Epistemología

Positivismo. Feyerabend

  • Enviado por: Pablo Rabey
  • Idioma: castellano
  • País: Argentina Argentina
  • 4 páginas
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1°Parcial de Epistemología

  • Ejercicios como este sirven mucho para advertir los peligros de la lectura fragmentaria de los textos. En este caso con Durkheim, cuya selección que aquí utilizamos puede servir para ilustrar las tesis básicas del positivismo planteadas por Kolakowski:

  • Así, por ejemplo, podemos interpretar la afirmación de que los hechos sociales no pueden ser aprehendidos “por un simple procedimiento de análisis mental” sino “por medio de observaciones y experimentaciones, pasando progresivamente de los rasgos más exteriores (…) a los menos visibles” (Durkheim,1984:11) como la aplicación de la regla del fenomenalismo que señala que “no hay diferencia real entre ´esencia´ y ´fenómeno´” (Kolakowski,1988:15), por lo que solo se deben aceptar las cuestiones relativas a las causas que no aparecen en la experiencia inmediata que, en definitiva, “se puedan descubrir con los medios asequibles al hombre” (Kolakowski,1988:16). Como sucede en este caso, donde en el pasaje a los rasgos “más profundos” no se hace “ninguna especulación sobre el fondo de los seres” (Durkheim,1984:13).

    Pero ¡ojo! el “tratar a los hechos sociales como si fueran cosas” no quiere decir que el “hecho social” sea una cosa en si misma, un objeto material, sino que estamos hablando de un instrumento abstracto, una categoría que nos permite estructurar la experiencia pero, como señala la regla del nominalismo, no posee ninguna función cognoscitiva autónoma porque, en última instancia, el conocimiento esta directamente relacionado con la realidad externa. Es decir, que “un saber cualquiera [no tiene] en la realidad otros objetos equivalentes que los objetos concretos singulares” (Kolakowski,1988:17).

    Encontradas en este párrafo la aplicación de estas dos reglas, estas no llevan necesariamente a la regla que prescribe la prohibición de emitir juicios de valor y enunciados normativos porque “la regla fenomenalista nos prohibe suponer que los valores son caracteres del mundo accesibles al conocimiento” y “la regla nominalista prescribe renunciar a la idea de que pueda existir, fuera del mundo sensible, una esfera de valores existiendo en sí”.

    Finalmente podemos encontrar la idea de la unidad metodológica de la ciencia en la afirmación de que el sociólogo debe (es decir que puede) ponerse “en el estado mental en que se encuentran los físicos, los químicos…”(Durkheim,1984:13); ya que si ese “estado mental” (en el que se realiza la reflexión teórica) a través del cual se elabora la experiencia puede (y debe) ser el mismo para un sociólogo que para un físico, entonces las etapas de esa elaboración serán idénticas. Leyendo esto podemos esperar, entonces, que Durkheim crea en la nivelación gradual de las ciencias sociales con las naturales.

    Ahora bien, volviendo a lo que decía al principio, una lectura más amplia de Durkheim nos llevaría a cuestionar una adscripción tan directa con los principios del positivismo. Voy a poner un par de cosas para no pasar el número de paginas permitido. Comenzando con la Introducción a “Las formas elementales de la vida religiosa”, donde “una de sus preocupaciones principales es la de encontrar una alternativa viable a la descripción positivista de la actividad intelectual humana” (Horton,1980:103). Así, la condena del positivismo a TODAS las ideas sobre entidades inobservables y a TODAS las formas de operación intelectual que no estén en conexión con la experiencia, es ajena a Durkheim; quien, al menos las relativiza al afirmar que “las ideas sobre los fenómenos inobservables son una reacción objetiva ante el efecto de la sociedad sobre el individuo” (citado por Horton,1980:48) y que sólo “mediante la utilización de dichas ideas sobre un orden de cosas inobservable (…) podemos captar unidades de proceso donde el sentido común solo habría visto diversidad y falta de relación mutua” (Horton,1980:33). De esta forma, y ya no reconociendo tan fatalmente las reglas del fenomenalismo y el nominalismo, ya no sorprenderá la cita de Durkheim en la que afirma que si “la ciencia no puede enseñarnos nada respecto a lo que debemos querer (…) se encuentra destituida de toda eficacia práctica y, por consiguiente, su existencia tiene poco fundamento” (Durkheim,1984:52). A mi modo de ver, sobre la cuestión de la unidad metodológica de la ciencia, Durkheim en este punto tiene una postura más “positivista” porque, si bien reconoce las diferencias entre la sociedad y el ”reino natural” (ver, p.e. sus comentarios en la página 56), considera que en la sociedad se pueden aplicar “principios de los otros reinos de la Naturaleza” como la Ley de la causalidad (Durkheim,1984:113).

    3) Analizado en términos “feyerabendianos”, el ejemplo de la historia de la estructura del ADN mostraría lo estéril (y desaconsejable) de la distinción entre un “contexto de descubrimiento” y un “contexto de justificación”. Esto es así porque claramente, en el caso que estamos analizando, si se seguían los pasos correctos de la justificación (con las teorías aceptadas entonces), la doble hélice no hubiera servido como modelo por la forma de la cadena azúcar-fosfato.

    Pero los investigadores “al inventar teorías y contemplarlas de un modo relajado y ´artístico´ [dan] a menudo pasos que están prohibidos por las reglas metodológicas” (Feyerabend,1986:154). Y eso fue exactamente lo que pasó: como “una estructura tan bonita tenía, por fuerza, que existir”, simplemente eliminaron las dificultades no tomándolas en serio.

    Es decir que no es que en la investigación científica sólo se puede seguir un método no reconocido y ser irracional en el descubrimiento (como diría Popper), sino que -además- las actividades que pertenecen al contexto de descubrimiento frecuentemente entran en conflicto con lo que pasa (o debiera pasar) en el contexto de justificación.

    Chocan, y si se siguieran los consejos “popperianos” de empezar la justificación “después de que se han hecho los descubrimientos [y procediendo] de una manera ordenada” (Feyerabend,1981:99) nos encontraríamos con la imposibilidad de practicar ciencia. Porque si razonamos dentro del contexto de justificación no realizamos la investigación mediante la “interacción entre teorías nuevas (…) y viejas formas de ver las cosas” (Feyerabend,1981:100). Por suerte para Watson y Crick (que ganarían el premio Nobel por su descubrimiento) Rosalind Franklin (“Rosy”) no congeló la observación prefiriendo los viejos principios a los nuevos, sino que cedió ante “el atractivo de los pares de bases” interpretando las “reflexiones y las regiones oscuras de los rayos X” como indicadores de que la molécula era una doble hélice (Curtis y Baunes,1992:344).

    Por eso, para Feyerabend no existe la alternativa de “preferir” uno u otro contexto: “nos encontramos con un solo dominio uniforme de los procedimientos, todos los cuales son igualmente importantes para el desarrollo de las ciencias. Esto desahucia la distinción [entre contexto de descubrimiento y contexto de justificación]” (Feyerabend,1986:154).

    Esto es, “traspasar el corsé del contexto de justificación para reconocer que el conocimiento científico es producido, aceptado y justíficado por seres humanos, y que el proceso de producción de tal conocimiento y las condiciones de posibilidad son algo más que un mero escenario” (Palma,1997:6) prestando atención no tanto a la dimensión racional de la investigación sino a su contexto histórico y sociocultural.

    5) Los hechos que se nos presentan a la experiencia son asimilados (en su diversidad) a partir de teorías que los explican; es decir, que responden “a la pregunta de por qué algo es o se presenta de determinada manera” (Schuster, :17).

    En su variante más conocida -la explicación nomológica-deductiva- se considera que entre las premisas siempre hay leyes generales. Así, la explicación de un hecho particular (el explanandum, ´lo que debe ser explicado´) se hará enmarcándolo en un enunciado general a partir del reconocimiento de ciertas condiciones iniciales y/o circunstancias particulares (que conforman el explans, ´lo que explica´, cuyos enunciados deben ser verdades y del cual se debe poder deducir el explanandum).


    Muy diferente es lo que ocurre con la explicación genética donde no hay enunciados que sean universales sino que “son enunciados que trasmiten informes o descripciones acerca de sucesos, procesos y situaciones específicas” (Schuster, :26).

    Foucault describe esta forma de abordar los sucesos (que el denomina ´genealógíca´) como el “percibir la singularidad de los sucesos, fuera de toda finalidad monótona (…) ocuparse en las meticulosidades y en los azares de los comienzos” (Foucault,1992:7-11) para poder “llegar a un análisis que pueda dar cuenta de la constitución del sujeto en la trama histórica” (Foucault,1992:181) . De esta forma, el hecho es reducido a un hecho amplio (que de ninguna manera es un enunciado o una ley general), el proceso histórico del cual es el eslabón final; proceso que debemos remontar si queremos explicar el hecho.

    No hay que confundir esto último con la idea de que el proceso tenía necesariamente esa meta final, porque entonces no estaríamos explicando el hecho sino poniéndolo como explicación teleológica de los procesos que debieran explicarlo.

    Y tampoco con las explicaciones funcionales en las que para explicar los sucesos individuales no se los enmarcan en un proceso de génesis más amplio, sino que se los explica a partir de sus consecuencias, como si estas fuesen la causa principal del hecho en cuestión. Esta postura es interesante porque permitiría que una consecuencia explique una variedad de comportamientos (que causan esa consecuencia, que sirve en la explicación como causa).

    El hecho de que las explicaciones funcionales sean “formas complejas de teorías causales e involucren conexiones entre variables con una prioridad causal especial de las consecuencias de la actividad a nivel de la explicación total” (Schuster, :27), es lo que ha permitido a ciertos autores (Cohen,1986) afirmar que las explicaciones marxistas son en realidad funcionales.

    Los marxistas “estudian las relaciones económicas que surgen entre los hombres (relaciones de producción y de distribución), así como la dependencia de tales relaciones de la influencia recíproca entre el hombre y la naturaleza, tal como se da en el proceso social del trabajo (desarrollo de las fuerzas productivas). Sobre esta base el marxismo enuncia leyes económicas, las que resultan de la actividad humana consciente e intencional, pero tienen carácter de necesidad objetiva independiente de la voluntad de los hombres” (Schuster, :73. Subrayado por mi).

    En palabras de Marx: “En la producción social de su existencia, los hombres establecen determinadas relaciones, necesarias e independientes de su voluntad, relaciones de producción que corresponden a un determinado estadio evolutivo de sus fuerzas productivas materiales. La totalidad de esas relaciones de producción constituye la estructura económica de la sociedad, la base real sobre la cual se alza un edificio jurídico y político” (Marx,1985:66). Es decir, que el carácter de la superestructura se explica por la naturaleza de la base económica, que a su vez se explica por la naturaleza de las fuerzas productivas, pero al mismo tiempo son las superestructuras las que, al mantener unidas las bases y las relaciones de producción, controlan el desarrollo de las fuerzas productivas.

    Y más adelante: “En un estadio determinado de su desarrollo, las fuerzas productivas materiales de la sociedad entran en contradicción con las relaciones de producción existentes o (…) con las relaciones de propiedad dentro de las cuales se habían estado moviendo hasta ese momento” (Marx,1985:66). Como vemos, para la teoría marxista las estructuras legales (superestructura) surgen y desaparecen en la medida en que sostienen o frustran formas de economía que son favorecidas por las fuerzas productivas. Una vez más, la explicación marxista es funcional: las relaciones de producción prevalecientes prevalecen porque son relaciones que fomentan el desarrollo de las fuerzas productivas (que a la vez las determinan).

    Poniéndonos aún más antropológicos podemos ejemplificar con el caso de los aborígenes del desierto occidental de Australia descripto por Gould en su estudio sobre el comportamiento de compartir en las sociedades cazadoras-recolectoras. En su trabajo, este antropólogo marxista busca “demostrar los estrechos lazos que existen entre varias clases de comportamiento social y los requerimientos de la vida de los cazadores-recolectores en esta región” (Gould,1982:11). Así, nos muestra como “la imprescindible provisión de agua, el nomadismo y la fluidez de la residencia evitó cualquier tipo de organización local basada en grupos de tamaño o composición fijo”, a la vez que “el comportamiento social de los aborígenes tiende a extenderse a amplias zonas y en muchas direcciones para permitir el acceso a recursos claves en épocas de estrechez… [por ejemplo en] el ceremonial aborigen (…) que sirve para mantener y difundir información geográfica a las generaciones sucesivas”. Otra vez vemos como los elementos superestructurales se explican por la forma en que los hombres se deben organizar para producir (de acuerdo al medio ambiente y el desarrollo de las fuerzas productivas), pero -a su vez- son estos elementos los que permiten la reproducción de la estructura económica de esta sociedad. Otra vez las consecuencias son utilizadas para explicar las causas.

    Bibliografía

    COHEN, G.A.: “Réplica a ´marxismo, funcionalismo y teoría de juegos´ de Elster”

    En “Revista Sociológica” N°2. México. 1986.

    CURTIS, H. et al.: “Biología”

    Buenos Aires. Editorial Panamericana. 1992.

    DURKHEIM, E.: “Las reglas del método sociológico”

    México. Premia Editora.1984.

    FEYERABEND, P.: “Contra el método”

    Madrid. Ariel.1981.

    FEYERABEND, P.: “Tratado contra el método”

    Madrid. Editorial Tecnos.1986.

    FOUCAULT, M.: “Microfísica del Poder”

    Madrid. Ediciones de la Piqueta. 1982.

    GOULD,S: “Tener o no tener”

    HORTON,R: “Lévy-Bruhl, Durkheim y la revolución científica”

    Barcelona. Editorial Anagrama. 1980.

    KOLAKOWSKI, L.: “La filosofía positiva”

    Madrid. Cátedra.. 1988.

    MARX, K: “Prefacio” en “Contribuciòn a la Critica de la Economìa Polìtica

    Madrid. Comunicaciòn. 1985.

    PALMA,

    SCHUSTER, F.G.: “Explicación y predicción”

    Buenos Aires. CLACSO.