Ética para Amador; Fernando Savater

Filosofía española contemporánea. Filósofos españoles. Adolescencia y sentido de la vida. Ideal moral. Reflexión. Libertad y conciencia. Costumbres

  • Enviado por: Mónica
  • Idioma: castellano
  • País: España España
  • 18 páginas

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CAPÍTULO - 1

De que va la ética 

   En este primer capítulo, Savater comienza explicando la posibilidad de carecer de ciertos conocimientos de la vida, cree que se puede vivir normalmente aún prescindiendo de ellos. Sin embargo, nos muestra que existen cosas imprescindibles en la vida, sin las que raramente podríamos vivir demasiado tiempo. Se refiere a ciertos conocimientos como pueden ser qué alimentos se pueden ingerir o que no debemos dejarnos caer por una ventana de un tercer piso. He aquí la diferencia cosas buenas y cosas malas.

   Explica también en qué ocasiones lo que generalmente se considera malo pasa a no ser tan malo, incluso, en cierta manera, pasar a ser bueno. Como ejemplo principal nos habla de la mentira.

   Otro tema que trata el narrador es el de la libertad. Habla de los límites que posee ésta para nosotros. Podemos decidir entre unas determinadas cosas, pero existen otras contra las que no podemos luchas, como es la muerte. También comenta el autor acerca de la libertad de los animales, que se reduce a seguir su instinto. He aquí el mérito de las buenas acciones humanas en comparación con las animales.

   Cree que, en cierto modo, los humanos estamos programados. Se refiere Savater a un programa cultural que se nos es inculcado a lo largo de los años y, aunque no en todos los casos se sigue, influye en gran medida en nuestro comportamiento.

   Aún así, destaca de nuevo nuestra posibilidad de escoger entre el “si” y el “no”, y es aquí donde de nuevo sale a relucir nuestra libertad. No somos libres de escoger lo que ocurrirá. Destaca también que en ningún caso el concepto de “intentar” será sinónimo de “lograr”.  
 
 
 

CAPÍTULO - 2

Órdenes, costumbres y caprichos

 
 

   Al igual que en el primer capítulo, recalca Fernando Savater en el tema de la libertad. Somos libres para hacer lo que prefiramos, pero esta libertad se ve limitada en numerosas ocasiones. Muchas veces se nos plantean dos dilemas de los cuales tendremos que inclinarnos por uno, aunque la verdadera preferencia sería no tener que elegir. Para ejemplificar esta cuestión, utiliza la historia de un capitán de barco. Este personaje se ve en cierta ocasión durante un trayecto, debido a una tempestad, en el dilema de salvar la mercancía que transporta, poniendo en peligro la vida de sus hombres, o bien deshacerse de la mercancía para lograr la seguridad de éstos.

   Este tipo de casos nombrados anteriormente suceden porque la mayoría de las veces nos guiamos por unos determinados factores, sin decidir de veras lo que nos es más o menos conveniente. Estos factores son los siguientes:

  • Órdenes: Tendemos a seguirlas, pero su justificación no está demasiado clara. Puede ser por miedo a las represalias tomadas por no cumplirla, para mostrar una muestra de afecto y confianza a un ser querido o bien con el único objetivo de obtener de  ello una recompensa.

  • Costumbres: Realmente solemos guiarnos por ellas para lograr la comodidad de la rutina, o bien por estar sometidos a una determinada presión.

  • Caprichos: Generalmente los llevamos a cabo porque no pensamos dos veces las repercusiones que generarán, simplemente para llevar a cabo un deseo momentaneo

 

      Es ahora cuando el autor nos plantea la siguiente cuestión: ¿En cual de éstas situaciones una persona es más libre? Podríamos pensar que cuando se guía por un determinado capricho pero... ¿Realmente es lo que desea? Aunque deberíamos preguntarnos también lo siguiente: ¿El capitán del barco actuaría por costumbre, recibiendo una orden o simplemente para satisfacer un capricho? 

CAPITULO 3

Haz lo que quieras 

   Respondiendo a la pregunta que cuestionaba al final del anterior capítulo, comente Savater que no todo en esta vida funciona regido por unas costumbres, órdenes o por un determinado capricho. Es aquí donde de nuevo podemos hablar de la libertad. Esta libertad de la que desde el principio hemos hablado es el poder elegir entre decir si y decir no. Cuando tomamos una decisión debemos tener en cuenta que la libertad que poseemos implica pensar las cosas dos veces antes de realizarlas, para así cerciorarnos de que es realmente conveniente o no para nosotros.

Para empezar podemos plantearnos si nos estamos guiando por costumbre, siguiendo una orden o satisfaciendo un capricho. Como generalmente esta primera pregunta nos abstenemos de realizarla ya que lo hacemos de un modo mecánico, debemos llegar a la segunda. Esta segunda cuestión sería la siguiente: En el caso de ser una orden... ¿Quién lo ordena? Lo que planeo hacer...¿Es bueno para mi? ¿Estoy entonces siendo esclavizado por alguien?

   El ser una orden, una costumbre o un capricho no es justificación alguna de realizar una determinada acción. Seguirlas no es sinónimo de ser “moral”. Y tampoco el concepto “bueno” posee el mismo significado que “moral”. Para aclarar esto comenta que un futbolista puede considerarse muy bueno en su trabajo y no por ello poseer una moralidad destacable.

   Dice Fernando Savater que esto sucede porque en todos los casos sabemos calificar lo que es realmente “bueno” excepto en el caso de un ser humano. ¿Sabríamos definir lo que es un hombre bueno? No será fácil puesto que no conocemos la utilidad esencial de una persona. Una moto sirve para desplazarse a gran velocidad, un futbolista tiene la tarea de marcar el mayor número de goles posible pero...¿Un ser humano? De nuevo nos vemos ante el dilema de decidir entre qué es lo bueno y qué es lo malo en esta vida.

   Frente a la conclusión del capítulo, hace alusión el qutor a un texto de François Rebelais en el que define la moral como el “hacer lo que quieres”. Concluye el capítulo asegurándose de no habernos escandalizado. 

CAPÍTULO - 4

Date la buena vida

  

   Para comenzar este cuarto capítulo, Fernando Savater pretende aclarar el verdadero significado de la frase: “Haz lo que quieres”.

El hecho de hacer lo que se quiere es sinónimo de decidir mi propia vida, o lo que es lo mismo, ser libre. Claro que aquí nos encontramos ante una paradoja: El hecho de hacer lo que deseo sería cumplir la orden dada anteriormente, por lo tanto, no ser libre. Es aquí cuando debemos llegar a la conclusión de que todo en esta vida estará unido a una libertad. Aún habiendo decidido no ser libre y vivir para siempre a merced de un superior, seguiré valiéndome de mi libertad en el momento en que tomo yo mismo la decisión. Hace referencia el autor a una destacable frase del filósofo Jean - Paul Sartre: “Estamos condenados a la libertad”.

   Aclara Fernando que en ningún caso se debe confundir la frase “haz lo que quieras” con el hecho de satisfacer todos nuestros caprichos o “hacer lo que venga en gana”. Realmente haciendo esto último no obtengo una ganancia, más bien una pérdida. Ésta pérdida la aclara por medio de un pasaje de la Biblia: El de Esaú y Jacob. La historia narra la vida de dos hermanos, de los cuales el mayor, Esaú, obtuvo, debido a su mayor edad, la primogenitura en la familia. Cierto día, trás una dura jornada de pesca, Esaú llegó a casa con el tremendo deseo de un plato de lentejas preparado por su hermano. Esaú se las ofreció a cambio de la primogenitura con la que contaba. Dejándose llevar por este capricho momentáneo Esaú aceptó, sin saber que lamentaría esa decisión el resto de sus días.

   Tras esta breve alusión al texto sagrado, el qutor plantea lo siguiente: ¿qué es lo que verdaderamente quieres?

Dando por hecho una respuesta generalizada, “darme la buena vida”, comenta que esta buena vida tan deseada es solo la que podría darse entre seres humanos. Aclara que, al contrario que los animales, no nacemos ya formados. Debemos seguir un proceso de humanización para hallar la “buena vida”, la cual debe ser recíproca.

   Para concluir nos narra Savater un pasaje de la película “Ciudadano Kane”. El protagonista vivió siempre por y para el dinero, su único objetivo era la obtención de riqueza y poder, dejando a un lado a sus semejantes. Cierto día se da cuenta de que es mayor y toda su fortuna le es totalmente inútil; es entonces cuando recuerda su infancia, el único momento agradable de su vida cuando se veía arropado por el calor de sus familiares. 

CAPÍTULO - 5

¡Despierta, baby! 

   En este quinto capítulo, Fernando Savater recuerda de nuevo los temas tratados en el anterior. Comenta que para ninguno de nosotros está totalmente claro lo que de verdad es “la buena vida".

Alega que en ningún momento quiso tachar los caprichos como algo “malo”, sino pretendiendo que nos demos cuenta de que existen en la vida multitud de cosas más importantes que hacer “lo que nos venga en gana”. Es ahora cuando recuerda de nuevo la historia de Esaú. fue la muerte la causante de que se dejase llevar por el momento, la resignación ante la superioridad de ésta. Es la muerte una gran simplificadora. Comenta savater que la vida es una sucesión de complicaciones, pero que vivirla implica hacerles frente, no ofrecer simpleza ante ellas, siendo este el deseo de la llegada de la muerte.

   Con respecto a la historia del “Ciudadano Kane”, intenta justificarlo con moderación al decir que nos es malo tener unas metas en la vida , unos deseos, querer unas determinadas cosas. Pero alega después que estos deseos no deben ser excesivos ya que todo lo que poseemos llegará a poseernos a nosotros algún día. Para aclarar esto ejemplifica sus palabras con la historia del sabio budista. Este le ofreció a su alumno en cierta ocasión la posibilidad de poder elegir lo que de verdad desease. Extrañado el alumno y ante la posibilidad que se le planteaba, decidió pedir una valiosa copa que se encontraba en la estantería. La tomó entonces en su mano y escuchó de nuevo la misma proposición de manos de su educador. Fue en ese momento cuando decidió pedir la bolsa repleta de monedas que se encontraba sobre la mesa. una vez con ambos objetos en sus manos su maestro le ordenó: ¡Ráscate! Por supuesto en ese momento le era imposible.

   Tras este breve relato, Fernando Savater nos pide que no nos excedamos a la hora de “querer”. No nos basta un presente, los humanos necesitamos cosas que los objetos no poseen. Si a lo largo de la vida tratamos a los humanos como cosas, solo recibiremos cosas, no amistad, ni respeto y mucho menos amor.

   Desde fuera el Kane podría ser una persona envidiada, aunque no conoceríamos la verdadera realidad. Cuestiona el autor, esperando una reflexión, lo siguiente: ¿Tu serías feliz siendo poseedor de los bienes materiales de Kane? Debemos prestar atención antes de responder. ¿Cuál es la “buena vida” que tanto deseamos? No todo da igual antes o después de morir.

   Antes de concluir aclara Savater que ser “moral” no significa seguir las normas establecidas, ni tampoco sublevarse contra ellas, solo comprendes que es lo que nos conviene y lo que no, encontrando así la “buena vida” tan ansiada. esta reflexión debe ser en solitario, nadi es libre por cada uno de nosotros.

   Para cerrar el capítulo formula unas preguntas que más adelante podremos responder: ¿Por qué está mal lo que está mal? ¿Cómo se trata a las personas como tales? 

CAPÍTULO - 6

Aparece Pepito Grillo 

   Para comenzar este capítulo, Savater nos recuerda que tenemos la obligación moral de no ser “imbéciles”. El significado de imbécil es: “No necesita bastón”. Se refiere esto a que una persona imbécil es aquella que precisa un sustento en el que apoyarse durante su vida. Nos muestra distintos tipos de imbéciles:

  • Aquel al que todo le es indiferente, no siente atracción por nada en la vida.

  • El que todo lo desea, tan solo tiene ansia de poder.

  • El que no sabe lo que quiere. Se limita a hacer las cosas “porque si”, sin pararse a reflexionar.

  • Aquel que , aunque tiene claro qué es lo que quiere, no lucha por alcanzarlo.

  • El que quiere o desea de forma extremada, sin control alguno.

Este tipo de persona tiende siempre a equivocarse.

   Aclara el autor que no debemos confundir el término imbécil cuando se refiere a aquella persona que no sabe o que no puede saber, con el “imbécil moral” que estamos tratando.

   Lo contrario de imbécil es ser poseedor de conciencia. Claro está que son necesarias unas mínimas cualidades innatas, pero el “oído ético” y el “buen gusto moral” necesarios para tener conciencia podremos desarrollarlos a lo largo de la vida. La conciencia podemos en varias características:

  • Se debe “saber vivir humanamente”, es decir, estableciendo relaciones totalmente humanas y no como el trato a las cosas.

  • Debemos reflexionar acerca de si de verdad deseamos lo que hacemos.

  • Es necesario desarrollar el “gusto moral” hasta el punto de sentir repugnancia hacia lo “malo”.

  • Aceptar que somos nosotros los únicos responsables de nuestros actos.

Cuestiona también Savater si se trata de un tipo de egoísmo el querer ante todo evitar el mal. Aunque el egoísmo es poseedor de una muy mala fama, hay una ocasión en la que es muy justificable: “Querer lo mejor para mi mismo”, claro está sin, por ello, perjudicar al prójimo. Sería una cierta persona “egoísta consecuente” en el caso de que conociese qué es lo que realmente le conviene. Por el contrario, un “egoísta imbécil” aquel que busca una “buena vida” que no es tal, sino todo lo contrario.

   Ejemplifica el autor esta reflexión narrando la historia “Ricardo III” de Shakespeare.  El conde de Gloucester. Éste se dedicó a eliminar a  sus sucesores en el trono para así lograrlo él cuanto antes. Hace esto porque nació con una deformación física y cree que será la única manera de hacerse respetar. Pretende imponer ese respeto. Claro está que fracasa; aunque consigue el trono, solo puede llegar a inspirar horror y odio, por lo que se vuelve “enemigo de sí mismo”.

  Las palabras que a continuación analizaremos serán “culpa” o “responsable”, las que relacionaremos con la conciencia. Estos términos nos hacen enseguida compararlos con “pepito Grillo”. 

Algo tan común como un remordimiento no sólo viene dado por un miedo a represalias, es el comprender que nos estamos estropeando a nosotros mismos, vienen dados por la repetitiva “libertad”. Para evitar los remordimientos solemos recurrir a una justificación, aunque la verdadera solución sería actuar de una manera responsable. La palabra clave en las justificaciones, dice Savater, es “irresistible”, la cual podemos asegurar que se trata solo de un invento o superstición. La responabilidad de la que hemos hablado se trata de pensar que cada acción que realizo me construirá, me definirá, cuando tomo una decisión me transformo. 

CAPÍTULO - 7

Ponte en su lugar 

   Comienza Fernando Savater este séptimo capítulo recordándonos la historia de Robinson Crusoe. Comenta exactamente el pasaje en que el protagonista descubre unas huellas que le hacen ver que no está solo en la isla, sino que tiene con él a un semejante. Es entonces cuando comienza su preocupación acerca del comportamiento que debe tener con él. Ya no podrá sobrevivir de cualquier modo, sino que deberá respetar unas normas de convivencia, es decir, unas normas morales que le harán llevar la vida “humana” tan comentada en anteriores capítulos.

   Quizá el término “semejante” no define del todo al futuro compañero de Robinson. Era éste una persona culta, educada, religiosa... al contrario que Robinson. Crusoe era un salvaje e inculto caníbal. A pesar de éstas diferencias, existía entre ambos hombres una relación que iba más allá de la que se puede tener con un objeto o cualquier bien material. Ambos tenían su propio concepto del “bien” y el “mal”, pero podían comunicarse. Quizá el comportamiento inicial por parte de Robinson no hubiese sido el mismo ante un posible salvador o ante un vil enemigo, pero en este último caso, un trato despectivo no conseguiría otra cosa que ser respondido de la misma manera y que éste se convirtiese en un “verdadero enemigo”. Para explicar esta última cuestión, el autor hace alusión a un pasaje en la historia de Marco Aurelio, emperador de Roma. Cuenta que este personaje era el primero en opinar que todas las personas, por buenas o malas que fuesen, merecían ser tratadas como tales, porque todo ser humano, lo desee o no, me “conviene”. No solo debo inclinarme a portarme adecuadamente con los que “me vienen bien”, sino que debo tratar a todos por igual, sin malicia, únicamente con los miramientos que a todo debo darle, no solo a las cosas, porque no hay nada más importante que el vínculo del respeto y la amistad. Nos recuerda Savater que no por llevarme bien con alguien debo favorecer las malas conductas y que se han de tener dos cosas muy claras:

  • Una persona, por muy mala que ésta sea, no deja de ser un ser humano. No podemos juzgar a alguien como “un ladrón”, porque antes de ladrón es una persona.

  • Puesto que los humanos tendemos numerosas veces a imitar a los demás, debemos de tener en cuenta que el ejemplo que damos será en ocasiones modelo para alguien, por lo que debemos preocuparnos por él.

   Puesto que hemos llegado a tratar el tema de unos supuestos “malos”, abundantes en nuestra vida, nos habla Fernando Savater del monstruo de Frankenstein. En un pasaje de ésta novela, el terrorífico protagonista comenta la desgracia que posee al ser “malo”. Sacamos entonces en conclusión que la mayoría de los malos que hay en nuestra sociedad se sienten desgraciados por ello. No ven nunca una muestra de afecto, de ternura... Por eso no es tan ventajosa ese trato de enemistad contra los amigos puesto que, aunque obtengamos con ello bienes materiales, no encontraremos nunca bienes interiores como amistad, comprensión...

   Llegamos ahora a la pregunta clave: ¿En qué consiste tratar a las personas como tales? Pues bien, la respuesta es que intentes ponerte en su lugar. Esta bonita frase se puede llevar a cabo si se empieza conociendo los derechos de los demás y, por lo tanto, sus razones. En una palabra: Tomarle en serio. Ese fue el fallo de personajes como Kane o Gloucester; no realizaron ni el intento de ponerse en el lugar de sus semejantes y, por supuesto, fracasaron.

   Aclara Fernando que no pretende restar importancia a mis intereses, solo comenta que estos son muy relativos. El único  absoluto interés  es el trato humano con los demás. Comenta también que ponerte en el lugar de los demás no significa concederle todo lo que desearía para mi (palabras de Bernard Shaw), puesto que sus gustos no han de ser idénticos a los míos.

   Para concluir, el autor nombra la palabra “justicia”, alegando que esta va mucho más allá de lo establecido en las leyes, esta es la virtud de intentar por todos los medios “vivir bien”, humanamente con los demás; porque para ponerte en el lugar de una persona hay que amarla y comprenderla un poco. 

CAPÍTULO - 8

Tanto gusto

  

   Comienza este octavo capítulo criticando Savater el uso continuado de la palabra “inmoralidad” para definir las  cuestiones no adecuadas referidas al sexo. Alega que solo este tipo de acciones son inmorales cuando se utilizan para hacer daño, al igual que en muchas otras facetas en nuestra vida, pero no hay nada de “inmoral” en disfrutar con nuestro cuerpo, porque no solo lo tenemos sino que somos un cuerpo. El sexo posee ante todo la función de la procreación, pero esta no es la única. Al contrario de lo que mucha gente opina, no nos asemejamos a los animales en este aspecto. Ellos realizan algunas funciones solo para vivir, los humanos, por el contrario, las llevan a cabo para disfrutar de la vida.

   Asegura el autor que esta relación establecida desde siempre entre el sexo y la carencia de moral no es otra que el miedo al placer, o a la distracción a la que tanto gusto podría llevarnos. para personas como los denominados “puritanos”, una acción es mala solo por el hecho de que nos guste hacerlo, alegando que el sufrimiento es la verdadera “moralidad”. Por supuesto Savater se halla en total desacuerdo con esto. Aclara por lo tanto que el puritanismo es lo más alejado a la ética. Tras esto, nos recuerda un consejo de Michel de Montaigne: “Debemos retener los placeres de la vida”. Recuerda que no debemos desear todos los placeres de pronto, en el mismo momento. La cuestión es saber disfrutar de todo con sus pequeños placeres. Hasta la más mínima insignificancia me produce un placer que debo saber encontrarle. También comenta que no debemos confundir el uso y el abuso de estos placeres, impidiendo que uno de ellos nos libre de todos los demás.

   También debemos saber que hay ciertos placeres que nos pueden llevar a la muerte, por lo tanto, no son tales placeres. No debemos depender de un placer para hacer más grata nuestra existencia, puesto que solo conseguiría llevarnos a la muerte.

   Viene ahora la pregunta clave: ¿Cuál es la mayor gratificación que se puede tener? Pues dice Savater que es, claramente, alegría. La alegría es un sí espontáneo a la vida que brota desde nuestro interior. Por esto un placer deja de serlo cuando perdemos la alegría, estamos entonces confundiendo lo que debemos de verdad considerar como “placer”.

   Tampoco debemos caer en la equivocación de probar algo “prohibido” en nuestra sociedad con un horrible sentimiento de culpabilidad, por lo que no deberíamos calificar algo placentero como tal solo por el hecho de estar prohibido. En ocasiones una rebeldía injustificada se inclina a buscar unos placeres considerados así solo por ser “criminales” o estar mal mirados.

   Concluye Savater este capítulo comentando que el hecho de gozar no tiene porqué ser contra alguien. No se debe pensar que el hecho de estar gozando provocará el sufrimiento a otra persona que no lo hace. Esto es solo producto de una represión social. 
 
 
 
 
 
 
 

CAPÍTULO - 9

Elecciones Generales 

   Irremediablemente, en este capítulo se trata el tema de la política. Ante el aluvión de adjetivos negativos que diariamente ésta recibe, nos recuerda Savater que la moral no es un arma para desprestigiar a todo aquel que no pertenece a los llamados “normales”.

   La pregunta que se formula sobre los políticos es: ¿Por qué su mala fama? Si los políticos salen elegidos es porque dan una imagen que se asemeja claramente a la de la gente normal, “de la calle”, e ahí la estrategia para obtener el voto. Aún así no comprendemos su mala reputación. La causa es, principalmente, que son más conocidos, por lo tanto, sus errores son más notables que los ajenos a ellos. Además, nos sentimos decepcionados cuando comprobamos que no todas sus promesas llegan a cumplirse.

   Como similitud entre la política y la ética podríamos destacar que ambas pretenden hallar la “buena vida”, humanamente hablando. Por ello, si pretendemos llegar a encontrar esa “buena vida” no podemos desentendernos total y absolutamente de los problemas que conciernen a la política.

   Como diferencias esenciales nombraremos las siguientes:

  • La ética es la búsqueda de la “buena vida” para uno mismo, mientras que la política pretende alcanzar la de un conjunto numeroso de personas.

  • La ética pretende que cada cual haga lo que de verdad quiera. Por el contrario, la política solo busca resultados, sin importar el medio.

   La ética nunca puede esperar a la política. No debemos decir que la política impide llevar una “buena vida”, y si de verdad lo pensamos debemos luchar porque las relaciones políticas sean cada vez más humanas. Comenta Fernando  que debemos buscar ese bienestar ante todo, aunque encontrarlo vaya en contra de nuestra opinión inicial. Nunca podremos evitar hallar la “buena vida” solo por hacer ver que el mundo político nos lo impide.

   En cuanto al asunto político que estamos tratando y con las conclusiones que hemos obtenido hasta este punto, debemos reflexionar de la siguiente forma:

  • Un régimen político deberá respetar la libertad y abstenerse de cualquier tipo de dictadura. Esta libertad vendrá guiada por la responsabilidad de los representantes políticos.

  • Deben tratar a las personas humanamente intentando, en la medida de lo posible, ponerse en su lugar. A esto le llamaremos justicia. Ésta debe existir porque todo ser humano posee una dignidad y no un precio, por lo que no puede ser sometido a tratos crueles para beneficiar a otro.

  • Como ya ha dicho antes el autor, debemos tomarnos a nuestros semejantes en serio poniéndonos en su lugar. Esto implica solidarizarnos con las desdichas ajenas: accidentados, inválidos... sin por eso llegar a generalizar demasiado. Por lo tanto, una comunidad política debe basarse en la libertad, justicia y asistencia. Considera Savater los Derechos Humanos como vergonzosos, alegando que es tan solo una lista de buenos propósitos sin resultado, a pesar de las continuas reivindicaciones por su total cumplimiento.

   Casi para concluir enumera Savater las desdichas que todavía hoy asolan al mundo, alegando que solo hay un modo de , al menos, intentar frenarlas, y es el establecimiento de una poderosa autoridad a escala mundial. Finaliza comentando que aborrece doctrinas intolerantes como el racismo, nacionalismos y cualquier tipo de ideologías. 

EPÍLOGO

Tendrás que pensártelo 

   Se despide Fernando Savater animándonos a que continuemos leyendo sobre ética a filósofos de mayor renombre que él. Pide que no desea que sea tomado demasiado en serio y nos expone de nuevo la vida como algo maravilloso, la “buena vida”, claro está. 
 
 

TESIS DEL AUTOR 

   A lo largo del libro, el filósofo Fernando Savater nos aconseja como debemos comportarnos ante los diversos aspectos de la vida. Comienza definiendo literalmente la ética, pero según vamos pasando páginas comprobamos que en nuestra vida cotidiana la ética y la moral van mucho más allá de una simple definición. Opina Savater que lo más importante de nuestra existencia es hallar lo que el llama la verdadera “buena vida”, que se basa en las positivas relaciones con nuestros semejantes. Debemos hallar un respeto mutuo, no dejándonos llevar por opiniones desafortunadas como las que pretenden relacionar el sexo con la inmoralidad.

   Para explicar diversos conceptos, se vale Savater de ejemplificaciones procedentes de historias populares, sagradas... Todo ello con el único fin de que obtengamos una especie de “moraleja” o explicación al tema tratado.

   Tanto para explicar cuales son los factores que nos guían en la vida o para buscar una relación entre la política y la ética, se vale siempre de un tono abierto y humorístico que nos acerca de un modo más desenfadado al teme a analizar. 

CONCLUSIÓN PERSONAL 

   Considero el libro “Ética para Amador” una maravillosa reflexión que nos guía hacia el mundo de la moral y la vida en general de un modo adecuado a nuestra edad, sin recaer en la seriedad o monotonía que generalmente acompaña a este tipo de explicaciones. Su autor, Fernando Savater, consigue hacernos divagar sobre temas que generalmente no nos detenemos a analizar sin perder por ello el sentido del humor y la alegría que, según comenta en el texto, debe caracterizar a la ética. Nos aclara cuestiones que varias veces nos llevan a una mala comprensión de la vida, a la vez entreteniéndonos e intrigándonos.

Me ha parecido realmente bueno.