Ética para Amador; Fernando Savater

Filosofía española contemporánea. Filósofos españoles. Adolescencia y sentido de la vida. Mentira. Libertad. Elecciones morales. Conciencia y libertad

  • Enviado por: Artagan
  • Idioma: castellano
  • País: España España
  • 8 páginas
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Capítulo primero: de qué va la ética.

Primeramente nos dice que hay cosas que se pueden aprender o no, es decir sin las que podríamos vivir. Nosotros podemos vivir sin saber nada de electricidad, o incluso de medicina, puesto que cada vez que necesitamos cambiar los fusibles o bien, tenemos dolor de garganta, acudimos al electricista o al médico respectivamente. Sin embargo, hay ciertas cosas, que es imprescindible saber, por ejemplo debemos saber que si salimos de la ducha no desenchufaremos el radiocasette, porque podría darnos una descarga. O simplemente sabemos que no podemos atacar a un profesor por el mero hecho de que nos haya suspendido justa o injustamente sin pensar en las consecuencias, porque como asegura el libro se puede vivir de muchos modos pero hay modos que no dejan vivir.

A las cosas que nos convienen, las denominamos buenas, y las que no nos convienen decimos que son malas. Pero al hablar de lo que nos conviene y de lo que no, de lo que es bueno y de lo que no lo es, podíamos hacer una referencia de lo que pensaba Nietzsche. Este filósofo cuestionaba lo que pasaría si lo que la mayoría opina que lo bueno tiene más valor que lo malo, no fuese real, y lo cierto fuera al revés, es decir que lo malo tuviera más valor que lo bueno. Pero esta teoría podemos decir que cae por su propio peso, puesto que esta inversión de valores, proponía que el hombre omitiera su conciencia, lo que hace aparecer remordimientos que convierten al hombre en un ser acorralado.

Como ejemplo cita el de la mentira, nosotros en múltiples ocasiones, hemos recurrido a ella por motivos lúdicos, pero seguro que en alguna situación la hemos utilizado de manera beneficiosa; es el caso de cuando accidentalmente, te caes por las escaleras, y vas al hospital, y para no preocupar a tu madre, y no tenerla angustiada, decides que hasta que no te pongan la escayola, te den el parte médico con lo que te pasa y estés segura de que no es nada grave, no le llamas por teléfono para explicarle lo que te ha ocurrido y para que te venga a buscar. Del mismo modo que cuando por el motivo que sea se produce una desgracia familiar, y se intenta ocultar por encima de todo, tanto a los niños pequeños que no tienen la suficiente capacidad para saber lo que realmente a pasado, y a los ancianos, que por el contrario se preocupan demasiado con su deteriorada salud, porque lo malo “tomado en pequeñas dosis” puede resultar más o menos malo.

Posteriormente, habla de la libertad, pone un ejemplo que podemos contrastar con el siguiente: Marthin Luther King, y Gandhi, fueron a su modo el Héctor de la Ilíada de Homero. Fueron personajes que libremente, decidieron enfrentarse a una sociedad que ellos consideraban injusta en relación con sus respectivas creencias. A ninguno de ellos se les obligó a que salieran delante de los medios de comunicación, o de las masas, y tal y como hizo Héctor enfrentarse a sus respectivos Aquiles, ya que en cualquier momento pudieron echarse atrás y a pesar de que les calificarían de posibles “cobardes”, seguir viviendo, pero ellos decidieron en un acto totalmente libre continuar sus respectivas luchas, acabando finalmente como todos conocemos.

Sin embargo, esa libertad se ve en cierto modo condicionada, puesto que no somos libres de elegir lo que nos pasa, pero sí somos libres de responder a lo que nos pasa de un modo u otro. Por ejemplo, podemos ir tranquilamente por la calle, y al pasar un paso de peatones un coche que circula a gran velocidad, y que a pesar de haber mirado a ambos de la carretera no hemos visto, nos atropella. Nosotros no hemos decidido que ser atropellados, sino que ha sido un hecho fortuito, lo que sí podemos elegir libremente, es como reaccionar, puesto que somos libres para poder levantarnos, si podemos, y comenzar a gritar o a golpear al que nos ha atropellado, o bien, considerar que ha sido un hecho casual, y tragarnos todo lo que estemos pensando. Es decir, tenemos que ser consientes que dependen de nuestra voluntad, (en eso consiste ser libre), pero que no todo depende de nuestra voluntad, si así fuera seríamos omnipotentes, todo lo que deseásemos se cumpliría.

Curiosamente, la gente tiene más conciencia de lo que limita su libertad, que de lo que le permite. A menudo nosotros nos quejamos, aunque no es mi caso, de que nuestros padres sólo nos dejan salir por la noche hasta una determinada hora, es decir sólo vemos que nos reducen el tiempo de salida hasta una hora, pero no vemos que podemos salir a la calle por la noche libremente, ir a un bar o al otro, ir a un cine, pasear, ponernos una u otra ropa… sólo somos capaces de ver las limitaciones que nos impone la libertad, y no sus ventajas.

En esa libertad, podemos elegir e inventar nuestra propia vida, porque estamos obligados a elegir, pero no lo estamos a acertar. Ese elegir nos permite ser libres, ser dueños de nuestra vida, y todas las personas lo son de un modo u otro, puesto que aunque carezcan de la libertad física, de movimiento, siguen teniendo una libertad psicológica que les permite elegir su propio pensamiento. Es el caso, por ejemplo de algún joven que viva en una familia que tenga prejuicios racistas, pero a pesar de que él aparentemente corrobore las opiniones de sus padres, pude pensar en su interior que el racismo es uno de los peores males del siglo XX, puesto que es libre del mismo modo que lo son sus padres de pensar lo que decidan.

El capítulo concluye afirmando que debemos observar detenidamente lo que hacemos, e intentar lograr una manera de vivir que nos permita no equivocarnos a la hora de elegir. A ese saber vivir que es necesario, se le denomina ética.

Capítulo segundo: órdenes, costumbres y caprichos.

Este segundo capítulo, se inicia afirmando que la mayoría de nuestros actos los realizamos automáticamente, de forma instintiva, e incluso que a veces cuando pensamos mucho sobre lo que estamos haciendo, esa acción se ve paralizada o enturbiada. Un claro ejemplo de ello, es cuando recapacitamos y nos damos cuenta de que estamos parpadeando, a partir de ese momento, o dejamos de hacerlo, o lo hacemos muy seguido, es decir, en el instante en que somos conscientes de que abrimos y cerramos progresivamente los ojos, la acción se ve modificada.

Seguidamente nos define los términos; motivos, órdenes, costumbres y caprichos. Para explicarlos voy a basarme en un ejemplo: consideremos el hecho ocurrido hace aproximadamente unos 25 años, cuando un equipo completo de rugby y sus familiares sufrieron un accidente aéreo en plena cordillera de los Andes. Debido al largo periodo de tiempo que tuvieron que estar aislados y a la escasez de alimentos que sufrían se vieron obligados a tener que servirse del resto de compañeros ya fallecidos para mantenerse alimentados. Cuando se vieron en la situación de hambruna, es decir, ante la necesidad de comer, movidos por esa exigencia, que constituiría el motivo, buscaron la solución más apropiada en aquellas circunstancias. A pesar de que sabían que esa determinación que habían tomado no iba a ser éticamente correcta, puesto que no esta entre las costumbres de la masa, el cometer canibalismo.

Sin embargo, la gente dentro de lo que cabe comprendió su actitud, aunque inicialmente la rehusaran. Otra cosa hubiera sido que por capricho, voluntariamente y sin ningún tipo de motivo, más que su propio albedrío, hubieran decidido llevarlo a cabo, esa situación si sería reprobable, puesto que no lo mueve ningún tipo de causa funcional. Un problema funcional, similar al que tenía el capitán del barco en su intento por superar la tormenta, en este caso, fundamentado en encontrar el mejor medio para continuar sanos y salvos hasta que llegasen para rescatarles.

Capítulo tercero: Haz lo que quieras

A la pregunta que da nombre a este capítulo, “haz lo que quieras”, podemos responder que como nosotros somos libres, puesto que Dios nos a hecho libres para poder decidir por nosotros mismos, necesitamos algo que dentro de esa independencia en la que nos encontramos, censure y guíe nuestros pasos. En esa libertad que consiste en decidir pero también en darse cuenta de lo que se está decidiendo, lo que no debemos hacer es dejarnos llevar. Dejarnos llevar por las costumbres de la sociedad, por las órdenes que se nos imponen, o por los caprichos que en un determinado momento nuestra voluntad enuncie. Puesto que si los aceptamos estaremos “violando” de algún modo las bases de la libertad.

Tenemos que ser capaces por nosotros mismos de reflexionar y comprobar si realmente esas órdenes, caprichos o costumbres nos convencen, nos parecen adecuadas, o si estamos de acuerdo con ellas. Esa libertad nos exige no sólo elegir entre una cosa u otra sino también ser capaces de observar cuando una orden, una costumbre o un capricho, nos son perjudiciales. Es el caso del general nazi que se justificaba diciendo que él no era culpable de sus acciones, puesto que las había realizado cumpliendo las órdenes de sus superiores.

En este caso, la justificación que hace el hombre resulta un tanto imparcial, porque si se consideraba libre como para poder decidir si se encontraba en el bando de los israelitas o de los alemanes fascistas, también es igual de libre para poder rechazar el mandato que le dan. Claro, uno después de haber leído esto puede argumentar que no se rebeló por miedo, por temor a represalias, pero una vez que ya lo ha hecho debe cumplir con sus responsabilidades, porque a menudo la mayoría de la gente sólo ve las limitaciones que le trae la libertad, pero nunca las concesiones.

Cuarto capítulo: date la buena vida

El ejemplo que se nos plantea de Esaú y Jacob, nos dice que no debemos dejarnos llevar por nuestros impulsos, por nuestros caprichos, por lo primero que nos venga a la cabeza, puesto que nuestra libertad puede implicar el “hacer lo que queramos”, pero no tenemos que confundir ese lo que nos apetezca, con lo primero que se me ocurra. Para evitar el tipo de confusiones de las decisiones impulsivas, tenemos que establecer una jerarquía de valores, entre lo que nos apetece en un momento concreto, y lo que realmente queremos a largo plazo. Se puede explicar con un ejemplo que quizás resulte poco apropiado; imaginémonos que salimos una noche para desahogarnos un rato de nuestro estrés acumulado, nos vamos a un bar, nos emborrachamos tentados por la actitud que están teniendo nuestros amigos que no cesan de beber. Una vez que nos encontramos ya ebrios, decidimos hacer algo que en ese momento, quizás por nuestro estado, consideramos apropiado, o que en ese instante no vemos mal, como por ejemplo vivir una noche delirante junto a uno de nuestros amigos. Posiblemente, a la mañana siguiente, nos demos cuenta de lo mal que hemos actuado, de que nos hemos dejado llevar por los impulsos o por los caprichos, pero somos conscientes de que no hay una vuelta atrás, por ello se debe meditar muy bien cada decisión, con sus respectivas consecuencias.

El miedo a la muerte, la proximidad de fallecer, la brevedad de la vida, el aprovechar el momento, el vivir la vida al límite, aquello que en el Renacimiento se conocía con el nombre de “tempus fugit”, puede ser una de las causas que nos empujen, que nos decanten a la hora de tomar este tipo de decisiones. La verdad es que muchas personas tienen este ideal de vida en su día a día, pero si resulta tan malo el no dejarse llevar por los instintos como el dar rienda suelta a los caprichos, lo adecuado sería entones, establecer un promedio, entre las dos, siempre meditando cada paso para evitar desenlaces no deseados.

Otro punto que trata el capítulo, se refiere a que queremos ser tratados como personas, y no como simples animales, puesto que racionalmente, nos distinguimos de ellos, pero debemos ganarnos esos méritos. Para ser tratados como individuos, debemos desarrollar una conducta humana, planteo esto en relación con el ejemplo que desarrolla sobre el concepto que tenemos de “buena vida”. En el libro comenta un ejemplo que hemos visto en numerosas ocasiones; alguien que aparentemente es feliz, que tiene todo lo que uno puede desear, que es la envidia de todos sus vecinos, pero al que le falta lo más importante en la vida, el calor humano. ¿Se podría decir que vivía con una conducta humana? Es una buena pregunta puesto que si carecía de esa vida social indispensable en la existencia humana, cabe la posibilidad de pensar, a parte de que esa buena vida que todos ansiamos se debe buscar por otros derroteros, que aparentemente esa satisfacción que irradiaba era pura pantomima. Lo que nos enseña que debemos escudriñar el concepto de la buena vida utilizando otros valores completamente diferentes.

Capítulo quinto: ¡despierta baby!

Como afirma el título, debemos despertar en nuestra vida, no esperar que nos den todo hecho, porque ésta es una postura muy cómoda pero también pasiva, que sirve para aumentar nuestra pereza, y que de algún modo limita nuestra libertad. También debemos tener en cuenta que lo que poseemos nos posee de algún modo u otro. Imaginemos que nos regalan una consola de videojuegos, sí, nosotros somos los dueños de ese aparato, pero realmente lo que nos posee con su adicción es él. Este sería también el caso que se menciona en el libro, sobre el ciudadano Kane, quien llenó su vida de cosas superficiales, y en un determinado momento se dio cuenta que necesitaba algo más, algo que ya no poseía, pese a tenerlo “todo”, algo que no podía comprar con su dinero, la compañía humana. Ese fue el mayor error que cometió, el tratar a las personas como cosas, así ellos le devolvían el roce no como personas sino como cosas, y nunca podía disfrutar de una compañía inteligente entre iguales, puesto que siempre se colocaba por encima del resto.

Aunque, como anota el libro puede darse el caso de que tratemos a los demás con respeto, correctamente, como humanos y no recibamos de ellos nada más que desprecio, pero al menos nos quedará la satisfacción de saber que nosotros nos estamos comportando adecuadamente, nos quedará un respeto hacia nosotros mismos. Igualmente tenemos que complacernos primero a nosotros mismos, puesto que somos lo más importante, aunque sin caer en el egocentrismo.

En un segundo plano, y con menos consideración se puede apuntar lo que opine el resto. Así pues, debemos ser independientes de los demás, saber lo que queremos verdaderamente, sin dejarnos influenciar, ni atosigar por la sociedad. Un ejemplo claro de todo esto sería el aspecto de las tendencias en la moda y la importancia que tiene esto entre la juventud. Hay jóvenes que se dejan influenciar por la actualidad, por la sociedad, e incluso que para agradar al resto se comportan de una u otra manera, lo que les hace con el paso del tiempo, perder su propia personalidad y convertirse en meros títeres de la comunidad, en el reflejo del resto de la gente. Así, no tenemos que intentar ser buenos, quedar bien ante los demás, para ser aprobados, porque de este modo no seríamos libres, y nadie puede ser libre por nosotros mismos, eso es algo que debemos hacer en persona.

Como breve conclusión, se puede incluir que ninguna “buena vida”, puede prescindir de las cosas materiales, pero tampoco de las personas y todo lo que va asociado a ellas, como la comunicación, el respeto, el lenguaje, la compañía… porque sino, recordemos, no estaríamos llevando a cabo una vida humana, por una falta de vida social.

Capítulo sexto: aparece Pepito Grillo

En este capítulo se habla sobre que la única obligación que tenemos en la vida es no ser imbécil, considerando el ser imbécil como aquella persona que necesita una ayuda en su caminar, sin confundir el significado de la palabra haciendo referencia a un ser faltoso. Posteriormente, afirma que lo contrario de ser imbécil es tener conciencia, pero hay que tener en cuenta que como se dice en páginas siguientes, hay gente que pide consejo y por ello no necesariamente ha de ser calificado como imbécil, puesto que si recapitulamos, recordaremos el consejo como una de las características de la prudencia, y ser prudente, no es en absoluto ser alguien que necesite constantemente ayuda y no sea capaz de tomar las decisiones por sí mismo.

Para tener conciencia, son necesarios algunos requisitos, principalmente circunstancias de tipo social y económico, y a partir de ahí, se suma la atención y el esfuerzo. Supongamos que tenemos dos jóvenes, uno nacido en una ciudad normal y corriente, y otro que nada más nacer fue retenido en una habitación. ¿Cuál de los dos tendrá conciencia de sus actos? Pues si el primero ha sido educado con una serie de valores, de ética, de pensamiento, será él, puesto que el otro no ha recibido ningún tipo de información sobre lo que está bien y lo que está mal. Sin embargo, pienso que el entorno que rodea a una persona condiciona su conciencia; porque si a un niño se le enseña desde pequeño la ideología nazi, cuando crezca pensará que esa es la única verdad, y no tendrá ningún reparo a la hora de disparar contra un israelita sin sufrir ningún tipo de remordimiento. En cambio, alguien educado en el “ideal hippie” tendrá una filosofía de la vida completamente opuesta al anterior joven.

En referencia a los remordimientos, se puede apuntar que de algún modo van interrelacionados con la conciencia. Los remordimientos no son más que el descontento que nosotros sentimos cuando nos damos cuenta de que no hemos empleado bien la libertad. Cuando nosotros elegimos libremente, debemos ser conscientes y responsables de lo que estamos eligiendo, y así evitaremos posibles remordimientos.

En la postura que mantenía Nietzsche sobre el bien y el mal, la réplica que se le podía hacer era precisamente que si olvidaba la conciencia, iba a ser un hombre perseguido por sus remordimientos, puesto que la conciencia es una base imprescindible para ejercer la vida humana, sin ella la existencia sería más arbitraria.

Capítulo séptimo: ponte en su lugar

El capítulo comienza haciendo una separación entre lo que es la supervivencia y la vida social, para ello pone el ejemplo del náufrago, que cuando se hallaba sólo en la isla, su vida se reducía únicamente a sobrevivir, incluso se podía decir que llevaba una vida propia de los animales, sin preocuparse de nada más, mas que de sobrevivir. En cambio, la situación cambia cuando cabe la posibilidad de que halla otro ser humano en la isla, ahí comienzan sus problemas éticos y morales. Se da cuenta de que tiene que vivir de nuevo de forma humana; tendrá que hablar, relacionarse, amar… tendrá otra vez una vida social. Es decir, tendrá problemas que hasta ese momento no se había planteado, bien, pues el libro apunta que la ética consiste en vivir bien esa vida que se da entre humanos. Pero esa similitud tan grande entre las dos personas, puede resultar peligrosa, puesto que no hay peor enemigo, después de uno mismo, que otro ser humano inteligente. Hasta aquel momento en que se dio cuenta de que no estaba sólo, únicamente había tenido que enfrentarse a animales salvajes, y como todos sabemos el hombre posee una capacidad que le hace superar a los animales, es capaz de razonar, así estaba en cierto modo en estado de superioridad, sin embargo, ahora se produciría un trato entre iguales. Pero aunque ambos tengan sus diferencias, se necesitan el uno al otro, puesto que el hombre requiere vivir en compañía, los unos con los otros, en comunidad, precisa la convivencia, que es uno de los pilares de nuestra vida humana.

Otro punto en el que hace hincapié, es que quien roba, miente, asesina… en general, quien lleva a cabo cualquier acto detestable, puede en un determinado momento, volver a comportarse dentro de la normalidad, y eso es un punto que no debemos olvidar. De hecho, la mayoría de la gente que actúa mal, si se sincerase, se descubriría que al igual que decía Frankeinstein, es mala porque es desgraciada. Así, muchos delincuentes lo son porque eso es lo que han aprendido desde pequeños, lo cual no quita, que haya gente que por algún tipo de desequilibrio patológico lo sea. Para demostrar esto, siempre se pone el ejemplo del que maltrata a su mujer, a sus hijos…. Y lo hace porque probablemente eso sea lo que ha visto y a sufrido en su niñez. Se hacen perversos o se sienten desgraciados porque carecen de amor y de respeto, o para según ellos “defenderse del resto”, este es el caso de los violadores, que como todos sabemos basan su actuación en el desprecio que tienen hacia las mujeres o en su sentimiento de inferioridad, que sopesan con esa sensación de superioridad que les dan sus actos.

Aún así, a pesar de los crímenes que hallan cometido, debemos verles como humanos, aunque a veces nos cueste, debemos tratarles humanamente, ponernos en su lugar, y tener en cuenta que pese a lo que hayan hecho siguen teniendo derechos, unos derechos humanos mínimos. Y es en este punto donde se plantea el debate, ¿tiene derechos humanos un asesino, un terrorista, un violador? A veces resulta paradójico, que alguien que no tuvo en cuenta los derechos humanos de sus víctimas, requiere ahora que se tengan en cuenta los suyos. Pero la justicia al igual que la libertad son dos conceptos subjetivos que dependen de cada persona, en el sentido en que nadie puede ser libre por ti, al igual que nadie puede ser justo por ti mismo, puesto que esa es una capacidad que sale de tu interior.

Otra característica importante del ser humano, que se menciona, es su capacidad de imitación, ya que la mayor parte de nuestros comportamientos y actos los copiamos de los demás, porque somos susceptibles de educación. Por eso es tan importante, el modo en que tratamos a los demás, puesto que ellos nos devolverán lo que previamente hemos depositado en ellos. Esta peculiaridad se observa claramente en el aspecto de las tendencias, las modas, las costumbres, los hábitos, las manías.. O en el ejemplo más claro; el del niño pequeño que intenta imitar todo lo que ve de sus padres, todo lo que de ellos recibe, por eso no es extraño que algunos de los delincuentes, sean así porque es lo que han podido aprender consciente o inconscientemente de su alrededor.

Para finalizar, y aprovechando el inciso que hace el libro sobre el bien y el mal, se puede recordar las normas que en la educación de la conciencia se deben respetar; hacer el bien y evitar el mal (mencionada en el libro), no hacer a nadie lo que no queremos que nos hagan a nosotros, y no hacer el mal para obtener un bien.

Capítulo octavo: tanto gusto

Al comienzo del capítulo, nos habla sobre la moral y la inmoralidad, sobre lo subjetivo y lo personal de cada una, puesto que algo que yo puedo considerar inmoral, otra persona puede creer que no lo es. En este punto se abre el debate sobre el puritanismo, los prejuicios, el morbo… en sociedades tan aparentemente puritanas como la estadounidense. Este es un ejemplo curioso, porque visto desde fuera parece un país en el que la moral sea lo más importante, en el que hablar de tabúes, como el sexo parece prohibido. Sin embargo, si uno observa las películas, la música e incluso la sociedad norteamericana se da cuenta de que tienen lo denominado como “doble moralina”. Por eso, resulta curioso ver a gente en la televisión hablando sobre el exceso de violencia, de escenas “subidas de tono”, de alcohol, de drogas…que dan hoy en día, porque seguramente, en sus casas serán uno de los millones de espectadores de ese tipo de emisiones. Personalmente, creo que no hay que censurar ni calificar de inmoral, cosas que nunca se han probado, ni sean visto. En este caso, estoy de acuerdo con el autor, puesto que todo en su justa medida puede ser adecuado, porque nada es malo por el hecho de que nos guste hacerlo.

Otro tema que trata es el del placer; un término que esta suscrito a prejuicios y críticas, y que debemos desmitificar, puesto que el placer no siempre es negativo, ya que si con él logras la felicidad es bueno, lo perjudicial es cuando la satisfacción ciega la vida y la monopoliza. Así, podemos recordar que surgía la postura hedonista, al verse la razón confundida por el placer. Sin embargo, hay placeres que el médico considera dañinos, que son peligrosos, pero que para sus seguidores son respetables, como por ejemplo el tabaco; este sería un caso en el que el placer domina en cierto modo a la persona, puesto que causa una adicción. De todos modos, cada persona es suficientemente consciente y responsable para saber considerar lo que le conviene y lo que no, por ello se debería de eliminar lo referente a los tabúes, la inmoralidad…etc., porque cada persona sabe distinguir cuando estamos usando el placer y cuando nos está usando él.

El capítulo finaliza afirmando que la recompensa más grande que podemos obtener del pacer es la alegría, así si un placer nos proporciona alegría, será adecuado, y si por el contrario no logramos conseguirla, sino que nos produce pesares, ese placer no será recomendable.

Capítulo noveno: elecciones generales

En este capítulo compara la política y la ética, y nos recuerda que pese al uso que le damos al término ética, ésta sirve para intentar mejorarnos a nosotros mismos y no para reprender al resto, que es para lo que lo usamos normalmente. El término ética y política se relacionan, tienen en común que ambas buscan lo que nos conviene y lo que nos resulta mejor para vivir; la ética en tono individual, y la política de forma global. Sin embargo, se diferencian en que la ética se ocupa de lo que uno hace con la libertad, mientras que la política se ocupa de lo que muchos hacen con su libertad.

Al hablar de la política no podemos olvidar a sus representantes: los políticos, que recientemente han estado más de actualidad si cabe por las recientes elecciones. Comparando su actitud con lo que comenta en el libro, vemos que efectivamente en las campañas electorales los candidatos prometen más de lo que finalmente van a cumplir, pero lo que en verdad nos interesa, son las cualidades que no deben faltar en una buena política; como la tolerancia, el respeto, la responsabilidad social… porque cuando no están presentes surgen el racismo, los nacionalismos extremos y las ideologías fanáticas religiosas o civiles. Pero, ¿realmente un político considera la ética a la hora de ejercer su trabajo? Lo cierto es que debería de tenerla muy en cuenta pero se dan casos en los que parece olvidarse; todos conocemos el caso del recién formado gobierno austríaco, con un canciller electo de la ultraderecha. Aquí lo desafortunado no sé si es que el canciller sea de la ultraderecha, o más bien que está en su puesto como resultado de las votaciones de miles de personas. Pero lo verdaderamente importante es el programa electoral que tenía dicho partido, acusado por el resto de Europa de racista, xenófobo, y extremamente nacionalista.

Resulta curioso que cuando saliera la noticia en los medios de comunicación, la sociedad española se escandalizara, cuando en España también existen grupos de esta ideología, que no son tan numerosas, aunque están aumentando sus votos. Lo verdaderamente llamativo es que estas tendencias surgen en pleno siglo veintiuno, y no en la época de la Segunda Guerra Mundial.

Opinión personal:

El libro me ha parecido entretenido, aunque algunos capítulos han sido bastante cansados, sobre todo el sexto y el séptimo, que a pesar de haberlos leído dos veces, no los he acabado de entender del todo. También he encontrado que mediante ejemplos, se comprendían mejor y se hacían más amenos los temas que querían exponer, de hecho éstos ejemplos han sido lo más divertido del libro, aún así ha habido algunos como el de Pepito Grillo que no he conseguido comprender.

Personalmente, no creo que recomendaría este libro a nadie, porque prefiero las historias de intriga, asesinatos e investigación, antes que todo lo referido a la ética, además últimamente, lo que alude a la ética, se encuentra en el punto de mira de la sociedad, en un debate basado en los prejuicios, que considero innecesario.