Estilo literario barroco

Literatura española barroca. Idealismo. Características. Artificio. Recargamiento

  • Enviado por: Arístide Torchia
  • Idioma: castellano
  • País: España España
  • 4 páginas

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Tema 1: Introducción al Barroco.

El siglo XVIII fue muy importante en el plano cultural. España entra en este siglo en una crisis bastante grave a la que acompañaron epidemias, pobreza, bancarrota, prostitución, etc... y movimientos independentisas dentro de la corona. La crisis se inicia con Felipe IV, ya que tuvo una política muy belicista, aunque, a decir verdad, el que llevó esta política fue su valido, el Conde Duque de Olivares. El imperio se embarcó en numerosas guerras. La mayor parte del dinero se empleaba en los costos que suponía una guerra. Por esta razón, la guerra va a tener un papel muy importante en la crisis.

Esta crisis social y economica del siglo XVIII del Imperio supuso el principio de fin de éste. La crisis tiene un reflejo clarísimo en la literatura, aunque no en toda, aún así, podemos ver este reflejo en la novela picaresca, en la costumbrista, que critica la corrupción, pero de una manera muy leve; en el Quijote, que es idealista, pero a la vez pesimista y escéptico; en el teatro, en la novela cortesana, etc...

La literatura barroca produce un gran cambio de ideología, se pierde el idealismo renacentista y la armonía, en el Barroco hay más pesimismo y más desequilibrio. Dentro del Barroco se encuadran los siglos de oro, que los podemos situar en 1517-1665, aunque la fecha es variable, según los críticos.

“Barroco” es un término portugués que significa “perla irregular”, y que se aplica primero al arte, y después los críticos lo aplicaron a la literatura. Hay críticos que catalogan la literatura barroca con otros nombres, como por ejemplo Pfandl, que dice que el barroco es la literatura nacional española, ya que se dice que el barroco es la españolización del renacimiento.

El barroco tiene mucho que ver con la Contrarreforma, y es ésta la que da pie al Barroco, la situación existente es la propia para que surja este movimiento cultural. Alborg no está de acuerdo con esta postura. Dice que ve imposible que ésta sea la razón, pues to que, según él, debía de haber aparecido exactamente lo contrario de lo que surgió. El barroco es, ante todo, un fenómeno estético. La renovación del Barroco es en la forma, puesto que en fondo es lo mismo que en el Renacimiento.

En el s. XVII se produce la mezcla entre lo grotesco y lo bello, lo ideal y lo pesimista, la dama y la prostituta, el esplendor y la miseria, etc., se dan, incluso en un mismo autor, los dos polos opuestos de los conceptos y/o de las formas. La situación de crisis dio que el hombre del s. XVII tuviera una actitud pesimista, que se refleja en la cultura y en la literatura. Esta es una característica propia del Barroco, pero hay críticos que piensan que este pesimismo también existía en el Renacimiento.

El Vanitas Vanitatum también aparecía en el Renacimiento, según Alborg, en los tratados de los ascetas y los místicos. La diferencia es que estos temas tan pesimistas van a pasar de los textos religiosos al resto de la cultura, y así puede que pierdan el valor del Renacimiento, los temas se vulgarizan. J. A. Maravall dice que hay tres características que definen la cultura del Barroco:

1.- Urbana: es urbana porque es una cultura que se desarrolla principalmente en las ciudades, donde estaba la inmensa mayoría de la población.

2.- Masiva: los campesinos se dirigen en masa a la ciudad porque creen que sus condiciones de vida van a mejorar. Por esta razón, las ciudades tienen que estar preparadas para acoger a mucha gente. La cultura del Barroco es una cultura para masas, en su mayoría analfabeta.

3.- Dirigida: la cultura del s. XVII es inmovilista y dirigista. Los poderes, tales como el rey o la Iglesia, dirigían la cultura, pero muy sutilmente. Había muchos escritores propagandísticos de los poderes que regían la cultura del Barroco, había que dar una buena imagen de éstos últimos, aunque también nabía escritores que no estaban de acuerdo en esto y se revelaban escribiendo protestas sobre todo lo que les rodeaba. Uno de ellos fue Quevedo.

Dentro de estas características, y para entenderlas mejor, debemos tener en cuenta la gran importancia y el papel que jugaban las ciudades en esta época. La mayoría de las novelas del Barroco se desarrollan en las ciudades, así como las novelas cortesanas, las novelas picarescas, ... Lo que el Barroco pretendía era impresionar, conmover al hombre, y para esto aparecen dos corrientes: el culteranismo, que impresiona por medio de la forma, latinismos, mitología, metáforas... y el conceptismo, que impresiona a través del concepto, del ingenio.

En la cultura barroca, la vista va a ser el sentido más importante. Recordemos la afición por lo fuegos artificiales, por ejemplo. Y en segundo lugar, el sentido más importante va a ser el oído, la música. Por eso el teatro va a ser el género más importante en la época, ya que reúne las dos condiciones esenciales, vista y oído. Entre las características del s. XVII vamos a ver unas de las más destacables:

1.- Esa belleza y esa serenidad del Renacimiento son sustituidas por la acumulación, el Barroco es una rte acumulativo, un arte intenso. Cuando esa acumualción y esa intensidad van dirigidas al conocimiento, se convierten en culteranismo y en conceptismo. Cuando van dirigidos al corazón, aparece el gusto por lo esotérico.

2.- En el Barroco se tiende a lo exagerado y lo desmedido, y como consecuencia, aparece la pérdida de la armonía.

3.- El dinamismo, la violencia, las transformaciones, ... por eso Circe es uno de los personajes predilectos del Barroco.

4.- El vultivo del contraste y del claroscuro: grotesco - noble; deforme - bello; prostituta - dama.

5.- Predominio de lo artificioso, de lo rebuscado, de lo afectado, de lo exquisito, de lo refinado, de lo difícil, de lo sublime, ... Surge así un arte minoritario, aunque no todo era culteranismo y conceptismo, también había poesía sencilla, como la de Lope de Vega.

Como conscecuencias del contraste, del desequilibrio, y de todas estas características, se dan dos resultados opuestos:

1.- Deformación caricaturesca de la realidad. La realidad se desfigura por degradación, se convierte en algo grotesco.

2.- Idealización estilizada, eleva al refinamiento más sublime lo más grotesco.

Otra consecuencia de todo esto es que cualquier manifestación artística entra de llena en la vida, todo se va a humanizar, por ejemplo, las diosas van a ser más mujeres, van a aparecer besos, la vejez, la fealdad, ...

Con respecto a los temas, no se va a dar una revolución brusca en temas y personajes. Simplemente se les cambia el tratamiento que reciben. La mujer se va a tratar con mucha frecuencia, pero en sus dos planos, esto es, idealizada y depravada. Hay que recordar que la mujer era el centro, tenía mucha imoprtancia en la literatura del s. XVI. En el s. XVII va a bajar de ese pedestal, siendo ahora más carnal, existiendo el goce y el contacto físico. El elemento más importante ahora en la mujer va a dejar de ser el pelo o los ojos para pasar a ser, en la literatura barroca, la boca, por lo besos, y el contacto que ésta implica. La mujer ya participa de la fugacidad del tiempo, de las cosas. Cuando hay contacto carnal, es consciente de su fugacidad.

El siglo XVII está repleto de reflexiones acerca del paso del tiempo, a lo fugaz que es, lo corto que es el placer y la vida. Los dos antecedentes que tienen los escritores barrocos sobre este tema son la Biblia y los textos grecolatinos. Se anima al Carpe diem, al collige virgo rosas y a la consecución de la forma personal. El razonamiento es que, como todos tenemos que morir, lo mejor es disfrutar de lo que se tiene. Es una forma pesimista de ver la vida.

La muerte, la llegada de la decadencia, está muy relacionada con un aleccionamiento moral. Figuras, metáforas poéticas, que vienen a representar la fugacidad del tiempo: Estaciones del año, calaveras, relojes, flores, ruinas, ... El reloj es el único elemento que no había sido utilizado antes. El “boom” de la relojería se da en el s. XVII, cuando se inventa el reloj de bolsillo, para poder llevar el reloj encima. Son famosas las décimas de Góngora dedicadas a los relojes. Es también un objeto moralizador, un memento mori, esto es, un elemento que te recuerda que has de morir.

Siempre se comparado a la mujer con una flor. El referente de las flores es la belleza de la mujer. Si vemos una flor marchita, lo que representa es la vejez. Una flor viva puede representar también el poder, el prestigio, la riqueza. La flor por antonomasia es la rosa. Teniendo en cuenta que en el barroco las flores solo duraban un día, supone la mejor metáfora para ejemplificar la fugacidad de la vida.

Las ruinas son un motivo poético utilizado también anteriormente. Van a ser un motivo poético para representar la decadencia del reino, la fugacidad del tiempo. Las ruinas se hacen más presentes en la literatura y en las demás artes. Las ruinas romanas van a ser las ruinas más nombradas. El motivo de las ruinas sirve también para reflejar la ruina del propio país.

El amor va a tener dos tratamientos: el amor cortés y el amor al estilo petrarquista. En el siglo XVII se van a recoger los mismos temas y los tópicos del XVI, pero no van a tomar a Petrarca como en el XVI, sino de una manera indirecta. Mientras más idealizado sea un tema, mayor va a ser su parodia. Van a existir mujeres idealizadas, pero también van a haber deformaciones de la belleza femenina.

La naturaleza está muy relacionada con el amor. Es el cuadro ideal para el desarrollo del amor. La naturaleza ahora va a ser tratada de forma distinta. El ambiente bucólico amoroso va a desaparecer en cierto modo. Los petas ya no van a confiar en la naturaleza, los enamorados ya no van a contarle sus quejas de amor a la naturaleza. Ya no es siempre hermosa como antes, que era perfecta e ideal. El famoso locus amoenus va a dejar de representar lo ideal, no dándose sus elementos en su totalidad. Aparece una naturaleza cambiante, feroz, profusa. Va a pasar del locus amoenus al locus eremus, aunque no en todas las ocasiones.

Se canta mucho a los jardines, que es la naturaleza despojada de su naturalidad, es una naturaleza ordenada a gusto del hombre. Hay poemas dedicados a la falta de naturalidad en la belleza de la mujer (por el maquillaje), pero el poeta prefiere esa falta de naturalidad porque así se produce una dicotomía entre verdad y engaño. La mitología siempre ha sido una fuente importante de inspiración. Incluso se llega a crear un género literario que se viene a llamar fábulas mitológicas, las cuales se siguen cultivando en el s. XVII.

La mitología puede tener dos tratamientos: un mundo superior, muy superior, muy querido, idealizado, admirado por los poetas; por otro lado, pérdida del respeto a la mitología. Ésta se convierte en algo grotesco, se ridiculiza. Este tratamiento burlesco de la mitología es otro síntoma del pesimismo del hombre Barroco.

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