de lo Mismo" es el que aporta la interpretación

más aguda con respecto al nihilismo clásico, ya que deja abolido todo fin aparte y más allá del

ente, porque el término "devenir" quiere decir: rebasamiento del poder en tanto que esencia del

poder, que de acuerdo con su naturaleza vuelve sobre sí y retorna constantemente a su propio

género; sin desplegarse simplemente como progresión ilimitada hacia un fin desconocido ni

extenderse como un confuso y abigarrado tumulto de impulsos desencadenados.

De la transvaloración de todos los valores se deriva, entonces, la condición irrestricta del hombre

de erigir absolutamente a partir de sí mismo, por sí mismo, y por sobre sí, las "nuevas banderas"

bajo las cuales será necesario realizar la instauración del ente en su totalidad en el nuevo orden.

"Desde el momento en que lo 'suprasensible', el 'más allá' y el 'cielo' son aniquilados, no queda

más que la tierra" nos dice Heidegger. [ 26 ] El nuevo orden representa la supremacía del poder

ejercido por el hombre sobre la tierra. No más dioses, no más ultramundos, no hay lugar para una

humanidad viviendo como hasta ahora bajo el imperio de los valores que han prevalecido. Esa

humanidad que busca su ser como humanidad en términos de voluntad de poder y entiende este

ser como pertenencia a una realidad determinada en su totalidad por la voluntad de poder, se

define por medio de una figura esencial del hombre que va más allá del hombre que había sido

hasta ahora, un hombre que asume una y mil veces su trágica condición como un Eterno Retorno

de lo Mismo.

Entonces, a partir del "Nihilismo", vale decir de la "Transvaloración de todos los valores" en el

seno del ente en cuanto "Voluntad de Poder" y en vista del "Eterno Retorno de lo Mismo", una

nueva posición para el hombre deviene necesaria en el pensamiento de Nietzsche. Esta es la del

Superhombre.

2.5. Superhombre

"El nihilismo clásico, que como transvaloración de todos los valores experimenta al ente en cuanto

Voluntad de Poder y no admite otra cosa que el Eterno Retorno de lo Mismo en tanto que único

fin, se ve obligado a re-crear al hombre mismo -a saber, al hombre sido hasta ahora- más allá de

sí mismo y crear, en tanto que medida y tipo ejemplar, a la figura del 'Superhombre' [ 27 ]" , nos

dice Heidegger. En el espíritu de Nietzsche, el Superhombre (Übermensch), quinto término

capital, no es tan sólo el engrandecimiento del hombre existente hasta ahora, sino que esta figura

altamente significativa de la humanidad, que en tanto incondicional Voluntad de Poder se

manifiesta en cada hombre en diferentes grados y le confiere su pertenencia al ente en su totalidad,

le otorga una existencia que está verdaderamente próxima a la realidad y la vida.

El Superhombre deja pura y simplemente atrás al hombre de los valores precedentes, que no está

preparado aún en su esencia para el ser que, entretanto, domina la existencia; pero que deja

imperar sobre sí la necesidad de ir más allá de sí. La humanidad da de esta manera el último paso

y cumple esa esencia de autoconciencia que es propia de la mentalidad moderno-metafísica. La

decadencia de los valores llegó a su fin. Algo se ha superado. Pero, lo que se ha superado es, en

último término, el nihilismo de que "se devalúen los valores supremos". "La idea de Nietzsche que

concibe el Superhombre, proviene del pensar que concibe lo ontológico, el Ser como existente, y

así se amolda a la esencia de la metafísica, aunque sin poder experimentar esta esencia dentro de

la metafísica" señala Heidegger. [ 28 ] Por ello, tal como en la metafísica anterior, aquélla sobre la

cual ejerce su crítica demoledora, queda del mismo modo velado para Nietzsche el punto en el

cual se puede precisar la determinación que la esencia del Ser efectúa sobre la esencia del

hombre. Heidegger nos dice: "De ahí que aún para el propio Nietzsche quede en la oscuridad en

qué relación está el pensar que concibe el superhombre en la figura de Zarathustra con la esencia

de la metafísica". [ 29 ] La idea de superhombre, en la interpretación heideggeriana, debe ser

situada en el contexto de la metafísica de la subjetividad, en la que el hombre transformado en

subjectum es el centro de referencia del ente como tal. Y en tanto representante de la voluntad de

poder como sujeto supremo incondicionado, el superhombre viene a ser la prefiguración del

hombre técnico que domina la tierra y el preanuncio del pensar calculador. En la consideración

heideggeriana, el pensar que Nietzsche inaugura a partir de la Wille zur Macht es un pensar

"clausurador", en tanto constituye una respuesta acabada y cerrada acerca del ser del ente.

Entonces, si el pensar nietzscheano está relacionado con la voluntad de poder, no existiría ninguna

posibilidad de que éste diera una respuesta al nihilismo tecnocientífico; por el contrario, se podría

pensar que el filosofar y sus figuras relevantes -el "superhombre", el "eterno retorno", etc.- no

serían más que ahondamientos o radicalizaciones del tipo de pensamiento que en nuestra época se

ha vuelto dominante: el pensar calculador.

Aquí valdría la pena preguntarse si Heidegger ha oído efectivamente lo que Nietzsche dice y lo

que, también, deja de decir; o si en su interpretación no olvida lo que luego él mismo reencuentra

en su propio pensar, porque pese a su firmeza y solidez, la interpretación heideggeriana ha

convertido a Nietzsche, de pensador del perspectivismo y de la multiplicidad de caminos, a

pensador-antecedente de la tecnociencia y sus caminos laterales; de pensador que asume el

pensar en la forma del riesgo, a pensador del aseguramiento máximo del ente en la voluntad

calculante de los valores; en fin, de buscador de salidas para el nihilismo, a máximo consolidador y

profundizador de este último como nada del ser. Esta es una pregunta que permanece latente y a

la espera de respuesta en nuestro tiempo.

La siguiente frase de Heidegger que, para realzar su elocuencia, merece ser citada, in extenso,

define y cierra en gran medida la delimitación o el encuadre que se ha tratado de mantener hasta

acá en cuanto a esclarecer el aserto inicial de esta parte del trabajo, principalmente en función a

vislumbrar un poco más de cerca la crítica elaborada por Heidegger en torno al problema de la

superación del nihilismo y la metafísica por parte del pensamiento de Nietzsche: "Es difícil, pero

ineluctable para el pensamiento futuro, llegar a la elevada responsabilidad en base a la cual

concibió Nietzsche la esencia de aquella humanidad que se determina en el destino del ser de la

voluntad de poder para hacerse con el dominio sobre la tierra. La esencia del superhombre no es

una patente para el delirio de una arbitrariedad. Es la ley, fundada en el ser mismo, de una larga

cadena de altísimas autosuperaciones de previa realización para que el hombre pueda llegar a

madurar para lo existente propio del ser como existente, ser que como voluntad de poder pone de

manifiesto su esencia volitiva y mediante ese aparecer hace época, a saber, la última época de la

metafísica".[ 30 ]

Pensar el nihilismo en función de los "términos capitales" que hemos descrito, permite revelar que

la esencia del nihilismo está en sí contenida o expresada en significaciones, grados o estructuras

múltiples. Por ello, el término "Nihilismo" se presta para muy diversas aplicaciones o manejos. Se

puede llegar a entender a modo de un slogan vacío de contenido, destinado a servir de distractor,

o de factor de descrédito y a confundir en su propia irreflexión, respecto de aquello en lo cual se

constituye en un abuso. Pero, nihilismo significa, antes que todo, pensar la historia de la metafísica

occidental en tanto que el fondo de nuestra propia historia, y esto en el sentido de las decisiones

por venir. Lo que Nietzsche pensaba por este término podemos comprenderlo esencialmente

entendiendo el "nihilismo clásico" como un nihilismo en que lo "clásico" consiste precisamente en

que, en su ignorancia, éste se defiende porfiadamente de llegar a conocer su más íntima esencia.

Heidegger, al respecto, sostiene: "El nihilismo clásico se devela entonces en tanto que este

agotamiento del nihilismo, en el cual aquél se despliega para dejar de pensar precisamente lo que

constituye su esencia".[ 31 ]

Por último, se puede decir también que la exégesis heideggeriana del pensamiento de Nietzsche no

aspira a ser una referencia decisiva ni una explicación integral de todas las declaraciones suyas,

sino que, más bien, lo que busca es comprender la más íntima esencia de esa historia caracterizada

por el nombre de "Nihilismo", con el propósito de examinar de esta manera al Ser de lo que es.

Ello queda en evidencia tras la siguiente afirmación de Heidegger, con que damos término a esta

presentación: "Por esto queremos re-pensar el pensamiento nietzscheano del nihilismo en tanto que

el saber de un pensador pensando en lo abierto de la historia universal. Semejantes pensamientos

no son jamás la simple manera de ver de un hombre aislado: aún menos son ellos la pretendida

expresión de su tiempo. Los pensamientos de un pensador del rango de Nietzsche son la

resonancia de la historia aún olvidada del Ser en la palabra que el hombre histórico profiere en

tanto que su propio lenguaje ". [ 32 ]

Ética

utilitarismo

Doctrina política y moral cuyo criterio básico es el de utilidad. Expresado por F. Hutcheson y profesado por Helvetius y por Holbach, el utilitarismo se convirtió en doctrina en el s. XVIII, con J. Bentham, y en el s. XIX, con J. Mill y J. Stuart Mill.

Según la doctrina utilitarista, lo útil es el principio que guía la actividad económica y social, entendiendo por utilidad de una acción (según Bentham) la tendencia de dicha acción a causar placer y a impedir el dolor de todos aquellos cuyo interés está en juego. La ley consiste, pues, en armonizar intereses y en eliminar obstáculos al aumento del bienestar del mayor número posible de ciudadanos; en economía, este planteamiento se traduce en un «laissez-faire» (teoría típicamente manifiesta en Ricardo). Stuart Mill («El utilitarismo», 1863) da a la doctrina utilitarista un acento moral: así, dado que el criterio de conducta no es el bienestar personal, sino el de todos los interesados, el individuo ha de ser imparcial, y no egoísta, y no puede confundir felicidad y satisfacción. Por su parte, Hegel había visto en la utilidad el concepto básico del espíritu ilustrado (cuyo modelo de conocimiento es el saber científico), según el cual el mundo, el hombre y Dios mismo pierden toda objetividad y autonomía (se los considera sólo desde la perspectiva de su utilidad).

Ética

formalismo

El formalismo es una corriente del pensamiento científico, iniciada por D. Hilbert (Königsberg, 1862-Gotinga, 1943), quien propuso la formalización total de la matemática mediante un proceso de axiomatización.

La formalización consiste en la creación de un sistema formal a partir de un método de cálculo deductivo y un modelo de interpretación. Se denomina formalización no estricta o semiformalización la inclusión de una simbología abstracta en el tratamiento formal de un problema o de un campo de aplicación de la metamatemática.

Ética

nihilismo

Actitud que niega el ser de lo real (nihilismo metafísico) o la posibilidad de conocerlo (nihilismo epistemológico, equivalente al escepticismo). Para Nietzsche, es la actitud final negativa, propia de la historia occidental y resultante de haber sido negados los auténticos valores (de la fuerza, de la espontaneidad y del superhombre) en favor de unos supuestos valores (de la equidad, de la humildad, etc.) en los que ha de acabarse necesariamente no creyendo. También es (aunque sólo de forma implícita), la actitud positiva consistente en negar los falsos valores occidentales, con la «Umwertung» (o inversión) de los mismos, y en descubrir los auténticos valores, que salvarán al ser humano de la actitud nihilista negativa a que se ve abocado.

Desde el punto de vista histórico se habla de nihilismo como de una doctrina política que niega todo tipo de autoridad y de estructura política y social, que tuvo en Rusia, en la segunda mitad del s. XVIII, su principal desarrollo. Surgió, bajo el reinado de Alejandro II (1855-1881), entre los elementos más radicales de la burguesía y de sectores intelectuales y estudiantiles, como reacción a las fallidas reformas del zar. Inicialmente apareció como una actitud personal ante la sociedad que implicaba dudar de toda mejora, no aceptar ningún apriorismo y culpar al zar y sus funcionarios de todos los males. Como alternativa, proponían la construcción de una nueva sociedad basada en criterios científicos.

Algunos sectores del nihilismo se aproximaron al anarquismo y participaron en diversos atentados bajo el lema de la destrucción de todo lo existente. El atentado de 1866 contra el zar condujo al nihilismo a las vías del hecho. Su máxima actividad se centró entre los años 1878 y 1882, culminando con la muerte del propio zar en un atentado (1881). Sin embargo, a medida que las ideas socialistas se fueron abriendo paso, entre finales del siglo pasado y comienzos del presente, el nihilismo languideció.

Ética

Sartre, Jean-Paul

(París, 1905-íd., 1980) Filósofo y escritor francés, máximo exponente del existencialismo. Educado en París, en el Liceo Henri IV (donde conoció a Paul Nizan, una de sus amistades más importantes) y luego en el Louis-le-Grand, en 1924 ingresó en la Escuela Normal Superior, donde, junto a Nizan, tuvo como compañeros a R. Aron, G. Canguilhem, J. Hyppolitte y M. Merleau-Ponty. En 1926 conoció a Simone de Beauvoir, iniciando con ella una relación de por vida que se presentaría como crítica militante de la fidelidad burguesa.

Tras su servicio militar (1929-1931), Sartre empezó a ejercer como profesor de instituto y en 1933 se trasladó con una beca a Alemania, donde entró en contacto con la filosofía de Husserl y de Heidegger. En 1938 se publicó «La náusea», su primera obra célebre y símbolo del existencialismo. Movilizado en 1939, tras la victoria alemana fue hecho prisionero e internado en Tréveris, de donde escapó en 1941 para regresar a París. Durante la ocupación trabajó en el Liceo Condorcet, colaborando con A. Camus en el periódico de la Resistencia.

En 1943 Sartre publicó su primer drama, «Las moscas», una sátira del gobierno de Vichy, y también su obra filosófica más conocida, «El ser y la nada», versión personal de la filosofía de Heidegger. Dos años más tarde abandonó la enseñanza para dedicarse exclusivamente a escribir; en colaboración con Aron, Merleau-Ponty y Simone de Beauvoir fundó «Les Temps Modernes», una de las revistas de pensamiento de la izquierda más influyentes de la posguerra, y publicó su drama «A puerta cerrada». Mantuvo una fluctuante relación con el comunismo, que le valió la ruptura con A. Camus, y en 1960 apareció su «Crítica de la razón dialéctica», en la que trató de conciliar el materialismo histórico con el existencialismo. Posteriormente, rechazó el premio Nobel (1964), formó parte del Tribunal Russell y, a partir del mayo del 68, multiplicó sus gestos públicos de izquierdismo. Su interés por la literatura culminó en el estudio dedicado a Flaubert, «El idiota de la familia» (1971-1972).

Entre sus obras más significativas destacan varias piezas de teatro, como «Las moscas» (1943), «La puta respetuosa» (1946) y «Las manos sucias» (1948).

Ética

Epicuro

(Samos, según una tradición, o Atenas, según Diógenes Laercio, 341 a.J.C.-Atenas, 270). Filósofo griego que creció en Samos, donde su padre, colono ateniense, era maestro. Discípulo de Pánfilo (en Samos) y de Xenócrates (en Atenas, 323), enseñó en Mitilene, en Lámpsaco y en Atenas, donde abrió una escuela en un jardín. De sus muchas obras sólo se conservan tres cartas (a Heródoto, a Pitocles y a Meneceo) y ochenta aforismos (en un manuscrito vaticano descubierto en 1822). Los caminos para entrar en la ciencia (que eran introducción psicológica para la filosofía) constituyen la Canónica, y su descripción de la naturaleza se basa en el atomismo de Demócrito, en cuyo total determinismo introduce un germen de libertad mediante el «clinamen» (libertad tan sólo inmanente y cuya tarea estriba en llevar a la felicidad mediante un uso racional y mesurado del placer). Lejos de ser hedonista, Epicuro da a la prudencia un papel decisivo para poder alcanzar la ataraxia (placer que no acarree luego dolor) y prohíbe toda ostentación del individuo, el cual ha de replegarse sobre sí para mantenerse «libre» en su interior.

Ética

Hume (David){Biografía} {Filosofía} Nació en Edimburgo en 1.711. Una de las figuras más notables en la formación del empirismo inglés del siglo XVIII. La doctrina iniciada por Hobbes y Locke alcanzó su plenitud en Hume, quien "rompe definitivamente con la tradición metafísica occidental que va desde Heráclito hasta Leibniz" e hizo posible el pensamiento de Kant, a quien "despertó de su sueño metafísico". Llevó una vida muy semejante a la de Locke, desempeñando cargos de importancia, viajando por el continente europeo y manteniendo contacto en Francia con los enciclopedistas. Algunas de sus obras aparecieron después de su muerte. Fue un notable historiador, pero lo más trascendente de su obra fue la filosofía. Su principal escrito, Investigación sobre el conocimiento humano (1.748), resume en su título la esencia de su pensamiento. La doctrina de Locke acerca del origen y la esencia de las ideas adquirió en el pensador escocés una firmeza decidida, arrancando de un escepticismo inicial acerca de la autoridad de la razón en general. "La duda en la duda misma, viene a decir, no nos devuelve la certeza de la razón". Sin embargo, este escepticismo no era radical en Hume, indicando que hay que dejarse guiar por una especie de "instinto natural indestructible", que nos hace seguir a la razón. Estamos convencidos de la existencia de un mundo exterior, pero esta convicción se funda en suma en nuestra imaginación; se trata de una creencia, pero nuestros conocimientos son subjetivos, contenidos de conciencia, y nada nos asegura que se correspondan con la realidad objetiva exterior. No existen ideas innatas, todas nuestras representaciones son impresiones procedentes del exterior o del interior, y éste es el único material con que cuenta nuestro conocimiento, que las relaciona de dos maneras: según una necesidad lógica, como las proposiciones matemáticas; y según una necesidad psicológica, en la cual los contenidos no se implican mutuamente. Las primeras son, para Hume, ciertas y verdaderas; las segundas no lo son necesariamente. A este respecto, revistieron trascendental importancia las afirmaciones de Hume acerca del principio de causalidad que, según afirmaba, no era percibido directamente por nosotros; solamente percibimos una sucesión de fenómenos, "por ejemplo, que una bola de billar toca a la otra y que ésta se pone en movimiento", pero no que lo uno sea la consecuencia de lo otro. Ahora bien, psicológicamente podían descubrirse unos principios fijos que fundamentaban nuestra "creencia" en la causalidad: contigüidad y semejanza, principalmente, lo que significaba que la idea metafísica de causalidad quedaba reducida a un simple principio psicológico, el de asociación. De una manera semejante hizo una aguda crítica de la idea de sustancia: la idea del yo sustancial quedó reducida a la percepción subjetiva de la identidad personal. El psicologismo y el escepticismo de Hume han ejercido influencia en la configuración del kantismo y en la filosofía anglosajona. Hume representó una época pragmática y crítica, con un empirismo, ya formulado por Hobbes, Locke y Berkeley, que abrió el período de la Ilustración. Sus aspectos más negativos eran: el escepticismo agnóstico, al proscribir de su universo mental a Dios y asignar a la religión el exclusivo papel de hecho social, necesario para mantener la paz y el orden; la crítica de la causalidad, al negar la posibilidad de la Teodicea; y la reducción del conocimiento a la sensación. En ética redujo lo bueno y lo malo a lo útil y nocivo respectivamente, transfiriendo el juicio moral a la esfera de la sensibilidad, es decir, no basaba la moral en Dios ni en un sistema de valores. En política creía que el principio que unía a los hombres era la simpatía y la utilidad, y se mostraba partidario de un poder que cohesionara el organismo social y lo defendiera de los no integrados y disidentes. Sus ensayos sobre Economía han influido en los economistas liberales. Como historiador alcanzó éxito con su Historia de Inglaterra. Murió en el año 1.776.

Ética

Scheler (Max){Biografía} {Filosofía} Nació en Munich el 22 de septiembre de 1.874. Profesor en las Universidad de Jena, Munich, Colonia y Francfort. Puede ser considerado como un continuador de la fenomenología de Husserl, llevándola hacia los grandes temas "del valor, del hombre, de Dios". La experiencia religiosa fue tratada por Scheler inicialmente desde la ortodoxia católica, pero posteriormente derivó hacia una especie peculiar de panteísmo. Su obra capital El formalismo en la ética material de los valores (1.913) desarrolló el planteamiento desde el que arrancó su concepción de la axiología o teoría de los valores, contrapuesta al formalismo kantiano. Para la axiología fenomenológica de Scheler existía un mundo del ser y otro del valor. Se daban contenidos de conciencia sin significación directa, como cuando el niño capta la bondad de la madre sin saber su significado. Lo mismo ocurre con el placer, la belleza, etc. El valor no era una proyección del sujeto, y tampoco se confundía con el bien, es decir, con la cosa valiosa. Los valores estaban "encarnados" en las cosas y en tal sentido eran cualidades; pero el valor no era una cualidad real, sino irreal. Por otra parte, los valores se percibían no intelectualmente, sino mediante lo que Scheler denominaba "estimación", actos que eran de tres tipos: de amor y odio, de preferencia y postergación, y de percepción afectiva. En fin, los valores encerraban dos cualidades fundamentales: jerarquía y polaridad, es decir, tenían grados y se presentaban siempre en parejas de opuestos. La teoría de los valores de Scheler era incompatible con una doctrina natural del hombre. Por eso, la antropología scheleriana era personalista. Para Scheler, "persona es la concreta y esencial unidad de ser de actos de diferentes clases de esencia, que en sí anteceden a todos los diferentes actos", es decir, la persona se concretaba en cualquier acto suyo y se revelaba como un ser unitario en todas sus manifestaciones. Scheler encontró una vinculación esencial entre persona y mundo. Cada persona tenía su mundo. La posibilidad de pasar de estos mundos individuales a uno único tenía su fundamento en la persona infinita y perfecta. A las relaciones interpersonales dedicó Esencia y formas de la simpatía (1.922). Desde que en 1.922 abandonó la Iglesia católica, se inclinó hacia el panteísmo. Otras obras de Scheler fueron: Lo eterno en el hombre (1.921), Las formas del saber y la sociedad (1.926), El puesto del hombre en el cosmos (1.928) y, por último, Idealismo y realismo (1.927). Murió en Francfort el 19 de marzo de 1.928.

Ética

Nietzsche (Friedrich Wilhelm){Biografía} {Filosofía} Nació en Röcken el 15 de octubre de 1.844. Hijo de una familia de pastores protestantes, estudió Teología y Filología clásica en las Universidad de Bonn y de Leipzig. Ya a los 25 años explicó esta última materia en Basilea. Después de haber renunciado a su cátedra vivió solitario en Suiza, en Italia y en Francia. Víctima de un ataque de locura, no consiguió recobrarse y murió a consecuencia de él. Nietzsche puede ser considerado dentro del amplio grupo de pensadores encuadrados en el vitalismo, pero presentó matices especiales. Su estilo literario, peculiar y arrebatador, le ha dado a conocer fuera del estricto campo de la Filosofía en mucha mayor medida que al resto de los pensadores vitalistas, y ha hecho decir de él que fue, con Marx y Kierkegaard, uno de los tres grandes pensadores revolucionarios del siglo XIX. Su producción literaria inicial apareció bajo la influencia de R. Wagner y de Schopenhauer. Así ocurrió con El origen de la tragedia sacado del espíritu de la música (1.871) y Consideraciones extemporáneas (1.873-76). La ruptura con aquellos dos personajes vino representada por Humano, demasiado humano (1.878). Pero entretanto elaboró su famosa y perdurable interpretación del arte griego como enmarcado entre dos principios: lo apolíneo y lo dionisíaco, en que lo primero representaba la claridad, la belleza y la mesura, y lo segundo, la vida, la pasión. Por otra parte, en tanto que Schopenhauer negaba la voluntad de vivir, Nietzsche afirmaba lo contrario, es decir, que la voluntad de vivir era el valor supremo a que el hombre podía y debía aspirar. Más adelante, el pensamiento de Nietzsche se dejó influir por la filosofía de la Ilustración e incluso por el positivismo científico. Fue entonces cuando elaboró su idea del eterno retorno. En esencia, lo que defendía Nietzsche era que el mundo estaba constituido por un número finito de elementos, por lo que el producto de las distintas combinaciones cósmicas sería también necesariamente finito. Como, por otra parte, estas combinaciones tenían lugar en un tiempo infinito, los elementos recomenzarían una y otra vez sus combinaciones, retornando así eternamente. Éste fue el período denominado zaratústrico. En Así hablaba Zaratustra (1.891) desarrolló estas ideas. Todo ello llevó a Nietzsche a propugnar que debemos rechazar y suprimir todo lo vil, todo lo bajo y malo, mediante un trasmutación de valores hasta que alcancemos el superhombre. Por ello, los débiles y los fracasados debían sucumbir en aras de este ideal. Asimismo, como consecuencia de ello, condenó al cristianismo, al que acusó de propagar una moral de esclavos. Estos ataques contra el cristianismo alcanzaron tonos violentísimos. Otras obras de Nietzsche fueron: Más allá del bien y del mal (1.886), La genealogía de la moral (1.887), El ocaso de los dioses (1.889) y El Anticristo (1.895). Toda la obra de Nietzsche tiene el sello de lo subversivo. Rompió con todo lo que suponía tradición y se mostró descontento con una sociedad decadente que rezumaba mediocridad por todas partes. Su actitud antirreligiosa parecía ser una reacción al pietismo vivido en su infancia y el resultado de la influencia de los ilustrados y positivistas. En, La gaya ciencia (1.882) proclamó la muerte de Dios, como preludio de grandes transformaciones. En su locura, se extasió ante la barbarie y la guerra. Sus ideas han influido en el nacionalsocialismo. En definitiva, su pensamiento constituyó una filosofía de la destrucción y un síntoma de la crisis de la civilización occidental. Murió en Weimar el 25 de agosto de 1.900.

Ética

Mill, John Stuart

(Londres, 1806-Aviñón, Francia, 1873) Filósofo y economista británico, hijo mayor del también filósofo, economista e historiador James Mill, que le sometió a un riguroso proceso educativo y a una férrea disciplina. Cuando cumplió los diecisiete años, su padre le buscó empleo en la East India Company, organismo del gobierno británico en el que él trabajaba y que se encargaba de administrar los asuntos de la India.

Paralelamente a sus tareas burocráticas en la East India Company, el pensador, escritor y político que fue Stuart Mill se dio a conocer en 1843 con la publicación de «Lógica», dos volúmenes en los que expone los principios de una teoría empirista del conocimiento. El éxito fue tal que le abrió el camino a la publicación de «Ensayos sobre algunas discutidas cuestiones de economía política»; pero fueron principalmente sus publicaciones posteriores, como «Principios de economia política» (1848), donde propugna un individualismo liberal socializante, regido por la moral utilitaria que busca el progreso de la humanidad, «Sobre la libertad» (1859) y «Pensamientos sobre la reforma parlamentaria» (1861), las que le consagraron como decidido defensor de la libertad en todos sus campos, libertad que reclamó sobre todo para las mujeres en «La servidumbre de la mujer» (1869).

A principios de 1865 tuvo ocasión de llevar sus teorías a la práctica, tras presentarse candidato a la Cámara de los Comunes y resultar elegido por tres años. Durante este período preconizó la intervención del Estado en favor de los desheredados, la modificación de la propiedad y la formación de cooperativas de producción, y, sobre todo, fue un acérrimo defensor de la liberalización política de la mujer y de su derecho al voto. Basándose en la moral utilitaria de carácter social, como puso de manifiesto en «Utilitarismo» (1861), que busca la mayor felicidad del mayor número de personas, encuentra el fin último de las aspiraciones humanas en el placer que proporciona lo útil.

Ética

David Hume

nació en Edimburgo en el seno de una familia acomodada el año

1711 y murió en esta misma ciudad en 1766. Su vida transcurrió entre

Edimburgo, París y Londres.

En vez de seguir el estudio de las leyes, a lo que le orientaba la tradición familiar,

quiso probar fortuna en el comercio, pero sin mucho éxito, lo cual le llevó a

abandonarlo pronto.

Tras un período de intensa dedicación a la lectura, en 1726, durante una estancia

de varios años en Francia, escribió su obra más importante, el Tratado sobre la

naturaleza humana, que no sería publicado hasta el año 1740 en Londres.

Esta obra no tuvo el reconocimiento que esperaba. Hume tuvo que atraerse la

atención del público por medio de una serie de ensayos menores, antes de

encontrar alguna consideración. Posteriormente, decidió reelaborar los temas y

problemas del Tratado y así, en 1748 publicó la Investigación sobre el

conocimiento humano (que refunde la primera parte de su primera obra), y en

1751 sacó a la luz la Investigación sobre los principios de la moral (en la que se

vuelven a tratar los temas del libro tercero del Tratado).

Tras aspirar por dos veces, de forma infructuosa, a un cargo académico, aceptó

un puesto como bibliotecario en Edimburgo, donde escribió una Historia de

Inglaterra que le haría rico y famoso. Más tarde, como secretario de legación,

vivió en París varios años, y allí entró en contacto con varios pensadores

franceses, como Rousseau.

Ocupó luego un alto cargo en el gobierno inglés, en Londres, pero pronto se cansó

de la vida pública y se retiró a Edimburgo, donde pasó los últimos años de su

vida, hasta su muerte, ocurrida en 1776, rodeado de sus amigos y seguidores.

Hume llevó el empirismo de Locke hasta sus últimas consecuencias. Según

Hume, el conocimiento humano se compone de impresiones sensibles y de ideas,

que se forman a partir de los datos de los sentidos. No podemos ir, pues, más allá

de lo que nos aportan los sentidos, y la existencia y verdad de las ideas resultan

injustificables para nosotros.

El propio Hume reconoció que este análisis del conocimiento lleva inevitablemente

al escepticismo. Además, su filosofía desemboca en un emotivismo moral, dado

que de las proposiciones o verdades de hecho no pueden deducirse los mandatos

o recomendaciones morales. En definitiva, los valores y las normas morales se

basan únicamente en el sentimiento y no en la razón.

El primer texto de lectura y comentario propuesto en el programa es la sección IV

de la Investigación sobre el conocimiento humano. En esta sección se estudian

las verdades de hecho y nuestro conocimiento de las mismas.

El segundo fragmento que propone el programa de Madrid es el apéndice I de la

Investigación sobre los principios de la moral, en el que Hume defiende su tesis

de que la razón no puede fundar el juicio moral, por lo que los valores morales

sólo se basan en el sentimiento.