España en el siglo XVIII

Historia de España. Ilustración. Centralización del Estado. Campomanes. Felipe V. Felipe VI. Carlos III. Carlos IV

  • Enviado por: Raul Garcia
  • Idioma: castellano
  • País: España España
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El siglo XVIII: Evolución política y cultural.

1/ El reinado de Felipe V.

Los tratados de Utrecht y Rastadt (ponen fin a la guerra de secesión española,1713-1714) suponen el reconocimiento de Felipe V como rey de España y la desmembración territorial, pues Austria se apodera de los Países Bajos, Milán, Cerdeña y Nápoles, el duque de Saboya de Sicilia, e Inglaterra de Menorca y Gibraltar

Por otra parte estos tratados ratifican la idea de equilibrio continental (ya puesta en práctica en Westfalia), que benefician fundamentalmente a Inglaterra.

España quedó discriminada territorialmente, pero el tratado (Utrecht) sirvió para transformar la vieja idea patrimonial en un estado nacional de fronteras definidas y con su eje en el Atlántico.

En esta nueva situación se presenta un nuevo problema:

a/ aceptar el estatus surgido de Utrecht o luchar contra él, Felipe V propició esto último presionado por los intereses dinásticos de su segunda esposa Isabel De Farnesio (italiana), emprendiendo una política belicista cuyo máximo director fue el cardenal Julio Alderoni. Pero esta política fracasó ante la oposición de la cuádruple alianza (Austria, Holanda, Inglaterra y Francia) no obstante en 1738 consiguió que se reconociera a su hijo Carlos (futuro Carlos III) como rey de Nápoles y Sicilia (de los que deberá renunciar para acceder a la corona española).

b/ decidir entre el alineamiento con Francia o con Inglaterra, tras unos años de vacilación se optó por la opción más práctica: la alianza con Francia frente a Inglaterra, esto se tradujo en los “pactos de familia”(entre las distinta dinastías borbónicas reinantes en Europa), en el primero hizo intervenir a España en la guerra de sucesión de Polonia (1773) y en el segundo en la también de secesión de Austria (1743).

2/ Los reinados de Fernando VI y Carlos III.

Luis I, el rey más efímero de la historia española, precedió a Fernando VI (1746-1759) con quién la orientación política se dirige a la neutralidad con un fin claro, la recuperación económica de España. Los frutos de esta política en el interior no se hacen esperar, en especial gracias a la labor del Marqués de la Ensenada, pero en el exterior el creciente poderío inglés era cada vez una amenaza más real para los intereses españoles en el Atlántico. En 1748 el rey consigue para su hermano Felipe los ducados de Parma, Placencia y Guastalla (todos ellos en Italia). Carlos III (1759-1788) cambia el rumbo y firma el “tercer pacto de familia “ (1761) entrando en la guerra de los Siete Años con el fin de frenar la influencia inglesa en América. La consecuencia de esta guerra fue que España perdió La Florida y Francia, Canadá, pero al intervenir a favor de los EE.UU. en su Guerra de Independencia (1776-1783) se recuperó La Florida y Menorca.

España parecía haber encontrado su puesto en la política internacional, aliada a Francia y jugando con el peso que le daba mantener su imperio colonial(nuevamente rico en plata). Sin embargo la Revolución Francesa introdujo una nueva variable: la ideológica que supondría, ya en el reinado de Carlos IV, volver a cuestionarse la política exterior.

3/ Carlos IV

El reinado de Carlos IV se inició con la convocatoria a Cortes Generales (1789) para jurar al heredero y abolir la Ley Sálica (que excluye a las mujeres de heredar, anteponiendo al heredero varón aunque no sea directo). Pero la pragmática derogatoria de la ley no se publico, lo que complicaría el problema sucesorio a la muerte de Fernando VII.

La Revolución Francesa tuvo una influencia decisiva sobre la política española. El temor al contagio ideológico llevó a Floridablanca a prohibir la entrada de libros, la salida de estudiantes y a establecer la censura de noticias. Su sucesor, el Conde de Aranda, era consciente de los inconvenientes de una guerra contra Francia más motivada por cuestiones ideológicas y dinásticas que por los intereses políticos y económicos españoles, por lo que se inclinó por una política de neutralidad. Pero las intrigas de la Reina y de Manuel Godoy (su amante) consiguieron derribarlo en 1792.

Los nuevos gobernantes optaron por la alianza con Inglaterra cuando Luis XVI fue guillotinado, y en 1793 España entró en guerra con Francia. La derrota española (Paz de Basilea, 1795) supuso la pérdida de la parte conservada de la Isla de santo Domingo.

El nuevo giro, alianza con Francia frente a Inglaterra hizo que España pasara a defender totalmente la política napoleónica (Tratado de San Ildefonso) con resultados negativos: derrotas navales en San Vicente (1797) y Trafalgar (1805), y la pérdida de la Isla de Trinidad.

La dependencia se hace más evidente a partir del Tratado de Fontainebleau (1807) que pretendía el bloque comercial de Inglaterra. Para obligar su cumplimiento, Napoleón planeó invadir Portugal a través de España, lo que provocó un complot contra Godoy (Conjura de El Escorial). Godoy, alarmado ante la evidencia de la invasión napoleónica, decidió enviar a Sevilla a la familia real, pero la inquietud provocada en el pueblo y alentada por los conjurados desembocó en el Motín de Aranjuez, que supuso la caída de Godoy y la abdicación de Carlos IV. Pero esto no frenó los planes napoleónicos, y el 5 de Mayo de 1808 Carlos IV y Fernando VII, en una escena vergonzosa, abdicaban en Napoleón, que nombrará a José I Rey de España. Tres días antes el levantamiento del pueblo de Madrid iniciaba la Guerra de la Independencia.

4/ La ordenación del Estado

A/ La centralización del Estado.

El Estado del Antiguo Régimen (que es fundamentalmente absolutista y no participativo) se fundamentaba sobre el carácter absoluto de la monarquía, pero en España esta uniformidad institucional sólo se consiguió en el siglo XVIII. La nueva dinastía borbónica influida por el modelo centralista francés aprovechó la coyuntura de la Guerra de Sucesión para presentar los cambios como un castigo a los reinos rebeldes.

La necesidad de atender los gastos de guerra exigió, a la par, un total control de los recursos, lo que contribuyó a imponer una autoridad fuerte e igual para todo el país.

La progresiva pérdida de protagonismo de las Cortes fue reduciendo su iniciativa legisladora. Estas iniciativas pasaron a manos de las instituciones centrales que legislaron con carácter uniforme y general. En resumen, el Estado borbónico supuso importantes modificaciones con respecto al modelo de los Austrias pero, al ser una reestructuración en muchos aspectos, no se puede hablar de ruptura entre uno y otro.

B/La reforma de la hacienda.

La hacienda seguía basada en un sistema de impuestos desiguales (no se aplicaban a todo el país ni a todos los sujetos), injustos (en cuanto solían ser indirectos, de consumo, para todos iguales) e insuficientes para atender a la estructura y necesidades del nuevo Estado (las Cortes eran las encargadas de decidir y recoger los impuestos para el rey, al que finalmente le llegaban incluso menos del 50%).

Los principales objetivos de la reforma fueron: establecer un sistema eficaz de recaudación, y unificar y generalizar los impuestos.

El primer objetivo se logró mediante la gestión directa de los impuestos por los funcionarios (vigilados por una jerarquización de la administración).

El segundo se alcanzó estableciendo el montante global de la recaudación y adjudicándola después a los pueblos de manera proporcional a la riqueza personal y a las rentas de las tierras que tuvieran sus habitantes.

El sistema lo inició Campillo en la Corona de Aragón y Ensenada lo aplicó en 1749 a Castilla. Para poder distribuir el impuesto, Ensenada ordenó la realización de un catastro (levantar mapas a gran escala, con información sobre la propiedad rural). Pero sus intentos fracasaron ante la oposición de la nobleza y el clero. Aunque el equilibrio presupuestario fue una preocupación constante, el Estado tuvo que recurrir al crédito. Carlos III fundó el Banco de San Carlos (embrión del actual Banco de España)que emitió deuda pública, vales reales, en cinco ocasiones, propiciando una quiebra de la hacienda en el reinado siguiente.

C/ La administración Central.

Felipe V introdujo las primeras reformas en la administración central en 1705, dividió en dos la antigua Secretaría de Despacho Universal, creando una Secretaría de Guerra y Hacienda, y otra para las restantes competencias (por necesidad pues por entonces se desarrollaba la Guerra de Secesión). En 1714 se produjo un nuevo reajuste con cuatro secretarías (Guerra, Marina e Indias, Estado y Justicia). Las secretarías que eran ya auténticos ministerios pasaron a ser siete en tiempos de Carlos III y se organizaron en la Junta Suprema de Estado. Triunfaba así el criterio de la eficacia técnica sobre el de los privilegios quedando la nobleza tradicional relegada (había una nueva nobleza, formada por gente muy cualificada, adicta a los Reyes, provenientes de la alta burguesía y los círculos intelectuales de alto nivel social, que ganaron importancia en detrimento de la nobleza tradicional).

Se dio una nueva estructura a los Consejos, el de Castilla continuó con su papel primordial gracias a la multiplicidad de sus funciones constructivas, legislativas, ejecutivas y judiciales. Otros importantes eran el de Hacienda, el de Guerra, el de la Inquisición, el de las Indias, y el de Estado.

En 1713 Felipe V modificó el sistema de sucesión a la Corona al implantar la ley Sálica que daba preferencia a la líenea directa, y, a falta de varones en ella, a la colateral, con lo que se excluía a las mujeres.

D/ La Administración Local y Territorial.

Los Decretos de Nueva Planta establecieron la centralización administrativa, en 1707 se abolían los fueros de Aragón y Valencia, se les sometía al uso, práctica y forma del gobierno de Castilla. La reforma se amplió a Mallorca (1715) y a Cataluña (1716), que quedaron, así, también sujetas a las leyes castellanas. Al suprimirse los fueros, el gobierno de estos territorios pasó a manos del Capitán General y de la Audiencia por él presidida. Se suprimieron las Cortes y sus representantes se integraron en unas cortes únicas convertidas en Cortes Generales del Reino. Navarra, Álava, Vizcaya y Guipúzcoa conservaron sus fueros (puesto que fueron las únicas comunidades que se pusieron del lado de Felipe V y los franceses, y no de parte del Archiduque de Austria, como el resto). La creación de los intendentes constituyó el elemento principal del intervencionismo borbónico en la administración territorial. En los momentos de guerra se les encomendó el control de los recursos y de los avituallamientos (armas, municiones, comida, ropa), así como la administración de las finanzas reales. También se les encomendó la tarea de impulsar la riqueza general proponiendo todo tipo de iniciativas, que los convirtieron en los pilares de la política de fomento tan característica de la ilustración.

El régimen administrativo local perdió importancia, adquiriendo los corregidores reales todo el protagonismo. En tiempos de Carlos III se revitalizó la participación popular con la creación de los diputados del común y el síndico personeo (fiscalizador de la gestión municipal).

5/ La Ilustración en España.

Los ilustrados españoles se movieron en el entorno de la Corona ocupando cargos políticos desde los que potenciaron el reformismo. No cuestionaron el despotismo borbónico, sino que lo entendieron como la palanca que se debía utilizar para remover las estructuras y sacra al país de la decadencia(despotismo ilustrado). En general su actitud fue moderada y en su condición de cristianos ilustrados se encuentra su mayor rasgo distintivo.

Desde la evolución ideológica se pueden establecer cuatro fases:

  • Una primera en los comienzos de siglo, cuando penetran las nuevas ideas, y se plantean los modernos contextos y métodos científicos y filosóficos ¡.

  • Una segunda, a partir de 1725, con un ambiente más abierto, reflejado en la publicación del teatro crítico del Padre Feijoo (1726).

  • Una fase de plenitud en torno a Carlos III y sus ministros (Aranda, Floridablanca y Campomanes).

  • Y por último una reacción en contra, hacia 1790, motivada por las influencias revolucionarias francesas.

Las universidades se convirtieron en baluarte contra el reformismo, y la Corona inició la lucha por su control para someterlas a su política, y eliminar en ellas la influencia eclesiástica.

La política regalista (regalía: derecho propio, natural, inalienable, que posee la monarquía, mediante el cual se garantizaba unos determinados monopolios, como el de la sal, y los impuestos) alcanzó en el siglo XVIII su máximo desarrollo en defensa de los derechos de la realeza, entre ellos la intervención en los asuntos eclesiásticos.

Como exponente tenemos la expulsión de los Jesuitas (orden muy culta que defiende la obediencia directa al Papa), en 1767, que en realidad significó un conflicto religioso y político, pues los Jesuitas influían en el gobierno a través de sus antiguos alumnos.

Campomanes aprovechó el trasfondo de otras expulsiones (Portugal, Francia) y el ambiente de renovación religiosa en España, que deseaba la potenciación del papel de los párrocos y los obispos frente al excesivo poder de Roma, para presionar sobre Carlos III en una coyuntura favorable, cuando a raíz del Motín de Esquilache, los Jesuitas fueron acusados de participar en él.

La ciencia y la técnica alcanzaron una estimación especial por su utilidad. Se desarrollaron las ciencias naturales, las matemáticas y la física. Los estudios jurídicos progresaron en la línea del derecho natural, y las nuevas corrientes filosóficas (racionalismo y empirismo) se enfrentaron a las universidades que seguían defendiendo el aristotelismo. La Corona fomentó el nuevo espíritu a través de instituciones universitarias (Colegios de Medicina, Escuelas de Ingenieros y de Veterinaria,...) y con la creación oficial de las Academias (de la Lengua en 1714 y de la Historia en 1738).

La prensa también adquirió gran importancia. Entre 1661, año del inicio de la publicación de la gaceta de Madrid, y el final del siglo XVIII, se publicaron casi un centenar de periódicos, muy diversos en su contenido, que contribuyeron a la propagación del espíritu reformista entre las clases dirigentes.