Estigmas

Cristianismo. Iglesia Católica. Señales. Simbolismo. Estigmatización. Pasión de Cristo

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Los Estigmas

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os estigmas son conceptos de los que hoy en día conocemos todos y a todos nos interesa, aunque sea por curiosidad, este considerado fenómeno a demostrado su popularidad con la película llamada del mismo nombre : stigmata; protagonizada por la actriz que hace de Frankie Paige, sin embargo incluso en esta película se puede demostrar que los estigmas no son ciertos ya que los estigmas a veces aparecen y otras no. Lo que se intenta analizar es si este fenómeno lo consideramos como verídico, como una simple invención de la gente o en todo caso como una demostración del poder de dios sobre los humanos que se materializa en dolor y heridas por haber condenado a su hijo, Jesús, a la cruz y por haber pecado en tantos momentos de la vida.

La palabra estigma proviene del latín: stigma, y significa marca o señal en el cuerpo. En su sentido religioso se refiere al fenómeno de llevar en las manos, pies, el costado y la cabeza las llagas de la crucifixión de Nuestro Señor Jesucristo.

Estas llagas se manifiestan en ciertos santos como signo de su participación en la pasión de Cristo y son llamadas estigmas visibles. Otros padecen únicamente los sufrimientos, sin mostrar señal externa alguna, y este fenómeno se denomina estigma invisible.

Las llagas pueden ser permanentes, (como el caso del Padre Pío, quien las llevó durante 50 años), periódicas (generalmente resurgiendo en días o temporadas asociadas con la pasión de Cristo) o transitorias.

El primer santo de quien se sabe que padeció de estos estigmas fue San Francisco de Asís, cuyos estigmas eran de una clase que no se ha vuelto a ver posteriormente: en las heridas de manos y pies se hallaban raspaduras de carne en forma de clavos. Los de un lado tenían cabezas redondas; los del otro tenían puntas largas, que se doblaban para arañar la piel. La humildad del santo no pudo impedir que muchos de sus hermanos hayan sido testigos, con sus propios ojos, tanto en vida del santo como después de su muerte, de la existencia de estas heridas.

Estas llagas pueden ser un don de Dios, como en los santos o falsificación, en algunos casos, de carácter diabólico. Es por eso que la Iglesia ha establecido criterios para determinar la autenticidad de los estigmas. Algunos son:

· Las llagas deben estar localizadas en los lugares de las cinco llagas de Cristo.

· los estigmas no se infectan.

· aparecen espontáneamente en el cuerpo mientras la persona está en éxtasis.

· no ceden ante el tratamiento médico.

· sangran copiosamente y por largos períodos.

· Están acompañados de fuertes dolores tanto físicos como morales, la falta de dolor pone en duda la autenticidad de los estigmas porque, de ser auténticos, son participación en los sufrimientos de Cristo.

· Los estigmas auténticos no se pueden explicar por causantes naturales.

Además, la persona que los recibe práctica la virtud heroicamente, particularmente un gran amor a la humildad y a la cruz. La Iglesia no canoniza a nadie tan solo por ser estigmatizado.

Estos casos cada vez menos frecuentes no están demostrados y no están tampoco identificados por la iglesia como propios, sin embargo, sigue habiendo de estos y las personas que los sufren casi siempre tienen algún contacto con las divinidades y son creyentes. La sociedad en cambio los clasifica como locos, esquizofrénicos o simples mentirosos y aprovechados que quieren llamar la atención; he aquí algunos ejemplos de lo que podemos clasificar como fenómeno sucedido a diversas personas, su seguimiento y algunas opiniones sobre este tema:

El P. Michael Freze, SFO, en su libro "Ellos llevaron las heridas de Cristo" dice que en la historia de la Iglesia han habido 321 estigmatizados. Sesenta y dos han sido canonizados.

Entre los que han recibido los estigmas,  o sea las heridas de Cristo, se encuentran: San Francisco de Asís, Santa Catalina de Siena, Teresa Neumann y el Padre Pío.

En la actualidad sucede lo mismo con muy contadas personas, entre las cuales se encuentra Gladys Herminia Quiroga de Motta de San Nicolás de los Arroyos, República Argentina, quien recibe diariamente las visitas de la Santísima Virgen desde el 25 de septiembre de 1983 hasta hoy, y quien le da mensajes para ser dados a conocer al mundo entero.
 
 
 

El 23 de octubre de 1984, el Padre Pérez envió a su obispo el siguiente informe que resultó profético:

"Gladys acepta los sufrimientos físicos y morales, ya que los juzga necesarios para el cumplimiento del plan de Dios y de la Redención.  Va comprendiendo todo esto gradualmente, y en estos últimos meses su silencio se ha acentuado: es, fundamentalmente,  un silencio interior.  Aprende a mantenerse callada estando en su casa, o en compañía de sus interlocutores.  Su creciente diálogo interior con el Señor
la vuelve más silenciosa, a pesar de su deseo de comunicar lo que está viviendo. 
(...) la creo llamada a vivir los grandes dolores de la Pasión (...)".

Según explica el padre Pérez, los primeros signos físicos que experimentó
la vidente fueron los que se conocen como "estigmas internos", es decir, no observables externamente.  No se trata de heridas sangrantes sino de "una simple inflamación interior de la piel, irritación y dolor".

Después aparecieron los signos externos.  El viernes 16 de noviembre de 1984, Gladys sufrió los dolores de la Pasión.  Los estigmas aparecieron y seguirán apareciendo los jueves y viernes de Adviento de 1984 y durante la cuaresma, año tras año.

El Dr. Pellicciotta describe el fenómeno de la estigmatización de Gladys de la siguiente manera:

"Comienza con una erupción en la frente del tipo inflamatorio, una edematización (...) como si fueran líneas en toda la frente.  Tenía un dolor intenso en la cabeza (...), le di una pastilla de corticoides (...); pero no desapareció (...). Ahí comenzó la primera estigmatización.

"En los días siguientes aparecen unas pigmentaciones en la muñeca (...). Por ese lugar pasa el nervio mediano.  En el brazo tenemos tres nervios: el nervio cubital, el nervio mediano y el nervio radial.  La lesión de ellos, lógicamente, nos impide los distintos movimientos.  Al lesionar el nervio mediano, el dedo pulgar queda hacia adentro (...) Comienza a abrirse la piel y, después, sangra (...). Y le quedan pegados los pies totalmente y las rodillas; pero lo extraordinario es que los pies quedan en hiperextensión (y si Uds.estiran los pies en hiperextensión se les endurece la pantorrilla) y a Gladys le quedan totalmente flácidos.  Esto es una cosa que el Obispo pudo comprobar (...).
"Para el Viernes Santo queda crucificada en la cama (...). Sufre terribles dolores (...).

"Después tuvo también una formación como una cruz en el pecho (...). En los Viernes Santos aparecen distintos tipos de flagelaciones pero en forma parcial, no la flagelación de Cristo, como si fuesen trozos de flagelación, como si fuesen fragmentados.  Entonces, le duele la espalda y uno ve, por ejemplo, y tiene como un latigazo (...). "Mucho dolor, mucha angustia, mucha tristeza (...). "Lo que es sorprendente es que el Sábado de Gloria desaparece todo y el domingo festeja la Pascua."

El Dr. Carlos M. Pellicciotta y el Dr. Eduardo Juan Telechea, cardiólogo, enviados por el Obispo, analizaron minuciosamente el fenómeno. 

He aquí la explicación del Dr. Telechea:

"Han habido otras marcas; pero las más importantes son los estigmas de las muñecas (...).  Hay una particularidad.  En uno de los brazos es una sola marca y en otro de los brazos son dos puntos como si hubiera sido clavada dos veces en un brazo (...).  Esto coincide con el Santo Sudario (...). Jesús en uno de los dos brazos fue clavado dos veces debido a que no encontraron el espacio justo (...).
"Los viernes sangra, (...) los sábados ya comienza a formarse una cascarita y el domingo, lunes, ya está la piel normal.  Queda una marca colorada que de nuevo el jueves ya se pone más colorada y el viernes se produce la úlcera de nuevo (...).
"Los viernes de Cuaresma esto se produce mucho más.  Hay veces que comienza en el tiempo después de Navidad (...). Y hay veces que comienza en Cuaresma.   Todo depende de los años (...).
"No hay explicación científica para este fenómeno."

Efectivamente, es imposible explicar las causas de este fenómeno dentro de los límites de la ciencia médica.  Sin embargo, el resultado de algunas investigaciones científicas permiten asociarlo con una manifestación extraordinaria.

Las manchas surgen en las muñecas y no en la palma de la mano.  De acuerdo a la descripción de los doctores Pellicciotta y Telechea, los pulgares de Gladys se contraen al ulcerarse las muñecas.

Los médicos analizaron también la sangre brotada de las heridas y sus observaciones determinaron la inexistencia de tinturas u otros productos artificiales.

Los estigmas de las muñecas le aparecen durante el Adviento y la Cuaresma; pero la sangre brota los viernes de Cuaresma.  Los estigmas internos de los pies sólo se presentan el Viernes Santo. 

Se inician hacia las tres de la tarde (hora en que murió Jesús).  Cada Viernes Santo el hombro de Gladys queda marcado por una mancha alargada muy dolorosa.

Según la hermana Marta "Gladys sufre mucho más por el dolor que los hombres causamos a los corazones de Jesús y María (y que ella ve) que por los dolores de los estigmas que le dan la gracia de unirse a los sufrimientos de Jesús en la cruz".

En la actualidad, la estigmatización se sigue produciendo, pero en forma más espaciada y disminuida.  El padre Pérez explica el sentido de estos signos y dice:
"Cuando hay gracias extraordinarias no tienen por qué producirse siempre.   Dios las produce cuando Él quiere y también se retiran cuando Dios quiere. (...)   En este momento, gradualmente ya tienden a hacerse más espaciados (...).  O sea que esto puede durar indefinidamente como puede que no dure.  Eso no afecta para nada el sentido que estos acontecimientos tienen que es que (...) el Señor, a través de una participación de los Dolores de la Pasión nos hace ver la importancia de que todo cristiano participe libremente, voluntariamente en lo que significa asumir lo que le corresponde en la Pasión de Cristo.  Los estigmas son una exteriorización visible de este contenido interior que es el más profundo".

2º caso

Nacido en una familia pobre, humilde y numerosa, Giuseppe Melchiorre Sarto vino al mundo el 2 de junio de 1835 en Riese, Italia. Desde pequeño se mostró muy afanoso para los estudios, siendo esa inquietud la que le llevaría a aprovechar muy bien la enseñanza del catecismo. Por entonces, y desde que ayudaba al párroco como monaguillo, el travieso "Beppi" ya les decía a sus padres una frase que reiteraría con frecuencia: «quiero ser sacerdote». Con el tiempo este deseo que experimentó desde niño no haría más que afianzarse y madurar en un ardiente anhelo de responder al prístino llamado del Señor.

Así pues, en 1850 ingresaba al seminario de Padua, para ser ordenado sacerdote del Señor el 18 de setiembre de 1858. Su primera labor pastoral la realizó en la parroquia de Tómbolo-Salzano, distinguiéndose —además de su gran caridad para con los necesitados— por sus ardorosas prédicas. Por ellas el padre Giuseppe atraía a muchas "ovejas descarriadas" hacia el rebaño del Señor. Sus oyentes percibían el especial ardor de su corazón cuando hablaba de la Eucaristía, o la delicadeza y ternura cuando hablaba de la Virgen Madre, o recibían también sus paternales correcciones cuando se veía en la obligación de reprender con firmeza ciertas faltas o errores que deformaban la vida de caridad que debían llevar entre sí.

Ya desde el inicio de su sacerdocio Giuseppe daba muestras de ser un verdadero hombre de Dios. El fuerte deseo de hacer del Señor Jesús el centro de su propia vida y de la de aquellos que habían sido puestos bajo su cuidado pastoral, le llevaba a darlo todo y darse todo él a los demás. Ningún sacrificio era muy grande para él cuando la caridad así se lo requería.

Luego de trabajar en Treviso (1875 a 1884) como canciller y como director espiritual del seminario, el padre Sarto sería ordenado Obispo para la diócesis de Mantua. Como Obispo se distinguiría también —y de modo ejemplar— por la práctica de la caridad.

En 1893, León XIII le concedió el capelo cardenalicio y lo trasladó a Venecia. Al igual que en Tómbolo-Salzano, en Treviso y en Mantua luego, el ahora Patriarca de Venecia daría muestras de ser un celoso pastor y laborioso "jornalero" en la viña del Señor. En ningún momento cambió su modo de ser: siempre sencillo, siempre muy humilde, siempre ejemplar en cuanto a la caridad. Es más, a mayor "dignidad" dentro de la Iglesia (primero como obispo, luego como cardenal), mayor era el celo con el que se esmeraba en la práctica de las virtudes cristianas, especialmente en el humilde servicio para con quienes necesitasen —de una o de otra forma— de su pastoral caridad.

Al tránsito de S.S. León XIII, acaecido el 20 de julio de 1903, el Cardenal Giuseppe Sarto sería el nuevo elegido por el Espíritu Santo para guiar la barca de Pedro.

 

Su pontificado

Cuentan los hagiógrafos que, cuando al tercer día de Cónclave ninguno de los Cardenales alcanzaba aún la mayoría necesaria para su elección, el Cardenal Sarto hizo lo imposible —dicen que lloraba como un niño— por disuadir a los Cardenales electores de que no le tomasen en cuenta, cuando cada vez más miradas empezaron a volverse hacia este sencillo "Cardenal rural" (como le gustaba decir de sí mismo). Así pues, repentinamente lo imprevisto e inesperado —y para él y para todos!— comenzaba a vislumbrarse en el horizonte: la posibilidad —para él "el peligro"— de ser él el elegido para suceder a León XIII en la Cátedra de Pedro.

Muchos, incluso aquellos que hasta entonces no le habían conocido aún muy bien, comprendieron que detrás de la sencillez y sincera humildad de este hombre —que tanto se negaba a la posibilidad por sentirse tan indigno— se hallaba una enorme potencia sobrenatural, así que, dóciles a las mociones del Espíritu divino, terminaron dándole a él su voto.

El Cardenal Sarto, luego de esta votación, se supo incuestionablemente llamado y elegido por Dios mismo: con docilidad, aceptó su evidente designio —expresado por la votación del colegio Cardenalicio reunido en Cónclave—, y pronunció estas palabras: «Acepto el Pontificado como una cruz. Y porque los Papas que han sufrido por la Iglesia en los últimos tiempos se llamaron Pío, escojo este nombre».

Al pronunciar su "sí", lleno de la humilde consciencia de su propia pequeñez e insignificancia, el Cardenal Giuseppe Sarto respondía decidida y fielmente al llamado que Dios le hacía. Desde ahora, como Papa, su vida estaría plenamente asociada al sacrificio del Señor en la Cruz, y él —asociándose amorosamente a su Cruz— manifestaba su total disposición para servir y guiar al rebaño del Señor hacia los pastos abundantes de la Vida verdadera. Su más hondo anhelo, aquél que como un fuego abrasaba su corazón, quedaría expresado en la frase-consigna de instaurarlo todo en Cristo: «¡Omnia instaurare in Christo!». Ése era el celo que consumía su corazón, celo que le impulsaba a querer «llevar todo el mundo al Señor». Con este fuego interior buscaría, pues, avivar también el ardor de muchos de los corazones de los hijos e hijas de la Iglesia, para, de este modo, llevar la luz y el calor del Señor al mundo entero.

SIMBOLISMO

La Biblia puede tener varios significados, dependiendo de su interpretación y de la forma de leerla, así, los satánicos yendo desde unos versículos a otros encuentran el mensaje de Satanás. Aquí buscamos en la Biblia versículos de apóstoles para saber cuantas personas iremos al cielo, teniendo en cuenta unas gráficas y una página Web. Estos son los resultados obtenidos:

 Lc 13,23-30: Cuando uno pregunta a Jesús si son pocos los que se salvan, Jesús no establece ninguna limitación en cuanto al número; exhorta a entrar por la puerta estrecha, antes de que esa puerta se cierre.

 El libro del Apocalipsis habla de los 144.000 que se salvan.  El libro del Apocalipsis tiene como tema fundamental nuestra lucha actual y la victoria que nos espera; aborda la cuestión de los que se salvan y, por dos veces, señala el número determinado de 144.000.

 ¿Se trata de un número matemático exacto? ¿Tan reducido es el número de los que se salvan?

 Habrá que tener en cuenta que el Apocalipsis utiliza con frecuencia el simbolismo de los números y de los colores.  Por ejemplo:

 7 es el número perfecto;
 8 (7+1) es la superabundancia de la perfección;
 6 (7-1) es la deficiencia, el mal: la bestia está expresada por 666;
 3 1/2 (7/2) = tres años y medio = 42 meses = 1.260 días.  Significa un período corto, un tiempo escaso;
 1.000 es número inmenso, infinito.
 12 es cifra santa, indica plenitud;
 Blanco = victoria, pureza;
 Rojo = sangre, crueldad, guerra;
 Púrpura = poder imperial;
 Negro = miseria;
 Verde (o amarillo) = peste;
 Arco iris (descomposición de colores) = presencia divina.

 Apoc 7,4-10: Oí también el número de los marcados, ciento cuarenta y cuatro mil, de todas las tribus de Israel: de la tribu de Judá, doce mil marcados, de la tribu de Rubén, doce mil, de la tribu de Gad, doce mil, de la tribu de Aser, doce mil, de la tribu de Neftalí, doce mil, de la tribu de Manasés, doce mil, de la tribu de Simeón, doce mil, de la tribu de Leví, doce mil, de la tribu de Isacar, doce mil, de la tribu de Zabulón, doce mil; de la tribu de José, doce mil; de la tribu de Benjamín, doce mil marcados. Después de esto apareció en la visión una muchedumbre innumerable de toda nación y raza, pueblo y lengua; estaban de pie ante el trono y ante el cordero, vestidos de blanco y con palmas en la mano; aclamaban a gritos: La victoria pertenece a nuestro Dios, que está sentado en el trono, y al Cordero.