Entre visillos; Carmen Martín Gaite

Literatura española contemporánea. Siglo XX. Narrativa. Novela de posguerra. Argumento. Personajes

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Contexto histórico-social

LA MUJER EN EL FRANQUISMO

Martin Gaite escribió: “La ventana ha tenido siempre para la mujer recluida en el hogar una doble función de compañía y consuelo en sus tareas domésticas y de espoleta para echar a volar su fantasía.” (11)

Las características principales que regían este movimiento fueron el centralismo y la represión. Utilizaron la Falange, un grupo sin demasiado soporte, a través del cual manipulaban a las masas obreras. También utilizaban las fuentes ideológicas como la monarquía y el catolicismo.

Las fuentes que intervienen en el movimiento antifeminista provienen del catolicismo integrista, los cuales aportaron las bases de la educación sexual y moral de la mujer. Volvió a surgir la imagen del hombre misógino.

Objetivos y Legislación

El periodo republicano se caracterizó por la aprobación de leyes que tenían como objetivo la mejora social, legal y laboral de la mujer. Pero el franquismo se ocupó de romper con todos esos privilegios y creó la figura de la “mujer-esposa-madre”, gracias a la acción de la Sección Femenina y la Iglesia Católica.

Un caso importante es el de la Sección Femenina que tenía por tarea fundamental la de formar a las mujeres a la antigua usanza, con un aire muy conservador, entendiendo a la mujer como una "mujer sacrificada y obediente".Se comienza a formar a la mujer en los años 50 en tres aspectos: la formación nacional-sindicalista, la formación religiosa y la preparación de las mujeres para el hogar.

El sistema legal del nuevo estado sobre el sexo femenino tenía por objetivo eliminar toda clase de derechos igualitarios concedidos durante la 2ª República.

La nueva legislación era patriarcal, con mucha autoridad paterna sobre los hijos y la mujer se quedó en segundo plano, subordinada.

Todas las leyes tenían la misma finalidad: evitar que las mujeres se liberaran y hacer que estuvieran destinadas al ámbito doméstico y privado.

Cuando la mujer se casaba, debía dejarlo todo (trabajo, familia y estudios) para dedicarse plenamente a su marido. Dejar los estudios también estaba muy influenciado por la actitud de los padres, los cuales no querían que sus hijas usaran su tiempo con esos pormenores.

La Iglesia tuvo un papel muy destacado en el Franquismo. Contribuyó a la creación y formación de un modelo de mujer ideal para el ámbito familiar, para llevar esta imagen utilizaban la acción pastoral y su doctrina cristiana.

Durante la posguerra la situación social de la mujer está en función del lado del frente al que perteneciera. Había mujeres que poseían un cierto bienestar, las llamadas "chicas topolino" y otras mujeres que veían su vida marcada por el hambre y la miseria. Las chicas de clase media y alta eran educadas en centros religiosos. Estos hacían una referencia constante a la obediencia y la sumisión, propia de una mujer.

Características de la mujer de posguerra

La mujer ha de ser justa, disciplinada y abnegada. Una buena mujer falangista se caracteriza entre las otras por ser alegre, respetuosa y creyente con las ordenes impuestas por el sexo masculino y su única función es la de ser madre y educadora, católicas y monárquicas.

Educación de las mujeres

1-Educación primaría

La educación primaria ya era concebida con asignaturas que produjeran un efecto ético, moralizador y profundamente cristiano en los niños. En las niñas, además, ya se implantaban aquellas ideas que, en un futuro, debían hacerlas buena para la sociedad y felices como sus madres, en un hogar perfecto.

Los estudios estaban orientados para abandonarse, incluso, a los 10 años.

2-Bachillerato

Las alumnas del centro no recibían el título de bachillerato si no aprobaban las asignaturas típicas de las labores de casa. En el caso de suspenderlas, debían presentarse a la reválida, la cual se llevaba a cabo ante un tribunal, formado por un cátedro, la directora/a del centro y dos o tres maestros.

3-La Universidad

El acceso a la Universidad era un hecho excepcional para las mujeres i se crearon ciertas teorías, citadas a continuación:

  • Adquirir ciertos conceptos culturales para quedar bien con la sociedad.

  • Pura y simplemente, encontrar alguien que las mandase.

La posibilidad de que la mujer se realizase y pudiera independizarse era impensable. El número de mujeres que asistían a la Universidad era mínimo y las pocas que accedían hacían carreras como Filosofía, Letras e Enfermería.

Mujeres para Dios, la Patria y la Casa

En una sociedad dividida, en una posguerra donde el único objetivo era sobrevivir entre el hambre y la represión, a las mujeres se les encargaba la misión de trasmitir la ideología nacional-católica des de la infancia a sus hijos. Se tenía que crear una mujer con valores tradicionales y conservadores. Por tanto, se vuelve al ideal de la mujer “muy mujer, muy bonita, atractiva, digna, culta, fuerte y piadosa”.

Mujeres para la religión y Dios

El ideal de mujer que quería la Iglesia Católica era de mujer virgen y madre. Las mujeres debían llegar vírgenes al matrimonio. El objetivo era utilizar la sexualidad para la maternidad y condenar las relaciones extramatrimoniales, que no se veían tan mal si se hacían por hombres. Los puntos clave de la mujer católica son:

  • El silencio

  • La modestia

  • La obediencia

  • La subordinación

La religión se impuso en escuelas públicas y obligaron a poner en las aulas imágenes religiosas.

Otra cualidad de la mujer de aquellos tiempos era la sumisión, dentro de la sociedad autoritaria, la cual estaba organizada jerárquicamente. Se exaltaba la figura masculina del Caudillo como héroe, pero de un lado, la figura de la mujer era una criada y un ser obediente primero con sus hermanos y su padre, y luego con su marido e hijos.

Mujeres para la casa

El enseñamiento relacionado con las tareas domésticas solo lo llevaban a cabo las niñas y cursaban:

  • Cocina

  • Costura

  • Corte y confección

  • Puericultura.

  • Economía doméstica

El contexto en el libro

En la novela se hacen claras referencias a la situación de la mujer que acabamos de ver. Hay que tener en cuenta, pero, que Entre Visillos está situado ya a medías de los años cincuenta, y la mentalidad radical franquista se había relajado un poco, aunque queda patente su existencia en el fondo de dos generaciones a las que han inculcado como normal. Algunos ejemplos sobre referencias en el libro serían:

*El hecho de que Natalia no sepa si su padre dejará que estudie o no pone de manifiesto esa jerarquía antes comentada sobre las prioridades que debían existir para una chica, y sobre la autoridad del padre sobre todo.

*La mentalidad que tienen todos los personajes respecto al matrimonio: quién más y quién menos sabe que se “debe” casar, y solo se dedica a averiguar con quién le conviene más.

*La crítica que hace Miguel a Julia cuando le dice que debe controlarla, que ella no podrá tener genio una vez estén casados.

*Rosa, la animadora del casino, es, sin conocerla, ya etiquetada de fresca solo por no ser tan recatada como las otras.

*La mentalidad conservadora que mantiene todo el mundo respecto a temas como la religión y el pecado, diversos personajes de la historia se confiesan, e incluso lo hacen por tener “sueños” pecaminosos, que es evidente son hormonalmente normales pero que la Iglesia trata de controlar, para conseguir que la sexualidad se convierta en un mero camino para la procreación.

*Los tabúes constantes sobre temas como la infidelidad o el “bohemismo”.

Evidentemente, existen muchas más referencias, pero yo he puesto aquí las que más me han llamado la atención.

*Está clara la pertenencia de las mujeres de la obra( casi todas) a esas “chicas topolino”, que daba la impresión que tenían libertad, pero estaban muy encerradas en el conservacionismo de sus casa.

La autora: Carmen Martín Gaite

BIOGRAFÍA

Carmen Martín Gaite fue una de las figuras más importantes de las letras hispánicas. Su éxito se respaldaba tanto en la crítica como en el público. “Entre visillos”, “Retahílas”, y “El cuarto de atrás” son algunas de sus obras más importantes. Ha recibido premios de la talla del Nadal, el Nacional de las Letras, o el Anagrama de Ensayo.

Carmen Martín Gaite nació en Salamanca en 1925, el 8 de diciembre. Se licenció en Filosofía y Letras en la Universidad de Salamanca, donde conoció a Ignacio Aldecoa y a Agustín García Calvo. En esa universidad tuvo además su primer contacto con el teatro participando como actriz en varias obras. Colaboró en varias revistas como Trabajos y Días en Salamanca y Revista Nueva en Madrid. Se trasladó a esa ciudad en 1950 y se doctoró en la Universidad de Madrid con la tesis Usos amorosos del XVIII en España. Ignacio Aldecoa , cuya obra estudiaría posteriormente, la introdujo en su círculo literario, donde conoció a Josefina Rodríguez, Alfonso Sastre, Juan Benet, Medardo Fraile y Jesús Fernández Sánchez y Rafael Sánchez Ferlesio, con quién de casó en 1954. De esta manera se incluyó en la que sería conocida como la Generación del 55 o Generación de la Posguerra.

Al principio, la literatura de Martín Gaite reflejaba la realidad cotidiana y muchas veces miserable de la España de la posguerra. Lo puedes comprobar en su primera novela larga, Entre visillos, en Las ataduras o en Ritmo lento.

Esas narraciones, a pesar de la diversidad de los acontecimientos que se suceden en ellas, ponen de manifiesto ambientes y condiciones de vida que demuestran bien a las claras la técnica de observación realista y la sensibilidad de la escritora para plasmarlas en espléndida literatura.

Predominan los escenarios domésticos o los lugares de trabajo, en un ámbito generalmente urbano, (la oficina, la calle, la taberna, el metro, la casa, son los escenarios sucesivos), insertándose en ellos una variopinta galería de personajes

Pero, con los años, Carmen abandonó el neorrealismo y se dedicó a explorar los misterios de los sentimientos y a impregnar sus novelas de ternura, sentido del humor y magia a partes iguales. Es el caso de sus últimos libros, escritos en la década de los 90, que se han vendido como churros: Caperucita en Manhattan, Nubosidad variable, La reina de las nieves, Lo raro es vivir e Irse de casa.

En los meses previos a su muerte estaba escribiendo una novela que acaba de editarse aunque se quedó sin terminar: Los parentescos. Por desgracia, un cáncer se la llevó en cuestión de semanas y nos privó de su talento y de su alma de niña grande. Carmen, que nunca quiso ingresar en la Real Academia y que adoraba recorrer Madrid en autobús y dar paseos por los barrios de la periferia, siempre aparecía vestida de bohemia, luciendo una inconfundible melenita adornada con clips de mariposas y boinas de lo más chic. Sin embargo, sufrió lo suyo antes de convertirse en una encantadora autora de éxito. Durante muchos años, su talento no fue reconocido, y además sufrió la pérdida de sus dos hijos. Por eso, su evolución personal se refleja en su narrativa.

El ensayo fue otro de sus géneros favoritos: escribió, entre otros, Usos amorosos del siglo XVIII español, Usos amorosos de la posguerra española (muy amenos) o El proceso de Macanaz. También abordó la poesía; sus versos están recogidos en un volumen titulado A rachas. Asimismo, hay una recopilación de todos sus cuentos.

Breve reseÑa a otras obras

Cuentos completos

Esta obra se mueve por diversos ambientes, en los que se encuentran personajes muy diferentes: desde la humilde mujer que cuida de los niños cuando los señores han salido (La tata), o la chica que busca empleo como doncella en una casa (Los informes), hasta el médico que ha de asistir por la noche a un niño agonizante, cediendo a la petición implorante de la madre (La conciencia tranquila).

Variaciones sobre un tema

La monotonía del quehacer diario, el hastío del momento presente vivido por muchos de estos seres, cobra distintas variantes a lo largo y ancho de bastantes de estos relatos. Se recurre al recuerdo de hechos pretéritos en la biografía del protagonista, queriendo encontrar en él un último asidero a la felicidad, en algunos casos definitivamente perdida. Así se observa, sobre todo, en Variaciones sobre un tema. En esta obra, Andrea, la protagonista, se opone al tiempo objetivo superponiendo el subjetivo.

Las ataduras

Las ataduras está asimismo contado a través de una superposición del tiempo pasado y el tiempo presente en la vida de Alina, la protagonista. La narración se inicia al regreso de un viaje a París de los padres de Alina, Benjamín y Herminia, un matrimonio orensano, que han marchado a aquella ciudad a visitar a su hija, al marido de ésta: Phillippe, y a sus nietos. El encuentro ha evidenciado el profundo abismo que separa ahora la vida de los padres con el futuro que Alina ha escogido para sí y se el pesimismo del viejo matrimonio. Alina escapa de casa y recuerda, en las sucesivas secuencias que conforman el relato, su niñez y crianza junto a sus padres, hasta la Universidad y cuando quedó en estado de Phyllipe, comenzando para ella unas nuevas ataduras de mayor reciedumbre.

Ya ni me acuerdo

Otro cuento de estructura evocativa es Ya ni me acuerdo, que narra los cinco días que Juanjo pasó justo un año atrás en su pueblo natal, a donde fue para grabar un documental, deteniéndose especialmente en la última tarde, en la que se reencontró con Amparo, la hermana de un amigo de su niñez, Rafa, que no al no poder acudir a la cita, por motivos de trabajo, envía a ésta para que le haga compañía. Juanjo -ahora en Madrid, acompañado de Silvia, su novia - está como ausente, pensando en aquella tarde y en los acontecimientos que en ella se sucedieron. Juanjo revive doblemente experiencias del pasado; las de hace un año exacto y las que se remontan más atrás, a la neblina feliz de su infancia.

Un día en libertad

Un día de libertad, trata de un hombre J., que decide despedirse del trabajo y cambiar de vida. Cuando llega a su casa, se lo dice a su “mujer” Marta, pues ésta no está y le comenta su cambio de mentalidad. En realidad, cuando llega Marta al final, no le cuenta nada y vuelve al trabajo al día siguiente.

“La atmósfera del cuento la crea a partir de Camus, Sartre y Kafka. De Albert Camus y Jean-Paul Sartre toma las sensaciones de náusea de J., y de Sartre también la concepción de la persona a partir de la libertad. De Kafka el problema de la subordinación, de la axfisia, del complejo de culpabilidad y, por supuesto, la denominación del protagonista mediante su inicial J., al modo de Joseph K.”

La oficina

En La oficina, unos personajes vives una rutina angustiante que les provoca una terrible incomunicación. Como a los protagonistas, Matías y Merneces, que trabajan juntos y ni se conocen. Mas cuando Matías muere, deja una biografía que plantea a Mercedes que podrían haberse unido completando sus vidas. Mercedes acaba pensando que también ella morirá algún día y acabarán llenando su hueco poniendo a otro en su lugar.

El balneario

El balneario tiene dos partes claramente diferenciadas. La primera constituye el relato del sueño que Matilde tiene hasta que es bruscamente despertada por el botones del balneario donde se hospeda; la segunda nos muestra la triste realidad de la protagonista, la amargura que representa su soledad frente al anhelo de compañía. El mundo onírico presentado en la primera parte sirve para expresar de modo subconsciente la terrible soledad de Matilde que tras su obsesiva preocupación por Carlos en el sueño, sigue creyendo a este real, una vez despierta. Ella sueña con su llegada al balneario, acompañada de Carlos, su pareja, (¿marido, amante o compañero?); una vez en la habitación, Carlos sale a dar un paseo; cuando acude a buscarle, inquieta y dominada por malos presentimientos, le encontrará muerto en el parque. Pero Carlos, que aparece como su pareja en el sueño, no existe en el mundo real; ella es soltera. Matilde lleva una vida monótona, aburrida y convencional.

La mujer de cera y lo que queda enterrado

La mujer de cera y Lo que queda enterrado tienen en común la muerte del hijo o de la hija de la protagonista. En el primer relato, el aborto por el que Marcela perdió al niño cuyo nacimiento esperaba, será la tragedia que marcará a los protagonistas; en el segundo, la muerte de la hijita de María conducirá a ésta a un estado de nerviosismo que le moverá a provocar frecuentes discusiones con su marido, e incluso a intentar encontrar una salida fuera del matrimonio.

En Un alto en el camino, Emilia aprovecha una breve parada del tren en el que viaja con su marido Gino y el hijo de éste, Esteban, para bajarse en la estación de Marsella y ver a su hermana Patri, que no se entiende con Gino. Aquí la escapada de la mujer sólo dura diez minutos. Emilia regresa apresuradamente al tren, donde recibe los reproches de Gino, volviendo así a sus particulares ataduras de incomprensión, falta de libertad, que provocan su infelicidad. La cotidianeidad e intranscendencia de los sucesos contados queda intensificada en estas páginas a través de la familiaridad del lenguaje empleado, en su propia -consciente- vulgaridad.

De parecida manera en Retirada, también se nos muestra el desencanto de la protagonista, una madre de dos hijas, Celia y Niní. El título del cuento alude en terminología militar a la derrota de esta mujer, que cansada de la rutina de su vida, regresa a casa triste, sin ilusión, para volver a enfrentarse a las tareas del hogar y a esperar la llegada de su marido Eugenio, que vendrá fatigado del trabajo “y sin ganas de escuchar estos relatos del parque -“Mujer, es que todos los días me cuentas lo mismo, que las niñas te aburren”.-“

La narradora de todos estos cuentos, aunque alguna vez esté representada como personaje, relata objetivamente la historia que conoce en distintos grados de omnisciencia. Así lo vemos en cuentos narrados en tercera flexión verbal (Un alto en el camino, Variaciones sobre un tema, La oficina, La conciencia tranquila, La tata, La chica de abajo, Retirada…), donde se combinan los dos tiempos más característicos de la narración: el pretérito imperfecto y el indefinido.

Con estos cuentos se alternan otros construidos en primera persona narrativa (Un día de libertad, Lo que queda enterrado, Ya ni me acuerdo, La mujer de cera...) en los que probablemente el lector puede sentirse más identificado con el narrador-protagonista, aunque, en términos generales, el intimismo de las anécdotas que aquí se desarrollan no haya de ser necesariamente más intenso que las de aquellas otras contadas en tercera persona.

Por otra parte, en relatos como El balneario, es posible encontrar la alternancia de ambas personas narrativas, de tal modo que la primera parte del relato, que se corresponde con el sueño de la protagonista, es descrita en primera flexión verbal, mientras que los sucesos posteriores son descritos en tercera persona por un narrador omnisciente.

Como conclusión podemos destacar cómo la evocación, el sueño y la rutina, contribuyen a conformar un universo cerrado y compacto, personal e inequívoco, que invita al lector que traspasa sus límites a un deleitoso recorrido a través de sus páginas, prendido en su belleza y calidad literaria.

Otras obras de Carmen Martín Gaite son: “Esperando el porvenir”, “Agua pasada”, “Nubosidad variable”, Caperucita en Maniatan”, “Desde la ventana”, “Dos relatos fantásticos”, “El pastel del diablo”, El cuento de nunca acabar”, “El reinado Witiza”, “El castillo de las tres murallas”, “El cuarto de atrás”, “Fragmentos del interior”, Retahílas”, “Ritmo lento”, y diversos ensayos de diferente consideración.

Críticas “Entre visillos”

El primer estudio que se debe destacar es el capítulo dedicado por Juan Carlos Curutchet a Entre visillos en su Introducción a la novela española de posguerra. En él, el autor considera la obra como un ejemplo de realismo crítico y trata de mostrar las posibilidades y limitaciones que este hecho impone sobre la novela. Curutchet critica el uso que Martín Gaite hace del lenguaje, considerándolo artificial.

Contrario a esta opinión se muestra Manuel Seco en su estudio sobre el lenguaje coloquial en la novela. Seco considera que Martín Gaite consigue reflejar de una manera convincente el lenguaje hablado tanto por las capas más educadas de la sociedad, como por las menos cultivadas. Otros autores habían fracasado en su intento de hacer algo similar por limitarse a incrustar en el lenguaje literario características aisladas del lenguaje coloquial. En cambio, el habla de los personajes de Entre visillos es creíble porque Martín Gaite consigue crear una "masa viva", un conjunto que refleja fielmente el uso coloquial de la lengua. A este artículo se remiten insistentemente estudios posteriores.

La especial atención que Martín Gaite ha venido prestando a los problemas de la mujer lleva a Phyllis Zatlin Boring a considerarla como escritora feminista, abriendo una importante línea crítica continuada posteriormente por otros muchos comentaristas (Boring 1977). El artículo repasa las cuatro primeras novelas de Martín Gaite y algunos de sus ensayos hallando en ambos casos numerosos ejemplos de lo que Boring estima tratamiento feminista de diversos temas, como la soledad, el matrimonio o las relaciones paternofiliales.

Dos artículos publicados en el año 1979 coinciden en señalar el punto de inflexión que en la novelística de Martín Gaite supuso Retahílas. En el primero de ellos Kathleen M. Glenn considera que la novela conlleva el paso de la soledad al diálogo (Glenn 1979). Si en Entre visillos, dice Glenn, se dan intentos frustrados de comunicación y en Ritmo lento el protagonista llega a la conclusión de que tales intentos son fútiles, en Retahílas Eulalia y Germán, los protagonistas, alcanzan un momento de plenitud en su intercomunicación. En las dos primeras novelas se enfatiza la soledad y la ausencia de una comunicación válida; en Retahílas, por contra, el diálogo permite aliviar, siquiera temporalmente, la soledad. Por su parte, Luanne Buchanan llama la atención sobre el hecho de que la novela conjugue la "narración de una historia" con la "crítica de la narración". Por su parte, la crítica norteamericana Joan Lipman Brown publicó este año un estudio de lo que consideraba característica común a los protagonistas de Entre visillos, Ritmo lento y Retahílas: su inconformismo (Brown 1981 Noncomformist). Todos ellos, afirma Brown, desean seguir unas pautas de comportamiento distintas a las prescritas por la norma general, de ahí que entren en conflicto con una sociedad que ni aceptan ni les acepta.

En el caso de Natalia y de Pablo Klein, en Entre visillos, se deja entrever la posibilidad de solución si ellos continúan su vida en una atmósfera menos oprimente que la de la capital de provincias donde tiene lugar la novela.

En su trabajo sobre Entre visillos, John W. Kronik estudia la relación de la obra con su tiempo y con otras novelas de Martín Gaite, así como la narrativa que estructura la obra (Kronik 1983). Establece para ello un paralelo entre la perspectiva que la autora adopta ante lo que escribe y la forma en que los personajes observan la realidad: pueden hacerlo a través de los visillos para inspeccionar la realidad exterior (tal y como hace Martín Gaite para incluir en su novela una descripción de la sociedad del momento) o pueden detenerse a observar la realidad como un "mosaico de cosas en montón" (reflejado en la novela a través de una estructura narrativa que combina distintos puntos de vista) (Martín Gaite Visillos 162. Citado en Kronik 1983, 52). Lo más interesante del artículo es el estudio de la relevancia de las narraciones en primera persona y en especial la de Natalia, como forma de mitigar las limitaciones a las que está sometida en sus distintos papeles de mujer, adolescente, hija y burguesa.

El artículo de Gonzalo Sobejano, por último, estudia los enlaces y desenlaces interpersonales en las novelas de Martín Gaite; es decir, cómo se crean y luego desaparecen "hilos, ataduras, lazos" (Sobejano 209) mediante los que se relacionan los personajes. Para Sobejano, los enlaces son en su mayoría dialogales, por lo que en su artículo revisa la manera en que los protagonistas de las sucesivas novelas de Martín Gaite establecen -o intentan establecer- diálogos con otros personajes.

Isabel Butler de Foley considera que la narrativa de Martín Gaite se caracteriza por la "morosa elaboración de una serie limitada de tópicos" (Butler 18). La variedad de matices con que se aborda su tratamiento evita, sin embargo que el lector tenga la sensación de que siempre se repite lo mismo. Precisamente, el artículo se centra en el estudio de uno de los elementos que varían en los relatos de Martín Gaite: la experimentación del tiempo. Éste, dice Butler, puede aparecer como "agente", en cuyo caso "manipula y esclaviza a los personajes" y provoca tedio o angustia, o como "paciente", habitado de una forma placentera en la que no se dan la prisa ni el ansia por "Šmatarlo ". Este artículo posee una especial relevancia a la hora de estudiar las novelas de Martín Gaite dada la recurrencia en ellas de temas como la prisa, el silencio o la soledad y su relación con la forma de experimentar el tiempo.

El hecho de que tanto Entre visillos como El cuarto de atrás puedan ser calificadas como novelas autobiográficas sirvió de punto de partida a Joan Lipman Brown para realizar un estudio comparativo entre ambas novelas (Brown 1986). La autora se muestra interesada por estudiar hasta qué punto influyó en uno y otro caso el momento histórico en que fueron escritas, y cómo la presencia y ausencia respectivamente del franquismo se refleja en las dos obras. El estudio se centra en cuatro asuntos que aparecen insistentemente tanto en Entre visillos como en El cuarto de atrás: la opresiva conformidad de la vida de provincias, el papel adjudicado a la mujer en un orden tradicional, la educación bajo el régimen franquista y las circunstancias políticas del momento. Brown concluye que la muerte de Franco hizo posible que El cuarto de atrás fuera mucho más explícita en sus referencias directas al franquismo como culpable de la situación de la mujer y en las menciones a organizaciones como la Sección Femenina o la Falange.

Respecto al estilo de Martín Gaite, Brown lo define esencialmente por la importancia que la autora da al lector, quien tiene la sensación de estar escuchando, más que leyendo, el texto al que se enfrenta. Esta apariencia de oralidad, que se mantiene en los textos más complejos desde un punto de vista teórico, facilita la entrada del lector en la narración.

Este mismo año, Lynn Talbot publicó su estudio sobre los arquetipos femeninos en Entre visillos, en el que muestra cómo en la primera novela larga de Martín Gaite se siguen los modelos explicados por Annis Prattque en Archetypical Patterns in Women's Fiction para las novelas de "desarrollo de la mujer", "matrimonio" y "soltería".

Al año siguiente, Isabel M. Roger, publicó un interesante artículo que ofrece una muy extensa bibliografía crítica sobre la obra de Martín Gaite (Roger 1988). Roger realiza en primer lugar una introducción a la novela española de posguerra, incluyendo igualmente abundante bibliografía. A continuación comenta las novelas de Martín Gaite una a una, por orden cronológico y con constantes referencias a los trabajos críticos publicados sobre cada una de ellas. Para Roger, se puede observar una evolución paulatina desde el narrador testigo de Entre visillos hasta un narrador "que se desdobla para matizar las fragmentaciones, las posibles y distintas visiones que puede encerrar una realidad" (307) en El cuarto de atrás. Este proceso, dice Roger, acerca cada vez más a Martín Gaite al lirismo.

A continuación, merece la pena destacar un artículo de Kathleen M. Glenn. en el que la autora compara el tratamiento del diálogo en Retahílas, con el de Entre visillos y Ritmo lento, considerándolo como experiencia anticipadora de El cuarto de atrás (Glenn 1987-88). Como "expresión novelística de la teoría de la comunicación que Martín Gaite ya había elaborado en varios ensayos" (87), Retahílas muestra, dice Glenn, que es posible encontrar ese interlocutor perfecto que no aparecía en ninguna de las anteriores novelas de la autora.

Como parte de su libro sobre la novela feminista de posguerra, María Jesús Mayans incluye un capítulo sobre Entre visillos. Mayans estudia la juventud en los personajes femeninos como etapa "de consolidación de funciones a desempeñar en el período de madurez correspondiente a la edad adulta". Su artículo guarda relación con el ya citado de Lynn Talbot, en tanto que ambos consideran de Entre visillos como un reflejo del paso de la infancia a la madurez.

Joan Lipman Brown repasa las novelas de Martín Gaite, concluyendo que en todas ellas se repite un aspecto que considera de suma importancia: el espacio que se deja al lector para que participe en la recreación del texto (Brown 1991).

A continuación, ha de mencionarse el prólogo de Emma Martinell a la más reciente edición de Retahílas, en el que la autora muestra cómo ya en esa novela aparecían temas y técnicas que también están presentes en La Reina de la Nieves, "pero cuya simiente quedó sembrada mucho antes, en los cuentos de 1953, de 1954, en Entre visillos..." (Martinell 1994, III). Martinell cita profusamente otras obras de Martín Gaite para ejemplificar cómo tanto en ellas como en la obra prologada se repiten temas como los sueños, la memoria o el interlocutor, así como estrategias de focalización, la ambigüedad o el misterio.

A continuación John Kronik realiza un estudio diacrónico de la obra de Martín Gaite, con especial atención a Entre visillos y El cuarto de atrás (Kronik 1997). El autor establece una serie de paralelos entre las sucesivas novelas de Martín Gaite y otras narraciones escritas coetáneamente en España, al tiempo que relaciona la evolución de la novelística de posguerra con el devenir histórico. Para Kronik, las novelas de Martín Gaite muestran una evolución sin rupturas, una constante metamorfosis sobre la base de un estilo que se mantiene desde El balneario hasta Nubosidad variable. Entre visillos se estudia como parte del realismo social; El cuarto de atrás, como novela de la memoria -una memoria que se opone al discurso franquista- y novela posmodernista; Nubosidad variable, en fin, como reflexión sobre el acto de escribir. Los dos últimos párrafos del artículo resultan de especial interés, en tanto que destacan aquellos puntos de conexión entre Nubosidad variable y las características esenciales de la novelística de Martín Gaite.

De lo expuesto puede extraerse una conclusión de interés: la mayoría de los artículos comentados coinciden en señalar que las novelas de Martín Gaite se caracterizan por girar en torno a una serie muy limitada de temas recurrentes, aunque es posible observar una constante renovación en su tratamiento. En este sentido, parece totalmente acertada la afirmación de Manuel Durán al considerar la novelística de Martín Gaite como "un libro" (Durán 1981) en el que se van produciendo diversas transformaciones.

De entre los temas analizados por la crítica pueden destacarse la búsqueda de interlocutor y la necesidad de diálogo la intertextualidad y el papel que juega la literatura en la vida de los protagonistas, el intento de comprender mejor el presente a través del recuerdo de lo pasado, el papel que juega el lector en la obra y el mundo onírico, a los habría que añadir la importancia concedida, principalmente por la crítica feminista, al interés que se muestra en las novelas de Martín Gaite por la problemática de la mujer.

CRÍTICA PERSONAL

Entre visillos resulta una de las obras más importantes de la literatura de la España de posguerra.

En ella se tratan unas problemáticas totalmente actuales( en aquel momento), y estos temas influyen principalmente a los personajes y al desarrollo de las historia: la opresiva conformidad de la vida de provincias, el papel adjudicado a la mujer en un orden tradicional, la educación bajo el régimen franquista y las circunstancias políticas del momento, hacen que haya un intrincado mundo de gente que quiere escapar. Los personajes principales de la novela quieren escaparse de las normas establecidas, y así surge el conflicto de no aceptación. Peor entre ellos mismos, hay una fuerte incomunicación, enfatizando la soledad y esa falta de comunicación. Entre ellos se crean lazos y ataduras, y posteriores desataduras que hacen que éstos evolucionen, dejando bastante claro el paso de la infancia a la madurez. Las circunstancias descritas anteriormente como problemáticas son el esqueleto de la novela: rigen la historia y condicionan a los personajes. Lo más claro en Entre visillos es la búsqueda de interlocutor y la necesidad de diálogo, la intertextualidad, el intento de comprender mejor el presente a través del recuerdo de lo pasado, el papel que juega el lector en la obra y el mundo onírico, a los habría que añadir la importancia concedida, principalmente por la crítica feminista, al interés que se muestra por la problemática de la mujer.

Esa mujer vive recluida por unas normas sociales que cortan totalmente su libertad y como ya hemos dicho, la condicionan. La situación temporal la presión social se pone de manifiesto de manera muy decisiva en la manera que los personajes observan la realidad: pueden hacerlo a través de los visillos para inspeccionar la realidad exterior (tal y como hace para incluir en su novela una descripción de la sociedad del momento) o pueden detenerse a observar la realidad como un "mosaico de cosas en montón"(reflejado en la novela a través de una estructura narrativa que combina distintos puntos de vista).

Estos personajes, tan importantes, reflejan un lenguaje coloquial. Quizás se podría considerar algo artificial, pero en realidad, Carmen Martín Gaite consigue reflejar acertadamente el lenguaje, tanto de las capas altas de la sociedad como por las menos cultivadas.

Gracias a la oralidad que confiere el lenguaje a la obra, el lector tiene la sensación de estar escuchando, más que leyendo. Esta apariencia de oralidad, que se mantiene en los textos más complejos desde un punto de vista teórico, facilita la entrada del lector en la narración.

Además, permite al lector participar más activamente del texto.

Así, Entre Visillos resulta una acertada crítica a una sociedad con valores intransigentes, en la cual el lector puede entrar gracias al tratamiento del lenguaje i la familiaridad con los personajes, a parte de la mejoría de la obra gracias a la intervención de puntos de vista de diversos personajes.

Entre visillos: mirar por la ventana.

Carmen Martín Gaite. ............................

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