Ética para Amador; Fernando Savater

Literatura española. Ensayo. Siglo XX. Filosofía. Autoayuda. Libertad. Moralidad

  • Enviado por: Lucia
  • Idioma: castellano
  • País: España España
  • 5 páginas
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ÉTICA PARA AMADOR

(Resumen y comentario del libro)

  • De qué va la Ética­­

  • La ética habla de lo que nos conviene y lo que no. Lo que nos conviene lo llamamos bueno, y lo que nos conviene lo llamamos malo. Saber lo que nos conviene es distinguir entre lo bueno y lo malo. Por ejemplo, sabemos que saltar desde un sexto piso no es conveniente para nosotros, por lo tanto, es malo.

    El autor nos hace pensar en la mentira. ¿Es buena o mala? “¿Es mejor decirle al enfermo de cáncer incurable la verdad sobre su estado o se le debe engañar para que pase sin angustia sus últimas horas?”, pregunta el autor. Normalmente, solemos tratar la mentira como mala, pero en algunos casos puede resultar buena.

    Diferenciamos la libertad que tenemos los humanos con la que tienen los animales. El autor cuenta varias historias, la primera en relación a la libertad de los animales: las termitas levantan grandes hormigueros, y cuando alguno se derrumba, las termitas-soldado tienen que salir fuera a combatir contra los enemigos, para que las termitas-obrero puedan reconstruir el hormiguero. Las termitas-soldado arriesgan su vida para salvar la de las demás. ¿Por qué lo hacen? Porque los animales no son libres y tienen que hacerlo, están programadas por la naturaleza para cumplir su deber. Sin embargo, nos cuenta la historia de Héctor (el mejor guerrero de Troya) frente a Aquiles para explicarnos la libertad humana. Héctor se enfrenta al gran Aquiles para salvar a su familia, aún sabiendo que Aquiles es más fuerte que él y seguramente lo matará. ¿Por qué lo hace? Él no es como las termitas, no está programado para poner en peligro su vida y salvar la de los demás, lo hace porque quiere, es libre para decidir.

    También da unas aclaraciones respecto a la libertad: la primera dice que no somos libres de elegir lo que nos pasa (haber nacido tal día, ser guapos o feos...), sino libres para responder a lo que nos pasa de una u otra forma (obedecer o rebelarnos, vestirnos a la moda o disfrazarnos de oso de las cavernas, etc.). Es decir, aunque no podamos elegir lo que nos pasa, podemos elegir lo que hacer frente a lo que nos pasa. Y la segunda dice que ser libres para intentar algo no tiene nada que ver con lograrlo. No es lo mismo la libertad (que consiste en elegir dentro de lo posible) que la omnipotencia (que sería conseguir siempre lo que uno quiere, aunque pareciese imposible).

    En definitiva, todos somos libres, incluso los esclavos. Aunque sean esclavos, son libres de decir “basta” y dejar de serlo, afrontando las consecuencias. Igual que somos libres para querer hacer unas cosas y otras no, según nos convengan. Puede que existan algunos factores que limiten nuestra libertad, pero estamos condenados a ser libres.

  • Órdenes, costumbres y caprichos

  • Aristóteles ponía un ejemplo para hablar de decisiones: un barco navega por el mar cuando una tempestad le sorprende a medio camino. Para poder salvar el barco debería tirar la mercancía, que es importante y pesada, por la borda. ¿Arrojará al mar la mercancía para poder salvarlos o preferirá conservarla e intentar que la nave resista? Todos necesitamos elegir una opción en algún momento, aunque tenga consecuencias. Porque no elegimos lo que nos pasa, pero podemos elegir cómo hacer frente a lo que nos pasa.

    Un motivo es la razón que tenemos para hacer algo, y cuando hacemos algo, lo hacemos por varios motivos: por órdenes, por costumbres o por caprichos. Las órdenes las cumplimos esperando una recompensa o para evitar un castigo, por ejemplo, ir al colegio. Las costumbres las hacemos porque es algo que solemos hacer y lo hacemos sin pensar, como desayunar o ducharse. Y los caprichos los hacemos porque son cosas que nos apetece hacer, sin ningún motivo, como darle patadas a una lata.

  • Haz lo que quieras

  • El autor nos obliga a pensar en nuestros actos dos veces antes de llevarlos a cabo: primero te preguntas “¿Por qué hago esto?” “Porque me lo mandan”. Y la segunda te hace pensar más “¿Por qué obedezco lo que me mandan? ¿Por miedo al castigo o a la esperanza de un premio?”. Por eso pienso que estamos esclavizados por quien nos manda.

    Una acción nunca es buena solo por ser una orden, una costumbre o un capricho. Podemos pensar en lo qué es bueno para nosotros, que pensaríamos que es lo que nos hace bien, y lo que es malo, que es lo que consideramos que nos puede perjudicar.

  • Date la buena vida

  • Jean-Paul Sastre dijo “Estamos condenados a la libertad”. Aunque decidas dejar de ser libre y esclavizarte, estarás usando tu libertad: no renunciarás a elegir, sino que habrás elegido no elegir por ti mismo.

    Cuando el autor nos dice que “hagamos lo que queramos”, se refiere a que nos demos la buena vida. Para ello cuenta la historia de Esaú y Jacob, dos hermanos gemelos hijos de Isaac: Esaú tenía el derecho de primogenitura, y Jacob lo quería. Un día, Esaú volvió del campo a casa, y se encontró con que su hermano Jacob había echo unas deliciosas lentejas. Jacob se las ofrecía a cambio del derecho de primogenitura. Esaú aceptó, porque en ese momento las lentejas era lo que más se le apetecía y no tenía en cuenta la importancia del derecho de primogenitura. Como era de esperar, Esaú se terminó arrepintiendo de su decisión cuando se comió las lentejas. Con esta historia nos pretende explicar que una cosa es que hagas “lo que quieras” y otra bien distinta que hagas “lo primero que te venga en gana”.

    Imaginemos que tenemos muchísimo dinero pero no podemos ser vistos ni ver a nadie. ¿Estaríamos contentos? No. ¿Por qué? Porque es precisamente esa relación con los demás (la humanización) la que nos hace humanos. Y también, para que los demás puedan hacerme humano, yo tengo que hacerles humanos a ellos.

    En conclusión: darse la buena vida está muy relacionado con dar la buena vida.

  • ¡Despierta, baby!

  • Tal y como vimos en el capítulo anterior, es preferible amar y ser amado que poseer o dominar, ya que lo que poseemos nos posee. Con todas las riquezas del mundo no se consigue ni amistad, ni respeto, ni amor. ¿Para qué quieres tener mucho dinero o muchos objetos de valor? ¿Para dar envidia a los demás? Puede que tengas mucho dinero o las mejores posesiones, pero si te centras en tener eso y olvidas cosas como el cariño, no vivirás la buena vida. Y cuando te des cuenta ya será demasiado tarde, estarás solo entre todas tus posesiones.

    El tratar a las personas como a personas nos sirve para humanizarnos.

  • Aparece Pepito Grillo

  • La única obligación que tenemos en esta vida es no ser imbéciles. Hay varios tipos de imbéciles:

    a) El que cree que no quiere nada y dice que todo le da igual.

    b) El que cree que lo quiere todo, lo primero que se le presenta y lo contrario de lo que se le presenta.

    c) El que no sabe lo que quiere ni se molesta en averiguarlo.

    d) El que sabe lo que quiere y, más o menos, sabe por qué lo quiere pero lo quiere flojito, con miedo o con poca fuerza.

    e) El que quiere con fuerza y ferocidad, en plan bárbaro, pero se ha engañado a sí mismo sobre lo que es la realidad, se despista enormemente y termina confundiendo la buena vida con aquello que va a hacerle polvo.

    Estos tipos de imbecilidad necesitan apoyarse en cosas ajenas que no tienen nada que ver con la libertad, por tanto no suelen lograr vivir la buena vida. Lo contrario de ser moralmente imbécil es tener conciencia, la cual consiste en:

    a) Saber que no todo da igual, porque queremos vivir humanamente bien.

    b) Estar dispuestos a fijarnos en si lo que hacemos es lo que realmente queremos o no.

    c) Desarrollar el buen gusto moral, de tal modo que haya cosas que nos repugne hacer (como mentir).

    d) Aceptar que somos libres y que somos responsables de nuestros actos y sus consecuencias.

    ¿Quién puede ser egoísta sin ser imbécil? El que quiere lo mejor para sí mismo. ¿Qué es lo mejor? La buena vida. El egoísta consecuente es el que sabe de verdad lo que le conviene para vivir bien y se esfuerza por conseguirlo, y no al imbécil que cree ser feliz con lo que tiene o posee pero al final se fastidia el mismo.

    Todos nuestros actos tienen unos aspectos importantes: remordimiento, culpa y responsabilidad. El remordimiento es el descontento que sentimos con nosotros mismos cuando hemos empleado mal la libertad, por tanto, si no fuéramos libres no podríamos sentirnos culpables. Y cuando asumimos las consecuencias de nuestros actos somos responsables.

    Cuando aparece lo irresistible uno deja de ser libre y se convierte en marioneta. Según el autor, lo “irresistible” no es más que una superstición, inventada por los que le tienen miedo a la libertad. Para terminar con este capítulo, dejo una frase del autor que me llama la atención, enseñándonos lo que implican nuestras decisiones como personas libres y responsables: “Responsabilidad es saber que cada uno de mis actos me va construyendo, me va definiendo, me va inventando. Al elegir lo que quiero hacer voy transformándome poco a poco. Todas mis decisiones dejan huella en mí mismo antes de dejarla en el mundo que me rodea.”

  • Ponte en su lugar

  • Al comenzar el capítulo, el autor nos cuenta parte de la historia de Robinson Crusoe, que se encuentra con Viernes, quien practicaba el canibalismo y para él era una costumbre razonable y aceptada, mientras que a Robinson le parecía horrible. Con esto quiere explicarnos que cada cultura tiene diferentes costumbres que para otras nos pueden parecer locuras o pueden estar mal vistas, pero en esas culturas son tradición y algo normal.

    A lo largo del día, nos vamos a encontrar con mentirosos, ladrones o asesinos. A ellos debemos tratarlos como a hombres, porque son tan humanos como nosotros. Como dijo Marco Aurelio, lo más importante respecto a los hombres no es si su conducta me parece conveniente o no, sino que, en cuanto humanos, me convienen y eso nunca debo olvidarlo al tratar con ellos. Y si intentara perjudicar a mi semejante, el primer perjudicado sería precisamente yo mismo.

    En conclusión: para tratar a las personas como personas (humanamente), debemos ponernos en su lugar, para comprenderlos desde dentro.

  • Tango gusto

  • La mayoría de las veces que se dice que, por ejemplo, una película es “inmoral”, es porque está relacionada con el sexo. Y el sexo no tiene nada de malo, por tanto no puede ser inmoral, y nada es malo sólo por el hecho de que nos dé gusto hacerlo.

    Michel de Montaigne dijo: “Hay que retener con todas nuestras uñas y dientes el uso de los placeres de la vida, que los años nos quitan de entre las manos unos después de otros”, es decir, tenemos que disfrutar los placeres del presente.

    La diferencia entre “uso” y “abuso” es que cuando usas un placer, enriqueces tu vida y no sólo el placer sino que la vida misma te gusta cada vez más; pero estás abusando cuando notas que el placer te va empobreciendo la vida y que ya no te interesa la vida sino sólo ese particular placer, es decir, cuando dependes de él.

    Si disfrutamos de los placeres de la mejor manera posible, la recompensa más alta que podemos tener es alegría. Así tendríamos templanza, que es el arte de poner el placer al servicio de la alegría.

  • Elecciones generales

  • Los políticos tienen muy mala fama, son llamados inmorales. Aun así, la ética y la política tienen una finalidad en común: vivir bien. La ética es el arte de elegir lo que más nos conviene y vivir lo mejor posible, el objetivo de la política es el de organizar lo mejor posible la convivencia social, de modo que cada cual pueda elegir lo que le conviene. Aunque tengan cosas en común, existe una diferencia fundamental entre la ética y la política: la ética se ocupa de lo que uno mismo hace con su libertad, mientras que la política intenta coordinar de la manera más provechosa para el conjunto lo que muchos hacen con sus libertades.

    La gente dice que el mundo es políticamente invivible, que nadie puede pretender llevar una buena vida. Pero se equivocan, porque en todas las épocas hubieron personas que consiguieron vivir bien. Éstos luchaban para que las relaciones humanas políticamente establecidas fueran siendo más humanas (menos violentas y más justas). Pero como diría Savater: “Por mucho mal que haya suelto, siempre habrá bien para quien quiera bien; por mucho bien que hayamos logrado instalar públicamente, el mal siempre estará al alcance de quien quiera mal”.

    Todo ser humano tiene dignidad, y no precio. La dignidad es la condición que puede exigir un ser humano de ser tratado como los demás, sea cual sea su sexo, color de piel, ideas o gustos, etc.

    Quien desee la buena vida para sí mismo, también tiene que desear que la comunidad política de los hombres se base en la libertad, la justicia y la asistencia. La democracia moderna ha intentado esas exigencias mínimas que debe cumplir la sociedad política: son los llamados derechos humanos, que es lo que hace que todos seamos iguales y debamos respetarnos, porque tenemos los mismos derechos y obligaciones.

    Valoración personal:

    Me ha parecido un buen libro para comprender un poco más la ética y su relación con la política. A veces se hacía pesado, pero pone muchos ejemplos que ayudan a entender lo que quiere explicar, con historias o frases de filósofos.

    ¿CÓMO VIVIR MEJOR?

    Dándonos la buena vida (y dando la buena vida), pensando dos veces sobre lo que de verdad queremos (no sólo lo que nos apetece), no ser imbéciles, tratando a las personas como humanos, poniéndonos en su lugar e intentando comprenderlos, y siendo responsables con nuestra libertad.