Ética a Nicómaco; Aristóteles

Filosofía griega. Pensamiento aristotélico. Libro I. Virtud. Felicidad

  • Enviado por: Denis Guillou Vásquez
  • Idioma: castellano
  • País: España España
  • 4 páginas
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Ética a Nicómaco

Luego de declarar que “toda arte y toda investigación, toda ciencia y elección tienden al bien” Aristóteles orienta su discurso hacia aquello que es bueno por sí mismo, aquello cuyo fin no es otro sino él, la virtud de las virtudes, la ððδððððððð .

La ððδððððððð es lo que hace deseable la vida, todas las demás virtudes tienden a ella, la ððδððððððð no necesita de nada más para ser completa, es, por tanto, suficiente y perfecta, en cuanto es el ððððð de todos nuestros actos y de nuestras virtudes.

Luego Aristóteles nos invita a intentar comprender que es la ððδððððððð entendiendo cuál es la función del hombre. En esta invitación, o proposición si se prefiere, más que una alternativa para encontrar una respuesta parece estar entregándonos un nuevo concepto para el cual buscaremos una explicación o respuesta. En otras palabras, Aristóteles introduce esta pregunta-concepto, y luego la desarrolla argumentándola.

Sin embargo, Aristóteles nos aclara, con anterioridad que la ððδððððððð de la que él habla está lejos del concepto popular de felicidad relacionado con el placer, el honor o la riqueza. Es más, señala que la ððδððððððð no es un estado o hábito, sino una actividad, la propia y particular del hombre, de lo que no comparte con animales ni plantas, es decir, una “actividad del alma según la razón y conforme a la virtud, y si hay más de una virtud con la mejor de ellas”. Ésta actividad debe manifestarse durante el transcurso de una vida completa para que esta entrañe el bien, pues el hombre es bueno en la medida en que actúa bien, y como él dice “una golondrina no hace verano”.

La ðρððð es definida por Aristóteles como un estado (ðððð, o habitus según los escolásticos) referido a la elección consistente esencialmente en la observancia de la mediedad (ððσðððð) relativa a nosotros* determinada por la razón y por aquella por la cual decidirá el hombre prudente (ðρðððððð). La mediedad, aclara Aristóteles, no es la media aritmética (o el medio de la cosa) ni una idea moral de “nada con exceso”, de hecho la mediedad puede ser un extremo, asunto que parece extraño, pero que se comprende perfectamente si reparamos en la figura que determina esa mediedad: el ðððρðððð ðρðððððð . Es el hombre prudente quien determina lo que se le ajusta mejor (relativo a sí mismo, no a una norma*), lo que en determinadas ocasiones podría ser un extremo. No siempre la medida es la misma, para nuestras acciones existe una debida y una correcta proporción, y la conducta del hombre virtuoso debe ir siempre de acuerdo con esa medida.

He aquí un punto de choque con la moral cristiana y con el Platonismo. El cristianismo ve en este ajuste de la virtud determinado por el hombre virtuoso una peligrosa tendencia hacia la virtud particular, en contraposición a la conducta moral unificada en la figura de Cristo, que tiene carácter universal, o sea, son necesarias para todos los seres por igual. Pero ello no tiene mayor relevancia en nuestro análisis.

Es importante señalar el status que da Aristóteles a la ética. No la considera como ciencia exacta, pues “se ocupa de cosas que no son absolutamente necesarias y determinadas(...)y que pueden ser de otro modo”, pues la ética no razona a partir de primeros principios sino que se remonta a ellos. Así también señala que no busca un bien único (o determinado universalmente), suponiendo que éste exista, pues resulta evidente que los hombres no podrían realizarlo o alcanzarlo. Lo que persigue es un bien que sea humanamente realizable. Sin embargo establece como bien supremo a la ya renombrada ððδððððððð..

Por otra parte señala el Filósofo, existen dos clases de virtud, las dianoéticas o anímicas y las éticas. Éstas primeras se aprenden, no nacen con nosotros, sin embargo tenemos por naturaleza la facultad de aprenderlas y de perfeccionarlas, y las otras se desarrollan mediante una modificación de la costumbre.

Correspondientes a la virtud dianoética serían entonces la sabiduría, la inteligencia y la prudencia, y a la ética la liberalidad y la templanza, pues el sabio lo es gracias a su hábito, y la liberalidad y la templanza corresponden al carácter modificado en concordancia con la razón.

Aquí introduce Aristóteles el otro rostro de su teoría ética, pues en el inicio individualiza la virtud pudiendo excluir con esto la vida en comunidad, pero señala, como ejemplo de las virtudes dianoéticas, lo que ocurre en la ððððð, donde los legisladores hacen buenos a los ciudadanos haciéndolos adquirir costumbres. Lo que nos intenta demostrar es la diametral importancia que tiene el adquirir hábitos, pues mediante ellos se gesta la virtud inherente al acto, y la realización de dichas acciones determina la calidad de los hábitos.

Parece ser que la práctica de alguna actividad determina la virtud de quién la practica, pero Aristóteles se pregunta ¿Cómo decimos que el hombre se hace justo practicando la justicia, puesto que si practica la justicia ya es justo? Su respuesta es algo confusa; por una parte nos dice que para la virtud el conocimiento tiene poco o ninguna importancia, mientras que para las artes no la tiene pequeña sino total. Señala que las acciones se llaman justas en cuanto puede hacerlas el hombre justo, y que es justo no quien las hace sino el que las hace como lo hacen los justos. Por otra parte señala que “el hombre bueno y educado moralmente ve lo verdadero en todos los individuos como si fuese él mismo la regla y la medida de ello”.

Aquí vuelve a surgir la enorme importancia de la educación (pues el hombre educado es capaz de ver lo verdadero) y de la acción (pues el hombre que ve y entiende el accionar del justo, debe actuar como lo hace el justo)

Dice también con respecto a la virtud que debe pertenecer a alguna de las tres cosas que pasan por el alma: las pasiones, las facultades y los hábitos. Las primeras son descartadas inmediatamente pues la bondad o la maldad no está determinada por las pasiones, sino por las virtudes y los vicios. Pero tampoco lo son de las facultades, porque el hombre nace con estas, y no se es malo o bueno por naturaleza. Entonces queda la ððσðð que es por la cual el hombre se hace bueno y ejecuta su función.

No deje de llamar la atención el que comparta ésta característica con “la mejor de las ciencias” tratada en el libro I de La Metafísica. Dicha coincidencia (¿?) nos sugiere que Aristóteles entiende que dentro de cualquier ámbito, lo que se busca o se quiere en mor de sí mismo es lo mejor.