Era Meiji

Historia de Asia contemporánea. Japón. Era Tokugawa. Sistema económico. Control político. Shogunes. Movimientos ideológicos e intelectuales: Sonnô jôi, Shinsengumi. Bakumatsu. Caída de Edo. Guerra de Boshin. Reformas políticas, sociales y económicas

  • Enviado por: Josep Aran Flores
  • Idioma: castellano
  • País: España España
  • 45 páginas
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JAPÓN: DE LA ERA TOKUGAWA A LA MEIJI,

EL FIN DE LOS SHOGUNES

INDICE

Introducción: La era Tokugawa...........................................................................Pag. 3

El sistema económico..........................................................................................3

El control político................................................................................................5

Las masas populares, jerarquía y vida diaria..................................................7

La caída de la era Tokugawa y el advenimiento de una nueva era

Causas...............................................................................................................................8

Hambrunas y malestar general.........................................................................8

La llegada de los barcos negros.......................................................................11

Movimientos ideológicos e intelectuales..........................................................14

El Sonnô jôi...........................................................................................15

El shinsengumi.....................................................................................16

El Bakumatsu: la caída del Bakufu..............................................................................20

La llegada de la era Meiji..........................................................................................................23

La caída de Edo y la guerra de Boshin........................................................................23

Los primeros pasos de la era Meiji..............................................................................24

La restauración Meiji....................................................................................................25

Reformas políticas.........................................................................................................27

El ultimo samurai.............................................................................................27

La asamblea general.........................................................................................29

Redacción de la Constitución...........................................................................31

Reformas sociales...........................................................................................................34

Reformas económicas, la industrialización.................................................................37

Conclusiones................................................................................................................................41

Cronología...................................................................................................................................44

Bibliografía..................................................................................................................................46

INTRODUCCIÓN

La era Tokugawa

A la muerte de Hideyoshi se desató una lucha por el poder entre los líderes daimyos. Tokugawa Ieyasu (1542-1616), que había conservado un extenso territorio en la región de Kanto y se había asentado en Edo, consiguió derrotar a sus rivales y someter a los partidarios de las fuerzas de Toyotomi, imponiendo así la hegemonía Tokugawa (1600-1867). Se dice que Ieyasu era tan ambicioso y despiadado como cualquier otro Daimyo, obedeció a Oda Nobunaga cuando este le ordenó ejecutar a su esposa y obligar a su hijo a hacerse el harakiri. Se jactaba de ser descendiente del clan Minamoto y, tras ser nombrado Shogun en 1603, decidió permanecer en Edo, que pasó a ser la sede del gobierno. Tal como hicieran otros shogunes anteriores, permitió que la corte imperial se quedara en Kyoto, si bien el emperador, aún siendo el jefe del culto imperial sintoísta, carecía de poder político.

Los dos siglos y medio del gobierno Tokugawa condicionaron el modo de pensamiento japonés, su escala de valores, su conducta social y las instituciones de forma más acusada que los gobiernos anteriores. Así pues, resulta necesario conocer la sociedad Tokugawa para poder comprender el Japón actual.

El sistema económico

Para poder asegurar la continuidad de su régimen, Ieyasu adoptó ciertas medidas. Así, asignó a los daimyos grandes extensiones de terreno a modo de feudos, si bien la familia Tokugawa conservó por herencia las posesiones más extensas. La producción de todo el país por entonces se calculaba en treinta millones de kokus (era la medida usada para determinar el valor de la tierra a partir de la cantidad de arroz producida, 1 koku eran 284 centímetros cúbicos de arroz), de los cuales sitio millones correspondían a la familia Tokugawa. Los dominios del Bakufu estaban situados en la región de Kanto y en otras zonas estratégicas. Ieyasu otorgó feudos de su propia herencia a sus vasallos y colaboradores más directos. Los restantes veintidós o veintitrés millones de kokus quedaron en manos de los daimyos, cuyo número fue variando a lo largo de la era Tokugawa, pero que por término medio ascendía a 270 aproximadamente. La posesión mínima de un daimyo era de diez mil kokus, la inmensa mayoría contaba con menos de 100.000 kokus, aunque unos pocos llegaron a poseer hasta 300.000 mil kokus o más. El daimyo más rico llegó a tener 1'02 millones de Kokus. La corte imperial recibió, en un primer momento, veinte mil.

Los daimyos se dividían en tres clases: los parientes de la familia Tokugawa, incluidas tres dinastías colaterales fundadas por los hijos de Ieyasu; los daimyos vinculados por linaje a la familia Tokugawa; y los llamados señores “de fuera”, que habían pasado a depender de la familia Tokugawa tras la victoria de ésta. Los señores herederos fueron destinados a zonas estratégicas, mientras que a los de “fuera” se les asignaban las regiones más lejanas o bien zonas situadas entre las posesiones de los señores herederos. Los daimyos tenían prohibido establecer vínculos matrimoniales o reparar castillos sin la autorización previa del Bakufu, al mismo tiempo que estaban obligados a pasar uno de cada dos años en Edo, ciudad en la que, por la ley, tenían que residir los miembros de su familia, algo que generaba enormes gastos.

Los Daimyos podían gobernar sus dominios (han) libremente, pero el Bakufu gozaba del control absoluto de las relaciones exteriores. La acuñación de moneda y el transporte interfeudal. Cada daimyo tenía su propio centro de poder en su ciudad-castillo, desde donde controlaba a sus vasallos y a la gente que vivía en sus dominios, en su mayoría campesinos. Esta división del país en diversos territorios daimyos modeló la identidad regional japonesa, provocando cierto distanciamiento entre regiones.

Con el fin de asegurar la estabilidad social y política, el Bakufu Tokugawa decidió establecer un rígido sistema de clases. Antes de la época de los señores guerreros no existía una separación estricta entre samuráis y campesinos. En tiempos de paz, el samurái se dedicaba a cultivar la tierra, actividad que abandonaban cuanto se incorporaba a filas, al mismo tiempo que los campesinos tenían derecho a ser incluidos en los grupos de los guerreros. Durante el periodo de los “estados guerreros”, conocido como el Sengoku Jidai, los samuráis empezaron a dedicar más tiempo a la guerra y se asentaban allá donde su señor hubiera fijado el cuartel general. Más adelante, Hideyoshi empezó a restringir la posibilidad de que los campesinos abandonaran las labores del campo. El Bakufu Tokugawa formalizó las divisiones de clase y el status de samuráis y campesinos pasó a definirse por nacimiento. Los gobernantes Tokugawa adoptaron la división de clases del confucianismo chino, este es, eruditos, campesinos, artesanos y comerciantes, pero sustituyendo a los eruditos por los samuráis. Los artesanos y comerciantes formaban prácticamente una única clase: “la de los habitantes de la ciudad”.

Los samuráis eran la clase dominante, los privilegiados. En vez de asignárseles una propiedad, se les pagaba en estipendios fijos de arroz. En realidad, no eran mas que siervo políticos oque vivían en las ciudades-castillo donde estaba asentado su señor. Había grandes diferencias entre los estipendios de arroz que revivían los samuráis de clase alta y los percibidos como la clase baja, además de estar prohibido el matrimonio entre miembros de ambas clases. Se suponía que el samurái debía conocer las enseñanzas de Confucio y comportarse según el código de los guerreros, que destacaba, ante todo, la dedicación exclusiva al señor. La clase samurái era superior al pueblo llano, por lo que estaba autorizada a matar con total impunidad a un campesino o habitante de la ciudad que se comportara de forma insolente con ellos. A finales de la era Tokugawa el número de samuráis ascendía aproximadamente a 1.800.000, de los cuales el treinta por ciento pertenecía a la clase más baja.

Sin embargo, era inevitable un avance en el comercio interior, especialmente en las últimas décadas de la era Tokugawa y la llegada del “Rangaku” ( que significa literalmente estudios holandeses, Ran es una abreviación de Oranda, Holanda), en que se vieron cambios bruscos en la situación jerárquica y económica de la nación

El sistema político

El orden político establecido por Ieyasu y sus sucesores perduró hasta mediados del siglo XIX, cuando su poder se vio amenazado por la llegada de las potencias occidentales. Los gobiernos shogunes se sucedían metódicamente, algunos con más eficacia que otros, pero en conjunto los asuntos administrativos corrían a cargo de los consejeros, en especial del consejero general. El shogun era la cabeza visible del estado, y su administración es centralizada y colectiva; la centralización muy raramente se lleva a cabo en torno a un individuo, sino que se opera en provecho de organizaciones y comités colegiados. Cuando se hable del Bakufu (o gobierno del shogun), hay que pensar sobretodo en el gobierno de los que le rodean. A la cabeza del estado se encuentra el Gran consejo, compuesto de cinco ancianos (Rojû), que ejerce una especie de dictadura al estilo romano. Aunque los rojû deciden la política general y tienen autoridad sobre los daimyos, también existen los feudos (Han), casi 300, que son mas o menos autónomos bajo la dirección de los daimyos, siempre bajo medidas preventivas para mantener el orden. El primer objetivo del Bakufu era garantizar el orden u la estabilidad política, por lo que se mantenía una cuidadosa supervisión de todos los segmentos de la sociedad. Se establecieron puntos de control en los lugares estratégicos, de manera que las personas que viajaban de una región a otra eran sometidas a inspección. El otro objetivo era de tipo económico: el shogun no podía exigir impuestos a los daimyos, por lo que la fuente de ingresos del Bakufu se reducía a las rentas de sus tierras. Normalmente se quedaba con el cuarenta por ciento de la cosecha y, además, podía gravar con impuestos especiales para realizar obras públicas y financiar proyectos específicos. A los daimyos se les pedía que contribuyeran a la realización de estos proyectos, o que ellos mismos lo s llevaran a cabo para el Bakufu.

No obstante, fue en el ámbito de las relaciones internacionales donde el Bakufu tuvo que adoptar nuevas medidas y disponer de controles rigurosos. Ieyasu y sus sucesores persiguieron a los cristianos, una política que trajo consigo mayores restricciones en los contactos internacionales. En 1616 el Bakufu prohibió a todos los mercaderes occidentales la entrada en cualquier puerto japonés que no fueran los de Nagasaki o Hirado, en Kyushu. Los extranjeros podían residir solo en Edo, Kioto y Sakai. En 1624 se negó a los españoles el derecho a mantener relaciones comerciales con Japón, mientras que los Británicos decidieron abandonar sus esfuerzos por establecer contactos comerciales con este país. En 1636 el Bakufu prohibió a todos los japoneses salir al extranjero, al mismo tiempo que se impedía la entrada a todos aquellos que ya vivían en otros países, como Filipinas o Tailandia. Sólo tres naciones tenían autorización para atracar sus barcos en los puertos japoneses: Corea ( en la isla de Iki ), y China y Holanda (en la costa de Nagasaki). Los holandeses podían permanecer únicamente en esa isla y no estaban autorizados a viajar a ningún otro punto de Japón sin permiso oficial. Con el fin de erradicar los principios cristianos, se vetó la entrada de libros occidentales, prohibición que se levantó en 1720 aunque sólo para las publicaciones de carácter no religioso. Así pues, el país quedó virtualmente aislado del resto del mundo exterior, en especial Occidente, en donde, por aquel entonces, se estaban produciendo significativos avances políticos, intelectuales y científicos.

Tras cerrar prácticamente todas las fronteras del país, el shogunato Tokugawa consiguió conservar el control político mediante un estricto control sobre sus fuerzas políticas internas. No encontró ninguna oposición importante hasta comienzos del siglo XIX, cuando comenzó a crecer la presión de las naciones occidentales. De esta forma, Japón se convirtió en un “estado mundial” ya que, en palabras de Arnold Toynbee, “cualquier colectividad, por pequeña que sea, se constituye en un auténtico mundo para los que viven en su seno si se aísla del resto de la sociedad”.

Las masas populares, jerarquía y vida diaria

Se calcula que el número de habitantes de Japón a comienzos de la era Tokugawa era de aproximadamente veinte millones. A principios del siglo XVIII la población plebeya ascendía a veintiséis millones, de los que el ochenta por ciento eran campesinos. La tierra pertenecía a los shogunes y a los daimyos, mientras que los campesinos que la trabajaban no eran sino siervos ligados a la tierra. La extensión de terreno cultivable, aunque variaba, era por término medio de un chó (algo menos de una hectárea). No pagaban una cantidad fija de impuestos, pero en general debían entregar entre el cuarenta y el cincuenta por ciento de la cosecha. Algunos daimyos recaudaban incluso hasta el setenta por ciento de la producción, lo habitual era exigirles el mayor número de impuestos posible, hasta el punto de que un gobernante afirmó en una ocasión: “las semillas de sésamos y los campesinos se parecen mucho. Cuando más los exprimes, más puedes sacar de ellos”; podemos ver una similitud clarísima en frases europeas de la misma época, como la que decía: “los campesinos alemanes son como los nogales, cuanto más les atizas con un palo, más nueces dejan caer”.

Además los campesinos estaban obligados a satisfacer todo tipo de cargas fiscales y se esperaba que realizaran trabajos no remunerados, como la limpieza de caminos y otras labores públicas. La clase regente gobernaba la vida de los campesinos de forma dictatorial. Estos no podían tener apellidos ni, por supuesto, llevar espada, un privilegio reservado exclusivamente a los samuráis. Las virtudes que se les suponían eran las de mesura, diligencia, renuncia y sumisión. Se les ordenaba qué debían cultivar, el horario de trabajo, qué comer, cómo vestirse y qué actividades de tiempo libre les estaban permitidas. Había que divorciarse de las mujeres que malgastaban su tiempo contemplando las flores o tomando el té, y muy pocos tenían acceso al aprendizaje, por lo que eran analfabetos en su mayoría. La clase gobernante consideraba que los campesinos vivirían más felices cuanto mas ignorantes fueran; de ahí que un dicho común entre esta clase fuera: “un buen campesino es el que no sabe cuanto cuesta el grano”.

El campesinado era su mayor parte muy pobre y apenas tenía para sobrevivir, aunque algunos gozaban de mejores condiciones y actuaban como jefes en los pueblos ayudando a los funcionarios a recaudar impuestos o llevándoles la contabilidad. Cada pueblo contaba con grupos de cinco hombres o asociaciones de vecinos que se encargaban del pago colectivo de impuestos y de castigar cualquier acto delictivo que cometieran sus miembros. Estas asociaciones también hacían las veces de entidades de colaboración mutua, ayudando a sus integrantes en tiempos de carestía o enfermedad, que especialmente en las ultimas décadas de la era Tokugawa, fueron numerosos.

Dentro de las ciudades se vivía una situación diferente, a mediados del siglo XVIII, el nombre de habitantes en las ciudades eran 3 o 4 millones en teoría, los artesanos y los comerciantes estaban por debajo del campesinado en la jerarquía social Tokugawa, no sólo por la influencia de la filosofía de Confucio, sino también porque los campesinos eran la espina dorsal de la economía. Los gobernantes Tokugawa también adoptaron el desprecio confuciano hacia los que se dedicaban a hacer dinero. Un erudito confuciano Tokugawa apuntaba que los grandes reyes de la antiguedad “ valoraban la agricultura en detrimento de la industria y del comercio”. Otro confuciano llegó a manifestar: los comerciantes acumulan riqueza sin trabajar, fomentan una vida de lujo y corrompen las mentes del pueblo”. No obstante esta concepción filosófica, lo ciento es que tanto el Bakufu como los daimyos impulsaron el comercio interior.

Los daimyos trataban de aumentar el número de productos que podían venderse a otros territorios y algunas ciudades. Como Osaka, se convirtieron en importantes centros comerciales. Artesanos y comerciantes se asentaron en las ciudades-castillo de los Daimyos con fines económicos, desarrollando un tipo de vida cultural y social que en nada se parecía al de los campesinos y samuráis: su meta en la vida era la de crear y acumular riqueza.

El crecimiento de las ciudades-castillo, donde se congregaban tanto los samuráis al servicio de los daimyos como los comerciantes y los artesanos, hizo que el número de ciudades repartidas por todo el país ascendiera a 130. De ellas, entre treinta y cuarenta contaban con más de diez mil habitantes, mientras que las más importantes sobrepasaban los cien mil. Se calcula que a principios del siglo XVIII, la población de Edo oscilaba entre los ochocientos mil y el millón de habitantes, de los que un buen porcentaje correspondía a los samuráis al servicio del Bakufu y del daimyo. La población de Osaka rondaba los 400.000, y la de Kioto los 350.000. Muchas familias se enriquecieron con el comercio, como la Mitsui y la Konoike, cuya actividad comercial continuó incluso después de la era Tokugawa. Los comerciantes y los artesanos estaban agrupados en gremios, aunque en el caso de los artesanos prevalecía una relación feudal entre el señor y los trabajadores.

LA CAÍDA DE LA ERA TOKUGAWA Y EL ADVENIMIENTO DE UNA NUEVA ERA

El régimen del shogunato Tokugawa duró aprox. 300 años, en los cuales, con la excepción importante del siglo XVIII, no se vio apenas problemas para dirigir el país ni mantener el orden. A simple vista podemos decir incluso que se vio una gran aceptación del pueblo (y de las clases más altas) para con el régimen shogunal. Sin embargo, pasados esos 3 siglos, el shogunato acabó cayendo, y no por una sola razón, como la llegada de los occidentales, sino muchas de ellas, que desembocó en una complicada lucha civil y social que fue mucho más terrible de lo que se pudo pensar en un principio.

Causas

Hambrunas, revueltas y malestar general

La situación del campesinado a inicios del siglo XVIII fue especialmente terrible en comparación a años anteriores. Los campesinos llevaban una vida de arduo trabajo sin apenas comodidades. Su existencia estaba cuidadosamente regulada y gobernada por la filosofía moral impuesto por la clase gobernante, de orientación confuciana. Así pues, la diligencia, la disposición, la obediencia y la renuncia se convirtieron en virtudes fuertemente arraigadas en la mentalidad campesina. Con todo, ante una etapa de males cosechas y hambre se veían obligados a tomar decisiones dolorosas tales como el infanticidio, el aborto o vender a sus hijas a los prostíbulos. En sus viajes por el país,.el escritor Sato Noshiburo (1767-1850) observó que el infanticidio estaba muy extendido, y que incluso “ se mataba a los niños antes de que nacieran... En las provincias del norte todos los año se acababa con la vida de más de sesenta mil o setenta mil niños”. En casos extremos de hambruna, se llegaba incluso al canibalismo. Un erudito que viajó por las aldeas del norte durante la hambruna de 1785 se encontró a su paso pilas de huesos blanqueados, de lo que un campesino le dijo: “son los huesos de personas que perecieron de hambre... solíamos cazar a los caballos que merodeaban por ahí... los descuartizábamos y nos los comíamos... cuando nos quedábamos sin animales apuñalábamos y matábamos a nuestros hijos, hermanos o a cualquiera al borde de la muerte... y nos comíamos su carne”.

En la era Tokugawa se contabilizaron treinta y cinco hambrunas a causa del mal tiempo y de las plagas de langosta, que acarrearon muertes masivas por inanición. Se calcula que en la hambruna de 1732, murieron más de 969.900 personas, y en la mayor de ellas, que duró de 1783 a 1787, se cree que fallecieron más de dos millones de personas sólo en una provincia. A pesar de que, indudablemente, estas cifras responden a un cálculo excesivo debido a la costumbre de utilizar unidades de diez mil para indicar la magnitud de cualquier acontecimiento, se cree que perecieron de inanición varios cientos de miles de personas.

Ando Shoéki (1703-1762) surgió como el critico del orden establecido y líder del campesinado, aunque sus ideas no se dieron a conocer prácticamente hasta el siglo XX, cuando se descubrió la multitud de volúmenes que había escrito. Convencido de que la población rural constituía la base de la sociedad y que era la única que “vivía honestamente mediante el cultivo directo de la tierra”, criticaba a aquellos que sólo se dedicaban a gastar sin realizar ningún trabajo útil, afirmando que los samuráis eran el grupo más representativo a este respecto. Los eruditos confucianos no criticaban esta situación porque no eran sino “avaros consumidores que no cultivan la tierra”. Por tanto, Shoeki rechazaba las enseñanzas de las cosas contrario al orden de la naturaleza, y promulgando una filosofía igualitaria, afirmaba que antes de que aparecieran el conocimiento y la civilización la gente era libre, igual y moral. Repudiaba a los que no hacían otra cosa que hablar sin producir “un solo grano de arroz”. En el verdadero estado de la naturaleza no habrá gobernantes ni clases privilegiadas. Todos se dedicarán a “cultivar la tierra directamente” y prevalecerán la igualdad y la libertad completa.

Sin embargo, no solo las masas más humildes vivieron malas épocas. El sustento económico de los samuráis seguía siendo, en teoría, la economía agraria. Las ciudades-fortaleza y los principales centros políticos y comerciales, como Osaka y Edo, vieron nacer un amplio sector de población urbana dedicada al comercio y a la producción de numerosos artículos de consumo. Esta práctica consumista aumentó las necesidades financieras de los grupos daimio y samurai por encima de lo que ingresaban de su economía agraria. Así pues, para satisfacer sus demandas, el daimyo impulsó la producción de cosechas pagadas en metálico así como de productos industriales para exportar a otras regiones. D esta forma ciertas zonas se convirtieron en centros de comercio del té, de arroz de primera calidad, de sake, de cerámica, de tejidos, utensilios, marisco, etc... al mismo tiempo que los comerciantes controlados por los daimios para trabajar de tratantes, intermediarios o transportistas enriquecían dentro de su región.

Pero los problemas económicos de muchos daimios no lograron resolverse. Aunque no debían pagar impuestos al Bakufu, estaban obligados a realizar proyectos públicos de coste elevado. Los viajes anuales de ida y vuelta desde su residencia a Edo (y mantener dicha residencia), una norma establecida por el Bakufu, implicaban enormes gastos, ya que debía trasladarse con todo un séquito de siervos y contribuir a la ostentación y el decoro que requería la ocasión. Además mantener dos residencias, la habitual y la situada en Edo, resultaba excesivamente caro, sin olvidar los gatos generados por la adquisición de artículos de lujo, para no ser menos que los otros daimyos. Finalmente, este grupo sufrió también fuertes tensiones como consecuencia de las catástrofes naturales y las hambrunas que, ocasionalmente, azotaban el país.

También los samuráis comenzaron a sufrir las dificultades económicas. Durante los años de paz Tokugawa se olvidó el viejo ideal samurái de vida austera y frugal. El samurái recibía ingresos fijos en forma de estipendios de arroz, pero sus gastos aumentaron cuando adoptaron un estilo de vida menos austero, viviendo en buenas casas y vistiendo ropa de calidad. Muchos llevaban una vida hedonista, acudían al teatro o frecuentaban caros prostíbulos y eran clientes habituales de las geishas.

El daimyo y el samurái empezaron a endeudarse con los comerciantes a los que adquirían mercancías o pedían dinero en préstamo. A fin de satisfacer estas deudas, el daimyo comenzó a imponer más impuestos a los campesinos. Algunos empezaron a quedarse ocasionalmente con parte del estipendio de arroz de los criados, o a pedirles que “le prestaran” un cierto porcentaje del mismo. Otros solicitaron a sus criados que aceptaran reducciones del estipendio de hasta un cincuenta por ciento, lo que obviamente, acentuó los problemas económicos de los samuráis. La otra medida que tomaron el Bakufu y los daimyos fue la cancelación de las deudas que habían contraído con los ricos comerciantes , lo cual provocó un drástico comportamiento en la estricta jerarquía social japonesa.

A principios del siglo XVIII, los daimyos debían ingentes sumas de dinero a los comerciantes y prestamistas. El Bakufu llegó a confiscar los bienes de uno de ellos, famoso por su riqueza, debido a las enormes deudas que habían contraído los daimyos con él. En 1780, el Bakufu canceló las deudas de los daimyos y samuráis en noventa y seis negocios.

Estas medidas hicieron que los comerciantes fueran muy cautelosos a la hora de extender un crédito a un daimyo o samurái. Como consecuencia, ambos grupos, con problemas financieros, dejaron de comportarse arrogantemente con los ricos comerciantes y, para complacerles, les concedieron derechos reservados a los samuráis, como por ejemplo llevar espada. Aparentemente los papeles se habían invertido, alguien observó que tanto los grandes como los pequeños daimyos tenían que “ ver a los prestamistas, a los que consideraban el mismo demonio”. Los samuráis se comportaban de una forma más apropiada con ellos: “Hoy en dia, cuando un samurái escribe una carta a un comerciante que posee una cierta riqueza, se dirige a él como a un personaje excelso”. Estos pequeños pero importantes detallen eran el inicio del fin de la inquebrantable jerarquía social.

La llegada de los barcos negros

Los dirigentes del Bakufu eran conscientes de la incursión de las naciones occidentales en Asia y conocían las fuentes chinas que informaban de los acontecimientos ocurridos en otras partes del mundo. En el siglo XVIII, Rusia puso sus miras en la parte oriental de Siberia y sus barcos empezaron a acercarse a Hokkaido para entablar relaciones comerciales. En 1818 los británicos enviaron un navío a Edo con la misma petición, al mismo tiempo que los barcos balleneros se aproximaban a las costas japonesas en busca de víveres y de agua. El Bakufu rechazó estas peticiones y promulgó un edicto en 1825 ordenando la expulsión de todos los navíos extranjeros atracados en costas japonesas. Esta orden se suavizó para prestas ayuda a los barcos que llegaban perdidos accidentalmente a las costas de Japón, pero no por ello la política de aislamiento recibió alguna enmienda.

Otro país que también empezó a interesarse por el lejano Oriente fue Estados Unidos, que durante el siglo XVIII comenzó a enviar clípers a China. Su interés radicaba en la pesca de ballenas cerca de las costas japonesas y en asegurar protección a los marineros que naufragaban, pero la respuesta del Bakufu fue de tratar a estos marineros como intrusos. Cuando Estados Unidos envió un mercante en 1837 para iniciar los contactos, el barco se vio obligado a retroceder. Lo mismo ocurrió en 1846, cuando dos buques de guerra, al mando del capitán Biddle, partieron con el fin de abrir los puertos japoneses al exterior, sin lograrlo.

'Era Meiji'

El capitán Matthew Perry

Años más tarde, el 8 de julio de 1853, el capitán Matthew C. Perry llegó a Uraga, en la bahía de Tokio, con cuatro buques de guerra. Perry se negó a abandonar el puerto y le dio al Bakufu tres días para aceptar la carta del presidente Filmore, en la que solicitaba el derecho de los navíos americanos a entrar en puertos japoneses para reponer carbón y víveres, así como establecimiento de relaciones comerciales entre los dos países. Ante la perspectiva de los “barcos negros”, el Bakufu asumió que no le quedaba más alternativa que permitir a Perry desembarcar en Uraga. Una vez entregada la carta, Perry zarpó anunciando que volvería al año siguiente para recoger la respuesta.

'Era Meiji'

El capitán Perry según un

dibujante japonés, que sin

duda nunca había dibujado

pelo rizado ni charretera

Los dirigentes del Bakufu sabían bien de los peligros que representaban las potencias occidentales. Conocían la humillación por la que había pasado china en la guerra del opio de 1839-1842. Enfrentados al ultimátum de Perry, los líderes Bakufu sintieron la necesidad de pedir consejo a los daimyos y a los miembros del gobierno, además de escuchar las opiniones de los siervos de los daimyos, de los guerreros independientes y de los comerciantes, así como de aquellos mercaderes y granjeros más destacados. Al requerir el asesoramiento de todos los estamentos, se vieron también obligados a solicitar el parecer de la corte imperial, invitándola a exponer sus sugerencias. La petición fue crucial en las relaciones políticas entre el Bakufu y la corte imperial, ya que ésta nunca había tenido voz en las decisiones del gobierno Tokugawa.

No se pudo llegar a un consenso. De los 700 informes recibidos, algunos aconsejaban acceder a las peticiones de Perry, pero la mayoría estaban a favor de continuar la política aislacionista pero, eso sí, evitando cualquier tipo de enfrentamiento militar. Unos pocos sugirieron contestar con evasivas, y algunos llegaron incluso a declarar la guerra a las fuerzas intrusas; entre estos últimos se encontraba e señor de Mito-Han, que promulgaba la fuerza como método para levantar la moral de la nación.

'Era Meiji'

Uno de los barcos negros de Perry vistos por

dibujantes japoneses

Perry volvió antes de lo previsto, en febrero de 1854, esta vez con ocho “barcos negros”. El Bakufu carecía de medios para enfrentarse a su flota, de modo que accedió a las demandas más básicas y, ese mismo año, se firmaba el tratado de Kanagawa, que permitía abrir dos puertos a los navíos americanos: Hakodate, en Hokkaido, y Shimoda, en la penninsula de Iza, junto a la bahía de Tokio. También aceptó proporcionar la ayuda necesaria a los marineros náufragos y permitir que un cónsul americano residiera en Shimoda. La cláusula “nación más favorecida” estaba incluida en el tratado, aunque no había provisiones especificas sobre el comercio. Más adelante, se firmaron tratados similares con Inglaterra, Francia y Rusia. La llegada de Perry, y el hecho de acceder a sus demandas constituyen un antes y un después en la historia de Japón, que supuso el fin de la política de aislamiento y el nacimiento del país como un estado moderno que comenzaba a cobrar importancia en la escena mundial.

'Era Meiji'

Towsend Harris

En 1856, el gobierno de Estados Unidos envió a Townsend Harris a negociar un acuerdo comercial. Durante el curso de las interminables negociaciones, los dirigentes del Bakufu le informaron de la fuerte oposición existente a firmar un tratado de ese tipo con Estados Unidos. El interlocutor principal informó a Harris de que sólo cuatro de los dieciocho daimyos principales estaban a favor del tratado, y que del total de trescientos daimyos sólo el treinta por ciento había manifestado su aprobación. Con el fin de obtener el consentimiento de aquellos opuestos al tratado, los negociadores japoneses solicitaron a Harris un retraso en las negociaciones de dos meses, tiempo para que un embajador hablara con el emperador y le convenciera de dar su aprobación. Eso obligaría a los daimyos en contra a retirar su negativa. Cuando Harris preguntó que harían si el Mikado se negaba a dar su aprobación, le contestaron que el gobierno ya había decidido no atender a ninguna objeción del Mikado. Sin embargo, sostenían que el hecho de que el Bakufu hubiera consultado al emperador, calmaría la oposición. Pero contrariamente a las expectativas del Bakufu, el mikado no dio su aprobación al tratado porque el círculo porque el circulo de la corte estaba dominado por los defensores de la política aislacionista.

Tal como había predicho el Shogunato, se hizo caso omiso de la negativa, y el gran consejero Li Naosuke (1815-1860) firmó el tratado de amistad y comercio entre los dos países sin el consentimiento imperial en 1858. El acuerdo contemplaba la apertura de tres puertos para el comercio y otros dos más en el plazo de unos años, aparte de acordar los aranceles correspondientes. Edo (Tokio) y Osaka abrieron sus puertas a los residentes extranjeros en 1862 y 1863, respectivamente.. A los ciudadanos estadounidenses se les garantizaron derechos extraterritoriales y libertad de culto. Más adelante, Inglaterra, Francia y Rusia y Holanda firmaron tratados similares.

'Era Meiji'

Dibujo de un periodista inglés mostrando un puesto aduanero en un

Puerto de Yokohama en 1861.

Estos pactos pusieron fin a los problemas del Bakufu en el ámbito de las relaciones internacionales, pero provocaron graves conflictos internos, el más famoso de los primeros incidentes fue el 3 de marzo de 1860, el accidente de la puerta de Sakurada, en que Li Naosuke era asesinado por 18 ronins de Satsuma. La firma del tratado sin el consentimiento imperial proporcionó a los sectores pro imperiales y antioccidentales un buen motivo para situar a la opinión pública en contra del Bakufu.

Movimientos ideológicos e intelectuales

El régimen shogunal se estableció en el año 1600, y se basó, al menos en el campo teórico, en que el shogun era nombrado como dirigente del país con el beneplácito del emperador, que era el auténtico líder de la nación, ya que aún conservaba su divinidad. En la realidad, el emperador era el prisionero del shogun, y este dirigía la nación basándose en su poder militar. El emperador vivía recluido en Kyoto, que estaba vigilado por el cuerpo de guardia que estaba a las ordenes del shogun y cuyo cuartel se comunicaba directamente con el palacio del emperador.

Esta forma de gobierno fue aceptada mayoritariamente por el pueblo y los daimyos, sin embargo, con el paso de los siglos se fueron viendo otras formas de pensar, relacionadas con la posición del emperador, el fin del aislamiento de la nación y el orden social que se vivía en el momento.

Sonnô-jôi

Sin duda la base del movimiento anti-Bakufu fue el movimiento del sonno-joi, el que más se expandió por el pueblo japonés, tanto samuráis como campesinos. Reverenciemos al emperador (Sonno) y echemos los extranjeros (Joi), era un pensamiento iniciado (y más tarde expandido) por la escuela de Mito; era un pensamiento nacionalista y imperialista. En el siglo XVI, la corte imperial estaba arruinada y ya no representaba una fuerza política activa, por lo que fue reemplazado por la posición del shogun (entonces con la dinastías Ashikaga y Kamakura), por lo que muchos emperadores fueron de hecho obligados a formar en servicio sacerdotal para asegurarse la imposibilidad de que tomaran ningún posible papel político. Sin embargo, en los siglos XVII, los Tokugawa, a cambio de su apoyo moral, restauran en parte su fortuna: le ofrecen un dominio cuarenta veces inferior al de ellos, lo que le permitiría vivir aunque sin lujos, y proveer las necesidades de su personal y de las ceremonias. La legitimidad del poder shogunal estaba asegurada: gobernaba en nombre del emperador.

Pero la escuela de Mito, al redactar su historia de Japón, lanzaba poco a poco la idea de que la particularidad de Japón era tener una dinastía única que, a diferencia de China, jamás había conocido una revocación del mandato celeste. El pensamiento de la escuela de Mito hacia la síntesis del pensamiento sintoísta y del confucionismo (religión oficial en Japón), síntesis que llegaría a constituir la ortodoxia del régimen Meiji. Además, hubo en Shinron un llamamiento al emperador para que este afirme su autoridad en cuanto jefe natural de la comunidad. La escuela de Mito se oponía cada vez más a la rama mayor de los Tokugawa, y en 1837, un intelectual de Mito, Fujika Toko (1806-1855), dio la formula que llegaría a ser el grito que unió a los partidarios del emperador después de 1850: Sonnô-Jöi

El sonno-joi se manifestó de muchas formas a lo largo del siglo XVIII y XIX, especialmente en las ultimas décadas de la era Tokugawa, muchos miembros del sonno-joi participaron activamente en la caída del Bakufu, participando en las luchas internas del país, especialmente en Kyoto, y cuando llego la fase más cruenta del conflicto, como espías, asesinos y soldados en la guerra de guerrillas, los cabecillas de estos movimientos solían ser jóvenes samuráis o gente de clases menos favorecidas motivados quizás, por frustración generada por la jerarquía social de la era Tokugawa. Los activistas mas destacados procedían generalmente de los dominios de “los señores de fuera”, especialmente de Chosu en la meseta occidental, de Satsuma, en el sur de Kyushu, y de Tosa, en la isla de Shikoku, incluso se vieron miembros del sonno-joi en la dinastía colateral de la familia Tokugawa. Los líderes más importantes del sonno-joi, conocidos como Shishi ( u hombres de altas expectativas, también llamados Ishin Shishi) fueron los precursores, en cierto modo, de los patriotas ultra nacionalistas de la década de 1930. Hay que decir también que ni en todas partes ni en todo tiempo se defendieron los mismos valores del sonno-joi con las mismas ideas, así por ejemplo, Satsuma era acérrima defensora de la tendencia sonno, pero no tanto de la joi, pues veía con buenos ojos la posibilidad de un comercio con Occidente, Tosa, en cambio, siempre creyó en la ideología Joi y mantenía sus reservas con la Sonno, mostrando una total neutralidad entre ambos gobiernos, la defensa más radical del sonno-joi siempre estuvo en Chosu, que defendía ambas tendencias con la misma ferocidad

Muchos de estos Shishi abrazaron las enseñanzas de pensadores influyentes como Aizawa Seishisai o Sakuza Zozan (1811-1864), que no se oponía a la ciencia y tecnología occidentales, pero defendía acérrimamente los valores tradicionales y la política nacional. El mas importante de todos los shishi fue Yoshida Shoin (1830-1859), miembro del clan Choshu, versado en las filosofías de Chi Hsi y Wang Yang Ming, y fue alumno de Sakuma Zozan; reconocía la cultura occidental. No creía, sin embargo que la política aislacionista del Bakufu fuera la mejor manera de proteger el país de la amenaza de occidente, sino que estaba convencido de la necesidad de transformar el orden feudal y jerárquico existente para unir toda la nación. Sus ideas sonno, contrarias al Bakufu, partían de una base idealista, pues para él “todos los japoneses deben considerar los problemas del país como si fueran propios y servir al Emperador, no deberían, por tanto, existir diferencias entre los nobles y el pueblo llano, entre las clases superiores y las inferiores”. Yoshida Shoin creía fervientemente, pues, en la necesidad de la supresión del sistema jerárquico de la sociedad Tokugawa y en que los actuales dirigentes del país eran incapaces de dirigir la nación y protegerla de los bárbaros. En suma estos eran los argumentos que daba para defender la creación de un nuevo orden.

Yoshida Shoin tuvo muchos seguidores, abrió una escuela privada en Choshû llamada Shokason Juku, y de esta academia salió un grupo de estudiantes que lucharon a favor del sonno-joi y serían los futuros lideres de Japón, especialmente Ito Hirobumi, Aritomo Yamagata y Kido Koin, los constructores del Japón Meiji.

También se dice que Yoshida Shoin fue uno de los que promovió dentro del sonno-joi la facción más radical, precursora de la oleada de asesinatos y disturbios en contra de los seguidores del Bakufu, alegando el Tenchu (venganza divina, alegando a la divinidad del emperador y manifestando la voluntad de los ishin shishi de hacer justicia por sus propios medios en su nombre). La historia nos impide confirmar estas sospechas, pero algunos historiadores afirman que podría ser así debido a escritos como los que hizo, por ejemplo, al saber que el shogun firmaba el tratado con Harris:

los dioses están enfurecidos, por lo que resulta adecuado destruir y matar respetando los principios básicos de la justicia [...] para cambiar el régimen Tokugawa, que después de trescientos años de reinado ha creado esta era de locura en la que estamos, no tenemos más remedio que sumergirnos también nosotros en esta locura, para realizar la obra de construcción de una nueva era...”.

Inicialmente intentó que los daimyos de la oposición derrotaran al Bakufu, se rebeló contra el orden establecido. No obstante, sus conspiraciones contra el Shogun y su participación en el intento de asesinato de un miembro del consejo de ancianos llevó a que fuera detenido en la oleada de arrestos masivos de la era Ansei ( a finales de 1850). La muerte de Yoshida Shoin, lejos de desalentar a los miembros del sonno-joi, como se esperaba, no hizo sino que sus partidarios aun pusieran más empeño en su lucha contra el Bakufu, logrando que el sonno-joi fuera un movimiento que se fraguara desde el pueblo llano hasta las más altas instancias, sobretodo en las calles de Kyoto, donde la lucha en las calles fueron casi parte de la vida diaria, especialmente tras el accidente de la puerta de Sakurada. Fue el inicio del periodo conocido como “Bakumatsu”.

El shinsengumi

A partir de las décadas de 1850 a 1860, el nombre de ronins (samuráis sin señor) aumentó de forma espectacular en las ciudades más importantes, que provocaban disturbios y accidentes de gravedad, especialmente en Kyoto, y se tuvieron que crear grupos de samuráis especiales para controlarlos

El shinsengumi no fue, originariamente, ninguno de estos grupos especiales, ni tampoco tuvo mucha importancia política, pero su papel en la defensa del shogunato en contra de los ishin shishi fue tan importante que considero que debe mostrarse en este estudio.

El Shinsengumi, pese a ser un grupo relativamente pequeño (en su época de más apogeo, 1865, tuvo unos 200 hombres), se hizo famoso en todo Japón por su interpretación radical del Bushido (código del guerrero), sus ideales firmes y su fidelidad inquebrantable por el Bakufu. En realidad, a pesar de su estela legendaria y romántica, los hombres que formaban el núcleo del shinsengumi provenían de familias de samuráis humildes o bien de familias no samuráis. Viendo en su dominio de la espada una oportunidad hasta entonces existente de superar la estricta jerarquía social y alzarse por encima del rango en el que habían nacido, se comprende su radical interpretación del código del bushido en un momento en que los samurái hacia siglos que no luchaban, sino que ejercían de funcionarios, y eran, en muchos casos, débiles y cobardes. El shinsengumi, pues, es el epítome de la “reinstauración” mal entendida de unos valores que hacía siglos que no estaban en boga. Por ejemplo el “Seppuku”, que era un suicidio ritual para aquellos que habían cometido alguna falta ante el shinsengumi, como:

  • desviarse del camino correcto de un hombre

  • desertar del shinsengumi

  • obtuviera dinero por la vía privada

  • se metiera en “asuntos ajenos”

  • se peleara sin permiso

  • dejara escapar vivo a un rival en la lucha

  • Así pues, los valores arcaicos impuestos a unos hombres rudos, generalmente de poca educación y rango, social y económicamente hablando, que veían como con su espada se estaban ganando el respeto y la admiración de sus superiores, hizo del shinsengumi un grupo altivo, violento y extremadamente fanático, conocido con el apodo de “los lobos de Mibu” (Mibu es el nombre de la aldea cercana a Kioto donde el shinsengumi montó su primera base).

    El shinsengumi nació como concepto (todavía no como nombre) en 1862, cuando se creó un grupo de bravos guerreros sin rango y criminales amnistiados cuya función debía ser de guardaespaldas del shogun Iemochi Tokugawa en un viaje a Kyoto. En este grupo, llamado entonces Roshi-Gui (grupo de guerreros), se encontraban ya los hombres que se erigirían como líderes históricos del shinsengumi: Kamo Serizawa, Isami Kondo, Toshizo Hijikata y Nishiki Niimi. Una vez en Kioto, el grupo se encontró con que sus ordenes cambiaban: en vez de proteger al shogun, ahora debían proteger al emperador y volver a Edo. Fue entonces cuando se produjo una escisión en el roshi-gumi: Serizawa y Kondo, que previamente habían contactado con Katamori “Higonokami” Matsudaira, del feudo pro bakufu de Aizu y magistrado de Kioto, se negaron a aceptar las ordenes esgrimiendo que habían venido con la misión de proteger al Bakufu, y eso es lo que harían, y se quedaron en la entonces capital, Kyoto.

    Matsudaira, que como magistrado era el encargado de la seguridad en la ciudad de Kyoto, creó el nuevo grupo, al que daría más tarde el nombre de Shinsengumi (nuevo grupo elegido), ataviados con su característico uniforme de chaqueta con estrías azules en forma de picos, una cinta con una placa de metal a la cabeza y una bandera con el carácter “Makoto” (fidelidad) escrito, y su lema original "Aku" (mal), "Soku" (destruir), "Zan" (Inmediato); la frase completa sería algo así como: "destruir de inmediato el mal" o "destruir el mal inmediatamente". Se les encomendó la tarea de patrullar Kyoto y de encontrar y matar a posibles elementos conspiradores contra el Bakufu.. Fue entonces cuando el shinsengumi, por su especial ferocidad y fanatismo conservador, que se iniciaron violentos conflictos en la ciudad, cuyas calles se mancharon de sangre, lo que provocó que la facción imperialista y los ishin shishi considerara al shinsengumi su enemigo numero uno.

    El accidente más importante, sin duda, fue el conocido como “ el suceso de Ikeda-ya”, ocurrido en . Kondo, Hijikata y el famoso Okita Souji y los suyos consiguieron, tras capturar y torturar a un simpatizante de los reformistas, la información de que un grupo conspirador imperialista se reuniría en la posada de Ikeda-ya para ultimar un arriesgado plan. Resultó que era una reunión en la que estuvieron presentes algunos de los miembros más radicales del Sonnô joi, entre ellos Toshimaro Yoshida, Yonosuke Sekiguchi y Teizo Miyabe, dirigentes importantes del partido imperialista de Chosu, que conspiraban para provocar un gran incendio en Kyoto y el palacio imperial, y aprovechar la confusión para raptar al emperador, llevarlo a la provincia de Chosu y desde allí lanzar una ofensiva militar contra el shogunato. El shinsengumi, no obstante, realizó una espectacular redada, en la que treinta miembros del shinsengumi, entre ellos Kondo, Hijikata y Okita, asaltaron la posada en una lucha a espada que acabó con siete reformistas muertos y 23 arrestados y les hizo famosos en todo Japón por su garra y decisión.

    'Era Meiji'

    Hijikata Toshizou

    Tras estos sucesos, los enfrentamientos entre el shinsengumi y los ishin shishi se hicieron más encarnizados. Sin embargo, la balanza se iba inclinando poco a poco en favor de los reformistas del poder imperial, por lo que el shinsengumi fue teniendo la misma suerte que el Bakufu. En 1868, el grupo participó en la batalla de Toba Fushimi, perdidas por el Bakufu, que les hizo retirarse cada vez más al norte, en futuras refriegas morirían Isami Kondo y Souji Okita, que murió en Edo por la tuberculosis. En mayo de 1869, la mayoría de los pocos hombres que quedaban del shinsengumi, al mando de Toshizo Hijikata, murieron en la batalla de Hakodate, poniendo punto final a la historia del batallón radical.




    'Era Meiji'

    Nagakura

    Las bases principales del Shinsengumi se pueden rastrear hasta Tama, donde hay un dojo de Kenjutsu llamado Shieikan, y en donde se enseñaba el "Tennen Rishin Ryu". El estilo de kenjutsu usado mayoritariamente por los miembros del shinsengumi. El sensei responsable del dojo era Kondo Isami, y el más destacado de los tres era, sin duda alguna, Okita Souji (que cuando se unió a Kondo tenía solo nueve años de edad) por su gran destreza con la "Kikuichi Norinume", una katana con el largo de 2´4´´2 (aproximadamente 70 cm). Soji, también conocido por su verdadero nombre: Soujiro, era famoso por su "corte de tres fragmentos" (tres tajos hechos con mucha rapidez, que normalmente iban apuntados al cuello o los hombros).

    'Era Meiji'

    Okita


    El Shinsengumi estaba organizado de esta manera:

    - Capitán: Kondo Isami (el sensei del dojo)
    - Vice-capitán: Hijikata Toshizou (el hombre que inventó el Hiratsuki)
    - Consejero militar: Itou Kashitarou (fue desertado -tiempo después- del Shinsengumi, por expresar ideales diferentes)
    - Capitanes de las diez divisiones:

    1era: Okita Souji (el más importante y joven de todos).
    2da: Nagakura Shinpachi (escribió un libro acerca del Shinsengumi).
    3era: Saito Hajime (se dice que con su poderosa técnica de ataque directo con la mano izquierda -no era el gatotsu- era aún más fatal que la embestida de Okita).
    4ta: Matsubara Tadaji
    5ta: Takeda Kanryuusai (sabía mucho acerca de estrategias militares y medicina, era homosexual, y fue asesinado por Saito Hajime)
    6ta: Inoue Genzaburo
    7ma:Tani Sanjuurou
    8va: Toudou Haisuke
    9na: Suzuki Mikisaburo
    10ma: Harada Sanosuke (de gran temperamento, hacía las cosas de la manera en que él las veía)


    Todos eran muy creyentes del "bushido", que es el código de conducta de todo samurai. Consiste en siente puntos: GI (honradez y justicia), YU (valor heroico), JIN (compasión), REI (cortesía), MEYO (honor), MAKOTO (lealtad a la sinceridad), CHUGO (deber y posesión).

    'Era Meiji'

    Saito Hajime

    Saito Hajime fue el único que sobrevivió a la guerra y vivió plácidamente en la Era Meiji. Se sabe que contrajo matrimonio con Takagi Tokito (la hija de un importante oficial de Aizu) en el año 1873 y tuvieron su primer hijo (Tsutomu) en el noveno año de la Era (1876). Se cambió el nombre a Goro Fujita y trabajó como instructor de kendo en una universidad durante un año. En 1877 se unió al escuadrón de policías con espadas y pudo pelear en la guerra de "Seinan". Luego, se convirtió en el espía personal del comisionado de la policía, Kawaji Toshijoshi; pero, cansado y viejo, se retiró a trabajar como guardia en un museo. Murió (a los setenta y dos años) de una úlcera estomacal por beber y fumar tanto, el 27/09/1915.

    La historia del glorioso Shinsengumi finaliza ahí, pero además de las enciclopedias, ha aparecido en variados libros ("Shinsengumi Shimatsuki", "Shinsengumi Ibun", "Shinsengumi Monogatari", "Shinsengumi Shiroku", "Shinsengumi Hyakuwa", "Shinsengumi Keppuroku", y el de Ikenami Shotarou: "Kondo Isami Hakushou") y películas ("Gohatto", "Taboo", etc.). El manga más conocido en donde se presentan es "Rurouni Kenshin", de Nobuhiro Watsuki. El autor emplea algunos de los nombres reales de los integrantes del Shinsengumi, y también figuran como la historia los identifica: los héroes despiadados. Fueron figuras que marcaron la historia del Japón y serán recordados por mucho tiempo. El Shinsengumi es considerado como el grupo de los mejores samuráis que existieron jamás... ocultos en las sombras de los tiempos crueles clavaron sus katanas siguiendo un sólo ideal: Makoto.

    El Bakumatsu: la caída del Bakufu

    Con la desaparición del obstinado Li Naosuke, la facción moderada se hizo cargo del Bakufu. Ante el cada vez más importante movimiento anti-Bakufu, intentaron ganase la colaboración de la corte imperial y de los daimyos más influyentes, para neutralizar así a los disidentes y establecer un consenso desde la cúpula del poder. Pero los opositores al Bakufu también estaban intentando conseguir el apoyo de la corte imperial para su causa. El clan más importante de este circulo era el de Chosu, liderado por seguidores de Shoin y partidarios del Sonnô joi que, a su vez, contaron con la colaboración de algunos de los funcionarios de la corte.

    El emperador Komei, que en un principio rechazó la petición del Bakufu de apoyar su política y firmar el tratado con Estados Unidos, decidió finalmente cooperar. Esta medida, conocida con el nombre de Kobugattai (alianza de la corte con los militares), tuvo su representación simbólica en la boda del shogun Iemochi con la hija menor del emperador Kazunomiya, celebrada en 1862. De este modo, el papel político de la corte imperial quedaba formalmente institucionalizado. El pacto de cooperación entre la corte y el Bakufu recibió tanto el apoyo de Satsuma, uno de los principales clanes imperialistas como de Aizu, la dinastía colateral del Bakufu. El clan Chosu, dominado entonces por los radicales y apoyado por funcionarios de la corte de su misma ideología, hasta el punto de convencer al emperador Komei para que apoyara su sentimiento anti-occidental y obligara al Bakufu a adoptar una política de aislamiento.

    'Era Meiji'

    Kogoro Katsura

    Chosu se mostró en desacuerdo y disparó contra todos los navíos occidentales que navegaban por los estrechos del territorio de Chosu. Las naciones occidentales tomaron represalias (especialmente Inglaterra y Estados Unidos) y derrotaron a Chosu, que entonces cambió de postura y empezó a entrenar a sus fuerzas armadas al estilo Occidental, aumentando el nombre de tropas armadas con rifles y armas de fuego. Fue en esta época (1860-1865) en que Chosu ve, bajo el mando de los radicales un re-armamento importante, Kogoro Katsura (1833-1877), conocido en la era Meiji como Kido Takayoshi o Kido Koin), líder de hecho del feudo de Chosu y de la facción más radical del Sonnô joi, organizó el feudo para poder hacer frente a futuros ataques occidentales, entre sus capitanes destacó Shinsaku Takasugi (1839-1867), que organizó el ejercito consolidando el poder del partido AntiBakufu en Chosu, especialmente con la creación del KiheiTai (Cuerpo Franco) , un ejercito de militantes nacionalistas que fue creado con la intención de defender Chosu de futuros ataques externos contra, según palabras del mismo Takasugi, los enemigos de Chosu (refiriéndose quizás a ataques tanto de occidentales como del mismo Bakufu).

    Satsuma, que había sido ajeno a posiciones fanáticas contra Occidente, también experimentó el poder de las fuerzas occidentales cuando los barcos de guerra Británicos atacaron su base en represalia por haber matado a un ciudadano Inglés. Esta confrontación convenció a los líderes del clan Satsuma de que Japón necesitaba, más que nunca, organizar su flota. Así, en la siguiente era (la Meiji), los líderes del clan Chosu pusieron todos sus esfuerzos en la creación de un ejercito moderno, en tanto que Satsuma se concentraron en las fuerzas de la marina.

    Debido a los ataques contra barcos occidentales, el Bakufu ordenó a Chosu detener su política aislacionista, ante la negativa de Kogoro Katsura, tanto el emperador como el Bakufu, mediante la coalición Kobugattai decidieron acabar con los activistas radicales de Choshû y sus secuaces cortesanos. A mediados de Agosto de 1863, la coalición Satsuma-Aizu atacó Chosu,. Esto obligó a los activistas del sonno-joi a dejar Kyoto. Impidiendo así, la reinstauración de la política aislacionista, al mismo tiempo que relegaban de sus puestos a los funcionarios que apoyaban el movimiento y relevaban a Chosu de sus obligaciones, de este modo en Hagi, la capital del feudo, la facción conservadora llegó al poder, Shinsaku Takasugi fue encarcelado y Kogoro Katsura tuvo que esconderse.

    El asunto de Ikeda-ya cambió la situación en Chosu. Esa victoria del shinsengumi fue un duro golpe para los defensores del sonno-joi en Kyoto, pero la reacción de los más fanáticos en Chosu se rebelaron ante la muerte de varios de sus lideres. Se creó un ejercito de 3.000 soldados que marchó sobre Kyoto, el ejercito Shogunal que lo recibió (que contaba con tropas de Aizu y Satsuma y hasta miembros del Shinsengumi) contaba con 20.000 hombres, fue una derrota para Chosu, sin embargo, marcó un precedente, fue el primer enfrentamiento importante dentro de Japón y el inicio del fin del Bakufu.

    Ahora que Chosu había dejado de ser un clan importante, el Bakufu intentó restablecer su supremacía por encima de los demás clanes, esto molestó a los lideres de Satsuma, y la coalición Kobugattai comenzó a desmantelarse. Debido a esto se fraguó una alianza una alianza secreta entre los líderes de Satsuma, Saigo Takamori (1827-1877) con el de Chosu, Kido Koin, se pusiera de su lado, aliándose en 1866.

    'Era Meiji'

    Tokugawa Yoshinobu, el ultimo

    Shogun

    El Bakufu decidió entonces deshacerse definitivamente del molesto clan Choshû y lanzaron una segunda campaña en el verano de 1866. La campaña fue un fracaso, Satsuma esta vez se negó a participar, y Shinsaku Takasugi, recién salido de la cárcel, reorganizó su ejercito del Kiheitai y resistió el ataque de las fuerzas del shogunato para luego derrocar el gobierno conservador de Choshû y reinstaurar la facción más radical de Kogoro Katsura. El Shogun Iemochi murió y su sucesor, Tokugawa Yoshinobu (1837-1913), dio por finalizada la campaña contra Choshu. Takasugi moriría de Tuberculosis un año después.

    La Coalición de Satsuma y Choshû planteaba una seria amenaza al Bakufu, ya que Satsuma era el segundo clan más numeroso y tenía una importante población samurái (un samurái por cada tres plebeyos, a diferencia de la media nacional, que era uno por cada diecisiete plebeyos). Choshu, ahora liderado por los radicales, también contaba con un gran número de samuráis, de uno por cada diez plebeyos, y ahora, gracias a que se había ocupado activamente de modernizar su contingente militar desde el conflicto con los navíos occidentales en 1863

    La corte del emperador, a la cabeza de cuyo gabinete estaba entonces Iwakura Tomomi (1825-1883), trataron de convencer al Emperador para que despidiera a los consejeros imperiales que se mostraban a favor de cooperar con el Bakufu. El emperador Komei se negó a hacerlo, pero su muerte en diciembre de 1866 otorgó más poder a algunos funcionarios de la corte anti-Bakufu, como fue el caso de Iwakura. Tras ocupar el trono un joven emperador Meiji de tan solo 15 años, Iwakura y los detractores del kobugattai ganaron poder en la corte. Iwakura conspiró con los líderes de Satsuma para poner fin al kobugattai y restaurar el régimen imperial.

    Viendo que el Bakufu se estaba movilizando para modernizar su contingente militar, el triunvirato que tramaba destruirlo (Saigo, Okubo y Kido) presionó para que se adoptaran medidas militares. Los lideres del clan Tosa se inclinaron por apoyar al grupo Satsuma-Choshu, pero se opusieron a recurrir por la fuerza, por lo que el jefe del clan Tosa convenció al shogun Yoshinobu para que devolviera voluntariamente la autoridad política al emperador a finales de 1867. Evidentemente esperaba encabezar un nuevo gobierno parlamentario que, en su momento, crearían los líderes de Tosa, así como conservar las enormes posesiones Tokugawa. Yoshinobu devolvió el poder político al emperador dando comienzo a la era Meiji, parecía que quizás el conflicto que estaba desgarrando Japón acabaría por fin; sin embargo, la cosa no fue tan simple.

    LA LLEGADA DE LA ERA MEIJI

    La caída de Edo y la guerra de Boshin

    Inicialmente parecía que el bakufu iba a ser abolido de forma pacífica. Pero una vez Yoshinobu abdicó y devolvió el poder al emperador, Saigo exigió más y creó una serie de normas anti-bakufu extremadamente radicales, entre ellas la intención de privar a los Tokugawa de sus posesiones, incluyendo la ciudad y el castillo de Edo. La negativa de Yoshinobu dio inicio a las guerras de Boshin. Saigo consiguió que Yoshinobu, junto con tropas de Aizu, atacara a las fuerzas Satsuma-Choshu el 8 de enero de 1868 en la batalla de Toba.-Fushimi. El contingente de Yoshinobu fue derrotado y el clan se vio obligado a retirarse. Al obtener esta victoria, los revolucionarios demandaron que el ultimo shogun se suicidara o la guerra se trasladaría a Edo. Sus amenazas se hicieron realidad.

    'Era Meiji'

    Kaishu Katsu

    En ese momento, la totalidad de las fuerzas armadas de la ciudad-fortaleza de Edo estaban bajo el mando de Kaishu Katsu (1923-1899), un hombre de origen humilde que fue escalando puestos como funcionario en el gobierno del Bakufu, y que, para sorpresa de todos, rindió la ciudad-castillo a las fuerzas imperialistas sin ninguna oposición, lo cual fue toda una sorpresa para la coalición Satsuma-Chosu, que esperaban una dura resistencia.

    Todavía hoy sigue siendo criticado por muchos y tildado de traidor, pero Katsu nunca se avergonzó de lo que hizo, es más, el siempre refutó esa acusación con una frase muy simple: “el propio Ieyasu Tokugawa hizo al gobierno tan frágil que con sólo tirar de una cuerda pudiera deshacerlo todo”. Nunca se ha sabido porque Katsu contestaba siempre con este acertijo cuando se le preguntaba porque el castillo de Edo cayó con tanta facilidad, sin embargo, hoy en día se habla de la posibilidad de que lo hiciera para evitar que la guerra de Boshin se prolongara demasiado. Muchos historiadores afirman que, en caso de que la guerra se hubiera prolongado en exceso (y Edo podía perfectamente haber aguantado meses, o incluso años) eso podría haber afectado la estructura de Japón y lo habría debilitado frente a potencias extranjeras, la única razón por la que Japón fue uno de los pocos países que pudieron mantener su soberanía en Asia fue en parte, a lo rápida que fue dicha guerra. Quizás Katsu se rindiera para evitar este final, o solo para evitar una carnicería de inocentes sabiendo que Yoshinobu había huido a Aizu, aunque también cabe la posibilidad de que no fuera tan leal al shogun como se creía. Durante su juventud, los oficiales que estaban sobre él en esa época, eran en su mayoría hombres incompetentes e irresponsables, muchas veces Kaishu perdió los estribos, frustrado por la ineptitud de sus superiores, y hasta se sabe que incluso llegó a gritar coléricamente frente al mismísimo Shogun, aunque sus opiniones eran válidas, su posición le obligaba a callarse, aun a sabiendas que el futuro del shogunato fuera cada día más incierto.

    Una vez recuperado Edo, en 1868, el Emperador estableció la corte imperial, ahora llamada Tokio (la capital del este). La caída del Bakufu parecía definitivamente asegurada por la coalición Satsuma-Chosu, y debido también a que el resto de “señores de fuera” gastaban sus recursos en luchar unos con otros contra o a favor del Bakufu, quizás sería este desequilibrio lo que causaría la definitiva caída de los Tokugawa, sin embargo, el caso es que la llegada de las potencias occidentales desembocó una crisis nacional. Las dificultades económicas por las que atravesaban el Bakufu y los daimyos a finales de la era Tokugawa debilitaron el sistema feudal y aumentaron el descontento entre los samuráis de inferior categoría y entre los plebeyos. Se sucedieron los disturbios y las insurrecciones de campesinos destinadas a “reformar la sociedad”. Sin embargo, en muchas ocasiones fue más el hecho de que los viejos clanes estuvieran dirigidos por líderes del viejo sistemas. En realidad, fueron muy pocos los “hombres de talento” de rango inferior que llegaron a ocupar posiciones de poder.

    Con la caída de Edo, sin embargo, la guerra no se detuvo, y continuaron existiendo algunos focos de resistencia, como por ejemplo el clan colateral de Aizu, rápidamente se procedió a su eliminación en las guerras de Aizu, que fueron una serie de batallas en Aizu durante la guerra de Boshin, que acabarían en la victoria del bando imperialista. La última batalla, la de Hakodate, no seria hasta noviembre de 1869, donde los restos del ejercito Shogunal, así como los últimos miembros de las familias de los clanes de Aizu, la flota del Bakufu y los últimos supervivientes del shinsengumi, serian derrotados, y en su mayoría muertos.

    Los primeros pasos de la era Meiji

    Una vez la caída de la autoridad política de los Tokugawa fue un hecho, se dio paso a la instauración del poder imperial. El joven emperador Meiji asumió formalmente el control de la tierra. Sin embargo, eran los líderes de los clanes Satsuma-Chosu los que realmente ostentaban el poder, utilizando al emperador de mera figura decorativa para lograr sus fines. Así pues, la restauración Meiji, fue, en realidad, un traspaso de autoridad a un nuevo grupo de ambiciosos líderes políticos con enraizados valores feudales. Sin embargo, estos tenían que convencer al pueblo de que se estaba reimplantando el gobierno imperial y, además, transmitir un sentimiento de respeto y reverencia por el Emperador, con quien el pueblo no tenía ningún vínculo político directo desde la era Kamakura, ya que había estado sujeto a la autoridad política de los jefes de clanes feudales y del Bakufu. De ahí que, con el fin de obligar al pueblo a aceptar el orden recién establecido, los nuevos líderes promulgaran un edicto general apenas iniciada la Restauración, que estipulaba lo siguiente:

    “ Nuestro país es conocido como la tierra de los dioses, y de todas las naciones del mundo ninguna es superior en costumbres y moral... [Nuestras gentes] deberían estar agradecidas por haber nacido en la tierra de los dioses y corresponder a sus compromisos con la nación... En la Antigüedad, los descendientes del cielo descubrieron la tierra y crearon el orden moral. Desde entonces, el linaje imperial ha permanecido intacto. Las generaciones siguientes de aquellos honorables personajes amaron profundamente al pueblo, y el pueblo sirvió honorablemente a cada uno de ellos... Todas las cosas de esta tierra pertenecen al Emperador; cuando muere, se la entierra en la tierra del Emperador... Los emperadores rezan día y noche por el bienestar del pueblo... para que no haya hambrunas, ni epidemias... Sin embargo, en los últimos trescientos años no ha prevalecido la ley imperial... La corrupción era incontrolable, se castigaba a las personas virtuosas, los villanos gozaban de buena fortuna... Ahora, por fin, se ha restaurado el gobierno imperial, y la justicia y la ecuanimidad prevalecen sobre todas las cosas... Si fuéramos capaces de corresponderle con una mínima parte de su honorable benevolencia, estaríamos cumpliendo con nuestro deber de súbditos de la tierra de los dios”.

    Los principios subyacentes de este edicto se incorporaron más tarde en el edicto imperial de Educación (1890), que recitaban todos los escolares hasta después de la Segunda Guerra Mundial como parte del proceso del lavado de Imagen de los “dioses vivientes”, iniciado por los líderes Meiji para manipular la mentalidad del pueblo a favor del nacionalismo y del Emperador.

    Aparte de adoctrinar a las gentes para que fuesen obedientes y leales al Emperador (o más bien, al sistema político), los gobernantes tuvieron que crear un mecanismo que les permitiera conservar la autoridad recién adquirida. De ahí que, tan pronto como el gobierno Tokugawa fue sustituido por la oligarquía que, en 1868, proclamó el comienzo de la nueva era del Emperador Meiji, se iniciara un repaso de los antiguos usos e instituciones y una reforma de los mismos.

    La restauración Meiji

    Los nuevos líderes políticos se encontraron con una ingente labor. Tuvieron que poner fin al orden feudal Tokugawa y crear un gobierno central muy controlado. Así pues, lo que en un principio era la restauración de la autoridad imperial se convirtió finalmente en una reestructuración de la sociedad y de las instituciones.

    Uno de los asuntos prioritarios era evitar que la nación sufriera el destino al que habían sucumbido otros pueblos asiáticos. Una de las principales ocupaciones fue lograr el Fukoku Kyohei, (nación rica, ejercito fuerte). En un principio, el liderazgo estuvo en manos de Saigo, Okudo y Kido “los tres grandes” responsables de la restauración Meiji, aunque también pasaron a formar parte de la nueva elite del poder algunos de los hombres mejor preparados de Choshû y Satsuma, así como in pequeño grupo de aristócratas de la corte imperial.

    El sometimiento de la oposición anti-Meiji se alcanzó con relativa celeridad. Tokugawa Yoshinobu cedió su autoridad casi sin ofrecer resistencia. Se consiguió someter tanto al más importante clan de la oposición, el clan Aizu, como a algunos grupos de samuráis contrarios al sistema imperial. Los movimientos campesinos “para reformar la sociedad” que habían comenzado en 1866, a finales de la era Tokugawa, continuaron hasta 1868. Perseguían la cancelación de deudas y la supresión de impuestos, no dudando para ello atacar a los líderes regionales y ricos comerciantes que habían prosperado en los pueblos. Para apaciguar el descontento popular los líderes Meiji ondearon la bandera de un gobierno benevolente que ayudaba a las masas, pero, temiendo que se extendiera el malestar, ejecutaron al líder de uno de los grupos más radicales partidario de reducir los impuestos y aumentar las ayudas públicas. Así pues, los dirigentes Meiji se olvidaron rápidamente de su imagen de bondad con el pueblo e hicieron poco por el bienestar social y económico de los más pobres. En el orden político, en abril de 1868 que se promulgó el Juramento de las Cinco Cláusulas, que incluía disposiciones sobre las asambleas deliberativas y sobre la presencia de todas las clases en la administración, si bien el programa de la nueva oligarquía no contemplaba la participación del pueblo en los asuntos políticos.

    1. Que todas las medidas sean adoptadas en debates públicos, instaurando una amplia asamblea.

    2. Que humildes y poderosos, movidos por un mismo impulso, participen activamente en el gobierno.

    3. Importa que funcionarios y militares, reunidos, e incluso el pueblo, realicen todos sus voluntades y alcancen su pleno florecimiento.

    4. Que las malas costumbres tradicionales sean abolidas y que nos basemos en los justos principios universales.

    5. Que la obra imperial sea elevada grandemente, recurriendo a los conocimientos del mundo entero.

    En el momento de realizar un cambio aún desconocido en nuestro país, nosotros, primeros entre todos, prestemos juramento ante los dioses del universo: abrimos el camino a la salvaguarda de todo el pueblo al decidir firmemente estos principios nacionales. Que todo el mundo una las fuerzas, basándose en estas mismas intenciones.

    Reformas políticas

    El ultimo samurái

    Con el fin de lograr sus objetivos de Fukoku Kyohei, los oligarcas se dieron cuenta de que tenían que adoptar la ciencia y tecnología occidentales. Por tanto, descartaron inmediatamente uno de los apartados de su ley anti-Bakufu, el joi (ahuyentar a los bárbaros), y dispusieron en la cláusula 5 del juramento que “se debe buscar el conocimiento en cualquier lugar del mundo con el fin de reforzar los cimientos del gobierno imperial”. Los líderes perseguían lo que Arnold Toynbee denomina el proceso “herodiano”. Toynbee explica que cuando el hombre herodiano “ha de enfrentarse a un rival más preparado y mejor armado, responde con las mismas armas y tácticas que su enemigo”. Esto era precisamente lo que perseguían los dirigentes Meiji.

    El primer punto en la lista de prioridades fue la transformación del orden político. El paso inicial fue la eliminación de los dominios feudales existentes (Han), donde los jefes de los clanes aún conservaban el poder administrativo. Para abolir el sistema de clanes, los nuevos gobernantes convencieron a los jefes de los clanes de Satsuma, Choshu, Tosa e Hizen (en Kyushu) para que, voluntariamente, cedieran sus propiedades al Emperador. Esta entrega tuvo lugar en marzo de 1869, lo que obligó a otros jefes (daimyos) a imitar a aquellos hasta el punto de que, a principios de 1870, al gobierno imperial ya tenía en su poder los 270 dominios de los clanes. Los jefes de los Han confiaban en poder conservar sus provincias bajo el gobierno imperial y mantener su autoridad mediante el pago de un estipendio fijo, pero el gobierno decidió abolir los Han como entidades administrativas. En Agosto de 1871 los más de 270 Han se convirtieron en prefecturas, pero a cambio los daimyos recibieron una generosa recompensa. En 1888 las prefecturas se redujeron a cuarenta y seis y el gobierno central pasó a encargarse de la designación de gobernadores, entre los que se encontraban varios daimyos.

    La desaparición del sistema Han significó la perdida de empleo para los antiguos sirvientes samuráis, que pasaron a recibir una fracción de su antigua remuneración. También perdieron sus antiguos privilegios feudales, tales como una posición social superior a la de los plebeyos, el derecho a llevar espada, su impunidad para abusar de los plebeyos o el honor de vestirse y peinarse de forma diferente. Algunos se alistaron en el nuevo ejército o se convirtieron en policías, profesores o funcionarios del gobierno, pero muchos otros tuvieron que conformarse con aceptar trabajos en el mundo de la agricultura, el comercio o la artesanía, labores que, en otro tiempo, habrían considerado muy por debajo de su dignidad. La perdida de su posición privilegiada y de estipendios fijos les convirtió en cultivo de oposición al nuevo orden.

    En el ámbito nacional se creó un consejo de Estado tripartito que estuvo vigente hasta 1885, año en el que se introdujo el sistema de gabinetes. También se establecieron entidades administrativas de orden local en ciudades y pueblos, de manera que la autoridad política emanaba del poder central a los gobernadores y líderes regionales.

    Cuando los oligarcas (principalmente dirigentes de las provincias de Satsuma y Choshu) estaban a punto de consolidar su estructura de gobierno, tuvieron que hacer frente a determinadas presiones, principalmente por parte de los desposeídos samuráis. Estos encontraron el apoyo del dirigente Saigo Takamori, que se mostraba en desacuerdo con muchos de los cambios introducidos y abogaba por un gobierno militar que contara con el apoyo de los resentidos samuráis de rango inferior. Descontento con el rumbo marcado por los nuevos gobernantes, decidió regresar a Satsuma (ahora prefectura de Kagoshima) y establecer allí su centro de operaciones. En 1873, cuando los miembros del nuevo gobierno Iwakura en los Estados Unidos y Europa para estrechar las relaciones, Saigo regresó a Tokio para hacer que los oficiales al mando invadieran Corea. El motivo que alegaron fue el de castigar al gobierno coreano por haber hecho algunas críticas a las actividades de los comerciantes japoneses en Corea, pero la verdadera razón era concentrar el apoyo de los samuráis descontentos. Esta iniciativa se vio frustrada por los miembros de la misión de Iwakura, que regresaron para abortar los planes de Saigo. Este volvió a Kagoshima y sus seguidores se olvidaron del plan. Tras la intentona frustrada de recuperar sus privilegios, la antigua clase samurái inició una serie de alzamientos contra el gobierno, la mayoría en 1876.

    De nuevo en Kagoshima, Saigo creo una escuela privada destinada al entrenamiento militar y adoctrinamiento de los jóvenes en los conceptos del feudalismo. Durante el tiempo que ostentó el poder en Kagoshima, muchas de las reformas gubernamentales Meiji no se llevaron a cabo, pues Saigo actuaba como líder de un Estado Autónomo. Así los samuráis, organizados en pequeños ejércitos regionales, seguían cobrando sus salarios y aún se les permitía llevar espada. Okubo Toshimichi, antiguo guerrero de Satsuma que ahora dirigía el gobierno Meiji, decidió someter Kagoshima al control del gobierno, para lo cual destinó allí a algunos de sus hombres.

    A instancias de sus seguidores, Saigo decidió sublevarse contra el gobierno y en febrero de 1877 encabezó una marcha a Tokio. A medida que avanzaba hacia el norte, en Kyushu se le fueron uniendo miles de antiguos samuráis insatisfechos, hasta

    'Era Meiji'

    Saigo Takamori derrotado según

    una tabla de 1877

    conseguir un contingente compuesto por cuarenta y dos mil hombres. Para detener su avance, el gobierno envió miembros del nuevo ejercito, que ya no estaba formado por samuráis sino por plebeyos, de los que el ejercito de Saigo se burlaba con el apelativo de “sucios granjeros”, sin embargo, este ejercito de campesinos estaba bien armado al estilo occidental, con oficiales ingleses y americanos que los habían instruido, y este ejército obligó a las fuerzas de Saigo a retirarse, tras una batalla en la que hubieron numerosas bajas en ambos bandos, pero que terminó en una derrota tan vergonzosa que Saigo se suicidaría mediante el Seppuku, y este episodio se conocería como “La guerra de Seinan”. Los “sucios granjeros” que demostraron su capacidad para combatir y salir victoriosos, pusieron fin a la resistencia armada contra el nuevo gobierno. A partir de ese momento los samuráis quedaban abolidos como clase definitivamente, y no solo sobre el papel, aunque los descendientes de los samurái, conocidos con el nombre de Shizoku, seguirían gozando de ciertos privilegios, sobretodo en las zonas rurales.

    La asamblea general

    Tras todos estos movimientos, que ya habían empezado antes del alzamiento de Saigo, tenían su base de operaciones en la provincia de Tosa (ahora prefectura de Kochi), en Shikoku. Tosa era una de las cuatro provincias (junto con Satsuma, Choshû e Hizen) que, en su momento, había liderado la oposición contra el Bakufu Tokugawa. Pero la alianza de Satsuma y Choshû había prácticamente excluido del núcleo de poder a los dirigentes de Tosa, entre los que se encontraba Itagataki Taisuke (1837-1919), partidario del plan de Saigo para invadir Corea y que se vio obligado a dimitir cuando Okubo y Kido lo hicieron fracasar. En 1874, Itagaki y sus cohortes hicieron llegar al gobierno un escrito en el que solicitaban la constitución de una Asamblea Nacional. La petición, basada en principios liberales occidentales, citaba en varias ocasiones las nociones de John Stuart Mill. Aunque el gobierno no dio su aprobación, la propuesta suscitó mucho interés y adquirió una amplia difusión pública, marcando el nacimiento del movimiento por los derechos del pueblo. Cuando el movimiento contaba ya con una gran difusión por parte de la prensa, ésta se vio coartada por la promulgación de una ley en 1875 que contemplaba multas y encarcelamiento a los periodistas que criticaran al gobierno. Los periodistas, sin embargo, se negaron a ceder ante este tipo de presiones y las críticas fueron en aumento.

    Itagaki continuó luchando por la creación de una Asamblea Nacional y por ampliar su base de poder. A medida que crecía la agitación a favor del movimiento por los derechos del pueblo, el gobierno decidió restringir las reuniones y asociaciones por medio de la Ley de Reuniones Públicas de 1880, pero su promulgación no frenó la lucha por los derechos políticos, e Itagaki y sus seguidores siguieron exigiendo la creación tanto de una asamblea Nacional como de asambleas de prefecturas. De los tres grandes artífices de la Restauración Meiji, solo Okubo Toshimichi poseía un poder real a mediados de la década de 1870, ya que Saigo había fallecido tras su sublevación y Kido, de mentalidad más liberal y sin una presencia constante dentro del gobierno, murió en 1877. En 1878, un seguidor de Saigo asesinó a Okubo, por lo que el liderazgo político pasó a manos de Ito Hirobumi (1841-1909), Okuma Shigenobu (1838-1922) y otros miembros del consejo de Estado.

    Ante la constante presión para constituir una asamblea Nacional, a finales de 1879 Iwakura aconsejó al Emperador que solicitare por escrito a los miembros del consejo su opinión sobre la viabilidad de redactar una constitución. La mayoría se mostró a favor de avanzar gradualmente hacia la formación de una monarquía constitucional con poderes limitados. A principios de 1881, Okuna entregó uno documento en el que defendía un gobierno parlamentario a imitación del modelo Británico, al mismo tiempo que solicitaba fijar una fecha concreta para su creación. Ito y el resto de los conservadores se molestaron por la propuesta de Okuma, que había roto la costumbre tradicional de adherirse a la postura mayoritaria, es decir, había actuado de forma independiente. Las discrepancias entre Ito y Okuma se dispararon cuando este y su grupo criticaron al gobierno por vender sus posesiones de Hokkaido a un miembro de la clase dirigente por un precio irrisorio. Ito y sus simpatizantes consiguieron que Okuma fuera expulsado del gobierno pero, para acallar a las masas, en octubre de 1881 el gobierno se comprometió a redactar un borrador de la constitución y crear una asamblea Nacional antes de 1890. Así pues, podría decirse que Okuma obligó a Ito a iniciar la redacción de una constitución a pesar de su decisión inicial de proceder lentamente.

    'Era Meiji'

    Arriba: escenas de unos mitines

    Japoneses; Abajo: control de unas

    votaciones por miembros de la

    policia y del Ministerio

    Esta decisión contó con la aprobación de los defensores de los derechos del pueblo. Itagaki decidió entonces organizar un partido político, el Partido Liberal, en cuyas filas se incluían partidarios de las ideas de Rousseau. La declaración de principios del partido empezaba así: “La libertad es el estado natural del hombre, y su principal

    deber es conservarla”. Un segundo partido político, el Partido de la Reforma Constitucional, nació a manos de los seguidores de Okuma y de un defensor del liberalismo inglés: Fukuwaza Yukichi (1835-1901). Aunque algo más conservador que el Partido Liberal, este grupo tenía como modelo al sistema parlamentario inglés que,

    además, contaba con el respaldo de una empresa comercial en pleno auge: la compañía Mitsubishi. Aunque ideológicamente no había diferencias significativas entre ambos partidos, no consiguieron ponerse de acuerdo en su lucha contra la oligarquía. Los líderes del Partido de la Reforma consideraban al Partido Liberal demasiado radical, mientras que los de este último pensaban que el primero estaba dirigido a “complacer a los ancianos y a los ricos”. Con el fin de encontrar el apoyo popular, ambos partidos se embarcaron en una campaña de mítines por todo el país.

    El gobierno intentó recortar la actividad propagandística promulgando en 1882 una ley que prohibía las conferencias públicas y restringía la labor de las organizaciones políticas locales. Lo único que logró, sin embargo, fue animar aún más a los detractores del gobierno, provocando frecuentes disturbios locales de campesinos. En ocasiones las autoridades regionales tuvieron que recurrir a serias medidas represivas, como es el caso del episodio de 1884, que acabó con la ejecución de los líderes de un grupo que exigía la desaparición del despotismo. Estos incidentes provocaron disensión en el seno del partido Liberal. Además, Itagaki decepcionó a algunos de sus miembros tras aceptar dinero de Mitsui para viajar al extranjero. Por otro parte, también se estaba tambaleando la unidad del Partido de la Reforma, por lo que Okuma tomó la decisión de dimitir pero, aun así, ambos partidos continuaron su lucha contra el gobierno desde distintas instancias. Cuando éste estaba envuelto en negociaciones para revisar el tratado con las potencias occidentales, algunos miembros del Partido Liberal se opusieron al acuerdo, que permitía que los casos en los que estaban involucrados ciudadanos europeos fueran juzgados por jueces occidentales y concedía a esos países el derecho a revisar los códigos legales que iba a adoptar Japón. La oposición ejercida por los líderes de los partidos llevó al gobierno a promulgar en 1887 la Ley de Preservación de la Paz y a expulsar de Tokio a todos los agitadores.

    Redacción de la Constitución

    CONSTITUCION DE 1889 (Preámbulo y primeros capítulos)
     
      Texto:

    Habiendo ascendido al trono de una sucesión lineal ininterrumpida durante siglos, en virtud de las glorias de nuestros antepasados, y deseando fomentar el bienestar y desarrollar las facultades morales e intelectuales de nuestros amados súbditos, los mismos que han sido favorecidos con el cuidado benévolo y la vigilancia afectuosa de nuestros antepasados; esperando mantener la prosperidad del Estado de acuerdo con nuestro pueblo y contando con su apoyo, por el presente promulgamos, en cumplimiento de nuestro edicto imperial del duodécimo día del décimo mes del decimocuarto año de Meiji, una ley fundamental del Estado, que exhiba los principios que servirán de guía a nuestra conducta e indicarán a nuestra descendencia, y a nuestros súbditos y su descendencia, lo que tendrán que acatar eternamente.

    Hemos heredado de nuestros antecesores los derechos de soberanía del Estado que legaremos a nuestros descendientes. Ni nosotros ni ellos dejarán de ostentarlos en el futuro, de acuerdo con las cláusulas de la Constitución que promulgamos.

    Declaramos ahora respetar y proteger la seguridad de los derechos y la propiedad de nuestro pueblo, al que garantizamos el completo disfrute de ellos dentro de los límites de los preceptos de la presente Constitución y de la ley.

    La Dieta imperial será convocada para el año vigésimo tercero de Meiji, y la fecha de su comienzo será la de la puesta en vigor de esta Constitución.

    Cuando en el futuro se necesitare enmendar cualquiera de sus cláusulas, nosotros o nuestros sucesores asumiremos el derecho de iniciativa y someteremos un proyecto de enmienda a la Dieta imperial, la cual votará la reforma de acuerdo con las condiciones impuestas por la presente Constitución, y ni nuestros descendientes ni nuestros súbditos podrán efectuar alteración alguna operando de otro modo.

    Nuestros ministros, en nuestro nombre, serán responsables de llevar adelante la presente Constitución, y nuestros súbditos, presentes y futuros, asumirán para siempre el deber de obediencia a ella.

    Capítulo I.  El Emperador

    Artículo I. El Imperio del Japón será regido y gobernado por una línea de Emperadores ininterrumpida a través de los siglos.

    Artículo II. El trono imperial será heredado por los descendientes imperiales masculinos según lo establecido por la ley de la Casa Imperial.

    Artículo III. El Emperador es sagrado e inviolable.

    Artículo IV. El Emperador es la cabeza del Imperio; reúne en sí los derechos de soberanía, que ejercita de acuerdo con las disposiciones de la presente Constitución.

    Artículo V. El Emperador ejerce el Poder Legislativo con el consentimiento de la Dieta Imperial.

    Artículo VI. El Emperador sanciona las leyes y ordena su promulgación y ejecución.

    Artículo VII. El Emperador convoca la Dieta Imperial, la inaugura, cierra y prorroga, y disuelve la Cámara de Representantes.

    Artículo VIII. El Emperador, ante la urgente necesidad de mantener la seguridad nacional o de impedir calamidades públicas, dicta, cuando la Dieta Imperial no celebra sus sesiones, ordenanzas imperiales en vez de leyes. Estas ordenanzas deben ser presentadas a la Dieta Imperial en la sesión siguiente, y cuando no sean aprobadas el gobierno las declarará inválidas para el futuro.

    Artículo IX. El Emperador dicta o hace que se dicten las ordenanzas necesarias para dar cumplimiento a las leyes, o para mantener la paz pública y el orden, y fomentar el bienestar de los súbditos. Pero la ordenanza no alterará, en modo alguno, cualquiera de las leyes existentes.

    Artículo X. El Emperador establece la organización de las diferentes ramas de la administración y los salarios de todos los funcionarios civiles y militares a quienes nombra y despide. Las excepciones especialmente establecidas en la presente Constitución o en otras leyes estarán de acuerdo con las respectivas estipulaciones.

    Artículo Xl. El Emperador tiene el mando supremo del ejército y de la marina.

    Artículo XII El Emperador determina la organización del ejército y la marina y su permanencia en tiempo de paz.

    Artículo XIII. El Emperador declara la guerra, concierta la paz y concluye los tratados.

    Artículo XIV. El Emperador declara el estado de sitio. Sus condiciones y efecto serán determinados por la ley.

    Artículo XV. El Emperador confiere títulos de nobleza, grados, órdenes y otras distinciones honoríficas.

    Artículo XVI. El Emperador ordena las amnistías, perdones, conmutaciones de penas y rehabilitaciones.

    Artículo XVII De conformidad con las disposiciones de la ley de la Casa Imperial, se instituirá una Regencia. El regente ejercitará en nombre del Emperador los poderes que pertenecen a éste.

    En medio de estas turbulentas actividades Ito procedió a redactar un borrador de la constitución, tal y como había anunciado en 1881. Para preparar ese borrador, en 1882 partió para Europa con el fin de conocer directamente las constituciones europeas. Los partidarios de una fuerte monarquía constitucional pusieron sus miras en la Alemania de Bismarck. Este grupo estaba influido por las enseñanzas de Hermann Roessler, una autoridad alemana en jurisprudencia y profesor en la Universidad de Tokio. Así pues, Ito viajó a Alemania para escuchar las disertaciones del científico y político alemán Rudolph von Gneist sobre temas constitucionales, para posteriormente desplazarse a Austria, donde conoció personalmente a Lorenz von Stein. Convencido de que debía adoptar el modelo alemán en detrimento de los sistemas liberales de Inglaterra, Estados Unidos o Francia, permaneció en el extranjero durante más de un año entre 1882 y 1883, no sin hacer una breve parada en Inglaterra antes de regresar a Japón.

    A su llegada introdujo varios cambios administrativos para reforzar el sistema imperial y la posición de la oligarquía. En 1884 creó un sistema nobiliario constituido por la nobleza, oficiales de alto rango del gobierno y dirigentes militares. Yamagata Aritomo (1839-1922), su homologo de Choshu, se proclamaron condes. Este grupo estaba destinado a constituir la cámara alta de la legislatura en curso como Cámara de los Pares. En 1885 Ito sustituyó el consejo de estado por un sistema de gabinetes al estilo occidental. Al mismo tiempo, para conservar la autonomía de los asuntos internos imperiales se constituyeron el Ministerio de asuntos internos imperiales y la oficina del Lord Guardián del sello privado. En 1888 creó el Consejo Privado para examinar la propuesta de Constitución y también para que sirviera de órgano asesor especial de una constitución, redactaron una Ley de la Casa Imperial que limitaba la sucesión a los varones de la familia, contraviniendo así los precedentes históricos por los que las mujeres podían ascender al trono.

    En 1886 Ito y sus ayudantes empezaron a redactar la Constitución. El borrador fue presentado al Consejo Privado para su revisión en 1888. Durante las negociaciones, Ito se vio obligado a enfrentarse a los defensores de la autoridad absoluta del Emperador, pues se oponían al Articulo IV, que estipulaba que la Constitución recogía los derechos de soberanía del Emperador, algo que, según ellos, limitaba su poder. Ito sostenía que un gobierno constitucional implica siempre restricciones a los derechos del soberano, lo que provocó las protestas de sus detractores contra el artículo V, que en un principio estipulaba que el Emperador ejerce el poder legislativo con el “consentimiento” de la Asamblea. Los que estaban a favor de la restricción de los derechos del pueblo, entre los que se encontraba un pionero en la occidentalización del país, Mori Arinori, pusieron objeciones a este punto y, a pesar de la oposición de Ito, consiguieron que se sustituyera el termino “consentimiento” por el de “ayuda”. Mori, sin embargo, no tuvo tanta suerte cuando propuso cambiar el termino “derechos del súbdito” por el de “status del súbdito”. El borrador contó con la aprobación del Consejo Privado tras seis meses de deliberación y fue promulgado el 11 de febrero de 1889.

    La constitución otorgaba los derechos de soberanía al Emperador, pero este tenía que ejercerlos según las provisiones que marcaba dicha Constitución, tal y como Ito había defendido. Se pusieron en marcha la Asamblea, una legislatura bicameral, la Cámara de los Pares y la Cámara de Representantes. El Emperador podía recibir “ayuda” en la ejecución de sus deberes legislativos, pero tenía el poder de promulgar disposiciones imperiales cuando la Asamblea no celebrara sesión. También estaba discapacitado para vetar leyes ya aprobadas por la Asamblea. Era el jefe supremo de las fuerzas armadas y podía declarar la guerra, sellar la paz y firmar tratados. También nombraba a los miembros del gabinete y otros funcionarios que pasaban a depender directamente de su persona, y no de la Asamblea. El único poder que verdaderamente tenía la Asamblea era el fiscal. La introducción de nuevos impuestos o la modificación de los ya existentes exigía la aprobación legislativa. Así pues, la Asamblea tenía voz en asuntos monetarios, pero si no se alcanzaba consenso para aprobar el presupuesto se aplicaba el del año anterior. Puesto que las fuerzas armadas no dependían de la Asamblea o del gabinete, sino del Emperador, comenzó a acuñarse el concepto de “independencia del Mando Supremo” en virtud del cual los mandos del ejercito podían dirigirse directamente al Emperador para tratar asuntos militares sin consultar previamente al gabinete. También se garantizaron los derechos y libertades del pueblo “dentro de los limites de la ley”.

    La Asamblea no constituyó en la voz del pueblo en el gobierno. Los miembros de la Cámara de los Pares pertenecían a la familia imperial, eran nobles o bien los proponía la casa imperial directamente. Los miembros de la cámara de Representantes eran elegidos por votación, pero este privilegio estaba limitado a los varones mayores de veinticinco años que pagaran una cantidad determinada en concepto de impuestos. En las primeras elecciones a la Asamblea, celebradas en 1890, solo un 1'14 por ciento de la población tuvo derecho a voto, por lo que la Constitución no consiguió desbancar a los oligarcas de la corte o de miembros del gabinete, los oligarcas actuaban de asesores del Emperador y sus líderes constituyeron un reducido grupo que manejaba los auténticos hilos del poder. Esta élite, que pasó a ser conocida como genrö (viejos hombres de estado) estaba formada por un reducido grupo de poderosos entre los que se encontraban, entre otros, Ito y Yamagata.

    Con anterioridad a esta fecha, concretamente en 1878, las prefecturas pasaron a contar con asambleas, pero estas carecían de autoridad porque los gobernadores, designados por el poder central, controlaban todos los proyectos de ley.

    Reformas sociales

    Otro cambio introducido con respecto al antiguo orden feudal fue la abolición del rígido sistema de clases. En 1969 se procedió a una remodelación de la antigua división de clanes, que finalizó en 1872. Los aristócratas de la corte y los antiguos daimyos pasaron a ser pares, los antiguos samuráis de clase alta se convirtieron en shizoku (clan samurai) y el resto en plebeyos. A los grupos marginados o parias se les llamó “nuevos plebeyos”. Se legalizaron las distinciones de clase, por lo que el status social de cada familia quedaba recogido en los registros. Así pues, se perpetuó la conciencia de clase, si bien ahora los plebeyos podían, casarse con personas de mayor categoría y cambiar de profesión, quedando desvinculados de la agricultura, además de que ahora podían tener apellidos, muchos campesinos escogieron nombres relacionados con el paisaje vecino o su profesión ( Tanaka = en medio del campo, Yamamoto = en la falda de la montaña, etc...). Se les permitió poseer tierras y, en 1872, se les garantizó el derecho a comprar y vender propiedades. A partir de 1876, los samuráis dejaron de estar autorizados a llevar espada y a abusar impunemente de los plebeyos. Asimismo, en el día a día, la gente poco a poco empezó a vivir al modo occidental (aunque se vio cierta resistencia por parte de las clases más bajas), muchos empezaron a vestir al estilo occidental, y las calles de las ciudades se veían modelos clásicos hasta trajes europeos, como carros de caballos, edificios decorados al estilo occidental y varios cambios a medida que iban asentándose las costumbres europeas.

    'Era Meiji'
    'Era Meiji'

    Dibujos sobre la vida Japonesa de la época, a la izquierda, dos damas japonesas, una con un traje occidental y otra con uno tradicional; a la derecha una escena de loa salones Roknmrikan, uno de los primeros salones de baile de Tokio, ambos dibujos son de 1890

    En el sistema judicial, la sociedad Tokugawa carecía de leyes como tales, ya que ley en sí dependía del Bakufu, del daimyo y de sus oficiales. Para las masas el sistema era arbitrario, puesto que no tenían derechos: solo la obligación de obedecer. Para conseguir una modificación del contenido desigual de los tratados, que incluían provisiones extraterritoriales que eximían a los extranjeros de someterse al sistema legal japonés, las autoridades Meiji decidieron adoptar un sistema jurídico al estilo occidental. Optaron por seguir el modelo francés, codificado y administrado por jueces profesionales, en detrimento del sistema de derecho común anglo-americano, dotado de un jurado que permitía a la gente del pueblo tomar decisiones en los juicios. Se creó un sistema legal de niveles superiores a inferiores, pero en ningún caso se estableció un sistema judicial independiente presidido por un tribunal supremo. El consejo Privado, u órgano asesor del Imperio, era el encargado de decidir si las leyes o medidas administrativas eran o no constitucionales. Durante las décadas de 1880 y 1890 se incorporaron un código penal, un código de procedimiento criminal, un código mercantil y otro civil.

    El gobierno Meiji también estableció un sistema de política nacional. En la sociedad Tokugawa, el Bakufu y los oficiales Daimyos eran los encargados de mantener el orden, sin que su función fuera la de proteger los derechos del pueblo, sino mantenerlo controlado. Los líderes Meiji intentaron aplicar un sistema policial al estilo de Occidente pero, en la línea tradicional, su principal función no era la de velar por los derechos de los ciudadanos, sino la de mantener la ley y el orden. Al principio el sistema policial dependía del gobierno local, pero en 1784 pasó a manos del ministerio del Interior. Cuando en 1885 se adoptó el sistema de gabinetes, el comisario de la Policía, dependiente del ministerio del Interior, adquirió autoridad plena para supervisar el sistema policial de toda la nación. La policía podía censurar a la prensa y controlar las actividades políticas; de hecho, se constituyó un auténtico “estado policial”. En ámbitos locales, a la policía se la consideraba descendiente de los samuráis Tokugawa, por lo que los agentes se paseaban por la calle con porras que tenían la forma de katanas, y algunos cuerpos especiales llevaban sables, aunque la mayoría eran de estilo occidental.

    'Era Meiji'

    Patrulla policial en un barrio de Kyoto hecho por un periodista inglés en 1877, podemos ver la incorporación de farolas en las calles de la ciudad.

    Bajo el sistema Tokugawa los deberes militares eran responsabilidad de la clase samurái, pero ahora que esta carecía de los privilegios de antaño, el gobierno tuvo que crear un ejército moderno de mar y tierra para cumplir los objetivos del Fukoku Kyohei. En un principio hubo desacuerdo acerca de la necesidad de adoptar un servicio militar obligatorio o de si, por el contrario, el nuevo ejército debiera estar formado solamente por antiguos samuráis de los principales Han. Pero tras el asesinato en 1871 de Omuja Masujiro (partidario del alistamiento general) a manos de antiguos samuráis desencantados, se formó un ejército con guerreros de los principales Han: Satsuma, Choshû y Tosa. El reclutamiento obligatorio se hacía fundamental para tener un ejercito fuerte. Yamagata Aritomo fue el encargado de diseñar el nuevo ejército, instituyendo oficialmente, en 1873 el servicio militar obligatorio, se inclinó por un modelo de ejército similar al prusiano, que acababa de derrotar a Francia en la guerra franco-prusiana.

    El anuncio imperial que promulgaba el servicio militar obligatorio acentuaba el concepto de servicio universal, en el que quedaban eliminadas las diferencias de clase entre plebeyos y samuráis. Sin embargo, al principio no se exigía la incorporación a filas a los que tenían educación superior, ni a aquellos que pagaban elevados impuestos o eran cabeza de familia, por lo que los únicos que prestaban los 3 años de servicio obligatorio eran los hijos de los campesinos más pobres. En 1882 se promulgó la orden de Soldados y Marinos, que destacaba “la lealtad por encima de todas las cosas”. Sostenía que los soldados debían solamente obedecer las ordenes de sus superiores, sin inmiscuirse nunca en la política, permitiendo que solo siguieran el sentimiento de la lealtad a la nación y el emperador. Los soldados rasos fueron reclutados de entre las clases más bajas, pero los altos cargos, sobre todo los generales, procedían directamente de los Shizoku de Satsuma y Choshu.

    El gobierno tuvo que crear una nueva división de las fuerzas armadas: la marina. Al no contar con capacidad para construir barcos, en 1875 compró tres acorazados a Gran Bretaña. Los mandos de la armada, modelada al estilo británico, eran hombres de Satsuma.

    Reformas económicas, la industrialización

    En el ámbito económico, la principal tarea e los gobernantes Meiji fue la transformación de lo que era básicamente una economía agraria, propia del periodo Tokugawa, en una economía industrial.

    El primer paso fue la revisión del rígido sistema de propiedad de la tierra. El gobierno Meiji levantó las restricciones que ligaban a los campesinos a la tierra y les concedió el derecho a poseerla. Asimismo, necesitaba recursos económicos para impulsar el sector industrial de la economía. La fuente primaria de ingresos eran los impuestos que pagaban a los agricultores. Los propietarios de granjas estaban obligados a pagar el tres por ciento del valor de tasación de la Tierra. Esto suponía aproximadamente un treinta y tres por ciento de la producción total de la misma, cercano al cuarenta por ciento máximo que el Bakufu había impuesto durante la era Tokugawa. Para satisfacer la petición de bajada de impuestos, el gobierno redujo la tasa al 2'5 por ciento en 1876, pero aun así seguía siendo una pesada carga para la población rural. A comienzos de la década de 1870, el noventa por ciento de los ingresos por impuestos que recibía el gobierno procedía del tributo agrario, que descendía a un 80'5% entre 1875 y 1879. La presión sobre los pequeños agricultores continuó siendo muy fuerte, ya que los terratenientes que les arrendaban las tierras solían quedarse con más del sesenta por ciento de la cosecha. Si a esto se añadía el pago de otros tipos de cargas fiscales, el resultado era que estos arrendatarios conseguían quedarse aproximadamente con el treinta y dos por ciento de la cosecha, lo que contrasta con el treinta y nueve por ciento de la producción que se les permitía quedarse en la era Tokugawa. En la década de 1870, los arrendatarios trabajaban aproximadamente un tercio de la tierra cultivable.

    Con los ingresos procedentes de los agricultores, el gobierno pudo poner en marcha el potencial industrial de la nación. Los economistas Kazushi Ohkawa y Henry Rosovsky observaron varias etapas en el crecimiento económico de Japón desde el periodo Meiji hasta nuestros días. Los años de 1868 a 1885 se consideran el periodo en el que se asentaron las bases del moderno crecimiento económico. La primera fase comenzó en 1866 y duró hasta 1905. La segunda se sitúa en el periodo comprendido entre 1906 y 1952. La etapa de crecimiento posterior a la Segunda Guerra mundial comenzó en 1953, cuando Japón surgió como potencia económica Mundial. A principios de la era Meiji, la economía dependía prácticamente de las industrias textil y alimenticia. El gobierno asumió un papel activo en la adopción de medidas para mejorar la producción industrial, especialmente en el sector textil. Así, construyó talleres modelo y concedió subvenciones a empresarios privados. En 1870 entraron en funcionamiento las primeras fábricas modernas de tejidos de seda y algodón, dotadas de moderna maquinaria de importación. En muchas zonas se construyeron también fábricas experimentales, al mismo tiempo que técnicos extranjeros impulsaban la actividad minera.

    Un aspecto de vital importancia para potenciar el desarrollo económico fue la modernización de los sistemas de transporte y comunicaciones. El gobierno inició la construcción de las líneas ferroviarias, con técnicos e ingenieros occidentales, la mayoría ingleses, que poco a poco fueron siendo sustituidos por japoneses a medida que

    'Era Meiji'

    Primer ferrocarril entre Tokyo y Yokohama según un dibujo de 1872

    los primeros iban enseñando el trabajo a los segundos, al mismo tiempo que estos mejoraban sus conocimientos en la materia. En 1872 se inauguró la primera de ellas, que cubría el trayecto entre Tokio y Yokohama, en 1889 se completó la línea Tokio-Kobe y, finalmente, el Ministerio del Ferrocarril se encargó de diseñar una red completa. Su privatización no se produciría hasta 1987. En 1869 se inició también el trazador de las líneas telegráficas, punto de partida del sistema postal creado en 1871. En cuanto al transporte marítimo, el gobierno concedió ayudas a la compañía Mitsubishi para que ésta se desarrollara su flota mercante.

    La principal fuente de ingresos para financiar todos estos costosos proyectos continuó siendo el tributo agrario, instituido en 1873. También se introdujeron impuestos por el consume de sake y tabaco, pero el déficit seguía en aumento. El gobierno se vio, por tanto, obligado a pedir dinero prestado a las grandes empresas comerciales y a otros países, además de emitir billetes de banco no convertibles. El problema se agravó con el aumento de la inflación. Para intentar paliar este problema, el ministro de Hacienda Masakata Masayoshi (1835-1924) redujo el gasto gubernamental, introdujo impuestos indirectos adicionales, emitió moneda convertible y reforzó el sistema bancario mediante la creación del Banco de Japón. Gracias a estas medidas, Masakata consiguió estabilizar la economía.

    Sin embargo, todas estas iniciativas no hicieron sino aumentar la pesada carga de los campesinos, que tuvieron que seguir contribuyendo con sus impuestos a pesar de la caída del precio del arroz. Dado que la cantidad que debían satisfacer se estipulaba en función del precio del arroz, en el año 1884 los campesinos tuvieron que entregar el 32.8% de su cosecha en concepto de impuestos, en contrasta con el 16% que habían pagado en 1881, lo que provocó revueltas en el sector agrario.

    Una característica de la política económica de esta época fue la estrecha relación entre el gobierno y los empresarios, algo que caracterizó el sistema económico y político japonés antes y después de la Segunda Guerra Mundial. Desde un principio, se establecieron estrechos lazos entre los oligarcas Meiji y las poderosas firmas comerciales creadas en el periodo Tokugawa. En el conflicto entre las fuerzas imperiales y el Bakufu, las casas comerciales más importantes como Mitsui y Konoike apoyaron económicamente al sector imperial, si bien al mismo tiempo estaban también financiado al Bakufu, de tal forma que siempre contaban con el beneplácito del vencedor.

    Cuando las fuerzas imperiales se hicieron con el poder, otorgaron concesiones especiales a las casas comerciales que les habían apoyado, como por ejemplo el derecho a recaudar impuestos. El arroz que los campesinos pagaban quedaba convertido en dinero, de forma que algunas empresas, como es el caso de la Mitsui, actuaron como tratantes de arroz y recaudadores de impuestos, lo que les reportó importantes beneficios económicos. También consiguieron el apoyo del gobierno para entrar en el mundo de la banca; de ahí que en los primeros años Meiji aparecieran algunas entidades bancarias, como Mitsui y Mitsubishi, de importancia aún en la actualidad. El gobierno transfirió, a bajo precio, muchas de las compañías mercantiles estatales a estas entidades, que también hicieron incursiones en el sector de la minería (Mitsui llegó a ser una de las principales compañías mineras). Mitsubishi aún no se había constituido en la era Tokugawa, sino que inició su andadura en el mundo empresarial de la mano de Iwasaki Yataro (1834-1885), miembro del clan Tosa, con cuyo apoyo levantó una firma

    mercante y se ganó el beneplácito del gobierno Meiji. Este vendía sus barcos a la casa Mitsubishi a buen precio, además de concederle ayudas y subvenciones para que llegara a convertirse en una importante naviera que desplazara a las compañías extranjeras que operaban en Japón. Mitsubishi, al igual que Mitsui, empezó a involucrarse en otras muchachas actividades de tipo económico, tales como la banca, el comercio exterior y la industria manufacturera. Otras empresas que aparecieron en este período, como el Banco Sumitomo, también recibieron subvenciones del gobierno. Así pues, se puede decir que los gigantescos monopolios que caracterizaron el período anterior a la Segunda Guerra Mundial en Japón, los Zaibatsu, se remontan a los primeros años de la era Meiji.

    La primera fase del moderno crecimiento económico (1886-1905) empezó cuando las fábricas, las casas, comerciales y los bancos desplegaron toda su actividad, aunque la agricultura seguía siendo el sector clave de la economía. El 1898, el 82% de la población seguía viviendo en pueblos y pequeñas ciudades. Con el incremento de las áreas cultivadas y la mejora de medios, aumentó la producción agrícola. El cultivo de arroz y de otros alimentos creció aproximadamente un 41% desde mediados de 1880 hasta 1915. La seda cruda y el té fueron los principales productos exportados durante los primeros años Meiji. Entre 1868 y 1893, el comercio de la seda cruda representaba el 42% del total de las exportaciones japonesas.

    Además de la extensa construcción de las líneas de ferrocarril, el gobierno desempeñó un papel importante en el desarrollo del transporte marítimo. Poco antes de la guerra chino-japonesa de 1894-1895, el número de barcos mercantes japoneses superaba los quinientos. En 1913, la mirad del comercio en ultramar se transportaba ya en barcos japoneses.

    Otra industria que evolucionó muy rápidamente al principio de la era Meiji fue la confección textil, que siguió siendo un componente fundamental de la economía del país. En el año 1900, en 70'7% de las fábricas se dedicaba a este sector, que aglutinaba al 67% de los obreros, en su mayoría mujeres, que trabajaban durante muchas horas para ganar un salario mínimo. La producción textil de algodón aumentó rápidamente gracias al uso intensivo de maquinaria. Al inicio del período Meiji se importaban grandes cantidades de tela e hilo de algodón, pero el gobierno y las fábricas privadas incorporaron máquinas de hilado a vapor. A finales de siglo la demanda interna se daba por satisfecha y los fabricantes empezaron a dirigirse a los mercados extranjeros. Al principio el hilado de la seda se hacía manualmente, pero a medida que proliferaron las fábricas se incrementó a la práctica del hilado mecánico. Hacia 1910, el 70% de la seda cruda se producía a máquina, aunque el método manual pervivió rápidamente en uno de los mayores productores de seda: de ser responsable del 24% de la producción mundial en 1897, pasó en 1904 a ser el mayor productor del mundo, con el 31% de la producción mundial. En 1913, los tejidos de algodón y seda representaban casi las 3/5 partes del total de las exportaciones de Japón.

    'Era Meiji'

    Izquierda: trabajadores con capullos de seda (fotografia); Derecha: mujeres tejiendo

    También se apreció un notable incremento en la fabricación de otros artículos tales como el papel, el azúcar, el cemento y el vidrio, pero los sectores que concentraron la atención del gobierno fueron la industria pesada y la minería. Aunque al principio participó en la industria minera, a mediados de 1885 el gobierno dejó el sector en manos de compañías privadas como la Mitsui. Los mineros del carbón trabajaban en condiciones pésimas y peligrosas, casi de esclavitud en algunos casos. La demanda de carbón para las fábricas y el ferrocarril disparó la producción, que se multiplicó por 23 desde 1874 a 1897, el carbón, usado antes para uso casi doméstico, pasó a ser un producto de gran interés comercial. La producción de hierro y acero no alcanzó un desarrollo tan importante durante el siglo XIX, sino que habría que esperar a la guerra ruso-japonesa para que se produjera un aumento significativo. No tuvieron tanto desarrollo, sin embargo, la construcción de barcos y la fabricación de maquinaria, que se importaban principalmente de Inglaterra.

    CONCLUSION

    Japón tuvo que vivir un cambio radical y contundente en muy poco tiempo, casi salir de la edad media directamente a la edad contemporánea. Semejante cambio sin duda se debió a los muchos factores que hemos comentado, destacando especialmente la llegada de los occidentales, la sociedad que exigía una reforma de la jerarquía social, tan estricta y un cambio en una monarquía imperial que no era sino una farsa conocida en la sociedad.

    La caída del Bakufu era un hecho lógico. Incluso quizás sin la llegada de los extranjeros, esto podría haber pasado, aunque nunca sabremos como habría sido. La sociedad estaba harta de ser controlada por los samuráis de clase alta, al mismo tiempo que muchos hombres de poder deseaban ver la caída del Bakufu, quizás porque realmente querían ver un mundo de igualdad en una nueva era, o quizás lo hacían por restablecer el poder del emperador, o porque (y no sería sorprendente) querían ocupar el poder desde la corte imperial. La estricta jerarquía social, la ideología imperialista, dominada por un shogunato indigno, lleno de hombres incompetentes que habían llegado al poder solo por su origen de nacimiento, un interés creciente por el Rangaku, o la presión de las potencias extranjeras, por no hablar de que el pueblo estaba agobiado, sumido en un desgaste económico constante, tanto los samuráis como las clases más bajas estaban ahogadas por los impuestos o por sus propias deudas, era obvio que el malestar generado por todo eso tenía que acabar siendo la base de la caída de la sociedad japonesa tal y como se conocía. Fuera por una razón u otra, la sociedad Japonesa clamaba por un cambio.

    Los 15 años que duró el periodo conocido como Bakumatsu, fueron sino la consecuencia de muchos factores que no hacían sino desestabilizar el sistema existente. Los asesinatos y las luchas de las clases más bajas, las elites de los clanes Choshû y Satsuma, que veían una oportunidad de liberar su nación al tiempo que llegar ellos al poder, mientras que en el otro lado, los seguidores del Bakufu, ya fuera por convicción o interés, eran menos numerosos pero no menos convencidos, viéndose en desventaja numérica una vez iniciada la guerra de Boshin, pero luchando incansablemente por defender un régimen vencido, pero en el que creían, al menos algunos.

    Pese a todo, la caída del Bakufu era lógica, el Shogun no podía mantenerse, al llegar el siglo XVIII era un gigante con pies de barro, los diferentes clanes seguían disponiendo de sus propios ejércitos, se carecía de un sistema administrativo central, así como una falta total de recaudación de impuestos en el país o un control sobre el gobierno de cada clan. Cuando más se aferró el Shogun al poder y mas reprimió a las clases bajas (y sobretodo) a los líderes de los otros clanes, más se aferraron estos al ideal del sonno-joi, que acabó finalmente con la guerra de Boshin y el inicio del fin del shogunato, la razón para muchos era quizás la defensa de la igualdad, la defensa de la nación frente a las potencias occidentales, la lucha por el emperador, pero era ante todo porque el Shogun ya no estaba en posición de mantener el poder por más tiempo, tenía escasos fondos, pocos guerreros y la masa popular estaba dividida o le era indiferente quien le gobernara, aunque el número de seguidores que defendían el fin de la jerarquía social era impresionante. En defensa a la verdad hay que decir que hubo factores especialmente decisivos en la caída del Bakufu, la presión de Perry con los barcos negros, que obligó al Shogun a firmar el tratado sin el consentimiento imperial, así como la derrota en la segunda campaña de Choshu, que puso en duda la supremacía militar del Bakufu, y la rápida entrega del castillo de Edo a las fuerzas imperialistas. De todos modos la caída del shogun fue tan rápida como sorprendente.

    Un detalle muy interesante es que esta caída no desestabilizó excesivamente el Japón, hubieron cambios drásticos, se iniciaron construcciones que contrastaban (quizás en exceso) con el Japón que todos conocían, y fueron cambios muy rápidos, y en muchos casos impuestos, cosa que hizo revivir episodios cruentos, aunque no menos comprensibles, como la marcha de Kyoto de Saigo Takamori (el que llaman el “ultimo samurai”), en un país de tradiciones como el Japón, el que se hubiera hombres que se opusieran al fin de la vida samurai, era comprensible, aunque afortunadamente, no marcó una lucha interna en Japón excesivamente dolorosa, quizás porque la nación ya estaba demasiado cansada de la guerra, pero el caso es que Japón no quedó excesivamente débil tras la guerra, y eso le permitió ser una de las pocas naciones asiáticas que pudo mantener su soberanía frente a las potencias extranjeras.

    Sin embargo, la Era Meiji no presentaba las mismas oportunidades a todo el mundo. Las construcciones y mejoras que se hicieron, desde las nuevas ciudades, ferrocarriles, y entidades gubernamentales, eran sin duda parte del progreso, pero ese progreso no fue igual de bueno para todos, pues las clases más bajas siguieron dominadas, y algunas vivieron incluso peor, teniendo que pagar incluso más que durante la era Tokugawa, los salvadores de la nación, pronto tuvieron que pasar a ser los nuevos amos si querían mantener el orden y traer a Japón la luz que habían predicado, aunque fuera de esa forma. Me atrevo a decir que quizás todas estas injusticias se concibieron para ser momentáneas, para poder financiar los cambios necesarios en la sociedad para luego poder ir adelante sin semejantes abusos, sin embargo, la historia nos demuestra que no fue así. Pese a todo, tuvo sus ventajas, se aumentó el comercio, se cambiaron cultivos y se complementó la producción interna del Japón, se crearon fábricas y talleres, y todo eso repercutió en una mejora económica y de la educación una vez se abrieron las puertas a Occidente, aunque bien es cierto que todo ese nuevo mundo no llegó a todos por igual.

    En definitiva, la caída del Bakufu no fue sino un paso inevitable hacia el futuro de Japón, el poder de las potencias occidentales y su cultura (y poderío militar) era demasiado para ser ignorado, al mismo tiempo que el Japón estaba destinado a cambiar. La nueva era fue una era de mejoras, de libertades y de paz, pero también de nuevas injusticias y corrupciones, como siempre ha pasado en todos los gobiernos y todas las luchas, en las que siempre hay hombres de buen corazón que realmente luchan por un ideal, y donde siempre hay cerca hombres que lo hacen por otros intereses menos dignos, o peor aun, luchan por un ideal sin darse cuenta del precio que exigen a los que hacen luchar a su lado.

    Me interesé por este tema en concreto, por un lado por mi fascinación con la sociedad y la cultura japonesa, pero por otro lado por el interés del cambio social que vivió esta nación, de la época de los samuráis a la de los japoneses que serían los que crearían el futuro Japón de nuestros días. Sobretodo quería conocer más de cerca la lucha de la gente por defender aquello en lo creía, o al menos porqué luchó. A lo largo de este trabajo me he emocionado muchas veces estudiando a muchos personajes y leyendo muchas grandes ideas y grandes gestas que considero de noble carácter, como también me he sorprendido de muchas otras respuestas a preguntas que me hice a medida que profundizaba en el tema, y visto lo que considero no eran sino las mismas mezquindades y palabras vacías, típicas, por desgracia, de muchos de los personajes que han aparecido en las paginas de la historia, pero todos ellos no hacían sino recordarme que, Japoneses o Occidentales, luchando o no por una causa o puro interés, todos somos ambas caras de la misma moneda, porque en el fondo, estudiar historia no hizo sino que entendiera que da igual los pueblos y las épocas, hay cosas que nunca cambian, las mentalidades y los corazones, ya que en el fondo, todos somos humanos.

    CRONOLOGIA

    1837 Fujita Toko creó el grito de guerra del sonno-joi

    1846 El capitán Biddle llega a Japón con dos barcos de guerra.

    1853

    8 de julio El capitán Perry llega a Tokio con 4 barcos negros.

    1854

    Febrero Perry regresa de nuevo, esta vez con ocho barcos de guerra.

    Marzo Firma del tratado de Kanagawa

    Octubre Tratado con la Gran Bretaña

    1855 Li Naosuke es nombrado Tairo (Gran Consejero)

    1858 Tratado de comercio con Harris

    1860

    3 de marzo El accidente de la puerta de Sakurada / asesinato de Li Naosuke

    1860 Choshu media entre la corte imperial y el Bakufu

    1861 Primera embajada del Bakufu en Europa

    Julio Los hombres del partido imperialista de Tosa, liderados por Hanpeita Takechi, asesinaron a Toyo Yoshida para tratar de provocar un cambio de gobierno en la provincia.

    Creación del Kobugattai, alianza entre el emperador y el Bakufu ante la política de cooperación con Occidente, que se representó con la boda del emperador con la hija del shogun Iemochi.

    1862

    Junio: Choshu ataca los extranjeros ignorando la orden del Shogun.

    Abril Inglaterra y Estados Unidos atacan Chosu y bombardean shimonoseki

    Agosto Los ingleses bombardean Kagoshima

    El kobugattai decide acabar con la facción más radical de Chosu.

    1863

    Septiembre Choshu es expulsado de Kyoto por Satsuma y Aizu

    1864

    5 de Julio El asunto Ikedaya

    El incidente de la puerta prohibida

    Noviembre Primera orden del shogunato de aplastar Chosu

    Primera expedición shogunal contra Choshu, cuyo gobierno se somete

    1865

    Marzo Choshu se rebela contra el Bakufu

    1866

    Marzo Alianza secreta de Chosu y Satsuma

    Agosto Segunda expedición shogunal contra Choshu

    1867

    Enero Muerte del emperador Komei

    Tokugawa Yoshinobu se convierte en el ultimo shogun

    1868

    Enero Las fuerzas de Yoshinobu son derrotadas en Toba-FushimiSatsuma y Choshû declaran la “Restauración Imperial”

    Mayo Juramento de los 5 articulos

    Abril Edo es tomada por las fuerzas imperiales.

    1869 Los restos del ejercito shogunal son derrotados en Hokkaido, fin de la guerra de Boshin

    El nuevo gobierno convence a los líderes de los clanes Satsuma, Choshû y Tosa que entrenguen sus propiedades al Emperador

    1871 Los 270 Han se convierten en prefecturas, siendo los daimyos compensados por entregar sus tierras

    1872 Inauguración del primer ferrocarril, que unía Tokio con Yokohama

    1874 Petición de la creación de la asamblea nacional

    1875 Creación de una ley para multar a periodistas que critiquen el nuevo gobierno

    1876 Primeros alzamientos samuráis contra el nuevo gobierno

    1877 Marcha de Saigo sobre Tokio / Guerra de Seinan

    1880 Se prohibe el derecho de reuniones y asociaciones mercantiles

    1885 Creación del gobierno tripartito

    1888 Reducción de las 270 prefecturas a 46

    1889 Redacción de la Constitución

    BIBLIOGRAFIA

    Libros y revistas consultados

    - Breve historia de Japón, de Mikiso Hane, Alianza Editorial, Madrid 2003

    • Japon, el fin del shogunato y el japon Meiji 1853 / 1912. De J. Mutel, editorial vicens-vives. 1972

    • Japón Meiji, de Harold Bolitho, editorial Akal, 1991

    • The Meiji Restoration, de Beasley W.G., editorial University Stanford Press, 1972

    • Ryugetsusho (cronicas del fluir de la luna), de Ryoichi Ikegami, editorial Glenat

    • Rurouni Kenshin, de Nobuhiro Watsuki, editorial Glenat

    • Cronicas del viento, de Kan Furuyama

    URLS consultadas

    http://www.shotokai.com/varios/hagi.html

    http://www.japan-guide.com/e/e2130.html

    http://www.fortunecity.com/victorian/operatic/294/cons1889.htm

    http://sepiensa.org.mx/contenidos/historia_mundo/moderna/samurai/samurai_1.htm

    http://www.salaprivada.com/article/articleview/243051/1/133

    http://www.sakabatouzanbatou.com/jhistory.html

    http://www2.nkansai.ne.jp/hotel/tsutaya/english/e-katsura.htm

    http://www.militaryhistoryonline.com/horsemusket/japan/katsukaishu.aspx

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