Estructuralismos

Economía. Teorías económicas. Latinoamérica. Neoestructuralismo

  • Enviado por: Hera
  • Idioma: castellano
  • País: República Dominicana República Dominicana
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EL ESTRUCTURALISMO LATINOAMERICANO

Los Estructuralistas

Se llama estructuralistas principalmente a los economistas latinoamericanos que piensan que los problemas de los países de América Latina son estructurales, es decir, se derivan del propio funcionamiento del sistema económico.

Los estructuralistas se interesan por el sistema económico en su conjunto, explicando la falta de desarrollo de la región por problemas estructurales (de toda la economía) y proponiendo ciertas reformas para cambiar la situación de los países de América latina. Esta corriente se desarrolló sobre todo después de la segunda guerra mundial, cuando los problemas de América Latina se agudizan por el propio funcionamiento del sistema capitalista.

Aunque hay muchas concepciones diferentes entre los economistas estructuralistas, todos ellos están de acuerdo en que hay varias esferas en que la economía necesita cambios estructurales. Estos cambios son:

  • la distribución de las tierras, de tal manera que no existan latifundios ni minifundios, sino explotaciones de tamaño medio que permita un buen funcionamiento de la agricultura y por tanto, de toda la economía.

  • La producción y comercialización de productos agrícolas, de tal manera que no haya monocultivos o monoexportaciones, sino que haya una auténtica diversificación tanto de la producción como del comercio con varios países.

  • La distribución del ingreso que beneficie a la mayor parte de la población, tratando de acabar con la concentración del ingreso y con la injusta distribución del mismo, que obstaculiza el proceso de acumulación de capital y la formación de un mercado interno fuerte.

  • Se debe modificar también la estructura de la economía internacional, especialmente el comercio y las finanzas, para que su funcionamiento no sólo beneficie a los países industrializados sino también a los países de Latino América.

  • Tres motivos convergen para explicar el renovado interés en los fundadores del estructuralismo latinoamericano vinculado --hay que precisar-- al desarrollo económico y social. Uno es una más amplia perspectiva, que nos aleja de los ajetreos menores de la década de los cincuenta y sesenta y nos facilita, por consiguiente, la distinción entre lo importante y lo olvidable, entre lo fortuito y lo persistente. El segundo alude al surgimiento de nuevos paradigmas, que simultáneamente procuran explicar y proponer rumbos a la política pública en materia de crecimiento y desarrollo en las contingencias regionales que toman cuerpo desde los setenta. El prefijo "neo" los caracteriza: neoestructuralismo, neoliberalismo, neocepalismo. El imperativo de compararlos con la corriente anterior adquiere entonces valor histórico y didáctico. Considérese, en fin, la configuración de situaciones internas y externas inéditas, como la privatización de los mercados, los descalabros de la gobernabilidad, el ascenso de las exportaciones manufactureras, el flujo irrestricto de las inversiones foráneas y la absorción irregular de la revolución informática. En este perturbador contexto, es lícito preguntar si el estructuralismo aún puede o no ofrecer señalamientos útiles, y si los actores sociales (economistas políticos, sociólogos, historiadores, periodistas, intelectuales) que lo esbozaron tienen hoy paralela gravitación o tal vez se ven marginados por agentes alternativos dotados de prendas profesionales y de posturas ideológicas dispares.

    El libro compilado por Jorge Lora y Carlos Mallorquín contiene nueve ensayos y un hilo conductor. Todos refieren los aportes de Raúl Prebisch y de Celso Furtado a la formación de un "estructuralismo" singular, pues este estructuralismo difiere absolutamente de las posturas "estructuralistas" en otras materias, como la lingüística, el psicoanálisis y la antropología, y se opone radicalmente a las " reformas estructurales" que el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional auspician en los marcos de los "consensos de Washington" (1990) expuestos por J. Williamson. Como bien aclara Cristóbal Kay, el estructuralismo hace referencia a la posición (más que "escuela") de algunos economistas latinoamericanos en los cincuenta respecto de las formulaciones neoclásicas en materia de crecimiento, comercio, asignación de recursos y papel del Estado.

    Joseph Love abre el volumen con un breve ensayo de carácter histórico. Después de recordar las celebradas nociones de Raúl Prebisch en torno a un "centro" industrial y hegemónico (la diplomacia del lenguaje dominante en las Naciones Unidas no le permitía indicar explícitamente a los Estados Unidos que entabla transacciones desiguales con una periferia agrícola y subordinada, Love se remonta al alemán Werner Sombart y al rumano Mihail Manoilescu como antecedentes intelectuales de Prebisch. Aparte de ellos, al chileno-alemán Ernest Wagemann, que acuñó los términos "ciclo céntrico" y "ciclo periférico" para describir los movimientos de capital en marcos nacionales e internacionales. Estos autores coincidieron en subrayar la superioridad económica (cabe agregar, tecnológica y cultural) de la industria respecto de la agricultura. Los países especializados en la primera exhibirán en el largo plazo un dinamismo mayor, que se traducirá, inexorablemente, en ponderable poder en las relaciones internacionales. Las naciones atascadas en las actividades primarias (agricultura, ganadería, minería) son desfavorecidas debido a la ausencia de una cultura económica adversa al riesgo, a la competencia y a la racionalidad tecnológica. Marcharán, por consiguiente, a remolque de las otras, también en cuestiones de influencia y poder. Love pone énfasis en el ascendiente de François Perroux, quien desde los treinta profesó que la economía internacional se regía primordialmente por factores políticos; las variables económicas --precios relativos, monopolios, tasas de interés, flujos financieros, transmisión o bloqueo de innovaciones tecnológicas-- dependen de los primeros. Se trata del "efecto de dominio" que, según Perroux, condiciona las conductas de los mercados.

    En cualquier caso, la genealogía del estructuralismo aparece en estos autores con claridad al indicar que los precios emiten con frecuencia señales equivocadas; que los factores de producción reaccionan perversamente en condiciones monopólicas y que la inmovilidad (o mejor, la rigidez) de los agentes productivos es una realidad periférica que los neoclásicos han subestimado consistentemente. Joseph Love trata la importancia determinante de Charles Kindleberger, quien, en los cuarenta, indicó acertadamente las disparidades en la elasticidad de la demanda entre los Estados Unidos y el resto del mundo.

    Sigue a Love un texto extenso de Carlos Mallorquín, sociólogo mexicano que profundizó en la obra de Celso Furtado. A su juicio, el brasileño habría gestado la teoría de la dependencia al impregnar con un pormenorizado relato historicista las nociones históricas de Prebisch. Pero en contraste con el economista argentino, quien desde 1949, como Secretario Ejecutivo de la CEPAL, demostrara interés por toda la economía latinoamericana, Furtado elaboró los recursos explicativos y los propósitos del estructuralismo para aplicarlos a la realidad brasileña. De aquí la consideración, por ejemplo, de los latifundistas no sólo como grupo económico, sino como factor de poder en el parlamento carioca. Y de aquí --también-- el "colonialismo interno" practicado desde el centro del país contra el Nordeste, pobre y marginado. La preeminencia de la política respecto de la economía se explicaría por la ausencia de una genuina conciencia de clase, tal como la entienden los marxistas. O más exactamente, por la proliferación de "falsas conciencias" que facilitan la aparición de los populismos.

    Mallorquín indica el dilema ideológico-estructural de América Latina sustentándose en Furtado: el capitalismo no le es apto, pues es incapaz de absorber un exceso de mano de obra no calificada, y el socialismo difícilmente puede llegar cuando políticos e intelectuales presentan una "conciencia deformada", renuente a encarar los riesgos de un camino apenas explorado. De aquí el estancamiento crónico y la persistencia de círculos viciosos que, lejos de auto corregirse, profundizan con el tiempo sus resonancias malignas en la forma de un "capital desnacionalizado" y de un "sistema de decisiones desarticulado". En estas circunstancias, el Estado presenta una alta propensión al error y a tomar medidas contraproducentes, puesto que no domina ni la información pertinente ni los resortes del poder que operan detrás del escenario oficial y público. Así se explicaría el fracaso del propio Furtado cuando acomete la dirección del SUDENE y de otras tareas planificadoras. El creciente pesimismo de Furtado --que lo conduce a considerar el crecimiento como "un mito"-- le ocasiona una severa crisis intelectual en los setenta. El escepticismo lo abruma. Y deja de considerar que "la dependencia" suministra recursos o rumbos para abandonar el subdesarrollo; constituye, a lo sumo, un diagnóstico de América Latina como parte y parcela de un sistema neoimperial de dominación. Pero "el dependentismo" no ofrece soluciones, o son pocos los que realmente se inclinan a jugarse por las que insinúa.

    Joseph Love apunta las deudas de Furtado con el estructuralismo francés (Bye, Perroux) y su afición a la historia económica y al lenguaje académico, que lo separa distintivamente de Raúl Prebisch. El economista brasileño prefiere con frecuencia el término "colonial" al "periférico"; ciertamente, es más fértil y preciso. Además, al abordar las penurias del nordeste del Brasil, Furtado se inclina por un análisis sistémico triangular: las regiones rezagadas de esta zona, el capital extranjero y los factores nacionales radicados en las capitales del centro y sur constituirían una interrelación que causa y explica la marginalidad de esta región. En manos de Furtado, el estructuralismo se hace --y a veces inventa-- una historiografía necesaria.

    Los aportes de Ron Sprout, Di Filippo y Cristóbal Kay aluden a facetas particulares del estructuralismo, como el deterioro secular de los precios del intercambio (noción prebischiana válida a corto plazo para algunos países como la Argentina, pero equívoca a largo plazo y para economías agrícolas --como la australiana-- que han encarado reformas de propiedad y revoluciones técnicas en el campo); la percepción del "excedente" como mecanismo amplificador de la heterogeneidad estructural; los elementos neomarxistas que gravitaron en Prebisch al formular una utopía socialdemócrata hacia el final de sus días y las potencialidades del "Neoestructuralismo" para corregir tanto los defectos de la doctrina precedente como los abusos del neoliberalismo.

    Diferencias y homogeneidades entre el Estructuralismo y el Neoestructuralismo.
     

    El Estructuralismo comenzó a desarrollarse en Latinoamérica en los años 30 y 40 como una alternativa para el modelo de desarrollo latinoamericano e influyó hasta los años 70 y 80 en la política económica de los demás países del subcontinente. Esta política fue sustituida a través de la política liberal monetarista. Este principio monetarista liberal llevado a cabo en la década de los 80 no ha tenido el éxito esperado, contribuyendo a un estancamiento económico en esa década. En vista de ésta situación se originaron nuevas discusiones con el fin de buscar nuevas alternativas y estrategias más moderadas para lograr un genuino desarrollo en Latinoamérica.

    El concepto de Transformación Productiva con Equidad de 1990 nació después de una revisión hecha por CEPAL al viejo Modelo del Estructuralismo; y es visto como la base fundamental del Neoestructuralismo.

    Elementos Centrales del Antiguo Estructuralismo.

    Los pensamientos estructuralistas y sus estrategias se han originando con el objetivo de solucionar el problema de desarrollo económico desproporcionar entre los países latinoamericanos, los que son vistos como simple proveedores de materia prima a los países industrializados. En vista de esta situación la CEPAL como un organismo encargado para el desarrollo económico de los países de América Latina, y colaboradora del Modelo Estructuralista, ha creado los siguientes planteamientos:

    a) Las relaciones comerciales asimétricas en los niveles internacionales debían ser remediadas, a través de un programa de industrialización con el fin de sustituir (detener) las importaciones. CEPAL estaba convencida de que las causas del estancamiento económico de los países latinoamericanos se debía al sistema de comercio internacional. En base a esto formuló la Teoría Centro-Periferia.

    b) Con el objetivo de reducir ese estancamiento, el Estado como coordinador asume  la responsabilidad del proceso de industrialización. Aquí, la industrialización fue vista como la "Espina Dorsal" del desarrollo. Dicha industrialización fue emprendida por el Estado, a través de mecanismos como: proteccionismo, subsidios y prioridades impuestas que garantizan un rápido desarrollo industrial. El Estado en el ejercicio de sus atribuciones como coordinador y planificador de la economía, así como empresario desvió fondos de diferentes sectores (sobre todo el de los sectores primario y terciario) de la economía nacional hacia la construcción de un complejo industrial. Ese complejo estaba compuesto por empresas estatales y privadas.

    c) La industrialización estaba orientada hacia el abastecimiento del mercado interno; sin embargo, la CEPAL promovió una integración económica y política entre los países latinoamericanos, en donde toda aquella sobreproducción podría ser comercializada.

    d) El Estructuralismo antiguo acepta las leyes del mercado (oferta y demanda); aunque estaba convencido de que ese no era el único medio para alcanzar un verdadero desarrollo en Latinoamérica.

    e) El Modelo Estructuralista no ofreció estrategias directas para el logro de una equidad social. Se creía que con el sólo alcance de un crecimiento económico, se podría lograr automáticamente un bienestar social.

    Comparación entre al antiguo Estructuralismo y el Neoestructuralismo.

    La recesión económica producto del endeudamiento internacional así como también del fracaso en la implementación de las estrategias estructuralistas y neoliberalista para el desarrollo a mediados de los años 80, ha originado una nueva discusión sobre el desarrollo de América Latina. Luego de un exhaustivo análisis hecho por la CEPAL al Modelo Estructuralista, surge el Modelo Neoestructuralista con los siguientes puntos principales:

    a) La CEPAL, a través de la formulación de nuevas alternativas y estrategias para el desarrollo, recomienda una homogenización de la economía regional, a través de reformas estructurales, por ejemplo: la reducción gradual de impuestos aduaneros, así como un acoplamiento con la economía mundial.
    El desarrollo fue comprendido después de la revisión de la CEPAL como un Proceso Holístico, en el cual elementos macro- y microeconómicos, así como las estructuras sociales y políticas deben ser tomados en cuenta.

    b) El Estado tiene un papel muy importante en ambos modelos estructuralistas, ya que tiene como tarea regular todas aquellas actividades de orden político, en donde el estipula criterios para una economía social de mercado.

    c) CEPAL ofrece en su nuevo modelo importantes estrategias para alcanzar una efectiva equidad social; a través de una economía social de mercado gerenciada por el Estado. Así la CEPAL no deja en manos del mercado la tarea de distribuir de una forma "justa" los ingresos, sino; el Estado es el encargado de plantear las directivas. El Neoestructuralismo no defiende explícitamente la política de Reforma Agraria, a pesar de que hay un consenso que asegura que una distribución más eficaz de los ingresos vendría de la efectiva ejecución de la reforma agraria.

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