Ética para Amador; Fernando Savater

Filosofía española. Moral. Filósofos españoles. Argumento. Temas. Adolescencia y sentido de la vida. Ideal moral. Reflexión

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Ética para Amador (Autor: Fernando Savater)

Aviso antipedagógico

Se llama así porque se encuentra basado en Aristóteles, que hace 2.000 años atrás escribió una obra a su hijo llamada “Ética para Nicomaco”; y este autor del siglo XX repitió lo mismo pero para su hijo, como un libro de consejos sobre la moral para el futuro.

Este libro no es un manual de ética. No intenta poner el “imperativo categórico”” al alcance de todos. No es un recetario de respuestas a los problemas cotidianos, no quiere que sea un libro lleno de argumentos para aprender de memoria, ya que la ética debería ser desarrollada y vivida por uno. Tampoco puede condicionar a que lo lee, sino que no es obligatoria, se le puede hasta faltarle el respeto, hacer lo que se quiera con él, pero imponer lo que yo pienso, no condicionarme con los pensamientos del otro.

No tiene sentido una asignatura llamada ética, ya que si existiera implicaría entender que es la “ética”, la ética en el hombre hay un momento libre en la vida para aprenderla. La reflexión moral es parte esencial de cualquier educación digna de ese hombre.

Este libro es personal, subjetivo y universal. Su objetivo no es fabricar ciudadanos bienpensantes, sin estimular el desarrollo de librepensadores.

Prólogo

Relatan la anécdota de un chico de 5 años que quería ahogar a su padre, el hijo mandaba al padre, en este caso se encontraba presente el “complejo de Edípo”, o sea, en la infancia el hijo se encontraba en contra del padre, en la adolescencia esto se repite, y a la vez, el padre permite esto, ya que a través de esa “rivalidad” el chico pueda construir su personalidad, alguien con quien pelear, y obtener confianza en sí mismo.

Este libro sólo te solicita un poco de atención, paciencia y confianza. Te brinda un poco de la experiencia del autor de este libro.

Capítulo 1 “De que trata la ética”

Ciertas cosas uno puede aprenderlas o no. A voluntad. Como nadie es capaz de saberlo todos, no hay más remedio que elegir y aceptar con humildad lo mucho que ignoramos. (Es preciso estar enterado, por ej. de que saltar desde el balcón del sexto piso no es cosa buena para la salud).

Entre todos los saberes posibles existe al menos uno imprescindible el de que ciertas cosas no convienen y otras no. A lo que nos convienen lo llamamos “bueno” porque nos sienta bien, porque somos felices; otras nos sientan mal, por lo tanto las llamamos “mala”. Saber distinguir entre lo bueno y lo malo es un conocimiento que todos intentamos adquirir, sin excepción.

La mentira es algo en general malo, porque destruye la confianza en la palabra. A veces puede ser útil beneficioso mentir para obtener algo de ventaja; o hacerle algún favor a alguien (¿es mejor decirle al enfermo de cáncer incurable la verdad sobre su estado, o se le debe engaña para que pase sin angustia sus últimas horas?).

En su medio natural, cada animal parece saber perfectamente lo que es bueno y lo que es malo. No hay animales “buenos” ni “malos”, aunque quizás la mosca considere mala a la araña que tiende su trampa y se la come. Está programada para ser así, no lo puede evitar (como por ej.: las termitas soldado luchan y mueren porque tienen que hacerlo sin remediarlo). En cambio en la obra “Ilíada” Homero cuenta la historia de que Héctor debe luchar contra Aquiles, pero éste, indudablemente tiene la posibilidad de negarse a ser héroe. No está programado para ser héroe, ningún hombre lo está. A diferencia de las termitas decimos que Héctor es libre, y por eso admiramos su valor.

Los hombres tenemos cierta parte condicionada. El hombre, esta caracterizado por tener la posibilidad de elección, aunque tenemos libertad limitada, una de las cosas que nos limitan es el contexto histórico.

Por mucha programación biológica o cultural que tengamos, los hombres siempre podemos optar finalmente por algo que no esté en el programa. Podemos decir “si” o “no”, quiero o no quiero.

La libertad no implica que podemos hacer cualquier cosa que queramos. Hay que tener en cuenta dos cosas:

  • No somos libres de elegir lo que nos pasa (haber nacido tal día, padecer de una grave enfermedad, etc.) sino libres para responder a lo que nos pasa de tal o cual modo.

  • Ser libres para intentar algo no tiene nada que ver con lograrlo indefectiblemente. No es lo mismo la libertad (elegir lo posible) que la omnipotencia (conseguir todo lo que uno quiere, siempre).

  • Hay cosas que dependen de mi voluntad, pero no todo depende de tal, porque en el mundo hay otras muchas voluntades y otras muchas necesidades que no controlo a mi gusto.

    Los hombres podemos inventar y elegir en parte nuestra forma de vida, como también, podemos equivocarnos.

    A este saber vivir, o arte de vivir es a lo que llaman ética.

    Capítulo 2 “Órdenes, costumbres y caprichos”

    A veces las circunstancias nos imponen elegir entre dos opciones que no hemos elegido.

    Uno de los primeros filósofos que se ocupó de estas cuestiones fue Aristóteles. Cuando hay que elegir no queda más remedio que decidirse por lo que quisiera más, lo que crea más conveniente. Si vamos a ser sinceros, tendremos que reconocer que la mayoría de nuestros actos los hacemos casi automáticamente. Has actuado de manera casi instintiva, sin plantearte muchos problemas. En el fondo resulta lo más cómodo. A veces darle demasiadas vueltas a lo que uno va hacer nos paraliza. Es como cuando echas a andar.

    Un “motivo” es la razón que tienes, o al menos crees tener para hacer algo, la explicación más aceptable de tu conducta cuando reflexionas un poco sobre ella (¿por qué hago eso?).

    Hay tres tipos de motivos:

    Órdenes: es el que alguien del exterior te manda hacer una u otra cosa.

    Costumbre: cuando sueles hacer un mismo gesto, y lo repetís casi sin pensar, o también el ver a tu alrededor que todo el mundo se comporta así habitualmente.

    Caprichos: son las cosas que te aparecen por la pura gana. Dejo de lado los motivos más crudamente funcionales (bajar de la escalera para llegar a la calle en lugar de saltar por la ventana; coger el autobús para ir al colegio, tomar una taza para tomar el café con leche, etc.).

    Cada uno de esos motivos inclina tu conducta a una dirección u otra, explica más o menos tu preferencia por hacer lo que haces frente a las otras muchas cosas que podrías hacer. Cada tipo de motivos tiene su propio peso y te condiciona a su modo. Las órdenes sacan su fuerza por el miedo, otras establecen afecto y confianza (gestó que establecen por tu bien). Las costumbres vienen más bien de la comodidad de seguir la rutina. Estas dos tienen una cosa en común: parece que viene de afuera (como por ej. seguir con una moda para no desentonar), en cambio los caprichos te salen de adentro, brotan espontáneamente sin que nadie te los mande ni a nadie en principio creas imitarlos.

    En momentos tempestuosos a la persona sana se le pasan casi todos los caprichos y no le queda sino el deseo intenso de acertar con la línea de conducta más conveniente: más racional.

    Capítulo 3 “Haz lo que quieras”

    La libertad es el poder decir “si” o “no”, lo hago o no lo hag es la posibilidad de hacer lo que uno quiera, pero tal, va junto a la responsabilidad. La libertad es el asunto del que se ocupa propiamente la ética. La libertad significa decidir, pero para llevar a cabo tal decisión hay que pensar al menos dos veces lo que vas a hacer. “La primera vez” piensas ¿por qué hago esto?, el motivo de tu acción. “La segunda vez” ¿por qué obedezco lo que me mandan? Hay que saber diferenciar lo bueno de lo malo, lo que nos conviene y lo que no, costumbres y caprichos, examinando a fondo lo que voy a hacer, ya que nunca una acción es buena sólo por ser una orden, una costumbre o un capricho (muchas cosas que hacemos son por “obligación”, cumplir las leyes es una de ellas, sino las cumplimos podríamos sufrir una censura. Pero está el “capricho” o a la “decisión voluntaria” de que queremos hacer eso.).

    De niños los adultos nos protegen tomando las decisiones por nosotros, a esto se lo llama “vida inventada. Pero los adultos debemos empezar a inventar nuestra vida.

    Moral etimológicamente tienen que ver con las costumbres, pues eso precisamente es lo que significa la voz latina mores, y también con las órdenes. Hay costumbres y órdenes que pueden ser “malas”; o sea “inmorales”, pero muy ordenadas y acostumbradas que se nos presente.

    Moral: conjunto de comportamientos y normas que aceptamos como válidos.

    Ética: reflexión sobre por qué los consideramos válidos y la comparación cin otras “morales” que tienen personas diferentes.

    Malo y bueno no sólo se aplica a la moral. Bueno abarca muchas definiciones, pero no podemos determinar si alguien es bueno o malo ya que no sabemos para que sirven los seres humanos. Porque no hay un único reglamento para ser buen humano ni el hombre es instrumento para conseguir nada.

    Capítulo 4 “Date la buena vida”

    En el mundo hay alrededor de 27.000.000 eslavos. En la antigüedad había un esclavo llamado “Epíteto”, que se convirtió en uno de los más grandes filósofos. “Hazme lo que quieras con mi cuerpo, pero mi alma no vas a poder esclavizar.” Epíteto creía en el destino, y fundó una escuela llamada “Estoicismo”. En este capítulo se habla de “darse la buena vida”, pero no hay que pensar a corto plazo, sino que también hay que pensar en el futuro...

    “Haz lo que quieras”, esta frase hace hincapié con que hay que dejar órdenes, costumbres, premios, castigos, etc. Todo hay que dirigirlo por nuestra voluntad, y hay que preguntarnos a nosotros mismos como debemos usar nuestra libertad.

    Nosotros a través de esa libertad elegimos con responsabilidad entre una cosa y otra. Si la cumples, pero siempre a tu manera. Los humanos no tenemos otro remedio que ser libre, de vivir bien la vida, no se trata de perder el tiempo.

    “Haz lo que quieras” significa que “estas condenado a ser libre”. Una cosa es que hagas “lo que quieras” y otra bien distinta es hacer “lo primero que se te venga en gana”. A veces con la “gana” no se gana sino que se pierde.

    A veces los hombres queremos cosas contradictorias que entran en conflicto unas con otras. Es importante ser capaz de establecer prioridades y de imponer una cierta “jerarquía” en lo que de pronto me apetece, y lo que en el fondo, a la larga, quiero.

    Lo que hace que todo de igual no es la vida, sino la muerte; la vida está hecha de tiempo, nuestro presente está lleno de recuerdos y esperanzas. Nuestra visa está hecha de relaciones con los demás seres humanos, consiste principalmente en tener relaciones con otros seres humanos.

    La buena vida humana es buena vida entre seres humanos, o de lo contrario puede que sea vida, pero no será ni buena, ni humana. El hombre es solamente una realidad biológica natural, sino también una realidad cultural. No hay humanidad sin aprendizaje cultural, el lenguaje. El lenguaje no es una función natural y biológica del hombre, sino una creación cultural que heredamos y aprendemos de otros hombres.

    La humanización es un proceso recíproco.

    Por eso darse la buena visa no puede ser algo muy distinto a fin de cuentas de dar la buena vida.

    Capítulo 5 “¡Despierta, baby!”

    Querer la buena vida no es un querer cualquiera. En el mundo hay otras cosas, otras relaciones, fidelidades debidas al pasado y esperanzas suscitadas por lo venidero. La vida es siempre complejidad y casi siempre complicaciones, es rehúyes toda complicación y buscas la gran simpleza no creas que quieres vivir más y mejor, sino morirte de una vez.

    La verdad es que las cosas que tenemos nos tienen ellas también a nosotros en contrapartida, lo que poseemos nos posee: cuando alguien las manos y el alma tan ocupadas con sus posesiones que de pronto sintió un extraño picar y no supo con qué rascarse.

    Nosotros puras cosas, necesitamos “cosas” que las cosas no tienen. Al tratar a las personas como personas y no como a cosas, estoy haciendo posible que me devuelvan lo que sólo una persona puede darla otra

    La ética lo que intenta es averiguar en que consiste en el fondo, esa dichosa buena vida que nos gustaría darnos. A las cosas hay que manejarlas como cosas, y a las personas hay que tratarlas como personas.

    La atención a la disposición a reflexión sobre lo que se hace y a intentare precisar lo mejor posible al sentido de esa “buena vida” que queremos vivir es crucial en este asunto.

    La primera e indispensable condición ética es la de estar decido a no vivir de cualquier modo: estar convencido de que no todo da igual aunque antes o después vayamos a morirnos. Moral es intenta comprender por qué ciertos comportamientos nos convienen y otros no, comprender de qué va la vida y qué es lo que puede hacerla “buena” para nosotros los humanos. El esfuerzo de tomar la decisión tiene que hacerlo cada cual en solitario: nadie puede ser libre por ti.

    Capítulo 6 “Aparece Pepito Grillo”

    La única obligación que tenemos en está vida es no ser imbéciles. Viene del latín baculus que significa “bastón”: el imbécil es el que necesita bastón para caminar. Hay imbéciles que:

  • Creen que no quieren nada (impotente);

  • Creen que lo quieren todo (omnipotente);

  • El que no sabe loo que quiere, ni se molesta en averiguarlo (apático);

  • El que sabe más o menos lo que quiere, pero con poca fuerza, con miedo (se deja llevar por sus deberes en vez de lo que realmente quiere);

  • El que quiere con fuerza en un plan que “creía” bárbaro, pero se ha engañado sobre lo que es la realidad (volátil, se deja llevar por sus sueños irreales).

  • Los imbéciles “acaban mal”, suelen fastidiarse a sí mismos y nunca logran la buena vida. Síntomas de imbecilidad solemos tener casi todos.

    Lo contrario a ser “moralmente imbécil” es tener conciencia. La conciencia que nos curará de la imbecilidad moral consiste en:

  • Saber que no todo da igual porque queremos vivir realmente y bien.

  • Estar dispuestos a fijarnos en si lo que hacemos corresponde a lo que de veras queremos o no.

  • Ir desarrollando un buen gusto moral.

  • Renunciar a buscar coartadas que disimulen que somos libres.

  • Está mal lo que llamamos “malo” porque no le deja a uno vivir la buena vida que queremos. Hay que evitar el egoísmo, ya que tal palabra significa pensar en uno mismo, y no preocuparse por los demás.

  • Sólo deberíamos llamar egoísta consecuente al que sabe de verdad lo que le conviene para vivir bien y se esfuerza por conseguirlo.

    Uno se vuelve “enemigo” de sí mismo cuando reconoce que no ha conseguido lo querido, sino que pierde la posibilidad de ser amado y respetado por el resto de sus compañeros humanos.

    Si no fuésemos libres, no podríamos sentirnos “culpables” de nada y evitaríamos remordimientos.

    Esto trata sobre que hay que tomarse en serio la liberta, ser responsable.

    Y lo serio de la libertad es que tiene efectos indudables e imborrables; cada acto libre que hago limita mis posibilidades de elegir y realizar una de ellas.

    Remordimiento: es el descontento que sentimos con nosotros mismos cuando hemos empleado mal la libertad; ser responsable es apechugar con las consecuencias de lo que hemos hecho, enmendar lo malo que pueda enmendarse y aprovechar al máximo lo bueno. Todos los que quieren dimitir de su posibilidad creen en lo irresistible, aquello que avasalla sin remedio, que cuando aparece, deja uno de ser libre y se convierte en marioneta.

    Nadie ha vivido nunca en tiempos completamente favorables, en vos que resulte sencillo ser hombre y llevar una buena vida. A nadie se le regala la buena vida humana ni nadie consigue lo conveniente para él sin coraje y sin esfuerzo: por eso virtud deriva etimológicamente de vir (la fuerza “viril” del guerrero que se impone en el combate contra la mayoría).

    Responsabilidad es saber que cada uno de mis actos me va inventando. Al elegir lo que quiero hacer voy transformándome poco a poco. Todas mis decisiones dejan huella en mí mismo antes de dejarla en el mundo que me rodea.

    Capítulo 7 “Ponte en su lugar”

    La vida humana debe transcurrir entre humanos, manteniendo una reacción con ellos.

    Robinson Crusce cuando naufraga, vive sólo y arreglándoselas muy bien. Lo que lo atormenta luego es la aparición de una huella, al verla lo que hubiera querido es que fuera de un semejante (educado, con religión, de buena familia); o que era de Viernes (salvaje, caníbal, con cultura de tribu, de religión politeísta). Las dos eran totalmente distintas pero alguna semejanza había:

    Ambos hablaban (es muy importante ya que de alguna forma se podía comunicar).

    Eran capaces de valorar ciertas cosas que están “bien” y otras son por el contrario “malas”.

    • Si tratamos a tal como un enemigo, el otro va a actuar de igual manera, y se pierde la ocasión de ganar la amistad;

    • Tratar a las personas humanamente consiste en ponerte en su lugar.

    • Ningún bicho, por cariñoso que sea, puede darme tanto como otro ser humano algo antipático, pero hay que tratarlos con un cierto cuidado ya que son frágiles porque no son simples cosas.

    Los seres humanos somos los únicos que pueden dar lo que uno mismo da.

    • Todos los que roban, mienten, traicionan, violan, matan o abusan de cualquier modo de uno, por ello deja de ser humano.

    • Una de las características principales de los humanos es nuestra capacidad de imitación, es de este modo por el cual aprendemos.

    • Cuanto más feliz y alegre se siente alguien, menos ganas tendrá de ser malo.

    • El primero de los derechos humanos es el no ser fotocopia de nuestros vecinos, a ser más o menos “raros”. Y no hay derecho a obligar al otro a que deje de ser “raro”, salvo que su rareza consiste en hacer daño a otros (directa y claramente).

    Gran parte del difícil arte de ponerse en el lugar del prójimo tiene que ver con la justicia, no sólo me refiero a o que tal tiene de institución pública (leyes, jueces), sino a la virtud de la justicia (la habilidad, el esfuerzo que debemos realizar).

    Capítulo 8 “Tanto gusto”

    Cuando la gente habla de “moral” y sobre todo de “inmoralidad”, la mayoría de las veces se trata de algo semejante al sexo. Algunos creen que la moral se dedica ante todo a juzgar lo que la gente hace. En el sexo no hay nada “inmoral”; claro que alguien puede comportarse inmoralmente en el sexo (utilizándolo para hacer daño a otra persona, por ejemplo). Como la relación sexual puede llegar a establecer vínculos muy poderosos y complicaciones afectivas muy delicadas entre la gente, es lógico que se consideren especialmente los miramientos debidos a los semejantes en tales casos. Pero en lo que hace disfrutar a dos y no daña a ninguno no hay nada de malo. El que de veras está “malo” es quien cree que hay algo malo en disfrutar... No solo es que “tenemos” un cuerpo, sino que somos un cuerpo, sin cuya satisfacción y bienestar hay vida buena que valga. El que se avergüenza de las capacidades gozosas de su cuerpo es tan bobo como el que se avergüenza de haberse aprendido la tabla de multiplicar.

    Una de las funciones indudablemente importantes del sexo es la procreación. Y es una consecuencia que impone obligaciones éticas (la responsabilidad es el reverso inevitable de la libertad). Pero la experiencia sexual no puede limitarse simplemente a la función procreadora. El sexo es un mecanismo de reproducción para los hombres como también para los animales. Pero cuanto más se separa el sexo de la simple recreación, menos animal y más humano nos resulta.

    Lo que se agazapa en toda esa obsesión sobre la “inmoralidad” es uno de los más viejos temores sociales del hombre: el miedo al placer. Y como el placer sexual destaca entre los más intensos y vivos que pueden sentirse, por eso se ve rodeado de tan enfáticos recelos y cautelas; será porque nos gusta demasiado. La verdad uno nunca se siente tan contento y de acuerdo con la vida como cuando goza, pero si se olvida de todo lo demás puede no durar mucho vivo. El placer nos distrae a veces más de la cuenta, cosa que puede resultarnos fatal. Por eso los placeres se han visto siempre acosados por tabúes y restricciones, cuidadosamente racionados, permitidos solo en ciertas fechas, etc.

    Por otro lado están quienes sólo disfrutan no dejando disfrutar. Tienen tanto miedo a que el placer les resulte irresistible, se angustian tanto pensando de lo que les puede pasar si un día le dan de verdad gusto al cuerpo que se convierten en calumniadores profesionales del placer. Todo puede llegar a mal o servir para hacer el mal, pero nada es malo sólo por el hecho de que te dé gusto hacerlo. A los calumniadores profesionales del placer se les llama “puritanos”. El puritano cree que cuando uno vive bien tiene a que pasarlo mal y cuando uno lo pasa mal es porque está viviendo bien. Los puritanos se consideran la gente más “moral” del mundo y además guardianes de la moralidad de sus vecinos. Es más ”decente” y más “moral” el sinvergüenza corriente que el puritano oficial. El puritanismo es la actitud más opuesta que puede darse a la ética.

    Michel de Montaigne dice: hay que retener con todas nuestras uñas y dientes el uso de los placeres de la vida, que los años nos quitan de las manos uno después de otros. En esa frece se destaca dos cosas:

  • Que los años nos van quitando sin cesar posibilidades de gozo por lo que no es prudente para decidirse pasarlo bien. Pero no quiere decir que tengas que buscar hoy todos los placeres sino que debes buscar todos los placeres de hoy. Lo placentero es lo bien que tú sepas disfrutar con lo que te rodea.

  • Lo bueno es usar los placeres, tener siempre cierto control sobre ellos que no les permita revolverse contra el resto de lo que forma tu existencia personal. El placer es muy agradable pero tiene una fastidiosa tendencia a lo excluyente: si te entregas a él con demasiada generosidad es capaz de irte dejando sin nada con el pretexto de hacértelo pasar bien. Usar los placeres es no permitir que cualquiera de ellos te borre la posibilidad de todos los otros y que ninguno te esconda por completo el contexto de la vida nada simple en que cada uno tiene su ocasión. La diferencia entre el “uso” y el “abuso” es precisamente ésa: cuando usas un placer enriqueces tu vida y o sólo el placer sino que la vida misma te gusta cada vez más; es señal de que estas abusando el notar que el placer te va empobreciendo la vida y que ya no te interesa la vida sino sólo ese peculiar placer (e placer ya o es un ingrediente agradable de la plenitud de la vida, sino un refugio para escapar de la vida, para esconderte de ella y culminarla mejor...

  • Uno de los efectos beneficiosos del placer muy intenso es disolver todas esas armaduras de rutina, miedo y trivialidad que llevamos puestas y que a menudo nos amargan más de lo que nos protegen. Sin embargo, amenaza con matar nuestra salud y nuestro cuerpo, o nos embrutece matando nuestra humanidad, nuestros miramientos para con los demás y para con el resto de lo que constituye nuestra vida. Desde el punto de vista médico, ciertos placeres nos hacen daño y suponen un peligro. Sin embargo, hay placeres cuyo principal encanto parezca ser el “daño” y el “peligro” que proporcionan. Cuando un placer te mata, o está siempre a punto de matarte o va matando en ti lo que en tu vida hay de humano... es un castigo disfrazado de placer, una vil trampa de nuestra enemiga la muerte. La ética consiste en apostar a favor de que la vida vale la pena, ya que hasta las penas de la vida valen la pena. Y valen la pena porque es a través de ellas como podemos alcanzar los placeres de la vida, siempre contiguos a los dolores.

    ¿Cuál es la mayor gratificación o la recompensa más alta que podemos obtener de cualquier cosa? Lo máximo que podemos obtener sea lo que sea es alegría. Todo cuanto lleva a la alegría tiene justificación y todo lo que nos aleja es un camino equivocado. La alegría es un “sí” espontáneo a la vida que nos brota de adentro, aveces cuando menos lo esperamos. Un “si” a lo que somos, a lo que sentimos ser. El placer es estupendo y deseable cuando sabemos ponerlo al servicio de la alegría, pero cuando la enturbia o la compromete.

    Al arte de poner el placer al servicio de la alegría, a la virtud que sabe no ir a caer del gusto en el disgusto, se le suele llamar desde tiempos antiguos templanza.

    El placer de sentirse culpables: cuando uno le gusta sentirse culpable, cuando uno cree que un placer es más placer auténtico si resulta en cierto modo “criminal”, lo que se está pidiendo a gritos es castigo...

    La templanza es amistad inteligente con lo que nos hace disfrutar. A quien diga que los placeres son “egoístas” porque siempre hay alguien sufriendo mientras tu gozas, hay que responderles que es bueno ayudar al otro en lo posible a dejar de sufrir, pero que es mal sano sentir remordimientos por no estar en ese momento sufriendo también o por estar disfrutando como el otro quisiera poder disfrutar.