España en el siglo XIX

Historia española contemporánea. Isabel II. Primera República. Década moderada. Bienio progresista. Desamortizaciones. Unión liberal. Revolución de 1868. Gobierno de Prim. Amadeo de Saboya. Movimiento obrero

  • Enviado por: Ibanez
  • Idioma: castellano
  • País: España España
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ISABEL II

1. Introducción. Características del reinado de Isabel II.

Reinado que dura veinticinco años y que presentó unas características comunes que se mantuvieron invariables a lo largo del tiempo.

Fue un periodo de tendencia muy conservadora que establecía la participación política exclusiva de una oligarquía de propietarios, viejos aristócratas, ricos burgueses, generales, prelados y altos funcionarios. El sufragio restringido excluía al resto del país. Fue un régimen de gobiernos autoritarios que limito las reformas sociales y restringió las libertades individuales y colectivas.

La reina Isabel intervino activamente en la vida política, apoyando a los sectores más conservadores y evitando el acceso al poder de los progresistas. La participación de los generales en el gobierno continúa. La exclusión de la oposición, llevaba a ésta a recurrir a los militares y al pronunciamiento para acceder al Gobierno. Los conservadores pensaban que la presencia de un militar al frente del ejecutivo garantizaba el mantenimiento del orden liberal, frete al carlismo y la revolución social.

Otra característica del partido fue la exclusión de la gran mayoría del país en la vida política. Ni campesinos ni obreros industriales o trabajadores urbanos tuvieron nada que agradecerle. El régimen liberal supuso una degradación continua. Las protestas, manifestaciones y huelgas fueron contestadas con una dura represión, la prohibición de las asociaciones y la persecución de sus dirigentes, en nombre del <<orden>>.

En el reinado de Isabel II hubo una presencia exclusiva de partidos burgueses en la vida parlamentaria: hasta 1854, los moderados y los progresistas, y a partir de entonces, otros grupos como la Unión Liberal o el Parito Demócrata. Al margen de la vida parlamentaria quedaban los republicanos, ilegales.

2. La década moderada (1844-1854).

Los primeros diez años de reinado efectivo estuvieron protagonizados por la figura del General Narváez, líder de los moderados, pese a que no siempre presidió el consejo de ministros. Fue el principal inspirador de la Constitución del 45 y de las leyes del periodo, y mantuvo al ejército alejado de la vida política.

Unas nuevas Cortes precedieron la Constitución de 1845, que estuvo en vigor hasta 1869. Tenía características conservadoras. Incluía una declaración de derechos que permitió más tarde limitarlos de forma muy restringidas mediante las leyes ordinarias.

  • Constitución de 1845.

    • Soberanía compartida entre rey y la nación.

    • Características:

      • Carácter conservador.

      • Derechos individuales.

      • Religión Católica: Es exclusiva. El Estado obliga a mantener el culto y sus ministros (a los sacerdotes, es decir, pagarlos un sueldo. En cuanto al culto, pagar los gastos de los ritos religiosos).

      • Las Cortes son bicamerales (Congreso y Senado). Las dos cámaras tienen el mismo poder. El número de senadores es ilimitado y son nombrados por el rey. Las condiciones para ser senador son:

        • Sólo son senadores los españoles con más de 30 años y tengan las siguientes características:

              • Presidentes de alguno de los cuerpos legislativos (Senado ó Congreso)

              • Senadores ó diputados elegidos tres veces en las Cortes.

              • Ministros de la Corona.

              • Consejeros del Estado.

              • Arzobispos y obispos.

              • Grandes de España, es decir, nobles con este título honorífico.

              • Capitanes generales del ejército.

                • Deben de disfrutar de 30.000 reales de renta ó bien los títulos de Castilla que disfruten de 70.000 reales de renta

                • El cargo de senador es vitalicio.

                  • El Congreso de los Diputados se compondrá de personas elegidas por las juntas electorales. Se nombrará un diputado por cada 50.000 personas.

                  • El rey puede disponer de las Fuerzas Armadas, declarar la guerra ó la paz,…

                  • La ley electoral es muy restrictiva: son menos de 90.000 electores los que pueden participar en la elección indirecta de los diputados. Esta ley añade nuevas condiciones.

                  • El rey puede intervenir en la vida política.

                  • El rey puede disolver el Congreso sin otro límite que convocar elecciones para una nueva cámara.

                  • Los alcaldes y los presidentes de Diputaciones son elegidos por el Gobierno.

    3. Vida política durante la Década Moderada.

    A la Constitución siguió una amplia legislación ordinaria dirigida a reafirmar el carácter oligárquico del régimen. La ley electoral de 1846 limitaba el derecho al voto a unos 100.000 españoles. La ley de imprenta restringió la libertad de publicar y reforzó la censura. Se creó la Guardia Civil en 1844 por el duque de Ahumada, y su fin era controlar el cumplimiento de la ley, controlar la ideología (tanto del pueblo como del cuerpo de la Guardia Civil, a base del reclutamiento de estos en casas-cuartel) y ayudar a la policía y al ejército. Este cuerpo sólo ejercía en zonas rurales.

    Los moderados iniciaron la construcción de un sistema liberal burgués y también muy conservador. Se aprobó un nuevo Código Penal y se inició el proyecto de un nuevo Código Civil. Se reorganizó la administración, con un sistema centralista basado en las provincias y en su control desde el Gobierno a través de gobernadores civiles y militares. Se aprobó una reforma de la Hacienda que permitió contener la deuda.

    Se restablecieron las relaciones con la Iglesia. Se detuvo la desamortización y se devolvieron al clero los bienes que aún no se habían vendido. Se firmó con Roma el Concordato de 1851, por el que el papa reconocía a Isabel II como reina y aceptaba la pérdida de los bienes ya vendidos, a cambio de financiar a la Iglesia y de entregarle el control de la enseñanza y de la censura. Este concordato provocó un aumento del anticlericalismo debido a que la enseñanza quedaba en manos de la Iglesia (que impartiría a su juicio), se censura la libertad de pensamiento, expresión, de prensa, etc. Por tanto, volverá a darse una unión entre altar y trono.

    El problema del matrimonio de la reina y la segunda guerra carlista en el norte de Cataluña enturbiaron la vida política. El problema matrimonial vino propiciado porque la promiscuidad de la reina suponía un problema para encontrarle pareja, pero cuando se el encontró una, resultó ser una decepción, porque al enterarse su marido, Francisco de Asís, que su esposa le era infiel so fue de España. Pero, para decepción, la que se llevaron los carlistas, que creyeron que el futuro marido de Isabel II sería el heredero del carlismo (el cual compartía los mismos conceptos absolutistas e ideológicos que la reina), y al ver que esta no fue la decisión, estalló la segunda guerra carlista. En los amoríos y relaciones secretas siempre hubo dos personajes que estaban inmiscuidos: el padre Claret y la monja conocida como sor Patrocinio de las Llagas.

    Desde 1849 el clima se fue deteriorando. Ese año algunos progresistas radicales fundaron el Partido Demócrata, cuyos objetivos eran la defensa de los derechos individuales y del sufragio universal. A comienzos de 1854 las Cortes habían sido suprimidas por Juan Bravo y el Gobierno actuaba de forma autoritaria. Esto propició un estallido revolucionario.

    4. El Bienio Progresista (1854-1856).

    La revolución de 1854 fue en realidad un Golpe de Estado, que triunfó gracias al respaldo popular conseguido mediante una hábil propaganda. El pronunciamiento inicial del general Leopoldo O'Donnell fracasó tras un enfrentamiento con las tropas del Gobierno el Vicálvaro (la “Vicalvarada”). Pero los rebeldes reaccionaron y publicaron el Manifiesto de Manzanares, que consiguió el apoyo popular y provocó la revolución en julio. Los revolucionarios obligaron a Isabel II a entregar el Gobierno al general Espartero, con O'Donnell como ministro de la Guerra. Rápidamente se convocaron elecciones a Cortes Constituyentes.

    Para las elecciones se formó una nueva fuerza política, la Unión Liberal, propiciada por O'Donnell y algunos políticos moderados y progresistas, con la aspiración de reunificar ambas fuerzas en un sólo partido centrista.

    Las Cortes aprobaron una nueva Constitución, la de 1856, con una declaración de derechos más detallada, una limitación de los poderes de la Corona y del ejecutivo, y una ampliación de la participación. Pero no hubo tiempo para que entrara en vigor, y la Constitución de 1845 permaneció vigente.

    Los progresistas aprobaron una serie de leyes encaminadas a sentar las bases de la modernización económica del país, que fueron:

    • Ley de Desamortización de Madoz. La desamortización de las tierras de la Iglesia y de los concejos constituye no sólo la medida más llamativa de la revolución liberal, sino quizás también la más importante desde el punto de vista económico y social. Los ilustrados consideraban que la enorme masa de bienes vinculados en manos de los privilegiados eran la causa más importante del atraso agrario.

    La enorme deuda acumulada llevó a la Corona a recurrir a la desamortización. Se trataba de expropiar a quienes tenían bienes vinculados para ponerlos después en venta e ir eliminando la deuda contraída. El primer decreto, de 1798, afectó a algunas instituciones benéficas de la Iglesia.

    A partir de 1833 la desamortización se hizo ineludible. La guerra carlista obligó a buscar recursos con urgencia, mientras la deuda había alcanzado niveles altísimos. El clima del carlismo llevó a decretar la exclaustración general y facilitó al Gobierno la decisión.

    En febrero de 1836 se publicó la Desamortización de Mendizábal. Aunque al principio sólo afectaban a los conservadores, en 1841 se incorporaron las tierras del clero secular, en manos de los obispados. El proceso duraría hasta 1845.

    Pero Mendizábal no sólo quería amortizar la deuda. También buscaba convertir las tierras en propiedad privada y transferirlas a compradores enriquecidos que se verían comprometidos a apoyar al bando cristino. Estableció un método de compra que permitía pagar con títulos de deuda. El tamaño de los lotes y la corrupción en las subastas impedían a los campesinos adquirir propiedades. El resultado fue que se amortizó sólo una parte de la deuda prevista y que una enorme masa de bienes raíces pasó a manos de las clases dirigentes.

    En 1855 se aprobó la Desamortización de Madoz. Por ella se ponían en venta todas las tierras restantes de la Iglesia y las de propios y baldíos (las tierras de los ayuntamientos). El proceso fue mucho más rápido, y se amortizó mucha más deuda. Pero las tierras fueron a parar a manos de los inversores y antiguos terratenientes, por lo que se acentuó el proceso de concentración de la propiedad agraria en manos de la oligarquía. La desaparición de las tierras concejiles perjudicó a los campesinos, que habían sido tradicionalmente una fuente de ingresos complementaria.

    La revolución liberal introdujo otras reformas en la agricultura que contribuyeron a consolidar el sistema capitalista. Los antiguos señoríos se transformaron en propiedad privada. Se suprimieron los diezmos y se decretaron el libre cerramiento de las tierras y la libre comercialización de productos agrarios.

    • Ley de Ferrocarriles. La debilidad de la economía española y la falta de un marco jurídico estable impedían la construcción de una red ferroviaria. Había tres líneas: Barcelona-Mataró, Madrid-Aranjuez y Gijón-Langreo. En 1855 se aprobó la Ley General de Ferrocarriles que fijaba condiciones muy favorables.

    Al amparo de la Ley de Sociedades Bancarias y Crediticias de 1856 se formaron tres grandes grupos, controlados por bancos franceses. A ellos se unieron como socios los principales magnates de las finanzas españolas. Entre los tres acapararon las principales líneas previstas en la ley, que formaban una red radial en torno a Madrid.

    Entre 1855 y 1865 se produjo un auténtico boom ferroviario, con la construcción de las principales líneas. La crisis financiera internacional de 1866 prácticamente paralizó la construcción que se reanudó después de 1876. La crisis se debió en parte al hundimiento de las sociedades ferroviarias: habían invertido mucho dinero en líneas que no siempre eran rentables, por lo que sus acciones se desplomaron.

    • Ley de Sociedades Bancarias y Crediticias. Gracias a esta ley, se pudo financiar la construcción del ferrocarril.

    • Ley laboral ó del Trabajo. Aprobada por las Cortes, esta ley defendía básicamente los intereses de los patrones. Establecía la media jornada para los niños y un máximo de diez horas para los menores de 18 años, y limitaba las asociaciones al ámbito local y siempre que no sobrepasaran de los 500 miembros. Sólo aceptaba los convenios colectivos en empresas de menos de 20 trabajadores, y establecía jurados para arbitrar conflictos compuestos exclusivamente por patronos, aunque se pidieron jurados mixtos, con obreros y patronos. Los trabajadores se vieron frustrados porque creyeron que esta ley les beneficiaría.

    El bienio transcurrió en un clima de permanente conflictividad social. A ello contribuyeron la epidemia del cólera, las malas cosechas, el alza de los precios y los enfrentamientos entre trabajadores y patronos. Las clases populares, defraudadas por el incumplimiento de las promesas retiraron su apoyo a los progresistas. En julio de 1856 Espartero presentó su dimisión (exigida por Isabel II) y la reina encargó formar gobierno al general O'Donnell.

    5. El gobierno de la Unión Liberal.

    Entre 1856 y 1863 la Unión Liberal fue el partido que controló la vida política, salvo un breve periodo inicial en el que Isabel II volvió a confiar en el gobierno al general Narváez. Hasta 1863, la ola de prosperidad económica permitió a los unionistas gobernar sin grandes problemas. O'Donnell mantuvo el mismo gabinete (“Gobierno Largo”). Fue una época de euforia económica, con la construcción de los ferrocarriles y las grandes inversiones bancarias y bursátiles. Se aprobó una nueva ley de Instrucción Pública.

    La prosperidad también llegó a las clases populares, lo que explica la ausencia de conflictos graves en aquellos años. Sólo una insurrección de jornaleros en 1861, fue contestada por el Gobierno con una dura represión.

    La acción exterior cobró especial importancia en ese periodo. Durante todo el siglo España había carecido de una política exterior seria, a causa de su debilidad e inestabilidad internas. Los gobiernos extranjeros manejaron la política española según sus intereses en cuestiones como la política comercial ó el matrimonio de Isabel II.

    La Unión Liberal emprendió entre 1858 y 1866 una activa y agresiva política exterior, con el fin de desviar la atención de los españoles de los problemas internos y exaltar la conciencia patriótica. Se envió una fuerza expedicionaria en apoyo de los franceses a Indochina, justificada por el asesinato de varios misioneros. Después vino la guerra contra Marruecos, que respondió a un intento de expansión colonial en el norte de África. El intento fallido de recuperar la colonia de Santo Domingo, en 1861, se dio a la vez que el inicio de la expedición a Méjico, junto a ingleses y franceses, para castigar por impago de la deuda por parte del Gobierno mejicano. Y por último la guerra contra Perú y Chile, a raíz de varios incidentes comerciales y navales.

    La intervención militar en cinco conflictos apenas ofreció resultado alguno. En Marruecos la presión de Inglaterra obligó a aceptar un acuerdo que impidió la anexión, y la retirada de Méjico produjo un grave conflicto diplomático con Francia. La actuación española fue una política de prestigio que nada influyó en el equilibrio de poder nacional.

    6. La crisis final del reinado (1863-1868).

    En 1863 el desgaste de la acción de gobierno y las divisiones dentro de la Unión Liberal llevaron a O'Donnell a presentar la dimisión. Entonces comenzó una sucesión de gobiernos inestables y autoritarios, alternativamente presididos por él mismo y por Narváez. Los progresistas se retiraron de la vida parlamentaria y, dirigidos por el general Prim, pasaron, junto a demócratas y republicanos, a denunciar el sistema constitucional y a la misma Isabel II. La mayor parte de la opinión pública comenzó a achacar a la Corona la responsabilidad del desastre político.

    En la larga crisis de la monarquía isabelina confluyen otras causas. Estuvo, en primer lugar, la grave crisis económica, que se inicia en 1864 con la quiebra de las compañías ferroviarias. Continuó con el hundimiento de las fábricas textiles. En 1866 se produjo el crack de las Bolsas europeas y, a continuación, el alza de los precios agrícolas debido a dos malas cosechas consecutivas.

    Durante los mismos años se fueron produciendo una serie de graves acontecimientos políticos, tales como los sucesos de la noche de San Daniel, en los que la policía disparó contra un grupo de estudiantes que se manifestaban en apoyo del rector destituido por el gobierno, y la sublevación del cuartel de San Gil en junio de 1866. Esta última fue uno de los varios intentos de pronunciamiento asistidos por los progresistas.

    En agosto de 1866 representantes progresistas, demócratas y republicanos llegaron a un acuerdo, el Pacto de Ostende. Prim fue puesto al frente de la conspiración. La muerte de O'Donnell y Narváez entre 1867 y 1868 dejó a Isabel completamente aislada en el verano de 1868, en plena preparación del golpe.

    LA I REPÚBLICA

    1. La revolución de 1868.

    La Gloriosa no fue inicialmente una revolución, sino un golpe militar encabezado por varios generales. El apoyo militar vino cuando los partidos formaron juntas locales y provinciales, entregaron armas a la población y organizaron a los Voluntarios de la Libertad. Desde el 17 de septiembre, en que el almirante Topete se sublevó en Cádiz, los cuarteles del país se fueron sumando hasta que en la Batalla de Alcolea el día 28, las fuerzas de Serrano derrotaron a las gubernamentales. Al día siguiente Isabel II era exiliada.

    La revolución triunfó porque en ella confluían numerosos intereses. La apoyaron los sectores financieros e industriales, incluso miembros de la oligarquía terrateniente que aceptaban que un cambio era inevitable. En cuanto a las clases populares, influyeron en ellas una vez más las promesas de los conspiradores: sufragio universal, abolición de los impuestos indirectos, los consumos, las quintas, etc.

    Una vez conseguido el exilio de la reina, los conspiradores procedieron a detener la revolución. El nuevo Gobierno ordenó la disolución de las juntas, las cuales se negaron debido a que era lo que querían los dirigentes, pero al final hubieron de cesar, y de los batallones de Voluntarios, así como la devolución de la armas. Nombró también nuevos ayuntamientos.

    2. Constitución de 1869.

    Se convocaron elecciones mediante sufragio universal masculino, que se celebraron con plena libertad de opinión y prensa.

    • Debate entre monarquía ó república. El gobierno era partidario de la primera

    • Primera constitución democrática de nuestra historia.

    • El país se constituía como una monarquía parlamentaria.

    • Plena soberanía nacional.

    • División de poderes:

      • Legislativo: Congreso de los Diputados y Senado.

      • Ejecutivo: Rey, pero con poderes muy limitados, puesto que ejercía a través de ministros.

      • Judicial: Jueces.

    • Declaración de derechos detallada: los derechos de libertad, inviolabilidad del domicilio, derecho al voto, de residencia, libertad de enseñanza, de expresión, reunión asociación. Estos últimos derechos colectivos tenían limitaciones.

    • Se aprobó la libertad de cultos, pero el Estado se comprometió a mantener el culto el culto y el clero católicos.

    • Los electores serían varones de más de veinticinco años y elegirían el Congreso.

    3. El gobierno de Prim y la Búsqueda de un rey.

    A falta de un rey, Serrano se convirtió en el regente y Prim formó un gobierno de progresistas y algunos demócratas. Se aprobó una amplia legislación encaminada a desarrollar la Constitución. En el terreno económico se adoptó una política librecambista con el objetivo de relanzar la economía. Se adoptó una reforma monetaria que dio la exclusiva emisión al Banco de España y puso en circulación la peseta.

    El nuevo régimen tuvo que enfrentarse desde el mismo momento de la revolución a una doble crisis: la guerra en Cuba y el clima de agitación social. La crisis cubana se venía gestando años atrás: el crecimiento económico de la isla hacía cada vez más inaceptable para los criollos la presencia de plantadores y comerciantes azucareros peninsulares, así como el monopolio comercial.

    En octubre de 2868 una junta revolucionaria se sublevó contra el Gobierno colonial. La revuelta se extendió hasta desembocar en una guerra civil que se prolongaría diez años. El conflicto cubano acabó por hipotecar la Hacienda y la acción de gobierno en España.

    El desengaño político, la persistencia de la depresión económica y la acción republicana y obrera se tradujeron en un clima social de continua agitación. En septiembre de 1869 estalló una sublevación republicana que se extendió por buena parte del país, pero fue reducida por el Gobierno.

    Prim emprendió la difícil tarea de buscar un rey. Debía ser una persona de prestigio, de sangre real, que no fuera un Borbón y que obtuviera el respaldo de las Cortes y de los gobiernos extranjeros. Prim mantuvo conversaciones con las casas reales europeas (Prusia, Austria, la casa de Saboya, etc.). Las conversaciones que mantuvo con la casa de Prusia y la de Francia dieron lugar a la Guerra Franco-Prusiana, propiciada por la pugna por la corona española y la unificación alemana.

    El príncipe Amadeo de Saboya aceptó la Corona, en parte gracias a la gestión personal de Prim.

    4. El reinado de Amadeo de Saboya (1871-1872).

    Amadeo desembarcó en Cartagena el 30 de diciembre de 1870, y allí mismo recibió la noticia del asesinato del general Prim.

    El reinado de Amadeo I fue un fracaso. Tuvo mucho que ver la ausencia de Prim.

    Nadie creía que Amadeo fuera la solución para los problemas del país. Las clases dirigentes le identificaban con la democracia, el desorden social y con la dinastía que mantenía prisionero al para en el Vaticano. Le hicieron el vacío en la Corte y le aislaron. Poco a poco, el apoyo al príncipe Alfonso, presentado por Antonio Cánovas, se fue abriendo paso entre las elites del país, que se hicieron así alfonsinas.

    También le rechazaron los industriales y financieros. Igualmente le rechazaban carlistas republicanos y las clases populares, aunque por razones bien distintas.

    Fueron dos años de gobiernos inestables, con muchos problemas sin resolver.

    En el segundo año de su reinado la situación empeoró. El conflicto cubano se agravó, y se añadió el estallido de la tercera guerra carlista.

    Amadeo I sólo esperaba el momento propicio para abdicar. Aprovechó una grave crisis entre el jefe de Gobierno y el cuerpo de artillería, de cuyo lado se puso el rey. Cuando el Congreso respaldó al Gobierno, Amadeo presentó su abdicación el 11 de febrero de 1873. Esa misma noche, la Cámara (Congreso de Diputados y Senado), consciente de que era imposible buscar un nuevo monarca, proclamó la República.

    5. La primera República.

    El Congreso eligió a Estanislao Figueras como <<jefe del poder ejecutivo>>, al frente de un gobierno formado sólo por republicanos.

    La República nacía de forma irregular y sin apoyos políticos suficientes. En el exterior, sólo los Estados Unidos y Suiza reconocieron y apoyaron al nuevo régimen.

    En el interior, los sectores conservadores rechazaron la República a la que consideraban un régimen revolucionario. Los carlistas recrudecieron la guerra en el norte, al tiempo que el grupo alfonsino comenzaba a recibir apoyos de las clases medias y altas. Incluso los progresistas radicales, que tenían la mayoría en el Congreso, pasaron a la oposición.

    En realidad, tampoco sus partidarios tenían una visión común de lo que debía ser la República. Para la burguesía intelectual, la República debería traer democracia, derechos individuales y desarrollo económico. Para los campesinos y trabajadores urbanos, el nuevo régimen debía aportar reformas sociales, es decir, una auténtica revolución.

    El movimiento republicano estaba dividido entre federalistas, partidarios del Estado Federal, y los unionistas, que defendían un Estado de tipo centralista.

    En los primeros días se produjeron levantamientos campesinos en Andalucía, reprimidos por el Gobierno, que enturbiaron la imagen del nuevo régimen. También surgieron los primeros intentos federalistas.

    Las elecciones de mayo dieron una aplastante mayoría republicana, pero la altísima abstención reflejaba el escaso apoyo real que tenía la República. La inesperada dimisión de Figueras convirtió en presidente a Pi y Maragall.

    6. Constitución de 1873.

    • Se considera a España una República Federal.

    • Los territorios de ultramar se clasifican en dos:

      • Los considerados como Estados.

      • Los que no se los considera Estado, pero tienen la posibilidad de acceder a ello.

    • En la organización política de la República, “todo lo individual pertenece al individuo”, es decir, el individuo goza de libertado siempre que no afecte a otro: derechos individuales. También dice “todo lo municipal pertenece al municipio”, es decir, plena libertad siempre que no afecte a otro municipio. “Todo lo regional pertenece al Estado”, es decir, lo de cada región es del Estado regional (comunidades autónomas). “Todo lo nacional pertenece a la federación”, es decir, el Estado Federal es el Gobierno Central, quien controla los Estados regionales.

    • Las leyes se hacen en las Cortes de la Federación.

    • La soberanía reside en los ciudadanos: soberanía popular. Sufragio universal, pero dentro de unas pautas, puesto que la mujer no cuenta como ciudadano, por lo cual, sufragio universal masculino.

    • Los estados tienen toda la autonomía siempre que sea compatible con la nación.

    7. La insurrección cantonal y el fin de la República.

    La constitución no llegó a entrar en vigor. En los primeros días de julio se desencadenó la revolución cantonal y el país entró en un proceso revolucionario que acabó por el hundimiento definitivo de la República. El 7 de julio estalló en Alcoy una huelga general, sofocada por el ejército, pero días después se sublevaban grupos federalistas en Cartagena, proclamando el cantón y haciéndose con el control de la flota y el arsenal. Rápidamente se extendieron por numerosas ciudades del Levante y Andalucía, y también Castilla.

    Mientras, los carlistas avanzaron hasta alcanzar posiciones en las provincias de Albacete y Cuenca, mientras mantenían bajo su control buena parte del País Vasco, Navarra, interior de Cataluña y Aragón. En esa situación Pi y Maragall presentó su dimisión el 18 de julio.

    El nuevo presidente, Nicolás Salmerón, inició un giro a la derecha, el cual llegó a cambiar la forma de la república de federalista a unitaria. Dio plenos poderes al ejército, que fue sofocando uno a uno los focos de sublevación. Salmerón restableció la pena capital, pero a comienzos de septiembre dimitió antes de tener que firmar dos sentencias de muerte.

    Le sustituyó Emilio Castelar, que acentuó en giro autoritario. En pocos días obtuvo de las Cortes poderes extraordinarios, tras lo cual suspendió sus sesiones hasta enero y restableció las quintas. Suspendió varios derechos constitucionales y ordenó un aislamiento masivo. Obtuvo nuevos créditos, y con ello consiguió sofocar definitivamente la revolución.

    Sólo Cartagena resistió amparada en su arsenal y en el abastecimiento por el mar. El 2 de enero Castelar se presentó para rendir cuentas ante las Cortes, donde fue respondido con críticas y derrotado en moción de confianza. La caída de Castelar precipitó el Golpe de Estado. Mientras se estaba votando un nuevo gobierno, unidades del ejército ocuparon los puntos clave de la capital. Poco después, el general Pavía hizo entrar tropas en el Congreso y anunció que se iba a constituir un gobierno militar de emergencia, presidido por el general Serrano. Era el fin de la primera república.

    8. El movimiento obrero en el Sexenio: la Internacional.

    En octubre de 1868 llegó a España Giuseppe Fanelli, un miembro de la Asociación Internacional de Trabajadores (AIT), enviado por Mijail Bakunin. Fanelli estableció dos secciones, en Madrid y en Barcelona, esta última más sólida. Las huelgas y protestas se extendían por todo el país, con especial virulencia entre los jornaleros andaluces, y muchos obreros participaron activamente en la insurrección federalista de septiembre de 1869.

    En junio de 1870 se celebró en Barcelona el I Congreso de la sección española de la Internacional. La mayoría catalana impulsó la orientación anarquista, de no colaboración ni alianza con los partidos burgueses.

    En la primavera de 1871 sobrevino la insurrección de la Comuna de París. En España se tradujo en una serie de medidas represivas contra la AIT.

    El gobierno de Sagasti trató de ilegalizar la AIT, pero en Tribunal Supremo lo impidió. Eso no impidió que el Congreso de Zaragoza, celebrado en abril de1872, fuera disuelto por el Gobierno durante su desarrollo.

    Por otra parte, en diciembre de 1871, había llegado a la capital Paul Lafargue, partidario de la corriente marxista. Un mes más tarde fundaron la Nueva Federación Madrileña, que pronto se convirtió en la sección española del ala marxista de la AIT. Meses después, la escisión en la Internacional se consumaba en el Congreso de la Haya.

    Al comenzar 1873 la Internacional española contaba con más de 25.000 afiliados, un tercio de ellos eran catalanes. Entre los dirigentes había una mezcla de obreros e intelectuales de clase media, estos últimos los de ideología más radical y próxima al anarquismo.

    La proclamación de la República provocó una oleada de manifestaciones y huelgas que forzaron a los patronos a hacer concesiones importantes en la jornada y salarios.

    Pero fue la participación obrera en la huelga de Alcoy y en el movimiento cantonal, pese a la desaprobación de sus dirigentes. Lo que fue utilizado por los sectores conservadores para acabar con la AIT. El 10 de enero de 1874, tras el Golpe de Estado, el gobierno de Serrano decretó la disolución de la Internacional. Para entonces la mayoría de los dirigentes había pasado a la clandestinidad.

    El Sexenio significó una etapa de clara toma de conciencia política y organizativa para el movimiento obrero español, así como el momento de asimilación de las principales corrientes ideológicas que existían en el mundo obrero europeo. Trajo consigo la introducción del anarquismo y en marxismo, y su implantación en España.

    Apareció en 1854 y se mantuvo en el gobierno (alternándose con los moderados) hasta 1868. Este partido, de ideas más bien moderadas, tiene tintes progresistas. Se forma por gente moderada que quiere acabar con la corrupción y restablecer un régimen constitucional y democrático, aunque, al final, acaba siendo corrupto este partido y desobedece a sus ideales.

    Remarcar que se forma de los más progresistas de los conservadores y los más conservadores de los progresistas.

    Firmado en la ciudad que da nombre al pacto. En 1866 los progresistas, demócratas y republicanos acordaron bajo unos objetivos: destronar la dinastía borbónica y convocar Cortes Constituyentes por sufragio universal. Posteriormente, a este pacto, se unió la Unión Liberal tras la muerte de O'Donnell, en 1867, sectores de la oligarquía financiera, de la oligarquía industrial y sectores del ejército. En septiembre de 1868 el almirante Topete, que estaba en con su escuadrón en Cádiz, se pronuncia en contra de la monarquía borbónica.

    Conflicto entre los levantados y los isabelinos el 28 de septiembre. La victoria del ejército de Topete, Serrano, Prim, etc., provocó que el Gobierno cambiara a las manos de los vencedores, y el 2 de octubre la reina fuese exiliada a Francia.

    Grito de Yara. Fue el manifiesto con el que comenzó el conflicto cubano. Escrito en octubre de 1868, tras la marcha de Isabel II. Los criollos se levantaron contra la metrópoli. Prim se encargó de llevar las negociaciones con estos, a los que hizo concesiones, pero tras su asesinato cambió de sentido.

    Se dieron estas revoluciones con el fin de hacer la república “desde abajo”, es decir, hecha por las clases populares.

    Ciudades que, con su área de influencia en otros pueblos de los alrededores, controlaban hegemónicamente