Ética a Nicómaco; Aristóteles

Filosofía griega. Ética nicomaquea. Pensamiento aristotélico. Ética a Nicómaco. Estructura. Tema de la amistad

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Ética a Nicómaco

De la amistad

“Un amigo fiel es un alma en dos cuerpos”

(Aristóteles)

La amistad es el tema principal de los capítulos VIII y IX de el tratado de ética de Aristóteles. En estos capítulos trata de caracterizar el por qué de la amistad, así como analizar cómo se da esta y entre qué tipos de personas se produce. La amistad es la máxima expresión de filiación entre dos seres humanos, pero todavía queda por saber si esta se da entre gente de mismos gustos e idiosincrasia, o sin embargo se trata de la compenetración entre dos personas que al no tener gran cosa en común, o precisamente por ello, se complementan.

Esta es la primera duda que le abarca a Aristóteles, intenta saber si la filiación entre dos personas se da por la coincidencia entre caracteres, o, por el contrario, son mejores amigos aquellos que poco, o nada a parte de su amistad, los que mejor se compenetran. Se pregunta si la amistad es el compartir o la complementación.

Sin embargo Aristóteles parece decir que existe mayor amistad entre la autentica naturaleza da la amistad es la justicia, que si dos hombres son justos necesitan de la amistad; pero que si dos individuos son amigos, para nada necesitan de la justicia, porque en la propia amistad ya viene dada la justicia. Uno no puede ser injusto con su amigo, porque la amistad es eso, la injusticia imposible para con el otro. Pero el problema que le surge a Aristóteles en este punto es el de saber si existen grados de la amistad, y por lo tanto de la justicia; así como de si se puede dar la amistad entre todos los hombre o sólo entre los buenos, pues a los malos se les supone injustos.

Quizá por esto, además de decir que la amistad es justicia, afirma que la amistad es una simpatía por un ser literalmente amable, un ser al que se le desee el bien por el bien mismo, sin otro fin que su propia felicidad; aquí, Aristóteles, deja fuera del concepto de amistad a las amistades interesadas, a aquellos que desean el bien del “amigo” para su propio interés. Pero esta simpatía debe ser reciproca, es decir, uno debe ser “amigo de sus amigos”, sin esta reciprocidad, si falta o se desconoce, no existe la amistad sino algo parecido a la cortesía, pero algo más intima.

Con lo dicho hasta ahora la amistad sería la simpatía reciproca hacia un ser amable (en el sentido literal del término), en la se desea desinteresadamente el bien del amigo y en la cual no cabe la injusticia. Pero dentro de este concepto caben todavía dudas acerca de si todo lo que llamamos amistad, realmente lo es; véase la hospitalidad para con los extranjeros, las amistades por placer, o, incluso, las amistades de juventud; lo que intenta realmente conocer es si la amistades únicamente la que dura toda la vida, o también es amista aquella que es perecedera, e incluso la de poca duración.

Para ello lo primero que hace es comprobar si la amistad que se da por placer o interés es amistad, negándolo casi rotundamente, ya que si la amistad es por alguna de estas causas no se da por lo que uno es, sino por lo que el ser amado procura, el placer o la utilidad. Este tipo de “amistad” no es hacia el ser amado en sí sino hacia el objeto que procura, y este no es inmutable, ya que unas veces se desea una cosa pero luego se puede cambiar de criterio. Por ello, según Aristóteles, estas amistades duran bastante poco, ya que una vez que se ha conseguido lo que se desea pierde su interés y, con ello, la supuesta amistad.

La amistad que se da por el placer es, según Aristóteles, la mas rentable en la relación entre el tiempo invertido en ella y el beneficio que cada uno saca de dicha amistad, y además no es injusta (al menos del todo) porque ambos consiguen, sino iguales si semejantes, beneficios de la relación. Ya que para conseguir lo deseado ambos tienen que dar algo que el otro quiera, y por lo tanto es justa desde el punto de vista en el que todos consiguen algo deseado.

Por eso se afirma en el capitulo VIII que la mistad, la autentica amistad, se da entre aquellos que desean el bien del amigo por el amigo en sí, y este tipo de personas son las de naturaleza buena y virtuosa, pues son estos los que son capaces de amar desinteresadamente al otro, y son los mejores amigos, dispuestos a todo por el amigo por lo que son y no por lo que tienen o lo que pueden producir; y esta amistad perdurara mientras sean buenos y virtuoso, y ya que la virtud es estable e imperecedera, la amistad también lo es. Y los que sean buenos han de ser buenos, necesariamente, con el amigo; dado que aquel que es bueno no puede dejar de serlo para con el amigo, pero además de esto, los buenos amigos provocan la reciproca utilidad y el reciproco placer.

Pero, como afirma Aristóteles, la bondad en los hombres se puede dar por el modo de ser de los hombres, pero también por sus actos. Así ocurre también en la amistad, pues los que son amigos y comparten momentos, se procuran placer y felicidad, pero por el contrario los que no pueden compartir esos momentos, pero de todas formas desean el bien del amigo y están, del mismo modo que los anteriores, dispuestos a hacer feliz al amigo lejano, también son buenos (“la distancia no rompe la amistad, sino sólo su ejercicio” 1157b). Así pues parece que no estarían predispuestos a la amistad aquellas personas que desean de una manera inmediata, los viejos; ni tampoco las personas de carácter amargo, ya que la propia naturaleza del hombre rechaza la amargura en el carácter y resulta poco agradable para el trato. Por lo tanto los amigos han de ser agradables entre sí, así como ser felices por la propia amistad.

Es por todo lo anterior por lo que Aristóteles afirma que la amistad se da entre las personas que son buenas, ya que son estas las que resultan agradables al trato y por lo tanto son los que se eligen como amigos, aquí está afirmando, muy sutilmente, que las amistades se eligen, y que no surgen espontáneamente. Pues la amistad no es un sentimiento sino un modo de ser, y por lo tanto una elección, y cualquiera elegiría a un amigo bueno a otro que no lo es, ya que lo que se busca en una amistad es que se le desee el bien por lo que uno es, y no por los accidentes, amando al amigo por su propio bien, y devolviéndole al amigo lo que recibe. Y es en este sentido en el que habla de la justicia en la amistad, justicia por igualdad.

Aquí retoma el problema de saber si la amistad se fundamenta en la igualdad de carácter y gustos, o por el contrario es la disparidad de formas de ser lo que fundamenta la amistad, si la amistad se da entre hombre buenos que comparten gustos o lo que busca la amistad es la complementación, con un amigo de deseos distintos a los de uno. Conviene en un primer momento en que es fundamental en la amistad el hecho de disfrutar de la presencia del amigo, sino, si la compañía de otros no resulta agradable, no es autentica amistad. Porque, dos personas de carácter agrio, aún estando bien dispuestas para la amistad, ya que se desean el mutuo bien, si no disfrutan de la mutua compañía no pueden ejercitar la amistad por su propia voluntad, y esto no puede ser autentica amistad ya que un ingrediente fundamental de la amistad es el disfrute de la compañía del amigo.

Del mismo modo que en el caso anterior ocurre entre las amistades que se dan por el placer, principalmente la amistad entre los jóvenes, que no soportan lo molesto, aquello del amigo que no gusta provoca muy rápidamente la ruptura de la amistad, y no encuentran agradable al amigo en sí, sino sólo el placer que les provoca. Así también ocurre con los poderosos, cuyos amigos lo son por utilidad o por lo agradables que son, pero no suelen coincidir las mismas condiciones en la misma persona, y como ha dicho anteriormente, un amigo es a la vez útil y agradable.

Estas clases de amistad que ha mencionado, que están fundamentadas en la igualdad, ambos reciben y dan recíprocamente lo mismo, y se intercambien el placer y la utilidad, duran menos tiempo que la verdadera amistad, e incluso parece que sea menos amistad. Parecen amistades porque, al igual que la amistad fundamentada en la amistad, tiene placer y utilidad, pero, al mismo tiempo, no parecen amistades, ya que la amistad, la autentica amistad, es permanente y las otras cambian rápidamente.

Por otra parte la amistad que se funda en la desigualdad, en los casos en los que la amistad se basa en la superioridad, como en el cado de un padre y un hijo, cada uno recibe del otro algo distinto de lo que da, ni siquiera lo busca, sino que el padre debe dar al hijo lo que le debe, como progenitor, y lo mismo con el hijo respecto al padre, y así será una amistad larga y duradera. Del mismo modo las amistades basadas en la superioridad, el mejor debe ser mas amado que amante, ya que el afecto debe ser proporcionado al mérito que se hace por el, para que exista la igualdad en la amistad, como se ha dicho que es propio de la amistad.

Pero la igualdad en la amistad es mas importante en relación con la cantidad pero no tanto en relación al mérito, pues cuando dos personas son muy distintas en cualquiera aspecto fundamental, ni siquiera aspiran a ser amigos. Pero no existe un límite para saber hasta donde puede llegar la diferencia para que dos personas puedan ser amigas, aquí pone Aristóteles el ejemplo de la amistad de un mortal con un dios, que sería imposible, pero al mismo tiempo un hombre le desea lo mejor a su amigo, y esto es ser un dios, pero en ese caso desaparecería la amistad, y perderían un bien. Por lo tanto un amigo le desea al otro lo mayores bienes, mientras este siga estando como es; para no perder así el bien que es un amigo. Por lo tanto la amistad no va reñida con el deseo de cada uno de buscar su propio bien, con un egoísmo “sano”, el que no daña al amigo.

Pero si este egoísmo no es “sano”, si lo que se busca es solamente ser amado y adulado, no existirá la amistad, sino solamente un intercambio entre el adulador, que espera el reconocimiento de aquel que es superior, y el adulado que se place de verse querido, y reconforta su ya elevada autoestima. Pero al contrario que en este caso la amistad se fundamenta más en querer que en ser querido, en el amor desinteresado, como el de una madre para con su hijo, que es capaz de entregarlo a quien lo críe mejor, con la única esperanza de saber que prosperará más que en sus brazos, sin buscar recompensa, únicamente lo que quiere es a su hijo.

Y es de este modo como los desiguales se igualan a sus amigos, ya que semejanza en la amistad debe darse en la virtud de amar al amigo, ni hacerle mal ala amigo, y de este modo se impide que el amigo haga mal, pues es algo interno al los hombres de buen carácter no hacer mal e impedir que otro lo haga. Pero si la amistad se basa en otra cosa que no sea esto, ya sea en lo agradable, lo útil, etc... la amistad durará mientras se proporcionen beneficios mutuos, al contrario de la autentica amistad, que dura mas allá de lo que se obtiene.

Pero en la amistad surgen una serie de conflictos que el autor trata de solucionar, como el hecho de si se debe ayudar al amigo antes que al hombre que es mejor, o si se debe hacer un favor a un amigo antes que a un bienhechor, ya que por justicia parece que se debe prestar mas ayuda a aquel que mas la merece, pero por otro lado al amigo se le debe ayudar siempre. Aristóteles opina que se bebe restituir lo que legítimamente corresponde al virtuoso antes que dárselo al amigo, ya que opina que no es bueno concederlo todo a la misma persona. Pero aún así, como en todos los casos, hay excepciones; Aristóteles dice que en el caso de tener que ayudar a un amigo y a un acreedor (ya sea de dinero o de favores) y poder ayudar únicamente a uno de los dos, no cabe duda, se debe ayudar al amigo. Por lo tanto, y como parece obvio, los amigos, padres, bienhechores, etc... tienen distintas funciones y hay que otorgarle a cada uno lo que le es propio, siendo justos con cada uno en la medida en la que hay que discernir lo que a cada uno le es propio y otorgárselo, y dar en cada caso lo preceptivo a cada cual.

En cuanto a la ruptura de una amistad, esta no puede romperse cuando esta basada en la utilidad o el interés y ya los supuestos amigos no practican tales actos de utilidad para ambos, pues una vez que ya no se practica aquello que tenían en común, lo que les resultaba beneficioso, la amistad deja de existir. Otro caso sería el de si un amigo bueno deja de serlo y se convierte en malo, sería en este caso legítima la ruptura de la amistad, pues lo malo no es digno de ser amado, y sólo debe amarse a lo bueno; pero debe el amigo continuar con la amistad hasta que la maldad del amigo sea insostenible; ya que un hombre debe procurar el bien del amigo, y si este es malo, pero existe posibilidad de remisión debe ayudarle a ser bueno, ya que esto es lo propio de la amistad.

Caso distinto es el de si un amigo evoluciona y madura de una forma mas rápida o distinta a la del otro, en este caso aquel que ha cambiado tendrá sentimientos distintos a aquel que permanece como antes, y por lo tanto no pueden ser amigo, dado que o hay reciprocidad, como ya hemos dicho anteriormente.

Para finalizar afirma que es en los momentos de mayor alegría y de mayor dolor cuando se busca a los amigos, ya sea por la necesidad de asistencia, en el caso de las desdichas; ya sea por la necesidad de compartir las alegrías y favorecer a los amigos, en el caso de las alegrías. Por eso afirma Aristóteles que la amistad es más necesitada en los momentos amargos, pero que es en los momentos buenos cuando es mas noble, porque en este caso es mas noble favorecerles. Aún siendo igual de grata su presencia en le suerte como en el infortunio. Pero en el caso de un amigo desdichado, a este le resulte grato ver al amigo que le consuela, pero también resulta doloroso ver a un amigo sufrir por las desgracias propias, porque lo que un amigo quiere es la felicidad del otro.

Por otro lado, cuando la fortuna es buena con uno, un amigo hace más agradable la suerte del afortunado; y complace ver como una amigo se alegra y disfruta con la suerte propia. Y por eso es preferible, para cualquiera, solicitar a los amigos cuanto antes a que compartan nuestras alegrías, pero no ser tan rápidos en acudir a ellos cuando las penas nos atormentan, pues a nadie le gusta ver sufrir a un ser querido por culpa de uno. Pero por otro lado se debe acudir a ellos sin ser reclamados, puesto que un amigo no necesita ser requerido para ayudar al otro.

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