España sin pulso; Francisco Silvela

Historia de España siglo XIX. Regeneracionismo político. Restauración. Modernización de España. Artículo periodístico

  • Enviado por: Lucas López
  • Idioma: castellano
  • País: España España
  • 2 páginas
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COMENTARIO DE TEXTO

“ESPAñA SIN PULSO”

CLASIFICACIÓN

Es un texto testimonial narrativo contemporáneo a los acontecimientos que narra. De carácter periodístico, atribuido al político Francisco Silvela, sucesor de Cánovas del Castillo al frente del partido conservador. Se trata del llamado impulso regeneracionista y de la literatura que se llamaría del desastre, siendo un exponente de ello este fragmento de texto, perteneciente a su célebre artículo “España sin pulso”, publicado por Silvela en El Tiempo, el 16 de agosto de 1898.

ANÁLISIS

El texto se inscribe en el impulso del regeneracionismo, interesado en una labor de cambio y modernización de España, tema cultivado por todos, desde políticos (Silvela), economistas (Costa), intelectuales (Ganivet) y hasta eclesiásticos (Cascajare). El texto da una idea de la situación del problema de España, como si el país de pronto se hubiera hecho eminentemente problemático. Las razones de esta nueva actitud de análisis y censura hay que buscarlas en una crisis del alma española. Para Silvela lo principal era la doctrina, el fondo ideológico. Aborrecía los arreglos fáciles para ir tirando, subiendo al poder como un regenerador del país. El texto refleja la época en la que los problemas de España quedan denunciados pero mal planteados, y por eso no resueltos. Silvela era un político de rectas intenciones (por ejemplo, acabar con el caciquismo), pero carecía de sentido práctico.

COMENTARIO

El sistema de la Restauración había entrado en crisis. Se considera la necesidad de regenerar la sociedad, la economía, la educación y el propio sistema político.

En los primeros años de siglo, el Regeneracionismo era un tema cultivado por todos. Con ellos engarzan los escritores de la Generación del 98.

El sistema canovista entró en un proceso de deterioro. La crisis se hizo irreversible al afectar al turnismo de los partidos conservador y liberal. El principal factor de la crisis de los partidos fue su carencia de contenidos doctrinales.

La alternancia bipartidista conservadora-liberal pudo hacerse realidad gracias a Antonio Maura y José Canalejas, pero sus muertes lo impedirían. Los políticos que le siguieron carecían de la talla política necesaria. A partir de 1910, hubo que recurrir a los “gobiernos de gestión” y a los “gobiernos de concentración”. Ni unos ni otros salvaron el sistema.

Durante todo el reinado de Alfonso XIII, una constante fueron el gusto por la política activa y la tendencia a afirmarse como jefe supremo del Ejército. Así, el monarca desempeñó un papel relevante en la escena política.


Los avatares políticos le impedirían desarrollar la idea de una monarquía equilibradora de las tensiones políticas.

Los problemas de España alcanzaron una especial gravedad en el reinado de Alfonso XIII. Sus gobiernos no encontraron solución a ninguno de ellos. Los principales problemas son:

- La cuestión constitucional: para adecuar la Constitución de 1876 a la nueva realidad social y política de España, había que reformarla. Se tenía que eliminar el caciquismo y la farsa electoral e introducir modificaciones capaces de integrar en el sistema a regionalismos, nacionalismos, socialismo o republicanismo.

- La cuestión religiosa: el problema religioso se planteó como el antagonismo entre el anticlericalismo y el clericalismo. El partido liberal abrazó el anticlericalismo como bandera política, sucediéndose hechos lamentables, como agresiones a obispos y sacerdotes.

El choque se hizo especialmente cruel porque la descristianización encontró una gran resistencia en la jerarquía de la Iglesia y en amplios sectores de la burguesía y de las clases medias.

La polémica se centró en la libertad de culto, en la cuestión de las asociaciones religiosas, en la reducción de diócesis y cargos eclesiásticos y en la polémica en torno a la enseñanza religiosa.

- La cuestión militar: el Ejército necesitaba una reforma profunda. Su excesivo cuadro de mandos absorbía la mayor parte de su presupuesto en sueldos.

La guerra de Marruecos puso de manifiesto y agravó los defectos. Ante los problemas internos y externos se crean las Juntas de Defensa. Empezaba a resquebrajarse la meritoria armonía conseguida por Cánovas y Alfonso XII entre el poder civil (civilismo) y el poder del Ejército (militarismo).

- La cuestión social: el movimiento obrero representó un problema permanente, extremando sus actitudes hasta desembocar en la huelga general de la gran crisis de 1917.

Aunque el sindicato socialista (UGT) y el anarquista (CNT) se van extendiendo, no se realiza una integración de estas fuerzas sociales en el sistema. El PSOE adoptó siempre una actitud ambigua con el régimen monárquico. Se planteó al PSOE la posibilidad de adherirse o no a la III Internacional. La negativa de Fernando de los Ríos provocó la escisión de los que mantenían un criterio favorable: surgía así el Partido Comunista Español (PCE).

Para resolver los problemas, los distintos gobiernos adoptaron tímidas medidas, como el descanso dominical o la regulación del derecho de huelga.

Los intentos de regeneración y modernización del gobierno liberal de Francisco Silvela se ven abortados por la incompatibilidad entre el ministro de la Guerra, el general Polavieja, audaz y deseoso de grandes reformas, y el ministro de Hacienda, Fernández Villaverde, partidario de introducir las más severas economías en los presupuestos del Estado. El programa de Polavieja resultó imposible de realizar, por lo que hubo de presentar la dimisión. Silvela, defraudado, se retiró de la política.