Ética para Amador; Fernando Savater

Filosofía española contemporánea. Filósofos españoles. Libertad. Adolescencia. Valores éticos y morales. Bien y mal. Voluntad. Placer

  • Enviado por: Eartunduaga
  • Idioma: castellano
  • País: Colombia Colombia
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ETICA PARA AMADOR

Fernando Savater

1. FICHA BIBLIOGRAFICA

Cap 1. De qué va la ética

Aquí se habla de lo que puede ser bueno y de lo que puede ser malo, a partir de lo que nos conviene o nos hace sentir mejor, eso se clasificaría como bueno, sin embargo para poder desarrollar lo bueno se nos atraviesan una serie de dificultades, que son las que les convienen a otros y eso es lo que consideramos como malo, pero aun así tenemos que saber que hay cosas que están hechas solamente para hacer algo, nos vamos percibiendo que es improbable realizar actividades que están dentro de lo que se considera una fantasía o algo similar.

Ciertas cosas uno puede aprenderlas o no. Como nadie es capaz de saberlo todo, no hay más remedio que elegir y aceptar con humildad lo mucho que ignoramos. Otras cosas hay que saberlas porque en ello, nos va la vida. Es exacto estar enterado, por ejemplo de que saltar desde el balcón de un noveno piso no es cosa buena para la salud; o de que una dieta de clavos y ácido prúsico no permite llegar a viejo. Pequeñeces así son importantes. Se puede vivir de muchos modos pero hay modos que no dejan vivir.

En sí, entre todos los saberes posibles existe al menos uno necesario: el de que ciertas cosas nos convienen y otras no si queremos seguir viviendo. De modo que ciertas cosas nos convienen y a lo que nos conviene solemos llamarlo “bueno” porque nos sienta bien; otras, en cambio, nos sientan pero que muy mal y a todo eso lo llamamos “malo”. Saber lo que nos conviene, es decir: distinguir entre lo bueno y lo malo, es un conocimiento que todos intentamos conseguir.

La mentira es algo en general malo, porque demuele la confianza en la palabra y enemista a las personas; pero a veces parece que puede ser útil mentir para obtener alguna ventaja. O incluso para hacerle un favor a alguien. Por otra parte, al que siempre dice la verdad caiga quien caiga, suele agarrarle manía todo el mundo. Lo malo parece a veces resultar más o menos bueno y lo bueno tiene en ocasiones apariencias de malo.

Lo de saber vivir no resulta tan fácil porque hay diversos criterios opuestos respecto a qué debemos hacer. Algunos aseguran que lo más noble es vivir para los demás y otros señalan que lo más útil es lograr que los demás vivan para uno. En lo único que a primera vista todos estamos de acuerdo es en que no estamos de acuerdo con todos. Estas opiniones distintas coinciden en otro punto: a saber, que lo que vaya a ser nuestra vida es, al menos en parte, resultado de lo que quiera cada cual. En su medio natural, cada animal parece saber perfectamente lo que es bueno y lo que es malo para él, sin discusiones ni dudas. La palabra fundamental libertad. En cierta medida, los hombres también estamos programados por la naturaleza. Y de modo menos imperioso pero parecido, nuestro programa cultural es determinante: nuestro pensamiento viene condicionado por el lenguaje que le da forma y somos educados en ciertas tradiciones, hábitos, formas de comportamiento, leyendas..., en una palabra, que se nos inculcan desde la cunita unas fidelidades y no otras. Todo ello pesa mucho y hace que seamos bastante previsibles.

Hablar de libertad es a esto a lo que me refiero. Es cierto que no estamos obligados a querer hacer una sola cosa. Y aquí conviene señalar dos aclaraciones respecto a la libertad: No somos libres de elegir lo que nos pasa sino libres para responder a lo que nos pasa de tal o cual modo.
Ser libres para intentar algo no tiene nada que ver con lograrlo indefectiblemente. No es lo mismo la libertad (que consiste en elegir dentro de lo posible) que la omnipotencia (conseguir siempre lo que uno quiere, aunque pareciese imposible). Por ello, cuanta más capacidad de acción tengamos, mejores resultados podremos obtener de nuestra libertad.

Cap 2. Ordenes, costumbres y caprichos

Aquí se vuelve a tratar la libertad. Savater se centra en el hecho de que somos libres para hacer lo que prefiramos, pero esta libertad se ve limitada en muchas ocasiones. Numerosas veces es imposible elegir lo que nos pasa pero sí tenemos capacidad de elegir lo que podemos hacer en consecuencia de lo que nos sucede (ser prudente o temerario, obedecer o revelarse) Osea, no podemos elegir lo que nos pasa, pero podemos actuar frente a ello.

Generalmente se nos plantean dos dilemas de los cuales tendremos que sesgarnos solamente por uno de ellos. Por ejemplo: no puedo elegir haber nacido en Colombia o no, pero puedo elegir entre emigrar a otro país o quedarme en mi país natal.

Sin embargo, como reconoce Savater, la mayoría de los actos que realizamos diariamente no los realizamos tras una larga meditación, sino que generalmente son casi instantáneos. Este tipo de casos suceden porque la mayoría del tiempo nos guiamos por determinados agentes, sin decidir de veras lo que nos es más o menos conveniente.

Savater se dedica también a establecer los motivos por los que actuamos. Al principio establece tres tipos de motivos:

"Órdenes: Son aquello que otros nos mandan a que hagamos. Tendemos a seguirlas, quizá por miedo a las represalias tomadas por no cumplirla, para mostrar una muestra de afecto y confianza a un ser querido o bien con el único objetivo de obtener de ello una recompensa, pero su justificación no está demasiado clara”.

"Caprichos: Son aquello que realizamos sin motivos aparentes, son deseos momentáneos que realizamos simplemente porque nos apetece, sin pensar en las repercusiones que estos pueden generar. Salen de nuestro interior”.

"Costumbres: Representa todo aquello que se suele hacer a menudo, aquellos gestos que se repiten casi sin pensar, o también aquello que suele hacer todo el mundo a nuestro alrededor. Solemos guiarnos por ellas para lograr la comodidad de la rutina, o bien por estar sometidos a una determinada presión”.

Las órdenes y los caprichos son algo que viene del exterior de nosotros mismos, que se nos asigna sin pedir permiso, a diferencia de los caprichos que es algo que sale de nuestro interior. Por esto la mayoría de las personas suelen considerar más libre realizar un capricho que seguir una orden o una costumbre.

Cap 3. Haz lo que quieras

Decíamos antes que la mayoría de las cosas las hacemos porque nos las mandan, porque se acostumbra a hacerlas así, porque son un medio para conseguir lo que queremos o sencillamente porque nos da la ventolera o el capricho de hacerlas, así, sin más ni más. Pero resulta que en ocasiones importantes o cuando nos tomamos lo que vamos a hacer verdaderamente en serio, todas estas motivaciones corrientes resultan insatisfactorias: vamos, que saben a poco, como suele decirse.

Esto tiene que ver con la cuestión de la libertad, que es el asunto del que se ocupa propiamente la ética Libertad es poder decir si o decir no; lo hago o no lo hago, digan lo que digan mis jefes o los demás; esto me conviene y lo quiero, aquello no me conviene y por tanto no lo quiero. Libertad es decidir, pero también, no lo olvides, darte cuenta de que estás decidiendo. Lo más opuesto a dejarse llevar, como podrás comprender. Y para no dejarte llevar no tienes más remedio que intentar pensar al menos dos veces lo que vas a hacer; sí, dos veces, lo siento, aunque te duela la cabeza... La primera vez que piensas el motivo de tu acción la respuesta a la pregunta «¿por qué hago esto?» lo hago por que me lo mandan, porque es costumbre hacerlo, porque me da la gana. Pero si lo piensas por segunda vez, la cosa ya varía. Esto lo hago porque me lo mandan, pero... ¿por qué obedezco lo que me mandan? ¿por miedo al castigo?, ¿por esperanza de un premio?, ¿no estoy entonces como esclavizado por quien me manda? Si obedezco porque quien da las órdenes sabe más que yo, ¿no sería aconsejable que procurara informarme lo suficiente para decidir por mí mismo? ¿Y si me mandan cosas que no me parecen convenientes, como cuando le ordenaron al comandante nazi eliminar a los judíos del campo de concentración? ¿Acaso no puede ser algo malo --es decir, no conveniente para mí-- por mucho que me lo manden, o bueno y conveniente aunque nadie me lo ordene?

Lo mismo sucede respecto a las costumbres. Si no pienso lo que hago más que una vez, quizá me baste la respuesta de que actúo así porque es costumbre. Y cuando me interrogo por segunda vez sobre mis caprichos, el resultado es parecido. Muchas veces tengo ganas de hacer cosas que en seguida se vuelven contra mí, de las que me arrepiento luego. En asuntos sin importancia el capricho puede ser aceptable, pero cuando se trata de cosas más serias dejarme llevar por él, sin reflexionar si se trata de un capricho conveniente o inconveniente, puede resultar muy poco aconsejable, hasta peligroso: el capricho de cruzar siempre los semáforos en rojo a lo mejor resulta una o dos veces divertido pero llegaré a viejo si me empeño en hacerlo día tras día?

En resumidas cuentas: puede haber órdenes, costumbres y caprichos que sean motivos adecuados para obrar, pero en otros casos no tiene por qué ser así. Sería un poco idiota querer llevar la contraria a todas las órdenes y a todas las costumbres, como también a todos los caprichos porque a veces resultarán convenientes o agradables. Pero nunca una acción es buena sólo por ser una orden, una costumbre o un capricho. Para saber si algo me resulta de veras conveniente o no tendré que examinar lo que hago más a fondo, razonando por mí mismo. Nadie puede ser libre en mi lugar, es decir: nadie puede dispensarme de elegir y de buscar por mí mismo. Cuando se es un niño pequeño, inmaduro, con poco conocimiento de la vida y de la realidad basta con la obediencia, la rutina o el caprichito. Pero es porque todavía se está dependiendo de alguien, en manos de otro que vela por nosotros. Luego hay que hacerse adulto, es decir, capaz de inventar en cierto modo la propia vida y no simplemente de vivir la que otros han inventado para uno. Naturalmente, no podemos inventarnos del todo porque no vivimos solos y muchas cosas se nos imponen queramos o no Pero entre las órdenes que se nos dan, entre las costumbres que nos rodean o nos creamos, entre los caprichos que nos asaltan, tendremos que aprender a elegir por nosotros mismos. No habrá más remedio, para ser hombres y no borregos que pensar dos veces lo que hacemos. Y si me apuras, hasta tres y cuatro veces en ocasiones señaladas.

La palabra moral etimológicamente tiene que ver con las costumbres, pues eso precisamente es lo que significa la voz latina: mores, y también con las órdenes, pues la mayoría de los preceptos morales suenan así como debes hacer tal cosa o ni se te ocurra hacer tal otra. Sin embargo, hay costumbres órdenes que pueden ser malas, o sea inmorales, por muy ordenadas y acostumbradas que se nos presenten. Si queremos profundizar en la moral de verdad, si queremos aprender en serio cómo emplear bien la libertad que tenemos, más vale dejarse de órdenes, costumbres y caprichos. Lo primero que hay que dejar claro es que la ética de un hombre libre nada tiene que ver con los castigos ni los premios repartidos por la autoridad que sea, autoridad humana o divina, para el caso es igual. El que no hace más que huir del castigo y buscar la recompensa que dispensan otros, según normas establecidas por ellos, no es mejor que un pobre esclavo.

Moral es el conjunto de comportamientos y normas que tú, yo y algunos de quienes nos rodean solemos aceptar como válidos; ética es la reflexión sobre por qué los consideramos válidos y la comparación con otras morales que tienen personas diferentes.

Recuerdo que las palabras bueno y malo no sólo se aplican a comportamientos morales, ni siquiera sólo a personas.

Para unos, ser bueno significará ser resignado y paciente, pero otros llamarán bueno a la persona emprendedora, original, que no se acobarda a la hora de decir lo que piensa aunque pueda molestar a alguien. Porque no sabemos para qué sirven los seres humanos.

Se puede ser buen hombre de muchas maneras y las opiniones que juzgan los comportamientos suelen variar según las circunstancias. Admitimos así que hay muchas formas de serlo y que la cuestión depende del ámbito en que se mueve cada cual. De modo que ya ves que desde fuera no es fácil determinar quién es bueno y quién malo, quién hace lo conveniente y quién no. Habría que estudiar no sólo todas las circunstancias de cada caso, sino hasta las intenciones que mueven a cada uno.

Ni órdenes, ni costumbres ni caprichos bastan para guiarnos en esto de la ética y ahora resulta que no hay un claro reglamento que enseñe a ser hombre bueno y a funcionar siempre como tal, ¿cómo nos las arreglaremos? Haz lo que quieras. ¡vaya, pues sí que es moral la conclusión a la que hemos llegado!, ¡la que se armaría si todo el mundo hiciese sin más ni más lo que quisiera!.

Cap 4. Date la buena vida

Intenta explicar el verdadero significado de la frase: “Haz lo que quieras”, definiendo que el hecho de hacer lo que se quiere es sinónimo de decidir nuestra propia vida claro que después de meditar lo que es mejor para nuestro futuro, o lo que es lo mismo, ser libre. Claro que en este punto nos encontramos ante una paradoja: El hecho de hacer lo que deseo sería cumplir la orden dada anteriormente, por lo tanto, no ser libre. Es aquí cuando debemos llegar a la conclusión de que todo en la vida está unido a una libertad, aún habiendo decidido no ser libre y vivir para siempre a merced de otros, seguiremos valiéndonos de nuestra libertad en el momento en que tomamos nosotros mismos esa decisión. Hace referencia el autor a una frase del filósofo Jean-Paul Sartre: “Estamos condenados a la libertad”.

Aclara que en ningún caso se debe confundir la frase “haz lo que quieras” con el hecho de satisfacer todos nuestros caprichos o hacer lo que queramos, pues éstos responden únicamente a deseos pasajeros. Realmente haciendo esto último no obtenemos ganancia alguna, más bien una pérdida. Ésta pérdida se aclara por medio de un pasaje de la Biblia: El de Esaú y Jacob. La historia narra la vida de dos hermanos, de los cuales el mayor, Esaú, obtuvo, debido a su mayor edad, la primogenitura en la familia. Cierto día, trás una dura jornada de pesca, Esaú llegó a casa con el tremendo deseo de un plato de lentejas preparado por su hermano. Esaú se las ofreció a cambio de la primogenitura con la que contaba. Dejándose llevar por este capricho momentáneo Esaú aceptó, sin saber que lamentaría esa decisión el resto de sus días. Hace esta aclaración pensando en lo breve que es la vida y que muchas veces llegamos a menospreciarla, dándonos cuenta con esto que Esaú no hacía lo que quería y que él también estaba condicionado por la muerte.

Tras esta breve alusión a la Biblia, el autor plantea lo siguiente: ¿qué es lo que verdaderamente quieres?

Dando por hecho una respuesta generalizada, la buena vida y comenta que esta buena vida tan deseada es sólo la que podría darse entre seres humanos. Aclara que, al contrario que los animales, no nacemos ya formados. Debemos seguir un proceso de humanización para hallar la buena vida, la cual debe ser recíproca. Afirma que la ética es el intento racional de averiguar cómo vivir mejor.

Según Savater, el lenguaje es la base de la realidad cultural del ser humano y se realiza entre estos. Hablar y escuchar a las personas es darle un trato humano, puesto que nadie quiere ser tratado como un animal u objeto. Hace así una reflexión acerca de la dependencia del ser humano como individuo respecto de la sociedad, puesto que nadie puede prescindir de la sociedad porque todos necesitamos la compañía, el apoyo, la cultura, etc y todo eso lo obtenemos de ella.

Para concluir, Savater narra un pasaje de la película “Ciudadano Kane”, en la cual Kane(el protagonista) vivió siempre por y para el dinero y su único objetivo era la obtención de riqueza y poder, dejando a un lado a sus semejantes. Cierto día se da cuenta de que es mayor, que está muriendo y que toda su fortuna le es totalmente inútil; es entonces cuando recuerda su infancia(el trineo con el que jugaba de niño), el único momento agradable de su vida cuando poseía el calor de sus familiares, osea, cuando estaba encaminado hacia la buena vida.

Cap 5. ¡Despierta baby!

Aquí está claro lo que queremos (darnos la buena vida), pero no lo está tanto en que consiste eso de “la buena vida”. Y es que querer la buena vida no es un querer cualquiera, como cuando uno quiere lentejas, cuadros, electrodomésticos o dinero. Todos estos quereres son por decirlo así simples, se fijan en un solo aspecto de la realidad: no tienen perspectiva de conjunto. No hay nada malo en querer lentejas cuando se tiene hambre, desde luego: pero en el mundo hay otras cosas, otras relaciones, fidelidades debidas al pasado y esperanzas suscitadas por lo venidero, no sé, mucho más, todo lo que se te ocurra. En una palabra, no sólo de lentejas vive el hombre. La muerte es una gran simplificadora: cuando estás a punto de estirar la pata importan muy pocas cosas. La vida, en cambio, siempre es complejidad y casi siempre complicaciones. Si rehuyes toda complicación y buscas la gran simpleza no creas que quieres vivir más y mejor sino morirte de una vez. Y hemos dicho que lo que realmente deseamos es la buena vida, no la pronta muerte.
La verdad es que las cosas que tenemos nos tienen ellas también a nosotros en contrapartida: lo que poseemos nos posee. Lo que tenemos muy agarrado nos agarra también a su modo... o sea que más vale tener cuidado con no pasarse.

Las personas dependemos de la sociedad, necesitamos compañía, respeto, amistad, amor... algo que sólo ella nos puede ofrecer. Debemos estar decididos a no vivir de cualquier modo y estar convencidos de que no todo da igual aunque antes o después vayamos a morirnos.

En esta parte del libro se no plantea una especie de decisión la cual nos puede hacer culpables directos de algo o no, dependiendo de lo antecedentes que existan a esta actividad, la cual puede haber sido realizada voluntariamente o bajo ordenes de alguien. El tratar de realizar nuestros actos de una manera mas libre sin tomar mucho en cuenta lo que loas demás personas tratan de influenciarnos.

Cap 6. Aparece Pepito Grillo

En este capitulo se afirma la obligación de tener conciencia, de no ser imbécil. Más tarde muestra las cinco maneras de ser imbécil: El que cree que no quiere nada, dice que todo le da igual y vive en perpetuo bostezo o siesta permanente. El que cree que lo quiere todo. El que no sabe lo que quiere ni se molesta en averiguarlo y se dedica a imitar a los demás o a llevarles la contraria. El que sabe lo que quiere y por qué lo quiere pero lo quiere con poca fuerza y al final siempre acaba haciendo lo que no quiere, dejando lo que quiere para mañana. El que quiere con fuerza y ferocidad en plan bárbaro, pero se ha engañado a si mismo sobre lo que es la realidad y termina confundiendo la buena vida con aquello que va a hacerle polvo.

Savater cuestiona si se trata de un tipo de egoísmo el querer ante todo evitar el mal. Aunque el egoísmo es poseedor de una muy mala fama, hay una ocasión en la que es muy justificable: “Querer lo mejor para mi mismo”, claro está sin, por ello, perjudicar al prójimo. Sería una cierta persona “egoísta consecuente” en el caso de que conociese qué es lo que realmente le conviene. Por el contrario, un “egoísta imbécil” aquel que busca una “buena vida” que no esta por el contrario.

Lo contrario de ser moralmente imbécil es tener conciencia. Pero la conciencia no es algo que le toque a uno en una tómbola ni que nos caiga del cielo. Por supuesto, hay que reconocer que ciertas personas tienen desde pequeñas mejor “oído” ético que otras y un “buen gusto” moral espontáneo, pero este, “oído” y ese “buen gusto” pueden afirmarse y desarrollarse con la practica. La responsabilidad de la que hemos hablado se trata de pensar que cada acción que realizo me construirá, me definirá, cuando tomo una decisión me transformo.

Las palabras que a continuación analizaremos serán “culpa” o “responsable”, las que relacionaremos con la conciencia. Estos términos nos hacen enseguida compararlos con “pepito Grillo”.

Algo tan común como un remordimiento no sólo viene dado por un miedo a represalias, es el comprender que nos estamos estropeando a nosotros mismos, vienen dados por la repetitiva “libertad”. Para evitar los remordimientos solemos recurrir a una justificación, aunque la verdadera solución sería actuar de una manera responsable.

Cap 7. Ponte en su lugar

Nos recuerda la historia de Robinson Crusoe, quien vivía solo en una isla y se sentía completo, ya que había conseguido adecuar todas las cosas y fieras a sus necesidades, pero se comenta exactamente el pasaje en que el protagonista descubre unas huellas que le hacen ver que no está solo en la isla, sino que tiene con él a un semejante. Es entonces cuando comienza su preocupación acerca del comportamiento que debe tener con él, es decir, el problema ético. Ya no podrá sobrevivir de cualquier modo, sino que deberá respetar unas normas de convivencia, es decir, unas normas morales que le harán llevar una vida humana.

Quizá el término “semejante” no define al futuro compañero de Robinson. Era éste una persona culta, educada, religiosa, etc al contrario que Robinson. Crusoe era un salvaje e inculto caníbal. A pesar de éstas diferencias, existía entre ambos hombres una relación que iba más allá de la que se puede tener con un objeto o cualquier bien material. Ambos tenían su propio concepto del bien y el mal, pero aún así tenían la capacidad para comunicarse. Quizá el comportamiento inicial por parte de Robinson no hubiese sido el mismo ante un posible salvador o ante un vil enemigo, pero en este último caso, un trato despectivo no conseguiría otra cosa que ser respondido de la misma manera y que éste se convirtiese en un verdadero enemigo.

Para explicar esto, el autor hace alusión a un pasaje en la historia de Marco Aurelio, emperador de Roma. Cuenta que este personaje era el primero en opinar que todas las personas, por buenas o malas que fuesen, merecían ser tratadas como tales, porque: “todo ser humano, lo desee o no, me conviene”. No solo debemos portarnos adecuadamente con los que nos vienen bien, sino que debemos tratar a todos por igual, sin ninguna malicia, únicamente con los miramientos que a todo debemos darle, no solo a las cosas, porque no hay nada más importante que el vínculo del respeto y la amistad.

Nos recuerda Savater que no por llevarnos bien con alguien debemos favorecer sus malas conductas y que se han de tener dos cosas muy claras:

"Una persona, por muy mala que ésta sea, no deja de ser un ser humano. No podemos juzgar a alguien porque esta cometa errores, porque antes de hacerlo es una persona, a pesar de que esta pueda comportarse de manera poco recomendada (ej; ladrones).

"Puesto que los humanos tendemos numerosas veces a imitar a los demás, incluso nuestra cultura tiende a imitar y no a inventar, por esto debemos de tener en cuenta que el ejemplo que damos será en ocasiones modelo para alguien, por lo que debemos preocuparnos por él.

Puesto que hemos llegado a tratar el tema de unos supuestos malos, abundantes en nuestra vida, nos habla el autor acerca de Frankenstein. En un pasaje de ésta novela, el terrorífico protagonista comenta la desgracia que posee al ser malo. Sacamos entonces en conclusión que la mayoría de los malos que hay en nuestra sociedad se sienten desgraciados por ello. No ven nunca una muestra de afecto, de ternura, o de aprecio. Por eso no es tan ventajoso ese trato de enemistad contra los amigos puesto que, aunque obtengamos con ello bienes materiales, no encontraremos nunca bienes interiores como amistad, apoyo, comprensión, respeto, etc.

Llegamos así a una pregunta clave: ¿En qué consiste tratar a las personas como tales? Pues bien, la respuesta es que intentes ponerte en su lugar. Esta bonita frase se puede llevar a cabo si se empieza conociendo los derechos de los demás y, por lo tanto, sus razones. En una palabra: Tomarles en serio. Ese fue el fallo de personajes como Kane o Gloucester; que no realizaron ni siquiera el intento de ponerse en el lugar de sus semejantes y, por supuesto, fracasaron.

Savater aclara que no pretende restar importancia a nuestros intereses, solo comenta que estos son muy relativos. El único absoluto interés es el trato humano con los demás. Comenta también que ponerte en el lugar de los demás no significa concederle todo lo que desearía para mi (palabras de Bernard Shaw), puesto que sus gustos no han de ser idénticos a los míos.

Para concluir, el autor concluye con la importancia de la justicia, alegando que esta va mucho más allá de lo establecido en las leyes, esta es la virtud de intentar vivir bien, humanamente con los demás, reconociendo así sus derechos; porque para ponerte en el lugar de una persona hay que amarla y comprenderla un poco.

Cap 8. Tanto gusto

Habitualmente, cuando alguien habla de que algo es moral o inmoral, se refiriere a algo relacionado con el sexo y de hecho estas dos palabras han sido restringidas a este tipo de temas, Savater trata de criticar exactamente este tabú. En realidad, quien considera que hay algo de inmoral en el sexo es el que cree que es malo disfrutar, este tipo de acciones sólo serían inmorales si se utilizan para hacernos daño. El sexo, en sí, no tiene nada de inmoral, ya que su uso fuera del sentido de procreación, que en sí es una función importante éste, es exclusivamente humano, a pesar de esto se aclara que el sexo impone una gran responsabilidad.

Lo que se esconde tras esas acusaciones de inmoralidad sexual es el miedo al placer sexual. Desde hace muchos siglos ha existido este miedo, ya que en ocasiones el placer nos distrae en exceso, lo cual puede resultar perjudicial, puesto que no se sabe de que manera controlarlo. De ahí que desde siempre hayan existido tabúes y restricciones en lo que se refiere al placer. Hay quienes disfrutan no dejando disfrutar a los demás, y a esos se les llama puritanos, los cuales son reconocidos como lo más alejado a la ética, afirman que algo es bueno si no nos gusta hacerlo, por lo que sólo cuando lo pasamos mal estamos viviendo la buena vida.

Montaigne decía: “Hay que retener el uso de los placeres de la vida, que los años nos quitan de las manos”. Aquí cabe destacar que es necesario pasarlo bien en cuanto se pueda, sin esperar a más tarde, disfrutando del presente. Pero no hay que buscar hoy todos los placeres, sino buscar todos los placeres que el presente nos pueda brindar. También hay que señalar que hay que hacer uso de los placeres, es decir, disfrutar de ellos teniendo siempre control sobre lo que hacemos, sin que ello nos controle a nosotros.

La diferencia entre uso y abuso es que cuando usas un placer enriqueces tu vida y esta te llena cada vez más, mientras que si abusas de él, lo que haces es ir empobreciéndola, llegando al punto de que lo único que te interesa es el placer. El placer es una especie de muerte que nos hace nacer después más vivos y mejores. Pero debemos desconfiar de los placeres cuya esencia es morir o estar expuesto a ello, ya que consisten en una especie de castigo o trampa de la muerte.

Lo mejor que podemos obtener de un placer es la alegría, que es un sí espontáneo a la vida, a lo que somos o a lo que sentimos ser, una experiencia que abarca placer y dolor, muerte y vida. Hay que poner el placer al servicio de la alegría y al arte de hacer esto se le denomina la templanza. Pero en la actualidad no es muy común, ya que, con templanza, se obtienen moderados, pero existen más abstemios que moderados, debido a que es más fácil prohibir o evitar el placer que aprender a usarlo de forma adecuada.

Concluye comentando que el hecho de gozar no tiene porque ser en contra de alguien. No se debe pensar que el hecho de estar gozando provocará el sufrimiento a otra persona que no lo hace. Esto es solo producto de una represión social.

Cap 9. Elecciones generales

Para lo único que sirve la ética es para intentar mejorarse a uno mismo, no para reprender elocuentemente al vecino; y lo único seguro que sabe la ética es que el vecino, tú, yo y los demás estamos todos hechos artesanalmente, de uno en uno, con amorosa diferencia. De modo que a quien nos ruge al oído: “¡Todos los... (políticos, negros, capitalistas, australianos, bomberos, lo que se prefiera) son unos inmorales y no tienen ni pizca de ética!”, se le puede responder amablemente: “Ocúpate de ti mismo, so capullo, que más te vale”, o cosa parecida.

Las sociedades igualitarias, es decir, democráticas, son muy poco caritativas con quienes escapan a la media por encima O por abajo: al que sobresale, apetece apedrearle, al que se va al fondo, se le pisa sin remordimiento. Por otra parte, los políticos suelen estar dispuestos a hacer más promesas de las que sabrían o querrían cumplir. Su clientela se lo exige (quien no exagera las posibilidades del futuro ante sus electores y no hace mayor énfasis en las dificultades que en las ilusiones, pronto se queda solo. Jugamos a creernos que los políticos tienen poderes sobrehumanos y luego no les perdonamos la decepción inevitable que nos causan. Si confiásemos menos en ellos desde el principio, no tendríamos que aprender a desconfiar tanto de ellos más tarde. Aunque a fin de cuentas siempre es mejor que sean regulares, tontorrones y hasta algo chorizos, como tú o como yo, mientras sea posible criticarles, controlarles y cesarles cada cierto tiempo; lo malo es cuando son jefes perfectos a los cuales, como se suponen a sí mismos siempre en posesión de la verdad no hay modo de mandarles a casa más que tiros...

La ética es el arte de elegir lo que más nos conviene y vivir lo mejor posible; el objetivo de la política es el de organizar lo mejor posible la convivencia social, de modo que cada cual pueda elegir lo que le conviene. Como nadie vive aislado (ya te he hablado de que tratar a nuestros semejantes humanamente es la base de la buena vida), cualquiera que tenga la preocupación ética de vivir bien no puede desentenderse olímpicamente de la política.

La libertad. Debe ser respetada al máximo. En consecuencia la responsabilidad de los actos y omisiones de cada uno también deberán ser consideradas con importancia. La justicia: Las personas deben ser tratadas como personas. Consiste en reconocer los derechos del otro, de considerar sus intereses de la misma manera que se consideran los propios; en fin, de reconocerle su dignidad. La asistencia. Una comunidad política deseable debe proporcionar ayuda a los que sufren o a los que tienen alguna incapacidad.

Quien tenga la preocupación ética de vivir bien no puede desentenderse de la política”. Es decir, la política debe ser el medio para que la sociedad pueda vivir bien y por eso nos interesa a todos.

si pretendemos llegar a encontrar esa “buena vida” no podemos desentendernos total y absolutamente de los problemas que conciernen a la política.

Como diferencias esenciales nombraremos las siguientes: La ética es la búsqueda de la “buena vida” para uno mismo, mientras que la política pretende alcanzar la de un conjunto numeroso de personas. La ética pretende que cada cual haga lo que de verdad quiera. Por el contrario, la política solo busca resultados, sin importar el medio.

2. Que quiere decir el autor con el libro.

El libro trata fundamentalmente del tema de la ética, de cómo se puede llevar una vida más o menos aconsejable, de saber cómo responder ante los diversos obstáculos o problemillas que se presentan en las vidas de los seres humanos. Todo ello usando la libertad.

En un principio se nos plantea la diferencia entre el hombre y el resto de seres vivos. La principal diferencia, a parte de que los hombres podemos razonar y el resto no, es que el hombre posee libertad, tiene capacidad para elegir qué hacer, qué comer, con quién estar, cómo comportarse, etc, mientras que los animales no tienen elección, pues sus actos están dictados por la Naturaleza, es decir, los animales actúan haciendo caso y siguiendo a sus instintos.

Que a medida que el hombre va creciendo y desarrollándose habrá ocasiones en las que aún sabiendo que algo no le conviene, lo hace. Es decir, comete errores conscientemente.

El autor quiere mostrar como conocer para que sepamos diferenciar entre lo bueno y lo malo, entre lo que nos conviene y lo que no nos conviene y para que no nos equivoquemos demasiadas veces en las elecciones que tengamos que hacer en nuestra vida, está la ética.

Algo claro que trata el autor es que cada vez que tengamos que tomar una decisión, ya sea para hacer o decir algo, por costumbre, obligación o capricho, debemos meditar y pensar dos veces lo que vamos a decir o hacer, porque además, no siempre cada uno de estos motivos tiene el mismo peso en la decisión que tomamos. No es lo mismo tomar una decisión porque te obligan, a tomar una decisión porque te da la gana, y te apetece sin más. En estas situaciones, debemos plantearnos si estamos de acuerdo con lo que nos mandan, si nosotros lo consideramos bueno o conveniente o si por el contrario nos obligan a hacer algo con lo que no estamos de acuerdo y nos parece malo. Aquí se nos vuelve a presentar la libertad: elegir entre lo que me mandan aunque me parezca poco conveniente o elegir lo que verdaderamente yo pienso y me parece bueno. Y cuando actuamos porque nos apetece, debemos reflexionar y valorar el perjuicio que puede ocasionar mi acción con mi propio beneficio.

Pero como no siempre resulta fácil saber si se ha obrado bien o mal, el autor muestra una forma de saberlo, es haciendo caso ha nuestra conciencia, esto funcionará si la persona es buena y está acostumbrado a actuar de buena fe, sino, la persona que suele ser mala, será muy difícil que su conciencia le diga algo. Si se nos remuerde la conciencia, como decimos vulgarmente, eso querrá decir que no hemos obrado como debíamos y que no nos sentiremos a gusto con nosotros mismos, ya que somos conscientes de que hemos hecho algo mal y consecuentemente deberemos intentar poner una solución al problema que hemos ocasionado.

Estos remordimientos aparecen porque tenemos libertad. Si no pudiéramos decidir entre unas cosas u otras, y sólo pudiéramos elegir entre una cosa, no nos podríamos sentir culpables, pues no teníamos o contábamos con otra opción para actuar de otra forma.

Otra cuestión que plantea el libro es que nos anima a hacer lo que queramos, pero siempre sin dejar de pensar en las consecuencias de nuestras decisiones. Este hacer lo que quieras nos ayudaría a llevar una buena vida, pero como somos personas y tenemos libertad y capacidad para elegir, debemos tener una visión de futuro (aunque sepamos que antes o después vamos a morir), y saber que hacer lo que en un determinado momento nos apetece (que nos llevaría a hacer lo que quisiésemos), en un futuro, no sabemos si lejano o no, nos puede llevar a un arrepentimiento, por no haber pensado bien lo que íbamos a hacer.

También debemos tener claro, cómo queremos llevar nuestra vida. Podemos elegir llevar una vida buena, aconsejable, actuando de buena fe, y considerando a las demás personas, o llevar una vida pensando en nosotros mismo, actuando de cualquier manera, sin importarnos lo que le pueda pasar a la gente que nos rodea y nos quiere. En nuestra vida podemos elegir hacer las cosas bien o hacerlas mal, pero elijamos una cosa u otra debemos ser consecuentes con nuestra decisión.

Si decidimos llevar una mala vida, no nos deberíamos asombrar si dentro de unos años nos vemos en la cárcel o vemos que no hemos hecho nada útil en nuestra vida y que de una forma y otra hemos fracasado. En cambio si hemos decidido llevar una buena vida, actuando de una forma correcta, en el futuro nos sentiremos orgullosos de nosotros mismos y la gente de nuestro entorno, también.

Otro punto que nos trata de señalar Savater es que lo que nos ayuda a llevar una buena vida son los placeres, entendiendo como placer aquello que nos proporciona una satisfacción y felicidad más o menos especial. Aunque todos los placeres de la vida son buenos, siempre y cuando no se abuse de ellos, debemos ser conscientes de que unos nos convienen más que otros.

Cuando se abusa de algún placer, lo que ocurre es que este abuso empobrece y simplifica nuestra vida porque acabamos estando tan obsesionados con ese placer en particular, que ya no nos interesa nada más, ni relacionarnos con otras personas, ni con cosas, ni nada, nuestra vida se centra en conseguir ese placer, entonces ese placer acaba siendo un vicio.

Además lo de poner prohibiciones a veces no resulta como esas personas esperan. Hay ocasiones en que se obtienen las respuestas contrarias a las esperadas, ya que lo que consiguen es que aunque sólo sea por rebeldía, haya personas que basta que se les prohíba algo, para que lo hagan de mala fe y con mala conciencia.

3. Opinión Personal

Me pareció un buen libro, pues, el autor esta discutiendo en un sentido muy individual, quedando así a consideración de cada quien si esta bien o esta mal o el sentido que le quiera dará a las cosas, menciona mucho la libertad, hace insistencia en que lo que puedes hacer con la vida propia, pero de la misma manera el como puedes aprender de los demás cosas importantes, aunque dice que es decisión de cada quien tomar este libro en serio o dejarlo por un lado pero es algo que el piensa que quiso compartir con los demás porque ciertamente no afirma que su ética sea la correcta, aunque él presenta de alguna manera en sus palabras, relatos, ejemplos el cómo vivir del mejor modo posible en la propia persona para buscar una satisfacción personal de lo bueno que se nos presenta en el camino y la relación que tenemos, queremos o mantenemos con los demás, también como parte importante dice que tenemos que hacer una reflexión de lo que uno quiere y fijarse en lo que hace, quitarnos los miedos para tener una vida buena, placentera pero cada quien debe ir inventándosela de acuerdo con su individualidad, única, irrepetible y frágil para conseguir el arte de vivir justo a nuestras medidas.

Dice que la ética no es mas que la crónica de los esfuerzos hechos por los humanos, me gusta la parte que afirma que lo único que puede decir es que busques y pienses por ti mismo, en libertad sin trampas y con responsabilidad marcando esto como una clave de forma de andar por el camino, que siempre procures elegir aquellas opciones que permiten un mayor número de otras opciones posibles, no las que te dejan estancado, que siempre abramos puestas a nuevas expectativas, experiencias y a diversas alegrías, evitando lo que te encierra, para finalizar el autor dice ¡suerte! Como palanca a sus palabras de la confianza, recalcando el no ocupar la vida en odiar ni en tener miedo sino en todo lo contrario.

En general me gusto la manera en que no da reglas ni marca lo que debes de hacer para estar bien, sino da la opción de que elijas lo que quieres de ti y para ti.

4. Para que sirve en mi vida en general

Savater quiere decir que debemos tratar a las personas como queremos que nos traten a nosotros. Esto me da a entender que si ayudamos a hacer la vida más fácil a nuestro prójimo, nosotros mismos nos veremos beneficiados porque la vida del que está a nuestro lado será mejor y más feliz, y esa felicidad repercutirá en nosotros porque la relación que tengamos será mucho más agradable para las dos partes.

En cambio, si nos dedicamos a hacer la vida imposible a la gente de nuestro alrededor, al final nos veremos perjudicados, porque sólo podremos ver desprecios y odio hacia nosotros. Pero encima no nos podremos quejar porque nosotros lo hemos conseguido a pulso, y sólo podremos esperar de los demás hacia nosotros lo mismo que nosotros les hemos dado a los demás.

Lo anterior creo que es lo mas importante que me ha podido quedar, ya que con eso puedo decir que en la vida en general; como hijo, estudiante, profesional, amigo, esposo, padre, etc, puedo poner en practica, y yo ya sabré que es lo que pasara dependiendo de cómo sea yo con las personas que están a mi alrededor. Así es como podré llevar una vida exitosa en todos los campos.

4. Bibliografía

Savater, Fernando. Etica para Amador. Editorial Ariel. Barcelona, España, 2001.

ETICA PARA AMADOR

Fernando Savater

Trabajo presentado al

Profesor:

En la materia de Ética Profesional

PONTIFICIA UNIVERSIDAD JAVERIANA

FACULTAD DE INGENIERIA - INGENIERIA INDUSTRIAL

DEPARTAMENTO DE HUMANIDADES - ETICA

Santiago de Cali, Noviembre 10 de 2004

CONCLUSIONES POR CAPITULO

CAP 1.

  • Es necesario un saber que guíe nuestros comportamientos por el buen camino, que nos ayude a diferenciar lo bueno de lo malo en cada situación. Ese saber es la ética.

  • Como el hombre es libre, puede tomar decisiones por si mismo y, por supuesto, pude equivocarse al tomarlas; por ello, para no caer en ese error, necesita un “saber vivir” que le ayude a acertar.

CAP. 2

  • Las personas no podemos elegir lo que nos pasa, pero si que podemos actuar frente a ello.

  • Necesitamos unos motivos, unos valores que nos ayuden a comportarnos de la manera adecuada en cada ocasión.

CAP. 3

  • Las órdenes, los caprichos y las costumbres no son suficientes para determinar nuestras acciones.

  • La capacidad y el hecho de ser un ser racional es lo que le permite al hombre ser libre.

  • No hay ningún reglamento fijo que nos permita diferenciar entre lo bueno y lo malo, es decir, hay varios puntos de vista respecto a ello; por eso debe ser cada individuo quién decida lo que el mismo debe hacer, “cada cual debe construir su propio camino”.

CAP. 4

  • Lo que verdaderamente vale es la sociedad: la familia, los amigos...; el dinero y demás posesiones materiales no sirven de nada sin la sociedad.

  • Para “darse la buena vida” hay que “dar la buena vida” puesto que según tratemos a los demás así se nos tratará. Si queremos recibir el bien, tendremos que sembrarlo y aunque no siempre lo recibamos no debemos por ello sembrar el mal.

CAP. 5

  • Las personas dependemos de la sociedad, necesitamos compañía, respeto, amistad, amor... algo que sólo ella nos puede ofrecer.

  • Debemos estar decididos a no vivir de cualquier modo y estar convencidos de que no todo da igual aunque antes o después vayamos a morirnos.

CAP. 6

  • La libertad implica una gran responsabilidad puesto que todo lo que decidimos tiene unas repercusiones en el futuro.

  • Hay que procurar en todo momento tener conciencia de lo que se hace y aceptar la responsabilidad de las consecuencias de nuestros actos.

CAP. 7

  • Todo individuo depende de la sociedad, de ella obtiene su cultura y prácticamente todo lo que tiene. Por ello como necesitamos a los demás debemos tratarles bien, procurar que sean felices, respetarles y apreciarles.

  • Toda persona necesita ser tratada por los demás como humana y por eso debemos mantener ese trato con los demás, porque nosotros también lo necesitamos. Es decir, si no tratamos a las demás como humanos, ellos harán lo mismo con nosotros y ambos saldremos perjudicados.

  • La “buena vida” consiste en conseguir que los demás nos respeten y traten como humanos. Entonces, si aquello que damos recibimos, lo que debemos hacer es “dar la buena vida” para poder así “darse la buena vida”.

CAP. 8

  • El placer no es malo ni inmoral, el placer es algo bueno de lo que hay que disfrutar pero sin llegar al abuso.

  • El placer produce alegría siempre que se le dé un buen uso. Si se abusa de él no produce más que destrozos a nuestra propia persona.

CAP. 9

  • “Quien tenga la preocupación ética de vivir bien no puede desentenderse de la política”. Es decir, la política debe ser el medio para que la sociedad pueda vivir bien y por eso nos interesa a todos.