Apuntes, trabajos, monografías...

Inicio Apuntes Amor Humor Test Envía apuntes Foros

Nueva Búsqueda Nueva búsqueda   Ayuda Ayuda  

Era Victoriana (1819-1901)


Historia universal. Sociedad. Economía. Literatura. Reina Victoria I



Historia
 
Era Victoriana (1819-1901)

Era Victoriana (1819-1901)

Era Victoriana (1819-1901)
 



Instituto San Cirano

Asignatura: Historia

Tema: La Era Victoriana

Fecha de Entrega: 8 de agosto

~2000~

Introducción

Introducción

La grandeza británica alcanza su cúspide con el jubileo de Victoria I de Inglaterra (1819-1901), quién subió al trono en 1837 y gobernó el Imperio Británico, devolviéndole la estabilidad a la corona. Su reinado es considerado uno de los más prósperos de su época, por lo cual llegó a convertirse en símbolo de un período que tomara su nombre: “la era victoriana”.

Con la reina Victoria en el poder (1837-1901), la dominación británica del mundo conocido hasta entonces, alcanzó niveles inusitados. Su reinado, convertido en emblema de la consolidación del Imperio Británico, fue testigo del ascenso de las clases medias y se caracterizó por una moralidad profundamente conservadora y un intenso nacionalismo.

“El apogeo británico erige así su “asombrosa traza” durante la denominada época. Al término de la misma, la Monarquía lega a la Gran Bretaña el `dorado eslabón de la Corona', la más firme ligadura de su Imperio”.

Con el reinado de Victoria, Inglaterra realizó una serie de reformas electorales y sociales. La proliferación de las grandes empresas capitalistas había favorecido la toma de conciencia política de la clase obrera. A partir de inicios del siglo, las reformas fueron más radicales. En 1913, logró introducir una reforma electoral, en la cual extendió el sufragio de tal manera, que sólo quedaron sin votar las mujeres y los sirvientes.

La Era Victoriana

La sociedad victoriana

Una gran rigidez moral caracterizó a la sociedad de dicho período histórico. La época victoriana tenía sed de vigor, de corrección, de dignidad y aspiraba a la estabilidad moral humana, de manera que el romanticismo, los sentimientos, las emociones, es decir, las “aventuras”, no provocaban sino desconfianza y desprecio. El buen burgués soñaba con el orden absoluto, con una sociedad donde las emociones y los sentimientos debían ocultarse y su utopía era la del capitalismo de un mercado de competencia perfecta.

La cultura burguesa creía ciertamente en la disciplina, el ahorro y el sentido práctico. Todos aquellos elementos conducían, de una forma u otra, hacia una sociedad ordenada, racional y sobria, donde no tenían cabida los agentes subversivos y disociadores, el mal gusto y la chapucería. Por ello, las formas y las buenas maneras eran requisitos indispensables para la promoción y desarrollo de una forma de vida civilizada, moral y con objetivos lúcidos. Ese era el ideario de la burguesía imperialista en la Inglaterra victoriana del siglo pasado. Todo buen inglés debía mostrar ante sus semejantes una conducta recta y honesta, a pesar de que aquellas virtudes, en muchos casos, fueran sólo una apariencia.

El desorden y la rebeldía eran considerados anarquía, pues constituían una forma de cuestionar el modo en que la burguesía industrial británica expresaba su visión del mundo, por lo que ésta debía ser reprimida a cualquier costo. Y como toda sociedad autoritaria, la burguesía industrial británica del siglo XIX vivía angustiada por impedir el desorden. Ni aún su vida privada le pertenece al presunto desordenado. Sus vicios y malas costumbres deben ser eliminados hasta en los lugares más secretos de su alcoba. De aquí que Victoria, por ejemplo, se preocupara tanto por regularles su vida sexual a sus súbditos, sobre todo a las mujeres.

La familia constituía la base fundamental. El padre era el genio tutelar, pero “terrible, infalible y despiadado”; la mujer, esposa y madre, no tenía voz ni voto; se encontraba, al igual que en el resto del mundo, relegada al trabajo hogareño: debía cuidar de la casa y de los hijos. Era mal visto que una mujer pretendiera ejercer una profesión universitaria. En las clases elevadas, la mujer era considerada más angelical que humana; debía cuidársela, aislarla y preservarla de cualquier tentación.

La reina quiso hacer de la Familia Real, un ejemplo de honestidad, moralidad y felicidad. Victoria intentaba ser amable con todo el mundo. Se proponía gobernar con dulzura y sonrisas. No obstante, la reina era una mujer tenaz, a veces violenta e impaciente, y se decía que no olvidaba jamás las ofensas.

Al igual que en épocas anteriores, la tierra continuaba siendo la principal fuente de prestigio y poder.

Como fruto de varios viajes a las Islas Británicas, en 1871, Taine (historiador y crítico francés; Vouziers, 1828 - París, 1893) redacta “Notas sobre Inglaterra”, donde describe algunos de los rasgos de la época victoriana. “La felicidad inglesa tenía su raíz hogareña y se extendía, plácidamente, por las verdes praderas del país, bajo cendales de bruma pálida, tibia y transparente”. Las impresiones de Taine están colmadas de datos:...”una familia de tres personas, por ejemplo..., tiene tres criados y tres caballos. Tres caballos y un coche cuestan, aproximadamente, doscientas libras esterlinas al año (...) Según las estadísticas oficiales, en 1841, en un cómputo de dieciséis millones de habitantes podría contarse un millón de criados. Toda la riqueza provenía de los muelles de Londres”. Taine encontraba un cierto parecido entre Londres y la antigua Roma.

Pero, también, se hallan en sus estampas londinenses rasgos lúgubres y conclusiones desoladoras al pintar el cuadro de las clases sociales sumidas en la miseria. “El gran molino social - concluye melancólicamente - machaca y muele aquí la última capa humana bajo su engranaje de acero”. Los conflictos sociales perduraron: las diferencias de clase eran, aún, muy significativas.

Las fábricas podían considerarse entonces verdaderas prisiones. El propietario era omnipotente, y, habitualmente, se trabaja unas 14 horas diarias o más en lugares sombríos y malsanos. Se empleaban niños menores de diez años, los cuales, desde la edad de cinco, no recibían salario; sólo alojamiento y comida. Se los golpeaba para que no se durmieran junto a las máquinas, y la mayor parte de ellos procedían de los hospicios. En grupos de cincuenta a cien eran vendidos a las empresas, donde permanecían un mínimo de siete años. Muchos se suicidaban.

En contraste con este mundo sin piedad ni esperanza, estaban los lujosos barrios de Londres: St. James Square o Pórtland, Picadilly o Pall Mall, y los palacios de campiña, habitados por la nobleza hereditaria, que cazaba zorros, bailaba, y gastaba fortunas en el juego. Mientras tanto, los pobres se consumían en barrios miserables.

Las clases altas mantenían una vida de lujo y riqueza, en tanto que la condición de los trabajadores y las clases menos pudientes no había mejorado. Por otro lado, la criminalidad y la prostitución ensombrecían y desprestigiaban a la sociedad victoriana, que tanto exigía una conducta recta y moral, desvaneciendo poco a poco los principios sobre los cuales se había constituido aquella sociedad.

Un aspecto, a pesar de todo, suspendía el ánimo de Taine, recopilando datos de la vida inglesa: la facha “monumental” diríamos de “los criados de las grandes casas”. “Se los mima - insiste - y ellos procuran, naturalmente, darse buena vida. Disfrutan de una mesa casi tan excelente como la de los señores; beben varias clases de vinos y cervezas; gozan de varias horas de descanso. Su exterior debe pregonar la riqueza y el lujo de la casa” y, al describir su porte rozagante y satisfecho, no se aparta mucho su copia del retrato de sus patronos.

La Inglaterra prepotente de aquellos días se exornaba, adornaba con la pompa de tales amos y criados, y una similar desigualdad jerárquica y aristocrática montaba, con perspicacia, la guardia sobre el panorama colonial del Imperio, desde la cúspide de la Metrópoli.

“Esta sociedad civilizada, confortablemente alojada, amueblada, vestida, educada deportivamente, que gusta de los viajes y de los juegos al aire libre, estima que su confianza inquebrantable en Dios se justifica por el éxito incuestionable de un utilitarismo imperturbable”

Frente a la prosperidad económica reinante en le período victoriano (1848-1875) - la de mayor nivel en Gran Bretaña - los ingleses creían que sus éxitos se debían al trabajo, a su sentido del ahorro y a la iniciativa individual, mientras que la pobreza era rechazada, creyéndose que vivían en dichas condiciones por ser perezosos, que la fortuna era la recompensa de méritos, cuando verdaderamente, la habían ganado explotando a aquellos “perezosos”.

Por otra parte, se realizaron remodelaciones en las ciudades e incluso se construyeron otras nuevas, sin embargo, no se pudo resolver el problema de la vivienda.

La literatura

Sin lugar a dudas, la era victoriana, desde la coronación de la reina Victoria, en 1837, hasta su muerte, en 1901, fue una época de transformaciones sociales, situación que obligó a los escritores a tomar posiciones acerca de las cuestiones más inmediatas. Así, aunque las formas de expresión románticas continuaron dominando la literatura inglesa durante casi todo el siglo, la atención de muchos escritores se dirigió, a veces apasionadamente, a cuestiones como el desarrollo de la democracia inglesa, la educación de las masas, el progreso industrial y la filosofía materialista que éste trajo consigo, y la situación de la clase trabajadora.

Los tres poetas más sobresalientes de la era victoriana se ocuparon de cuestiones sociales. Aunque empezó dentro del más puro romanticismo, Alfred Tennyson pronto se interesó por problemas religiosos como el de la fe, el cambio social y el poder político; ejemplo de ello es su elegía In memoriam (1850). Su estilo, así como su conservadurismo típicamente inglés, contrastan con el intelectualismo de Robert Browning. El tercero de estos poetas victorianos, Matthew Arnold, se mantiene aparte de los anteriores porque es un pensador más sutil y equilibrado. Su labor como crítico literario es muy importante y su poesía expone un pesimismo contrarrestado por un fuerte sentido del deber, como ocurre en su poema “Playa de Dover” (1867).

La novela se convirtió en la forma literaria dominante durante la época victoriana. El realismo, es decir, la observación aguda de los problemas individuales y las relaciones sociales, fue la tendencia que se impuso, como se puede comprobar en las novelas de Jane Austen, como Orgullo y prejuicio (1813). Las novelas históricas de Walter Scott, de la misma época, como Ivanhoe (1820), tipifican, sin embargo, el espíritu contra el que reaccionaban los realistas. Pero el nuevo espíritu lo dejaron bien a la vista Charles Dickens y William Makepeace Thackeray. Las novelas de Dickens sobre la vida contemporánea, como Oliver Twist (1837) o David Copperfield (1849), demuestran una asombrosa habilidad para recrear personajes increíblemente vivos. Sus obras constituyen una sátira de la hipocresía oficial y de las convenciones de la era victoriana: a través de las mismas, Dickens describe con amargura y sentimentalismo una sociedad que permitía todavía la explotación e infortunio de la niñez desvalida y se muestra crítico ante la incomprensión que hacía alarde la confiada burguesía inglesa. Sus retratos de los males sociales y su capacidad para la caricatura y el humor le proporcionaron innumerables lectores y el reconocimiento de la crítica como uno de los grandes novelistas de todos los tiempos. Su obra está dedicada a iluminar el mundo menos favorecido y prácticamente ignorado por un público que cerraba los ojos ante la tragedia de los humildes,. Debe tenerse en cuenta que el sentido melodramático de Dickens empañó su punto de vista, no obstante, no disminuyó la validez de la crítica

Thackeray, por otro lado, pecó menos de sentimentalismo y moralismo que Dickens, poseía un conocimiento directo de la aristocracia y fue capaz de una gran sutileza en la caracterización, como demuestra en La feria de las vanidades (1847-1948).

Otras notables figuras de la novela victoriana fueron Anthony Trollope y las hermanas Brontë. Emily escribió una de las más grandes novelas de todos los tiempos, Cumbres borrascosas (1847), mientras sus hermanas Charlotte y Anne también escribieron obras memorables. George Eliot es otra destacadísima novelista de la literatura universal, así como George Meredith y Thomas Hardy.

El mismo espíritu de crítica social inspiró las obras de teatro del irlandés George Bernard Shaw, que hizo más que ningún otro por despertar al teatro de la somnolencia en la que había estado durante el siglo XIX. En una serie de poderosas obras, claramente influenciadas por las últimas teorías sociológicas y económicas, expuso, con enorme habilidad técnica, la estupidez de los individuos y de las estructuras sociales de Inglaterra y del resto del mundo moderno.

Apéndice

Era Victoriana (1819-1901)

Victoria I gobernó durante 64 años (1837-1901), lo que representa el reinado más largo de la historia de Inglaterra. Su época se caracterizó por el ascenso de la clase media y por el conservadurismo.

Era Victoriana (1819-1901)

En este cuadro de James Tissot pintado en 1874 se distingue la típica vestimenta femenina victoriana, caracterizada por las armazones o rellenos de crin de caballo que se llevaban debajo de las faldas para darles forma y por las chaquetas ajustadas y largas.

Bibliografía

Bibliografía

  • Enciclopedia Microsoft Encarta, Microsoft Corporation, 2000.

  • GIRALT, Emily. Historia Universal Salvat. Salvat editores, S.A., Barcelona, 1985.

Volumen XXIII: Europa y Norteamérica en el siglo XIX: Dinámica Política (1ª parte).

Volumen XXIV: Europa y Norteamérica en el siglo XIX: Dinámica Política (2ª parte) y cultura.

  • GONZALEZ GARCÍA, Teodoro. El rumbo de la Gran Bretaña (de la era victoriana al laborismo). Cátedra de la Facultad de Derecho de la Universidad de Buenos Aires, Buenos Aires, 1883.

  • GRIMBERG, Carl. Historia Universal, Editorial Ercilla, Chile, 1987.

Tomo 34: El Romanticismo.

Tomo 35: La Era Victoriana.

  • LLADÓ, Juan B. y otros. “Historia, 3er. curso. La Edad Contemporánea. La Argentina de 1831 a 1982.”, A. Zeta Editora, Bogotá, 1996.

GONZÁLEZ GARCÍA; Teodoro. El rumbo de la Gran Bretaña (de la era Victoriana al laborismo), Cátedra de la Facultad de Derecho de la UBA, pág. 3.

utilitarismo: doctrina que considera la utilidad (ganancia) como principio de la moralidad y valor supremo.

SCHNERB, Robert. El siglo XIX. El apogeo de la expansión europea. En: M.Crouzet. Historia General de las Civilizciones, tomo VI.

1





El mayor abanico de cursos y titulaciones a distancia y online
rincondelvago.com: Condiciones de Uso | Contacto