Ética para Amador; Fernando Savater

Filosofía española contemporánea. Filósofos españoles. Nociones éticas adolescentes. Adolescencia. Bondad y maldad. Racismo

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ÍNDICE

1. Introducción. Contextualización 2

2. Análisis de la obra 3

3. Crítica 9

ÉTICA PARA AMADOR

1. Introducción. Contextualización

Ética para Amador es un libro escrito en 1991 por Fernando Savater, un catedrático de Filosofía en la Universidad Complutense de Madrid, nacido en 1947. Escribe en algunas revistas y en la prensa diaria. También es profesor invitado y conferenciante en gran parte de los países de América, en algunos países europeos, en Japón, etc.

Ha recibido en su vida varios premios y reconocimientos, como el Premio Nacional de Ensayo (1982), el X Premio Anagrama de Ensayo y el Premio de Ensayo “Mundo”, entre otros.

Fernando Savater ha publicado en su vida más de cuarenta libros, entre los cuales destacan Nihilismo y acción y La filosofía tachada, sus primeros libros escritos en 1972, Apóstatas razonables, Conocer Nietzsche y su obra, este Ética para Amador y Política para Amador, un gran éxito y atípico best-seller en diversos países europeos.

2. Análisis de la obra

La estructura externa de esta edición de Ética para Amador está formada por trece partes: un aviso antipedagógico, en el que Savater anula las funciones de manual de ética para alumnos de bachillerato, o de recetario de respuestas a problemas cotidianos a este libro; un prólogo, nueve capítulos, un epílogo y un apéndice escrito por el autor diez años después de escribir el libro.

La estructura interna de los nueve capítulos se puede clasificar en cuatro partes bien diferenciadas:

La primera parte consta de todos los capítulos que van entre el primero y el sexto. En esta parte se dan las definiciones básicas de lo relacionado con la ética. Puede considerarse como una introducción a la ética. Es una especie de resumen de los diferentes comportamientos éticos.

Ciertas cosas uno puede aprenderlas o no, a voluntad, pero hay cosas que se han de saber porque en ello nos va la vida. Pero existe una cosa imprescindible que hay que saber: ciertas cosas nos convienen y lo llamamos bueno porque nos gustan y nos sientan bien; otras nos sientan muy mal y lo llamamos malo. Nosotros somos libres para hacer lo que queramos, para elegir nuestro tipo de vida. Mucha gente que dice no tener libertad en el fondo piensa que como no son libres no tienen la culpa de nada que les ocurra, es decir, al no considerarse libres, piensan que pueden culpar a otros de lo que les ocurre. A ese saber vivir, o arte de vivir, es a lo que llamamos ética. Solemos hacer las cosas porque nos las mandan, porque se nos acostumbra a hacerlas así, porque son un medio para conseguir lo que queremos o sencillamente porque queremos hacerlo así. Pero resulta que en ocasiones importantes o cuando nos tomamos lo que vamos a hacer verdaderamente en serio, todas estas motivaciones nos saben a poco. La moral o ética es el aprendizaje de cómo emplear bien la libertad que tenemos. Moral y ética desde un punto de vista técnico, no tienen el mismo significado:

- Moral: es el conjunto de comportamientos y normas que solemos aceptar como válidas.

- Ética: es la reflexión sobre por qué los consideramos válidos y la comparación con otras morales que tienen otras personas.

Las personas han de hacer lo que quieran, lo que les parezca correcto. Hay que olvidarse de órdenes y costumbres, de premios y de castigos. La humanización es lo que nos convierte en hombres y mujeres, en lo que queremos ser. La humanización es un proceso recíproco, es decir, para que los demás puedan hacerme humano, tengo yo que hacerles humanos a ellos.

Según Savater, la única obligación que tenemos en esta vida es no ser ingenuos. Los ingenuos de los que habla suelen acabar bastante mal y nunca logran vivir en paz consigo mismo. Lo contrario de ser moralmente un ingenuo es tener conciencia.

Hemos de tomarnos la libertad en serio, nosotros, y solo nosotros, somos responsables de nuestros actos. Si hacemos una acción muy mala nos produce los conocidos remordimientos, los cuales hacen que lamentemos haber obrado mal. Los remordimientos vienen de nuestra libertad; si no fuésemos libres, no podríamos sentirnos culpables, ni orgullosos de nada y evitaríamos, los anteriormente citados, remordimientos.

La segunda parte está formada por el séptimo capítulo. En esta parte se nos habla de las discriminaciones en general.

Nuestra sociedad está llena de injusticias, muestra de ello son las discriminaciones, ya sean raciales, económicas o religiosas, que se hacen a toda persona diferente a uno mismo. Tratar a las personas humanamente consiste en que intentes ponerte en su lugar. Gran parte del arte de ponerse en el lugar del prójimo tiene que ver con la justicia. Con esto no se refiere únicamente a la justicia como institución publica, también se refiere a la justicia como virtud. Lo mismo que nadie puede ser libre por nosotros, también es cierto que nadie puede ser justo por ti si tu no te das cuenta de que debes serlo para vivir bien.

El racismo es sin duda la peor discriminación. Lo más siniestro del racismo es que no permite ninguna reconciliación con el “diferente”. En efecto, uno puede educarse mejor, cambiar sus costumbres, sus ideas, su religión... pero nadie puede modificar su patrimonio genético. Por eso las contiendas ideológicas o religiosas pueden arreglarse alguna vez, mientras no hay reconciliación posible para el odio racial. La pobreza, la religión y la raza son las discriminaciones más comunes en nuestra sociedad. En la mayoría de los casos la gente no es racista, sino xenófoba: detesta a los extranjeros, a los diferentes, a los que hablan otra lengua o se comportan de manera distinta. Los extranjeros que más nos molestan son también los más pobres; en cambio, los turistas que llegan con buen dinero en los bolsillos son aceptados sin racismo ni xenofobia y hasta son rodeados de cierta y envidiosa admiración.

La tercera parte consta del octavo capítulo. En esta parte se nos habla del sexo y los diferentes comportamientos éticos a seguir sobre este tema.

Cuando la gente habla de moral y sobretodo de inmoralidad, el 80% de las veces trata de algo relacionado con el sexo. No obstante, en el sexo no hay nada inmoral. Una de las funciones más importantes del sexo es la procreación, pero la experiencia sexual no puede limitarse simplemente a la función procreadora, también a de servirnos para conocernos mejor y para fortalecer la confianza y amor en la pareja.

El placer nos distrae a veces más de la cuenta, cosa que puede resultarnos fatal. Por eso los placeres se han visto siempre acosados por tabúes y restricciones. A los calumniadores profesionales del placer se les llama puritanos. El puritano es el que asegura que la señal de que algo es bueno consiste en que no nos gusta hacerlo, el que sostiene que tiene más mérito sufrir que gozar, y lo peor de todo: el puritano cree que cuando uno vive bien tiene que pasarlo mal y que cuando uno lo pasa mal es porque está viviendo bien.

La mayor gratificación que puede darnos la vida es alegría. Todo cuanto lleva la alegría tiene justificación y todo lo que nos aleja de la alegría sin remedio es un camino equivocado. Quien tiene alegría ya ha recibido el premio máximo y no hecha de menos nada. El placer es estupendo y deseable cuando sabemos ponerlo a servicio de la alegría, pero no cuando la enturbia o la compromete. Al arte de poner el placer al servicio de la alegría se le suele llamar templanza. Se trata de una habilidad fundamental del hombre libre pero hoy no está de moda.

La cuarta y última parte en que está dividida la estructura está formada únicamente por el último capítulo: el noveno. En esta parte se nos habla sobre la política y sobre los factores que forman un buen sistema político. Es una pequeña introducción al libro que Savater publicaría un año después de éste: Política para Amador.

Savater se pregunta por qué tienen tan mala fama los políticos, si a fin de cuentas, en una democracia todos somos políticos, directamente o por representación de otros. ¿Pero entonces, de donde decimos que viene esa mala fama?

Para empezar, ocupan lugares especialmente visibles en la sociedad y también privilegiados. Sus defectos son más públicos que los demás; además tienen más ocasiones de incurrir en pequeños o grandes abusos que la mayoría de los ciudadanos de a pie. El hecho de ser conocidos, envidiados e incluso temidos tampoco contribuye a que sean tratados con ecuanimidad. Lo que preocupa ahora es si la ética y la política tienen algo que ver y cómo se relacionan. Se relacionan porque la ética es el arte de elegir lo que más nos conviene y vivir lo mejor posible, y el objetivo de la política es el de organizar lo mejor posible la convivencia social, de manera que cada cual pueda elegir lo que quiere y le conviene.

Sin embargo, tampoco faltan las diferencias importantes entre ética y política. Para empezar, la ética se preocupa de lo que uno mismo hace con su libertad, mientras que la política intenta coordinar de la manera más provechosa para el conjunto lo que muchos hacen con sus libertades. En la ética lo importante es querer bien, porque no se trata más que de lo que cada cual hace porque quiere. Para la política, en cambio, lo que cuentan son los resultados de las acciones, se hagan por lo que se hagan, y el político intentará presionar con los medios a su alcance para obtener ciertos resultados y evitar otros.

Savater se pregunta cómo será la organización política preferible, y responde con los siguientes tres apartados:

- Como todo proyecto ético parte de la libertad, el sistema político deseable tendrá que respetar al máximo las facetas públicas de la libertad humana: la libertad de reunirse o separarse de otros, la de expresar las opiniones, la de trabajar de acuerdo con la propia vocación o interés, la de intervenir en los asuntos públicos... Por ello, un régimen político que conceda la debida importancia a la libertad insistirá también en la responsabilidad social de las acciones y omisiones de cada uno.

- Un principio básico de la vida buena, como ya hemos visto, es tratar a las personas como personas. Se trata de aprender a considerar los intereses del otro como si fuesen tuyos y los tuyos como si fuesen del otro. A esta virtud se la llama justicia, y no puede haber régimen político docente que no pretenda fomentar la justicia entre los miembros de la sociedad.

- Toda comunidad política deseable tiene que garantizar dentro se lo posible la asistencia comunitaria a las personas que sufren y necesitan ayuda.

Quien desee la vida buena para sí mismo, de acuerdo al proyecto ético, tiene también que desear que la comunidad política de los hombres se base en la libertad, justicia y asistencia.

3. Crítica

Bajo mi punto de vista, este libro es un manual de la vida, en el cual se citan situaciones o temas de diversos tipos y los comportamientos éticos a seguir sobre ellos. Su lectura se me ha hecho bastante amena y pienso que este libro tiene que leérselo mucha gente, porque les enseñará los verdaderos valores de la ética.

Me ha parecido un buen libro, interesante. Sin duda, se trata del título al que más utilidad pueda sacarle y con el que más he aprendido. Se puede observar claramente que está dirigido a jóvenes adolescentes, ya que un filósofo normalmente no utiliza un lenguaje tan claro y sencillo como para comprenderlo tan fácilmente, además de dar una gran cantidad de ejemplos fáciles de entender. Yo creo que la función de este libro es mejorar las futuras sociedades de seres humanos.

Quizá, la parte más interesante para mí es la última, la que trata sobre la política, ya que he descubierto que existe mucha más relación entre ésta y la ética de la que yo me esperaba. A lo mejor me leo más adelante Política para Amador.

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