Estados Unido e Iberoamérica

Historia contemporánea. Guerra de secesión. Recostrucción. Recuperación económica. Independencia. Nuevos estados

  • Enviado por: Antonia
  • Idioma: castellano
  • País: España España
  • 9 páginas
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TEMA 17. LOS ESTADOS UNIDOS E IBEROAMÉRICA.

ESTADOS UNIDOS

La Declaración de Independencia del 4 de julio de 1776 supuso, por primera vez en la historia, que una colonia se emancipara de su metrópoli para crear un nuevo estado, los Estados Unidos. La dominación británica quedó así sustituida por la soberanía de los antiguos colonos, convertidos en ciudadanos de pleno derecho. De hecho, la independencia de Estados Unidos se alcanzó, al cabo de seis años de guerra (1885-1781), por el Tratado de Versalles de 1783.

La Constitución promulgada en 1789 (todavía hoy vigente, aunque se le han agregado, con el transcurso del tiempo, 26 enmiendas con objeto de adecuarla a las nuevas circunstancias) afirma que la soberanía reside en los Estados (cada uno de los cuales tiene Gobernador, Parlamento, policía y leyes propias), aunque hay un gobierno federal que se ocupa de los asuntos concernientes a toda la nación. Sólo el gobierno federal posee la soberanía exterior, es decir, el derecho a hacer la guerra y a concluir tratados, así como a representar a la Unión ante las potencias extranjeras. También tiene una soberanía interior, ya que puede recaudar impuestos indirectos, alistar a la milicia y contar con un aparato judicial. Globalmente, la ley de la Unión es superior a la de los Estados.

La Constitución se basaba en la separación de poderes: el Congreso, que en sus dos cámaras (Senado y Cámara de Representantes) encarnaba el poder legislativo, se elegía mediante el voto de los ciudadanos; el ejecutivo (Presidente) lo nombra un colegio electoral formado por los delegados de los Estados; el judicial (Tribunal Supremo) es designado por el Presidente tras consultar al Senado. Cada uno de estos poderes es totalmente independiente de los demás.

La Constitución da al Presidente una estabilidad casi monárquica durante el período de cuatro años (reelegible por otros cuatro) de su mandato.

En el momento de su constitución, Estados Unidos contaba sólo con 13 colonias situadas en la costa atlántica, con una población de 4 millones de habitantes. Pero poco a poco, la Unión iba adquiriendo, por expansión natural, nuevos territorios más allá de las antiguas fronteras coloniales. La expansión territorial hacia el Oeste se efectuó por diversos procedimientos:

  • La compra: 1º) La Lousiana a Napoleón I por 15 millones de dólares en 1803 (→ compra casi “obligada” porque era peligroso dejar un territorio vecino a Estados Unidos, con el agravante de estar allí la desembocadura del Mississippí, en poder de Bonaparte). 2º) La Florida (1810-1819) comprada a España por 5 millones de dólares. 3º) Alaska (1867) comprada al gobierno imperial ruso por 7 millones de dólares (→ se calcula que con sus minas, pieles y otros recursos naturales, Alaska ha producido ya más de 150 veces lo que costó).

  • El poblamiento: Zonas semivacías, muchas de ellas ocupadas por población india, a la que se expulsa, se convierten con la llegada de los colonos en nuevos estados de la Unión. Así se integra Oregón (1846), a través de un tratado firmado con Inglaterra, constituyéndose de manera definitiva la frontera entre Canadá y Estados Unidos. También Utah es colonizada por la llegada de los mormones.

La ley `Homestead Act' (1862) legitimaba la ocupación de tierras a expensas de la población india que las ocupaba. La nación americana tuvo que enfrentarse, durante 25 años, a la resistencia que ofrecían las diversas tribus indias que ocupaban los territorios. El uso de un armamento más perfeccionado, el exterminio de manadas de bisontes (base de la economía de alguna de estas poblaciones) y la introducción de nuevas enfermedades acabaron con la resistencia india: los indios fueron expulsados o exterminados. Hay que destacar que, en un primer momento, los indios no recibieron mal a los blancos. Estas tribus no veían amenazado su espacio, creían que podían compartir la inmensidad del territorio e intercambiar productos con los nuevos colonos. Fueron las exigencias de éstos últimos las que generaron la hostilidad y el exterminio.

  • La guerra: Las enormes extensiones casi despobladas pertenecientes a Méjico se ofrecían a Estados Unidos. La falta de visión del presidente mejicano Santa Anna, que impulsó la inmigración norteamericana en territorio de Texas facilitó, junto con la inestabilidad política del propio Méjico, la intervención de Estados Unidos en esta región. En 1835, el dictador Santa Anna proclamó una constitución unificadora de Méjico, que dejó a los colonos de Texas a merced de cualquier funcionario de la capital. Los colonos texanos, irritados, establecieron un gobierno provisional siendo eliminados por Santa Anna (El Álamo), hecho que ocasionó un levantamiento general en Texas, cuyas fuerzas derrotaron al presidente mejicano. Ello consagró la independencia de Texas, que pronto se adhirió a Estados Unidos. La independencia de Texas no impidió la guerra entre Méjico y Estados Unidos, cuyas tropas entraron en la ciudad de Méjico e impusieron un oneroso tratado a Santa Anna, por el cual pasaban a Estados Unidos Nuevo Méjico, Arizona, Nevada, California, Utah y parte de Colorado (1848).

Pronto esta extensión de territorios se vio invadida por un rápido crecimiento demográfico posibilitado por la elevada natalidad, la reducción de la tasa de mortalidad y por las grandes oleadas de inmigrantes europeos, fundamentalmente ingleses, irlandeses y escandinavos. A mediados del s. XIX la población ya alcanzaba la cifra de 32 millones.

Por la colonización hacia el Oeste, rápidamente se empezó a desarrollar la agricultura, así como la construcción de vías férreas que facilitaba tanto la colonización como la salida de los productos agrícolas (→ La primera línea de ferrocarril se puso en funcionamiento en 1830. Tres líneas transcontinentales atravesaron el país. La construcción se inició con capital extranjero, pero cada vez fue adquiriendo más importancia el capital norteamericano). Aún fue más espectacular el desarrollo de las actividades industriales debido a que el país es riquísimo desde el punto de vista minero, como lo prueba la fiebre del oro que se desató en California a partir de 1848 o en Alaska y el ser el primer productor mundial de uranio y petróleo y el segundo de hierro y carbón.

Sin embargo, a pesar del desarrollo económico que estaba alcanzando Estados Unidos durante la primera mitad del s. XIX, entre los Estados del norte y del sur existían profundas divergencias. El crecimiento económico no era homogéneo: los Estados del norte se industrializaban a ritmo vertiginoso, mientras que los del sur, dedicados al cultivo del algodón, padecían un atraso económico. Los burgueses y obreros del norte contrastaban con los terratenientes y esclavos del sur.

Lo que más agriaba las relaciones entre Norte y Sur eran los conflictos que producía la esclavitud -prohibida en el Norte, tras el compromiso de Missouri, y vista como una necesidad en el Sur-. Al fundarse la Unión, las dos tendencias (abolicionista y esclavista) estaban equilibradas; había tantos estados que permitían la esclavitud como estados que la prohibían. Pero, ¿qué ocurriría con los nuevos estados incorporados a la Unión por la marcha hacia el Oeste? Cuando entraba en la Unión un estado nuevo esclavista, como Texas, se tenía cuidado de ascender a la categoría de estado un territorio de la región del Norte, donde no se admitían esclavos (en alguna ocasión se empleó la estratagema de dividir los estados antiguos abolicionistas para que no predominaran los esclavistas). El Parlamento de la Unión estableció que a partir de ciertas líneas de demarcación no se permitiría la esclavitud, pero los arreglos no fueron duraderos porque no satisfacían enteramente a ninguna de las partes.

La esclavitud no era, por otra parte, el único motivo de fricción. También se contraponen dos economías, dos formas de vida y dos concepciones del Estado federal. Mientras los industriales del Norte impulsaban una política proteccionista mediante tarifas aduaneras, los grandes propietarios del Sur, que venden sus mayores partidas de algodón a Inglaterra, defendían el librecambismo. El Sur consideraba que su civilización rural y paternalista era superior a las perversiones materialistas de los yankis del Norte. Éstos, a su vez, veían en los sudistas a unos pecadores impenitentes, explotadores, representantes de una época caduca perdidos en el mundo moderno. De este modo, a uno y otro lado de la línea divisoria entre los estados esclavistas y los demás se desarrollaron imágenes falseadas que alimentaban la hostilidad e impulsaban a la venganza. Finalmente, esta oposición, aunque se basaba en motivos políticos, económicos y sociales, acabó convirtiéndose en enfrentamiento cultural: se trataba de la existencia de dos naciones.

  • La Guerra de Secesión (1861-1865)

En 1860 fue elegido presidente de la Unión el antiesclavista Abraham Lincoln. Un mes después de su elección, Carolina del Sur proclama que la Unión ha sido disuelta. Carolina del Sur fue imitada por otros diez estados que declararon su separación de la Unión en una convención reunida en Charleston. Los once estados crean la Confederación de Estados de América, se otorgan una constitución, una bandera y un gobierno con Jefferson Davies como presidente. Richmond (en el estado de Virginia) sería la capital de la Confederación.

En 1861 estalla la guerra civil. Fue la más sangrienta que han sostenido los Estados Unidos, costó más de medio millón de muertos y grandes destrucciones. Inglaterra y Francia reconocieron a los estados del Sur, su envío de material de guerra no les llegará debido al bloqueo naval decretado por los estados del Norte; en cambio, Rusia tiende a favorecer a los estados del Norte.

Los confederados estaban más motivados en su lucha que sus adversarios: se batían por su propia existencia, por su cultura, por el mantenimiento de un determinado género de vida. Tenían fe y ésta los sostuvo a pesar de su inferioridad numérica (23 estados del Norte contra 11 del Sur) y armamento, de la escasez de municiones, de provisiones y de medicinas (superioridad industrial del Norte frente al Sur).

Pese a esa inferioridad numérica y económica de los sudistas, éstos oponen gran resistencia conducidos por el general Lee y obtienen ventajas iniciales; paulatinamente, las ventajas se inclinaron para los nordistas que eran superiores en hombres y material de guerra. La capitulación incondicional del general Lee en Appometox Court House ante el general Grant en 1865 pone fin a la guerra.

La Guerra de Secesión fue terrible porque enfrentó a ciudadanos de una misma nación y porque en ella se recurrió a los medios sofisticados de la guerra moderna, como ferrocarriles, telégrafos, barcos acorazados, fusiles de cañones rayados y carga posterior, etc., y opuso a ejércitos numerosos (medio millón de confederados frente a casi un millón de unionistas). Sembró la destrucción (en particular en Georgia) y dejó al Sur en un estado de postración que habría de durar cerca de un siglo.

  • La reconstrucción

Las consecuencias de la guerra fueron todavía más trágicas que la propia guerra, en parte por el asesinato de Lincoln cinco días después de la rendición del Sur. Lincoln, miembro del ala moderada del partido republicano, había emancipado a los esclavos en 1864 pensando que su integración en la sociedad debía hacerse gradualmente. Desaparecido Lincoln, los republicanos radicales quisieron “reconstruir” el Sur a su imagen, apoyándose en los negros emancipados y en los blancos pobres, a expensas de los antiguos plantadores. El Sur tuvo que pasar por la humillación de un gobierno de vencedores; se le dividió en cuatro grandes regiones que administraron generales nombrados por el Presidente. Esta época, que se llamó era de reconstrucción, fue en verdad era de venganza. Impusieron gobernadores negros y expropiaciones sin cuento. El vicepresidente Andrew Johnson, a quien la muerte de Lincoln elevó automáticamente a la presidencia, quiso frenar la política de represalias, logrando sólo enemistarse con el Parlamento. Era el inicio de los primeros roces graves entre el poder ejecutivo y el legislativo.

Abolida la esclavitud, la situación de los negros no deja de ser precaria. Hubo esfuerzos por promover la instrucción de los negros, por integrarlos en el aparato económico, por darles responsabilidades a nivel municipal, pero chocaron con una evidencia: los estados del Sur estaban representados en el Congreso en proporción a su población blanca. Si se estableciera el voto de todos los negros, el Sur tendría mucha mayor representación que el Norte. Por tanto, mediante enmiendas a la Constitución, sólo se contabilizaría a los negros en caso de que éstos tuviesen derecho de voto (se excluía a los analfabetos o se requería el derecho de voto en dos generaciones precedentes). Fracasado el proyecto de reforma agraria que hubiera sido la solución de la masa negra, condenó a los negros a emplearse en trabajos domésticos, como aparceros en antiguas plantaciones o a emigrar a las ciudades, donde rápidamente se creaba un vacío a su alrededor; así nacieron los primeros ghettos. Al no haber querido o podido resolver la reconversión económico social de los negros, los republicanos en el poder crearon, sin darse cuenta, el problema negro del s. XX. El rechazo de los negros en el Sur se refleja en la aparición de asociaciones ultraderechistas, de las cuales la más importante es el Ku Klux Klan, que se organiza en 1866, que intenta con la práctica del linchamiento (frecuente hasta bien entrado el s. XX), expulsar de los territorios meridionales a los negros; el método de la intimidación se sobrepone con frecuencia a las normas legales.

Aunque la aristocracia de plantadores quedó muy quebrantada y en parte arruinada por la guerra y muchos latifundios fueron divididos, siguió existiendo el predominio absoluto del blanco, la economía agraria y ciertas supervivencias feudales mantendrán las diferencias entre los estados del Norte y los estados del Sur.

  • Recuperación económica

Superadas las secuelas de la guerra civil, Estados Unidos experimentó un gran despeque. Un factor fundamental es el rápido aumento de la población gracias a la alta natalidad y a la llegada masiva de europeos atraídos por las riquezas (que proporcionaron una mano de obra abundante y barata a una economía que necesitaba gran cantidad de trabajadores). A finales del s. XIX contaba con casi 100 millones de habitantes. Otros factores importantes fueron las innovaciones constantes en la maquinaria y el desarrollo de nuevas fuentes de energía como el petróleo y la electricidad. La localización de los yacimientos petrolíferos (Arizona, Texas) permitió a Estados Unidos convertirse en una de las primeras potencias mundiales en recursos energéticos, ya que, con la excepción de Rusia, la mayoría de los países industrializados no disponía de petróleo en abundancia. El petróleo generó grandes empresas y cuantiosas fortunas (Rockefeller).

También el campo experimentó durante este período un gran desarrollo debido a la colonización del Oeste y al gran despliegue de la red ferroviaria que permitía dar rápida salida a los productos agrícolas. La explotación de grandes espacios, la utilización de un utillaje mecánico perfeccionado, la especialización de los cultivos y la irrigación de las regiones áridas del oeste, hicieron de Estados Unidos el primer productor agrícola del mundo.

El proceso de industrialización fue asombrosamente rápido. La segunda revolución industrial con las nuevas fuentes de energía (petróleo y electricidad), los enormes yacimientos de carbón (Pensylvania), sus recursos mineros (hierro, cobre, plata) van a traer consigo un gran desarrollo de las industrias químicas, del automóvil, del teléfono, etc. La mayor parte de las fábricas se localizó en el nordeste. Esto dio lugar al desarrollo de ciudades como Baltimore, Boston, Filadelfia y Nueva York. Chicago tuvo también un enorme crecimiento debido a la industria siderúrgica.

Fenómeno característico de esta época fue la tendencia de muchas empresas a convertirse en monopolios con el fin de eliminar competencias, reducir riesgos y asegurarse el máximo de beneficios; así los trusts y los holdings constituyeron el paisaje económico y financiero de Estados Unidos.

Sin embargo, el desarrollo económico perturbó profundamente a la sociedad americana. El final del s. XIX fue un período agitado, tanto en el mundo de los agricultores como entre los trabajadores industriales. La gran depresión mundial de 1873 golpeará duramente a la agricultura con un fuerte descenso de los precios. Esta situación produjo un gran descontento entre el campesinado que cristalizó en la formación de un Partido Populista en 1892 cuya petición más concreta era la de elevar los precios de los productos agrícolas.

Los desequilibrios económicos también golpearon a la clase obrera. La historia del movimiento obrero está jalonada de huelgas y de enfrentamientos sangrientos con las fuerzas del orden. La formación de sindicatos fue más tardía en Estados Unidos que en otros países y hasta 1914 no obtuvieron reconocimiento legal. El más destacado fue la Federación Americana del Trabajo (1886) que sólo admitía trabajadores cualificados, dejando fuera a los inmigrantes, los negros y los no cualificados. El sindicalismo americano tendrá como características primordiales su apoliticismo y su defensa de reformas sociales prendiendo sus peticiones en la opinión pública, cada vez más deseosa de reformar a su corrupta clase política.

  • La era del imperialismo

Apenas concluida la guerra civil, los Estados Unidos continúan su política expansionista adquiriendo Alaska (1867) y tomando posesión ese mismo año de las islas Midway; en 1899 se anexionan el archipiélago de Samoa y las islas Hawai. Esta política expansionista está suscitada por los hombres de negocios americanos, que proyectan su campo de acción hacia otros continentes, en los que buscan mercados o suministros de materias primas. Aparte de motivaciones políticas, estratégicas y económicas, Estados Unidos tenía argumentos morales con los que justificar su participación exterior: por la declaración de Monroe, Estados Unidos se había atribuido unilateralmente una misión de protección sobre el resto del continente, disfrazada muy pronto con el término de panamericanismo. Consecuencia de ello fue la guerra contra España por Cuba (1898) y la creación de la República de Panamá. Puerto Rico, las Filipinas y la isla de Guam pasaron a ser colonias americanas. Estados Unidos también intervendrá en Centroamérica para defender sus intereses económicos y estratégicos siempre que lo considere oportuno; arrogándose el control de la zona invadirá Nicaragua (1912-25), Santo Domingo (1906-24), Venezuela (1912), Méjico (1913), etc.

Con este tipo de intervencionismo, Estados Unidos se arroga el derecho de ser guardián de la zona antedicha.

IBEROAMÉRICA

Los territorios españoles de América del Sur estaban divididos en los virreinatos de Méjico, Nueva Granada (actualmente Venezuela, Colombia y Ecuador), Perú y Río de la Plata (parte de los territorios actuales de Argentina, Uruguay, Paraguay y Bolivia). La población, unos 20 millones de habitantes, era muy diversa: por un lado, 4 millones de criollos (blancos, ricos y cultos) que habían nacido en América y eran descendientes de españoles; por otro, 300.000 españoles; y por último, una gran masa social formada por indios, negros, mestizos y mulatos. Estos últimos y los criollos manifestaban un gran descontento: los primeros, por el régimen de explotación al que los sometían los blancos; los criollos, aunque controlaban el comercio y la industria, por la imposibilidad de intervenir en la vida política del país, al estar reservados los cargos administrativos a los españoles. En los criollos se había formado una conciencia de grupo marginado que se hipervalora a sí mismo y estaban imbuidos por las ideas de la Ilustración que llegaron a América a través de España. La universidad y la prensa fueron las encargadas de difundir las obras de algunos ilustrados españoles como Jerónimo Feijoo y Gaspar de Jovellanos (→ aparecen infinidad de escritos en los que se afirma que el hombre nace libre y que los gobiernos que no están basados en el consentimiento popular son tiranías).

Otro factor que favoreció el proceso emancipador fue el conseguir una auténtica libertad comercial que rompiese el monopolio español. El sistema comercial montado por España imposibilitaba que las colonias estableciesen relaciones comerciales con otros países. Sin embargo, el escaso desarrollo industrial de España le impedía abastecer de productos manufacturados el mercado sudamericano y generaba el descontento de las capas más ricas de la población (los criollos).

  • El triunfo de la independencia

Mientras España padecía la ocupación napoleónica, en las colonias se crearon Juntas, que en un principio colaboraron con las Cortes de Cádiz y posteriormente se convirtieron en organismos que canalizaron los deseos de emancipación. La primera declaración de independencia se produjo en el virreinato del Río de la Plata (1810). El ejemplo cundió en el resto de los territorios: insurrecciones en Méjico, Venezuela, Chile y Colombia. Sólo la zona de Perú y Quito se mantuvo vinculada a España. Sin embargo, salvo en el primer caso, todos los levantamientos fueron rápidamente reprimidos por la actuación de las tropas del virrey Abascal del Perú y por el ejército que Fernando VII envió una vez finalizada la guerra contra Napoleón. Pero la cuestión no estaba resuelta y los movimientos de emancipación rebrotaron: la poca fuerza de España -en plena crisis política- y la actuación de grandes caudillos -José de San Martín y Simón Bolívar, fundamentalmente- facilitaron el triunfo del movimiento liberador. Las campañas de San Martín en el Sur y de Bolívar en el Norte supusieron el final de la presencia española en el continente y la aparición de nuevos estados. San Martín conquista Chile y posteriormente Perú. Bolívar se adueña de Venezuela, Colombia y Ecuador y sueña con una gran federación de estados que no puede hacerse realidad, dada la dispersión geográfica y la heterogeneidad social de los países liberados. La unión de las dos campañas de los Andes (la de San Martín al Sur y la de Bolívar al Norte), culmina diplomáticamente en la entrevista de Guayaquil (Ecuador) en julio de 1822. España, a lo largo de la segunda mitad del s. XIX, fue reconociendo políticamente a estos países. Inglaterra, y especialmente Estados Unidos, que habían apoyado el movimiento emancipador, ejercieron un control político y económico sobre los nuevos estados americanos.

  • Los nuevos estados americanos

Simón Bolívar impulsó la unión de los Estados que habían conseguido la independencia en el Congreso de Panamá (1826). Sin embargo, sus intentos fracasaron dando lugar a una gran fragmentación política. Sólo consiguió crear la Gran Colombia, pero su existencia fue efímera. En 1830 se disgregó en tres repúblicas: Ecuador, Venezuela y Colombia. Lo mismo ocurrió en el resto de los territorios. Una parte de Perú se independizó con el nombre de Bolivia. En el Río de la Plata se formaron tres Estados: Argentina, Paraguay y Uruguay. Méjico no pudo mantener su dominio sobre el espacio centroamericano. En 1823 estos territorios se separaron creando la Confederación Centroamericana, y posteriormente se disgregaron en una serie de pequeñas repúblicas: Honduras, Guatemala, El Salvador, Nicaragua y Costa Rica.

A esta fragmentación política contribuyen las condiciones geográficas (selvas, cordilleras infranqueables, grandes cuencas fluviales).

Ambos factores (condiciones geográficas y fragmentación política) se suman para dificultar la construcción de una red ferroviaria y la comunicación fluvial. A diferencia de Estados Unidos, en América del sur la naturaleza levantó obstáculos infranqueables -especialmente climáticos-, la parcelación política hizo más difícil la lucha con la naturaleza, la escasa red de transportes mantuvo en el continente unas dimensiones sobrehumanas.

  • Sociedad y economía en los nuevos Estados

En la mayor parte de los Estados la natalidad se mantuvo muy alta a lo largo del s. XIX, pero a pesar de ello, su población, en relación con el espacio, es débil. A principios de siglo sólo unos 20 millones de habitantes ocupaban el inmenso espacio de Sudamérica. Ante esta situación, las repúblicas independientes estimularon la inmigración europea. Europa encontró en ello una válvula de escape para el gran crecimiento demográfico que vivió sobre todo en la segunda mitad del siglo. La llegada de inmigrantes estimuló el crecimiento de las ciudades y generó un estilo de vida bastante europeo.

La vida económica se caracterizó por una agricultura latifundista y con poca diversidad de productos, un escaso desarrollo industrial y un comercio basado en la exportación de materias primas e importación de productos manufacturados. Gran parte de los recursos de estos Estados fueron explotados por empresas extranjeras, que introdujeron una nueva forma de colonialismo.

La consecución de la independencia no estuvo acompañada de mejoras en los social y económico. La mayor parte de las naciones iberoamericanas atravesaban una difícil situación debido a los gastos bélicos. La producción sufrió un retroceso: algunos empresarios -favorables al dominio español- abandonaron los nuevos Estados, la explotación minera estaba paralizada y la red comercial destruida por los efectos de la guerra. Por otra parte, la escasa producción industrial tuvo que competir con productos llegados del exterior -fundamentalmente británicos- más baratos y de mejor calidad. La antigua burguesía urbana se fue empobreciendo.

En el campo, las tierras comunitarias que explotaban los indígenas fueron expropiadas y puestas a la venta en el mercado libre. La mayoría de los gobernantes facilitaron la formación de grandes propiedades agrícolas: Rivadavia y Rosas en Argentina repartieron tierras entre los grandes propietarios; en Uruguay, Artigas obligó a los no propietarios a acreditar que trabajaban como asalariados de un propietario. La situación de los trabajadores rurales era bastante penosa. En Méjico, por ejemplo, existían campesinos que cobraban su salario en especies o en vales canjeables en las tiendas del patrón.

Uno de los cambios más importantes desde el punto de vista social fue la supresión paulatina de la esclavitud en la mayoría de los Estados. En 1810 la Junta Suprema de Caracas dio un paso adelante al suprimir la trata y el comercio de esclavos. Durante la lucha por la independencia, la mayoría de los gobiernos decretó leyes que prohibían la esclavitud, y firmaron acuerdos para perseguir a quienes se dedicaban a la trata. También se decretó la libertad de vientres, según la cual el hijo de una esclava nacía libre. A mediados de siglo, en Iberoamérica sólo se mantenía la esclavitud en Brasil y en las Antillas españolas. Brasil, primer productor mundial de azúcar, utilizó mano de obra esclava en todo el proceso de elaboración de este producto. En 1873, el Estado brasileño decretó la abolición de la esclavitud y en 1888 hicieron lo mismo las Antillas.

La militarización, imprescindible y lógica durante la guerra, sobrevive en las etapas de consolidación de los nuevos Estados. Las nuevas repúblicas no se atreven a prescindir de sus cuerpos de oficiales en períodos en que la autoridad no ha podido todavía articular un sistema de administración civil eficaz.

La debilidad de la Administración estatal facilitó la aparición de grupos tendentes hacia las fidelidades personales: dueños de los latifundios, familias influyentes. El resultado fue el caciquismo. Frente a estas fuerzas disgregadoras de tipo local y personal, el caudillismo cumplió la función centralizadora al servicio del fortalecimiento del Estado y de la disciplina nacional. En muchos casos, al someter a los caciques, el caudillo hispanoamericano ha ejercido una función de unificación de tierras similar a la de las monarquías europeas.