Erasmo de Rotterdam

Historia Universal moderna. Erasmismo. Marcel Bataillon. España del siglo XVI. Reformismo. Cristianismo. Humanismo

  • Enviado por: Usurpadora
  • Idioma: castellano
  • País: España España
  • 28 páginas
publicidad

Parte I:

El Erasmo de Marcel Bataillon.

Desde la aparición en 1916 de la tesis de Augustin Renaudet, Pré-Réforme el humanisme à Paris pendant les premieres guerres dÍtalie,la primera obra importante que pueda compararse, en este terreno, con aquel clásico, fecundo e innovador es el grueso volumen que publicó Marcell Bataillon bajo el título de Erasmo y España. Es el mayor elogio que se le puede dedicar.Y sin pararnos mas en los cumplidos que merecen el talento del autor y su fino y matizado análisis, la seguridad, la profundidad, la intrepidez de su investigación, el valor con que se ha lanzado de lleno en medio de una historia aún tan poco conocida, queríamos señalar, en este estudio que, por largo que sea, será de todas formas demasiado breve, lo que su libro aporta de renovación a nuestros conocimientos de la historia religiosa e intelectual del mundo moderno, lo que ensancha nuestro campo visual y cómo nos ofrece un capítulo inédito, pero capital en esta historia.

Erasmo: Marcel Bataillon, con un toque de varita mágica, resucita, resucita para nosotros, enriquecida con sus poderes y encantos, España: con el mismo toque, nos aporta un maravilloso regalo, que viene a hundir todas nuestras construcciones de ideas, todas nuestras reconstituciones de sentimientos sobre la vida religiosa de esta atormentada época, basadas por otra parte en nuestro conocimiento sólido de las cosas de Alemania, Francia y accesoriamente, Inglaterra: la España comprendida entre 1470 y 1560, la España inflamada por el devorante ardor de los Cisneros, los Valdés y, en el transfondo, de los Loyola; la España de los alumbrados y también de los conversos que consideraba uno de sus padres espirituales, uno de sus mentores religiosos a ese hombrecillo enfermizo y enteco cuya sonrisa ha comparado y sigue comparando, la literatura barata a la sonrisa de Voltaire.

Nadie hasta ahora ha escrito la historia de la historia de Erasmo, cosa curiosa: los historiadores que, por definición, lo historian todo, no se muestran inclinados a reconstruir documentalmente las sucesivas imágenes, si no contradictorias, al menos fragmentarias,que sus antecesores se hicieron de tal hombre o tal problema por el que ellos, a su vez se interesan. Por refractarios que sean al espíritu de las ciencias modernas, sin duda temen en su fuero interno darse a sí mismos, y más aún,dar a los demás una dura y saludable lección de relativismo...

La aventura es ciertamente sorprendente, ¿que puede haber de común entre Erasmo, nórdico, flamenco roterodamense, hijo de Flandes, peregrino de Inglaterra, metido hasta el cuello en las querellas de Francia y las tragedias de Alemania, y los doctores de Alcalá o los letrados de Sevilla?.¿Habrá que recurrir, para explicar su prestigio, a esas afinidades tan acentuadas que se habían manifestado en todas las épocas, entre ciertas actitudes castellanas y ciertas maneras de ser fundamentales de la gente del Norte, a la que en España se comprenden mejor a los hijos de Nápoles o Sicilia?. No son estos los argumentos que ha utilizado Marcel Bataillon para hacernos comprender la sorprendente conquista del alma española por la "Filosofía de Cristo" erasmiana.

Casi lamentamos que no haya esbozado un cuadro de las Españas y sus diversidades en el momento en que el erasmismo comienza a despertar curiosidades. Erasmo en España es un libro de inspiración intelectual. La España sensual, la España colorista está ausente de él. En ningún pasaje sentimos el hálito de Castilla. Nada se aprecia, o casi nada, del clima de las Españas diversas que se completan y se oponen entre sí.Sin duda Marcel Bataillon ha retrocedido ante la dificultad de tales evocaciones y ha tratado de no sobrecargar el tema, encontrándolo con razón, ya de por sí muy amplio. Resignémonos a no encontrar en este grueso volumen ninguna referencia a las traducciones que el sentimiento religioso hicieran los artistas. Resignémonos también de estar parcamente documentados sobre una estructura social que para muchos no deja de encerrar ciertos misterios y,tal vez cierto valor explicativo. Hablamos de la documentación en general pues es de alabar el cuidado con que Marcel Bataillon se preocupa por encuadrar socialmente, siempre que puede a los personajes que se encuentra en su camino. Resignémonos, para terminar, a no saber nada de las consecuencias materiales o morales que en una vida económica, diversamente orientada, muy poderosa, podía tener en el terreno aparentemente más ajeno a su influencia: el de la meditación religiosa.Por otra parte, al descuidar el examen de todos estos factores tan netamente particularistas, al subrayar por consiguiente las semejanzas mas que las diferencias, Marcel presta un inmenso servicio a nuestros estudios. Con gran destreza integra las Españas en el conjunto de la vida religiosa de Occidente; las acerca al hombre del s. XXI y a nuestras preocupaciones, a nuestra historia; nos pone una vez mas en contacto con el carácter verdaderamente europeo de las reacciones que manifestaron los hombres del S.XV y principios del XVI frente a los problemas espirituales- es decir frente a la concepción misma de una existencia casi imposible de concebir entonces para los que vivían, fuera de la jerarquía religiosa y del espíritu, ya que no de la letra de una confesión.

No, la noción de Prereforma no es una noción ficticia. En la medida en que el término de prerreforma permita evocar un período singularmente rico de la historia religiosa de la cristiandad, en la medida en que exprese parentescos por encima de las fronteras y la fuerza de las amplias corrientes que circulan libremente de un extremo a otro de Europa; el libro de Marcel Bataillon nos demuestra que puede, que debe aplicarse a la historia de España de la misma forma que a la de Francia o Alemania.

¿Y los abusos, los famosos abusos "que provocaron la Reforma", de los que tanto nos ha hablado?. Ciertamente existían en España, como en otras partes, a comienzos del siglo XIV; el solo refrán bastaría para denunciarlos: el enumerar los tres escalones de un joven ambicioso, ávido de riquezas y honores, Iglesia o mar, o casa real,coloca a la Iglesia en cabeza.(p.14). El hervidero de clérigos, regulares y seculares, engendraba allí también un verdadero proletariado espiritual cuyo materialismo elemental no constituía un espectáculo precisamente edificante.

Marcel Bataillon saca a debate algunos sabrosos textos acerca de estado del clero español, entre otros, los que extrae del Pastor Bonus del erasmista Maldonado, al que le gustaba recriminar a los tribunales eclesiásticos, en herir con su verba (como mas tarde haría Calvino) a los "delicados protonotarios", o en describir, en una página rebosante de ingenio, la jornada de un prelado noble. Pero esto nos aparta de lo que se trata de explicar en realidad: es decir, el enorme impulso del espíritu evangélico, que se inicia ya en el siglo XV; el más formidable que conociera la Iglesia despues de sus últimas crisis institucionales; mas aún, el mas formidable que haya conocido jamás, sin precisiones restrictivas; el mas difundido entre las masas, laicas y eclesiásticas.

Profundicemos un poco mas. España padece las manifestaciones de una fe exigente y de una piedad inquieta: hambre de alimentos místicos,sed de evangelio, ingenioso ardor en compaginar la sabiduría antigua y la inspiración evangélica.

¿Vuelta a los libros santos?, ahí está el movimiento de Alcalá y, a su término, la publicación de la Complutense, la magnífica Biblia Políglota en seis volúmenes que se venden a seis ducados y medio de oro a partir de 1522.

Ahí están las obras,ampliamente difundidas entre la masa, como la universal Vita Christi de Ludolfo el Cartujo, gran vehículo de piedad evangélica, traducido ya al francés, al portugués y al catalán, cuando el franciscano Montesinos emprende su versión castellana, que un rico mercader imprime inmediatamente en Alcalá, de 1502 a 1503,¿propósito de afianzar la fe?Ahí está ese raudal de manuales de espiritualidad que inunda España al igual que los paises vecinos: antiguos y clásicos como las Meditationes del seudo-Buenaventura o recientes, como el Exercitatorio de la vida espiritual de García Cisneros.

¿Y que sucedía mientras tanto en las órdenes? Allí también estaban luchando obstinadamente observantinos contra conventuales. Alli también se estaban difundiendo (con cierto atraso) las doctrinas escolásticas "modernas": el escotismo, que gracias a Cisneros y a las cátedras de Alcalá, conseguían tardíamente un lugar en España junto a el tomismo oficial, el ockamismo, que acababa de implantarse en la Península como una novedad tardía, con su doble preocupación por una parte, de lógica y crítica a el conocimiento y por otra parte de introducción a la fe escueta. Todo ello coordenado, regulado, orquestado por la gran figura de Cisneros: confesor de la Reina, arzobispo de Toledo, primado de España, inquisidor general; el dueño espiritual del reino, el hombre que el 14 de Marzo de 1498, ponía la primera piedra de la Universidad de Alcalá, no para servir al humanismo, si no, como todos los jefes de la Iglesia militante de la época, para emprender, con la ayuda de las letras antiguas, admirable instrumento de cultura y de apogeo intelectual, la restauración duradera y la renovación de un clero que dejaba mucho que desear.

España, provincia de la ecuménica cristiandad, al ser recorrida por Marcel encontramos en ella lo que ya conocíamos, sin embargo, España es tierra de singulares destinos gracias a su aislamiento, apesar de las grandes corrientes que se propagaron por encima de los Pirineos y los turbulentos mares, procedentes de todos los puntos de Europa. En lo geográfico no es un país uniforme, y en lo religioso tampoco. No descubrimos nada nuevo recordando que en la Edad Media (por no remontarnos mas atrás) fue, en parte, sucesiva y a menudo simultáneamente, arriana con los visigodos, católica son los hispanorromanos, valdense y albigense en Cerdaña y Cataluña y sobre todo judía y musulmana y eso con un vigor y una persistencia inimaginables.Pero que un historiador de la religión, interesado por los temas españoles, pueda, deba jugar con la noción de "sustrato" tan querida de los lingüistas, tampoco es de un descubrimiento revolucionario. Y por eso es comprensible que no echemos de menos en el libro de Marcel Bataillon un profundo estudio ni de este problema general ni de todos los problemas particulares a él abocados. Sin embargo, nos hubiera gustado ver planteada la cuestión, aunque fuera solo de pasada, no sólo respecto del judaísmo.

Pues a tal respecto sí lo está y muy acertadamente por cierto. Es sabido que desde finales del s. XIV la Iglesia española guarda en su seno una notable proporción de "cristianos nuevos". Es un hecho que tal vez se haya subestimado a menudo.

¿Se despojaron estos conversos, al convertirse, de todo lo que desde hacía siglos, caracterizaba tan singularmente a los portadores de la fe judaica?. Saber si los descendientes de estos conversos profesaron o no el catolicismo con toda sinceridad, es una cuestión insoluble, como todas las cuestiones de "sinceridad".Pero superada la Edad Media, superados sus orígenes católicos, ¿no guardarían quizás una tendencia a volver a la tradición de los Salmos y el profetismo hebraico?.¿No se prolongarían en el fondo de sus almas y de sus corazones a, la persistente inspiración religiosa y moral de los profetas con inquietudes mesiánicas?Marcel Bataillon plantea estos problemas con mucha razón. Nos hubiera gustado que incluso pudiera plantearlos mas metódicamente, mas afondo.

En todo caso hay un hecho cierto que Bataillon saca a relucir: cuando hacia 1512, aparece entre los franciscanos el iluminismo, sus primeros seguidores fueron auténticos descendientes de familias judías (pp. 174 y ss.). Tal es el caso de Fray Juan de Cazalla, cuya hermana, María, tomará parte activa en la propagación del iluminismo antes de 1524. Tal es el caso del misterioso fray Melchor, nacido en una de esas familias de conversos que constituyen la aristocracia comercial de Brujas. Las páginas que le consagra Marcel Bataillon nos introducen en un mundo bullicioso, algo turbio, de devotos y beatas, de profetas e iluminados a la búsqueda de vírgenes sin mácula que puedan engendrar al salvador del mundo: todos ellos habitados por el espíritu divino, todos ellos viviendo deslumbrados por la Jerusalen terrestre a la espera del Elegido que, solo, sin armas, pacíficamente implantará sus cinco estandartes en la ciudadela de Sión y transladará a Jerusalen, a la tierra prometida, que mana leche y miel, la sede de la Iglesia regenerada, triunfante, verdaderamente ecuménica.

Singular figura la del iluminado Melchor, que un día aparece en el horizonte, atraviesa como un meteoro el cielo espiritual de España y se sume en el silencio bruscamente sin dejar rastro. Pero no es casual que este hijo de converso busque entre sus adeptos. No es casual que el iluminismo, sin ser monopolio de los cristianos nuevos, encuentre entre ellos alguno de sus mas eficaces propagadores y adeptos.

Éste es, pues el medio en que, poco a poco, empiezan a agruparse los deseos locales de renovación alrrededor de las obras maestras de Erasmo, hacia 1522. Este es el medio en donde nace el erasmismo español.

Trabajosamente por parte de Erasmo, invitado en 1517 por Cisneros a visitar la península, le confía desdeñosamente a Tomas Moro: non placet Hispania. Y algún tiempo despues, confirma a Beatus Rhenanus: "No tengo ninguna gana de hispanizar". A los ojos de este nórdico, España era el fin del mundo, un pais exótico, fuera casi del universo familiar, confín de África, avanzadilla del semitismo.Pero ya salió la palabra.

Hay en Erasmo no digamos una pizca de antisemitismo, pero sí una especie de antijudaísmo larvado, siempre presente. Tal vez su origen fuera la dificultad exegética que representaron para el autor de la Querela Pacis-por no citar mas que un ejemplo- las bárbaras violencias del Antiguo Testamento, las invocaciones al Dios de los ejércitos, al Dios de la venganza, que obligaban al humanismo a realizar verdaderos malabarismos de interpretación. El hecho está ahí.Para Erasmo, España es, por excelencia el país semitizado."Los judíos abundan en Italia, en España, allí apenas hay cristianos" escribe,no había, pues, la menor atracción espontánea del hombre hacia los hombres,o hacia el país.Pero, si Erasmo, no fue a los españoles, los españoles fueron a Erasmo. Y sobre este punto, Marcell Bataillon hace un magnífico análisis.

Para empezar, describe muy bien cómo la derrota de los Comuneros facilitó el camino. En el verano de 1522, Carlos I de España vuelve triunfante a un país que, dos años antes, había dejado sumido en la revuelta. El espíritu particularista y xenófobo ha sufrido un grave revés.La corte del joven soberano se convierte en él, y centro de difusión de nuevas formas, de formas nórdicas de pensar y de sentir. Pues muchos de los españoles que pertenecen a la Corte partieron con ella a los Paises Bajos dos años antes. Ignoraban, casi por completo, las novedades de este mundo, la conmoción luterana, las sutiles posiciones y el renombre de Erasmo. Ahora han visto; han leido; se han dado cuenta. Han comprado, como Fernando Colón , las obras del maestro, y las de sus amigos y discípulos, de Moro a Vives. Han trabado amistad con los españoles de Brujas, también admiradores de Erasmo.

Erasmo... Erasmo... este nombre suena por doquier. Desde aquellos paises, todos los ecos del mundo lo devuelven. Y no hay en España ningún autóctono a quien invocar frente a esta gloria. Un francés, frente a Erasmo, puede apelar a Lefévre de Étaples o a Guillermo Budé; un alemán a Lutero, un suizo a Zuinglio. Italia desborda de grandes hombres.¿Y España?. Si se admite a Erasmo, reinará en solitario. Nadie allí puede rivalizar con él, nadie tiene, ni de lejos, su envergadura, su taleno universalmente reconocido, su influencia y su sorprendente variedad de dones; nadie hay que empañe este aura de éxito que le llevará de triunfo en triunfo...Erasmo será la invasión, la impregnación a la que todo favorecerá.

Todo, hay que decirlo, en primer lugar, los jefes del pueblo, los grandes, los diplomáticos, o quizá el mismo pueblo, cómplice de sus jefes.Marcel Bataillon ha sabido captar la importancia decisiva de este momento, en que se establece, entre el joven soberano que se españoliza y sus súbditos de la Península que, gracias a él reciben las influencias del extranjero, una especie de pacto tácito: "Tú el extranjero venido de tan lejos, venido de allende las tierras, con tu corte de nórdicos hostiles y rapaces; tú, por quien nuestra España acaba de conquistar el mundo;

con ella y por ella, cubierto con el manto espiritual de la cruzada,colma nuestro mas caro deseo, el que todavía ayer alentaba Cisneros sobre Orán, aniquilar al Islam, liberar Constantinopla y Jerusalen, establecer de nuevo, en el mundo pacificado, la unidad cristiana, austera y bienhechora.."

Sueños de hegemonía política y religiosa, donde se funden en uno los dos imperialismos de la fe y la espada. Tras la victoria de Pavía, como oportunamente trae a colación Marcel Bataillon (p.226), uno de los dos Valdés termina su crónica de la batalla y de su milagroso éxito anunciando la marcha sobre Oriente, la conquista de Constantinopla y Santos Lugares... Esta mística Cruzada que, luego de Savonarola, inspirará a Cisneros,esta mística servía ahora para justificar y justificar las victorias de la política imperial en su dura batalla por la hegemonía.Los diplomáticos se encargaban de refinar estos sentimientos profundos y populares.Por ejemplo, Gattinara, cuya figura,columbrada ante cincuenta páginas del libro de Bataillon, hubiera tal vez merecido un estudio más detallado. Gattinara, que durante tanto tiempo encarna la política imperial, a la vez antifrancesa y antirromana es, como por azar, un ferviente erasmista, cuyo placer estriba en leer los escritos del gran hombre. Se diría, observa agudamente Marcel, "que ha descubierto una profunda analogía entre la lucha que mantiene contra Roma y Francia a un tiempo, y la del viejo filósofo, obligado a enfrentarse contra los papistas intransigentes y contra los luteranos irreductibles". De hecho, su hombre es Erasmo, el hombre del justo medio. Ese hombre se encarna, para él, en Carlos, el autor de sus ideas moderadas, el gran hombre cuyos fines se definen en dos palabras: apagar el incendio en que arde Alemania pero de forma tal, con tales contrapartidas, que al mismo tiempo, radicalmente, se extirpen los abusos de la Iglesia. Aunque con ello pereciera el mismo papado: de hecho, durante el saco de Roma, no estuvo quizá muy lejos de su muerte.Erasmo fue uno de los peones que, durante algún tiempo, movieron en el ajedrez mundial la política imperial moderna colusión de la política y la mística. Es de agradecer a Marcel Bataillon que nos lo haga ver con esta fuerza, con esta nitidez y clarividencia. Es revelador que Gattinara rogase a Erasmo una reedición del De Monarchia de Dante para fines políticos.Pero en 1531,1531,1532, Italia se rinde tardíamente a Erasmo, observa nuevamente Marcel con gran agudeza, "gracias a la subversión de los valores europeos que permite la vuelta a la paz entre España y Francia".

Así durante algún tiempo, toda la Corte imperial es erasmista: los viejos, los dirigentes con reiticencias; los jóvenes con entusiasmo o esnobismo. Hombres influyentes como Valdés, Vergara, Ruiz de Virúes y otros "constituidos en estado mayor del erasmismo español" manejan a los poderosos que les escuchan, aconsejan a Erasmo, y en caso de necesidad, reparan o previenen sus faltas. El emperador mismo entra en el juego. Y por no citar más que este ejemplo, su carta del 13 de Diciembre de 1527, redactada por Alfonso de Valdés, en la que se proclama la plena eficacia del erasmismo en la lucha contra el luteranismo -¿acaso no ha provocado, afirma el emperador, el declive de la locura luterana?-, es una de las piezas claves de una poítica conscientemente orientada.Así se prepara, así se explica el formidable triunfo del erasmismo en España en el período que va, aproximadamente, de 1522 a 1530.Las traducciones de multiplican.Los originales afluyen.Llegan por carretadas desde los centros mas diversos. En seguida surge la pregunta: ¿cómo lo permitía la Inquisición?.Marcel Bataillon responde pertinentemente, la Inquisición española, esa enorme maquinaria burocrática que vivía de las confiscaciones de bienes y de las multas, era infinitamente temible para las personas, pero los libros en sí le interesaban poco.Por otra parte, se dirigía contra los nuevos cristianos y las dos clases de herejía que éstos podían fomentar: la de los iluminados y los luteranos.El Erasmismo, fuertemente protegido hasta 1530 no entraba en sus previsiones. Ya se trate de la élite dirigente, de la masa de clérigos o humanistas o del gran público, de todos los que saben leer y gustan de otra literatura que la novela, en todas partes despierta el mismo entusiasmo, el mismo ardor, el mismo fervor. Si pensamos que los testigos que nos quedan de tal actividad son apenas una colección de despojos- ediciones enteras se han perdido, mientras que otras sólo se han conservado uno o dos ejemplares milagrosamente salvados-, es fácil imaginar la fuerza de esta ola de erasmismo que inundó a España.

No intentaremos seguir a Marcel Bataillon paso a paso. Resumir este gran libro, tan rico, tan variado, tan fecundo, sería una inútil y estéril tentativa.En cada página encuentros, hallazgos, confirmaciones.Se puede decir que el libro entero de Marcel Bataillon es un requisitorio, formulado en nombre de Erasmo, contra su rudo enemigo de Wittenberg, sus violencia, sus estallidos, sus invectivas: "enemigo de Cristo; crítico superficial, carente de vida religiosa intensa y dramática, intruso en el misterioso mundo de la gracia"...Pero ya que no podemos comentar todo el libro queremos al menos señalar algunas de sus conquistas capitales.

En primer lugar, una demostración concluyente.El iluminismo no surge del erasmismo.Lo supera en amplitud y, sin duda alguna, en profundidad.Pero, entre iluminismo y erasmismo, la relación-es decir: la reigambre en el pueblo español, incluidos los judíos- es estrecha y cierta.

¿Que es el iluminismo? ¿un dogma?.No.¿Un credo profesado por los adeptos de una secta, rigurosamente organizada en cuanto tal? No. Simplemente, un cristianismo interiorizado; un sentimiento vivo de la gracia, que tiene sus métodos, en cierto modo opuestos; el del recogimiento y el del abandono.Contra todo formalismo religioso, el iluminismo apela a la inspiración divina.Está en contra del monaquismo,o, por lo menos lo juzga con gran libertad; está en contra de las bulas de indulgencia, las excomuniones, los ayunos, las abstinencias, el culto de los santos y los intermediarios.Algunas de sus afirmaciones tienen un sabor luterano; otras presentan cierto parentesco con el evangelismo de los erasmistas y su libre cristianismo, pero no por eso es hijo de Erasmo, y menos aún de Lutero.Marcel Bataillon escribe acertadamente que tiene su origen en la Devotio Moderna y continua la espiritualidad que florece bajo el patronazgo de Cisneros. Es el heredero de una tradición introspectiva que representaron, por citar un ejemplo, San Bernardo y San Buenaventura. Está respaldado y empujado por una mesiánica espera de la reforma cristiana. Y, apartir de 1523, recibe un evidente y cierto esfuerzo con la lectura y la difusión de las obras de Erasmo, el Nuevo Testamento, la Paráfrasis y, sobre todo, el Echiridion. Traducido al castellano vulgar, se convertira, desde 1525, en el libro de cabecera de los alumbrados.Les hará el favor de confundirlos con la masa de erasmistas, creciente sin cesar y bien vista por las autoridades: durante un tiempo, serán mas difíciles de descubrir y luego capturar en las redes de la Inquisición.

El fecundo poder del erasmismo en España se evidencia ya en este punto capital.¿Una moda efímera, una especie de "fronda" religiosa? No.Una fe que, al tiempo que da vida al viejo movimiento mesiánico y autóctono de los alumbrados, crea -Bataillon lo demuestra con fuerza convincente- el ambiente propicio a los que se llamará, desde Menendez Pelayo, luteranos o protestantes españoles.

Pues también ellos han bebido de las fuentes del erasmismo. De 1535 a 1555 aproximadamente, sus primeros brotes surgen en la atmósfera acogedora de la vasta comunión internacional para la cual fué la esperanza cierta política imperial y que les ofreció, fuera de su país en el curso de continuas peregrinaciones a través del mundo cristiano, una vasta y dulce patria espiritual.Pero, ¿fueron realmente discípulos de Lutero, contaminados por Alemania, estos eclesiásticos- Constantino, Cazalla, Carranza-compañeros de Carlos V y de su hijo Felipe en las graves horas de su viaje de reino en reino, acusados un día de herejes?.Su herejía había nacido en España, en el iluminismo erasmista.Estos hombres, estos españoles, no fueron inducidos por sus contactos con los grandes personajes del extranjero- tal o cual valdesiano ilustre de Italia- a abandonar la Iglesia oficial y ortodoxa para adherirse a alguna de las confensiones heréticas, definibles entonces con respecto al catolicismo romano y a las confesiones rivales.

Simplemente se afirmaron en su convicción de que la religión, según como la concebían como hijos espirituales del Enchiridon y de los libres Coloquios, era la de los mejores hombres, de los cristianos más auténticos de todas las naciones; de que su triunfo era la meta de los esfuerzos del emperador; de que el Concilio acabaría por afiliarse a ella para renovar la Iglesia.Por eso Marcel Bataillon se esfuerza en fundir las figuras movedizas del caleidoscopio confesional de la época en lo que llama, con acertada expresión digna de anotarse, la Europa de la justificación por la fe.

Las páginas que consagra a la acción persistente, a la supervivencia profunda del erasmismo despúes de 1530, despues de 1536, fecha de la muerte de Erasmo, figuran entre las más sugestivas y novedosas de un libro desconcertante por su riqueza.

En efecto, hacia 1530 empiezan a percibirse los primeros signos de un próximo cambio en la boga de Erasmo y el erasmismo.La atmósfera cambia. Los erasmistas se inquietan y son inquietados.Vergara, su hermano Tovar, numerosos hombres doctos conocen duras prisiones.Es hora sombría: en Inglaterra son detenidos los obispos de Londres y Rochester, el canciller Tomás Moro. Se anuncia el Concilio: en mayo de 1532, Clemente VII se lo concede a Carlos V, aunque morirá, en Septiembre si haberlo convocado. Las milicias de la Contrarreforma se organizan: primero los oratorianos, los teatinos y los barnabitas; luego, a partir de 1526, los capuchinos; en ese mismo año ya, Ignacio de Loyola compone, para un pequeño grupo de discípulos, sus Ejercicios Espirituales...¿supone esto el declive del erasmismo?.

Quien haya estado tentado de creerlo no ha leído, sin duda la tesis de Marcel Bataillon. No es un eclipse; todo lo más una transformación, un ensanche. Es un hecho que, en Italia, y en otras partes también, hacia 1535, la justificación por la fe era una idea cara a toda una élite. Y a la cabeza de esa élite figuraban los discípulos, los ilustres discípulos de Erasmo, los miembros de esa promoción de cardenales erasmistas- Contarini, Monroe, Reginaldo Pole- que recibieron de manos de Pablo III el capelo ofrecido, en 1535 al mismo Erasmo. Ciertamente, son una minoría, pero también una élite que cuenta con princesas y grandes damas, desde la reina de Navarra, Renata de Ferrara, Leonor Gonzaga a Vittoria Colonna. Sin duda, la política irénica de Pablo III fue pronto un fracaso. El Concilio puso orden, aunque la optíca imperial de esforzara, hasta el interín por no tener en cuenta sus decisiones. No es menos cierto que, durante veinte años, desde la muerte de Erasmo, al advenimiento de Fellipe II, el pensamiento erasmista, aunque no se puede decir que siga brillando, sobre todo en España, con vivo resplandor, sí continúa animando, vivificando- subterráneamente ahora- la obra y la vida de unos hombres nutridos de su esencia, orientados a su dirección a despecho de la Inquisición. Hay pues dos etapas: a) el erasmismo del Enchiridion y b) el iluminismo de la fe santificante, que se convierte, a la muerte de Erasmo, en la religión de los conciliadores. La "divina filosofía" de que se alimenta sigue siendo la Philosophia Christi de Erasmo.Pero su nueva expresión es la Salvación por la fe. Esto lo tenemos que comparar con lo que dice Marcel Bataillon de las dos "Sumas" doctrinales que se suceden : El Diálogo de la Doctrina Cristiana de Juan de Valdés de 1529, de 1529, y la Summa de Doctrina Cristiana de Constantino, de 1543. Catorce años las separan, pero en el segundo texto, la fe ha cobrado una importancia tiránica.

En realidad se puede decir que en el curso de este confuso periodo, de singular riqueza en su complejidad- poco conocida por que es turbia y agitada, y no presenta la admirable, la definitiva serenidad cadavérica que encanta a tantos historiadores-, tiende a edificarse un nuevo catolicismo, menos optimista que el erasmista frente a las Escrituras vulgarizadas, mas respetuoso con tradiciones tan arraigadas como el culto a los santos, más conservador en materia de exégesis, que hace algo más que reconocer los servicios prestados por Erasmo a la reforma de la Iglesia y a la renovación de la enseñanza cristiana: los perpetúa.

Al autor de los Coloquios se unía una cierta fama de bromista demasiado cáustico, que usaba por arma la ironía que pone fuera de sí a los tontos mejor que cualquier atrevida y pesada aseveración dogmática. Ya no se nombrará mas a Erasmo. No se le citará. Pero se continuará su obra interiormente.Continuará floreciendo en secreto, en los claustros y en los gabinetes de los humanistas, de los moralistas después, y de los escritores, artesanos de una literatura a la vez recreativa, verdadera e instructiva , hecha para enseñar a los hombres sabiduría y piedad. "Este ideal, concluye Marcel Bataillon, está presente en los diálogos políticos y morales de Alonso Valdés o en el Viaje a Turquía del doctor Laguna. Ha hecho que la élite desprecie las ficciones pueriles y maravillosas, de las novelas de caballería. Si España no hubiera pasado por el erasmismo, no nos habría dado el Quijote."

La poderosa fecundidad de la espiritualidad erasmiana ha vuelto a su verdadero lugar. Erasmo ha sido rehabilitado como innovador, apostado en las avenidas de la España moderna, bien conduzcan a las celdas de los místicos o a la librería de Cervantes; se ha determinado su parte de la génesis y la orientación de dos poderosos movimientos religiosos: el de los alumbrados y el de los luteranos en España desconocida, de rostro cubierto por un velo, ha sido aprehendida sólidamente en su aislamiento y colocada, por el esfuerzo poderoso y paciente de un historiador, en el circuito de la historia general de Europa.La cosecha es magnífica.La jornada ha sido un éxito.Un éxito en la tarea de nuevos hallazgos, una mayor inteligencia, intuición y penetración en el análisis de los sentimientos humanos; en la restitución de los valores humanos.

Los investigadores que descubren las trazas de una civilización perdida, encuentras en la prensa,en el gran público, de tarde en tarde, un éxito sin límites. Hay que rendir un homenaje a los que, con su oscura labor, sacan de la nada un capítulo entero de la historia de la conciencia europea; a los que reflexionando sobre España, este país tantas veces mártir y crucificado, lo hacen revivir en toda profundidad de sus sentimientos contradictorios, militares, exaltados hasta la muerte, el suplicio y la sangre. Hay que darle las gracias a Marcel Bataillon, sencillamente, por la alegría espiritual que acaba de proporcionarnos.

Parte II: Erasmo y España.

Las annotationes de Zúñiga:

Cada vez que España, ávida de renovación espiritual se abre a una influencia extranjera esta tierra inconquistable delega a uno o varios de sus hijos para decir "no" al invasor. No había llegado a Alcalá el Nuevo Testamento de Erasmo cuando Diego López Zúñiga se expresaba con desprecio acerca de esta obra recibida en todas partes con un rumor de rendida admiración. Se espantaba de ver en manos de Cisneros un libro tan plagado de groseros errores que él se ufanaba de revelar al mundo sabio. El Cardenal le había rogado entonces que comunicase al propio Erasmo sus críticas: si no eran recibidas como merecían, tiempo habría para publicarlas. Pero Zúñiga no aspiraba a la colaboración pacífica, sino a la gloria de aplastar públicamente al ídolo de la Europa sabia. Una vez muerto Cisneros, nada lo detenía ya, y las mismas prensas de donde había salido la Biblia Políglota imprimieron en 1519 y 1529 dos opúsculos (obras de poca extensión), el primero de los cuales arremetía contra Lefévre dÉtaples que había traducido a San Pablo y el segundo contra Erasmo, que era editor e intérprete del Nuevo Testamento.. Estas Annotationes contra Erasmun Roterodarum in defensiones Novo Testamenti abrían una polémica que sería áspera y renacería sin cesar: durante largos años el nombre de Stunica iba a ser trazado una y otra vez por la pluma de Erasmo como símbolo del odio encarnizado contra él.

No era Zúñiga un adversario despreciable. Por su participación en los trabajos de la Bíblia Políglota- participación segura aunque imposible de precisar-, estaba preparado para juzgar el trabajo de Erasmo. Richard Simon dice que él sabía griego y latín al menos tan bien como Erasmo. Pero ciertamente cometeríamos una equivocación si nos empeñásemos en verlo como portavoz de la escuela de Alcalá y como una especie de vengador de la ciencia escriturística ultrajada por la precipitación del Novun Instrumentum de Basilea. Esta primera edición, de cuyas deficiencias Erasmo era el primer sabedor y lo había reconocido, podía ser juzgada en España por otras personas calificadas para ello.¿Por que guardarían silencio personajes tan importantes como Nebrija?. Sin duda por que los verdaderos maestros de Alcalá consideraban el Nuevo Testamento erasmiano, con sus imperfecciones y todo una obra digna de admiración y de respeto. Zúñiga en cambio no vacila en presentar a Erasmo como un simple aficionado en materia bíblica, como un humanista preocupado únicamente por la fama y que no contento con los laureles profanos, busca con su Novum Instrumentum la fácil gloria de criticar la traducción que usaba la Iglesia, se refería como es lógico a la Vulgata, que en latín se conocía como Vulgata Edictio es decir "edición popular" y era la edición bíblica latina calificada como auténtica por el Concilio de Trento. En su acepción original , el nombre se atribuyó a la edición común de la Septuaginta (nombre con el que se ha denominado la antigua tradición griega del antigua del A. T. se llama así por que la leyenda dice que fueron 70 los traductores) usada por los primeros padres de la Iglesia. La actual composición de la Vulgata es una obra de San Jerónimo (345-419). Durante los doce siglos siguiente el texto de la Vulgata fue transmitido cada vez con menos precisión . El Concilio de Trento reconoció la necesidad de un texto latino auténtico y autorizó el examen de las versiones corruptas que habían perdurado. En 1476, se decretó que la Vulgata sería el único texto latino autorizado para la Biblia. Esta revisión es el texto en latín básico que todavia se usa.

Junto a él irrumpe en la república de las letras una ciencia española celosa de su gloria, que lanzará aún al mundo más de un orgulloso desafío, antes de la Ciencia Española de Menendez y Pelayo. Para ser equitativos, hemos de añadir que Zúñiga deja muy atrás a todos los abogados de esa ciencia española por el ardor de su "jactancia castellana" y por la ingenuidad de su desprecio latino por los hijos de Norte.

Muy característica es la larga disertación que le inspiran ciertas líneas de Erasmo sobre la ortografía Spania que se encuentra en el texto griego de San Pablo."Los griegos- había observado el humanista holandes- priva a España de la primera sílaba que los españoles suelen añadir al principio de palabras análogas, diciendo por ejemplo espero en lugar de spero."No hacía falta mas para que Zúñiga tomara fogosamente la defensa de su patria ultrajada. Erasmo, el bátavo, através de sus palabras deja transparentar su envidia a los españoles, raza intelectualmente superior en razón de sus orígenes romanos. España es un país fecundo exuberante en todos los productos necesarios para la vida; es un país poderoso que ocupa el primer lugar entre todos por su valor militar. No pudiendo tratar a los españoles de cobardes o mendigos los tacha de ignorantes. Olvida el antiguo esplendor literario de España, la cual dió emperadores a Roma y maestros a la literatura latina. Durante varios siglos, es verdad, el país ha sido desviado de las letras por causa de una lucha incesante contra los enemigos de la fe.Pero he de aquí que en toda España se levantan universidades, en ellas se aglomerarán los estudiantes y en todas es honrado el humanismo. Cincuenta años hace que el gran Nebrija ha traido a ellas desde Bolonia un tesoro de su ciencia. Su gramática y su diccionario se han adoptado no sólo en toda España sino en el mundo entero. Sus innumerables discípulos, desparramados por toda la península, han renovado los estudios latinos. España ya no tiene nada que envidiar a Italia. Erasmo parece ignorar esto. Únicamente citará a el sabio comendador Hernán Nuñez que enseña griego en Alcalá, ante un numeroso auditorio: humanista completo, cuya inteligencia verdaderamente española cuenta con el auxilio de una verdadera biblioteca así manuscrita como impresa, y que suma a una rara maestría en el griego y el latín el conocimiento profundo del árabe.

Hay algo conmovedor en el celo en que este complutense llama la atención de Europa sobre el gran impulso del humanismo español, aún ignorado. Sin embargo, no puede menos de fastidiarnos el tono agresivo de sus apologías pro patria y lo que hay en ellas de desproporcionado.

A menudo lo que Zúñiga criticaba era la versión latina dada por Erasmo y allí sí que tenía tela de donde cortar, puesto que esa versión no obedecía a principios bien definidos. Se sabe esto por una confesión del propio Erasmo. Por los días en que se imprimía el Novum Instrumentum estaba tan agobiado de trabajo que había copiado a veces páginas enteras de la Vulgata sin tener tiempo de compararla con el texto griego.

Erasmo supo que se le estaba atacando violentamente en Alcalá mucho antes de tener en sus manos las Annotationes y de poder medir la gravedad del nuevo golpe que se asestaba a su reposo. Era el momento en que el joven Emperador acababa de salir de sus reinos españoles para volver a Flandes. Por carta de un amigo flamenco que había permanecido en España (quizás Pierre Barbier, que se quedó al servicio del cardenal regente Adriano) Erasmo tuvo noticia de que otro complutense, Juan de Vergara, llegaría muy pronto a los Paises Bajos llevando consigo el inquietante volumen. Erasmo fué a verlo en el momento de el desembarco, le dijo con qué impaciencia esperaba su venida y le rogó que le entregase aquellas Annotationes que uno de los "espinosos sofistas" de la Universidad de Alcalá había publicado contra su Nuevo Testamento. Su sorpresa fué mayúscula cuando supo que a Vergara se le había olvidado el libro con las prisas del viaje. Erasmo se sintió tanto mas contrariado cuanto que empezaba a preparar su tercera edición del Nuevo Testamento y sospechaba que Zúñiga había ignorado voluntariamente la segunda por que en esa seguna edición se rectificaban muchos errores de la primera.Vergara le aseguró que esa segunda edición apesar de empezar a imprimirse después de 1519 no había llegado aún a España

A Erasmo le pareció que el olvido de el libro era sumamente sospechoso: tenía la convicción de que Vergara sí había traido consigo el libro. El 2 de Agosto de vuelta a Lovaina escribía a Johann Lang, teólogo de Erfurt: "España tiene un nuevo Lee un tal Zúñiga ha publicado un libro bastante virulento según se dice contra Léfevre d Etaples y contra mí. El difunto Cardenal de Toledo había impedido su publicación. Muerto éste aquél ha lanzado su veneno. Todavía no he visto la obra. Ponen mucho cuidado en que no caiga en mis manos."

La situación de Erasmo no era para inclinarlo ni a la serenidad ni a la indulgencia. En los tres años que había pasado en Lovaina durante su permanencia en la Corte de España no le habían faltado tormentas.En 1518 se había visto envuelto en una disputa con el teólogo inglés Edward Lee, a quien había conocido el año anterior en el Colegio Trilingüe y era adepto ferviente de los estudios helénicos. La controversia de había deslizado rápidamente hasta la extrema violencia; Lee acusaba a Erasmo no solo de atentar contra la majestad de la Vulgata canónica, sino también de faorecer, al dar su preferencia a ciertas lecciones de los griegos, las mas peligrosas herejías, entre ellas las de Arrio.

Erasmo aparece cada vez mas como el paladín de un ideal atrevido de libertad religiosa. Despues de la Paraclesis y de la Ratio, la reimpresión del Enchiridon le suministra la ocasión de predicar un cristianismo interior que prescinde de los dogmas, de las ceremonias y de las reglas: la carta -prefacio a Paul Volz mantiene muy hábilmente a este cristianismo interior su carácter ideal al que se conforma más o menos la vida de las sociedades, pero que no por ello reniega de sus exigencias: "Que Cristo- decía Erasmo- siga siendo lo que es, es decir, el Centro alrrededor del cual gira cierto número de círculos". Pero los ortodoxos no pueden contentarse con una doctrina que acepta el orden establecido simplemente como un mal menor.Para ellos Erasmo es el impío. Lutero, durante este tiempo, interpreta la carta a Paul Volz como una adhesión a sus tesis.

La lucha en la que Erasmo se había enfrascado ahora sobrepasaba con mucho las polémicas personales. La revolución religiosa había hecho sus progresos en Alemania; Reforma y Contrarreforma tomaban ya por estos días sus posiciones y era evidente que, en el enorme conflicto, Erasmo aprobaba a Lutero en lo esencial. Erasmo está muy lejos de aprobar la violencia del partido luterano, siente que ha llegado la hora de obrar con toda su influencia, no en favor de Lutero, sino en un interés mas amplio y mas elevado al cual va unida la causa del monje sajón. Le parece que la condenación de Lutero y el triunfo de hombres como Hochstrat y Egmont (el conde de Egmont había comenzado su carrera como un brillante general en las filas del emperador pero se pasó de bando alistandose junto a Guillermo de Orange en las filas protestantes) asestará un golpe mortal a esta gran causa de la Philosophia Cristi, a la cual había consagrado su vida. Lutero escribe al Papa como hombre que rechaza toda solidaridad con la rebelión de Lutero, pero no sin dar a entender que en su opinión él no tiene la menor reponsabilidad en la terquedad de Lutero en el desgarramiento de la paz cristiana.

Mientras tanto la Corte se preparaba para salir a Aquisgran, donde había de verificarse la coronación del Emperador. Durante este tiempo que habían pasado en los Paises Bajos, los españoles que la seguían habían podido interesarse apasionadamente en el gran debate que agitaba a los teólogos y a los hombres de estudio y que comenzaba por esos días a remover las multitudes. Habían podido darse cuenta del importante papel que en todo ello desempeñaba Erasmo. Tal fue sin duda alguna el caso de Vergara, cuyas relaciones con el maestro parecían haberse iniciado bastante mal. Erasmo, sin embargo, lo invitó a comer poco despues de su primer encuentro, para tratar de saber algo más acerca de las Annotationes de Zúñiga y para arrancarle la promesa de que las mandaría traer de España. Hernando Colón, el gran amigo de los libros quiso trabar conocimiento con el escritor mas fecundo e influyente de la época: no contento con comprar todos sus libros en las librerías de Bruselas y Gante hizo una visita en Lovaina a el ilustre Erasmo.

Pero no debemos engañarnos en cuanto a la importancia de estos primeros contactos personales con los españoles: debieron ser raros y Erasmo, seguramente se mantenía ante ellos en una actitud de reserva. Por esos días no se había esbozado ninguna de las fervientes amistades con la que Erasmo contaría mas tarde en España. Si los españoles llegados a la corte apreciaron en su verdadero valor al campeón de la libertad religiosa fué, mas que por otra cosa, por la irradiacíon de su influencia en los medios ilustrados de las grandes ciudades flamencas.

Tras la condenación de Lutero o el evangelismo apesar de todo.

Los acontecimientos amenazaban con echárseles encima a los mantenedores de la Philosophía Christi. El emperador se encontraba en Lovaina, pronto a partir a Alemania, donde se plantearía la cuestión de pasar a los hechos contra Lutero. A su lado, el nuncio Aleandro personificaba la contrarrevolunción religiosa decidida a una rigurosa represión. Erasmo, pensando que la Bula no prohibía un último esfuerzo en pro de una paz sin victoria entre Roma y el evangelismo, vio un aliado posible en la persona del dominico alemán Juan Faber. Este fraile había gozado de el favor de Maximiliano, que lo había nombrado consejero imperial, le había prometido el obispado de Trento y pensaba emplearlo en la fundación de un colegio Trilingue en Ausburgo. Al morir Maximiliano, Faber había venido a la corte de su nieto para obtener la confirmación de su nombramiento de consejero y la ejecución de las promesas de su antecesor.

Por medio de sus amigos, Erasmo recibe informes de que hay quien se empeña en perderlo en la opinión del Emperador. Através de aplazamientos repetidos, se acerca ya la expulsión de Lutero. Erasmo se deja al fin convencer, hacia fines de marzo de la necesidad de reprobar al hesiarca (jefe de una secta hierética), mas claramente de como hasta entonces se había hecho. Pero que no vaya a esperarse de él un manifiesto. El maestro del género epistolar prefiere expresarse en largas cartas dirigias al canciller Gattinara y a otros muchos sin omitir a Aleandro; el procedimiento es de una cortesía discreta, y permite asimismo matizar la defensa según la importancia y las disposiciones presuntas del personaje que habrá de leerla. De todas estas cartas Erasmo, al publicar varios meses después su compillación de Epistolae ad diversos (31 de Agosto de 1521), solo incluye la que mandó a Marlian, junto con otras cartas cambiadas durante las semanas siguientes entre este personaje y él.

Ya se comprende el cuidado que Erasmo pone en convencerlo de que él no defiende la causa de Lutero. Él siempre se ha guardado mucho de hacer un papel de agitador, de propagar opiniones no consagradas. Se pinta a sí mismo acosado por solicitaciones de los luteranos, empujado a pesar suyo dentro de un campo hierético por los adversarios de Lutero."Pero ninguna maquinación-dice- ha podido quebrantar mi modo de ver . Reconozco a Cristo. Ignoro a Lutero. Reconozco a la Iglesia romana y supongo que ésta está plenamente de acuerdo con la Iglesia católica. De ella no habrá de separame nisiquiera la muerte a menos que ella se separe claramente de Cristo". Persiste no obstante en ver en el caso de Lutero el resultado de pasiones adversas que se exacerban mutuamente . Lutero es el peor enemigo de su propia causa cuando salen de su pluma libelos (textos difamatorios hacia alguien) cada día mas violentos; pero la causa del Papa tiene asimismo defensores bastante ineptos: lo único que los mueve es el hambre que tienen de Lutero,poco importa si lo prefieren cocido o asado". Aleandro mismo ha obrado con poca diplomacia; ha traicionado las intenciones del Papa y no tiene otro cuidado que el de atraer al regazo de la Iglesia a los fieles seducidos por la facción luterana. Erasmo lamenta que el Nuncio no haya trabajado en este sentido, en colaboración con él.

Así Erasmo deja a entender que, todavía en Colonia, ha acariciado la esperanza de una solución clemente en el caso de Lutero, pero que la situación ha cambiado desde entonces.

Es natural que ciertos españoles que estaban en Worms hayan visto el caso de Lutero de manera tan simplista como los servidores de Carlos que habían permanecido en la Península al lado del regente Adriano. Todavía no se ha sofocado la revolución de las Comunidades cuando desde Burgos el Consejo dirige al soberano un llamamiento a la guerra santa contra el hesiarca. Le recueda la tradición de los Reyes Católicos, que arrojaron a moros y judíos de Castilla sin preocuparse del daño que ello resultaba para su hacienda y la tradición de los emperadores de Alemania defensores de la fe..

Ya en el Consejo, en nombre de su Majestad ha publicado en todo el reino una rigurosa prohibición de que "ningúna persona venda ni tenga ni lea ni pedrique los libros dese hereje

ni trate de sus errores ni herejías pública ni secretamente."

Pero durante este tiempo, un Hernando Colón compra libelos. No son los españoles los últimos en sumarse al movimiento de curiosidad simpática que provoca Lutero el excomulgado. Un testigo anónimo de la Dieta de Worms,autor de la única relación contemporánea que de este gran acontecimiento se conserva en lengua española, describe no sin vivacidad el espectáculo de la puerta del palacio en el momento en que Lutero abandona la asamblea, jubiloso y llevado en triunfo por sus amigos; los criados españoles, que esperan la salida de sus amos, gritan a su paso: "! Al fuego! !Al fuego¡". Es ésta una vista parcial: no todos los amos reaccionan de manera tan simple como sus criados. Otro testigo ocular, Juan de Vergara, acusado más tarde de luteranismo, dirá que era muy común escuchar, en los comienzos del asunto de Lutero: "Mirad como no se han de levantar Luteros".

Los futuros jefes de fila del movimiento adquieren entonces conciencia del problema que se plantea ante la cristiandad.Lutero se mete en un camino por el cual es imposible seguirlo, si se respeta la unidad católica.Pero el espíritu evangélico no puede der condenado con Lutero; la conservación de la unidad no puede significar un "hasta aquí" en la renovación religiosa que se ha iniciado en todas partes.Esta revindicación del evangelismo a pesar de todo es la que, cada vez mas, habrá de encarnar Erasmo. En el plano político, va a tomar cada vez mas la forma de un llamamiento al concilio.

La última publicación de Erasmo en los Paises bajos había sido su Apología contra Diego López de Zúñiga. Vergara, al volver de Worms a Bruselas a principios de verano, había sabido que tenía ya en sus manos las Annotationes de Zúñiga, y que se ocupaba en contestarlas.Lo había visto casi inmediatamente despúes en Lovaina, en el momento en que entregaba su Apologia a Thierry Martens para que la imprimiese.Había manifestado cierta sorpresa de que Erasmo no hubiera puesto junto a su respuesta el texto mismo de su contradictor, tal como lo había hecho al contestar a Lee. A lo cual Erasmo había respondido secamente: "Zúñiga dió bastante publicidad a sus Annotaciones, y no hace falte una segunda edición de ellas."

No obstante, si se había abstenido de reproducir las críticas de Zúñiga, las había examinado, en cambio, una por una, ya sea para mostrar su inanidad o su malevolencia sistemática, ya sea para reconocer lo que tuvieran de bien fundado. En un largo preámbulo, había puesto de relieve el carácter injurioso del libelo y su imperante nacionalismo. El "Bátavo" devolvía sarcasmo por sarcasmo a aquel nuevo Gerión brotado del suelo de España, monstruo de tres lenguas esta vez, no ya de tres cuerpos.

Y, antes de comenzar a discutir los detalles, Erasmo reunía como un ramillete las más violentas invectivas de Zúñiga, enganchadas todas ellas a pretextos tan frágiles, sin olvidar lo de Spania.

"¿Y en qué podía ser hiriente la observación que había hecho con tal ocasión sobre la pronunciación española?. Cada región tiene hábitos fonéticos que le son propios:¿Es eso tachar a España entera de ignorancia?, ¿acaso todos los españoles son doctos?. Además, ¿por qué hablar da ese propósito de pobreza, de pereza o de cobardía?. Si España fuera un país poco fértil, ¿acaso habría uno solo, por poco inteligente y honrado que fuese que le hiciera reproches por ello? ¿Acaso España es la única que no tiene pobres? !Que extraña manera de honrar a la patria: abrumar de desprecio al resto del mundo¡". Erasmo profesa las mejores disposiciones para todos los países, cualesquiera que sean pero tiene por España una simpatía particular, tanto por que de ella han salido hombres de gran ciencia como por que los Paises Bajos se alegran de tener el mismo soberano que ella.¿O por ventura Zúñiga querrá negar esta ventaja de los bátavos?. Dichosa España que puede ufanarse de un Antonio de Nebrija cuanto mas discípulos llegue a tener este sabio tanto más se regocijará Erasmo.Pero ¿para que decir que fuera de Italia y de España apenas se encuentra de tarde en tarde algún amigo de las buenas letras, cuando los humanistas abundan prodigiosamente en Francia, en Alemania, en los Paises Bajos, en Inglaterra?.

Pero precisamente Zúñiga en todas sus críticas, alardea de ser defensor de San Jerónimo, ultrajado por Erasmo. Ha entendido para con un Doctor a quien dista mucho de despreciar, puesto que le ha consagrado sus vigilias al editar y anotar sus obras completas. San Jerónimo, por muy grande que sea, no es, para la filología sacra que renace, mas que un glorioso predecesor: modelo, desde luego, pero no oráculo infalible. Cuando los teólogos conservadores colman de reproches a Lorenzo Valla, a Lefèvre d´Etaples y a Erasmo por "corregir" el texto sagrado, olvidan que estos filólogos son en ello continuadores de San Jerónimo.Por otra parte, lo que se discute en general en las Annotationes de Zúñiga es la Vulgata del Nuevo Testamento, y esa es la razón de que las haya intitulado Annotationes contra Erasmun Roterodamun in defensionem traslationis Novi Testamenti. Siendo San Jerónimo el traductor de la Vulgata, toda crítica que se haga contra esta traducción se dirige contra el propio santo. Erasmo se preocupa por establecer el texto y por dar de él una interpretación fiel. Esta nueva traducción no pretende sustituir a la Vulgata, no pretende ser leída en los altares. Sólo se propone a la atención de los sabios y aspira a un uso puramente privado.

Vergara le muestra a Zúñiga un Erasmo dotado de rara penetración de juicio, de una facilidad prodigiosa que puede a veces serle perjudicial induciéndole a publicaciones apresuradas, pero también de una capacidad ilimitada de trabajo. Su gloria no tiene precedente en los siglos modernos. Vergara puede hablar de los paises que conoce: Alemania, los Paises Bajos y también Inglaterra, a cuyos hombres mas destacados ha tenido la oportunidad de conocer en Brujas. En el mundo sabio de todas estas naciones Erasmo es objeto de un culto entusiasta. El elogio de Erasmo ha llegado a ser un verdadero ritual en las menores publicaciones de los humanistas, y su nombre se imprime en ellas con mayúscula. Entre los libreros no hay mejor propaganda para un libros que decir que ha sido revisado, corregido o anotado por Erasmo. Erasmo está muy por encima de todas las polémicas. Ejerce una verdadera realeza sobre los sabios y sobre los ignorantes. Al atacarlo, Lee ha dado pruebas de un triste valor : inmediatamente ha visto llover sobre él invectivas y maldiciones. Se diría que, en caso de haberse atrevido a aparecer en público, hubiera sido acribillado a plumazos."Por mi parte, concluía Vergara, dejando a la censura de hombres más doctos, como tú, el juzgar más a fondo de su erudición, profeso verdadero amor y veneración por el celo infatigable de este anciano, por su pasión increíble de las letras, por su vida y trato, verdaderamente digno de un sabio.

Los católicos y la justificación por la fe 545

España se nos muestra en Sevilla y en otras partes sin duda agitada por una predicación que se podría llamar implícitamente protestante, que deriva claramente del iluminismo erasmiano, y que, entre 1535 y 1555, se adhiere a la justificación por la fe sin deducir de ella conclusiones fatales para los dogmas católicos. Por otra parte, en los monasterios reformados y en la joven Compañía de Jesús se desarrolla un joven movimiento espiritual resueltamente católico, explícitamente adherido a esos dogmas, amenazados sus promotores, que trabajan por la depuración del sentimiento religioso, se ven llevados a cargar el acento sobre la renovación de las almas por la gracia de manera particular en la oración.¿que relaciones mantienen entre sí estos dos movimientos? ¿que conciencia tienen de lo que los une y lo que los separa?.

La cuestión es apremiante, pero casi insoluble en el estado actual de nuestra documentación.

Los comienzos de la reforma católica, en España por lo menos son casi tierra incógnita. En la masa imponente de los Monumenta de la Compañía de Jesús no se encuentran para el período que nos ocupa sino rarísimos documentos que nos restituyan su verdadera atmósfera. En Sevilla podemos no obstante extraer del relato de González Montano algunas conjeturas interesantes.

En su confusa narración de los progresos de la herejía en el monasterio de San Isidoro del Campo, Gonzalez Montano nos pinta la vida religiosa de Sevilla dividida en dos tendencias rivales. Caracteríza a una de ellas por un ascetismo menos alejado del evangelio. A juzgar por la descripción que hace del estoicismo - frecuencia en los ayunos, mortificación y abnegación de sí propio, rezos continuos, completa sumisión y abatimiento de ánimo que ellos llaman humildad y debe aparecer aún en el vestido, en el habla, en el semblante y en fin en todo el andamento de la vida- es claro que se trata de ese ascetismo que tuvo sus centro en la reforma franciscana y en la reforma dominicana, y que hacia 1545 recibió un vigoroso empuje de la Compañía de Jesús. Gonzalez Montano nos dice además que esta escuela era estrictamente conservadora de los sacramentos y de las ceremonias: recomendaba oir muchas misas y multiplicar las estaciones de la Iglesia, impulsaba a la confesión frecuente y también a la comunión frecuente.

La otra escuela como se adivinará es aquella a la que se adhiere Gonzalez Montano, la de la justificación por la fe la de Egidio y de Constantino Pero no es probable que las dos tendencias sobre todo al principio, hayan chocado violentamente. Coincidían sin duda alguna en la reprobación de ciertas devociones supersticiosas. Una y otra concentraban cada una a su manera la atención sobre Cristo Salvador. Y los predicadores sevillanos de la justificación por la fe no sacaban de esta doctrina consecuencias revolucionarias. Si las dos escuelas hubieses entrado en pugna, sería muy difícil explicar la situación indecisa en que se vería despues de 1558 a la Compañía de Jesús con respecto a un Constantino.

Parecería no obstante que en un punto se mantiene el desacuerdo y es en la actitud hacia Erasmo. Gonzalez Montano confirma el carácter erasmiano que en el fondo tenía el apostolado de Egidio y de Constantino. Y también la bibliografía da testimonio de la utilización de Erasmo por el movimiento sevillano. Despues de 1536, los editores españoles reimprimen mucho menos sus obras: ahora bien, en lo que atañe al Enquiridon si se prescinde de una edición aparecida en Lisboa en 1541, la primera reimpresión conocida después de 1529 es la del editor Juan Canalla que la publica en Sevilla en 1550, esta edición de la obra Enquiridion va acompañada de la Paraclesis.

Pero si el erasmismo desempeña su papel en el movimiento de Sevilla, y si posiblemente contribuye a hacerlo sospechoso a muchos reformadores católicos sin duda alguna esta sospecha dista de ser absoluta y general, Gonzalez Montano deja transparentarse los sentimientos de simpatía y de admiración que le inspiraban muchos hombres de la "secta" ascética antes de la gran ruptura de 1558. De manera inversa, los reformadores católicos están por entonces lejos de hallarse en guerra con los adeptos de la justificación por la fe. No condenan todavía la obra y el espíritu de Erasmo con mucho rigor. Se liga con el nombre de Erasmo un escandaloso rumor de irreverencia y de complacencia con la herejía . Pero esto no obsta para reconocer en su obra todo lo que es utilizable para una reforma ortodoxa del catolicismo.Autores como Constantino y Zumárraga se inspira en ellos aunque sin nombrarlo y el erasmismo estará siempre latente en el meollo mismo de la literatura espiritual cuyo ímpetu es tan poderoso en la España de entonces.

La estela del Erasmismo en la literatura espiritual. La cuestión de la Biblia en romance.

Nos encontramos quizás en la época mas brillante del libro. La imprenta descubre un campo de acción ilimitado, aspira a hacer de todo hombre un lector, se introduce hasta en las últimas aldeas, el comercio librario se organiza acaparado en gran parte por poderosas firmas internacionales. En esta época en que la ortodoxia se busca a sí misma, en que no ha hecho sino los primeros esbozos de censura, la fermentación religiosa interviene en el desarrollo a la vez como causa y efecto. Por primera vez desde los orígenes del cristianismo, el libro por excelencia, la Biblia se hace una mercancía casi tan corriente como los géneros de primera necesidad. Traducida a las lenguas vulgares, se incorpora a la vida espiritual de buen número de pueblos. Erasmo domina este movimiento: él es en la literatura universal, el primer gran hombre cuyas obras se disputan los editores., que es incitado por ellos al trabajo y cuyos libros se difunden no bien publicados hasta los confines de Europa. Erasmo fué en particular para sus contemporáneos segun una expresión de Alonso Virues el hombre que aderezaba el sustento evangélico de tantas maneras siempre nuevas, que lo hacía sabroso aún para los paladares mas insensibles o mas estragados. Es imposible que el erasmismo no haya dejado huella en la literatura española de los días de Carlos V, y de modo particular en la literatura espiritual. Pero antes de buscar esta huella quisiéramos insistir en una cuestión ya esbozada y ver por qué el erasmismo no dió en España, en esta época, una versión castellana de la Biblia.

El traductor del Enchiridion había hecho resonar en su prefacio los llamamientos mas apremiantes y más atrevidos que llegó a lanzar Erasmo en favor de la lectura del Evangelio por el pueblo. El mas famoso de estos llamamiento la Paraclasis se tradujo al español por lo menos en 1529. Sabemos ya que el primer obispo de México, Zumárraga hizo suyo el llamamiento de Erasmo, hacia 1544, en las Doctrinas que publicó para la evangelización de México y el canónigo Porras que era el predicador oficial del obispado de Plasencia hizo pasar lo esencial de este libro al prefacio de su tratado para la oración, publicado en Alcalá en 1552. Así pues parece que hubo en la Iglesia de España , hacia mediados de siglo una corriente de inspiración erasmiana en favor de la traducción de la Biblia o en todo caso en el Nuevo Testamento. Si esta corriente no tuvo ningún resultado eficaz ¿hay que explicarlo únicamente por una prohibición anterior que invocaron los defensores mas prudentes de la ortodoxia y en la cual se inspiró la Inquisición.?

A decir verdad hubo en efecto una traducción del Nuevo Testamento de Francisco de Enzinas, impreso en Amberes 1543 y prohibido inmediatamente en condiciones que nos dan muchas luces. Enzinas nos cuenta que Fray Pedro Soto antes de mandarlo aprehender, le puso en sus manos el tratado Adversus omnes haereses donde se sostenía la tesis de que la lectura generalizada de la Sagrada Escritura es fuente inagotable de herejías. Si consultamos este célebre tratado, vemos que Castro, no sin consideraciones para con Erasmo, reprueba su modo de ver acerca de la difusión de la Escritura en lengua vulgar y que alaba a los Reyes Católicos por una pragmática en que se prohibía bajo penas graves traducir la Escritura o poseer una traducción. ¿Acaso ignoraba Enzinas esta pragmática, como ignoraba según parece la severidad de la nueva reglamentación de la impreta en los Paises Bajos?. Es poco probable . En todo caso en su epístola dedicatoria a Carlos V declara que su intención es salvar el honor de la nación española, única sigue privada de los libros sagrados, cuando ya Italia, Francia, Alemania e Inglaterra están inundadas de versiones nuevas e invoca, no la ausencia de ley a este respecto, sino la ausencia de toda indecisión del Emperador o del Papa apartir de la revolución protestante. El Nuevo Testamento de Enzinas, hermosa versión española del Novum Instrumento erasmiano, fué tenido por sospechoso a causa de ciertas anotaciones marginales. Además imprimió en tipos mas gruesos los versículos de San Pablo que solían invocar los adeptos de la justificación por la fe. La traducción se prohibió en España y en los Países Bajos, y su influencia sobre la reforma española fue nula.

Pero no se ve que se haya promulgado por entonces ninguna prohibición general, ni que la pragmática de lo Reyes Católicos se haya vuelto a poner estríctamente en vigor.No obstante, la correspondencia de la Suprema demuestra su vigilancia en lo tocante a libros prohibidos . El 22 de mayo de 1545, en respuesta a una pregunta del tribunal de Barcelona, le envía un Memorial de los Libros Últimamente Prohibidos : lista manuscrita, por desgracia perdida, que sería uno de los mas antiguos índices españoles. De la correspondencia ulterior del consejo resulta que el Nuevo Testamento de Enzinas formaba parte de esa lista, pero que las partes del Nuevo Testamento, de los Evangelios como de las Epístolas, que en un gran número circulaban en castellano en catalán o en valenciano, quedaban permitidas provisionalmente, si no fuere alguno que pareciera sospechoso por translación o por otra causa alguna. Despues de la muerte de Tavera las instrucciones inquisitoriales aparecen siempre fieles a estas directivas. Hay que llegar a los índices de 1551 para ver prohibida- además de una multitud de biblias latinas sospechosas- "la Biblia en romance castellano o en otra cualquier vulgar lengua". En los años que siguen , parece como si todos los esfuerzos de los Inquisidores se hubiesen enderezado contra las biblias latinas impresas en el extranjero, de manera particular de Lyon, con glosas sospechosas en los pasajes relativos a la justificación por la fe.

El Concilio se reunió, y despúes se disolvió por segunda vez, sin decidir nada acerca de las traducciones vulgares de la Biblia. La Universidad de Lovaina discutió largamente la cuestión. Y aquí fué donde se redactó, en 1555, la defensa más atrevida que una pluma española haya escrito jamás en favor de estas traducciones: un diálogo latino del valenciano Furió Ceriol, titulado Bononia, del nombre del teólogo ortodoxo que el autor se da por interlocutor. En ese diálogo se encuentra todo lo esencial de la Paraclesis. Los evangelistas, los Apóstoles, los Padres de la antigüedad utilizaron la lengua del pueblo a que se dirigían.Para Furió, la verdadera teología no es otra cosa que "conocer a Dios y a su hijo Jesucristo y saber la regla que nos enseña a vivir buenos y dichosos. Todo verdadero cristiano puede llamarse teólogo." Otro argumento muy erasmiano es que los hombres se asemejan a los libros que leen: " ¿Se les va a dejar leer las novelas imorales y a prohibírseles la Biblia?".

Pero nuestro valenciano es de un espíritu tan ingenioso, tan abierto al mundo que lo rodea, que renueva verdaderamente la cuestión a fuerza de discutirla con relación a las necesidades del mundo moderno. Una razón imperiosa de traducir la Biblia a las lenguas vulgares es, según él la escasez de verdaderos predicadores de que adolece la cristiandad entera, y en modo particular España. Y que no le vayan a decir que, si se ponen las Escrituras al alcance de todos, los lectores acabarán por hastiarse de ella: observa, por el contrario, que la abundancia de libros que ha hecho nacer la imprenta ha desarrollado prodigiosamente el gusto por el estudio. Que tampoco le vayan a decir que hay mujeres con su rueca y su huso: las mujeres tienen alma e inteligencia como los hombres.

No podemos sino dar una idea de la riqueza de este libro, que es verdaderamente, como dice Bayle, un espléndido tratado. No parece haber tenido resonancias en España. Sin embargo su publicación en Basilea, en 1556 causó cierto revuelo, y el autor, según parece, no se salvó de las persecuciones sino gracias a la intervención de Carlos V, que lo agregó a la servidumbre de Felipe II. Es posible que Furió Ceriol haya expresado en voz alta, y con lujo de argumentos completamente nuevo, aquello que muchos españoles pensaban en voz muy baja y confusamente. La doctrina oficial era, y seguia siendo, que divulgar la Biblia equivalía a sembrar la herejia.

Erasmo y el Nuevo Mundo:

Entre los españoles y portugueses que se embarcaban para tierras lejanas, había seglares aficionados a leer libros de Erasmo por que, para su voluntario destierro, hallaban mejor alimento espiritual en las lecturas devotas, morales e históricas que no en las novelescas, y por que Erasmo, entre la literatura moral y religiosa de su tiempo,daba una nota de piedad ilustrada y libre, grata a aquellos hombres desgarrados de su ambiente nativo.Véase la docena de libros que lleva consigo a la India el alentejano Baltasar Jorge Valdés, muerto en el famoso cerco del Diu (1545). Allí, con los Evangelios, un Flor Sanctorum, la Vita Christi y las epistolas de San Jerónimo, con Valerio Máximo, las Epístolas de Séneca y un tratado de Petrarca, con las Crónicas Anónimas del Cid, del Condestable Nuño Álvares Pereira y de la Conquista de Rodas, aparece la Lengua de Erasmo y una Exposición sobre los Salmos, Beatus Vir y Cum Invocarem.

Los aventureros, poco o nada "latinos", suelen ser hombres de pocos libros; pero libros, por lo mismo, escogidos y queridos. El caso más conmovedor de humilde biblioteca viajera, reputada por su dueño como verdadero tesoro, es el que ha hecho célebre el testamento de Diego Méndez de Segura, escribano mayor de la armada de Cristóbal Colón en su último viaje, y después, por largos años, avecindado en la ciudad de Santo Domingo de la Isla Española.

Diego Méndez deja a sus hijos "por mayorazgo" los pocos libros de su biblioteca. Otorga testamento en Valladolid, en 1536, lejos de su hogar colonial.Allá en Santo Domingo, quedaron el Dante y el Valerio Máximo. Allá van los libros recién adquiridos durante el viaje a la corte; se los enumera a sus hijos:

Los libros que acá os envío son los siguientes: Arte del bien morir de Erasmo, un Sermón de Erasmo en romance, Josefo De bello Judaico, la Filosofía moral de Aristótilis; los libros que se dicen Lingua Erasmi; el Libro de la Tierra Sancta; los Colloquios de Erasmo; un tratado de las Querellas de la Paz; un libro de Contemplaciones de la Pasión de Nuestro Redentor; un tratado La vengança de la muerte de Agamennón y otros tratadillos.

El caso no puede ser mas elocuente.De diez títulos, cinco son de Erasmo.¿Recibirían los hijos este tesoro con tanto fervor como el que animaba a su padre al mandárselo?No podía don Hernando Colon dar mas importancia a su imponente biblioteca, que visitaría tal vez en Sevilla Diego Méndez.

Remitidos, no por particulares, sino libreros, pasaron al Nuevo Mundo bastantes libros de Erasmo, ya traducidos al castellano, ya en su texto original latino. El 22 de Julio de 1528, en una carta de negocios dirigida al comerciante burgalés de Santo Domingo Melchor de Castro por su corresponsal Sevillano Diego Díaz, aparece una heterogénea remesa de libros: "El maestre Juan de los Pinos lleva los libros... blancos que vuestra merced pidió, y el Erasmo lleva Serna." De donde se deduce con bastante claridad que Castro había encargado a la vez unos libros blancos para la contabilidad de su tienda, y el "Erasmo" del que todo el mundo hablaba entonces, muy probablemente el Enquiridion. En 1533, el Licenciado Cristóbal de Pedraza, chantre de la catedral de México, "protector de la Nueva Galicia (y futuro obispo de Honduras), hace descargar en Veracruz una importante remesa de libros, como propiedad personal suya.Pero tal vez se trate de una importación en parte comercial, ya que no pocas obras figuran en la lista con cuatro o cinco ejemplares.Entre los 121 artículos del inventario, que hace desfilar ante nuestros ojos una literatura variada, principalemente teológica, eclesiástica y devota, pero también jurídica, humanística. Observamos tres veces el nombre de Erasmo: el Nuevo Testamento de Erasmo, los Coloquios de Erasmo en latín y la Lingua Erasmi en latín.

Muchos otros libros de Erasmo salen a relucir cuando llega la hora de la prohibición. En 1564 es procesado en México el mercader Alonso de Castilla por comprar y vender libros prohibidos, entre ellos " 6 Enchiridiones de Erasmo en romance".

Escasean en el Nuevo Mundo los procesos inquisitoriales contra personas eclesiásticas o seglares culpadas de libertad erasmiana en su manera de tratar los temas religiosos. Tal vez por que el evangelio erasmista no escandalizaba a los frailes misioneros, y hasta atraía a alguno de ellos. Tal vez también por que no cobró entre los españoles pobladores de América el cariz algo agresivo que ostentaba en la Península frente a una densa masa misioneísta de "Cristianos viejos".

Buen ejemplo de inmigrante español que trae en su equipaje un libro de Erasmo es cierto Francisco de Saavedra, extremeño, avecindado en tierras de Jalisco, donde tenía, cuando lo procesó la Inquisición en 1539, una hacienda en las inmediaciones del covento franciscano de Zapotlán. No se trata de un "alumbrado" de los que todo lo esperan de una oración y de la gracia divina. Al contrario, "Estando leyendo en un libro de Erasmo en que decía ciertas devociones", trabó con varios vecinos una conversación sobre el libre albedrío, y dijo (sin invocar para nada la autoridad de su devocionario erasmiano)"que había oido decir que Dios había dada al hombre un libre albedrío para que siguiese el buen camino se fuese a la gloria, y que si siguiese el mal camino, que Dios le esperaba para que se arrepintiese.

El único testigo interrogado por la Inquisición no denunció de ningún modo la afición del reo a la lectura de Erasmo, pero sí lo presentó como hombre mas amigo de rogar a Dios que a sus santos, incrédulo en materia de indulgencias anejas a determinadas oraciones, mal cumplidos de los preceptos de oir misa (a no ser que la dijesen en casa), confesar por cuaresma y guardar las fiestas. Saavedra "mandó en día de la Asunción del Señor a los negros y a toda la famila de casa a limpiar una parva de trigo que estaba en las eras", y habiéndole avisado el testigo que se iba a misa a Zapotlçán,contestó que "tan buena obra era quedar a reparar aquella parva de trigo y entender en ella como ir a misa. Se conoce, en los anales de la Inquisición americana, un caso sonado de erasmismo. El proceso a que nos referimos se dió en Santo Domingo, "único lugar del Mar Caribe donde se hacía vida europea, y que tenía algo de sucursal de Sevilla. En Marzo de 1558, cuando ya estaba en la cárcel inquisitorial de Triana el Doctor Constantino, denunció el cabildo de la catedral dominicana los errores "Luteranos" de un hombre casado y de un fraile mercedario "confederado " con él. Nada se sabe de los antecedentes de Fr. Diego Ramirez.Pero el casado, Lázaro Bejarano, es una curiosa figura de erasmista.

El luteranismo de que se les acusa es erasmismo neto. Se burlaban Bejarano y el mercedario Ramírez de la veneración de las reliquias, de la devoción ignorante que consiste en rezar a los Santos el padrenuestro y el avemaría, de prácticas supersticiosas como la "bendición de las candelas y cerros de lino y hierros de Santa Catalina".Pero el mayor delito que se le atribuye al casado " en muchas formas es su actitud frente a la enseñanza y la predicación corriente del cristianismo; despreciar la teología escolástica, mucho burlarse de los predicadores profesionales, abogar por la lectura de la Biblia en lengua vulgar, la interpretación privada de la Escritura, la predicación desligada del sacerdocio. Decía "que San Pablo no se entendió hasta que vino Erasmo y escribió". Como lector que era de la Paraclesis, opinaba "que la Sagrada Escritura debe andar en romance para que todos lo lean y entiendan, así ignorantes como sabios, incluso el pastor y la viejecita por que " para entender la Sagrada Escritura no se curren de ver doctores ni seguir expositores, sino que lean el texto, que Dios alumbrará la verdad" que por consiguiente, "los casados pueden predicar y lo debían hacer": "que un su amigo quien solamente oyó gramática y no sabe otra cosa, que es el mejor teólogo que acá ha pasado" y cuando le preguntan si su amigo ha oído Artes y Teología, contesta que tampoco la oyeron los Apóstoles de Cristo, que nunca anduvieron en escuela..

Bejarano escribió, como Bartolomé de las Casas, en defensa de los indios.Lo cierto es que lo condenaron a "abjurar tres proposiciones que hacían sentido herético, sin otras escandalosas y malsonantes". A aquel censor de la predicación vulgar, amigo de leer libros prohibidos, le intiman "que no reprehendan los predicadores ni lea libros por toda su vida si no fuere la Biblia, multándolo con ciento cincuenta pesos de oro para obras pías. Su cómplice o "confederado", Fr. Diego Ramirez, es condenado a abjurar de seis proposiciones, a perpetuo destierro de las Indias y a reclusión de un año en el convento de la Merced de Sevilla; se le prohibe además, por ocho años, el predicar, confesar, disputar públicamente, hacer imprimir libros de teolgía, y por seis meses decir misa.

No pudo ignorar el Filósofo de Rotterdam que un nuevo mundo había sido descubierto por los navegantes portugueses y españoles.Pero la noticia quedó en él fría y abstracta.

Ni Erasmo ni a la inmensa de sus contemporáneos preocupó mucho el Orbis Novus. Sin embargo, andando el tiempo, Erasmo se hizo cargo del problema de la cristianización de aquella parte del universo. En la Ichthyophagia, uno de los Coloquios añadidos a la edición de Febrero de 1526, Laino advertía lo exigua que era la extensión ocupada en el mapamundo todas aquellas playas australes y el enjambre de islas señaladas con banderas cristianas, sí, las he visto,- contestaba- y he sabido que de allá se han traido el botín; no he oido decir que se haya introducido allí el cristianismo". Y al fijarse Lanio en la inmensidad de la mies sugería que- a ejemplo de los primeros apóstoles, que para evitar resistencias quitaron la carga de la ley mosaica- también hoy, para atraer a los débiles, podría "quitarse la obligación de ciertas cosas sin las cuales empezó a ser salvado el mundo, y podría aún salvarse, con tal que hubiese fe y caridad evangélica".

En tono menos polémico,con mas cuidado de no incurrir en sospechas de evangelismo heterodoxo, volvió Erasmo al mismo tema en el Ecclesiastes, obra seria de su ancianidad. Ignoraba Erasmo, cuando publicaba el Ecclesiastes, que la evangelización de la Nueva España (por hablar solo del caso mas memorable)llevaba ya diez años de realizarse por el ministerio de hombres ansiosos de anunciar la buena nueva del Evangelio y de incorporar nuevos miembros al cuerpo de Cristo; que contaba con una falange de auténticos apóstoles franciscanos, "Los Doce", capitaneados por Fr. Martín Valencia. Aspiraban, dentro y más allá de la observancia, a la imitación de San Pablo, repartiendo su vida entre el coloquio con Dios y el apostolado entre los hombres."Los Doce" de Martín Valencia pertenecían a aquella custodia del Santo Evangelio nacida en el seno de la Provincia de San Gabriel de Extremadura, madre también de los "capuchos" portugueses de la Provincida de Piedade. Son los "pobres evangélicos".

Inspirada vanguardia del franciscanismo de su tiempo, no se contentaban con menos que con resucitar el cristianismo primitivo,y sus humildes monasterios merecieron el nombre de "portal de Belén" que se aplicó mas tarde a los de la reforma teresiana. Tras ellos salen los primeros obispos, hombres de análogo temple, el dominico Fr. Julián Garcés, destinado a Tlaxcala, el franciscano Fr. Juan de Zumárraga, destinado a México y entre los oidores de la segunda audiencia, mandada para asesorar a Hernán Cortés, el anciano Don Vasco de Quiroga, futuro obispo de Michoacán, entusiasta fundador de los pueblos-hospitales (es decir refugios) inspirados en la Utopía de Tomás Moro

Dos memorias conservadas con las cartas de los arriba citados describen con precisión las dos remesas sucesivas de libros que recibieron. La primera había sido recibida por Hortuño de Avendaño y despachada a Fr. Francisco de Castillo, el cual habia acusado recibo en Durango el 10 de Agosto de 1547. En una enumeración de más de setenta y cinco volúmenes, en que predominan las colecciones de sermones y los comentarios sobre la Escritura, se observan las Paráfrisis de Erasmo, la Paráfrasis de Erasmo sobre las Epístolas y la Paráfrasis de Erasmo sobre San Lucas. El acuse de recibo de la segunda remesa enviada a Durango (4 de marzo de 1548) se menciona:

los libros que el señor Obispo enbía para el provincial Fr. Francisco del Castillo titulados de su letra, para que el señor provincial los tenga cuanto quisiere e después los entregue a la deuota casa e monesterio de Arancaçú, que son por todo catorze libros con las obras de Herasmo, los cuales son encuadernados e titulados por el mesmo señor Obispo.

En la primera "memoria" figuraba también un "archa llena de Doctrinas breves pertenescientes a la santa fee cathólica compuestas por el dicho señor Obispo,"

es decir, un lote de ejemplares de la Doctrina de Zumárraga publicada en México en 1544.

Los documentos descubiertos por Enrique de Otte ilustran así, por una parte, el deseo que tenía Zumárraga de fundar una biblioteca religiosa en la hospedería del monasterio franciscano de su tierra natal y, por, otra parte, la importancia que concedía a "las obras del Herasmo".

Era natural que la Paraclasis sirviese de conclusión a la Doctrina breve compuesta por el Obispo de México (1543-1544) y se repitiese abreviada al fin de la otra Doctrina impresa por su orden hacia 1546.

¿Podía pedir mas el autor de la Paraclesis y del Eclesiastes?.Para comentar debidamente este programa de cristianización adoptado de Erasmo tendríamos que referirnos a su aplicación práctica en las casas de la doctrina para niños y niñas. Ya es menos significativa el aprovechamiento de la parte moral del Enquiridion. Erasmo había ejemplificado la lucha contra los pecados fijándose mas detalladamente en algunos, codicia, soberbia, ira, con sus variedades. Estos insinuantes análisis, que en todo familiar invitan a el examen de conciencia, le parecen inmejorables a Zumárraga para moralizar a los pobladores españoles de Indias.

Tampoco era casual que Zumárraga, cuando en 1545-1546 publicó un catecismo más, pero esta vez una suma de "todo lo principal y necesario que el cristiano debe saber y obrar" y "lo que más conviene predicar y dar a entender a los Indios", haya reproducido la Suma de la Doctrina Cristiana del Doctor Constantino sin quitarle ni añadirle cosa alguna, y sin nombrar al autor a pesar de que era, a la sazón, el mas prestigioso predicador de la catedral de Sevilla.

Apesar de las apariencias, es entre los frailes de temple apostólico donde hay que buscar la huella profunda, eficaz de Erasmo en el Nuevo Mundo. Esto supone la revisión de los tópicos corrientes acerca de la mal llamada Contrarreforma y de lo que Erasmo significa en la crisis religiosa del siglo XVI.