Erec y Enid; Chretién de Troyes

Literatura francesa del siglo XII. Literatura cortesana. Novela histórica. Narrativa histórica. Sociedad medieval

  • Enviado por: Charly74
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Historia de la Edad Media

“ La Literatura cortesana en el Siglo XII Europeo”

La novela cortesana: “Erec y Enide”, de Chretién de Troyes.

Introducción.

Nos situamos en Europa occidental…el mundo carolingio…el siglo XII. A lo largo de tres siglos, se producen varias transformaciones que dan cuenta de las características estructurales de esta nueva etapa de feudalización: la Alta Edad Media.

Este proceso coyuntural ve nacer a una nueva forma de expresión cultural elitista: la novela cortesana. Si bien hay mucha bibliografía y registro documental de ella, centraremos el presente trabajo en una obra en particular: de Chretién de Troyes “Erec y Enid”.

Esta obra relata, a partir de la trama central, de que forma se va perfilando en esta etapa la consolidación de la aristocracia caballeresca. El personaje central es Erec, un joven caballero, hijo de Rey, perteneciente a la corte del Rey Artús que representa a esta nueva clase de caballeros que buscan consolidar, a través de los valores legitimados en esta sociedad, una cristalización de su situación vasálica. Así, Erec utilizará la aventura como medio para reforzar su posición social de noble y su condición de caballero- señor.

En la obra del Román de Erec, el autor pone de manifiesto el cambio que se produce en las relaciones de las casas nobilísticas, las cuales evidencian una estructura cerrada. Dicha estructura va siendo necesaria como respuesta al incremento de riquezas producto de las transformaciones que se vienen generando desde el siglo IX.

La obra comienza con la apertura de la costumbre de la “Caza del ciervo blanco” que, según el autor, es el medio para socializar los principios y códigos de la alta nobleza. Para este sector social, es fundamental que exista le genealogía y la pertenencia a esta, ya que es una forma de demostrar la vinculación por relación de parentesco y la transmisión de los bienes por herencia. Esto significa, a comparación de la etapa anterior, que existe una modalidad que apunta a mantener una sectorización de sangre de la nobleza y, de esa forma, evitar que aquellos que en esta etapa comienzan a incrementar sus bienes, intenten infiltrarse en la misma.

La costumbre esta ligada a la tradición y a las relaciones vasalláticas. En este proceso, va reforzándose la figura del monarca alrededor de su corte, herencia del poderío imperial, y comienzan a ser más sólidos los vínculos de dependencia personal. El Rey es el que estipula de que forma se mantienen dichos vínculos dentro de la sociedad feudal y, por reconocimiento valorativo, se legitimiza los ideales elitistas. Así, la costumbre implica aceptación, reconocimiento, y publicación. Asimismo, las casas nobilísticas necesitan de miembros que pertenezcan a su estirpe. La obra de Chretién lo manifiesta al enumerar, por nombre, a quienes forman parte de la corte.

La costumbre es el elemento que estructura la organización de la nobleza condal. Impone el sello en cuanto a tradiciones que se “deben mantener”, los malos usos que son eliminados por el héroe y las costumbres que son abolidas para siempre. Establece la ley y su uso y la relación entre el rey y sus vasallos, asegurando los derechos individuales frente a la sociedad y frente al mismo. Es la aventura, en la obra, el hilo de acción que irá definiendo los elementos esenciales de la costumbre. Por tanto, costumbre y aventura están estrechamente ligadas.

La aventura es llevada a cabo por el héroe. ¿Cómo aparecen estos caballeros?¿Por que?. A medida que crece el concepto de riqueza en el seno de la nobleza, y ante la competitividad que se tiene por parte de aquellos grupos sociales que poco a poco van viendo crecer sus bienes, era necesario delimitar la transmisión de bienes entre miembros de una estructura familiar. Así, y para dar morfología compacta a las casas, surge la tradición del primogénito. Esta forma de asegurar la continuidad de los medios, repercute en los segundones. Así, comienza a verse gran cantidad de juvens, caballeros que se largan a la aventura para conseguir pertenecer a una casa nobilística, ingresar en una estructura familiar por la unión matrimonial. Sin embargo, no siempre esto era factible. Lo más probable, es que estos jóvenes anduviesen “deambulando” y terminasen en algún tipo de “cacería de fortunas”, dando así la posibilidad de demostrar los valores nobilísticos: la valentía, el honor, la cortesía.

“La novela cortés es antihistórica en su idealismo, porque la evolución histórica va en contra de esa rígida división en clases que a su público le gustaría eternizar. Su idealismo significa el rechazo de una amenazante situación histórica: tensiones en el interior de la clase nobiliaria, entre los intereses opuestos de los grandes señores y los pequeños y empobrecidos, autoritarismo real y desarrollo económico de las ciudades, con sus “comunas” y sus burgueses”

Otro elemento que se muestra en la Román del Erec, es la relación entre los vasallos. Aquí, los vínculos de dependencia personal se dan entre los miembros de la corte, los vasallos y vasallos de vasallos, y con los clérigos. Las modalidades: los dones, la humillación y el sometimiento, las ofrendas.

A través de la ostentación de la riqueza se consolida la socialización del poder y la desigualdad que es motor fundamental de la sociedad feudal. Es el mismo ritual vasálico el que permite, por el ofertorio, la donación, establecer los límites de los diferentes estamentos nobilísticos.

La novela sirvió para realzar la voluntad caballeresca ante la guerra, que en la época se necesitaba ante el temor y el desamparo que la misma generaba. Los clérigos que se dedican a escribir novelas cortesanas ven en esta necesidad la posibilidad de transmitir la importancia de la tradición masculina que reside en el honor y el poder de las armas. Es la figura del héroe la que personaliza la tradición.

Otra forma de realzar la valentía era a través de la Aventura. Era una forma de explicar, a través de las letras, la manera de consolidarse como señores a aquellos jóvenes que quedaban fuera de la célula parental y que, por tanto, debían conseguir formar su propia casa. Es la aventura también el modo de obtener valor y reconocimiento caballeresco. El uso de lo ficticio como recurso refuerza estas mentalidades.

El tema crucial del “amor cortés” se plantea con la aparición de la doncella: Enide. A partir de ella, comienza a perfilarse el sentido de este ideal caballeresco de cortesía. Evidentemente, en la obra se realza la figura de la mujer. La mujer, amiga, esposa, amante, es la trama que consume el público de la novela cortesana. Pero, al mismo tiempo, forma parte de los elementos que demuestran la realidad de la época; la sociedad presenta una fuerte impronta femenina debido al ausentismo masculino que provoca la guerra.

¿Cómo es el trato que se da a esta figura femenina? Existe una visión real y una ficticia que genera la literatura. Es necesario comprender que es la intervención eclesiástica la que influye en ello.

Por un lado, la imagen real da cuenta de la concepción que se tenía de la mujer. Se la considera como medio para el desarrollo de la estructura nobilística. Su esencia representa la vía para la continuidad de la herencia. Socialmente, la mujer es considerada un ser débil, pasible de dominación y manejo, de manera tal que es necesario definir los mecanismos que permitan encauzar su poder: dar hijos para mantener, por herencia, la continuidad de la costumbre. Esto genera que se vayan perfilando un conflicto entre los dos poderes que pugnan por definir los modelos sociales vinculados con el matrimonio. Por un lado, un poder laico “sostenido por las leyes, el poder de aquellos cuya misión consiste en promulgar estas leyes y en hacerlas respetar mediante los modos de comportamiento tradicionales”. Por otra parte “un poder sagrado, cuya autoridad promueve y apoya la infatigable acción de los eclesiásticos para incluir el matrimonio en el conjunto de una empresa de dominación de las costumbres, y para situarlos en un lugar apropiado, dentro de este conjunto”.

El matrimonio surge como la modalidad de dar estructura a la élite caballeresca. Esto no significa que antes no existía. En la etapa anterior, el pertenecer a la clase nobilística se daba por el patrimonio territorial, el que se obtenía por la donación feudovasallática del beneficio. En esta etapa, este estamento nobilístico buscará la permanencia perpetua dentro de este modo de producción consolidando, por el matrimonio, conformarse como sistema cerrado. El modelo laico, tiene por objeto mantener de generación en generación el “estado” de una casa. Por tanto, es necesario asegurar los bienes y su transmisión en forma patrilineal, de manera tal de poder negociar, los varones, de la mejor forma, las jóvenes mujeres para obtener, así, mayores posibilidades; y ayudar a los jóvenes a conseguir mujer, para comenzar a formar parte de otra casa e incorpora a la suya a su mujer.

Existe un fuerte sentimiento antifeminista por parte del sector eclesiástico que considera a la misma un ser pecaminoso, débil y vulnerable, que debe ser dominado y controlado por el hombre. Esta corriente de pensamiento será otro factor que condicione el desarrollo de las relaciones matrimoniales nobilísticas y dará su aporte a la solidificación de las estructuras estamentarias.

Por otra parte, a esta realidad se suma la idealidad. La literatura será el medio que se encargue de transmitir un ideal de la sociedad estructurada en lo femenino. Si bien existe la puja entre los modelos anteriores, la figura de la mujer esta presente en todos los rincones de la sociedad de la Alta Edad Media. La dama noble, cortesana, en muchas crónicas aparece con una imagen predominante producto de este proceso de fortalecimiento del espíritu caballeresco que se da a través de la guerra.

En la obra de Chretién, aparece frecuentemente este ideal caballeresco. La cortesía, la belleza, la discreción, son algunos de los valores que siguen a la figura femenina. Estos valores, unidos a los que representan a los caballeros, son los que entronizan la esencia de la estructura nobilística.

En el caso particular del román del Erec, parece que el antifeminismo propio del sector clerical se desvanece. Evidentemente, la relación entre los protagonistas da cuenta que existe una diferencia entre la relación antes del matrimonio y después del mismo.

A medida que crece el sentimiento entre ambos, la trama de la novela va incrementando ese amor que se da con la “amica”, de manera tal que se busca mostrar la importancia que existe en el surgimiento de esa apertura de corazón al otro, que los eclesiásticos denominan la “cáritas”. Así, se va perfilando la característica propia del amor cortés. En éste, la mujer es el objeto del cortejo, y es la que regula el ímpetu del joven caballero. Así, la dama se convierte en centro y objeto del desafío que plantea la aventura.

Una vez que se consolida el matrimonio, el caballero deja de lado, en la novela cortesana, su interés por la batalla, por demostrar su fortaleza, obnubilado por el sentimiento que tiene hacia su mujer. Esto es motivo de cuestionamiento por parte de los encargados de la escritura cortesana, quienes ponen al personaje en una postura débil. Así, la mujer es la que incita a la vuelta a la aventura y, a partir de aquí, se ve claramente, el trato hacia la fémina que se plantea en párrafos anteriores. El estado primigenio de la relación no se pierde, por lo que se deja entrever que no se subestima a la mujer, sino que se la realza a través de la conjunción del amor.

DEL AMOR, LA PASIÓN, LA ENSEÑANZA

El sentimiento del amor es, evidentemente, un tema que se vincula con el espíritu. Como tal, no queda circunscrito a la ley profana, sino a la eclesiástica. El siglo XII, impregnado de cristianismo, es el que da forma al amor cortés. Así, la Iglesia toma un protagonismo creciente que ira perfilando un modelo que, poco a poco, crecerá en reconocimiento en la sociedad de la Alta Edad Media.

El presente trabajo nos permite establecer algunas conexiones con nuestro tiempo para poder plantear de que forma este modelo llega a nuestros días. Para ello, luego de planteada la hipótesis, será fundamental analizar como se estructuran los mecanismos ideológicos sociales y religiosos vinculados con el amor cortés y el amor conyugal.

Teniendo en cuenta la posición de la Iglesia Católica en la sociedad medieval y la influencia de ésta en la misma, nos planteamos como hipótesis: La posición de la Iglesia, en la sociedad, como educadora esta en relación con la búsqueda de consolidar su legitimidad y con dar forma a sólidas y cerradas estructuras ideológico - sociales que permitan establecer códigos de pertenencia a una sector determinado.

Hacia el año 2005, el Papa Benedicto XVI, con motivo de celebrar la Natividad de Jesucristo, en Roma, crea la encíclica “Deus Cáritat, est” en la que aborda la temática del amor en los tiempos que corren. En este documento eclesiástico, el Santo Padre hace referencia a la diferencia conceptual entre el amor pasional (eros) y el amor maduro, que significa entrega (agapé), y de que forma debe establecerse el equilibrio entre la relación entre el hombre y la mujer.

El eros es el nombre que se daba en la antigüedad a la relación entre el hombre y la mujer. Este amor, que se vinculaba con la relación carnal a través de la divinidad, se manifestaba en el templo por la prostitución “sagrada”. Así, el cuestionamiento radica en si esta adoración no perjudica la esencia de libertad que tiene el hombre como don otorgado por Dios.

Es la aparición del cristianismo el elemento que viene a dar luz en este tema. Hablar del amor en la amistad, que se pone de manifiesto en varios pasajes del Evangelio, es lo relevante de su influencia en la cuestión. Según la Encíclica, el dogma cristiano no viene a “destruir” el eros, sino que establece las normas morales que buscan equilibrar y “disciplinar” al mismo para conseguir el agapé. El arrebato excesivo del eros es lo que viene a negar el Antiguo Testamento ya que le quita al hombre su dignidad divina, “lo deshumaniza”. “El eros necesita disciplina y purificación para dar al hombre, no el placer de un instante, sino un modo de hacerle pregustar en cierta manera lo mas alto de su existencia, esa felicidad a la que tiende todo nuestro ser”

Para poder llegar a un equilibrio entre los dos aspectos del amor, la Encíclica papal sostiene que es necesario comprender que la infinidad del amor es “una realidad más grande y completamente distinta de nuestra existencia cotidiana”Así, es fundamental purificar el instinto, llegar a una maduración que “incluye también la renuncia”. Esta renuncia significa entrega. Esta entrega es la base del amor en estado de madurez que supone el inclinarse hacia el otro en plenitud, de manera tal de abandonarse a sus necesidades.

El ágape implica la instancia o estadio del amor en el que se ha desarrollado el descubrimiento del otro, “superando el carácter egoísta que predominaba claramente en la fase anterior. Ahora el amor es ocuparse del otro y preocuparse por el otro” De esta forma, la Encíclica define al eros como el amor mundano o “amor posesivo” y al ágape “como denominación del amor fundado en la fe y plasmado por ella”

Las transformaciones que experimenta la Europa medieval del siglo XII van provocando, lentamente, la aparición de nuevos grupos sociales que intentan poseer mayor protagonismo en las estructuras feudales de la época. Así, los principales cambios se producen en el ámbito del modo de producción que genera las posibilidades de desarrollo económico de diversos sectores que logran adaptarse a dichos cambios. Paralelamente, se va produciendo avances en el ámbito cultural. Es la época del crecimiento cultural, producto de la presión que ejerce la clase caballeresca impulsada por el espíritu de cruzada. El crecimiento cultural se da también en la arquitectura, la pintura, la literatura… Este impulso “renovador cultural” va a caracterizar al siglo XII como el siglo de la sociedad joven que busca desarrollar los mecanismos necesarios para consolidar nuevas estructuras. Para esta sociedad, será de fundamental importancia, establecer una impronta nacional, una identidad que permita definir cuales son los límites de los diversos sectores que forman parte de ella.

En este contexto, nace la literatura que, con una fuerte impronta carolingia, irá evolucionando según la tradición hasta convertirse en un medio de propagación del ideal caballeresco. Ahora bien, los precursores de esta literatura eran los clérigos. Es la Iglesia de la Alta Edad Media la que concentra en su seno todos los mecanismos del movimiento cultural. Los cambios que se desarrollan entre los siglos XII y XIII irán relegando al latín, por la generalización de los documentos profanos que van haciéndose mundanos y autónomos, dando lugar a la literatura en lengua vulgar. “Este humanismo literario inventa ahora nuevas pautas de civilización, como son la cortesía, o los tipos ideales de la dama y el caballero, y ese amor fino, el tipo de amor pasión más prestigioso de la literatura occidental”

La literatura cortesana surge con las cortes feudales. En un principio, la corte imperial estaba influenciada culturalmente por los clérigos con un fuerte carácter conservador y, la producción cultural, estaba destinada a un grupo selecto, reducido. La aparición de las cortes feudales irá fomentando la producción en lengua vulgar, que tomará aquellos elementos propios de este sector social. Esto es producto de la separación de los sectores nobilísticos del predominio del poder imperial y de la presión que ejercen los grandes representantes de la Iglesia. Los estilos literarios propios de esta época son: la épica, la lírica y la novela.

La literatura cortesana ira impregnando a la sociedad caballeresca de aquellos elementos culturales que permiten identificar a este sector y que servirá como predominancia para identificar la casta nobilística. En esto, es importante diferenciar aquellos conflictos o diferencias entre los diferentes sectores de la sociedad medieval. Partiendo de la clásica división entre los estamentos: oratores, bellatores y laboratores, queda claro que los mayores roces se daban entre los dos primeros con el tercero. Era fundamental marcar la diferencia.

En la segunda edad feudal, las transformaciones económicas y los nuevos medios para el acceso a la riqueza, van marcando diferencia entre los representantes del tercer estamento: los campesinos y los ciudadanos. Surge todo un conglomerado de nuevos grupos que, con el desarrollo comercial de las ciudades, irán generando cierta competencia con la nobleza de rancio abolengo.

Por otra parte, es importante tener en cuenta la diferenciación que se produce en cuanto al rol social que cumplen los otros estamentos. En el caso de los caballeros, daban los elementos necesarios que vinculan a este sector con los valores identificatorios de la alta nobleza caballeresca. La guerra, el honor, la valentía, son características predominantes en la época. Durante la temprana Edad Media, la clase de los caballeros era relativamente abierta y se accedía a ella según exista la posibilidad de obtener beneficios por parte del Señor Feudal. Evidentemente, los títulos de nobleza fueron primero personales y, paulatinamente, hereditarios. Así, se consolida una clase cerrada a la cual se accede por herencia. Para cristalizar esta delimitación se crean los ideales caballerescos y será la literatura el medio para conseguirlo: la literatura en lengua vulgar, la de los clérigos. Entonces, clérigos y caballeros se unirán para, por un lado, fomentar el idealismo caballeresco y, por otro, generar un público que consuma los mismos. Para el caso de los clérigos, éstos, estaban encargados del oficio religioso “pero también de la herencia cultural de los antiguos, expresada en lengua latina y ligada a la tradición” Los sacerdotes, celosos de la tradición, buscaban concentrar el derecho de conservar el conocimiento, manteniendo y controlando la bibliografía que se consumía y la interpretación que se daba de la misma. Así, el clérigo refuerza su imagen intelectual y se convierte en hombre de letras. Por tanto, con la aparición de la literatura en lengua vulgar, los sacerdotes encuentran el medio para vincularse con el sector caballeresco elaborando obras que realcen los ideales de este sector. De esta forma, surgirá un nuevo sector de clérigos relacionados con las cortes feudales que se inclinarán por escribir, no tanto sobre la vida de los santos, sino sobre las hazañas de mártires de la Iglesia y de guerreros que, por su valor, defienden los principios de la fe.

Ambos modelos en pugna buscaron la manera de establecer los códigos dentro del sistema cultural vigente. La continuidad de los modelos permitirá impregnar en la sociedad de la Alta Edad Media aquellos ideales que identifican a la corte feudal. La manera de que esta continuidad sea exitosa será por la formación de “casas” dinásticas las que, por características hereditarias, irán estableciendo el status social por las normas que lo estipulan. El nacimiento de estas nuevas estructuras sociales se basan en relaciones de parentesco, patrilineales, de manera tal que la herencia sea el motor que fundamente su existencia. El medio de consolidar esa unión de dos “sangres” será el matrimonio.

¿De qué forma el matrimonio se transforma en institución social? Por un lado por una cuestión jurídica y, por el otro, por una cuestión religiosa.

Debido a las transformaciones culturales y sociales anteriormente citadas, el matrimonio debía salir de lo privado, de lo secreto, para convertirse en un ritual público, socializado que legitimice la normativa impuesta que surge como respuesta a las prohibiciones y reticencias propias del hecho del unión sexual del hombre y la mujer. Sin tener en cuenta la cuestión sentimental, el tabú con respecto a la unión sexual debía ser regulado ya que la impronta ideológica de la Iglesia ejercía fuerte presión por estar, este, cubierto con un manto de misterio y de oscuridad por la sexualidad y la procreación. Sin embargo, esta regulación tiene un carácter educativo. La idea religiosa predominante apunta a repudiar el matrimonio debido a los preconceptos que los clérigos tenían sobre la mujer y sobre el mismo acto carnal de unión entre el hombre y la mujer. El pensamiento antifeminista que domina a los religiosos representantes de la Iglesia ve su contrapartida, durante el siglo XII, en ése grupo de eclesiásticos que se une al sector noble caballeresco, los que, muy por el contrario, intentarán, por la literatura, dar cuenta de la característica amanerada de la sociedad de la época. Buscan hacerse eco de la necesidad de la alta nobleza: publicar y transmitir a la sociedad quienes son los que pertenecen a este sector, como viven y como sienten. Asimismo, la pugna entre el poder terrenal, profano y el religioso da como resultado que éste último se imponga al primero. “A lo largo de esta competencia secular, lo religioso tiende a prevalecer sobre lo civil. Es una época de progresiva cristianización de la institución matrimonial”(…)”situaremos frente a frente los dos sistemas…un modelo laico, encargado…de preservar…la permanencia de un modo de producción…un modelo eclesiástico cuyo objetivo…consiste en refrenar los impulsos de la carne, es decir, expulsar el mal, encauzando dentro de los límites estrictos, los excesos de la sexualidad…”

Entonces, el matrimonio queda enmarcado dentro de los dos modelos vigentes que, por un lado, el modelo profano, lo necesita para perpetuar el desarrollo de los bienes productivos a través de la normativa que condiciona el traspaso de los bienes por herencia y de la regulación social del mismo; por el otro, el modelo eclesiástico que, a través de su discurso y sermones, favorece la labor de sus representantes que “trabajan para moderar los procedimientos conclusivos de la unión matrimonial cuando el horror hacia lo carnal les incita a recalcar el compromiso de las almas…el intercambio espiritual en nombre del cual, a partir de San Pablo, el matrimonio puede convertirse en la metáfora de la unión entre Cristo y la Iglesia”

Según lo planteado, la función de la Iglesia en la sociedad medieval tuvo un papel relevante en la formación de las estructuras nobilísticas desde el punto de vista cultural e ideológico. En el primer caso, al tomar el rol de “educadora”, busca, con el disciplinamiento del impulso sexual, generar una dicotomía entre lo terrenal y lo divino, cuestionando lo primero y exaltando lo segundo.

Ahora bien, ¿cómo vincular y condicionar estas estructuras con el sentimiento del amor? Es claro que, así como es necesario moldear ideológicamente la institución matrimonial en el plano social, también será fundamental proceder de la misma forma con el espíritu. En esto, según los documentos, la Iglesia tendrá un papel preponderante. A medida que va desarrollándose el proceso de transformación en la sociedad de la Alta Edad Media, el fenómeno de cambio cultural genera un incremento de la literatura clásica latina que tiene una fuerte influencia religiosa. Así, los pensadores de la Iglesia llevaron la idea del amor al plano de la virtud; se acepta en la aristocracia caballeresca del S XII el sentimiento del amor como un impulso, libremente elegido, que lleva a olvidarse de uno mismo, salir del egoísmo, para fundirse plenamente en el otro. “…la meditación de los teólogos y de los moralistas sobre la cáritas inclinó rápida y naturalmente, mediante el simple juego de las metáforas que propone la Sagrada Escritura, a prolongarse en una meditación sobre el matrimonio, sobre la naturaleza y la calidad de la relación afectiva dentro de la pareja conyugal” De esta forma, son varios los factores que apuntan a la unión de los cónyuges y varios los obstáculos que atentan contra el desarrollo del amor dentro del matrimonio en esta época. Para Duby, los obstáculos se dan, primero porque el matrimonio es un contrato, un acuerdo entre parentelas que buscan negociar la mejor forma de consolidar su posición social y su riqueza. Así, los jóvenes que han contraído matrimonio, no se conocen por lo que no existe una elección libre. Segundo, porque la mujer, aconsejada por su asesor espiritual, consagra su alma a Dios, se casa con Él ya que le pertenece a Él. El marido, se siente cada vez más alejado de su esposa.

El ascetismo religioso de los clérigos, lleva a aborrecer el placer carnal, ya que no se corresponde con la vida del espíritu, y a cuestionar la imagen de la mujer en la sociedad. Para alcanzar el amor maduro, de entrega, la cáritas, es necesario disciplinar el impulso carnal, civilizarlo. Para ello, según G. Duby, surge la concepción de que la mujer es un ser débil que debe ser dominado por el hombre. Asimismo, en el matrimonio, su existencia se encuentra frente a una dicotomía de posesión: su cuerpo le pertenece al marido y su alma a Dios. Para poder dar lo mejor de si como esposa, y afrontar sus penurias en la vida conyugal, dedica su vida al culto religioso, a orar a Dios, estar en plena entrega con Él. De esta forma, el placer carnal queda totalmente supeditado a la funcionalidad del matrimonio: la procreación. Pero, ¿no es que acaso el varón también se encuentra en una dicotomía? En efecto, su ser esta entre la esencia de su esposa, fría y ausente, y su ansia por satisfacer sus necesidades. En esta sociedad, como en la nuestra actual, esta aceptado y bien visto que el hombre tenga sus “métodos” de obtener, afuera, aquellas satisfacciones que muchas veces no encuentra en el seno de su hogar. Pero esto también debe estar disciplinado. No pude el hombre dejarse llevar por sus impulsos pasionales. Esta es la base del amor cortés.

“…El “fine amour” en un juego, un juego educativo…”Así plantea Duby el origen del amor cortés. En este juego amoroso, el hombre pone en juego su capacidad de “autoconversión” de manera tal que, para los caballeros, era característica propia de esta clase, por lo tanto la distingue de los nuevos sectores que ascienden económicamente en la Alta Edad Media. Así, lo que se pone en juego es la “domina”, que se convierte en señuelo pero, a la vez, el motor educativo ya que es la que decide, la que establece quién gana y quien pierde pues es, a la vez aquella que es objeto de servicio, de humillación. Sólo el caballero que “se ponga a sus pies” será aquel que “gane el torneo”

CONCLUSIÓN

Las vías de dominación cultural siempre estuvieron relacionadas con la Educación. El reconocimiento o rechazo que la opinión pública tiene de una personaje, un proceso o una conducta social tiene su origen en el medio educativo, ya que son los mecanismos de publicación los que aportan la forma de limitación, de cotes que establece una sociedad.

La institución matrimonial, en el SXII europeo, evidentemente, no quedó fuera de este contexto. Fue necesario acondicionar los mecanismos de control social para usar este sistema de unión parental como medio para consolidar, fortalecer y delimitar los intereses de un determinado sector social: la corte Feudal. Fue el medio para conseguir propagar el estímulo a un estamento de relación de parentesco basado en la herencia, perpetuar su riqueza y diferenciarse de todo grupo social en ascenso económico. Esto fue posible por el movimiento de renovación cultural que se produce en la Europa Occidental de la época y en la influencia de la Iglesia Católica.

Es esta Iglesia la que, por posicionarse como transmisora de la fe y la “formación religiosa”, consigue mantenerse, a lo largo del tiempo, como la reproductora de los ideales caballerescos, que irá adaptándose a las modas del momento, que cambiará sus nombres, que cambiara de “público consumidor” pero, que en el fondo, mantendrá sus principios reguladores, disciplinadotes, coercitivos.

GARCIA CARLOS JAVIER

BIBLIOGRAFÍA

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