Escritores latinos

Literatura clásica latina. Edad de oro. Suetonio. Terencio. Cicerón. Plauto. Obras

  • Enviado por: Tatxu
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LICENCIATURA DE HUMANIDADES.

INTRODUCCIÓN A LA LENGUA Y la LITERATURA LATINA.

TRABAJO DE COMENTARIO A LAS LECTURAS DE AUTORES LATINOS.

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Índice.

Págs.

* Suetonio,

vidas de los doce césares .......................................................................................... 3

* terencio.

“Adelphoe” ........................................................................................................................................... 5

* cicerón.

“catilinarias” .................................................................................................................................... 7

* plauto.

“miles gloriosus” ....................................................................................................................... 8

* “antología de la poesía latina” ............................................................................................. 9

SUETONIO.

“VIDAS DE LOS DOCE CÉSARES”.

(“El Divino Claudio”)

La impresión de la lectura de este libro ha sido, en general, agradable, además de profundamente interesante. Suetonio, bajo mi punto de vista, ofrece una visión realmente valiosa de la Historia con su particular manera de escribir la vida de Claudio. Me refiero al hecho de que los acontecimientos relevantes (desde la perspectiva histórica a la que estamos acostumbrados), tales como su subida al poder, pasen a un segundo plano en favor de la narración de los detalles y anécdotas que conformaban el día a día de este emblemático emperador.

Este aspecto de la obra de Suetonio quizá sea lo que más valoro de ella. En mi opinión, para llegar a conocer la vida de alguien (personaje histórico o no) no basta con estudiar los hechos claves que la caracterizan ni su contexto histórico. En conocer cómo discurría su vida cotidiana y su contexto más cercano se encuentran las raíces que nos ayudan a entender mejor el por qué de esos grandes acontecimientos que luego recoge la Historia.

Reconozco que me ha costado seguir el hilo de la lectura por la continua referencia a familiares y demás personajes del entorno de Claudio, aunque con esto no pretendo hacer una crítica de la obra, ya que no es defecto que achaque al autor sino a mi falta de mayores conocimientos, y con referirme a él sólo intento ser objetiva en el comentario personal de esta lectura.

Centrándome en lo que propiamente relata la obra acerca de la vida de Claudio, lo que más me ha impresionado ha sido el hecho de que aún hoy esté en el aire la pregunta de si Claudio realmente era tonto o si por el contrario se lo hacía. Si he de pronunciarme por una opinión u otra, me inclino hacia los que piensan que, más que tonto, este Cesar era muy inteligente. No niego que pudiera tener algún defecto físico, pero creo que fue lo suficientemente listo como para aprovecharlo en su favor.

Germánico (quizá) y su padre Druso, Británico, Calígula (Claudio Nerón), Nerón, y un espeluznante etcétera, fueron asesinados a manos de la propia familia, del ejército y de la Guardia Pretoriana por el trono, y seguramente Claudio se salvó de correr la misma suerte gracias a sus babas y su tartamudeo. Y seguramente fue gracias también a esos defectos que subió al poder. Si todo fue un truco de Claudio, desde luego podría considerarse uno de los más inteligentes césares que tuvo Roma (aunque al final fuera también asesinado).

Claudio creció en un ambiente hostil y desagradable, sobresaliendo sobre todo el tremendo rechazo por parte de su abuela. Me parece curioso que, habiendo sido despreciado y discriminado desde siempre, Claudio no se vengara de tanta humillación una vez que alcanzó el trono. Porque aunque el libro refleja que en su nombre se cometieron muchas crueldades, no fueron más de las que pudo cometer Nerón y, desde luego, Calígula. Pero aunque se le reprochara de cobardía, imbecilidad y degradación por su vida privada “repugnante”, llevó a cabo numerosísimas reformas y conquistas en beneficio de Roma (por lo tanto, es evidente que retrasado mental no era), por lo que fue tan querido por el pueblo, tal y como refleja la obra de Suetonio: “Por todo ello cosechó en poco tiempo tanta estima y favor que, cuando corrió el rumor, después de su partida para Ostia, de que había muerto en una emboscada, el pueblo, presa de una gran excitación, colmó de maldiciones a los soldados y a los senadores, tachando a los primeros de traidores y los segundos de parricidas”.

La conclusión que saco acerca de Claudio y de su vida, es que fue un buen emperador de Roma y se comportó como tal, pero que en el fondo él se desentendía de todo lo que le rodeaba, refugiándose de ese ambiente tan envenenado (nunca mejor dicho) en las letras, que era lo que más le interesaba en este mundo. Este fragmento de una carta que le escribió Augusto a su mujer Livia: “El pobrecillo no tiene suerte, pues en los asuntos serios, cuando su mente no se extravía, se deja ver claramente la nobleza de su espíritu”, encuentro que refleja la mentalidad imperial de Roma en esa época, dando a entender que un alma noble no es propia de un emperador, y que Claudio adolecía del requerido “retorcimiento de espíritu” necesario para ser un buen gobernante.

Por último, respecto a la calidad literaria de esta obra, considero que Suetonio fue un gran biógrafo, pero su narración no refleja ningún arte literario: se limita a constatar lo que sucedió, sin el empleo hábil de los recursos estilísticos.

Terencio.

“ADELPHOE.”

La obra de Terencio me ha parecido de una gran profundidad en comparación con lo que hasta ahora he leído de comedias de la literatura latina.

La trama de “Adelphoe” es de gran interés tanto por su argumento didáctico como por el reflejo que supone de las mentalidades de la época en Roma (que por otro lado se podrían transladar a ésta). Sin embargo, respecto a ese carácter analítico sobre la educación, no me queda claro cuál es la conclusión o la “moraleja” de la obra. Es decir, no sé si Terencio al fin aboga por una educación rígida y estricta o por una educación más liberal y flexible. Aunque creo que más que nada Terencio quiere hacer una crítica al primer sistema educativo, he llegado a dudar varias veces respecto a la postura del autor a lo largo de la lectura de esta comedia.

Al final extraigo la conclusión de que el hecho de que a Esquino (y a Mición claro) se le llene la vida de problemas y dificultades por tratar de encubrir a su hermano Ctecifonte, viene a decirnos que la bondad tiene un precio muy caro en una sociedad como la romana (consideración que se puede extender a prácticamente todas las sociedades), y que la nobleza no da para nada la felicidad sino que más bien se vuelve contra ti. Bajo este enfoque, creo que la crítica de Terencio va dirigida al hombre mismo, al poder de la mediocridad.

Por otro lado, en mi opinión “Adelphoe” se inclina más por una mayor libertad en la educación (aunque repito que en el fondo tengo la duda), porque es de este modo que se produce una verdadera comunicación entre padre e hijo (educador y educado). La rigidez supone una opresión que empuja al hijo a no mostrarse tal y como es ante su padre, una represión que desemboca a un desfogue orientado hacia la maldad, en definitiva, un cultivo de la apariencia cimentado en un tremendo cinismo. Y aunque finalmente Demea renuncia a su idea de una educación estricta, el resultado de la comparación de las dos educaciones es que el “malo” al final va a triunfar a costa del “bueno”.

En resumen, me ha gustado bastante esta obra, aunque me resulta bastante chocante que se la catalogue de comedia. Terencio es un gran escritor tanto por el tema de su obra como por la forma y el vocabulario con que se expresa, pero ahora entiendo realmente que no se ganara el aplauso de un público que asistía al teatro a buscar la risa fácil que le hiciera olvidarse de sus preocupaciones. Quizá este autor hubiera cosechado muchos más éxitos y fama si hubiera nacido en otra época en la que se tuviera una concepción distinta del teatro.

CICERÓN.

“CATILINARIAS”.

(“primera catilinaria”).

“Nada haces, nada tramas, nada piensas que yo no oiga, que yo no vea y advierta íntegramente”. La obra de Cicerón se podría describir, desde mi punto de vista, como un discurso de una impresionante contundencia, un arma arrojadiza que colocará a Catilina entre la palabra y la pared. Este prestigioso abogado, si ha de destacarse por algo entre los literatos de su época, considero que no debería ser tanto por el valor de lo que escribió, sino por su gran oratoria.

Al margen de que la lectura sea más o menos amena, que en mi caso me ha resultado bastante pesada, me ha llamado mucho la atención la manera en que, argumento tras argumento, Cicerón ha conseguido que la figura de Catilina se me fuera representando cada vez más pequeña y más insignificante. Tiene un altísimo poder de convicción gracias a, creo yo, su gran dominio de la psicología del lenguaje. Va despojándole desde el principio de su discurso de todo aspecto amenazador cuidándose de que todos sus argumentos sean irrevocables; va dejándole indefenso para asestarle la estocada final afirmando que en el fondo inspira un sentimiento de lástima: “Pero ahora, ¿qué clase de vida es esa tuya?, pues voy a hablar ya contigo de manera que me creas movido no por el odio que mereces, sino por la piedad, que a ti ninguna se te debe”. Por otro lado, sin otorgar prestigio alguno al conjurador, si admite su influencia. Cicerón afirma que, sin valer nada la vida de Catilina (a la que en cualquier momento puede poner fin), si lo matara o desterrara sus seguidores traerían problemas a la República. Este punto débil el orador lo solapa con una enérgica invitación a que se marche fuera de los muros de Roma, que si bien él mismo afirma que no es una amenaza sino un consejo, la sensación que deja en quien lo escucha es de que es el consejo más amenazador que podría darse.

En definitiva, considero que Cicerón fue un gran político gracias a su implacable uso de la palabra. Es por eso que lo espeso que me ha resultado leerlo lo compare con lo espeso que me resulta escuchar a cualquier político, pero para nada niego su gran valor literario. Todo lo contrario, en esta “Catilinaria” creo que Cicerón ha sabido aprovechar hasta la última hebra para coser un desprestigio envolvente en torno a Catilina y para ganarse además a la opinión de quien le escucha.

PLAUTO.

“MILES GLORIOSUS”.

La lectura de esta comedia me ha resultado un poco, por decirlo de alguna manera, insípida. Quizá antes de evaluarla debería tener en cuenta que la he leído presionada por la falta de tiempo y bajo algún prejuicio contra este autor, por lo que soy consciente de que mi opinión no parte de cero en la consideración de la obra de este autor. Pero aun así, esa es la impresión que sinceramente me ha causado.

Creo que la trama de “Miles Gloriosus” es muy corriente, pero quizá ese sea el mérito de este autor, que su estilo de enredo cómico tuvo tanto éxito y ha tenido tanta repercusión, que ha sido emulado por una ingente cantidad de comediógrafos (aún hoy en nuestros días), razón por la que a mí este estilo ya me parece muy común y muy explotado.

Ahora bien, la historia que Plauto nos relata, fuera ya de impresiones personales, es una crítica burlesca hacia el tipo fanfarrón, con una moraleja muy clara que viene a decir algo así como “aquí los faroles se apagan”, y de hecho, se pagan.

Y así como la moraleja es muy clara, clara y sencilla es toda la obra, pues “Miles Gloriosus” es un buen ejemplo de la sencillez con que Plauto escribe sus comedias. Un estilo, una trama y un vocabulario que responde perfectamente a su intención de que su obra pueda llegar a todo el mundo: una obra teatral para el pueblo en general, al alcance de cualquier persona, sea cual sea su nivel cultural e intelectual. Busca el aplauso y la risa, es distendida y, a la vez que relaja, absorbe tanto la atención del espectador que no quiera perderse el hilo de la trama como para que éste no piense en nada más, (ésta es la sensación que supongo que produciría, pues repito que a mí esta lectura apenas me ha tenido en tensión algunos momentos). Es por esto que Plauto, al contrario que Terencio, alcanzó un gran éxito con sus comedias. Una opinión muy personal respecto a este éxito, es que fue ganado gracias a una gran imaginación y habilidad, pero también que Plauto escogió la vía más fácil para hacerse con el público. No voy a cuestionar su valor literario (hacer reír al fin y al cabo es todo un arte), pero creo que la fama no siempre corresponde con el mérito, pues autores de mayor calidad no tuvieron el reconocimiento que tuvo Plauto.

“ANTOLOGÍA DE LA POESÍA LATINA”

Antes de desarrollar cualquier opinión acerca de la poesía latina, hay que hacer referencia obligada a la pérdida literaria que supone toda traducción para una obra, que resulta machismo mayor cuando se trata de poesía. Trato de tener muy en cuenta este aspecto, porque gracias a él (y al estudio en mayor profundidad del que tenía hasta ahora) he conseguido superar muchos prejuicios que tenía en torno a la poesía latina. Por otro lado, también trato de tener en cuenta que leer un libro de poesía casi de corrido es la mejor manera para no poder apreciar del todo su lectura ni su contenido, pero así ha tenido que ser, y no por ello he dejado de formarme una opinión acerca de los autores que recoge esta obra.

Así pues, la lectura de este libro me ha abierto un poco más mi horizonte respecto a la poesía de la antigua Roma, aunque he de decir que no por ello ha conseguido convencerme del todo. Hay autores como Livio Andronico de los que no voy a hacer ningún comentario, porque en esta antología apenas aparecen unos cuantos versos de ellos, (versos que no me han dicho nada), o porque directamente han sido sus poesías las que no me han dicho nada, como Lucano o Calpurnio Siculo.

Los autores que más me han gustado han sido Terencio y Lucrecio por dos poesías en concreto que me han llegado por encima de todas las demás. De Terencio ha sido el poema de “La Belleza”, quizá por la sencillez y la ternura con la que describe a la muchacha. Pero mi mayor admiración, la poesía que más me ha gustado de todo el libro, ha sido “La Herida Oculta” de Lucrecio. Me resulta impresionante tanto el tema como la forma de expresarlo, una profundidad y un sentimiento que desborda en cada verso. Quizá resalte más entre la superficialidad que he encontrado en la mayoría de los demás poemas de amor. Si se me permite la comparación, “La Herida Oculta” de Lucrecio está muy cercano al estilo de poetas de sentimiento tales como Benedetti o Eduardo Galeano. Repito que, como estoy juzgando unas poesías en base a sus traducciones, no puedo opinar de la forma de las mismas, sino de su contenido, y como contenido, ha sido ésta por excelencia la poesía por la que más me ha merecido la pena leerme esta antología. Y tras Lucrecio, en mi opinión es Propercio uno de los que más le sigue de cerca en sensibilidad, por sus poemas “A Cintia ausente” y, sobre todo “A Cintia muerta”.

Virgilio quizá me haya llegado menos, aunque reconozco que lo he leído con más agrado que otras veces. Esto es tal vez porque entre los versos de sus poesías he ido encontrando alguno de vez en cuando que me han parecido realmente bonitos, tales como “en torno del corazón se me hiela la sangre” del poema “Misterios de la naturaleza”. Así como bonito me ha parecido el mensaje del “Carpe Diem” de Horacio.

Otro autor que me ha llamado la atención ha sido Marcial. Me ha sorprendido su sencillez que casi roza la simpleza, pero que en el fondo alude a unas grandes verdades cotidianas. Hablo de poemas como el de “A ver si distingues”, o como en los que el alcohol ocupa el tema central. Me ha resultado simpático ese carácter dionisíaco que he encontrado en este autor, y considero que también tiene su arte expresarse de un modo tan directo.

De Fedro lo que más, o lo único más bien, que me ha llamado la atención ha sido el poema de “El perro que llevaba carne en el agua”. Conocía ya de antes esta fábula del perro codicioso por haberla leído de pequeña en un libro de cuentos infantiles, y hasta ahora no he sabido que era de un autor latino de la importancia de Fedro, lo que ha hecho darme cuenta una vez más de la tremenda influencia que la literatura de la antigua Roma.

Respecto a Plauto, lo único que tengo que decir es que con su epitafio me termina de convencer de que ese éxito fácil que tuvo entre el pueblo le convirtió en un engreído y en un prepotente.

Ovídeo me merece un profundo respeto y admiración, pero esta antología no me a aportado ninguna impresión nueva respecto a él, sino que más bien me ha recordado con su poema de “Narciso” que sus “Metamorfosis” ha sido uno de los libros que he leído con más gusto y que más me ha enseñado.

Por último, me gustaría hacer referencia al último verso de la poesía de “A Gala” de Ausonio, ya que me ha llamado la atención por describir con tanto acierto un sentimiento tan humano como prácticamente desapercibido, que nunca se había visto expresado en palabras:

“dame: que, si no disfruto lo que quiero, disfrutaré lo que quise”.

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