Equilibrio en la Europa de finales del siglo XVIII

Guerra de Sucesión. Revolución Francesa. Relaciones internacionales europeas

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El equilibrio en Europa de finales del XVIII

INDICE

-3, El cambio de alianza entre Francia y España tras la Guerra de Sucesión Española.

-4-8, El enfrentamiento Anglofrancés nuevo eje de las relaciones internacionales en Europa.

  • 5-6, La Guerra de Sucesión Austriaca

  • 6-7, La Guerra de los Siete Años.

  • 7-8, -La Guerra de la Independencia Americana.

-8-10, La Revolución Francesa como punto de inflexión en las relaciones internacionales europeas.

  • 9-10, -La Guerra contra la Convención y las Guerras Revolucionarias Francesas.

-11, Bibliografía.

El cambio de alianza entre Francia y España tras la Guerra de Sucesión Española.

Merece una mención aparte las alianzas entre Francia y España tras la Guerra de Sucesión Española que entronizó a Felipe V de Borbón como rey de España. El final de esta guerra supone un perjuicio enorme para España, ya que se ve obligada a ceder en el tratado de paz de Utrecht numerosos territorios y privilegios como el monopolio de esclavos africanos y el fin del monopolio español de comercio en las Indias Occidentales.

Las decisiones de la política exterior española arrancan de la difícil situación creada tras el Tratado de Utrecht. España se planteó los siguientes objetivos: recuperar Gibraltar y Menorca, territorios antiguamente españoles en manos británicas, y conseguir establecer a la familia Borbón en los territorios italianos perdidos.

Para ello, la diplomacia española se basó en la alianza con Francia, concretada en varios Pactos de Familia, y el enfrentamiento con Inglaterra en el Atlántico ante la amenaza británica a las posesiones españolas en las Indias.

La política exterior de Felipe V (1700-1756) se dirigió a la recuperación de los territorios italianos. Después del fracaso de los primeros intentos individuales se buscó la alianza con Francia. Esta entente se formalizó en el Primer Pacto de Familia (1734) y el Segundo Pacto en 1743. Fruto de estos acuerdos fue la participación apoyando a los franceses en la Guerra de Polonia (1733-1738) y en la Guerra de Sucesión de Austria (1743-1748). Como resultado de esta intervención Felipe V consiguió que el infante Carlos, el futuro Carlos III de España fuera coronado Rey de Nápoles y Sicilia y que el infante Felipe fuera nombrado Duque de Parma.

El enfrentamiento Anglofrancés nuevo eje de las relaciones internacionales en Europa.

El siglo XVIII se caracteriza fundamentalmente por la pugna anglofrancesa, derivada sobre todo por la rivalidad colonial, que marcará el sentido de las relaciones internacionales.

-La Guerra de Sucesión Austriaca

La Casa de Austria se convirtió en el centro de la diplomacia a la muerte en 1740 del emperador del Sacro Imperio Romano Germánico, Carlos VI y la crisis sucesoria.

Antes de su muerte, Francia, Prusia, Rusia, Gran Bretaña y las Provincias Unidas habían garantizado que la hija de Carlos, María Teresa I, heredaría el trono del Sacro Imperio, pero aparecieron otros aspirantes al trono: Carlos Alberto de Baviera y Augusto de Sajonia, yernos de José I, hermano y antecesor en el trono imperial de Carlos VI. Querían, respectivamente, Bohemia y la Corona imperial y Moravia. Carlos Manuel de Cerdeña reclamaba para sí el Milanesado, Felipe V de España reclamaba los ducados de Parma y Plasencia. El duque de Belle-Isle, que era el favorito de Luis XV de Francia, desacreditó la política de André Hercule de Fleury y respaldaba a los bávaros.

Las tensiones austro-prusianas se habían centrado en la negativa de Carlos VI a la anexión por parte de Prusia de los ducados de Berg y Cleves. Al ascender al trono, Federico II el Grande de Prusia se dispuso a ejecutar proyectos expansionistas con la conquista de Silesia. María Teresa I había heredado los estados patrimoniales, pero con escasos medios financieros y militares, y no estaba preparada para una confrontación sucesoria, a lo que se sumaba la escasa lealtad de algunos de sus súbditos, entre los que sobresalían ciertos nobles de Austria, Bohemia y Hungría. Ninguno de los reclamantes tenía reivindicaciones generales, pero unidas eran suficientes como para acabar con el poder de los Habsburgo.

Si el imperio de los Habsburgo hubiese formado una entidad nacional, la crisis dinástica se hubiera reducido a una cuestión austriaca exclusivamente. Pero tal imperio era una yuxtaposición de países unidos sólo por la dinastía, lo que tentaba a las potencias imperialistas a destruir la hegemonía que era obstáculo para sus propios intereses.

El Tratado de Aquisgrán puso fin a la Guerra de Sucesión Austriaca en 1748, así como a la llamada Guerra del rey Jorge. Establecía que todas las conquistas llevadas a cabo durante la misma fueran devueltas a sus dueños originales. María Teresa I conservó sus territorios, salvo Silesia, que fue cedida a Prusia. Felipe V de España consiguió los ducados de Parma, Plasencia y Guastalla. El tratado devolvió Louisbourg (Canadá) a Francia y entregó Madrás (India) a los británicos.

-La Guerra de los Siete Años.

Austria decidió recuperar Silesia, que estaba en poder de Prusia tras el Tratado de Aquisgrán (1748) que había puesto fin a la Guerra de Sucesión Austriaca. Esta acción por parte de Austria se considera el detonante de la guerra de los Siete Años. María Teresa I contó con el apoyo de Sajonia, Rusia, Suecia y Francia, con el fin de declarar la guerra a Prusia y Gran Bretaña.

Prusia ante la certeza de que sería atacada decidió adelantárseles. En otoño de 1756 el ejército prusiano invadió Sajonia; luego penetró en Bohemia, pero fue vencido por los austriacos en la batalla de Kolin. Alentados por el éxito, los enemigos de Prusia lanzaron sus ejércitos para destruirla; sin embargo, Federico superó la crítica situación con tres brillantes victorias. La primera en Rossbach sobre un poderoso ejército francés que avanzaba por territorio sajón, la segunda frente a los austriacos en Leuthen (Silesia) y la tercera en Zorndorf.

Los rusos unieron sus fuerzas con los austriacos y ambos ejércitos derrotaron al rey prusiano en Kunersdorf (12 de agosto de 1759). Sin embargo, los aliados no supieron aprovechar ese triunfo, porque estaban agotados; demoraron en avanzar, error que utilizó Federico para rehacer sus fuerzas y obtener, al año siguiente, dos triunfos sobre los austriacos: Liegnitz (Silesia) y Torgau (Sajonia).

En 1759, Prusia Oriental estaba en poder de los rusos que habían tomado Berlín. Sin embargo, sorprendentemente, Gran Bretaña y Hannover vencieron a Francia; además, se dio la retirada de la guerra de Rusia y Suecia (1762) debido a que, a la muerte de la emperatriz de Rusia, su sucesor, Pedro III, firmó un tratado de paz, que también fue apoyado por la sucesora de éste, Catalina.

España tenía un gran interés en recuperar los territorios de California y Nevada, que estaban bajo control americano.

En América del Norte, Francia se encontraba en retroceso. La guerra comenzó en 1754. La rivalidad colonial entre Francia y Gran Bretaña se debía al control de las zonas peleteras y la disputa por las tierras situadas al oeste de los montes Apalaches. Francia en los primeros años logró acumular varias victorias, pero en los ingleses conquistaron Québec y al año siguiente capituló Montreal. Los británicos habían conquistado todo el Canadá francés.

Con respecto a España, Inglaterra había aumentado los agravios de modo considerable: apresamiento arbitrario de buques o el aumento del contrabando entre otros.

Tras los acontecimientos en Québec y ante el hostigamiento de Inglaterra al comercio y la seguridad española en América, se firmó el Tercer Pacto de Familia (1758-1761), con el objetivo de ser una alianza fuerte frente a la poderosa Inglaterra.

Entre 1761 y 1762 España ocupó el norte de Portugal y ocupó la Colonia del Sacramento. A pesar de estos éxitos la evolución de los sucesos militares fue contraria a España; en este sentido hay que señalar las importantes pérdidas que se produjeron en 1762, cuando 2 escuadras británicas se apoderaron, respectivamente, de La Habana y Manila.

La guerra de los Siete Años terminó en 1763. Los tratados de paz que pusieron fin a la guerra de los Siete Años, representan una victoria para Gran Bretaña y Prusia, y para Francia, la pérdida de la mayor parte de sus posesiones en América y Asia.

-La Guerra de la Independencia Americana.

El cuatro de julio de 1776 el congreso de las trece colonias, adoptaba la declaración de independencia, mediante la cual los Estados Unidos de Norteamérica proclamaban que las Trece Colonias, deben ser estados libres e independientes: que están absueltas de toda obligación de fidelidad a la corona británica.

Esta grandilocuente frase no oculta la realidad de que esa guerra de independencia se había convertido en una guerra por la supremacía en Europa. Durante más de dos años, el gobierno francés permaneció sin intervenir, ostensiblemente, aunque enviando, mientras tanto, municiones a las colonias mediante una empresa creada a tal efecto. Nueve décimas partes de las armas usadas por los americanos en la batalla de Saratoga procedían de Francia. Tras la victoria americana en aquella batalla, el gobierno francés llegó a la conclusión en 1778, de que los insurgentes constituían una buena opción política, los reconoció, firmo una alianza con ellos y declaró la guerra a Gran Bretaña.

Esta decisión se toma por la insistencia del conde de Vergennes, ministro de exteriores por aquel entonces, que planea la intervención en la guerra de independencia norteamericana como resarcimiento por la derrota en la Guerra de los Siete Años

España la imitó en seguida, con la esperanza de expulsar a los ingleses de Gibraltar y convencida de que sus posesiones en ultramar estaban más amenazadas por un establecimiento de la supremacía británica en América del Norte que por el intranquilizador ejemplo de una república independiente. Otras potencias como Rusia, Suecia, Dinamarca, Prusia o Portugal disgustadas por el empleo británico del bloqueo y de su poderío marítimo en tiempos de guerra, formaron una “neutralidad armada” para proteger su comercio frente a las imposiciones británicas. Los franceses desembarcaron un ejército expedicionario de 6000 hombres en Rhode Island. Como los americanos eran aun incapaces de formar un ejército competitivo fue la ayuda francesa y española la que niveló la balanza hacia el lado de los colonos, de modo que el gobierno inglés se convenció de la necesidad de reconocer la independencia de Estados Unidos.

La Revolución Francesa como punto de inflexión en las relaciones internacionales europeas

El 14 de julio el pueblo de París respaldó en las calles a sus representantes y, ante el temor de que las tropas reales los detuvieran, asaltaron la fortaleza de la Bastilla, símbolo de la represión y del absolutismo monárquico, pero también punto estratégico del plan defensivo de Luis XVI, pues sus cañones apuntaban a los barrios populares. Tras cuatro horas de combate, los revolucionarios tomaron la prisión, matando a su gobernador, Bernard de Launay.

La Revolución se fue extendiendo por ciudades y pueblos, creándose nuevos ayuntamientos que no reconocían otra autoridad que la Asamblea Nacional. Los campesinos dejaron de pagar impuestos y destruyeron propiedades nobiliarias y todo lo que simbolizara al antiguo régimen. La Asamblea Nacional, actuando detrás de los nuevos acontecimientos, suprimió por ley las servidumbres personales (abolición del feudalismo), los diezmos, y las justicias señoriales, instaurando la igualdad ante el impuesto, ante penas y en el acceso a cargos públicos. El rey, junto con sus seguidores militares, retrocedió al menos por el momento. Lafayette tomó el mando de la Guardia Nacional de París y Jean-Sylvain Bailly, presidente de la Asamblea Nacional, fue nombrado nuevo Alcalde de París. El rey visitó París el 27 de julio y aceptó la bandera tricolor.

Sin embargo, después de esta violencia, los nobles, no muy seguros del rumbo que tomaría la reconciliación temporal entre el rey y el pueblo, comenzaron a salir del país, algunos con la intención de fomentar una guerra civil en Francia y de llevar a las naciones europeas a respaldar al rey.

-La Guerra contra la Convención y las Guerras Revolucionarias Francesas.

Tras la ejecución de Luís XVI de Francia, primo del monarca español Carlos IV, Manuel Godoy, hombre fuerte del gobierno español, firmó con Gran Bretaña su adhesión a la Primera Coalición en contra de Francia.

El ejército de Ricardos, Capitán General de Cataluña que contaba con unos 25.000 hombres, invadió el Rosellón el 17 de abril por Sant Llorenç de Cerdà. Tras ocupar localidades de la frontera, el 18 de mayo de 1793 derrotó al ejército francés dirigido por el general Dagobert en la batalla de Mas Deu, tomando todas las fortificaciones de la frontera (Baños, Bellagarde) y las localidades del valle del Tec (Céret, Arles...).

Los triunfos del general Ricardos culminaron con la batalla de Truillás el 22 de septiembre. En esta batalla contó con las ayudas de refuerzos mandados por los condes de Osuna y de la Unión, de tropas portuguesas y la escuadra anglo-española que operaba en las costas mediterráneas.

Ricardos, sin suministros, se retiró, con aproximadamente 20.000 hombres y 106 piezas de artillería. Sin embargo, venció de nuevo a las tropas republicanas en Asprés, conquistando las plazas de Port Vendres, Santelme y Collioure, dominando así toda la costa rosellonesa.

Por contra la falta de medios, una leva masiva en Francia y la configuración del primer ejército nacional, “la Grande Armee”, cambiaron el curso de la guerra.

El general Ricardos, de regreso en Madrid para conseguir más apoyo, murió el 13 de marzo de 1794, víctima de una pulmonía.

Las tropas francesas, al mando del general Dugommier, penetraron en Cataluña, País Vasco y Navarra, llegando a ocupar Miranda de Ebro.

España contraatacó y expulsó a los franceses de nuevo a su país. No obstante, viendo que Francia era más fuerte de lo que parecía, Godoy firmó por separado con Francia la Paz de Basilea (1795), que reconocía a la República Francesa, se cedía a Francia la parte española de la isla de La Española y se normalizaban las relaciones comerciales.

Posteriormente España pasa de enemiga a amiga gracias a los pactos de San Ildefonso. Estos pactos constituyen una alianza ofensivo-defensiva que tenía como prioridad la cooperación militar de los dos países frente a Inglaterra. Era opinión generalizada entre los políticos españoles del siglo XVIII que una paz definitiva con Inglaterra era imposible a causa de la ambición colonial británica y al distinto régimen político que gobernaba ambas monarquías.

Tras esta guerra las alianzas se mantendrán en dos bloques, de un lado España, Francia y Saboya, y del otro Gran Bretaña, Prusia, Austria y Rusia. Estas alianzas se mantendrán hasta la invasión de España por Francia. Es una constante de esta época la existencia de dos potencias más o menos hegemónicas que pugnen entre ellas por el control del mundo. A su lado irán apareciendo algunas potencias menores que en ciertos casos inclinarán la balanza hacia uno u otro lado.

En 1802 se firma la Paz de Amiens entre Inglaterra, Francia y los aliados de estas, sin embargo, la desconfianza hacia Francia, el ascenso de Napoleón Bonaparte y el afán expansionista de este, hace que se replantee la situación y que esta paz dure solo un año iniciándose las guerras napoleónicas que configurarían un mapa de Europa así:

BIBLIOGRAFÍA

Libros:

  • Briggs, Asa y Clavin, Patricia: Historia Contemporánea de Europa (1789, 1989). 1997. Editorial Crítica.

  • Casterás, Ramón: La Independencia de los Estados Unidos de Norteamérica.1990. Editorial Ariel.

  • Kropotkin, Piotr: Historia de la Revolución Francesa. Editorial El Ateneo.

  • R. Palmer y J.Colton: Historia Contemporánea. 1978. Editorial Akal Textos.

Enciclopedias:

  • Encyclopædia Británica

  • Wikipedia: es.wikipedia.org

Páginas webs:

  • www.artehistoria.es

Mapas extraídos de la página web: http://www.pais-global.com.ar/

Austriaca, Guerra de sucesión. Enciclopedia libre wikipedia, www.es.wikipedia.org

Aquisgrán, tratado de Enciclopedia Britannica-Salvat

Declaración de Independencia de los Estados Unidos de América. 7 de junio de 1776, Virginia.

Vergennes, Conde de. Encyclopædia Britannica

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Mapa de Europa antes de la Revolución Francesa

Kropotkin, Piotr: Historia de la Revolución Francesa. Editorial El Ateneo.

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http://www.artehistoria.jcyl.es/histesp/contextos/6853.htm

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